Chumbeque Por: Luis Jochamowitz

Publicado en “Caretas, Ilustración Peruana”, Edición 517, abril 1977.

En memoria de Fidelio.

Chumbeque
Chumbeque ante la puerta de su casa en Breña, todos los perros son fotogénicos.

Pocos perros hay en la historia del Perú. Los más famosos son los mastines que los conquistadores españoles utilizaron como arma de guerra. El papel de los perros en los primeros momentos de la conquista no se puede subestimar, “industriados eran utilísimos”, dice un cronista. Como para redimir a la especie, el general Guillermo Miller menciona en sus Memorias al perro del regimiento durante una carga de caballería en la guerra de la independencia. Es una imagen imborrable que se queda en la imaginación del lector, un perro entre el polvo y las patas de los caballos, corriendo alegremente unos segundos antes del choque.

“Pocos defectos tienen los perros”, escribió Virginia Wolf, pero solo algunos, muy pocos, superan su destino de perro doméstico, para convertirse en algo más para miles de personas. Un caso sobresaliente en la pequeña historia de la mínima política peruana, es el de Chumbeque, el perro de Genaro Ledesma Izquieta, político, abogado y escritor.

Los orígenes de Chumbeque son inciertos como corresponde a todo perro callejero. Llegó inexplicablemente de la mano de un secretario o ayudante que había sido encargado de conseguir un perro fino. Tenía tres meses, una oreja partida, tan flaco que se le veían las costillas, finalmente le encontraron garrapatas. Por un momento su suerte pareció echada, pero los dos niños de la casa se encariñaron con él y se quedó. Ese destino, entre el matadero y el hogar, que recuerda a las novelas de Dickens, se repite una y otra vez en las historias de los perros. Chumbeque pasó la prueba del destino y quedó instalado en la casa del Pasaje Pozuzo 168, Breña, donde con esa voluntad e inteligencia de los grandes perros chuscos, pronto se recuperó.

Era natural que se llame Chumbeque, su amo había tenido varios con el mismo nombre desde que era niño en su natal Cajabamba. El momento decisivo de su vida llegó la noche de un jueves de mayo de 1977 cuando un grupo de policías se presentó en la casa de su amo para detenerlo. Ingresaron con violencia por la puerta delantera y se encontraron con Chumbeque. Se dice que esa noche mordió los pantalones de un número indeterminado de investigadores, entre 4 y 17, según las fuentes. El hecho es que su ruidosa y decidida intervención, permitió que su amo escape por la puerta de atrás, que daba a un parque y a la clandestinidad.

Genaro Ledesma
Regreso triunfal, Genaro Ledesma elegido en el exilio para la Constituyente de 1979

Esos son los hechos. Como tantas veces entre amos y perros, los destinos de Chumbeque y de su dueño se entrecruzan en esos años definitorios. Ledesma estaba en vísperas de su mejor momento, fue detenido y deportado varias veces, estuvo casi dos años en el exilio de donde regresó triunfalmente para la Constituyente de 1978, con el 12 por ciento de los votos. Chumbeque resistió otro allanamiento, su vida fue problemática, mordió a varios transeúntes y conoció largas cuarentenas en la perrera de Chacra Ríos. En otro giro dickensiano de su vida, murió envenenado por un malvado que le arrojó un bocado por encima de la pared.

Su proeza esa noche de 1977 es encomiable, y siempre será recordada por su dueño, pero quizás no baste para explicar una fama que ha demostrado ser duradera, al menos entre los entendidos ¿Por qué su historia no se olvidó? En los días y semanas siguientes al allanamiento, el nombre de Chumbeque circuló por primera vez en las denuncias a la prensa que hizo Nelly Raraz, esposa de Ledesma. Sobre esa primera piedra se edificó lentamente una imagen de perro fiel y oportuno, hostil a la autoridad espuria, recuérdese que se vivían los años grises de la “segunda fase” militar. Con los años, como corresponde a un amo fiel, Genaro Ledesma fue la principal fuente del recuerdo de su perro, en entrevistas, artículos, conversaciones y finalmente en una novela que lleva su nombre. La fama de su perro fue tanta que en algún momento mucha gente comenzó a llamarlo Chumbeque. Para la posteridad de un perro todo eso ayuda, y también, quizás, la sonoridad, la alegre gracia de su nombre.

Nelly Raraz esposa de Ledesma
Nelly Raraz, la esposa de Ledesma, denunció en cartas el allanamiento policial a su domicilio.

“Caretas, Ilustración Peruana”, Edición 517, abril 1977.