El PREFECTO (Crónica de un magnicidio) (Tercera parte)

El prefecto 2
Ilustración del genial pintor peruano, Teodoro Núñez Ureta

Es lunes 16 de febrero de 1948. El agudo silbido del “pito” de las cuatro en punto de la tarde –hora de salida- convoca a los laboreros de talleres, oficinas y mina a la gigantesca puerta guardada por un torvo equipo de wachimanes. Más de cinco mil hombres encuentran a centenares de mujeres vociferantes que les reclaman represalia a la gravísima ofensa recibida en la cola de la mañana. Jóvenes y viejas de todos los barrios cerreños–muchas con el hijo a las espaldas- están ahí como un solo puño, haciendo espíritu de cuerpo, cansadas de ser ofendidas por el mequetrefe que gobierna la ciudad. Están hirviendo de furia. Provocadores gritos convocan para “arrojar de la ciudad ¡Al hijo de perra!”.

Los obreros  han formado impresionante torrente humano rodeando de irascibles mujeres que han estado esperando  por ellos. Reverberándole la ira en los ojos, una de ellas, sin poder contener más su emoción grita.

— ¡Hemos venido para que  nos hagan respetar!… ¡Ustedes son los hombres y deben defender nuestro honor!

—¡¡¡ Sííííí…!!! -un unísono coro de excitación mujeril respalda la denuncia- ¡Mucho tiempo hemos esperado humilladas y ofendidas, pero ustedes no han dicho nada!… ¡¿Son unas gallinas cobardes, o qué?!… ¡¿ Qué clase de cerreños son ustedes, ¿ahhhh?… ¡Ya no podemos soportar más!…¡¿Qué les pasa?!…¡Ahora es cuando!…¡¿ Son hombres, o qué…?!..¡Hablen!…Digan algo!

— ¡¡¡Sííííí…!!!, el rugido como cortante antífona de odio repercute en el coro; el oleaje mujeril se estremece, se agita, se agiganta. Gritos ofensivos se estrellan en los rostros sudorosos de los obreros –

— ¡Si no pueden, díganlo nomás!… ¡Ustedes nos entregarán sus pantalones y nosotros les daremos nuestras polleras!…¡Verán lo que se hace con ellos!…¡¿O no lo saben?!.. ¡¿O no lo saben, carajo, o no lo saben?!…¡¿Ahhhhhh?!. El trepidante coro de voces femeninas respalda la expresión del reto planteado.

— ¡Calma!… ¡calma!…- interviene el dirigente Luis Gabriel del Mazo-  Nosotros estamos tan indignados como ustedes, por eso que hemos convocado a un mitin de protesta contra el Prefecto que ya tiene el oficio haciéndole conocer  la determinación.

— ¡¿Serenidad?!…¡¿Calma?!…¡¡¡ Carajo !!!…¡Mitin, palabreo cojudo que nada conseguirá en tanto el hijo de mala madre se está cagando de risa. ¡Cojudos!, ¿Después de lo que ha hecho el hijo de perra del Prefecto?!!! -Una oleada monstruosa de voces se encrespa

— ¡¿Saben lo que ha hecho ese maldito hijo de mala madre…?!…¡¿No lo saben?! –La voz rebosante de furia, en momentos quebrada de emoción, respaldada por el rugido mujeril, relata lo acontecido- ¡Esta mañana, como nunca, la cola no avanzaba. Por más que gritábamos y empujábamos, ¡ni un paso adelante!…¡Era increíble!. ¡No avanzaba la cola! ¡Nada! –Virulentas las voces de las otras mujeres avalan con sus gritos cada gesto, cada palabra de la informante- ¡En eso dio las diez de la mañana en el reloj de la torre!…¡Diez de la mañana!…Desde la cinco de la madrugada no habíamos avanzado. Los cachacos que vigilaban la cola hacían como que no nos veían, como si no  escucharan nuestros gritos, como si no oyeran nuestras protestas!. ¡Ya era casi las once y teníamos que llevar el almuerzo a nuestros maridos que estaban trabajando…¡Dios mío!…¡Todas las mujeres estábamos como locas y el tiempo, como si se conchabara con los malditos, no dejaba de llover empapándonos de pies a cabeza. Todo estaba en contra nuestra… ¡¿Hasta cuándo vamos a soportar tanta maldad?!…¡¿Hasta cuándo, Señor?!- el rugido que acompaña a informante, unísono y sincronizado, es un coro bronco y vibrante de madres, esposas e hijas de mineros que como nadie sufren la terrible restricción y ahora se aleona cuando culmina su relato- ¡En ese momento, como mandado por el demonio, aparece ahí el maldito Prefecto; enorme, monstruoso, envuelto en su gabardina y su clavel en la solapa. Aprovechando su paso por la cola, la Luzmila Cajahuanca, salió de la fila y fue al encuentro del mal nacido. “Por favor, señor Prefecto -le dijo- haga algo por favor. Ya van a dar las once y no hemos avanzado nada en esta cola”. ¡¿Qué dices, india de mierda?! – le gritó el manganzón- ¡¿Qué dices, carajo…?!- remató lejos de atender el pedido; entonces enojada la Luzmila también gritó: “Ordene que nos vendan rápido”. Eso fue suficiente para que el mal nacido procediera a pegarle a la Luzmila como si fuera su marido… ¡Imagínense, pues, imagínense! – la multitud hierve de indignación, de rabia; la mujer ha transformado su iracundia en un sollozo de impotencia y exasperación que contagia a todos los presentes. Temblándole la rasgada voz, grita- ¡¿Cuándo se ha visto algo parecido?!…¡¿Ah?… ¡¿Cuándo?!…¡¿Dónde se ha visto algo igual?! Como si fuera poco, el maldito “yanagringo” la derribó al suelo y allí la siguió pateando, pateando…¡Maldito hijo de perra! –solloza- ¡¡ Lo peor es que la Lushmi está embarazada, embarazada!!!- Los hombres entonces no se contienen, gritan su indignación y ya muchas mujeres lloran desesperadas. -¡¿Acaso no tiene madre ese maldito?!…¡¿De dónde ha salido ese engendro,…de una burra… de una chancha?!…¡¿Qué clase de bestia es ese canalla?!… ¡En este momento la Luzmila está en el Hospital y ojalá no pierda a su hijo…!… ¿Y ustedes, qué?…¿Qué…? …¡¿Se van a quedar callados?!…¡¿Se van a meter la lengua al culo?!…¡Carajo!… ¡¿Les falta huevos o qué?! – un sollozo convulso, dramático que acompañan las otras mujeres ha roto el dique de ira general.

La masa obrera no quiere seguir escuchando más.

Puños en alto, dirigentes sindicales a la cabeza, la masa obrera como un monstruo gigantesco e imparable inicia el avance masivo hacia el centro de la ciudad.

Ya es imposible detenerlos, la muchedumbre formando una masa monstruosa avanza irrefrenable como una avalancha de nieve, rugiendo y creciendo cada vez más.

El estribillo del rugido de combate popular repetido unánime y sincronizado, es una reventazón de odio que fluye como un sordo bramido que retumba en las paredes de las calles por donde están pasando.

— ¡¿ Quién es el hambreador del pueblo…?! – pregunta el líder.

— ¡¡¡ El Prefecto !!! – grita la multitud.

— ¡¡¡ Quién es el abusivo…?!

— ¡¡¡ El Prefecto…!!!

— ¡¿Qué queremos del maldito…?!

— ¡¡¡ Que se vaya !!! … ¡¡¡Que se vaya!!!… ¡¡¡ Que se vaya !!!.

Es la rebelión de los desposeídos, de las víctimas sempiternas, de los que sacan con sus manos las riquezas que llenan arcas explotadoras.

— ¡¡¡ Fuera el hijo de perra!!! – ¡¡¡ Fuera el abusivo cobarde!!!…¡¡¡Fuera!!!…

—¡¡¡Honor!!!… ¡Honor!!!… Honor!!!

— ¡¡¡ Que se vaya el hambreador…!!!

La asonada no es solamente contra el Prefecto, es también contra todos aquellos malditos “engreídos hijitos de papá” que tratan despectivamente a los mineros, verdaderos hacedores de fortunas que ellos dilapidan a raudales. ¡Imbéciles!. Herederos de sus mayores, viejos rateros que esquilmaron las arcas nacionales en épocas mejores y usufructuaron robos y exacciones que la complicidad y la cobardía posterior cubrió con el polvo del olvido.

Es la insurrección de los de abajo. De los que saben que sus abuelos trabajaron de sol a sol para atiborrar las arcas de los indolentes abusivos. De los que nunca recibieron nada a cambio. De los topos sojuzgados, de los braceros ofendidos, de los despreciados, de los olvidados.

— ¡¡¡Que se vaya!!!   ¡¡¡ Que se vaya !!!… ¡¡¡Que se vaya!!! … ¡¡¡ Queremos que se vaya !!!.

Se han cerrado fondas, bares, tambos, peluquerías, bares y burdeles; todo el mundo refuerza la masa que ruge agresiva. Los centenares años de oprobio deben terminar…¡Que se vaya el abusivo!.

Los únicos seres vivientes que no se han movido de sus claustros son los presos de la cárcel, los enfermos de los hospitales y los muertos. Todo el resto de gente está congregada en la plaza principal. Comulgan una sola idea; ¡¡¡Expulsar al indeseable!!!”. Enormes nubes negras, como amenazante presagio, pincelan una interminable gama de grises en el cielo cada vez más oscuro, cada vez más amenazante.

Han esperado años, pisoteados, maltratados, soportando el exceso de los abusadores, de las autoridades como ésta, y no pudieron decir nada.

— ¡Basta! … ¡Basta! … ¡Basta!…. ¡Ahora es cuando!.

Siempre arriba estuvo un maldito como el Prefecto, aprovechándose del cargo, acicateando  sus heridas, hurgando en sus llagas… ¡Ya no más!… ¡Ya no más!… A este abusivo hay que arrojarlo como a un perro.

— ¡Fuera el matón! … ¡Fuera el hijo de perra! – Los gritos se sincronizan con el paso ligero de la marcha. Algunos alumnos del Colegio Carrión se han integrado a la turbamulta. Animando con su ejemplo y sus rugidos están las cerreñas; mujeres del pueblo, heroicas y dignas, mal vistas y peor tratadas por los abusivos. Vientres desbocados que parieron centenares de inocentes víctimas que fueron a poblar las negras galerías de la mina; madres que amamantaron a sus hijos transmitiéndoles con su leche la angustia cotidiana; madres que desde muy niñas lloraron la muerte de  abuelos, padres, hermanos, maridos, hijos, en las minas; cadenas de dolor, siempre dolor.

— ¡Que se vaya!… ¡Que se vaya!… ¡Que se vaya el mal nacido!…

Han llegado a la calle Huánuco. Desde el balcón de la casa de Guillermo Palomino trata de hablar el dirigente Patricio Chahua:

— ¡Compañeros!- El rugido de la masa de más de cinco mil  almas es imponente, monstruoso y no lo deja hablar. “!Ya estamos hartos de discursos, carajo…!!!!”. Las ofensas han ido acumulando este furioso cargamontón que hace inaudible el discurso. Las palabras ya no importan, lo único que interesa ahora es deshacerse del tirano. Todos están convencidos –falsamente convencidos- que la partida del déspota habrá de solucionar la angustiosa situación. Los dirigentes saben que esto no será así; saben también que todo el odio vengativo que ha ido acumulado en las mentes mineras ha estallado y que, en adelante, será difícil de contener.

(Continúa…)

 

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2 thoughts on “El PREFECTO (Crónica de un magnicidio) (Tercera parte)

    1. Respetada Luz Evarista Vega Pagán:
      Mi saludo muy cordial a usted. He sido amigo de su señor padre y de sus hermanos. Me es muy grato que lea mis notas y si le es posible compartir este espacio, bienvenida sea.
      Un abrazo de gran amistad y respeto.
      Gracias

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