CERRO DE PASCO, IMPRESIONES Y DATOS Por Marcial Helguero y Paz Soldán (Segunda parte)

viviendas de Bellavista - Cerro de Pasco
Viviendas tipo “Chalet” ocupadas por los norteamericanos en al barrio de Bellavista

Pero eso no es todo. He podido comprobar algo más grande aún y que reconforta el patriotismo del más incrédulo. En los talleres de la maestranza, el ferrocarril, en las herrerías y las carpinterías, en las factorías y las lumbreras y dentro de las minas, he visto a infinidad de trabajadores peruanos, indios casi todos, en su mayoría de 10 a 18 años, que están formándose en la purificadora escuela del trabajo. Es una generación hábil y vigorosa, con nuevas fuerzas para hacer frente a todos los obstáculos y que mañana ha de repetirse en el Perú entero, como maestros de energías para educar a las generaciones que vengan detrás. Este es el más grande bien que ha hecho al Perú la Cerro de Pasco Mining Company. Está formando los hombres del futuro, de una raza que aceptaba el expolio y la miseria con triste resignación. De allí están saliendo mecánicos, electricistas, carpinteros, capataces de minas y hombres de lucha que han de poner, más tarde, aunque sea un grano de arena, en el resurgimiento de esta tierra peruana, llamada a grandes destinos, tierra fecunda y admirable a la que la naturaleza regaló con el romanticismo de todas las riquezas y con todos los paisajes más bellos y sugestivos del mundo entero. Yo quisiera que vinieran a mi patria muchas negociaciones como la Cerro de Pasco Mining. Entonces el problema estaría resuelto. Lo que hoy es cuestión quizás de siglos, por nuestros propios esfuerzos, sería simplemente cuestión de años para alcanzar una grandeza y una civilización que merecieran el respeto de propios y extraños.

Esto es lo que debe el Perú a la Cerro de Pasco Mining Company, como factor cultural. Para probar lo que es como factor económico, me bastará decir que esta empresa pone en circulación, al año, en sus diversos gastos, solamente en el Perú, la enorme suma de un millón cuatrocientas mil libras esterlinas; es decir, más de la mitad del Presupuesto anual de la República.

Esto está en la conciencia de todos los peruanos, nuestra grandeza futura está allí, debemos acoger con los brazos abiertos a todos los hombres de acción y de trabajo; debemos seguir adelante, siempre adelante, sin volver la vista atrás, con la mirada fija en la estrella radiosa del porvenir del Perú.

EL CERRO DE PASCO

Fue en el año 1630 del coloniaje. Cuentan las crónicas, que un pobre indio, pastor de ovejas de la hacienda Paria, se vio sorprendido durante la noche por furiosa tempestad. El infeliz indígena, huyendo de la lluvia, del frío y del viento, buscó asilo en una cueva de los cerros de Santisteban de Yauricocha. Aterido, casi helado, mientras sus ovejas balaban angustiosas a lo lejos, encendió un montón de paja para calentarse. Al día siguiente notó entre las cenizas aún humeantes de la hoguera, pequeños trozos de plata fundida. Así fue cómo se descubrió el mineral del Cerro de Pasco. Una racha de aventureros y hombres ansiosos de fortuna se lanzan  bien pronto a extraer riquezas del famoso mineral; y a la par que acudían unos y otros, comenzaron a construirse las primeras casas de la futura ciudad, casas que aún existen y que conservan todo el sabor colonial de la época en que fueron edificadas.

La ciudad del Cerro de Pasco no es, por cierto, una de las más atrayentes del Perú. Sobre la cumbre de una montaña, un agrupamiento de casitas, alguna de las cuales conservan su techo primitivo de paja, se apretuja y se hacina en una larga extensión. El poblado comienza en la ladera suave de una colina, luego baja a lo hondo y después comienza a subir en pendiente escarpada por la alta montaña. Sus callejuelas angosta se retuercen, se quiebran súbitamente en ángulos rectos, pavimentadas de grandes piedras relucientes y resbaladizas. Es una ciudad que cuenta más de tres siglos de vida y en donde la edificación moderna apenas ha podido marcar su huella. La falta de agua potable la hace también, poco confortable para la vida; pero, en cambio, su actividad comercial es muy grande. Cada casa en una tienda y todas hacen negocio. Hay algunos almacenes en los que se encuentran artículos y objetos quizás mejores y más baratos que en Lima, como los de los señores Gallo Hermanos, por ejemplo. Esta actividad comercial se debe, en gran parte a que la Cerro de Pasco Mining deja en la más amplia libertad a sus operarios para que compren lo que necesiten en las tiendas de la ciudad.

A fin de no afectar los intereses del comercio, la Cerro de Pasco Mining no ha querido, por un espíritu de equidad, aunque tenía perfecto derecho para hacerlo, establecer ningún edificio comercial en la Esperanza, semejante a los grandes almacenes que posee en Smelter, Goyllarisquizga y Quishuarcancha. De lo contrario, la competencia que habría hecho a los comerciantes del Cerro habría sido enorme.

LA  GEOLOGIA  DEL  CERRO  DE  PASCO.

Los ligeros datos que doy en seguida sobre la formación geológica del Cerro de Pasco, me han sido proporcionados por Mr. Farnham, inteligente geólogo de la negociación. Por tratarse de datos técnicos, los doy tal como los he recibido, sin alterarlos en lo menor. Dicen así:

Los depósitos minerales que se encuentran por lo general en piedra de cal Jurásica Cretácea pueden dividirse en dos clases distintas: 1º el mineral primario, inalterado, que se halla a profundidad; y 2º, el mineral de plata oxidada o cascajo que aparece como una capa superficial que cubre el mineral primario. Los depósitos de mineral de cobre primario son muy diferentes de la mayoría de los grandes depósitos de cobre del resto del mundo, por cuanto se componen de los raros minerales “famatinita” y “luzonita”, y no contienen ninguno de los minerales comunes de cobre, tales como la chalcopirita, bornita o chalcocita. La relación estructural de los depósitos de mineral con las formaciones  que los encierran, el contenido peculiar de los minerales y el orden de deposición de los varios componentes de éstos, indican el origen epigénico del mineral, que ha sido introducido en las fisuras o las grietas por soluciones acuosas ascendentes, que contenían cobre, plata, fierro, arsénico, antimonio y sílica, cuyas sustancias se sustituyeron en lugar de las paredes de piedra de cal de las fisuras, llenaron los espacios abiertos y de esa manera formaron los famosos depósitos metalíferos del Cerro de Pasco.

“LA ESPERANZA” Y EL DEPARTAMENTO DE MINAS.

El Superintendente general de las minas de la Cerro de Pasco Mining Company, es el señor Paul Sidney Couldrey, otro de los hombres a quienes la citada empresa debe su prosperidad actual. Hace cinco años que desempeña ese difícil y delicado puesto. En el Cerro de Pasco no he oído hablar de él sino con cariño por su espíritu afable y bondadoso para los que están bajo sus órdenes y para los que no lo están. Es un verdadero representante del espíritu moderno. Ha trabajado desde la edad de 16 años en las minas de Australia, del Canadá y de Inglaterra; de manera que su experiencia y sus consejos en el ramo son grandes. Tuve la fortuna de alojarme en la hermosa casa que posee en “La Esperanza”, casa que recuerda todas las tibiezas y todas las comodidades del hogar inglés. He vivido su vida íntima y de actividad durante veinte días y he podido apreciar todo lo que vale ese hombre franco y leal, como todos los hombres mineros que saben domeñar la tierra… A él le debo la mayor parte de los datos que me sirven para escribir, ligeramente, estos artículos. Con él penetré en las minas, con él descendí a precipicios y a barrancos y con él atravesé, a caballo, las altas cumbres andinas, admirando los panoramas rocosos más bellos que he visto en mi vida. Le debo un cúmulo de sensaciones nuevas, desconocidas para mí y que nunca soñé experimentar. No tengo cómo agradecerle todo esto.

Es Mr. Couldrey un verdadero admirador del Perú. Cree que esta tierra ofrecerá más amplio porvenir que otros países en un futuro no lejano a los que quieran hacer rápida y positiva fortuna. He hablado mucho con él sobre la condición de los indios de esa zona y al tratar de esa supuesta expoliación que la empresa ejercía sobre éstos, se indignaba, pero con esa indignación que brota de toda alma franca y honrada.

“Se ha hablado mucho del sistema de “enganche” -me decía- Se ha tratado de calumniarnos porque hemos empleado esa forma de trabajo con los indios. Pero ¿tenemos la culpa, acaso, de ello?  Esa costumbre no la hemos traído nosotros. Existía desde tiempo inmemorial en el Perú. Nosotros no hicimos sino aprovecharla, al principio. Hoy ya no, porque ha dado malos resultados. La compañía ha perdido más de doce mil libras en un año, porque los enganchados no cumplieron su compromiso y se fueron llevándose el dinero que habían recibido de adelanto”.

 Y, efectivamente, ha sido así. En las minas de esta negociación, sólo trabajan hombres libres y conscientes del compromiso que contraen. Los que digan lo contrario, faltan a la verdad, de manera descarada y quizás lo hagan por especulación.

EL TRABAJO EN LAS MINAS.

Los metales que actualmente extrae la Cerro de Pasco Mining Company son de estos tres piques: “Esperanza”, “Excélsior” y “Diamante”. El de la mina “Esperanza”, del cual se saca la mayor cantidad de metal, tiene una profundidad de 640 pies; el de la “Excélsior” 610 y el de la “Diamante” 450.

El metal que se está extrayendo es, esencialmente, mineral de cobre: y los piques de la “Excélsior” se usan sólo para sacar mineral para “flujo”.

Hay varias otras minas que pertenecen a la compañía, pero por ahora, no se trabajan. Algún metal se saca todavía por los métodos primitivos, con barreteros y capacheros; mas la cantidad así extraída es probable que disminuya conforme pase el tiempo, porque los métodos modernos son siempre preferibles cuando es posible adoptarlos.

Las minas son ahora desaguadas por el socavón de Rumiallana, el cual se bombea el agua por varias bombas grandes colocadas en el pique central y en la mina “Excelsior”.

Por el momento, la mina “El Diamante” no desciende más abajo del socavón de Rumiallana, así es que en ese punto no se necesitan bombas. La cantidad de agua que se bombea alcanza un total de 1,100 galones por minuto y va en aumento.

Las minas se trabajan mediante fuerza proporcionada por una instalación hidro-eléctrica de la Oroya, después a una distancia de 130 kilómetros del Cerro; y la mayor parte del trabajo que se efectúa en el subsuelo, tal como excavaciones y perforaciones, se lleva a cabo por aire comprimido suministrado por tres compresoras movidas por esa misma electricidad. Ese aire no sólo sirve para operar los taladros de roca, sino también para ventilar los frontones y galerías donde trabaja la gente. Actualmente, la mayor parte del izaje de metal se verifica por fuerza de aire comprimido. La tracción eléctrica debajo de tierra sirve ahora a la mayor parte de la mina porque las distancias son demasiado largas para permitir que siga efectuando a mano. Con la sola excepción del carbón usado para generar calor por vapor, en la antigua instalación de calderos, para el caso de una paralización de la línea de fuerza eléctrica, el uso del vapor es ya cosa del pasado.

El área de las operaciones mineras debajo de tierra es enorme y los sistemas de trabajo son varios.

Cuando se presentan depósitos grandes de metal, se extrae la tierra y se le reemplaza con cuadros de madera y estos cuadros son llenados inmediatamente después con desmontes de rocas para reforzar las excavaciones y evitar catástrofes.

En las vetas angostas se adoptan un sistema llamado “Shrinkage stoping” o sea “excavación mermada”, es decir que la gente trabaja encima del mineral sacado hasta que se penetra al nivel superior siguiente y entonces, el metal es extraído por arriba y la excavación se llena con desmonte de roca. En todo caso, la altura del puente debajo del cual trabaja la gente, es limitada a siete pies, de modo que no pueda ocurrir algún derrumbe considerable.

Continúa….

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