HUANCABAMBA (Tercera parte)

Puente Huancabamba
Histórico puente sobre el caudaloso Pozuzo

Y bien se expresa Raimondi: “Los trabajosos viajes efectuados por el Padre Calvo con el objeto de abrir nuevamente la comunicación de Huánuco al Ucayali, por la vía del Mayro y Pachitea, y su salida en 1859 por esta misma ruta a Huánuco y a CERRO DE PASCO, habían entusiasmado a los habitantes y autoridades de estas dos ciudades, de modo que todos tomaron el más vivo interés para abrir estas puertas a la hoya bañada por el majestuoso Amazonas, que la celosa naturaleza tenía cerradas como si quisiera interceptarnos el paso, hacia aquella virgen región a donde ella todavía domina como reina absoluta”.

“Tanto en el Cerro de Pasco como en Huánuco, se organizaban expediciones formadas de jóvenes entusiastas y patriotas, que gustosos dejaban las comodidades de su casa y los placeres que proporciona la sociedad, para ir a pasar los mayores trabajos y toda clase de privaciones; con el objeto de explorar el despoblado territorio de la montaña y abrir una fácil comunicación desde dichas ciudades hasta un punto navegable de algún tributario del río Pachitea, el que lleva sus tranquilas aguas al caudaloso Ucayali.

El ilustrado Prefecto de Junín D. Bernardo Bermúdez, fue quien fomentó la primera expedición que salió del Cerro de Pasco para la montaña. Fue encomendada esta expedición a D. Esteban Bravo, hombre activo y emprendedor, muy aparente para esta clase de trabajos.

El 9 de Octubre del año 1859, salió D. Esteban Bravo de la ciudad del Cerro de Pasco para su viaje de exploración, llegando el 14 a la hacienda Naranjal, donde mediante los esfuerzos del gobernador D. Manuel Llanos pudo reunir los hombres que debían acompañarlo. Habiendo alistado el 15 los víveres, herramientas y todo lo necesario, emprendieron la marcha, subiendo el 16 el elevado Yanachaga, cerro majestuoso que se levanta hacia el Este de la ciudad de Pasco.

El 19, después de haber sufrido en el paso de esta ramificación de la cordillera, las molestias que causan las frecuentes tempestades de esta inhospitalaria región, y haber andado solamente unas pocas leguas, llegaron a la orilla de un río que toma su origen en el encumbrado Yanachaga, y descansaron al pié de una cascada, formada por las aguas de este río, y a la cual llamaron de Chonta.

Desde este punto el valiente jefe de la expedición resolvió seguir la dirección hacia el N.E., para lo cual mandó abrir una senda; pero después de haber andado una legua con mucho trabajo, tuvieron la felicidad de encontrar un camino trillado, el que siguieron hasta un lugar llamado Tingo-Ventura y que está situado en la confluencia de dos ríos, uno de los cuales baja de S. á. N. y el otro de S.E. á N.O.

Los expedicionarios se ocuparon en la mañana del 20 en la construcción de un puente para pasar el río, siguiendo después por una senda con dirección al N.E., hasta un lugar peñascoso que llamaron Despeñadero.

Desde este último punto siguió la expedición el día 21, la margen izquierda del río, con la misma dirección al N.E. por unas cuatro leguas, legaron a un punto donde la corriente del río choca contra una peña situada en la banda derecha, formando un remolino, y dieron ese nombre al tambo que construyeron allí, llamándolo Tambo del Remolino.

Al día siguiente continuaron su marcha siguiendo el curso del mismo río, con dirección N., llegando después de pocas horas a una playa, en cuyo punto el río tiene abundantes peces, y entre ellos, algunos de más de 20 libras de peso. El río en este paraje tiene bastante agua; pues recibe un considerable afluente que viene del S.O. y en adelante el terreno es mucho más llano, lo que facilitaba la marcha a los expedicionarios.

Como a las cuatro leguas del tambo del Remolino, construyeron otro, al que dieron el nombre de tambo de los Cedros.

El 23 emprendieron la marcha, siguiendo siempre la orilla del río con la misma dirección del día anterior, y después de unas cuatro leguas llegaron a unas hermosas playas a las que dieron el nombre del jefe de la expedición denominándolas Playas de Bravo.

En este punto, el río, según la relación de Bravo, tiene una cuadra de ancho y es navegable; pues además de tener muy poca corriente ofrece una profundidad de cuatro a seis varas. “Desde este lugar, dice Bravo, se distingue a larga distancia el curso del río sin interrupción, en medio de una vasta llanura, cuya extensión no puedo determinar; y en las mencionadas playas mandé hacer un roce de unas ochenta varas de circunferencia, y coloqué en el centro una cruz de nueve varas de altura”.

Habiendo descubierto un río navegable, que Bravo creyó ser el Palcazu, que como veremos más tarde, no era más que un afluente de éste, el río Chuchurras, el jefe de la expedición, dio por terminada su tarea y se decidió regresar a la hacienda del Naranjal, en el valle de Huancabamba, viendo el modo de acortar el camino, lo que consiguió, pues llegó a esta hacienda en 6 días, recorriendo menos distancia que la ida.

Curas y aborígenes

FIN.

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One thought on “HUANCABAMBA (Tercera parte)

  1. MUCHAS GRACIAS POR ENVIARME HISTORIAS DE CERRO DE PASCO EN EL SIGLO XVIII AGRADESCO INFINITAMENTE POR COMPARTIR CON MI PERSONA Y MILLONES DE PERUANOS DEL PERÚ Y EL MUNDO GRACIAS POR SU TRABAJO PATRIÓTICO PROFESOR CÉSAR PEREZ ARAUCO DIOS,LES BENDIGA SIEMPRE

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