LA “JUGADA” DEL DEPORTIVO MUNICIPAL

El 22 de junio del 2010 -hace siete años- falleció nuestro gran amigo, GUZMÁN VARILLAS BASURTO. Además de inquieto periodista y animador de nuestras reuniones amicales, fue brillante Presidente de la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco. En el desempeño del cargo nos dejó una estela de grandes consecuciones para nuestro popular deporte. Con nuestra gratitud y recuerdo a los diecisiete años de su partida, me permito rendirle homenaje de recuerdo con esta anécdota de pasados años. La afición cerreña sigue adolorida por su desaparición y, no obstante los años transcurridos, lo recuerda con mucho cariño.

deportivo municipal campeón de 1950

Vivíamos pletóricos aquella inolvidable época en la que uno de los más emblemáticos equipos de fútbol de nuestra patria estaba en la cumbre de la popularidad: el Deportivo Municipal. Para entonces, presidiendo a la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco, teníamos a uno de sus más eficaces y carismáticos dirigentes que ha tenido esta institución: Guzmán Varillas Basurto, miembro de la Policía de Investigaciones del Perú. Como jugador primero, y como dirigente después, fue ganándose la confianza y el aprecio de los aficionados. Elegido Presidente puso en marcha un plan muy bien hilvanado destinado a traer a nuestras canchas a los mejores equipos capitalinos. Naturalmente la respuesta de la afición fue aprobatoriamente generosa. Con el mismo entusiasmo trajo cuadros de gran prestigio como el Alianza Lima, Universitario de Deportes, Sport Boys, Ciclista Lima, Atlético Chalaco y otros; inclusive, gracias a él, tuvimos el primer partido internacional cuando, para Fiestas Patrias, jugó el Municipal de la Paz, Bolivia con nuestra selección de fútbol local.

En cada una de estas presentaciones el éxito de taquilla era efectivo. Por aquellos, días oyendo las sugerencias de la prensa que canalizaba con mucho acierto las aspiraciones de la hinchada, decidieron traer el Club Deportivo Municipal, que por aquellos días tenía en su plantilla nada menos que al ídolo nacional que había triunfado ampliamente en Argentina al jugar por “Platense” y “Racing”: Tito Drago. Lo acompañaban, un joven que con gran pundonor y calidad emergía triunfador para codearse con las mejores estrellas de nuestro fútbol: Juan Seminario; los jóvenes hermanos Manuel y Roque Rivera; un “patrón del medio campo”, Germán Colunga; Oscar Montalvo como puntero derecho; César Brush y Willie Fleming, backs de gran prestigio; Humberto Becerra, en el arco; también ”Pichín” Biélich . Es decir lo mejor de la vidriera futbolística de aquellos días.

Con bombos y platillos se anunciaba la presentación del Municipal para enfrentar a nuestra selección el 28 de julio en el Estadio Municipal. La publicidad fue tan abrumadora que desde los primeros días de julio no se hablaba de otra cosa. Llegado el día, como no había sucedido nunca en nuestra ciudad, el tema candente de toda conversación era la presentación de la “Academia”. El 28 de julio cuando se celebraba el Te Deum oficial, se presentaron los jugadores capitalinos premunidos de sus buzos rojos de franela con letras blancas: MUNICIPAL. Todo fue que aparecieran cuando la ceremonia central estaba perdiendo solemnidad porque, sin hacer caso de los pasos de la liturgia de rigor, las gentes señalaban y comentaban la presencia de los cracks limeños.  Éstos se paseaban por nuestras calles y firmaban autógrafos de los “hinchas”, inclusive, invitados por el “Club Tito Drago”, la estrella homenajeada se presentó en el recinto de nuestro Deportivo Municipal donde se le tributó un gran homenaje. Como nadie podía sospechar, los jugadores ediles realizaban una muy notoria campaña publicitaria que a la postre fue muy efectiva.

A partir de las dos de la tarde inmensas colas se formaban en las boleterías. Nunca se había visto nada igual. Camiones repletos de aficionados llegaban de las compañías  mineras vecinas, Atacocha, Huarón, Colquijirca, Chicrín, Santander, Pilar, Chungar, Animón, Vinchos, etc. Nuestro primer escenario deportivo mostraba un lleno impresionante. Su tribuna de madera estaba al tope. La gente de “popular” se acomodaba como podía en la enorme extensión que rodeaba el campo de juego. La banda de Músicos adornándose con piezas musicales del gusto popular alegraba a la enorme multitud. Llegada la hora, cuando el Deportivo Municipal entró en la cancha, una atronadora ovación acompañada de cohetes y bombardas, saludaba a los visitantes. Inmediatamente comenzaron a calentar con sendas pelotas, haciendo la alegría de los hinchas, especialmente de los niños. Al entrar en la cancha el árbitro Felipe Medrano, los jugadores se retiraron a los camerinos para cambiarse, pero lo que ocurrió a continuación fue increíble. Con las correspondientes camisetas del Municipal ingresaron los jugadores, pero ya no las estrellas que acababan de verse en el campo. Naturalmente el público comenzó a protestar. Acababan de ver a los titulares y los que habían ingresado eran todos suplentes desconocidos. La silbatina arreciaba y se hacía más agresiva. La gente ya estaba indignada. Nadie se explicaba el por qué del “cambiazo” y la rechifla se hizo tremenda. Recuerdo todo esto como si fuera ayer porque yo estaba transmitiendo las ocurrencias por “Panorama Deportivo” de Radio Corporación. La indignación se hacía cada vez más belicosa porque ya los descontentos comenzaron a tirar grandes piedras a los techos de las tribunas originando una barahúnda espectacular. Desde la caseta de transmisión venía ir y venir a un desconcertado Guzmán Varillas que al verme me invitó para que lo ayudara a solucionar el problema. Me explicó que no querían salir al campo porque decían que habían cumplido con el contrato por ambas partes. Intrigado por aquella audacia entré en los vestuarios y encaré –micrófono en mano- a Nino Cavassa, el hombre que había firmado el contrato

  • ¿Tiene usted el contrato….? – pregunté
  • Aquí está…
  • Por qué no lo cumple…?
  • Sí, he cumplido…
  • ¿Ha cumplido…? ¿Cómo..?..¿Por qué no entran los jugadores titulares, Tito y Seminario, por ejemplo…?
  • Porque aquí dice claramente, “El Club Deportivo Municipal llevará al Cerro de Pasco a Tito Drago, Juan Seminario etc. Etc.
  • ¿Y por qué no juegan…?
  • Porque en ninguna parte dice que deben jugar. Aquí dice claramente, se compromete a llevar al Cerro de Pasco, bueno, aquí están, ya los he traído, pero en ninguna parte dice que deben de jugar…
  • Pero se supone que tenían que venir a jugar, sino… ¿Por qué habrían de venir…?
  • ¡Ahhh, no sé! Yo he cumplido con mi parte del contrato. Pueden ustedes tomar las medidas legales que juzguen conveniente….

Leímos cuidadosamente el contrato y, verdad; no se estipulaba en ninguna de sus cláusulas  que debían jugar. Entretanto ya la situación se tornaba muy peligrosa. Afuera la silbatina se había convertido en una incontrolable protesta que amenazaba la seguridad de todos los que estábamos en el recinto. Los mismos escasos policías, se hallaban desconcertados e impotentes. Así las cosas. Decidimos ver el caso con mucha serenidad. Varillas me informó que habían ido al Cerro por quince mil soles. Que la taquilla había registrado un ingreso de más de cuarenta mil. Inmediatamente entendimos que sólo con dinero podíamos solucionar el impase. Cuando se habló de solucionar el problema, sugirieron que por una cantidad más entrarían a jugar los titulares. ” ¿Cuánto?” –preguntamos. “Cinco mil más” dijeron. En vista de que faltaba poco para que incendien las tribunas, Varillas tuvo que aceptar. Cuando le contaron los cinco mil soles más. Cavassa hizo una señal y Tito, Juan Seminario y los otros que estaban con sus abrigos, como listos para marcharse, se despojaron de ellos y vimos que estaban completamente uniformados, listos para jugar… ¡Sabían que “atracaríamos”!!!.

Cuando el público vio a sus ídolos retornando a la cancha, como por encanto calmaron sus protestas y les tributaron aplausos muy cariñosos. En ese momento, ni mucho después, se enteraron que habíamos sido víctimas de un chantaje que gracias a la generosidad de la hinchada cerreña, habíamos solucionado. Naturalmente, los maestros dieron una muestra excelente de su juego y el público quedó contento. Tras esta ingrata y nada positiva experiencia, siempre hemos tenido mucho cuidado en redactar  los contratos.

 

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