Educación Popular: VÍA CRUCIS Y RESURRECCIÓN DE LA CLASE OBRERA Por Julio Yovera

Con nuestro más vivo y emocionado homenaje a los trabajadores cerreños les hacemos llegar nuestro saludo por este primero de mayo, publicando el magnífico trabajo de Julio Yovera, Docente investigador en temas de educación, cultura y literatura en el que podrán ustedes ver las enormes implicancias significativas de este glorioso día.

orgullo de ser mineroMiles de mártires anónimos, ahí donde el modo de producción capitalista prevalecía y las relaciones sociales de producción se daban teniendo como fuerza creadora de la riqueza a los obreros, éstos se rebelaban y tenían que pagar su cuota de sangre para paliar su miseria y mantener con vida el árbol de su rebeldía. Así fue con los mártires de Chicago, que en 1884, protagonizaron la más grande protesta de su tiempo, demandando las 8 horas de trabajo. El resultado de esa demanda fue el insulto, la provocación, la amenaza y, finalmente, la muerte incluso por la vía “legal”.

La sociedad obrera conocida como “Los Caballeros del Trabajo”, en Chicago, organizaron protestas y ante ellas los poderosos los insultaban, les llamaban holgazanes, irresponsables y de atentar contra el progreso y la civilización. Es decir, se crearon todas las condiciones para doblegar a los trabajadores, lo que en efecto, finalmente se dio, cuando de manera extraña se detonó una bomba, y el movimiento fue duramente reprimido. Los trabajadores recurrieron no a la violencia sino al esclarecimiento. Uno de los líderes obreros, Fisher, que después sería ahorcado, imprimió volantes donde llamaba a la resistencia.

“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!” (Manifiesto de los Trabajadores de Chicago)

Los manifestantes habían sido asesinados a mansalva. Entonces, la influencia de quienes se esforzaban en explicar de manera lógica y científica las leyes que regían la existencia del capital, crece. Los obreros rebeldes eran como los cristianos de las épocas de las catacumbas: su sangre se convirtió en semilla y florecieron. Y por eso los trabajadores del mundo recuerdan a: Michael Schwab, Louis Lingg, Adolph Fischer, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe y George Engel, como unos de sus héroes universales.

(…)Mención especial merece en esta lucha la labor magistral que realizó el maestro Manuel González Prada, que tuvo una enorme influencia entre los obreros y que llegó a publica una prensa de clara tendencia rebelde y de condena al sistema. Esa obra fue impulsada dese el periódico La Protesta. González fue un pensador que se esmeró por hacer de los obreros protagonistas o sujetos sociales conscientes y críticos. De su mensaje, dos jóvenes se decidirán a continuar su obra inconclusa: José Carlos Mariátegui La Chira y Víctor Raúl Haya de la Torre. Los dos coinciden en la necesidad de transformar el país, mas, poco a poco, conforme pasa el tiempo llegaron a tener pensamientos diferentes, En el caso particular de José Carlos, después de asumir abiertamente una posición a favor de los obreros y de abrazar el legado socialista, se dedicó –a su vuelta de Europa- a “contribuir a la creación del socialismo peruano”. La clase obrera y el movimiento social renovador y revolucionario fue un desvelo en la vida de Mariátegui. Su esfuerzo por crear conciencia de clase, por dotar a los trabajadores de una central única de clase, la CGTP, y de fundar el Partido Socialista con una clara orientación marxista, lo convierten en un hombre trascendente y de dimensión histórica. Enseñó la ciencia social que les permitió a los obreros tener la teoría, el método y los instrumentos para transformar la sociedad peruana. Enseñó el carácter y la naturaleza del imperialismo, y sustentó las contradicciones que vive la sociedad actual.

En el Perú, la clase obrera tiene sus mártires. Así como los obreros de Chicago, acá tuvimos que se sacrificaron por su clase. El primero, no el único, fue Florencio Aliaga, víctima de las fuerzas policiales, asesinado en 1904, en circunstancias que los trabajadores protestaban en la calle bajo la dirección de los dirigentes Manuel Caracciolo Lévano, Delfín Lévano, Fidel García. Todos ellos habían fundado la Unión de Trabajadores Panaderos del Perú, bajo la influencia de las ideas anarquistas.

Especial mención merece la lucha de los trabajadores petroleros que en 1931 desarrollaron una jornada no solo de carácter económico sino de defensa de la soberanía de nuestra patria. Esa lucha tuvo entre sus víctimas al líder obrero Alejandro Taboada. Tiempos después, nuevas y valiosas vidas fueron cegadas por el capital, tales fueron los casos de Manuel Arévalo, Luis Negreros. Ambos militantes apristas. Y de tiempo más próximo al nuestro el sacrificio de Emiliano Huamantica, obrero cusqueño, es parte de las vidas que se perdieron en el proceso de la lucha de los trabajadores contra el capital.

Los trabajadores peruanos al margen de ideologías y filiación doctrinaria, reconocen a J.C. Mariátegui como el maestro del obrero y del pueblo. Su mensaje tuvo, desde nuestro punto de vista, dos ideas fuerza:

Una hace referencia a la necesidad de entender y asumir que un gremio no es un partido político. Los objetivos y propósitos de un gremio son más específicos y visibles. Por eso, el sindicato debe ser concebido como un frente único. Sobre el particular, Mariátegui señaló:

“El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente. No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia, la variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en esa inmensa legión humana que se llama el proletariado. La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es por el contrario la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se esterilicen bizantinamente en ex confesiones y excomuniones reciprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes” (El 1 de Mayo y el Frente Único, Mariátegui, 1924)

El otro, alude a la necesidad de formar y elevar la conciencia de los trabajadores. Mariátegui buscó a lo largo de toda su breve y fructífera existencia que el obrero se eduque, que sea capaz de ser sujeto histórico de cambio. Cuando vuelve de Europa se esmeró por formar a la clase obrera, a los sectores sociales populares. Por eso asumió la Cátedra que se llamó Historia de la Crisis Mundial, en la Universidad Popular “Manuel González Prada” y desde ahí no solo hizo propaganda sino desarrolló cultura. Mariátegui siempre insistió que la clase obrera debía elevarse espiritualmente:

“Un proletariado sin más ideal que la reducción de las horas de trabajo y el aumento de los centavos del salario, no será nunca capaz de una gran empresa histórica. Y así como hay que elevarse sobre un positivismo ventral y grosero, hay que elevarse también por encima de sentimien­tos e intereses negativos, destructores, nihilistas. El espíritu revolucionario es espíritu constructivo. Y el proletariado, lo mismo que la burguesía, tienen sus elementos disolventes, corrosivos, que inconscientemente trabajan por la disolución de su propia clase”. (Mensaje al Congreso Obrero, Mariátegui, 1927)

El Amauta murió muy joven pero dejó un camino que las organizaciones sociales progresistas y de izquierda están en el deber de desentrañar y avanzar en ese horizonte. Esto no significa reeditar la experiencia y aplicar mecánicamente lo que él señaló, sino ver lo que hay en él de trascendente y de vigente.

En los tiempos de las reformas de Velasco y de Morales Bermúdez, los obreros se dividieron. Los que se enfrentaron al régimen dieron duras jornadas de lucha y también hubo mártires. Uno de ellos fue Pablo Inza Basilio, dirigente minero del centro del país. En ese período los dirigentes sus activos estuvieron divididos. Unos a favor del gobierno, particularmente en el periodo de Velasco, y el otro sector, combatiéndolo y pugnando por una nueva forma de organización de clase de los trabajadores. La Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y el Comité de Coordinación y Unificación Sindical Clasista (CCUSC) enfrentados.

Hace un cuarto de siglo el neoliberalismo inició una serie de reformas económicas-sociales, a favor del gran capital. Favorecidos por acontecimientos mundiales y nacionales como la tercera revolución científico-técnica; la globalización, el desgobierno de García y la guerra interna, el régimen de Fujimori no solo saqueó en provecho del capital extranjero nuestros recursos naturales y las empresas estratégicas del país, sino que procedió a desestructurar las organizaciones gremiales de los trabajadores.

El neoliberalismo ha dado inicio a la tercerización, a través de las servis; lo que ha traído consigo la pérdida acelerada del poder adquisitivo de los trabajadores… Según informes del INEI, en todo el proceso de implementación del neoliberalismo, los salarios se han contraído drásticamente. Los monopolios han ganado como en ningún otro tiempo de la historia del Perú. Según fuentes del INEI, los empresarios han ganado como nunca antes. Hoy, en los informes del empresariado mundial, aparecen los millonarios peruanos como los nuevos ricos del continente.

No solo es el tema económico. Las empresas con la complicidad de las autoridades desarrollan una estrategia destinada a impedir la libre sindicalización de los trabajadores. No hay, a diferencia de décadas pasadas gremios que le garanticen a los trabajadores la defensa de sus derechos. Cuando se produjo el asesinato del líder obrero Pedro Huillca, no solo se atentó contra una vida sino que, el grupo Colina al servicio de la dictadura, actuaba también en salvaguarda de los intereses del gran capital, del monopolio, de la gran empresa, pues, su ofensiva violenta traía consigo el miedo y el terror de los trabajadores para que se acercaran a los gremios.

Así se entiende mejor por qué después de existir hasta la década del 90 una masa laboral que en el más del 50 % estaba agremiada, hoy no pasa la valla del 5 %. El temor lo imponen las autoridades, la política anti laboral que desarrolla la empresa, y también desde el seno de los trabajadores, que sin un mínimo de conciencia de clase se han lanzado por la vía de la lumpenería a hostilizar a los gremios.

Cuando se impuso el neoliberalismo, los voceros de la dictadura señalaron que los beneficiarios directos serían los trabajadores puesto que se dinamizaría la estructura productiva. A la luz de los hechos decimos, que no es así. Las plazas de lo que se llama el “trabajo decente” o “el trabajo formal”, con todos los beneficios que la ley estipula, no llegan al 9 %. El resto sobrevive en el subempleo y un buen porcentaje, sin otra alternativa, está dispuesta “a sobrevivir como sea”, incluso actuando de sicarios de poderes oscuros.

La clase obrera, a diferencia de lo que planteaban los agoreros del “fin de la historia” tiene vigencia y futuro. El capitalismo succiona con avidez la plusvalía de los trabajadores. Es verdad, ya no son los obreros de las fábricas de los siglos XIX y XX, pero los trabajadores siguen vendiendo sus conocimientos, sus capacidades, sus habilidades cognitivas y sus competencias.

En este 1 de Mayo bien vale la pena, además de los homenajes, hacer una jornada de reflexión sobre los obreros de hoy y su destino.

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