EL PREFECTO (Crónica de un magnicidio) (Séptima parte)

El prefecto 6

Al verlo caído, unos pocos huyen consternados por lo que han hecho; los que estuvieron distantes llegan para cobrar su cuota de punición contra el tirano; entre éstos, bandera de escándalo, las polleras revueltas, Paulina Ventura Cabello, negociante de comida, conocida como la “Opa” Paula -furia sangrienta en los ojos- se abre campo entre los remisos, se planta frente al cadáver desfigurado y amorfo de sangre y le dice: “¡¡¿ Y ahora qué dices, concha de tu madre…?!…¡¿Ahora qué dices…?!. – le clava un fiero puntapié en las costillas, le escupe y le vuelve a pegar, una y otra vez ¡¡Maldito abusivo!!!- Pisotea una y otra vez las manos inertes, sanguinolentas, hinchadas como si tratara de triturarlas. Algunos presentes reparando en la exageración tratan de contenerla, pero ella, loca arrebatada, incontenible, logra zafarse y nuevamente libre patea una y otra vez los genitales del muerto…¡¡¡¿Te acuerdas que nos orinabas, hijo de puta?!!!. ¡Con esto, con esto, con esto; golpea con el pie una y otra vez los genitales. Ya nadie quiere intervenir. Ha perdido el control…¡¿ Te acuerdas lo que nos hacías, maldito?!!!…¡¿Te acuerdas?!. Es una loca vociferante que no cesa de maldecir y pegar. Ha perdido la ecuanimidad. ¡¿Te creías Dios, maldito vichicuma?! … ¡¿Te creías, Dios?! … ¡¡¡¿Por qué nos pegabas, mal nacido?!!!.  En tanto grita desaforada, sus puños crispados una y otra vez sigue pegando hasta el cansancio. Sus tacos amasan los pies del muerto. Parece que  nunca va a cansarse.¡¡¡ Maldito hijo de perra!!!… ¿Qué mierda te hacíamos nosotros para que nos pegaras, maldito???!!! Está como borracha, ajena, furiosa… Coge los vuelos de sus polleras y hace como si bailara…

 

Ahora te has ido a la mierda,

                                                           concha de tu madre!!

                                                           ¡¡¡Perejil was…culantro was!!!

                                                           Nadie te ha salvado,

                                                           maldito tirano

¡¡¡Perejil was… culantro was!!!

 

Su parodia de danza -mezcla grotesca de imprecaciones y pasos indecisos- se detiene de pronto y, como si estallara el dique que lo hubiera contenido por mucho tiempo, un llanto arrebatado, irresistible, salvaje, sacude su cuerpo. No puede más -mujer al fin- cae de rodillas, abatida. Mar de llanto. La Anquicha se le acerca y trata de contener aquella emoción desbordante.¡¡Ya, Paula, ya!!! ¡Ya, Paula!. Se arrodilla al lado de la doliente y le coge el rostro. Los hombres que están contemplando la escena se emocionan y sacando sus cascos y sombreros entonan el Himno Nacional. Sienten que se han librado de una pesadilla espantosa. ¿A qué precio?. Ha sido el zafio triunfo pírrico de una masa enceguecida de odio contra un déspota que no hizo sino sembrar furia en el pueblo. ¡¡Viva el Perú, carajo!!!… ¡¡¡Que mueran los tiranos!!!

Próspero Castillejos Hidalgo, de 25 años, natural de Llata –rescoldo de lealtad más no de simpatía- sin quererlo fue separado del Prefecto por el odio vitando del pueblo. Cuando el autócrata efectuó el disparo vio cómo las aspas de un molino de odio incontenible caían sobre el condenado. Ahogando un grito de terror quiso huir aprovechando el vaivén de la turbamulta y al llegar a la esquina de la iglesia pudo zafarse, pero es esos momentos una mujer gritó: ¡¡¡Ese es su compinche!!!  y el grupo cercano a él comenzó a agredirlo. Los golpes le caían de todas partes. Un garrotazo colosal le reventó la boca desgranándole los dientes y astillándole los huesos y al momento una hemorragia incontenible comenzó a ahogarlo. Haciendo esfuerzos supremos huyó a donde pudiera guiarle sus piernas ya rendidas y, al llegar a la esquina de la plaza, tienda comercial del austriaco Nicolás Lale, giró a la izquierda seguido por la implacable pedrea de mujeres rabiosas encontrando juntadas las puertas del Hotel Bolívar y cuando iba a entrar un garrotazo en la cabeza lo arrojó al interior cuando se oía el grito de: ¡¡¡Ha muerto!!! … ¡¡¡Ha muerto!!! Cayó debajo de una mesa y perdió el conocimiento.

Calmados los gritos en derredor del cadáver del Prefecto, un grupo de exaltados atan alambres de alumbrado eléctrico al cuello del muerto y lo arrastran hasta el poste que está ubicado frente al grifo Priano. Quieren colgarlo para que “ningún hijo de perra vuelva a intentar humillarlos, carajo, nunca más”. El cuerpo inerte está a punto de ser izado hasta el tope de un poste, cuando aparece el médico de la sanidad policial, doctor Aurelio Malpartida que iracundo grita: “¡¿Qué han hecho salvajes?. … ¡¡¡¿Qué han hecho?!!! Acaban de matar al representante del Presidente de la República… ¿Y todavía quieren colgarlo?!!!…¡¡No sean bestias, compañeros, ya basta, basta!!!…¡¡¡Váyanse a sus casas!!!… ¡¡¡Ya han hecho justicia!!! La turba cede. Uno a uno se retiran del espantoso escenario. El cadáver es enviado a la morgue.

Aquella noche el Cerro de Pasco no durmió. Después que en las casas, en los clubes, en los talleres, en las galerías, en los burdeles, profazadores relatos resumían lo acontecido, casi todos los protagonistas no se explicaban cómo habían podido actuar así, tan salvajemente. No lograban entender cómo y por qué se habían dejado arrastrar por aquella turbamulta asesina en contra aquel hombre inerme. Un enorme cargo de conciencia los ahogaba. Los que por uno u otro motivo no habían estado presentes en la asonada, se resistían a creer que se hubiera podido llegar al execrable asesinato del Prefecto. Meditaban que por más que hubiera actuado tan salvajemente como lo había hecho, no justificaba su muerte. En una edición especial  EL MINERO decía en su nota editorial: ” El día de hoy nuestra ciudad ha sido teatro de hechos delictuosos motivados por la protesta de la escasez de víveres que se ha sumado al poco interés de las autoridades que son llamadas a velar por la tranquilidad de esta pacífica población. Se nos informó que el resultado de la protesta del pueblo reunido para condenar los atropellos que había recibido una señora en el momento de formar cola en la compra de azúcar, ha sido respondido con balas que hirieron a varios ciudadanos que están alojados en el Hospital Carrión; en estado grave alguno de ellos. Ante tamaño atropello nuestro diario hace sentir su enérgica protesta por estos hechos incalificables y ofrecemos que en nuestra edición de mañana daremos amplia información sobre estos graves sucesos de sangre”.  Todos presentían que la desgracia no había terminado con la muerte del Prefecto. Recién comenzaba. Intuían que algo terrible estaba por ocurrir. Esa misma noche, sigilosos recaderos iban y venían por las silentes arterias mineras. Cerca de la medianoche, en la trastienda del “Rancho Chico”, la “Machete” –renombrada puta cerreña- seria como nunca, hablaba con sus amigos.

— Paisanos: los he reunido porque presiento que algo muy grave va a ocurrir. No hay tiempo para comentarios. Sólo les diré que lo que han hecho esta tarde, es una cruel bestialidad. Nunca pensé que mis paisanos fueran unos asesinos de mierda. La cosa no va a quedar allí. No, señor. Omara – que está completamente deshecha- me asegura que el Prefecto tenía una larga lista de apristas que según él son los complotadores de la ciudad. Estos nombres ya están en el Ministerio de Gobierno. Después del crimen de esta tarde, tengan la seguridad de que éstos serán los primeros en caer. En cualquier momentos ya van a estar aquí –Ojos interrogantes se clavan en el rostro sin afeites de la Mami. ¡¿Quiénes son?!. La Machete responde, están todos los dirigentes del Partido Aprista y los del Sindicato de Obreros. Yo les recomiendo que desaparezcan porque si los agarran los van hacer ver al diablo calato. Ustedes no saben lo que son capaces de hacer estos grandísimos. Huyan, pónganse a salvo. Yo como amiga de ustedes he cumplido. Todo está en las manos de cada uno. No sean huevones, desaparezcan!!!.

Continúa…..

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