“LA CHELITA”

la ChelitaEra una preciosidad de mujer. Carita angelicalmente hermosa con ojos negros de inquietante sugerencia de lo arcano, de lo misterioso; pestañas inmensas y oscuras que le daban una majestuosa belleza de rasgos innegablemente morunos. Contemplarla era evocar a las modelos que plasmó en sus lienzos  el inmortal Julio Romero de Torres. Una maja española con salero, gracia y donosura. No en vano los rotarios la ubicaban para presidir el cortejo en la  primera carreta alegórica de corridas pueblerinas que organizaba cada año. La acompañaban otras bellezas citadinas emperifolladas con hermosos vestidos gitanos de pomposos mantones de Manila, preciosos colgajos, guarniciones y relucientes caracolillos ajustados a sus corpiños. Unas con peinetas de lujo e infaltable clavel encendido, otras, con el elegante   sombrero cordobés; pero todas con vistosos abanicos de lujo. Era un deleite verlas en aquellos espectáculos de gala en el albero de la Beneficencia Española.

Si su agareno rostro era apaciblemente sereno y casto, su cuerpo, por el contrario, era  satánicamente tentador. Sus pechos agresivamente elevados y duros como si su corpiño realizara una fuerza colosal para contenerlos y no reventar. Sus piernas largas y torneadas a la perfección dándole donosura a su majestuoso caminar. Sus grupas opulentas y provocadoras se llevaban prendidas las miradas de los aviesos hombres del pueblo. Para atenuar la lascivia con que la contemplaban vestía muy sobriamente, sin embargo, aunque no lo quisiera, no dejaba de llamar la atención su belleza corporal digna de las diosas. ¡Cuántos deseos arrebatados originaron su  cuerpo! Contra lo que podía imaginarse, no obstante ese talante en llamas, ella era muy cándida y tierna; dulce en su hablar y en su trato. Todos olvidaban su tonito extraño de su parla diaria; era natural en los venidos en la zona selvática de nuestra patria. Había nacido en Tingo María. Un hipocorístico transformó su nombre de Graciela en Chelita. Y diariamente, desde que comenzaban las labores en el Banco hasta que se retiraban después de cuadrar cuentas, su dulce nombre se repetía una y otra vez como una caricia bienhechora.

El día que llegó a trabajar al Banco Popular se originó un revuelo excepcional.  Todos quedaron prendados de ella cuando el administrador la presentó como la nueva secretaria. Desde ese mágico momento se convirtió en la engreída de aquel grupo de jóvenes. Las hasta hace poco engreídas Juanita Cornejo, Hilda Rojas Lucich y Esperanza Cisneros, pasaron a segundo plano con su consiguiente mortificación. El jefe la puso a trabajar en un escritorio, a la entrada del local, para que todos la vieran. Los curiosos -como quien no quiere la cosa- pasaban frente al Banco exclusivamente para contemplarla. A su salida la esperaban sibilinamente cuando muy aliñada entraba en “La Camelias” para almorzar. Chale Espinoza –el dueño- la recibía con gran parsimonia porque la consideraba una reina y como tal, la atendía. Su alojamiento lo había fijado en el “Edificio Proaño”, en cuyos cinco pisos tenían como ocupantes a las más distinguidas familias del pueblo así como a jefes y funcionarios de respetables empresas locales. Desde su llegada al Banco nadie hablaba de otra cosa. Los comentarios se hicieron Vox Pópuli. Imaginémonos cómo se encontraban los muchachos que trabajaban con ella.

Todos la adoraban: Glicerio Suárez Robles, Augusto Montero Vargas, Fabio Otaegui, Enrique Suárez Rojas, Samuel Beloglio; se desvivían por regalarle con algo especial. Ricardo Acquarone “Cua – Cua” la miraba extasiado como con temor de que en algún momento iría a quebrarse. Cuando acababa de sentarse, ponía con parsimonia sobre su escritorio un aparatoso chocolate HERSEYS de la colección que había comprado en la Mercantil de la compañía norteamericana. Sólo alcanzaba a balbucear “¡Para ti, Chelita!”. Gracias, Ricardo, decía la homenajeada y para el enamorado era suficiente. Un día, el “Chivirico” Martínez, suponiendo que sufriría un frío espantoso a la entrada del local, le regaló con una hermosa manta de lana de alpaca para que cubriera sus piernas. No la tuvo sino dos días. Al tercero, desapareció. ¡Claro!, la manta impedía que se recrearan contemplando aquellas piernas perfectas. El exitoso “Speaker” de “Radio Azul”, Humberto Maldonado, suponiendo que una chica tan espiritual gustaría de la poesía, le regaló con libros de Campoamor, Becquer, Espronceda… Ella sonreía complacida al recibir los libros, escuchando los piropos y galanterías del locutor. “El perro” Suárez, acicalado y modosito, le regalaba con la revista “Para ti” a cada lunes de la semana; con su mirada lánguida y sus bigotitos hitlerianos, la envolvía con su adoración visual y conmovedora. Hasta el Nemesio Choquehuaita  -conserje del Banco- le hizo entrega de su regalo: Una docena de robustas truchas pescadas en las aguas de Yanamate. Cuando estuvo delante de ella no pudo hablar, sólo puso el paquete sobre su escritorio y se retiró.

Todos la adoraban y cada uno abrigaba secretas esperanzas de ganar sus favores. Bueno, todos no. Había un maduro empleado, de mediana edad, enorme y flaco como un fideo, al que le decían “El largo”; hermético y solitario al que aparentemente no le causaba ninguna gracia la hermosura de la bella secretaria. Cuando llegaba a cumplir su labor diaria como si estuviera programado para la misma operación, se despojaba de su sombrero y su enorme abrigo de cuero que casi barría el piso -como los que usaban los vaqueros en las películas del oeste- los colgaba en el perchero de la entrada y se concentraba en su trabajo. Era el cajero principal. Nunca se le vio que siquiera le dirigiera una mirada de atención a la chica bonita. Todos estaban  amoscados e intrigados por tanta indiferencia. Alguien, como tratando de explicar la indolencia, dejó escapar su sospecha de que era un “mariposón” camuflado.  Los comentarios no pasaban de esa sola sospecha y creían que era mejor porque ya había un rival menos en esa extraña contienda de amor.

El año de su llegada la postularon como candidata al reinado de la ciudad en representación del Banco Popular. Con el afán de conseguir la corona comprometieron a ahorristas y socios del Banco para que compraran votos de su preferida. Los que más aportaron fueron altos empleados de las compañías mineras de la localidad, comerciantes y demás clientes del Banco. La dedicación de sus adoradores fue tanta que en el escrutinio final transmitido con bombos y platillos por “Radio Azul”, Chelita resultó ganadora por abrumadora mayoría de votos. La algarabía fue indescriptible. El día de su coronación en el “Club de la Unión” todos sus adoradores, los bancarios, bailaron con ella hasta la madrugada del día siguiente. Estaban muy felices. Sin embargo, ninguno había conseguido siquiera una esperanza de aquella preciosura. No importaba. Estaban seguros que tarde o temprano caería en brazos de uno de sus admiradores. Con tal de que fuera uno de ellos, no importaba de cuál, el resto sabría  perder si no era el elegido. No se equivocaron.

La última mañana de aquel mes, cuando todos se habían presentado puntualmente a laborar, extrañamente faltaba el Contador. ¿Qué ha pasado con “El Largo”? se preguntaron todos. El jefe, amargo como Pichín porque sin él no se podía iniciar el arqueo de caja, ordenó a que Choquehuayta fuera de inmediato a despertarlo. El muchachón voló a cumplir con el encargo y en poco tiempo estuvo de vuelta. Ni bien entró, el jefe preguntó:

  • ¿Lo has encontrado?
  • Sí señor
  • ¿Le has dicho que venga inmediatamente…?
  • Sí señor…
  • Pero… ¿Todavía no se levantaba…?
  • No, señor…estaba durmiendo
  • ¿Durmiendo, dices….?
  • Sí, señor; con la señorita Chelita.

Las miradas sorprendidas convergieron en el escritorio de la preciosura y comprobaron que tampoco había venido a trabajar. Quedaron estáticos sin poder creer lo que estaban escuchando. Quedaron alelados. Estoy seguro que nunca habían experimentado un desengaño tan enorme  como aquel. El silencioso “Largo”, sin decir una palabra, sin rendirle ningún homenaje, sin mirarla siquiera, se había hecho de aquella preciosidad de mujer que la semana siguiente tuvo que marcharse al saberse descubierta por sus despechados adoradores.

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“LOCUTORES EN EL PERÚ” OSCAR ARTACHO MORGADO Y “PREGÓN DEPORTIVO”. Escribe José Carlos Serván Meza

Con afecto y respeto reproducimos la interesante crónica escrita por el admirable amigo Serván que relata la presencia de uno de los mejores narradores deportivos que ha tenido el Perú y dejó gran escuela en todos los que seguimos el hermoso periplo de la narración deportiva. Con ello nuestro homenaje a Roberto Casquero Leyva y Jorge Soria Méndez, colegas cerreños, que laboraron con él en la brillante época de Radio el Sol.

Oscar ArtachoCon los hermanos Artacho Morgado, Oscar y José Luis “Lucho Vélez”, nos tocó compartir una amistad casi familiar. Angel, el mayor de los Serván, fue ahijado matrimonial de Oscar y lo que motivó un mayor acercamiento. Fueron fundadores de “Pregón Deportivo”. Cada cumpleaños de los integrantes del plantel, se celebraba en nuestra casa de Surquillo y mi Barbarita, nuestra madre, mostraba todas sus habilidades para que el agasajo fuera todo un éxito. Nosotros éramos simples espectadores. Mucho me acuerdo de Ulises Jordán, un paraguayo que pasó por las filas de “Pregón Deportivo. Las fotografías en las páginas deportivas de los diarios y los comentarios sobre el debut de Oscar Artacho en el Mariscal Sucre. “Jugador de buena talla, ha demostrado habilidad en el dominio del balón pero necesita ambientarse más para lograr su mejor estado físico”. Fue en la época del viejo Estadio Nacional con graderías de madera y que, a pesar de ello, era más acogedor. En aquel escenario, captamos los mejores recuerdos del deporte peruano: fútbol, box y los campeonatos de atletismo.

Ante una pronta lesión que lo alejó de los campos, Oscar, ya no muy entusiasmado por jugar, visitaba Radio Colonial para una entrevista y fue Oscar Torres Bouroncle, famoso narrador deportivo, quien lo motivó a enfrentarse al micrófono. Había notado cualidades innatas en Oscar, improvisación, facilidad de palabra y buena voz. Las estrellas del relato deportivo de aquel tiempo, eran Juan Sedó, Eduardo San Román, Gustavo Montoya, Alberto Mecklemburg y el propio Torres Bouroncle. Se conectó con Raúl Goyburo y Miguel de los Reyes. El primero, periodista del Comercio y muy leído. Miguelito, famoso por ser anunciador de las peleas de Box y ampliamente metido en el deporte. Fidel Ramírez Lazo, tremendo locutor comercial, fue el que sugirió el nombre de “pregón” y la voz primera que anunciara el programa y su publicidad. Fueron la base, a la que se aunaron Lucho La Torre, Alfredo Narváez, Lucho Palma y por supuesto, el bisoño Angel Serván.

Debutaron en Radio Central y fue todo un suceso el oír cantar el gol, a la manera de Oscar Artacho. Era espectacular. Voz arriba, muy tonante y prolongándola ostensiblemente. La característica de Pregón fue “La Marcha de las Américas”:¨”Un canto de amistad, de buena vecindad, etc.” Recuerdo a Carlos Curonissy, locutor comercial, decir luego de la entrada de la marcha con uno de tantos auspiciadores: “Mente sana en cuerpo sano y … dientes hermosos con Kolinos”. Continuaba la música desde el control y venía la presentación de todo el elenco. En nuestra casa se vivía cada transmisión por escuchar también a nuestro hermano mayor Ángel. Esa cortina musical la teníamos en casa, una de las tantas copias, y nos servía para hacer nuestras primeras prácticas de locución. Con César Augusto, otro de los Serván metidos en esta digna profesión, hicimos nuestros pinitos.

La sintonía era bárbara. En el colegio, todos queríamos ser Oscar Artacho, la gran revelación de la narración deportiva y finales de la década de 1940. Integré el elenco y recuerdo que en una etapa cruel para Oscar, 1958 aproximadamente, lo ayudé en una transmisión que salió por la onda corta de una emisora boliviana y jugaban justamente los seleccionados de Bolivia y Perú. Para remate, perdimos aquel encuentro. Lo hicimos por amistad y, por coincidencia, superando anímicamente momentos de pesar en la familia de mi esposa y  que había sufrido la pérdida de su querida abuela materna. Me encargó la redacción de la publicidad y por supuesto la locución. Allí estuvimos solos en una cabina de nuestra estadio y esto fue un pasaje que no olvido.   En la celebración de un aniversario de Pregón Deportivo, hice alusión a ese hecho como “La Noche Triste de Artacho”. Don Alfonso Reverditto y Miguelito de los Reyes, ignoraban lo que expusimos cuando ya Oscar no pertenecía a este terreno mundo.

Tuvimos la suerte de pasar buenos momentos, cuando nos encontrábamos por la época de TELECENTRO en Panamericana Televisión. Allí conocimos a su sucesor Raúl Maraví Ayala y en la recordada parrilla de la avenida Arenales, compartimos una cordial relación con los nuevos elementos de “Pregón Deportivo” ya con su propia emisora en la que fuera la señal de Radio Selecta de Lima y que adquirió en propiedad de manos de José Eduardo Cavero Andrade. El propio Oscar Artacho nos invitó a sus estudios y fue una inolvidable entrevista la que nos hicieron recordando viejos tiempos. Allí estuvo nada menos que Gilberto Torres, el gran “wing” de la “U” y que tenía su espacio tanguero. Por supuesto que estuvo Miguelito de los Reyes, leyenda de “Pregón Deportivo” y con quien también nos tocó dar, como Presidente de la Asociación de Locutores del Perú, el último adiós a otro célebre de sus integrantes, Raúl Goyburo, en el Cementerio de la Planicie y en donde descansan los restos mortales de ambos.

Fue Oscar Artacho Morgado, el que revolucionó nuestras transmisiones deportivas radiales. Llegada la televisión probó suerte y tuvo algunas apariciones pero sin lograr algún buen resultado. Falleció al no poder superar una delicada operación a la que fue sometido y su sepelio reunió a muchas autoridades y figuras deportivas, familiares, amigos y admiradores. Nos dejó sin volver a escuchar al narrador deportivo que cantó el gol de manera diferente. Dejó una escuela de la que todavía hay quienes asimilaron sus enseñanzas. Sentimos mucho su deceso, tanto o más de cuando falleció su hermano, “Lucho Vélez”. Así fue OSCAR ARTACHO MORGADO, creador de “PREGÓN DEPORTIVO”. Una voz y un programa inolvidables! Gracias.

 

Mineros del Cerro de Pasco (1902)

mineros del Cerro de Pasco 1902Grupo de mineros a la entrada del local de la Diputación de Minería en el Barrio de Cruz Verde los últimos días de diciembre de 1902 cuando todos habían vendido sus minas a la compañía Norteamericana “Cerro de Pasco Mining Company”: Miguel Gallo Díez, Gerardo Negrete, Antonio Languasco, Juan Esparza, Zenón Gallo Malpartida, Ignacio Alania, Joaquín Gordillo, Eduardo Steel, Jonás Marín, Luis Ravenna, Jerónimo Valdivieso, Nicolás Martinench, Agustín Tello, Pedro Fuentes y Berrío, Miguel Otero, Juan Enrique Valladares, Domingo y Demetrio Olavegoya, Miguel Francisco Otero, José Apotino y Gedeón Fuster, Miguel Stankovich, Zlósilo Hermanos, Paolo Lesevic, Idrian Miloslavic, Francis Kukurelo, Leopold Vlasica, Mercen Franciskovic, Johan Carcovic, Vitor Nadramia. En la fotografía no está don Eulogio Fernandini de la Quintana que es el único que no quiso vender sus propiedades de Colquijirca.

Al respecto, en el capítulo 17 de “Pueblo Mártir” (historia del Cerro de Pasco), decíamos: “Algo que llamó poderosamente la atención de la prensa nacional fue la fabulosa introducción de 19 millones de dólares, cantidad que la empresa norteamericana y ferrocarrilera del Cerro de Pasco trajo al Perú para pagar adquisiciones y trabajos en nuestra ciudad. Los Bancos, especialmente el de Perú y Londres se vio en la urgencia de importar monedas por el monto de 16 millones de soles para hacer más dinámico el movimiento del dinero”.

“Los ocho diarios que se editaban en nuestra ciudad, no se cansaban de magnificar la decisión de los financistas norteamericanos. EL ECO DE JUNÍN, decía “Se abre una esperanza de luz para nuestra minería y, consecuentemente, para nuestra ciudad que así seguirá por el próspero camino de la opulencia. No dudamos que no sólo nosotros, sino pueblos aledaños como los del valle del Mantaro y Huánuco, tendrán mayores oportunidades de comerciar en el Cerro de Pasco que, además, brindará oportunidad de trabajo y bonanza a quienes deseen engrosar las filas de servicio  a la nueva compañía”.

EL INDUSTRIAL, puntualizaba “Estamos ad portas de un nuevo despegue de la economía y el trabajo, pilares de nuestra tierra. Por los planes que se han hecho conocer, podemos asegurar que la nueva compañía norteamericana establecerá un monopolio minero en nuestra ciudad. Una modalidad no practicada hasta ahora, pues, anteriormente, la pluralidad de propietarios y por ende, la competencia entre ellos, determinó que nuestro progreso fuera lento. Ahora, con los capitales y la nueva tecnología que traen, no dudamos que obtendremos buenos resultados para nuestra tierra”. 

Así como estos, EL MINERO, EL SIGLO, EL REGENERADOR DEL PUEBLO, LOS ANDES, LA GACETA, LA UNIÓN, hacen lo propio.  Por otra parte, el Banco del Perú y Londres que venía desarrollando una copiosa actividad económica en nuestro pueblo, brindó sus oficinas para que mediante ella los norteamericanos pudieran efectuar sus transacciones. Era febril la actividad por aquellos días”. Cerro de Pasco (Historia del pueblo mártir del Perú). Tomo V.- Capítulo Diecisiete. Página 35).

Doña Pepa y su turrón De “Huellas Digitales” de EL COMERCIO

turron de doña pepaDurante el mes morado, los peruanos nos vemos envueltos en un torbellino de sensaciones, aromas y sabores. La fe por el Señor de los Milagros se refleja en las calles, que son desbordadas por fieles y curiosos que aprovechan para probar el tradicional turrón de Doña Pepa. Conozcamos la historia de Josefa y su arte para crear el más célebre de los dulces peruanos.

El turró de Doña Pepa es un dulce tradicional peruano formado por varios palitos de harina distribuidos en bloques de manera similar al juego de yenga, bañados con miel de chancaca y decorado con coloridas grageas, confites y frutos secos.

Pregoneros con historia

Durante las épocas colonial y republicana existió un oficio dedicado exclusivamente a la venta del turrón, conocido como ´turronero´ o ´turronera´, personajes que fueron plasmados en crónicas y acuarelas costumbristas de Pancho Fierro y el francés Charles Angrand.

Los turroneros formaban parte del desfile de personajes coloniales que incluso perdura hasta nuestros días. El pregón que las turroneras de Lima antigua cantaban a viva voz era “¡Turrones! ¡Turrones! ¡Los más sabrosos turrones!”. En la actualidad suelen gritar más alto con megáfono en mano para llamar la atención de los potenciales clientes. ¿Quién no ha caminado por los alrededores de la iglesia Las Nazarenas y le han invitado un trocito de turrón?

El origen del turrón

Existe más de una historia sobre el origen del turrón de Doña Pepa. Muchos investigadores han dado alcances muy significativos de su creación. En otros se narran como cuentos incompletos, casi leyendas urbanas que contaremos acompañados con un pedacito de este delicioso dulce.

La primera se refiere a una cocinera morena, casada con un señor de apellido Cobos, antiguo empleado de la Beneficencia Pública. Su verdadero nombre habría sido Josefa y era especialista en preparar piqueos, por lo que se hizo infaltable en las famosísimas corridas de la Bomba de Lima, donde deleitaba con sus sabrosos picantes. Además tenía la habilidad para elaborar sango, ñaju y chicha. Josefa inmortalizó su nombre con unos originales turrones de harina de trigo, manteca, huevo y miel.

La segunda referencia data de fines del siglo XVIII cuando una esclava del valle de Cañete, Josefa Marmanillo, más conocida como Doña Pepa, creó que el turrón en honor al Cristo de Pachacamilla. Ella era una buena cocinera que empezó a sufrir parálisis en los brazos. Al escuchar los rumores sobre los milagros que realizaba el Cristo Moreno decidió viajar a Lima para venerar la imagen. Tanta fue su fe y devoción que se recuperó de los males que la atormentaban.

En agradecimiento preparó este colorido dulce y lo ofreció a los feligreses en cada salida que hacia el Señor de los Milagros, haciéndose conocidos como los Turrones de Doña Pepa.

Una tercera referencia habla de un virrey que organizó un concurso para premiar a quien hiciera un alimento agradable, nutritivo y que se pudiera conservar por varios días: la ganadora no fue otra que Josefa Marmanillo, por lo que su apodo ‘Doña Pepa’ quedó asociado al postre. De este relato no hemos escuchado mucho.

¿Existió Doña Pepa?

Luis Alberto Sánchez, al escribir un reportaje sobre el Señor de los Milagros en la revista “Mundial” (1921), pudo entrevistar a un limeño de pura cepa llamado Carlos Gamarra, quien le contó que sí existió Doña Pepa. Le dijo: “Doña Pepa fue una morena limeña, llamada doña Josefa de Cobos, casada con un empleado de la beneficencia. Doña Josefa era invitada a todas las fiestas criollas e inmortalizó su nombre con esos turrones maravillosos de harina de trigo, manteca, huevo y miel. Era una criolla de ley, no solo hacía turrones sino también el piqueo criollo y preparaba sango, chicha y turrón, especialmente para las corridas de toros de Lima.”

José Gálvez en su obra “Calles de Lima y meses del año” (1984) afirma que existió Doña Pepa y también que hubo un turronero limeño tan famoso como ella llamado Cubillas.

¡Qué rico turrón!

El turrón de Doña Pepa no es exclusivo de octubre, pues está presente todo el año, en los supermercados, grifos, bodeguitas, ambulantes, delivery y en la exportación de nuestros productos de alta calidad. Definitivamente el nuevo siglo es exigente y demanda mucho más a la cocina peruana.

Se han hecho demostraciones divertidas del gusto por el turrón. En octubre del 2008 se preparó en la cuarta cuadra de la avenida Tacna el turrón de Doña Pepa más grande del mundo que alcanzó 161 metros de largo y en octubre del siguiente año se superó este récord con un turrón que medía 307 metros de largo elaborado por los alumnos del Instituto de Alta Cocina D`Galia.

Distintos escritos han afirmado la existencia de Doña Pepa y su turrón. Otros le han sumado relatos que nos divierte escuchar, pero tal vez no podamos corroborarlos. Nuestro turrón de Doña Pepa es parte de nuestra historia, tradiciones y costumbres. Disfrutemos de su sabor y de sus relatos en octubre y cuando nos provoque.

Los canillitas, toda una historia…

(Esta semblanza de la pluma de Juan Gargurevich –indiscutible maestro del periodismo- habla de los niños que antaño recorrían las calles pregonando los diarios del día. En el Cerro de Pasco también hubo niños que realizaron esta tarea a la llegada del ferrocarril)

los canillitasNo conozco ninguna investigación sobre los canillitas (ahora “expendedores de diarios”) pese a que han sido siempre parte del sistema noticioso clásico. Se ha preferido estudiar otros niveles de la producción informativa olvidando que el vendedor de noticias es tan antiguo como el periodista.
Cuando la prensa popular norteamericana de bajo precio de mediados del siglo 19 aprendió que con mejores noticias serían mejores las ventas, lo siguiente fue salir a la calle y gritarlas, apareciendo los “newsboys” que más tarde llamaríamos “canillitas”, una voz de origen argentino.

¿Y en el Perú? Agustín Cortegana estableció que el diario “Las Noticias” presuntamente de propiedad de Nicolás de Piérola, fue el primero que en 1878 convocó “Muchachos, ancianos o mujeres pobres. Para vender el diario en las calles. Se les asegura una ganancia fija de ocho reales todos los días…”.

(En el diario “La Primera” publiqué esta columna y adjudiqué el novedoso método de vender diarios en la calle al diario “La Patria”. Fue un error mío, como ven).
Al iniciarse el siglo 20 eran ya indispensables y había que tenerlos muy en cuenta. El sistema era sencillo: iban al diario en la noche tarde o en la madrugada, compraban una cantidad que trataban de vender al día siguiente; si no lo hacían, tenían derecho a devolver el sobrante, lo que se aplicaba para la compra siguiente, y así sucesivamente.

Los viejos canillitas tenían un olfato noticioso extraordinario. Sabían cuando la noticia sería “vendedora” y entonces compraban más y no faltó quien más de una vez pidió consejo sobre una primera página a los veteranos.

Andando los años se convirtieron en un gremio importante, luego sindicato, capaz de boicotear con éxito las venta de un periódico que no cumpliera con los pactos. Y tampoco fueron ajenos a la política y las divisiones pues hubo quienes prefirieron el paternalismo de los Miró Quesada, enfrentados a los apristas –que no los olvidaron cuando llegaron al poder en 1945.

Manuel Seoane fue quien propuso y logró que se aprobara la “Ley de Seguridad Social del Canillita”, Nro. 10674, que les otorgaba porcentajes de la facturación por avisaje, lo que resultó muy difícil de cobrar. Pero en 1973 se unificaron en una “Federación Nacional”, manteniendo la unidad a duras penas hasta que nuevamente la política los ha separado y están en plena discusión sobre un controvertido dirigente.

Los viejos canillitas ya no existen; nadie vocea ya periódicos en las calles pues todo ha cambiado y ahora esperan sentados a que los clientes acudan al kiosco.

LEYENDA DE NINAGAGA (LA TIERRA DE FUEGO)

Ninacaca
Vista del distrito de Ninacaca. Imagen tomada del Blogg rodrigoinformatemas

En aquellos tiempos, cuando los Chinchaycochas habían sido sometidos por los incas, llegó a la zona un grupo de arquitectos imperiales con el fin de construir el pueblo de PUMPU, nucleando a todos los villorrios diseminados en una unidad arquitectónica coherente. Entre estos pueblos andinos se encontraba TIAN PAMPA, germen de lo que más tarde sería el pueblo de Ninagaga.

TIAN PAMPA erigida en una amplia planicie pedregosa estaba constituida por una serie de calles regulares trazadas siguiendo el criterio de unidad urbana de entonces,  con casas edificadas con piedras pequeñas y regulares unidas solamente por una argamasa de tierra arcillosa. Cuatro barrios tradicionales la integraban: Yanayacu, Carhuacayán, Recuay y Colca. Sus hombres estaban dedicados a la cría de llamas, alpacas y vicuñas. En la agricultura, producían maca, papa shire, oca, mashua, y una valiosa variedad de alcacer.

Transcurridos los años, en 1584 para ser más precisos, en su viaje por la jurisdicción de su Arquidiócesis llegó a visitar esta pintoresca aldehuela nada menos que el arzobispo Toribio Alonso de Mogrovejo, piadoso e incansable sacerdote que más tarde sería elevado a los altares, canonizado como santo.

Este gran apóstol del Perú, nacido en Valladolid en 1538, había estudiado Leyes en Salamanca. Cuando tenía treinta años fue nombrado Inquisidor Mayor de Granada. Este severo título se convirtió -en sus manos-  en instrumento de amor, de piedad y salvación. Los herejes o infieles encuentran en él al padre compasivo que es portador de valores eternos y divinos. A los cuarenta, en nombrado arzobispo de Lima. En ese cargo, a pesar de las enormes dimensiones  de su archidiócesis de centenares de leguas, rodeada de la dificultad de las ciudades colgadas de picos inaccesibles y aldehuelas perdidas en los repliegues de los Andes, llegó a todas partes en dieciséis años de caminatas por valles y montañas, por ríos desconocidos y quebradas formidables. Entraba en las míseras chozas, buscaba a los indígenas dispersados y huidizos, les hablaba en su propia lengua, les sonreía paternalmente, les ganaba para Cristo. En esto fue otro San Francisco Javier. Se convirtió en catequista sencillo que se ganaba a los grupos poniéndoles bajo la dirección de un sacerdote, los agrupaba en torno de una iglesia y les acostumbraba a una vida laboriosa. Algún tiempo después volvía para ver la obra que Dios había iniciado por sus manos; alentaba a los nuevos cristianos y les administraba el sacramento de la Confirmación. Son en número inverosímil de millares los campesinos que confirmó en aquellas andanzas y misiones apostólicas. No es de extrañar que le mirasen con respeto. Más de una vez su celo le llevó a las puertas de la muerte; rodar por las rocas y precipicios, perderse en los bosques, caer en los ríos, hundirse en los ventisqueros y en las lagunas; no pocas veces exponerse a la violenta actitud de los que veían en él al blanco, no al hombre de Dios… He aquí los azares de su apostolado. Podemos decir que Toribio tenía un solo ideal claro, cristiano: extender el reino de Cristo y la salvación de los hombres.

Bueno, sucedió que la noche de su histórica visita, cuando las sombras nocturnas cubrían con su prieta negrura la pasividad del poblado, ocurrió algo espectacular e inolvidable. Se produjo una repentina explosión de fuego como colosal incendio de vivos colores que iluminó al pueblo con una gama de hermosas tonalidades concitando la admiración y el temor de las gentes. Parecía como si una candelada de fulgurantes coloraciones surgiera de las rocas de ASIAGPUQUIO. Santo Toribio -sabio y perspicaz-, dominador del quechua que había estudiado con gran amor, aplacó el temor de las gentes esbozando una abierta y franca sonrisa, diciendo:
– ¡Kay Ninagaga llacta! (¡Esta tierra tiene fuego!). Luego hizo un silencio significativo y no quiso explicar que se trataba de una extraña aurora boreal que muy rara vez se produce en estos apartados lugares.

El caso es que desde entonces, la bonita aldea adoptó el nombre de Ninagaga. Lástima que transcurrido los años, por extraña e incomprensible influencia, le cambiaron a Ninacaca sin respetar para nada ni su etimología ni su pronunciación.

LAS CULEBRAS

las culebrasEntre los españoles que han dejado grandes recuerdos en nuestra ciudad, esta don Vicente Ruiz que a poco de llegar de España abre una tienda comercial que con en andar del tiempo alcanzó enorme popularidad. Inaugurada solemnemente el 16 de julio de 1850 en homenaje a la matrona la santísima Virgen del Carmen, ostentaba a su puerta un enorme cartel con su nombre: VICENTE RUIZ, conforme se puede apreciar en la fotografía que estamos mostrando, tomada a fines del siglo XIX, en la que se ve un nutrido hato de llamas entrando en la ciudad trayendo las cosechas de las quebradas para el consumo del pueblo. Los llameros con sus silbidos característicos y el cencerro de las primeras llamas daban un toque especial al momento. Se puede ver en la fotografía el empedrado de las calles con su acequias por donde circulaban las aguas servidas; los faroles a gas que alumbraban la ciudad, poco tiempo después se va a instalar la luz eléctrica; a lo largo de éstas y otras calles una serie de sólidos balcones corridos de pino blanco; a la izquierda el famoso Hotel Universo donde se alojaban los visitantes más exclusivos y que más tarde se va a convertir en el Banco Italiano que se transforma en el Banco de Crédito; en frente, otro famoso Hotel del griego Markos Cosakos y más tarde fue vendido en 1910 para ser sede del Club de la Unión; a la izquierda la calle Dos de Mayo donde estaba establecido el TROCADERO, afamado bar de pertenencia del italiano Giovanni Cortelezzi, natural de cómo Italia; al lado derecho la calle que conduce a la Plaza del Comercio (Más tarde Centenario) con sus numerosas casas comerciales y el Estanco de la Sal, el Hospital Carrión, más allá la calle Huánuco.

Al fondo, con las puertas abiertas de par en par, como se estilaba aquellos tiempos, el negocio que durante todo el día comerciaba activamente no sólo con las gentes de la ciudad sino también con las que venían de pueblos vecinos para aprovisionarse de comestibles, mostrando todos los productos en venta colgados en ganchos especialmente colocados. La tienda como puede verse en la publicidad que se desplegaba en los diarios de la ciudad representaba a comerciantes españoles de Madrid, Jerez y Jijona que enviaban sus productos directamente a esta casa importadora directamente de Europa y Estados Unidos.

Este cartel es muy expresivo. Andando el tiempo, debido a que en el perímetro contiguo funcionaba la “Tienda del Lagarto” donde se vendía el licor de caña en abundancia. El almacén más tarde comprado por la firma Gallo Hermanos, se hace más conocida por el GRAN ALMACÉN DE LAS CULEBRAS –esto nos lo asegura nuestro patriarca Gerardo Patiño López- porque en la parte céntrica de sus anaqueles, unos frascos enormes conteniendo cristalino aguardiente de caña de la montaña en cuyo interior podía verse unas enorme culebra enroscada como si estuviera viva. A partir de entonces los “publicistas” diseñaron un “chuncho” de la selva con varias culebras en su entorno. Cuando se cerró este gran almacén, ya de propiedad del italiano Alessio Sibille, en sus bodegas encontramos gran cantidad de vinos, y cognac franceses de las mejores marcas, todos cubiertos de polvo. Fueron los licores de nuestras primeras inocentes trancas juveniles con los herederos de don Alessio. ¡Cuántas cosas se han perdido con el avance del infame “Tajo Abierto”!!!!

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