LOS QUE CONSTRUYERON EL TÚNEL DE LA LIBERACIÓN (Segunda parte)

MRTA
Cabecillas del movimiento terrorista Túpac Amaru que en audaz incursión tomaron la residencia japonesa, apresando a centenares de rehenes.

Era las 19.30 del día de la fiesta y todas las personalidades de la vida política, social, económica, militar, eclesiástica y cultural del Perú lucían sus mejores trajes y condecoraciones. Diecinueve minutos antes, una ambulancia había doblado por Marconi, la primera calle paralela a la cuadra dos de Thomas Alva Edison y sus dos tripulantes saludaron a los policías que en esa esquina hacían el primer control de las tarjetas de invitación y, estacionaron frente a una casa detrás de la residencia de Aoki. Rápidamente dominaron a un guardia de seguridad e ingresaron. Allí esperarían el momento para dar el gran golpe. Aquellos policías del control nunca imaginaron que dentro de esa falsa ambulancia había 14 guerrilleros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru dispuestos a exigir la liberación de sus compañeros presos en distintas redadas.

A las 20.20, los 14 guerrilleros abrieron un boquete en el muro que da a la casa del embajador e ingresaron en los jardines disparando al aire ráfagas de fusil AKM. Varias mesas adornadas cayeron al suelo, empujadas por decenas de invitados que corrían sin saber hacia dónde, espantados por los disparos y los gritos. Los guardias de seguridad intentaron repeler el ataque pero rápidamente quedaron fuera de combate tras breve tiroteo. En apenas 20 minutos, los 600 invitados marcharon con las manos entrelazadas en la nuca hacia los salones de la residencia donde fueron obligados a tirarse al piso. Adentro había quedado todo el poder político peruano —incluidas la madre y una hermana de Fujimori— y gran parte del mundo diplomático.

Con la totalidad de asistentes tirados en el piso, se oyó la voz del representante de la Cruz Roja Internacional, Michel Minnig, que se ofreció como mediador entre rehenes y captores. La propuesta fue aceptada. La primera negociación entre Cerpa Cartolini –líder de los rebeldes- y Minnig tuvo un efecto casi inmediato: una hora y media después un nutrido grupo de mujeres más un hombre en silla de ruedas dejaron la residencia del embajador Aoki. La hermana y la madre de Fujimori, curiosamente, estaban en ese grupo: Cerpa Cartolini nunca supo lo que había tenido entre manos.

Para las 10 de la noche, los guerrilleros habían dado a conocer sus demandas y el presidente peruano mantenía una reunión urgente con el Consejo de Ministros. En los alrededores de la casona estaban apostados centenares de policías y soldados. Los emerretistas tenían en su poder a 379 personas, de las cuales 118 eran extranjeras y 261 peruanas: 14 miembros del gobierno, 26 altos jefes de las Fuerzas Armadas y Policía, además de 75 diplomáticos y 164 empresarios y profesionales. Comenzaba en ese momento una larga y tediosa espera cargada de tensión, rumores y negociaciones que duraría 126 días. Fueron tantas las negociaciones que para el 22 de abril de 1997 quedaban todavía 72 rehenes. Incluso se negoció  la salida a Cuba o a República Dominicana de los 14 guerrilleros más una jugosa suma de dinero. Pero nada de eso ocurriría.

El caso es que a partir de aquel momento el problema se convirtió en un quebradero de cabeza. Rescatar a los rehenes por aire descolgando comandos o atacando francamente, era imposible. Enfrentarse a los terroristas a “pecho abierto” habría  originado numerosas muertes con enormes repercusiones diplomáticas. Ambas opciones carecían de algo de valor fundamental: el factor sorpresa. Quedaba una sola posibilidad. Hacerlo por un túnel. Ya en 1990 los emerretistas habían fugado a través de un conducto de trescientos treinta metros del penal, Castro Castro, en el momento en que se jugaba la final del campeonato mundial de fútbol. Éste era la salida al problema. Nominaron a dos coroneles para que trazaran el plan del operativo que dieron en llamar “Chavín de Huantar”. El  problema que se les presentaba era la ejecución del túnel. ¿Quién lo haría? El conocimiento que habían adquirido los oficiales del ejército en las academias de Saint Cyr o West Point, de nada les sirvió. Era un trabajo para profesionales. Es entonces que decidieron que el túnel lo trabajarían hombres acostumbrados a estos menesteres. Lo harían los mineros peruanos y, como no podía ser de otra manera, decidieron que fueran los del Cerro de Pasco, los más grandes del Perú.

Reclutaron a veinticuatro hombres hábiles y dos ingenieros de las minas de CENTROMIN, en el Cerro de Pasco. Les dijeron que tenían que viajar urgentemente a una mina de Puno para rescatar a un  grupo de mineros atrapados. Los hombres aceptaron con gran decisión ya que de salvar a sus compañeros se trataba. El 14 de enero los llevaron al aeropuerto de Jauja y embarcaron en un avión Antonov. Más tarde cuando llegaron se dieron cuenta de que había sido engañados porque en lugar de Puno estaban en la base aérea de Las Palmas. De allí los llevaron al cuartel general Alfonso Ugarte, frente al local del Servicio de Inteligencia Nacional. La alarma creció entre ellos cuando procedieron a fotografiarlos de frente y de perfil como si fueran delincuentes. Es entonces que un coronel, con toda franqueza, les hizo conocer la misión para la que habían sido traídos. Les dijo que como el trabajo no sólo era el más honroso para cualquier peruano sino de alto riesgo y muy secreto, tendrían que soportar todo el tiempo necesario alejados de sus familiares. No hubo ni se permitió ninguna réplica. Llegada la noche los hicieron llegar a dos casas alquiladas de la calle Marconi colindantes con el jardín posterior de la mansión japonesa. En todo el tiempo que trabajaron el túnel  tuvieron que convivir con policías que estaban más que nada para vigilarlos con un trato despótico y discriminatorio. Los mandaban de una manera tan grotesca que despertó un odio soterrado entre los mineros. Se llegó a tal extremo que inclusive cuando se presentaba algún problema de salud los policías se negaban a traer al médico.

Por su parte, las esposas de los obreros, atormentadas por la ausencia prolongada de sus maridos comenzaron a inquirir de las autoridades y, cuando nada consiguieron, reunieron un dinero y cuatro de ellas viajaron a Puno. No encontraron nada. Esto los alarmó grandemente. Los mismos periódicos hicieron eco de los reclamos. La República decía: “Las esposas de la mayoría de los 24 mineros que abrieron los túneles que permitieron el asalto militar a la casa del embajador japonés en Lima, y la Federación de Trabajadores de la empresa Centromín Perú, denunciaron que no ven a los obreros desde hace cuatro meses.

 María Luz Huamán, cuyo marido trabajó en los túneles y al que no veía desde la primera semana de enero, reclamó al gobierno que permita a los mineros volver a sus casas, pero el congresista Carlos Blanco Oropeza, uno de los ex cautivos, dejó entrever que el gobierno estaba “protegiendo” sus vidas. El gobierno no se pronunció hasta hoy sobre el paradero de los mineros, cuyas edades oscilan entre 30 y 35 años.

 La señora Huamán relató que los mineros dejaron sus casas la primera semana de enero para realizar una “acción cívica de apoyo a mineros sepultados por un derrumbe en el Departamento de Puno, en el sudeste andino de Perú, fronterizo con Bolivia”.

 A diferencia de Huamán, Victoria Uzuriaga, esposa de otro de los mineros, dijo que ella y otras tres mujeres fueron trasladadas por militares a “un lugar desconocido” para encontrarse con sus esposos, y afirmó no saber si alguno de los mineros murió en los trabajos. Los mineros trabajaron diariamente en grupos de ocho personas y en tres turnos para abrir las galerías bajo la residencia y habilitarlas de luz eléctrica y ventilación”.

Las autoridades de Lima, para atenuar la angustia de las compañeras de los obreros, les permitieron que escribieran sendas cartas pero con la prohibición total de no revelar el lugar de su estadía y menos aún la misión que estaban cumpliendo. Es más, fletaron un Antonov y condujeron a las mujeres a Pisco donde se encontraron con sus maridos. Esto atenuó la angustia de las mujeres. En cuanto a los mineros, no obstante estar acostumbrados a las altas y bajas temperaturas que se experimentan dentro de la mina, los agobió la humedad limeña que los dejaba exhaustos. Así comenzaron a avanzar en la construcción del túnel. El más extenso y principal de los cuatro que se hizo, tenía una extensión de 128 metros de largo y cuatro bocas de salida para el asalto final. Comenzaba en la calle Marconi 255 y conducía a la terraza por donde salieron los rehenes confinados en el dormitorio del embajador. Las tres restantes iban al jardín derecho y por ahí entraron los comandos. Dos metros antes de la boca de salida, se abría un ramal de 60 metros que pasaba por debajo del salón principal, el comedor de gala y la cocina. Los otros dos túneles eran de menor extensión. Veinte metros cada uno. Por ahí ingresaron los comandos a la parte posterior de la mansión desde donde evacuaron al resto de rehenes del segundo piso.

Continúa….

 

Huellas de luzHUELLAS DE LUZ es un libro que rinde homenaje a tiroleses y  prusianos que el 16 de marzo de 1857 partían para llegar al Pozuzo y después de tres años y cuatro meses coronaban la empresa. También al emblemático periodista y compositor don Andrés Urbina Acevedo y otros notables  personajes de su entorno. A los que abrieron el camino del Cerro de Pasco a Lima por la ruta de Canta y tras titánica lucha, lo consiguieron. Recuerda la odisea de un grupo de jóvenes que tras seis días y seis noches de marcha de sacrificio, llegaron a Lima para exigir la creación de nuestra Universidad. Lo consiguieron. Ahí está enhiesta su Alma Mater proclamando la grandeza de aquel acto heroico. Junto con la “Crónica de la infamia” -desgarrador relato de sangre y muerte- la revelación de la personalidad de cada uno de los protagonistas de aquellos años aciagos. Finalmente, pintadas con notable amenidad, diferentes escenas de la vida ciudadana del Pueblo Mártir del Perú, el Cerro de Pasco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s