Teodoro “Tico” Del Valle Fernández

hombres con boina 1
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Escueta y dolorosa la noticia se difundió rápidamente. Una emisora local convocaba con urgencia a sus familiares a hacerse presentes en Huancayo. Allá, súbitamente, acababa de fallecer don Teodoro Del Valle Fernández. El pueblo cerreño se estremeció de dolor. Pero… ¿Era posible? Y siguiendo la inveterada costumbre nos preguntamos; pero… ¿Cómo? si hace unos días nomás hemos estado hablando con él? Era cierto. La semana anterior lo habíamos encontrado recorriendo las amadas calles de su Cerro con su tristeza a cuestas  y su infaltable boina negra. Con su sonrisa paternal y sus palabras cariñosas cargadas de recuerdos. ¿Quién podía imaginarse que unos días más nos dejaría…?!…¡¿Quién…?!.

Ahora que sus despojos yacen arrullados por el suave rumor del Mantaro, entre molles, retamas y jilgueros, allá en la Incontrastable; con el dolor que  su partida nos ha suscitado, anegados de dolor, musitamos nuestro emocionado recuerdo.

Primeramente nos remontamos a la cercana tierra de su cuna, inacabable emporio de leyendas y antracita, de combates y tragedia: Goyllarisquizga, “Donde cayó una estrella”. Allá donde su niñez transcurriera guiada por paternales cuidados; donde sus primeras inquietudes nacían a la par que su adolescencia y su vida descubría nuevas perspectivas y nuevos horizontes. A los 16 años inició su carrera como docente en la Escuela Fiscalizada N° 1621 de Goyllarisquizga, su tierra natal. Allá donde preparaba inteligencia y músculos en aulas y campos de fútbol, alternando los éxitos y los reveses en el SPORT GOYLLAR, CLUB DE TIRO, o con el A.D.A, emporios millonarios de históricas jornadas. Allá donde comenzó a descubrir el maravilloso significado de las notas musicales, de aquellos mágicos símbolos que encierran un inacabable margen de posibilidades. Desde entonces confió a ellas sus más recónditos secretos,  arrancándoles sus más intrincadas dulzuras. Así, en su juventud, etapa en la que el hombre es más puro, más heroico, determinó abrazar la carrera que más que ninguna otra requiere de entrega, de amor, de grandeza. Decidió ser MAESTRO. Lió sus bártulos y –quijote de una quimérica empresa- salió a recorrer el mundo llevando el bagaje de sus conocimientos, de su cariño, de su simpatía. ¿Qué parajes no lo han visto pasar en ese inacabable peregrinaje? Estuvo en aquellas aldehuelas que se pierden entre las nubes, blanqueadas de nieve y ateridas de frío; en las abrigadas quebradas de eucaliptos, molles y retamas; en la selva calurosa y olvidada; en los villorrios mineros donde los niños aprenden a convivir con la tragedia. En cada uno de estos lugares, dejó un recuerdo, dejó sus enseñanzas, en tanto las promociones educativas iban sucediéndose año tras año. En su vida jamás tuvo una palabra de desaliento o cansancio, de hastío o de queja. No. Desde el primer instante supo que el maestro es el único que coge su cruz y sigue al Nazareno. Así, sin un reproche, sin una imprecación, sin una queja, cargó con su cruz durante cuarenta años. Ocho lustros y un puñado de canciones –flor de su alma- ; un cúmulo de alegrías y penas, decenas de escuelas, docenas de amigos, centenares de alumnos y una vida dedicada al servicio, a la enseñanza, al sacrificio. Un apostolado que constituye una heredad que pocos, poquísimos hombres, pueden dejar.

Casado con doña Angélica Ochoa, tuvo cinco hijos, de los cuales César Augusto y José Israel han abrazado la carrera de su padre. Ellos son egresados de las universidades del Centro de Huancayo y Daniel Alcides Carrión del Cerro de Pasco.

Por otra parte, siguió ciclos de perfeccionamiento y cursos a distancia en el Instituto Nacional de Educación, hoy INIDE, en 1953, graduándose como profesor de Educación Primaria. Vacacionalmente estudió Música en el Conservatorio Nacional y Pintura en Bellas Artes. Tanto en la Escuela de Música de Huancayo, como en el Cerro de Pasco y Huánuco, siguió cursos de reentrenamiento en música y educación.

Su producción intelectual registra un libro escrito para el primer grado, titulado “El

Tico del Valle
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Lector Pasqueño”, además de  “Didáctica del Lenguaje”, folletos sobre educación, estudios del departamento de Pasco, apuntes folklóricos del Cerro de Pasco y la quebrada de Chaupihuaranga.

Participó en exposiciones: Pintura de Minería, Huancayo 1973; Dibujo y Pintura en el Club de Tiro de Goyllar.

Como músico integró los clubes carnavalescos de Goyllarisquizga y Cerro de Pasco. En testimonio de haber hecho música tiene cinco discos de larga duración, 33 rpm, 3 con “Los Amantes de Cerro de Pasco” y 2 con “Los Ases del Ande”.

Un día, cuando el cansancio ya domeñaba su cuerpo, decidió retirarse. Sus ojos habían perdido el brillo y el acierto de los primeros años y ya le costaba trabajo descifrar el secreto del pentagrama; sus músculos lasos y cansados no daban para más; el corazón se le anudaba cada vez que el dolor le acicateaba. No, ya no era el de antes. Tuvo que retirarse y, es en ese momento que a costa de su dolor, recibió una última lección. Le revelaron claramente que vivimos en un mundo de egoísmo y maldad; un mundo sitiado por bandoleros, saturado de inconscientes y de egoístas; un mundo intoxicado de injusticias y maldad; de ingratitudes y soberbia.

Cuando se retiró de su escuela, nadie le dijo nada. Ni un hasta luego, ni un gracias, ni un adiós; como si la vida fuera eterna, como si los mezquinos jamás habrán de llegar a viejos. El se fue en silencio, adolorido, pesaroso. ¡¿Había hecho mal en entregar su juventud a la formación de tantos hombres..?!. No. Fue muy grande para creer tal cosa y tal vez, escondiendo una lágrima entre sus ojos cansados, se retiró. En aquel momento tuvo la esperanza que sus documentos serían tramitados rápidamente. Se equivocó. No fue así. Diariamente estuvo esperando que la superioridad le hiciera justicia. “Vuélvase mañana” era el estribillo que lo atormentaba. ¡¿Hasta cuándo?! Durante días, semanas, meses, y años estuvo mendigando que le reconocieran su esfuerzo. Nada. Entonces, para sobrevivir, tuvo que desempeñar otros oficios, otros menesteres. Entretanto los poderosos, los que juegan con la vida y el destino de los demás, no le hacían caso, hasta que hace pocos días, su corazón resentido se quebró en mil pedazos. Posiblemente en esos momentos los egoístas se apresuraron a archivar su caso. Seguramente. Total, para estos sátrapas, Teodoro del Valle Fernández era tan solo una ficha, un número, un nombre sin importancia; total, era tan sólo un maestro, un don nadie en el diccionario de los ingratos, de los egoístas, de los imbéciles; pero para nosotros fue un MAESTRO; un hombre que en tanto vivió nos alentó con su ejemplo, nos vivificó con sus palabras, nos deslumbró con su arte y nos encandiló con su sencillez y su grandeza.

Cuando pasen los años y la nostalgia nos haga evocar su presencia; cuando el ejército de ingratos no sea más que polvo ignaro sobre la tierra; polvo sin recuerdos ni huellas, polvos desconocidos y pútridos, él estará con nosotros a través del disco, de sus canciones, de su música. Y un día, sus nietos, sin haberlo conocido, se estremecerán con un huayno que desde el disco nos estará regalando, porque es bueno que los egoístas sepan que los hombres no mueren. Por eso, desde aquí, desde la distancia, no nos queda sino musitar nuestra plegaria para que el Todopoderoso le dé el descanso y la paz a que tiene derecho.

Gracias Tico, gracias, hermano, por todo lo que nos diste y, permítenos, que con el mismo calor con que lo compusimos, como una humilde siempre vida,  entone como un respetuoso epitafio la muliza que ambos compusimos.”

TIERRA   MINERA

(Muliza)

            Ya las minas son peruanas                          Nuestra tierra ha sangrado,

            ya los gringos se han marchado,                por largos siglos, rendida,

            pero nuestra amada tierra,                         entregando al prepotente,

            sigue siendo retaceada.                             las primicias de su suelo.

 

            Del soberbio inca cusqueño                         En pago de estas riquezas,

            al codicioso español,                              ¿Qué le han dado a nuestra tierra?.

            del libertador patricio                                 ¡ Han abierto con descaro,

            al yanqui explotador                                       una enorme sepultura…!

 

                                                           ESTRIBILLO.

                                               Sin embargo, vida mía,

                                               cantemos al porvenir,

                                               que nuestra tierra bendita,

                                               ¡Renazca como una luz…!

 

            Música: Teodoro Del Valle Fernández                  Letra: César  Pérez  Arauco.

                                          Cerro de Pasco, febrero de 1973.

 

 

 

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