“Mishicanca”, el romántico bandolero (Asado de gato) (Primera parte)

BandoleroAntecedentes del activo bandolerismo en Pasco.-

Debido a la inercia de las autoridades locales el bandolerismo llegó a extremos alarmantes durante los veinte primeros años del siglo XIX. Teniendo como escenario inicial la quebrada de Chaupihuaranga  se amplió  a todo Pasco y a territorios huanuqueños.

EL MINERO y demás periódicos de entonces estuvieron hincando con persistencia a fin de que las autoridades tomaran en serio la amenaza que se cernía sobre la provincia. Así, en nota editorial de 16 de agosto de 1910 se dijo: “De los asuntos que en esta provincia debe preocupar seriamente la atención de la prensa local y de las autoridades, es el que se relaciona con los frecuentes y numerosos robos de ganado que cada día adquieren más alarmantes proporciones con inmenso perjuicio para la industria ganadera y el arrieraje y con el daño incalculable para quienes a estas industrias dedican sus energías y recursos”.

 “Hay además de estas razones, la consideración de que no es posible -sin mengua del orden y la moral de todo el pueblo organizado- que el robo constituye un hábito y hasta un sistema de vida para ciertas gentes que no quieren satisfacer sus necesidades con el esfuerzo del trabajo porque consideran más cómodo apropiarse de lo ajeno y, encuentran que la tarea no les resulta muy penosa, desde que no tropiezan con las dificultades que un buen servicio de policía rural podría oponerles”.

 “No es posible tampoco que quienes tienen el deber primario de velar por la propiedad y garantizar el orden, se crucen de brazos ante el mal que crece y amenaza a todos, contentándose a lo sumo con practicar pesquisas, coger al delincuente y poblar con ellos los establecimientos carcelarios.

 De allí, por desgracia y deficiencia de nuestra organización carcelaria, se castiga, pero no se corrige, tornando después de algún tiempo, esos elementos nocivos a la sociedad, llenos de energía que el descanso les permite acumular y de perversos propósitos que el castigo no ha logrado extirpar y emprender otra vez la senda del robo y hasta del asesinato.

La mayor parte de estos atentados quedan en la más completa impunidad por la deficiencia de los elementos de policía para descubrir y capturar a los autores o por los vacíos o defectos de nuestro sistema procesal.

 Urge reaccionar en este sentido, es inaplazable la necesidad de que la prensa clame y las autoridades atiendan este clamor en la forma más rápida y eficaz.

 En nuestro concepto lo más acertado es el establecimiento de un escuadrón de policía rural montada, seccionado en patrullas o destacamentos que recorran constantemente las quebradas y  caminos y controlen la procedencia y destino de todo ganado que encuentren a su paso. Estamos seguros que muy poco tiempo después de la organización de esta medida y de otras secundarias que constituyan un plan de policía verdaderamente celoso y prolijo interés público, los robos de ganado habrán disminuido en proporción halagadora con provecho, bajo cualquier punto de vista que se le considere y que no es menester demostrar.

 El ex prefecto señor Félix Laurent, trajo a su administración, entre otras saludables iniciativas, ésta de la que nos ocupamos y que puesta desde entonces en práctica, ya habría ofrecido los benéficos resultados apetecidos; pero desgraciadamente sus gestiones no tuvieron éxito; nadie se volvió a ocupar de esta calamidad social limitándose, cuando más, a deplorarla y el robo audaz , en mayor radio de acción, continuó su obra que constituye en esta hora una plaga insoportable y una vergüenza para un pueblo de orden y de trabajo como éste.

 Medidas como la iniciada por el ex prefecto Costa y  auspiciada por nosotros o cualquiera otra que dé resultados que perseguimos, debe dictarse en el día, apelando para ello a los medios, gestiones y recursos que sean del caso; y así lo exigimos en nombre del bien social, a quienes tienen el deber de oírnos”. (EL MINERO, Nº 1140, 16 agosto de 1918:2).

El caso lamentable es que, no obstante las campañas como la referida, las autoridades dilataban su actuación hasta que llegamos a el 31 de enero, una partida de bandoleros en número de nueve, armados y bien montados, asaltaron en Chagacancha a tres leguas y media de Yanahuanca, una caravana de carga que conducían unos arrieros de Llata, apoderándose de sus bestias de silla y luego dirigiéndose por la ruta de Cauri, fueron sorprendidos por el ganadero Emilio López que buscaba su ganado robado en Chinche. Los ladrones al verlo emprendieron la fuga dejando abandonado la mayoría de pertenencias, llevándose lo más valioso.

El 2 de marzo,  en Condorbamba, asaltaron a tres comerciantes de Tusi que conducían ganado lanar y dos bestias finas. Los quince bandoleros se apoderaron de todo después de haber herido a un comerciante que se halla agonizante.

El 21 en la noche atacaron a balazos a don Inocente López en la estancia Algo-huaín, donde descansaba de la conducción de numeroso ganado. Felizmente sus operarios, armados y decididos repelieron el ataque.

El 22, un número de 20 bandoleros armados, en Pata Cancha, asaltaron al comerciante Aniceto Laguna, de Llata, quitándole 12 mulas y 8 caballos aperados y una carga de oca. Al oponer resistencia, dispararon contra el empleado Aniceto Pretel quien vio destrozada su canilla y ha sido trasladado al Cerro para que le amputen la pierna.

MishicancaEl día de hoy, unos 40 bandoleros armados de carabinas y rifles de precisión, asaltaron en Charqui Cancha a siete arrieros de don Juan Llanos, comerciante de Huallanca, asesinando al arriero Santos Silva y llevándose 22 bestias, dos burros, dos cargas de sulfuro de plata y cinco cargas de queso. Una hora después, en el mismo lugar, hicieron lo propio con unos comerciantes de Rondos, un número crecido de ganado lanar y algunas bestias de carga. Estos infelices se dirigían a la ciudad a vender su ganado y algunas especies.

Estos son –dice Cisneros- lo hechos conocidos, quedando muchos en silencio que a diario se realizan por estos lugares despoblados que no cuentan con ninguna garantía.

Ante el asalto del día de hoy, los vecinos notables de esta Villa de Yanahuanca se han dirigido al Presidente de la República y al Ministro de Gobierno, y al Prefecto del Departamento, el siguiente telegrama: “Ciudadanos Villa Yanahuanca y pueblos circunvecinos, solicitan garantías. Días 21 y 22 efectuáronse asaltos a corta distancia de esta villa con muchos muertos. Situación deplorable, rogamos auxilio inmediato, enviando hombres caballería este lugar”. Cisneros y demás firmas. (EL MINERO,  1º de marzo de 1910:1).

Así las cosas, el subprefecto Fry organizó una partida de 60 zapadores y 20 gendarmes para abatir a la fuerza de los facinerosos que sumaban más de 200. Después de una heroica contienda en la que hubo numerosos muertos de ambas partes, se logró rescatar más de dos mil cabezas de ganado que estaban en poder de los ladrones y que al final se devolvió a sus legítimos dueños. Es menester mencionar que esta campaña no logró desarticular tremendo ejército de ladrones que se hallan diseminados en una enorme región del centro del Perú. La guerra sigue en los campos pasqueños.

A manera de atingencia permítannos decir los siguiente: A partir de los primeros años del presente siglo, cuando la poderosa compañía norteamericana se apodera de la minas del Cerro de Pasco y, simultáneamente los terratenientes se hacen dueños de inmensos pastizales de las comunidades tradicionales, como lo hemos visto en los tomos de este libro- surge agresivo y poderoso el bandolerismo que, al comienzo “ataca al rico y defiende al pobre”

La acción de estos bandoleros sociales, organizados en gavillas poderosas y disciplinadas, se extendió por todo el territorio de Pasco y Huánuco. Estos “cuerpos” estaban integrados por 150 o 200 hombres muy bien adiestrados. Sanguinarios y salvajes, tenían aterrorizados a los pueblos en unos casos y complicados con ellos en otros, de los mismos que misteriosamente “desconocían sus desplazamientos y de sus actividades”. Toda vez que el gobierno enviaba fuerzas policiales para combatirlas, regresaban rendidas y sin ningún éxito. En más de un caso tuvieron que organizarse verdaderos ejércitos para atenuar su virulencia.

Para  junio de aquel año la ciudad carecía del servicio de un Mayor de Guardias y de dos Subinspectores, “pues el Gobierno, no obstante las apremiantes necesidades no había cubierto las plazas. La comisaría rural de Quishuarcancha, tan importante como la de Smelter y Goyllarisquizga, donde trabajan más de mil obreros, no tenía administración de justicia ya los líos, reyertas, latrocinios y accidentes eran muy frecuentes, especialmente los días de pago”. (“El Grito del pueblo”)

“La importante comisaría de Racracancha que tenía a su cargo la vigilancia de las haciendas EL DIEZMO, PACOYAN, RACRACANCHA, CONOC, ANDACHACA, QUISQUE Y POMAYARUS y las negociaciones mineras MINARRAGRA, HUARON, Y HUARAUCACA, no había cubierto la respectiva vacante teniendo en cuenta la inmensidad del territorio y el peligro que significaba la presencia de ladrones merodeando aquellos territorios. La importante región minera de Vinchos a 40 kilómetros de la ciudad en la que están situados los hornos de fundición y las empresas mineras YANAMINA MINING COMPANY, JUAN AZALIA Y COMPAÑÍA, MALPASO de Sebastián Blanco e hijo, THE CASUALIDAD de Domingo Sotil y otros con un total de mil operarios, tampoco tiene comisario. En ese momento también se solicitaba comisarios para Carhuamayo y Oxapampa”. (EL MINERO ILUSTRADO)

 “Como resultado de la falencia de autoridades, no contentos con los robos que diariamente realizan en las alturas, los bandoleros llegaron a tal osadía de atacar a los comerciantes de Paragsha, Uliachín y otros barrios cerreños. El más audaz de estos facinerosos es el tal «Mishicanca» para quien la sociedad solicita un total escarmiento. Este ladrón fugó más de una vez de la cárcel pública no obstante estar cubierto de cadenas. En ese momento el clamor general era que apresaran a este bandolero”. (“LOS ANDES”)

Continúa….

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