El Caso Gamboa (Tercera parte)

el caso gamboa 3Siete largos años tuvieron que transcurrir para que los acusados a quienes jamás se les probó la comisión del delito fueran puestos en libertad. Para ello, el alegato presentado por el abogado defensor Gerardo Balbuena fue determinante. Lo que llama la atención es que los jueces tuvieron que esperar siete años para dar cabida al alegato que se había venido repitiendo desde los días inmediatos a la comisión del delito. Esta pieza legal fue publicada en el diario “Los Andes” de 10 de setiembre de 1913, sosteniendo lo siguiente: 

“Han transcurrido siete interminables años en los que, recluidos como feroces asesinos, transcurren sus días los hombres a los que nada se les ha podido probar y sólo llevados por conjeturas y acusaciones sin sustento, han sido enviados a aquella terrible mazmorra que es la cárcel del Cerro de Pasco, la más dantesca del mundo”. 

“El móvil del crimen, como ya lo hemos sostenido incansablemente, no ha sido el robo. Ninguna pertenencia de la casa de las víctimas ha sido sustraída. Los asesinos que actuaron así, salvajemente, estuvieron llevados por los más inconfesables instintos carnales que terminaron haciendo de la víctima principal -casi una niña- el fruto de sus aversiones que, por lo que arroja la necropsia, no sólo fue desflorada salvajemente, repitiendo el acto muchas veces, sino que ejecutaron con ella actos contra natura y, después de muerta, siguió siendo mancillada por las hienas criminales. Que fueron varios, también ha quedado establecido. De no haber sido así, jamás podrían haber vencido a la señora Carolina Gamboa, alta, fornida y muy bien dispuesta físicamente que en poco tiempo pudo haber dado cuenta de uno, dos y hasta tres hombres. Ella fue vencida y muerta por varios asesinos. Las huellas dejadas como el número de vasos y las innumerables colillas en el cenicero, así lo hacen suponer. Las declaraciones del capitán de la lumbrera “El Diamante”, de doña Luisa Costa de Rosazza, vecina de las Gamboa y, de don Gerardo del Campo, atestiguan que vieron, antes del crimen, junto a la casa de las Gamboa y a altas horas de la noche, a un individuo de aspecto extranjero que nunca se dejaba ver el rostro; que se lo cubría al aproximarse gente ocultándose en la oscuridad, que unas veces estaba solo y otras con dos o tres personas de catadura intranquilizadora, como en acecho. Este sí es indicio de delito y no la amistad de Guzmán y Martínez Chávez y el parentesco de Carlos Gamboa”. 

“El sobreseimiento debe ser absoluto. La condición jurídica de los enjuiciados Teobaldo V. Guzmán, Carlos D. Gamboa, Manuel Martínez Chávez y Victoriano Rivera, contra quienes se ha librado mandamiento de prisión, es igual a la de los enjuiciados Augusto Proaño, Crisanto. D. Venturo, Isidro León y todos los otros respecto de quienes se ha sobreseído de un modo absoluto el auto de vista”. 

“Efectivamente, don Teobaldo Guzmán ha probado con las declaraciones de don Juan N. Durand y doña Isabel Góngora de Durand, del doctor Don Avertino Ochoa, de Inocente Durand y con el escrito de los querellantes, de que la noche del viernes 9 de agosto de 1907 en que se perpetró el crimen, estuvo de visita en casa de don Juan N. Durand, desde las 8 hasta las 11 y media de la noche en que se retiró con don Inocente Durand y el doctor don Avertino Ochoa a quien acompañaron hasta su casa. De la casa del doctor Ochoa fueron a la de don Inocente Durand que encontraron cerca por cuyo motivo Guzmán invitó a Durand a dormir en ella, entrando de paso en el Hotel Ibero Americano, a la una y media de la madrugada, viéndoles en ese Hotel a don Alfredo Baluarte y a don Pedro Díaz; que se lo contó después del crimen al dueño del Hotel, don Gerónimo Casquero que a su vez se lo refirió al doctor Augusto Duarte Valladares abogado y apoderado de los querellantes. En fin, del Hotel Ibero Americano fueron a la Casa de Guzmán donde don Inocente Durand durmió con él, según lo refiere el dicho Durand en su declaración”. 

“Martínez Chávez por su parte ha probado con las declaraciones de don Félix A. Loayza y de don Cesáreo Villarán, que la noche del viernes 9 de agosto, estuvo en su casa con dichos testigos a quienes invitó a comer desde la siete y media hasta las once y media en que se despidieron dejando a Martínez Chávez en su casa con su señora, donde es hasta pueril decirlo durmió según lo atestigua su doméstica, Filomena Paredes, que es el único testimonio que se puede invocar después que se acostaron”. 

“La prueba que favorece a mis defendidos es tan abrumadora que sorprende que no se les haya puesto en libertad desde que se produjo. Conforme el artículo 101 del E. P. bastan dos testigos presenciales de excepción para que la prueba sea plena, los enjuiciados han ofrecido la declaración uniforme de personas de la más alta posición social en el Cerro. Razón tuvo pues el juzgado al decretar, aunque demasiado tarde, su libertad de conformidad con las ejecutorias del proceso, medida que como se sabe no es aun compatible con la tramitación de la querella cuya admisión ordenó V. E. con verdadero acierto, porque no podía, tratándose de un crimen tan monstruoso, cerrar el camino de la investigación. Pero tampoco era legal prolongar la detención de los enjuiciados simplemente en virtud de la querella, destruidos los titulados indicios y sospechas, por el mérito de una prueba plena y abundante. Desgraciadamente, ese auto fue revocado por la Ilustrísima Corte Superior”. 

“Comprobado el hecho de que los detenidos estuvieron la noche del crimen, con personas de las más visibles del Cerro, procede el sobreseimiento absoluto, de conformidad con los dispuesto en la primera parte del artículo 91 de E. P en que se funda el sobreseimiento absoluto de los otros enjuiciados”.

“Es de notarse que mientras contra mis defendidos no hay ningún indicio positivo de delincuencia, siendo su única desgracia la de haber sido amigos de las víctimas, con otros enjuiciados respecto de quienes se sebresee de un modo absoluto, había motivos más fundados para sospechar de ellos. Así, don Augusto Proaño fue enemigo de la señora Gamboa y tuvo cuestiones judiciales con ella; don Luis Haytalla la amenazó diciéndole: “Con este palo te he de matar, maldita”;  don Isidro León -se dijo en un oficio- que la Gamboa había gritado: “León me mata”. Casi todos los otros enjuiciados sobreseídos definitivamente no han producido ninguna prueba, como no tenía por qué haberla producido mis defendidos. Creo que este es el único proceso del mundo en que por el simple hecho de ser amigos de la víctimas, sin existir ningún acto o indicio que acusa a una persona de complicidad o delincuencia, se debe probar que no se ha tenido participación en un crimen envuelto en las sombras del misterio. La ley exige que haya indicios de delincuencia para comprender a las personas en el enjuiciamiento y, no son indicios de delincuencia, la amistad, el amor, el hecho de haber visitado a una familia, de haberla fiado, porque entonces las cárceles estarían permanentemente repletas de inocentes y habría que vivir en un aislamiento absoluto”. 

“Si Proaño y Huaytalla han sido absueltos definitivamente, en justicia, por haber destruido con pruebas las sospechas recaídas en ellos, con mayor razón se debe sobreseer también, definitivamente, respecto de Martínez Chávez, Guzmán, Gamboa y Victoriano Rivera contra los que no ha existido nunca nada que pueda considerarse jurídicamente como indicio de delincuencia”.

“A mis defendidos les son aplicables los fundamentos de la resolución de V. E, porque lo mismo que a don José y don Demetrio Martinench,  “sin que resultara de lo actuado mérito bastante para comprenderlos en el enjuiciamiento, se les recibió declaraciones instructivas” sólo por haberlos capturado el Subprefecto, así como a Martinench. No ha debido pues enjuiciarse a los detenidos mientras no se presentó la querella y si el juez no les recibe declaración instructiva, seguramente no se hubiera presentado la querella, como lo revelan los términos de ella y sus ampliaciones, el hecho de que tuvo que oficiarse a la Subprefectura para que hubiera comparecer a los querellantes por la fuerza, a fin de que prestaran el juramento de calumnia y la circunstancia de que en el proceso, se ha invertido los papeles, siendo los acusados quienes han hecho tramitar la querella dirigiendo exhortos y absolver citas, mientras los querellantes no habrían sino dar datos falsos al juzgado e inventar absurdos y calumnias”. 

“El espíritu se aterra ante la monstruosidad de las teorías sustentadas por el Agente Fiscal de Junín que olvida que la libertad es tan sagrada como la vida y que no se castiga un delito encerrando a un presidio durante media vida a individuos contra los que no hay pruebas. Según ese funcionario cuando se realiza un crimen abominable, se debe arrojar a los acusados contra los que no existen indicios de culpabilidad, como a los vencidos a las fieras en Roma, a una cárcel por años “a fin de que se esclarezca en debate amplio si son o no inocentes”. 

“Esta es la teoría consagrada por nuestro Código, Excelentísimo Señor. Por el contrario, se puede repetir con el eminente Fiscal don José Gregario Paz Soldán que el mandamiento de prisión “supone la existencia de un delito cometido que no se acredita con la simple acusación sino con las pruebas que arroje el sumario”. Darle otra inteligencia y aplicación no sólo sería contraria a los principios de justicia, sino tener abiertas las puertas de las prisiones al antojo y capricho de cuantos quieran llevar a ellos a sus enemigos o rivales imputándoles delitos graves que merecieran penas aflictivas; semejante interpretación choca con todos los principios de filosofía y legislación y no es jurídico aceptarla, menos en vista de los artículos 114 y 115 del citado Código”.

“Esos hombres son inocentes. Si fuera racional la prueba del fuego ideada en otras épocas, yo travesaría las llamas, afirmando su inocencia seguro de salir ileso”. 

“Me anima el profundo convencimiento de que con la misma rectitud con que V.E ordenó la admisión de la querella, borrará al afrentoso estigma con que se ha querido deshonrar a los detenidos, ordenando su inmediata libertad por imponerlo así la ley, la justicia y hasta los sentimiento de raza y de nacionalidad”.

 En virtud de lo expuesto:

 “A V. E suplico que declare haber nulidad en el auto de vista de (fs 1,156) sobreseyendo de un modo absoluto, respecto de todos los enjuiciados”.

 Abril 17 de 1913.  Gerardo Balbuena

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