Lucho Barrios O la metafísica de la cebolla Una crónica de ELOY JÁUREGUI (Segunda parte)

Lucho Barrios 34.

Una de la satisfacciones más grande fue saber que fui autor del único reportaje-crónica que se le hizo para la televisión y la sencillez de Lucho Barrios ha quedado grabada en aquel video del recordado programa “Panorama”, cuando sorprendido por mi inquietud enfermiza, Barrios contó a regañadientes parte de su vida que nadie conocía. Que aunque era de cuna porteña se sentía más limeño que nadie. Su registro cuenta que había nacido en el Callao un 22 de abril de 1935 pero que a los 9 años se mudaría con su familia a la Calle Penitencia, en el jirón Paruro en los Barrios Altos limeños. Cierto, era cantor de serenatas ya a los 17 años pero estudiaba ópera y llegó a ser alumno del maestro Alejandro Vivanco, un eximio músico del género vernacular, de ahí que Lucha Barrios supo primero de las técnicas de los huaynos.

A finales de la década de los 50 se presenta en el concurso “La escalera del triunfo” que conducía el periodista Guido Monteverde y aunque solo quedó finalista, no se amilanó y siguió cantando donde se podía. Ya en 1962, con los guitarristas Paco Maceda y Modesto Pastor forman  el trío “Los Incas” dejando grabados un par de valses en el sello Smith, entre ellos “Juanita” de Pablo Casas y Padilla. La casualidad hizo que una noche en Radio Callao conocería al famoso cantante guayaquileño  Julio Jaramillo quien lo llevó a Ecuador. En esos años hay un paréntesis del cual Lucho Barrios jamás le contó a nadie. Pero regresó a Lima  y entonces fue el bolerista que todos reconocemos con más de trescientas grabaciones. Cierto, recordando que son de antología también, los cuatro ‘larga duración’ de valses donde participa junto con Pedrito Otiniano y Gilberto Cosío Bravo en las grabaciones del Centro Musical Unión.

Lucho Barrios fue multifacético pero además, consolidó un tipo de vals como anclaje de identidad del barrio. Y el Centro Musical Unión, junto al “Huancavelica”, fuero aquellos refugios de nuestro viejos jaraneros que impusieron el vals al estilo limeño del “Cuartel primero” o del barrio de Monserrate. Es decir, el canto de la zona de Pachacamilla –uno de los lugares más emblemáticos de la Lima tradicional– que viera nacer también a la mejor cantante del acervo criollo, doña Jesús Vásquez, amén del cantor Rafael Matallana y siendo tierra del campeón mundial de billar, don Adolfo Suárez.

5.

Lucho BarriosRescatado un texto de la periodista chilena Verónica Marinao que cuenta cómo un 18 de septiembre de 1960 Lucho Barrios actuó por primera vez en Chile, en la quinta El Rosedal de Arica, junto a la orquesta cubana de Puma Valdez. En 1961 grabó en Santiago varios discos que aumentaron su arrastre popular en Chile, comenzando además con sus presentaciones en el cabaret Picaresque de Santiago. En la capital chilena grabaría también decenas de temas como “Fatalidad”, “Cruel condena”, “Señor abogado” y “La joya del Pacífico” del compositor Víctor Acosta, un tema que es considerado como el himno del puerto de Valparaíso.

En el libro “Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970”, los autores Juan Pablo González y Claudio Rolle explican que: “parte importante de repertorios como el de Lucho Barrios, exacerba la emoción y el sufrimiento, permitiendo definir un campo lírico que posee ciertas dosis de existencialismo de bar: la vida es trágica y sólo el amor puede redimirnos, aunque suframos por él”. En el documento se explica del arrastre popular que le permitió grabar 36 singles y seis discos LP para la filial chilena del sello EMI Odeon, y concentró en Chile el grueso de sus ventas latinoamericanas, pese a no ser invitado a radios ni programas de televisión de la época ni al Festival de Viña del Mar por las discrepancias que tuvo con el ex animador Antonio Vodanovic.

La versión de Lucho Barrios de “La joya del Pacífico” es la más popular por la voz y la fuerza en la interpretación y también a los arreglos que realizaran los hermanos Silva. Según el músico Dióscoro Rojas: “lo de Lucho Barrios permanece un tipo de música que es como la súplica del pueblo latinoamericano ante el tema del amor. Y porque las metáforas que aparecen en estas canciones son muy fuertes, del tipo: ‘que me quemen tus ojos’. Es también el canto del latinoamericano humilde que a través de la música sueña con un mundo lleno de estrellas, que se pone colleras y anillos, quiere entregarle lo mejor a su mujer, pero anda con las suelas gastadas. Lucho Barrios es quien populariza ese tipo de música y con él se va una de las voces más queridas por el pueblo”.

6.

Lucho Barrios vivió intensamente sus 75 años. Y no sabía hacer otra cosa que cantar. Y si eran boleros o valses, él contribuyó a ese ramal del bolero peruano, a ese que también le dicen “bolero cantinero” y hasta “bolero rockolero”. Los amplios estudios sobre el bolero latinoamericano no aceptan que exista esta versión peruana pero si conocen a Lucho Barrios. Equivocados hasta sus cachas, deberían saber que Barrios fue la influencia y el camino que luego seguirían Pedrito Otiniano, Jhonny Farfán, Guiller, Iván Cruz,Antonio Martell, Betico, Los Morunos, Chaqueta Piaggio, Anamelba, Linda Lorenz, Gaby Zevallos, Bárbara Romero entre otros.

Fue así, un 5 de mayo del 2010, el director del hospital Dos de Mayo, José Fuentes Rivera, explicó que el bolerista Lucho Barrios había muerto esa mañana a consecuencia de una falla multiorgánica provocada por un problema respiratorio y complicado con una insuficiencia renal. Milagros, su hija declaró esa tarde: “Mi padre había sufrido un derrame cerebral pero ya estaba recuperado. El volvió a cantar porque me decía que yo tengo que morir en los escenarios. El no estaba enfermo”. Según contó otro médico que atendía a Barrios, el cardiólogo Cecilio Zamora Huamán, explicó que el intérprete le suplicó: “que me hagan todo menos que me entuben porque no quiero perder mi voz”.

Así murió la voz que identificaba ese sentir romántico vocal peruano. Con la misma modestia como vino al mundo y estuvo por estos pagos 75 años. Yo le recuerdo sonriendo, aceptado su culpabilidad de que él y gracias a su voz, fueron responsables de cuanto romance uno se pueda imaginar, de tantos hijos que llegaron a este mundo y también de evitar la violencia con ese antídoto del bolero. Pero cierto,  también lo recordaré por ese verso de su “Marabú”: “Si la vida es así, para que más vivir”.

(Fragmento del libro Caza Propia que será editado por Lancom Ediciones en Julio 2017.)

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