UN DÍA DE NIEVE EN NUESTRA TIERRA (Primera parte)

nieve en el cerro de pasco 6

Es un mediodía invernal de diciembre en la ciudad minera. La nieve ha comenzado a caer inmisericordemente hasta envolver a la plaza Chaupimarca en una bruma espectral. Es día domingo. Los grandes comercios, el cine y residencias del lugar tienen las puertas cerradas, acurrucadas como están por el frío. Terminada la misa, los fieles se han retirado a sus casas. Llegadas a ellas se arremolinarán en derredor a la estufa familiar de la sala o en el acogedor y cálido ambiente de la cocina donde se han preparado caldos guisos y frituras que habrán de ser degustados en el almuerzo familiar.

De la nieve, las mismas escrituras dicen: “Como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié.

muñeco de nievePara esta época –tiempos pasados- los muchachos de la escuela nos divertíamos fabricando  gigantescos muñecos de nieve. Comenzábamos con una bola que hacíamos rodar en todas las direcciones mientras crecía y crecía hasta alcanzar dimensiones colosales. En las pequeñas treguas de descanso nos frotábamos las manos azulinas y heladas de tanto frío para luego seguir con la tarea. Echábamos aliento caliente sobre las manos y el vaho vaporoso nos hacía parecer pequeños dragones con sus lenguas de fuego.

Juntadas varias bolas, la más grande la poníamos debajo (las piernas) y, encima, una mediana (el torso). La más pequeña iba encima; era la cara del muñeco al que le hacíamos ojos, narices y todo. Para ello invitábamos al artista del salón, mi amigo “Peyo” O´Connor, un niño extraordinario que con el paso del tiempo se convirtió en el más grade pintor autodidacta de nuestra tierra. Él con una asombrosa habilidad tallaba los rasgos del muñeco semejando a los más pintorescos personajes del pueblo. Previamente hacíamos un agujero en el “panza” del muñeco y le echábamos un poco de carburo, los gases apestosos salían por la “boca” a los que prendíamos fuego. El muñeco estaba fumando. Nuestra alegría era indescriptible.

nieve en el cerro de pasco 3

La ciencia nos dice que normalmente la nieve es blanca porque su intrincada superficie refleja la luz en todo su espectro, pero también es común verla azul en la distancia por ser el color que se absorbe menos fácilmente; otros colores como el rojo o el rosa son posibles cuando elementos extraños como algas o polución se mezclan en el agua.

Había grupos de vándalos que la emprendían a un inclemente bombardeo de bolas de nieve con el fin de mortificar a los amigos. Éstos les respondían y de esa manera nos divertíamos de lo lindo.

Aquellos días, las personas que tenían que trepar a las partes altas de nuestra ciudad, sufrían  serios resbalones. Calles estrechas y empinadas como, “Sal si puedes”, “La Velería”, “Rómpete el alma”,  laberinto de callejones y pasajes muy riesgosos.

La nieve ha dejado en nosotros la impronta de su frío y belleza que no podemos olvidar. Para que tengan idea de ello les cuento que un día que acababa de llegar de Lima nuestro amigo Pablito Dávila estaba con los amigos que lo rodeaban escuchando su conversaciones cuando la nieve arreció. Estábamos en el bar de Sergio Bustamante viendo caer los copos cuando, inopinadamente, salió al centro de la plaza y abriendo los brazos recibía placenteramente lo copos gigantescos y hermosos, como si estuviera recibiendo una inacabable lluvia de delicados pétalos blancos. No podíamos creer lo que estábamos viendo. ¡No pude resistirme! -Nos dijo momentos más tarde-. Después de años he sentido la caricia de nuestra nieve.

nieve en el cerro de pasco 2
En esta otra placa, vemos a una madrugadora cerreña atravesando la plaza Carrión premunida de sus paraguas y my bien abrigada. La opacidad del ambiente es dominada por los tenues rayos de luz de los focos públicos.

¡Cuántos recuerdos de la nieve guardamos en el corazón!

La nostalgia de aquel grato fenómeno atmosférico tan caro para nosotros los cerreños, nos ha concitado a reproducir el poema de “Damablanca” que se titula precisamente, La Nieve.

 

 

La nieve

                                       (poema)                                       

Cae menuda la nieve

cubriendo las aceras,

vistiendo las alas de los árboles,

apretando la risa de los campos

contra su corazón helado.

Cae sobre los lirios soñados,

sobre los parques dormidos.

Tiende su pálido destello

sobre los recuerdos escondidos

implacable, descalza:

enmarañada rima de la nieve

con el verso desnudo del invierno.

Helado corazón de gotas blancas

palpitando en el frío campanario

y en el íntimo curso del arroyo,

cae la nieve…

                                               (Damablanca).

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