Los años maravillosos del vóley peruano

En la nota evocativa que publicó “El Comercio” se hace mención de los momentos más brillantes de nuestros vóleibol. ¡Cuánta alegría nos depararon aquellas chicas maravillosas! Fue una lástima –hay que decirlo- que la Federación correspondiente no siguiera preparando a una nueva hornada de valores. Ha tenido que pasar mucho tiempo para que, en tiempos actuales, retomemos esa ruta de triunfos y alegrías.

De “Huellas Digitales” de EL COMERCIO

voley peruanoEn los mundiales de vóley de 1982 y 1986, el Perú logró la hazaña histórica de conseguir el segundo y tercer lugar, respectivamente. Siempre comandadas por el gran Man Boc Park las chicas se ganaron el corazón de la afición al demostrar la garra de la mujer peruana. Los mates de Cecilia TaitGaby Pérez del Solar y la picardía de Rosa García para engañar a sus rivales con sus célebres ´colocadas´ han quedado en la memoria de los aficionados que tienen la convicción de que las nuevas generaciones de matadoras conseguirán más lauros para el país.

Del 12 al 25 setiembre de 1982 las ciudades de Arequipa, Chiclayo, Ica, Lima, Trujillo y Tacna fueron sedes del IX Mundial de Vóley Femenino. El torneo reunió a 23 países, entre ellos, a verdaderas potencias como la Unión Soviética, China y Cuba. El seleccionado peruano liderado por el coreano Man Boc Park tuvo como rivales en la primera fase a Indonesia, Nigeria y Canadá.

Camino a la gloria

La ceremonia de inauguración se realizó en el coliseo Amauta, a ritmo de marinera, y con la participación de Perú Negro y la asociación japonesa Michesen Soshu del Perú. Luego del colorido espectáculo la selección peruana venció a Indonesia por 3 a 0 en tan solo 30 minutos.

Durante el partido ´Mambo´ fue alternando a las jugadoras experimentadas como Denisse Fajardo y Cecilia Tait con el equipo de la ´banca´, formado por Natalia Málaga, Rosa García, Cecilia del Risco, Carmen Pimentel y Gaby Cárdenas. La falta de talla de las indonesas fue aprovechada por nuestras matadoras que destacaron por la potencia de los remates y la habilidad del armado de Rosita García.

La picardía de Carmen Pimentel para colocar pelotas y los mates de Gina Torrealva y Cecilia del Risco hicieron que la bicolor venciera a Nigeria y Canadá en partidos que hicieron vibrar a miles de peruanos.

Perú inició la ronda semifinal ganándole a Bulgaria en un partido donde no demostró todo su poderío. El Comercio titulaba “Faltó alegría al Perú pese a imponerse 3-0.” Con Corea del Sur el resultado fue adverso, ya que nuestras matadoras no pudieron contener los remates de las coreanas.

Sin embargo, las nacionales se reivindicaron con la afición al ganar 3 a 0 a las brasileñas. El triunfo fue contundente al funcionar ´la máquina peruana´ formada por Aurora Heredia y Raquel Chumpitaz en el armado y Cecilia Tait, Denisse Fajardo, Gina Torrealva y Cecilia del Risco manejando el ataque y bloqueo que desconcertó a Brasil.

Con el ánimo en alto y el apoyo del público, el seleccionado peruano logró un triunfo de oro al ganar a Japón 3-1 y, por ende, ubicarse entre los cuatro mejores equipos del torneo. Hasta ese momento, las japonesas eran las favoritas para pasar a la siguiente ronda, pero no pudieron con la calidad del juego y la garra del combinado peruano, que celebró entre lágrimas y aplausos su victoria.

Hazaña histórica

Los seleccionados de China, Estados Unidos, Japón y Perú disputarían los primeros puestos del torneo en el coliseo Amauta. El 24 de setiembre el vóley peruano quedó a un paso de la gloria al ganar 3-0 a las espigadas norteamericanas. Silvia León fue pieza fundamental para la victoria. El Amauta vibraba con cada mate de Tait, Torrealva y Chumpitaz.

Sin embargo, China fue un rival muy poderoso ya que entre sus filas tenía a su arma secreta: la jugadora Lang Ping, más conocida como ´La Martillo de Hierro´, quien al llegar a nuestro país declaró: “Venimos a campeonar”.

Lang Ping condujo a su equipo a la victoria con sus demoledores remates y bloqueo infranqueable. A pesar del resultado adverso, los 14 mil aficionados que abarrotaron el Amauta ovacionaron a las peruanas pues era la primera vez que se obtenía un título de subcampeonas.

Matadoras de bronce

En el X Mundial de Vóley jugado entre el 2 y 13 de setiembre de 1986 en Checoslovaquia, las peruanas lideradas por ‘Mister Park’ siguieron cosechando triunfos al vencer a los sextetos de Alemania Federal, Brasil, Cuba, Checoslovaquia, Corea del Sur y Bulgaria, logrando ubicarse entre los cuatro mejores equipos del torneo.

Rosa García, Cecilia Tait, Denisse Fajardo, Natalia Málaga, Gaby Pérez del Solar, Gina Torrealva, Cenaida Uribe y Sonia Heredia tuvieron en vilo a miles de peruanos que seguían los partidos por la televisión. Los comentarios y arengas de Lucho Izusqui eran parte de aquellas maratónicas jornadas que dejaron huella en la afición de los años 80.

La Muralla China

China nos dejó sin posibilidades de disputar el título mundial. La muralla china fue impenetrable a pesar de los esfuerzos de Gaby Pérez del Solar y de la capitana Gina Torrealva.

Perú quedó tercero al vencer al equipo de Alemania Oriental por 3 a 1. Finalizado el encuentro nuestras matadoras expresaron su satisfacción por el nuevo lauro obtenido para el deporte peruano. Gaby Pérez del Solar fue reconocida como la mejor jugadora peruana. En declaraciones a la prensa, Gina Torrealva y Cecilia Tait agradecieron el apoyo de la afición dedicándoles el triunfo.

En este Mundial Japón 2010, el Perú sigue luchando para clasificar a la siguiente ronda. Esperemos que nuestras matadoras remonten los resultados adversos de las dos últimas jornadas para alegría de los aficionados del deporte de la net alta. ¡Arriba Perú!

 

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El uniforme escolar “gris rata” nació hace 40 años De “Huellas Digitales” de EL COMERCIO

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Fuente: Arkiv-Perú

Se estrenó el 1 de abril de 1971 con los más pequeños, pero el 30 de noviembre de 1970 el Gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado (1910-1977) dio a la prensa los detalles de lo que sería este uniforme tan recordado por aquellos que cursaron estudios en Primaria o Secundaria desde la década de 1970. Aunque ya hace años que no es obligatorio, el conocido popularmente como uniforme “gris rata” perdurará en la memoria de todos los que lo vistieron alguna vez en sus vidas.

Si hablamos en sentido estricto, el Uniforme Escolar Único constaba de una camisa de popelina (blanca), sport, de manga corta, sin hombreras; un pantalón largo (gris), sin pliegues delanteros y sin basta, y finalmente las medias que debían ser también grises, así por lo menos indicaban las autoridades gubernamentales.

Había tal meticulosidad en las decisiones del sector Educación, que se fijó que los zapatos “serán llanos y sin punteras”, y que la chompa gris, “de lana en punto llano”, la misma se usará “cerrada con escote en ‘V’ y mangas largas”, lo cual podía variar según las condiciones climáticas o la salud del menor.

Estas disposiciones se oficializaron días después, el 3 de diciembre de 1970, cuando el Gobierno militar expidió la Resolución Directoral N° 953-IC-DGI-70, en la que se establecieron puntualmente las normas técnicas e industriales del uniforme estudiantil.

Para ello, se constituyó el Comité Especializado de Uniformes Escolares, integrado por representantes “de la Técnica, Producción y Consumo”, el cual aprobó cada detalle del nuevo ajuar estudiantil (menos los zapatos).

Normas de la vestimenta escolar

El Comercio en su edición del 1 de diciembre de 1970 explicaba el trance que significó aquel cambio de vestuario, incluyendo el detalle de las insignias. Estas serían “de plástico de 5 por 7 centímetros con el distintivo de cada colegio; se llevará en la parte superior izquierda de la camisa o de la chompa”.

Pero los más pequeños que se iniciarían en el colegio en 1971, iban a asumir reglas más especiales, ya que se estipulaba que los menores del primero y segundo grados de Primaria usarían pantalón corto y medias grises “de tipo sport, de tejido acanalado, hasta la rodilla”.

Las alumnas tenían las mismas condiciones en el vestuario y en los colores que sus compañeros, salvo, obviamente, la falda. Esta debería cumplir ciertas condiciones: “Hasta la altura de las rodillas (…) con un tablero adelante y cruce completo atrás. La falda se sostendrá con tirantes en forma de ‘H’ en la parte delantera y cruzada en forma de ‘X’ en la parte posterior”. Las medias grises, para variar, llegarían “hasta la parte inferior de las rodillas”.

Era la primera vez que los peruanos leían ese tipo de instrucciones. En medio de tan estrictas medidas, hubo algunas prendas opcionales. Ya casi pocos los recuerdan, pero los escolares de entonces tendrían la posibilidad de lucir unos hermosos ponchos. Eso sí, tenían que ser de lana, rectangulares, sin flecos y con escote en “V”. Para las mujeres el poncho era rojo, y para los hombres, azul.

En los años 70 y 80 se podía ver a muchas estudiantes de distintos colegios privados y públicos lucir sus coloridos ponchos, pero mucho menos a los hombres. Y es que nadie quería parecer un “chalán junior azulado”. La otra prenda opcional, para los más pequeños (del Preescolar y Primaria), que se instituyó en esa fecha, fue el mandil de dril, color gris perla, con bolsillos en la parte delantera y un cinturón.

Entre el autoritarismo y la necesidad

Una muestra reveladora de que fue una imposición gubernamental a la ciudadanía, sin opción a réplica ni alternativas, es que en el mismo Reglamento del Uniforme Escolar del Ministerio de Educación se indicaba que el uso era obligatorio para asistir a clases, así como a los actos y ceremonias oficiales. Además, amenazaban al estudiante imprudente (y a sus padres) al ordenar que estaba “terminantemente prohibido alterar las formas y colores y dimensiones de las prendas, y usar otros no contempladas en el Reglamento”.

El entonces ministro de Educación, general Alfredo Arrisueño Cornejo, quien hacía una semana apenas había sido ascendido al grado de general de División (antes era general de Brigada), había expedido días antes, el 27 de noviembre de 1970, la Resolución Directoral N° 924-ICDGI-70, que normaba técnica e industrialmente “la calidad que debe cumplir el calzado para escolares”.

En este documento oficial se añadían complejas tablas, con hormas y especificaciones sumamente técnicas, muchas veces incomprensibles para el hombre común. En estas tablas se planteó la confección del calzado para mujeres de los números 21 al 40, y para hombres del 21 al 42. Pero la resolución olvidó un detalle clave: no fijó el color de los zapatos colegiales. No obstante, como casi todo era oscuro, estos quedaron de color negro.

Esos primeros días de diciembre de 1970 la comidilla en las esquinas de los barrios, en los bares y oficinas era cómo se verían sus hijos e hijas con esos adustos modelos escolares. De esta forma, se anunciaron también -el 2 de diciembre- los uniformes escolares para el recordado curso de Educación Física (si te tocaba los viernes a la “última hora” era fijo que te quedabas jugando fulbito hasta las 2 ó 3 de la tarde).

Para este curso, los muchachos debían ajustarse los pantalones cortos de color azul, las medias y zapatillas blancas y la camiseta también blanca, con el nombre del curso escrito en el pecho, y, en los casos más apegados a la letra, con el Escudo peruano estampado a todo color en el centro del polo. Mientras tanto, las muchachas vestidas de riguroso blanco, debían lidiar con el short-falda que de cómodo parecía tener poco.

El aporte de Mocha Graña

Pero, ¿de dónde surgió esta idea, este modelo y el color gris para los estudiantes de la época “revolucionaria”? Se dice que, tras dos años de Gobierno militar (1968-1970), se impuso la necesidad de homogeneizar el aspecto exterior de los educandos del país.

Una nueva Ley General de Educación se avecinaba entonces, y en el proyecto respectivo se consignaba el “Uniforme Escolar Único”, es decir, todos los estudiantes de los diferentes grados y colegios del país debían vestirse exactamente igual; de esta forma, afirmaban, no habría diferencias ni pretextos para discriminar a nadie por razones culturales, económicas o sociales.

Pero el Gobierno de turno quería asegurarse de que su proyecto prosperara, y acudió por ello al conocimiento de una especialista como Rosa Graña Garland, más conocida como Mocha Graña, quien tomó en cuenta un tipo de tela resistente y un color que no pudiera desteñirse fácilmente.

El fin era que el Uniforme Escolar Único soportara el uso y el lavado sin deteriorarse. El gris entonces demostró que seguía siendo gris a pesar de las maratónicas lavadas al año. Se impuso la razón práctica y funcional, muy útil para el caso requerido.

Reinó más de tres décadas

Si bien el anuncio de este nuevo uniforme se dio el 30 de noviembre de 1970, y la resolución directoral el 3 de diciembre, recién las normas entrarían en vigencia -como ya dijimos- desde el 1 abril de 1971, y solo para los niños del primer grado de instrucción primaria, es decir, los recién llegados. Sin embargo, esto llegó con una advertencia dada desde el inicio: en 1973 todos vestirían el uniforme gris y blanco.

Desde entonces, y durante más de tres décadas, los colegios privados y públicos no tuvieron modelos y colores propios (menos el uniforme caqui de los años 60) sino el gris y el blanco. Para los años 90 estas normas se flexibilizaron al punto de que ya se podían volver a ver a colegiales (particulares) con uniformes y colores propios.

Las anécdotas sobre el uniforme y las vicisitudes de los escolares de los años 70 hasta los albores del siglo XXI son muchísimas, incontables, y seguramente algunas inconfesables. Los parches de cuero negro, marrón o gris para esas salvajes rodillas con agujeros; las camisas albas que en quinto de Secundaria terminaban como un mural callejero, con las firmas y los dibujos de los compañero de promoción, o la chompa gris en la cintura como acto de osadía y que el auxiliar de conducta odiaba y perseguía como si se tratase de un acto sacrílego.

O también las complicaciones de muchos por mantener la camisa blanquísima de lunes a viernes… ¡Y había quienes solo tenían una sola camisa! O los benditos zapatos Teddy o Bata Rímac, con los temidos “bautizos” del 1 de abril que no eran sino tremendos pisotones que parecían partirnos los dedos del pie… En fin.

Una larga historia de aventuras y desventuras. Pero, mejor, ustedes mismos dejen sus comentarios con anécdotas personales. A ver de qué nos enteramos.

¿Qué significa ser maestro en el Perú? De “Huellas Digitales” de EL COMERCIO (7.05.2010)

el profesorPara muchos, ser maestro es sinónimo de perseverancia, valor y sacrificio, aunque a veces la imagen de los últimos años sea de cierta desidia e incomprensión. Sin embargo, pensar en la historia del maestro es ir por un camino de pequeños y grandes momentos. El 6 de julio se celebra en el Perú el Día del Maestro. Hay muchos motivos para recordarlo…

En el Perú la fecha se celebra desde 1953, cuando gobernaba Manuel A. Odría, y se implantó para conmemorar la fundación de la Primera Escuela Normal de Varones. Los maestros, docentes o catedráticos han dejado huella imborrable en cada uno de nosotros, muchos mantenemos vivas sus enseñanzas, y han sido hacedores de muchos personajes importantes en el país. Cada logro que obtenemos, de alguna manera, ha sido influenciado por alguna experiencia o consejo memorable de estos “héroes” de la educación.

Tal vez no sepamos más de ellos, asistimos a reencuentros de antiguos alumnos, donde revivimos grandes anécdotas de aula; revisamos fotos de colegio o asistimos al entierro de algún profesor. Cuando recordamos a estos “padres sustitutos”, pensamos en la educación que nos dieron para ganarnos la vida y la que nos dieron para vivirla.

Nos enseñaron a escribir, leer, sumar, jugar limpio o tener confianza en nuestras ideas, decisiones y propósitos. Los mayores recordarán a Raúl Porras Barrenechea, a Jorge Basadre, o a Washington Delgado; los más jóvenes a Constantino Carvallo, por ejemplo; y otros, aún en aulas, tendrán sus nombres en la memoria de todos los días, frente a un pizarrón.

¿Quién recuerda el nombre del profesor que le enseñó a escribir por primera vez? Sin duda, habrá más de una añoranza. Recuerdo bien a mi profesora de ballet, acababa de cumplir mis 5 años y me decía “sin disciplina no hay logros, y sin logros no hay felicidad”. Con los años entendí lo importante de sus palabras, cuando caía al dar un mal salto. Me repetía “una vez más, hasta que lo logres”; en sus palabras dulces y claras encontré seguridad y confianza. Muchas gracias por eso.

Entre huelgas y reclamos por mejorar sus beneficios, o en las celebraciones del 6 de julio en los colegios, no dejamos de sentir nostalgia por ellos o vernos en el espejo y percibir que nosotros somos un poco su reflejo.

Nos sentirnos golpeados cuando son mellados. Nos hicieron la vida placentera e imposible -a veces- con el único objetivo de vernos crecer. Nos llevaron a reír y también nos obligaron a algunas amanecidas. Les hicimos bromas pesadas o los bautizamos con algún apodo imborrable y creativo. Cosas de chicos.

Algunas de las fotos de mis amigos de trabajo registran -como grabados egipcios- instantes con nuestros “segundos padres”. Pasamos tantas horas en la escuela o los tuvimos detrás de nuestras tesis.

La verdad es que no alcanzaría papel para enumerar esos momentos, o escritos como los de Paco Yunque, de César Vallejo; Los Cachorros, de Vargas Llosa; Diario Educar, de Constantino Carvallo; o El Profesor, de Francis “Frank” McCourt; sin mencionar las películas que han ambientado esos pasajes como “Los Coristas” de Christophe Barratier. Son demasiados.

Desde pequeños nos aventuramos en educación inicial, luego en la primaria, salimos vivos de la secundaria, y seguimos estudios universitarios; luego, quizás, una especialización… En todos esos momentos nos acompañaron estos verdaderos amigos, a quienes llamamos “maestro” o, con cariño, “profe o miss”. Gracias por su amor educativo. ¿Cómo agradecerles tanta dedicación?

 

Perú en el mundial México ’70

Apenas empezábamos a recuperarnos de uno de los peores terremotos de nuestra historia -el 31 de mayo de 1970-, cuando nuestros seleccionados, clasificados al mundial México ‘70, se encontraban en Guanajuato, listos para practicar en la cancha donde debutarían con Bulgaria, el 2 de junio. Fuimos con perfil bajo a tierras aztecas, es cierto, pero terminamos dando cátedra de buen fútbol.

El toque corto, la jugada rápida, la pared ágil eran parte del juego endiablado que los pupilos de Waldir Pereira “Didí”empezaron a demostrar ese martes soleado del 2 de junio. La duda para el partido con Bulgaria era “Perico” León, quien tenía problemas de sobrepeso. El buen diente del popular jugador le pasaba la factura, pero un mundial sin él era impensable.

Lucho Garro y Koko Cárdenas, junto con el reportero gráfico José “Conejo” Martínez, eran los enviados especiales de El Comercio. El télex era su mejor aliado. Los previos del partido estaban marcados por la reserva con que “Didí” defendía la tranquilidad de sus jugadores.

Dos años le bastaron al brasileño para marcar la diferencia. Su equipo tenía fuerza física, así como destreza con el balón. Los críticos que habían viajado al mundial mexicano observaron en el seleccionado nacional una escuadra sólida, con las habilidades del juego sudamericano y la disciplina táctica del sistema europeo.

Los “balcánicos” temblaron

Las páginas del diario decano tras el partido daban cuenta de una jornada épica (03 06 1970 I.pdf). “El ballet peruano”, rezaba un titular. Ese martes en el estadio de Guanajuato, Perú volteó el partido que venían perdiendo 2 a 0. Alberto Gallardo a los 6’ minutos, el “Gran Capitán” Héctor Chumpitaz a los 11’ y el “Nene” Teófilo Cubillas a los 28’del segundo tiempo, superaron la férrea marca búlgara.

“Jugando como lo hizo Perú puede golear a cualquiera”, titulaba un cablegrama de la agencia AFP. El ‘minuto de silencio’ previo al juego, pudo pesar en el ánimo de los nuestros, sin embargo el dolor se transformó en esperanza.

La anécdota de ese día fue que al volver al hotel, después del triunfo, se dieron cuenta de que les habían robado aparatos eléctricos y dinero. Pero nadie les quitaba lo bailado:“Triunfo peruano levantó la moral en toda Lima”. Y la serie de fotos de la “hazaña”, la mayoría del “Conejo” Martínez, inundaba las páginas deportivas (04 06 1970 pag 32.pdf).

Jugaron: Rubiños (arco), Campos (Gonzalez), De la Torre, Chumpitaz, Fuentes; Challe, Mifflin; Baylón (Sotil), León, Cubillas y Gallardo. El camino recién empezaba. Faltaban Marruecos, Alemania y Brasil.

A la conquista de África

El equipo volvió a concentrarse para el partido con Marruecos. Los africanos habían caído con Alemania 2 a 1. Pero la duda saltaba a la vista: el equipo teutón no había jugado al 100 por ciento en León.

Tras una jornada de descanso, y sin perder la concentración y el estado físico -a manos del profesor Heredia-, Perú estaba listo para su segundo partido en la misma cancha. Challe y Gallardo se recuperaron de sus dolencias. Solo Eloy Campos era duda.

Eran las cinco de la tarde del sábado 6 de junio, un día especialmente agitado en Lima. La gente almorzó con una cuota de ansiedad, a la espera de que llegara la hora del match, y los televisores se encendieran para ver a los blanquirrojos luchar por su pase a cuartos de final.

“>El rostro adusto del réferi soviético Tofik Bachramov no amilanó al equipo incaico. Jugaron los mismos que con Bulgaria, menos Campos. El resultado fue 3 a 0, a nuestro favor (12 06 1970. portada El Dominical.pdf).

Con Alemania, ya clasificados

La gente celebró la clasificación a cuartos de final. Estábamos entre los ocho mejores del mundo. Pero lo que vendría sería de otro nivel. El Comercio del domingo 7 de junio informaba de la victoria ante el equipo marroquí, mientras los complicados alemanes venían de un triunfo contundente a Bulgaria por 5 a 2. Lucho Garro enviaba sus breves textos que contaban la rutina peruana. Tranquilos por el triunfo, los nacionales fueron a misa, desayunaron y se ejercitaron a las órdenes del profesor Heredia.

Los alemanes fueron estudiados por la dirección técnica. Como siempre, los adivinos saltaban a la palestra, y en el mismo México surgió un astrólogo, el llamado “profesor Guimo”, quien vaticinó, impávido, que el “Perú se clasificará para las finales de la Copa del Mundo”. Ni más ni menos.

Los dos equipos invictos del grupo D chocaron en Guadalajara el miércoles 10 de junio. En Alemania destacaron VogtsBeckenbauer, Libuda, pero especialmente Müller, el goleador. En el Perú, jugaron los mismos del partido anterior. En momentos clave ingresaron en Perú, Cruzado por Challe y “Cachito” Ramírez por “Perico” León.

El primer tiempo definió el partido. Müller a los 20’, 26’ y 38’ minutos, y Cubillas a los 43’ minutos gritaron sus goles con distinto sabor. Los alemanes con aires de líderes del grupo, los peruanos con resignación de escoltas.

Antesala del Perú-Brasil

La idea era olvidar el traspié con Alemania, y pensar en el entonces bicampeón brasileño. Un equipo distinto, con todos sus partidos ganados.

El choque en Guadalajara estaba previsto para el domingo 14 de junio. Era una nueva etapa y los peruanos se enfrentaban a un viejo conocido de las competencias sudamericanas. Hasta ese momento ambos combinados eran los dos más efectivos en goles anotados. Brasil con 8 goles y Perú con 7.

Más que la magia de Pelé había que temer la contundencia de Jairzinho, quien había colocado en la redes enemigas 4 goles; pero ellos también debían tener cuidado con el “Nene” Cubillas, quien también era autor de 4 goles de gran factura.

En esos días previos todos trataban de ver en el rostro de “Didí” al hombre providencial. En declaraciones a la agencia Reuters, el “profe” refiriéndose a Brasil, dijo: “Podemos derrotarlos, como pueden vencernos ellos a nosotros. Va a ser un partido muy, pero muy difícil, aunque lógicamente también resultará enormemente interesante”.

Los golpeados en Perú eran Challe y Cubillas, pero estarían listo para el partido. El Comercio publicaba muchos cables y además las notas de sus enviados especiales. En una de ellas Garro confirmaba que jugaría el “belicoso Gerson”. Este fue el protagonista de una bronca descomunal en el Maracaná, un año antes, en un partido supuestamente amistoso, en el que lesionó a “Chito” De la Torre. Quizás por ello, para evitar la represalia personal, “Didí” no dejó jugar al defensa peruano, y lo reemplazó por José Fernández. Volvería también Eloy Campos.

Y llegó el domingo esperado. Los peruanos tomaron desayuno temprano, y aguardaron el partido a la una de la tarde (hora de Lima). El otoño en la capital estaba caldeado por los ánimos patrióticos. Había confianza en el equipo nacional.

Enfrentando al carnaval brasileño

El silbato del belga Vital Loraux inició el juego. El primer tiempo fue intenso y receloso, los dos equipos se medían, como dos fieras que buscaban ser letales. Pero Brasil golpeó primero con un soberbio remate de Rivelino a los 11’ minutos. Rubiños, el arquero peruano, no hizo más que arrojarse sin opción al gramado de juego. Era 1 a 0.

Cuatro minutos después, Brasil pareció agigantarse con el juego de sus delanteros, y fue Tostao quien dio el segundo golpe. Iban 2 a 0. La selección deambulaba en el medio campo, y las arremetidas brasileñas con Rivelino y Tostao como los más entusiastas dejaban dudas en la defensa inca.

Pero reaccionaron, y la dupla Cubillas-Challe tomó el mando y por unos minutos pusieron en aprietos a la defensa carioca. Hasta el mismo Pelé tuvo que bajar para marcar. En el instante preciso, surgió la potencia de Gallardo, quien con un tiro potente desde la derecha batió al portero Félix. El choque se ponía 2 a 1.

El segundo tiempo siguió igual. La iniciativa era de los brasileños, y les dio buenos resultados cuando a los 7’ minutos otra vez Tostao anotó en el arco de Rubiños, tras pase de Pelé. Brasil se alejaba 3 a 1. Había que hacer algo más. Entonces “Didí” hizo entrar a Sotil, y a los 11’ minutos funcionó. El toque de barrio apareció y las “paredes” de siempre de Mifflin, Cubillas y el “Cholo” preocuparon a la zaga rival.

Reyes y Sotil avanzaron con pelota dominada, combinando con rapidez, para dejar a Cubillas dar el golpe a los ‘verdeamarelos’. Eran los 24’ minutos, y Perú se acercaba con su segundo gol. Cuando parecía que podíamos ir al empate, los hombres de Zagalo –compañero de “Didí” en los mundiales del ‘58 y ‘62-
reaccionaron y adelantaron sus filas, dominando en el medio campo del Guadalajara.

Y cuando ese Brasil del ‘70 tomaba la iniciativa, algo tenía que pasar. Vino un nuevo gol de los hombres de la zamba. Jairzihno, el goleador del equipo, cumplió su papel de verdugo. A los 30 minutos sentenció el encuentro.

“Perú perdió frente a Brasil por 4 a 2”, “El equipo mostró que no fue un ‘turista’ y cayó luchando”, “Se perdió ante candidato al título”, “Tranquilidad en camarín peruano”, fueron algunos de los titulares de El Comercio del lunes 15. Y aún el martes 16 el diario decano decía: “Perú mostró que su fútbol tiene un porvenir inmenso”.

Tras un viaje a la Ciudad de México, donde permanecieron unos días, y pasar por Panamá, la selección peruana llegó a Lima el viernes 19 de junio.

Se dijo que ese partido Perú-Brasil fue uno de los mejores del mundial mexicano. A lo mejor sí desde el punto de vista técnico, pero mejores batallas se verían en ese recordado mundial, como el de la semifinal Italia-Alemania, o la propia final Brasil-Italia. Cuestión de opiniones, ¿no es así?

Yungay: El peor terremoto de la historia peruana

Publicado por EL COMERCIO en su edición de 29 de mayo del 2015, sección “Huellas Digitales”

El día que ocurrió el terremoto de cerca de 8 grados, el 31 de mayo de 1970, se inauguraba el Mundial de Fútbol México ‘70 en el estadio Azteca. Minutos antes del partido entre el local y la URSS, el sismo remeció parte importante de la costa y sierra del centro y norte del Perú. Muchas ciudades sufrieron, pero ninguna como Yungay, en el departamento de Ancash, que desapareció del mapa nacional en solo unos minutos, tras un apocalíptico aluvión.

terremoto YungaySi bien todas las ciudades costeñas y serranas del norte y centro del país (hasta Ica) sufrieron el terremoto, fue Huaraz donde la catedral principal, los colegios y las plazas quedaron destruidos completamente. Un 95% del departamento ancashino terminó en ruinas. Las primeras noticias señalaban 5.000 muertos.

El epicentro ese domingo 31 de mayo de 1970 fue a 80 kilómetros mar adentro, frente a Chimbote (Ancash). En Lima se sintió fuertemente (dicen que como si fuera de 6 grados), pero nadie podía imaginar la tragedia que enlutó el Callejón de Huaylas (Yungay principalmente), donde, según el Centro Regional de Sismología para América del Sur de entonces, el movimiento telúrico habría llegado a más de 8 grados (luego se confirmó que fue de 7.8 grados).

Con poca comunicación desde la zona, esas primeras 24 horas luego del sismo fueron de largos silencios y mucha incertidumbre. Nadie podía saber la dimensión de los hechos. El Gobierno, entonces, organizó comitivas de apoyo vía terrestre o por mar en buques. Las primeras toneladas de ayuda intentaban ser llevadas hasta las zonas más golpeadas. Incluso se utilizaron en esas primeras horas a paracaidistas que llevaron medicinas y alimentos; en otras ocasiones arrojaban los paquetes de ayuda a la periferia de las zonas de desastre.

terremoto Yungay 2Las cifras de muertos aumentaban. El martes 2 de junio, El Comercio titulaba que ya había 1.000 fallecidos solo en Huaraz y Chimbote. La portada completa estaba dedicada a los efectos del sismo en el departamento de Ancash. Se mencionaban las huellas de “un aluvión” en las localidades de Huallanca y Caraz, las que “se salvaron providencialmente” de la catástrofe. Se relataba que había “daños parciales”. Pero nada de Yungay.

“80 paracaidistas se lanzarán hoy sobre Huaraz”, “Casi en ruinas está la ciudad de Huaraz”, “En Chimbote se han registrado 336 muertos y 2.500 heridos”, “El Gobierno dicta disposiciones para ayudar a víctimas”, eran los titulares de ese día.

Recién el miércoles 3 de junio, la información catastrófica se dio a todo el país. El Comercio tituló en su portada, en grandes letras: “30 mil son nuestros muertos”. Lacónico. Contundente. Doloroso. Una foto triste y desconsoladora acompañó al texto. Había mucho que informar, pero las palabras no salían. “El Perú está de luto”, dijo el presidente Velasco Alvarado, luego de regresar de la zona. El escenario era peor que cualquier guerra que se haya dado en ese momento en el mundo. El Gobierno declaró ocho días de duelo nacional.

Yungay, la otrora bella ciudad, quedó íntegramente enterrada media hora después del sismo por una masa de tierra que cayó luego de que una cornisa del Huascarán se desprendiera sobre una laguna provocando el rebalse de esta. Testimonios de andinistas indicaron que los cerros parecían juntarse y que el cielo se oscureció tanto que temieron que fuera “el fin del mundo”.

El agua de las lagunas y el hielo desprendido del Huascarán arrastraron cuanta piedra y lodo pudieron acumular, desfogando su furia en Yungay, principalmente, y en otras localidades ancashinas como Ranrahirca, Caraz, Casma y Santa, las cuales terminaron semienterradas. Solo algunas palmeras de la plaza de armas de Yungay se mantuvieron en pie. En pocos segundos todo se convirtió en un cementerio.

terremoto Yungay 3Las cifras finales llegaron a más de 70.000 muertos; además de 800.000 damnificados en el Callejón de Huaylas y otras localidades del norte del país. Fue una estadística de terror. Sólo en Yungay murieron más de 23 mil personas.
Las fotos panorámicas que publicó El Comercio revelaron la dimensión de la tragedia. Algunos sobrevivientes y voluntarios hablaron de una niebla de espeso polvo que se mantuvo en el aire por varios días. Y también de un “ruido horrendo” previo a la catástrofe. En solo un minuto cayeron víctimas de toneladas de piedras y lodo decenas de miles de personas a lo largo del Callejón de Huaylas.

En Yungay, puntualmente, todos corrieron a los cerros más cercanos. Un circo (el circo Berolina), levantado en uno de los extremos de la ciudad, a un kilómetro del centro, permitió que unos 300 niños se salvaran. Estos fueron mudos testigos de la escena apocalíptica: vieron hombres y mujeres que el lodo paralizó en plena carrera; vieron cómo sus casas eran devoradas por el torrente de lodo o piedras que sólo dejó a salvo cuatro palmeras de la Plaza de Armas y la cima del camposanto.

terremoto Yungay 4Cadena solidaria.- La ayuda se organizó desde el Estado, con apoyo de las empresas privadas y el pueblo en general. Sobre la desgracia, el dolor y la muerte, el Perú se levantó como un oso herido. La colecta de la Junta de Asistencia Nacional (JAN), que presidió la señora Consuelo Gonzales de Velasco, esposa del presidente de la República, fue una de las más decididas.

La Casa Editora El Comercio donó 100.000 soles de oro a la JAN, y asimismo los miembros del directorio, personal de redacción, empleados administrativos, obreros de los talleres y servidores en general entregaron a la junta 131.519 soles de oro. Pero el apoyo fue mundial. De los países europeos y latinoamericanos llegaron mayormente medicinas, víveres y ropa de abrigo; de Estados Unidos, el apoyo fue logístico y aéreo, con aviones Hércules y helicópteros puestos al servicio del transporte de la ayuda humanitaria.

Una semana después, el Perú seguía asombrando al mundo por su desgracia. El domingo 7, en Lima, en la Plaza Bolognesi, la tradicional ceremonia militar por la Jura de la Bandera fue reemplazada por una Misa de Honras Fúnebres dedicada a las víctimas de la tragedia del 31 de mayo.

Ese mismo día, el papa Paulo VI, en plena Plaza de San Pedro, luego del Ángelus, envió a los peruanos un saludo fraternal y de esperanza ante esos momentos de dolor.

(Carlos Batalla)
Fotos: Archivo Histórico El Comercio

 

El voto de la mujer fue promulgado hace 60 años

Publicado por el diario EL COMERCIO -9 de octubre 2015- en su sección “Huellas Digitales”

el voto de la mujerEl 7 de setiembre de 1955, hace 60 años, fue promulgada la ley del voto femenino. La presión ejercida por mujeres peruanas como María Jesús Alvarado, Adela Montesinos, Zoila Aurora Cáceres y Elvira García y García hizo que el gobierno, que por entonces era encabezado por Manuel A. Odría, aprobara la ley, aunque aún con restricciones para los analfabetos.

Al día siguiente de promulgarse la ley del voto femenino, El Comercio tituló “Fue promulgada la ley que otorga el voto a la mujer” y publicó lo siguiente:

(Bajo la foto, la leyenda): “El Jefe del Estado, General Manuel Odría, promulgando la ley que otorga el voto a la mujer…
Damos a continuación el texto de la Ley 12931, promulgada ayer por el Jefe del Estado, General Manuel A. Odría, después de haber sido sancionada por las Cámaras Legislativas.
El texto de la ley es el siguiente:
LEY N°12391
EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
POR CUANTO:
El Congreso ha dado la ley siguiente:
EL CONGRESO DE LA REPUBLICA PERUANA
Ha dado la ley siguiente:
Artículo único.- Sustitúyanse los artículos 84°, 86°, 88° de la Constitución Política del Estado, por los siguientes:
“Artículo 84°.- Son ciudadanos los peruanos varones y mujeres mayores de edad, los casados mayores de 18 años y los emancipados”.
“Artículo 86.- Gozan del derecho de sufragio los ciudadanos que sepan leer y escribir”.
“Artículo 88°.- El Poder Electoral es autónomo. El Registro es permanente. La inscripción y el voto son obligatorios para los ciudadanos hasta la edad de sesenta años, y facultativos para los mayores de esa edad”
“El voto es secreto”.
“El sistema de elecciones dará representación a las minorías, con tendencia a la proporcionalidad”.
Comuníquese al Poder Ejecutivo para su promulgación.
Casa del Congreso, en Lima, a los cinco días del mes de setiembre, de mil novecientos cincuenta y cinco.
HECTOR BOZA, Presidente del Senado.
EDUARDO MIRANDA SOUSA, Presidente de la Cámara de Diputados.
EDUARDO FONTCUBERTA, Senador Secretario.
FERMIN CARRION MATOS, Diputado Secretario.
AL SEÑOR PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPUBLICA. POR TANTO:
Mando se publique y cumpla.
Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los siete días del mes de setiembre de mil novecientos cincuenta y cinco.
MANUEL A. ODRIA.
Augusto Romero Lovo.

Sería el 17 de junio de 1956 que la ley del voto femenino se materializaría, ya que las mujeres participaron de las elecciones presidenciales y parlamentarias. Ese año, nueve mujeres llegaron por primera vez al Parlamento: la senadora Irene Silva y las diputadas Alicia Blanco, Lola Blanco, Carlota Ramos, María Silva, Juana Ubilluz, Manuela Billinghurst, María de Gotuzzo y Matilde Pérez Palacios.

El Perú fue el penúltimo país latinoamericano en dar el derecho al voto a las mujeres. Por otro lado, recién en 1979 la ley permitió que los analfabetos tuvieran acceso al voto.
(Fotos: Archivo Histórico El Comercio)

Pedro Ángel Cordero y Velarde Escribe: Luis Jochamowitz (Publicado en la revista CARETAS de 17 de junio de 2017)

Pedro Angel Cordero y Velarde
Pedro Cordero y Velarde, en su momento culminante, ante los notables en el claustro de Santo Domingo.

Pedro Cordero y Velarde han ascendido al panteón político nacional llevado al vuelo por una multitud de plumas, la mayoría descañonadas, que llenaron con él centenares de notas periodísticas y menciones. Ocupa un lugar excéntrico en los altos y la parte trasera del panteón, pero si hubiera que hacer un censo de recordatorios, es seguro que nadie se atrevería a pedir su desalojo. Si todas las hornacinas de ese lugar son simbólicas, la de Cordero y Velarde lo es absolutamente, se encuentra como dibujada, convertida en literatura costumbrista y detritus periodístico.

La nota típica contiene los datos esenciales: 1885, Cerro de Pasco, músico, director de la banda de bomberos, pobreza, locura progresiva, miseria, orate público en las décadas del 40 y el 50, y finalmente su inefable autoproclamación: “Pedro Cordero y Velarde, Mariscal del mar, tierra, aire y profundidad, Apu Inka Emperador”. El cuadro se completa con la descripción de la levita andrajosa, el sombrero de copa quiñado, los escarpines anacrónicos, las medallas de latón y las cintas de bazar de japonés.

¿Por qué la idea de un orate, asociado al espectáculo de la política y el poder, ha despertado siempre la fascinación de la gente? Desde el principio de su carrera como personaje público su sola imagen parecía arrojar una chispa crítica o moral sobre sus colegas cuerdos, los verdaderos gobernantes. En 1956, cuando se codeó por un momento con los notables de la ciudad, su presencia actuó como una “protesta sarcástica”, algo que se hizo más acentuado con el paso del tiempo.

Cuando murió, en 1961, CARETAS comentó: “Era músico, era pobre (murió en un callejón), pero ¿era loco? A veces uno quisiera creer que no”. Hubo palabras para “su programa”, cuyo primer punto era abaratar el jabón de pepita, y hasta se consideraron por un instante sus “ambiciones de grandeza cósmica” para el Perú, al lado de las cuales las promesas de los políticos eran mera pacotilla.

Su momento estelar fue, desde luego, esa convención de notables, reunida por Odría para cubrir su retirada en 1956. Se ignora cómo atravesó las hileras de policías, porteros y encargados, tal vez su porte venerable y una levita recién lavada y planchada le abrieron paso, el hecho es que apareció en el claustro del convento de Santo Domingo. Modesta pero decididamente, no se sentó entre los notables sino en una silla del coro, una declaración de que su reino no era de este mundo. Su presencia, al principio silenciosa, debe haber chirriado en todos los oídos contra el fondo cacofónico de los discursos. En un momento determinado se puso de pie y comenzó a hablar. A falta de sus propias palabras, Guillermo Thorndike, con instinto infalible de titulero, ha escrito un párrafo muchas veces parodiado, que da forma al mensaje crítico-moral del corderovelardismo: “otra era la paz solicitada por el pueblo, que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana”.

El psiquiatra Javier Mariátegui ha emparentado a Cordero y Velarde con un largo linaje de orates, que comienza, al menos, con algunos de los personajes retratados por Pancho Fierro, entre otros ‘Ño Bofetada’, el ‘Loco Becerra’, ‘Fierabrás’, ‘Sancochado’ y ‘Manongo Muñoz’. Mariátegui, sin embargo, sitúa a Cordero y Velarde en línea directa con Ángel Fernández de Quiroz, “paranoico lucido” de la Lima del siglo XIX. Otro orate cercano a la política fue Abraham Elías Flores, declarado “Diputado Vitalicio” por el Departamento de Ica. Como escribió CARETAS, a propósito del desfleme que siguió a la larga dictadura de Odría: “en el Perú, sanos y locos están reclamando que se les reconozca sus derechos”.

(Escribe: Luis Jochamowitz)