UN DOCUMENTO INÉDITO SOBRE EL DESCUBRIMIENTO DE LOS MINERALES DEL CERRO DE PASCO (Marino Pacheco Sandoval*)

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Edificio del Archivo General de Indias en Sevilla – España.

Merced a la bondad del Dr. Juan Marchena Fernández, Vicerrector de la Universidad Internacional de Andalucía, Sede Iberoamericanista Santa María de la Rábida (1), se tuvo oportunidad de consultar los repositorios del Archivo General de Indias Sevilla. Esta feliz oportunidad, nos dio a conocer una carta de Don Francisco Toledo, virrey del Perú (1569 -1581), a Felipe II, rey de España, de fecha 18 de Abril de 1578 (Audiencia de Lima, legajo 30, folio 10), donde se informa: “En el valle de Jauja descubrió un indio pastor este año pasado otras minas de plata de que sea hecho de mesma avexiguacion y sacado por mayor y otra piña que con esta sera que ace de doce (…) marcos por quintal estos dos asientos de minas que agora sean descubierto sin donde se pueda fundar asiento y poner veedor y justicia aunque en guancavelica esta puesto y en Jauja no se si bastara el corregidor que los indios tienen en abundancia podrianse descargar de la labor de guancavelica porque laboracen en su mismo valle.”

Una primera aproximación a la información la tendríamos al constatar que el área espacial del valle de Jauja se extendía desde las nacientes del río Upamayo (río Mantaro) en la antiplanicie de Bombón (Pasco-Junín), próximo al Centro Administrativo Inca de Pumpu, hasta los lindes extremos (SE) del Jatunmayo o Huancamayo (actual valle del Mantaro – Junín), donde los dos asientos mineros de importancia fueron el del Cerro de Colquijirca y el del “Cerro de Yauricocha” (Cerro de Pasco), ambos explotados desde tiempos prehispánicos e inmediatos a las nacientes del Upamayo.

Noticias primigenias sobre Colquijirca se remontan a la “Relación de Pedro Pizarro”. (1571) y se encuentra explícita en el “Compendio y Descripción de las Indias Occidentales ” (1629 -?) de Antonio Vásquez de Espinoza (? – 1630) y en un documento de 1646.- ‘Manual de quintos que empieza a correr desde el 1º de Octubre, en esta, asientos de minas de Bombón y Nuevo Potosí de quintos, cargo de los jueces, oficios reales, contador Don Laurencio Suárez Tesa, tesorero José Martínez Leyra ” (A. G. N. Perú; Minería, legajo 58).

Sobre el Cerro de Yauricocha, si nos remitimos a la tradición oral, las noticias remontan a la segunda mitad del siglo XVII. La: “Descripción Histórica y Topográfica del Mineral de Yauricocha llamado vulgarmente Pasco”, publicada en el Mercurio Peruano (1791, ff. 17-18), refiere lo siguiente: “Este mineral se llama propiamente Cerro de Santisteban de Lauri-cocha (…) su descubrimiento se debe a una casualidad y se puede fijar aproximadamente por los años 1630. Los documentos que tenemos a la vista lo asientan de este modo. Un indio llamado Huaricapcha, apacentando su rebaño por aquellos collados, se vio precisado, para pasar la noche abrigado por sus animales y, al respaldo de uno de ellos; encendió una gran hoguera, y quedó muy sorprendido al amanecer cuando vio entre las cenizas unos granos de plata fundida. Contra la costumbre de los de su nación; participó esta novedad a don Juan Joseph de Ugarte hacendado en la quebrada de Huariaca quien pasó a reconocer el Cerro; y en el mismo paraje en que el fuego había derretido los metales abrieron diversas bocaminas y las fue explotando con la mayor felicidad y abundancia. La fama de las minas de Ugarte atrajo a muchos, que llenos de entusiasmo tuvieron valor resolverse a vivir en unos páramos tan infelices que parecen destinados únicamente para servir de morada a las bestias silvestres. Bien presto se vio erigida una población de muchos españoles en donde antes no había choza para el refugio de un indio.” (2)

Trama oral mítica, donde el pastor indígena Huaricapcha -en la “comprometida” ingenuidad del relato- descubre en 1630(?) los yacimientos argentíferos del Cerro de Pasco. Relación recogida igualmente por el sabio Antonio Raimondi.

Analizando el documento de 1578, entrevemos que el “re-descubrimiento” de los dos centros lo concreta un “indio pastor”, un indígena NN, una referencia accidental, como lo accidental de su descubrimiento en un informe oficial; una cifra más del orden colonial-feudal del Perú que acertó a ofrecer gran servicio al invasor hispano. Considerando Cerro de Pasco y Colquijirca como los descubrimientos alcanzados por el desconocido pastor del Suní y Puna andino nos habremos remontado medía centuria a 1630.

El análisis semántico del discurso, refleja una espacial dicotomía:

  1. a) La versión oficial: pastor indígena NN
  2. b) La versión popular: pastor indígena

Huaricapcha.

La primera (a), de 1578, se encuadra en momentos de exacerbada reacción hispana por justificar la invasión y conquista, reordenar la masa indígena en “reducciones”, profundizar la sistemática administración de su fuerza de trabajo a través de la “mita”, profundizar el enfeudamiento del espacio rural y extremar la ofensiva ideológica de la cruz (“extirpación de idolatrías”). Esta versión no identifica al “runapuna”, un dato más”). Redescubre lo ya explotado en tiempos prehispánicos (anhelo político de re-fundar lo ya fundado); devela la orientación económica del Estado: incentivar e intensificar la minería de explotación en el mundo andino (“se puede fundar asiento y poner veedor y justicia”); refleja una preocupación por reformar el control de la población indígena del valle y la “mita minera” que cumplía en las minas de “azogue” (Huancavelica): “podrianse descargar de la labor de guacavelica porque laboracen en su mismo valle”; reafirma la pureza del metal al preciar la plata piña a doce marcos el quintal -la “piña”, ya fundida metalúrgicamente-. Informe inicial donde aún no se vindica ni protege la explotación.

La versión (b), de 1630, no se encuentra ajena a la construcción del virreinato colonial. Es más explícita que la primera (a). Identifica al indio pastor Huaricapcha corno descubridor para el foráneo invasor- de los filones argentíferos del Cerro de Pasco, en versión no inocente pues, rompiendo sus votos de albacea inmemorial de la heredad (“contra la costumbre de su nación”), otorga el secreto al opresor; para luego ser silenciado en el discurso. Con mayor solemnidad se conmemora al hacendado Juan loseph de Ugarte en la génesis de la extracción del venero cerreno. La descripción ansía aclarar el nexo servil de lealtad feudal entre hacendado y campesino indígena (de un pastor, que expian~ do su tradición milenaria autóctona, confía en su “señor” opresor) representando la figura de, un “lacayo” fiel. Asin-iismo, el insurgir del asiento minero no espera “veedor y justicia” ni “fundación”; sólo nace y poco a poco se expande (hecho más cercano a lo real). El desconocer el hábítat indígena, alguno en páramos tan infelices”, recuerda que las Ccomposicioncs” para la adjudicación de tierras en Endes indígenas tendían a demostrar la inactividad y excedencia de las mismas; mientras que los títulos de “arnparos” y “permisos” considerando que “el dominio del suelo no daba derecho ninguno al dominio del subsuelo”3- permitía la posesión de las minas en tierras de terceros; posibilitando de un lado, el arribo importan~ te de mineros españoles al Cerro de Pasco (encumbrándose como empresa privada), y de otro, la expansión de la gran propiedad territorial con el pretexto de requerir soporte (tierras de cultivos y pastizales, arroyos) e insumos para la exportación minera, más fuerza de trabajo. Olvidando las centenarias naupallactas como Markapunta” (Colquijirca) y reducciones indígenas como “Nuestra Señora de las Nieves de Pasco” (Villa de Pasco) fundada en 1572 para los ayllus de la parcialidad de Yaroyanamates.

Esa última leyenda consagra al invasor hidalgo -igualmente opresor- en la visionaria patria de El Quijote, la España combativa de García Lorca en “forjadora de civilizaciones” del mundo indígena andino. El afirmar que “bien presto se vio erigida una población de muchos españoles en donde antes no había choza para el refugio de un indio”, lo testimonia. Omitiendo y rechazando reservadamente al portento creador y transformador de las comunidades indígenas, al runa-puna que heroicamente había dominado el alegre y sombrío altiplano (+ de 4,300 m.s.n.m.); un ámbito que a percepción del invasor extranjero “parecía destinado únicamente a servir de morada a las bestias silvestres”. Ello hoy nos parece un error, pero fue por entonces mentalmente útil.

Encuadrado en una visión etérea, la leyenda de Huaricapcha ofrenda un mito de dominación; en tanto que la carta de Toledo presagia o prevé al asiento por venir.

La frase: “los indios podríanse descargar de la lavor de guancavelica porque laboracen en su mismo valle”, no advierte la “mita” que cumplían los partidos de Tarma, Chinchaycocha y Yaros (Pasco) en las minas de mercurio de Huancavelica, como consta en documentos de 1722.

Entonces, ¿fue en 1577 que dio inicio a la extracción mineral hispana del Cerro de Pasco? Quizá. Sólo un serio trabajo en lo aseverará.

La otra versión popular: “Los Tres Toros”4, muestra el sincretismo andino (indígena-hispano); así como la leyenda de Huaricapcha exclama la vital necesidad por comprender y asumir -mas allá del simbolismo y la imagen- el germinar hermoso del asiento minero del Cerro de Pasco, hoy arquitectónicamente agónico.

NOTAS

1 La sede monástica que hace poco más de 500 años confió en la hermosa visión del Almirante Cristóbal Colón y lo observó en su partir al descubrimiento de un Nuevo Mundo. Mundo donde se encontrarían las más sublimes creaciones entre

2 El Huaricapcha del maestro César Pérez Arauco (En: El Folclore Literario del Cerro de Pasco. C.C.P “Labor” Edit. San Marcos, Lima 1994, pp. 164-165), de estética narración, centra el discurso -muy encomiable- en el pastor indígena. Pero, la versión de 1791, prístina, fuerza a optarla.

3 Ots Capdequi, J. M. España en América.

EC.E., México. 1959:65

4 Finamente analizada por el Prof. Luis Pajuelo Frías en: Pérdida, Búsqueda y Encuentro del Sentido Histórico. Aproximación a “Los Tres Toros”. En “Juglar”, fascículo de LiteraturaNo.1 Set. /1992, Lima.

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