LOS QUE CONSTRUYERON EL TÚNEL DE LA LIBERACIÓN (Tercera parte)

Comando Chavin de HuantarCada uno de los túneles tenía una profundidad de cuatro metros, una altura de un metro sesenta y un anchura similar. Para no errar en la dirección, cada cierto tramo, desde el socavón sacaban una varilla de metal y, desde una de las casas, el ingeniero responsable con unos binoculares verificaba el rumbo preciso. Una vez sintieron que, desde fuera, la varilla era movida de un lado a otro. Creyeron haber sido descubiertos pero felizmente era un gato juguetón que al ver la varilla se había puesto a jugar.

Diariamente de esa sauna asfixiante sacaban la tierra en unos carritos que corrían por un  riel hasta el comienzo del túnel. Allí sus compañeros procedían a su embolsado y lo sacaban al jardín. En la madrugada los cargaban en furgones de la policía para dejarlos en un descampado. Partían desde Marconi a Javier Prado, la vía expresa, a la avenida Bolognesi de Barranco. Eso diariamente. La madera para el encofrado del techo y las paredes del túnel, llegaban ya cortados con dimensiones dados por el jefe de la obra.

El ingreso al túnel principal era de un metro, resguardado con madera y cemento suficiente para el ingreso de un hombre armado. Una escalera de madera permitía el descenso a cuatro metros de profundidad. Abajo, la altura era de un metro sesenta. Se podía avanzar inclinado. A siete metros de la entrada se hizo una oficina con mesa de trabajo, seis sillas, tres pizarras, fluorescentes y ventiladores para atenuar el calor.

Se agruparon en cuatro guardias A, B, C y D, cada uno con seis integrantes que trabajaban en turnos correspondientes como lo hacían en la mina cerreña. El túnel principal se avanzó dos metros por día

Como el trabajo minero originaba un sonido que se podía escuchar en la superficie, el comando, para disimular, puso música a grandes volúmenes y el paso de las tanquetas haciendo gran ruido. Es decir, muchas contingencias tuvieron que afrontar hasta que llegó la hora nona. De todos es conocida la acción efectuada por nuestros comandos del ejército, pero es necesario recalcar que, sin la calidad extraordinaria de los mineros cerreños, no habría tenido el éxito que después se comentó. “Los trabajos se hicieron bajo la residencia nipona, donde el MRTA mantuvo a 72 rehenes durante 18 semanas. Los rehenes fueron liberados el 22 de abril en un operativo militar que causó 17 muertos, un rehén, dos militares y los 14 guerrilleros que habían ocupado la residencia para exigir la liberación de sus compañeros presos”.

Un diario de la capital sintetizaba así la liberación de los rehenes: El 22 de abril de 1997, más de cuatro meses después del inicio de la toma, un equipo de 140 comandos peruanos, se reunieron en una unidad secreta ad-hoc que había recibido el nombre de Chavín de Huantar (en referencia a un sitio arqueológico peruano famoso por sus corredores subterráneos) y montaron un asalto dramático sobre la residencia. A las 15:23, se inició la Operación Chavín de Huántar”.

“Tres cargas explotaron casi simultáneamente en tres habitaciones diferentes del primer piso. La primera en medio de la habitación donde estaba teniendo lugar el juego de fútbol, matando de inmediato a tres de los terroristas (dos de los hombres que participaban del juego y una de las mujeres que los observaba desde la línea de banda). A través del hoyo creado por la explosión y las otras dos explosiones, 30 comandos ingresaron al edificio, a la caza de los miembros sobrevivientes del MRTA para detenerlos antes de que pudieran alcanzar el segundo piso”. “Se realizaron otros dos movimientos simultáneamente con las explosiones. En el primero, 20 comandos lanzaron un asalto directo en la puerta de entrada para unirse a sus camaradas al interior de la sala de espera, donde estaba ubicada la escalera principal hacia el segundo piso. En su paso encontraron a las otras dos terroristas mujeres cuidando la puerta del frente. Detrás de la primera ola de comandos que asaltaron la puerta llegó otro grupo de soldados que llevaba escaleras, las cuales ubicaron contra las paredes posteriores del edificio”.

“En el último movimiento del ataque coordinado, otro grupo emergió de dos túneles que habían llegado hasta el jardín trasero de la residencia. Ascendieron rápidamente las escaleras que habían sido colocadas para ellos. Sus tareas consistieron en hacer volar una puerta a prueba de granadas del segundo piso, por medio de la cual serían evacuados los rehenes, y hacer dos aberturas en el techo para poder matar a los miembros del MRTA en el segundo piso, antes de que tuvieran tiempo de ejecutar a los rehenes”.

“Al final, todos los 14 terroristas del MRTA, un rehén (Dr. Carlos Giusti Acuña, miembro de la Corte Suprema, quien tenía problemas cardíacos preexistentes) y dos soldados (teniente coronel Juan Valer Sandoval y teniente Raúl Jiménez Chávez) murieron en el asalto”.

Según la Agencia de Inteligencia de la Defensa de los Estados Unidos (DIA), el emerretista Roli Rojas fue descubierto intentando huir de la residencia mezclado con los rehenes. Un comando lo detuvo, lo llevó a la parte trasera de la casa y lo ejecutó con una ráfaga que le voló la cabeza. El cable de la DIA sostiene que el intento del comando había sido disparar una sola vez a la cabeza de Rojas y debido al error el comando debió esconder parcialmente el cuerpo de Rojas bajo el de Néstor Cerpa. El cable dice también que otra miembro mujer del MRTA fue ejecutada después del asalto”.

La victoria militar fue publicitada como un triunfo político y usado para reforzar su postura de línea dura contra los grupos terroristas. Los índices de popularidad de Fujimori se duplicaron rápidamente hasta alcanzar cerca del 70% y fue aclamado como un héroe nacional. “Tenía que venir el clima de la época. La operación fue tan exitosa que no había oposición. Los peruanos lo adoraron”, dijo Luis Jochamowitz, autor de una biografía de Fujimori. En una reflexión sobre el asalto pocos días después, el poeta Antonio Cisneros dijo que se había dado a los peruanos “un poco de dignidad. Nadie esperaba esta eficiencia, esta velocidad. En términos militares, fue un trabajo del Primer Mundo, no del Tercer Mundo.”

Fujimori se llevó el crédito personal por la operación. En una entrevista en la edición de “El Comercio” del 17 de diciembre de 1997, declaró que poco después que la residencia del embajador fuese tomada, él planeó la operación junto a su hijo Kenyi –su engendro al que trató  de hacerlo conocido y popular- y con el Servicio de Inteligencia Nacional del Perú comandada por Julio Salazar, Vladimiro Montesinos y el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas bajo el mando del general del Ejército Nicolás de Bari Hermoza Ríos

Todo el mundo conoce lo que ocurrió después de aquella hazaña. Fujimori hizo tantas apariciones públicas apropiándose del mérito del operativo que, cuando cayó, descubiertas las asquerosidades que había hecho en el gobierno, embarró también a los soldados que participaron en la acción la mayoría de los cuales han sido acusados de violación de derechos humanos. Lo indignante es que jamás reconoció el extraordinario trabajo que efectuaron los mineros del Cerro de Pasco y, una vez más como ha ocurrido con los impresentables tiranos que ha tenido el Perú, fuimos ninguneados. Es momento que el Perú reconozca el valos de nuestros hombres.

FIN.-

 

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