La carnicería de Tángor

carniceria en Tangor

Una familia muy unida desde sus ancestros cuyas vidas estaban regidas por el respeto y el trabajo corporativo, mantenía vigente su heredad familiar constituida por el fundo TULPOSH, en la jurisdicción del pueblo de Tangor, de la provincia Daniel Carrión del Departamento de Pasco. Promediaba el mes de mayo de 1922.

Aquella aciaga noche en medio de una sinfonía de ladridos desesperados de los perros guardianes que fueron aniquilados a balazos, treinta bandoleros armados con escopetas Winchester, revólveres y sendos puñales rodearon la propiedad. Visiblemente fieros y a grandes voces hicieron saber que llegaban a apoderarse del ganado del fundo.

Totalmente sorprendidos por lo inesperado, hombres y mujeres, quedaron a merced de los facinerosos. Cuando un vigilante trató de evitar el asalto, fue inmediatamente descuartizado ante el desesperado grito de las mujeres y las protestas de los hombres. Mostraban así que estaban dispuestos a todo.

Primeramente separaron a los hombres de las mujeres. A ellos los inmovilizaron atándolos fuertemente. Luego, como fieras en celo procedieron a abusar sexualmente de las mujeres. Cuando eligieron como primera víctima a Colombina Ramos de apenas once años de edad, la mayor de la hermanas, Sixta Ramos al ver el descarnado salvajismo se prendió del jefe de los abusivos tratando de evitar el suplicio. Fue suficiente. Con fiereza terrible y sin ningún miramiento la apuñalaron salvajemente después de abusar de ella y, ya exangüe, la dejaron tirada para que muera desangrándose. Continuaron con su rito satánico con Maura (30) y Neófita (14) pasando todos los hombres a desflorar aquellos cuerpos. Saciados sus instintos animales las degollaron. A Nemesia León que se encontraba embarazada, le arrancaron el feto con un puñal y a  Daniel Baylón que salió en su defensa le sacaron los intestinos sin hacer caso de sus ruegos.

Asesinos insanos, no contentos con el salvajismo que habían cometido, procedieron a dar muerte a puñaladas a los operarios Pascual Jacinto,  Luciano Alcántara y Javier Jacinto, y a los que quedaron quejándose de sus heridas los ultimaron con garrotazos en la cabeza. Los muertos fueron Maura, Neófita y Colombina Ramos, de 30, 14 y 11 años, el operario Buenaventura Bailón y sus hijos Daniel, Antonio, Jacinto y su mujer.

Unos parientes que sin saberlo pasaron a visitarlos dos días después se dieron con el deprimente y macabro cuadro. Sixta Ramos, la única sobreviviente de la masacre, ya exangüe y en trance de agonía presentaba doce heridas profundas en diversas partes del cuerpo inferidas por arma blanca, con lujo de detalles relató los pormenores de aquella asonada salvaje.

Inmediatamente, como fruto de la indignación general, toda la fuerza policial acantonada en el Cerro de Pasco, marchó a Tangor en busca de los abigeos asesinos. Para que nuestra ciudad no quedara desguarnecida, los hombres jóvenes se acuartelaron para suplir a la policía en el cuidado del orden y la estabilidad de la ciudad.

Las crónicas de esos días son numerosas e indignantes. Todos los periódicos locales y muchos de la capital se preocuparon de esta masacre.

El caso final es que sólo consiguieron apresar a un solo culpable, el resto se hizo humo. Como puede verse, todas estas inocuas incursiones policiales no tenían el efecto que la sociedad esperaba. Las propiedades de aquellas inmensas tierras,  sometidas al bandolerismo  por aquellos años –lo hemos visto- asolaba a nuestro Departamento. (Fuente: El Minero ilustrado de la fecha)

 

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