EL “CHIVILLO” FRÍAS

El rotundo éxito que alcanzara aquel extraordinario trío argentino formado por Agustín Irusta, Roberto Fugazot y Lucio Demare conducido por el extraordinario Pancho Canaro, llenó toda una época de la canción argentina en el mundo entero. Nuestra tierra –amantísima del tango- no podía estar excluida. Las películas y, sobre todo los discos de la afamada RCA Víctor, se encargaron de difundir la calidad vocal del trío y encender las preferencias provincianas, especialmente por los valses argentinos. Los discos que recibían las casas disqueras “volaban” en un santiamén. Irusta, Fugazot y Demare eran los preferidos en una larga época que comienza en los treinta y se amplía por muchos años más. En nuestra ciudad muchos jóvenes unieron sus voces a la usanza del trío argentino, pero no fue sino el formado por ese brillante e inquieto amante de la música, Ceferino Frías, más conocido por “Chivillo” Frías; el infatigable Pedro Soriano y el “tercer mosquetero” Abel Morla que conformaron el famosos trío FRI – SO  – MOR que tuvo inolvidables presentaciones en las veladas literario musicales de aquellos tiempos. Hablo de las décadas del treinta y cuarenta. Los diarios de entonces son muy expresivos al respecto. De lejos fue el mejor trío que se había formado siguiendo los cánones marcados por el conjunto argentino. Por mucho tiempo fueron los invitados de honor en una larga época en la que la canción argentina había sentado sus reales en la ciudad cimera del Perú.

Uno de aquellos valses que encandilaron a los amantes de la canción argentina es este que escribió Luis César Amadori con la música de Francisco Canaro. Todavía hoy al escucharlo se remueven las fibras más profundas del corazón.

QUISIERA AMARTE MENOS
Letras de Luis César Amadori
Música de Francisco Canaro.

Primavera de mis veinte abriles, relicario de mi juventud,
un cariño ignorado soñaba y ese sueño ya sé que eres tú.
Cuántas veces rogaba al destino, ser esclavo de tu sueño azul,
y hoy que sé lo que cuesta un cariño, ya no puedo con mi esclavitud.

Quisiera amarte menos, no verte más quisiera,
salvarme de esta hoguera que no puedo resistir.
No quiero este cario que no me da descanso,
pues sufro si te alcanzo y lejos no sé vivir.

Quisiera amarte menos porque ésta, ya no es vida;
mi vida está perdida de tanto quererte,
no sé si necesito tenerte o perderte,
yo sé que te he querido más de lo que he podido;
quisiera amarte menos buscando el olvido
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.
Entre dos que se quieren de veras el cariño distinto ha de ser,
mientras uno da entera su vida, otro sólo se deja querer.
Yo lo sé y sin embargo no puedo consolarme que quererte yo.
tengo miedo que nunca termine esta dura condena de amor.

El ya afamado trío FRI – SO – MOR, con el fin de acrecentar su calidad y ampliar su repertorio hizo numerosos viajes a Lima para ver las películas y observar a otros tríos que con esa modalidad se habían conformado en la capital. Por ejemplo era muy aplaudido el integrado por Miró, Calonge y Castillo que se presentaba en el “Palacio de Cartón” ubicada en la esquina formada por el jirón de la Unión y la plaza San Martín. Se presentaban con ponchos blancos de lino, pañuelo de seda al cuello y sombrero jipijapa. Era un trío triunfador que se había adueñado de la preferencia de los melómanos limeños. En el Cerro de Pasco, con igual prestancia actuaba FRI – SO – MOR, el elegido del público.

TU OLVIDO
Letras y música de Vicente Spina

Han brotado otra vez los rosales,
junto al muro en el viejo jardín
donde tu alma selló un juramento,
amor de un momento, que hoy llora su fin
.

Tierno llanto de amor fuera el tuyo,
que en tus ojos divinos bebí,
ojos falsos que así me engañaron
al ver que lloraron los míos por ti.

Más los años al pasar, me hicieron
comprender la triste realidad;
que tan solo es ilusión
lo que amamos de verdad,
sin embargo, cuando en los rosales
renacen las flores,
los viejos amores con sus madrigales
tornan como entonces a mi corazón.

Cuando vuelvan las noches de invierno,
y se cubra de nieve el jardín;
si estás triste sabrás acordarte,
de aquel que al amarte no supo mentir.

No es mi canto un reproche a tu olvido,
ni un consuelo te vengo a pedir;
sólo al ver el rosal florecido
el sueño perdido lo vuelvo a vivir.

Por aquellos días se entonaban los valses que consignamos en esta nota además de “Bouquet” de Felipe Pinglo Alva; “Lupe”, de César Miró y otra pegajosas piezas argentinas que eran muy solicitadas. El trío cerreño era en aquellos días, lo más representativo de la calidad interpretativa musical. Los valses argentinos eran los más solicitados por damas y caballeros de los más calificados clubes sociales de la ciudad minera.

ROSAS DE OTOÑO
Letra: José Rial (h)
Música: Guillermo Barbieri

Tú eres la vida, la vida dulce
Llena de encantos y lucidez;
Tú me sostienes y me conduces
Hacia la cumbre de tu altivez.

Tú eres constancia, yo soy paciencia
Tú eres ternura yo soy piedad
Tú representas la independencia
Yo simbolizo la libertad

Tú bien lo sabes que estoy enfermo
Y en mi semblante claro se ve
Que ya de noche casi no duermo
No duermo nada ¿Sabes por qué?

Porque yo sueño cómo te aprecio
De que a mi lado te he de tener.
Son sueños vanos, torpes y necios
Pero, mi vida ¿Qué voy hacer

Yo sufro mucho, me duele el alma
Y es tan penosa mi situación
Que muchos veces, por buscar calma
Llevo mis dedos al diapasón.

De tu desprecio nunca hagas gala
Porque si lo haces ¡pobre de mí!
Quiéreme siempre, no seas tan mala

Pasados los años, lo podíamos encontrar a nuestro “Chivillo” Frías –así lo llamábamos con gran cariño- en los salones del “Club Unión Copper” alternando con Máximo Brioso, Lorenzo Languasco, Joaquín Alcántara y muchos otros viejos cerreños que hacían hermosos recuerdos de tiempos pasados. Muchas veces llevado por su emoción “Chivillo” entonaba éstos y otros valses argentinos o tangos inolvidables. Si bien todavía conservaba el timbre inconfundible de su voz, era el sentimiento que ponía en cada interpretación, lo que nos emocionaba grandemente. ¿Dónde estará, Chivillo? Un día lo dejamos de ver y no supimos de su destino. Posiblemente para evitarse el incomparable horror de la despedida, se fue en silencio como tantos otros amigos. No sé. En todo caso, vaya para él nuestro emocionado recuerdo y, todavía, un respetuoso aplauso a su calidad nunca más repetida en el Cerro de Pasco.

Para él repetiremos este viejo triste que los viejos cantaban seguido de un vals argentino de gran recordación:
Siempre dan pena los que se quedan
Siempre dan pena los que se van

Los que se quedan, quedan muy tristes
Los que se van, se van llorando

 Siempre dan pena los que se quedan
Siempre dan pena los que se van