FRATERNIDAD CARRIONINA (1958)

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En uno de los salones del restaurante ASTORIA, en fraternal reunión, profesores, empleados y auxiliares del Colegio Nacional Daniel A. Carrión, celebrando el onomástico del director del plantel, doctor Basilio Orihuela Melo.

De izquierda a derecha, de pie, están: Raúl Canta Rojas, inspector de educación; Abelardo Véliz, contador ecónomo; Carlos Román, profesor de inglés; Juvenal Augusto Rojas, excelente poeta, profesor de Castellano y notable periodista; Luis González y González, profesor de Literatura; Raúl Colca Malpartida, inspector de Educación que tuvo extraordinario desempeño en el cargo. Su experiencia acumulada a través de muchos años los volcó al servicio del plantel cuando llegó a desempeñar el cargo de Director. Fue uno de los más notables. Miguel Dávila Ramos, profesor de educación física y extraordinario deportista. Como futbolista y basquetbolista, fue integrante de las selecciones cerreñas. Dirigió al equipo profesional “Unión Minas” del Cerro de Pasco con magníficos resultados.

Sentados, de izquierda a derecha: Basilio Orihuela Melo, director del plantel (Homenajeado); Abad Ricaldi Huacachín, connotado abogado y profesor, director de la sección nocturna; Toribio Quijano Tamayo, profesor de Química; Pablo Montalvo Lavado, profesor de Literatura; Priscilo Laurencio Vara, “El Toro”, regente del colegio; Nectalio Acosta Ricce, bibliotecario y aplaudido basquetbolista de aquellos momentos; Agustín Bustamante Montoro, profesor de matemáticas y notable basquetbolista formado en las filas del “Rizo Patrón”. Ambos destacados integrantes de las selecciones de básquetbol de Pasco.

Muchos de estos brillantes amigos, ya no están con nosotros pero, pasados los años, los recordamos con mucho cariño y gratitud.

NUESTRA VIEJA TORRE DEL HOSPITAL CARRION

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LA TORRE DEL HOSPITAL CARRIÓN

Hospital Carrión tomada desde el interior del nosocomio, no podemos menos que admirar la visión de sus fundadores al rodearla de árboles nativos como son los “Quinuales”, únicos que se atreven a crecer a más de cuatro mil metros de altura. ¿Qué les pasó a nuestros viejos?  ¿Por qué no hicieron lo propio en otros tantos edificios y lugares de nuestra ciudad? Tuvo que pasar muchos años para que nuestro patriarca, don Gerardo Patiño López, hiciera otro tanto en nuestro cementerio general. Trajo de su fundo San Miguel pequeños arbustos y los plantó a la entrada del camposanto. Hoy día, supérstites –todavía vivos- siguen proclamando la grandiosa intención de nuestro maestro. Cuando estuvimos al frente de la Beneficencia, hice traer pequeños plantones que los sembré en nuestro cementerio. No lo va usted a creer, al día siguiente habían sido arrancados de raíz sin que quedara ninguno. Supe que sujetos venidos de otros lugares los habían arrancado. Hay sujetos que no obstante vivir en nuestro suelo y ganar el sustento en nuestra ciudad, hieren la mano de los que le dan de comer. ¡Lástima!.

Hoy en día, cuando vemos nuevas imágenes de nuestro pueblo, ya podemos alegrarnos de que exista una hermosa arboleda en varios lugares. Tuvo que ser una admirable cerreña, Amanda López Gamarra –entonces alcaldesa de Yanacancha, la que se ocupara de sembrar estos árboles. Claro que para ello tuvo que luchar mucho. Lo sabemos. Ordenó que a estas plantas la resguardaran con alambres de púas contraviniendo las campañas de ciertos periodistas que criticaron su decisión. El resultado es plausible y hermoso. Gracias, Amanda.

Ahora, con todo respeto, hablemos de nuestra torre.

Los mineros de diversas nacionalidades que explotaban nuestras minas determinaron  construir un hospital como un homenaje de gratitud a la ciudad que los cobijaba. Los consulados español, italiano, francés, inglés y austro húngaro, después de ad­quirir el terreno correspondiente, inician su construcción el 1º de enero de 1858 y es inaugurado en 1864, con el nombre de HOSPITAL  LA  PROVIDENCIA, once años antes que el Hospital Dos de Mayo de Lima, inaugurado el 28 de febrero de 1875.

Lo más resaltante del edificio del hospital fue su monumental torre de piedra. Debido a la iniciativa del coronel Bernardo Bermúdez y de don José Malpartida Cuestas, fue levantado piedra sobre piedra por artesanos de entonces. Visible desde todos los puntos de la ciudad, lucía, en la parte alta, un hermo­so reloj armado ex-profeso por el genial Pedro Ruiz Gallo. Este reloj -símbolo del  indomable espíritu cerreño- marcó por muchos años el palpitar del pueblo minero, con sus triunfos y derrotas; con sus tragedias y alegrías.

Como homenaje de recuerdo a Juvenal Augusto Rojas -uno de los más destacados periodistas del Cerro de Pasco-. trascribimos su nota referida a nuestra histórica Torre. Juvenal abogaba para que se construya una réplica que se consiguió años después. Sus palabras fueron escuchadas.

 “No es necesario recontar la historia de esta torre; tampoco es necesario repetir que en nombre del “progreso” las máquinas de Centromín darán cuenta de ella. El conglomerado humano que vive, trabaja y piensa en el Cerro de Pasco y zonas adyacentes, sabe de antemano el próximo final de la torre. Todos los que conocen esta Capital Minera del Perú, guardan en su memoria la preciada imagen de la torre. Ahí está ella, como el rostro inolvidable que de algún amigo se guarda. Ella pertenece a todas las personas sensibles; a todas aquellas que educaron sus espíritus; a quienes hacen cultura. Ellas no conciben Paris sin su Torre Eiffel, ni Londres sin su Big Ben, ni Pisa sin su torre inclinada. Quiten el Centro Cívico o su Feria y dejará de ser Huancayo; destruyan “Calicanto” o su hermosa Plaza de Armas, faltará Huánuco; porque éstos son los entes, las esencias, el  substráctum de aquellos pueblos. Es un delito extirpar estas esencias, por muy nobles que sean los propósitos. Quienes destruyen lo vital de los pueblos son asesinos de la cultura. Están cometiendo delito de lesa cultura. Por supina ignorancia se puede caer en este terreno, pero ahora que lo planificado, panificado está, urge –conscientemente- disminuir el error y la afrenta. Si la torre tiene que caer, que se construya una réplica para mejorar y darle unidad al nuevo Hospital Carrión de San Juan Pampa. ¿Estamos?

(De Pluma Arterial,  publicado en “El Pueblo” Nº 18 de 27 de noviembre de 1978)

¿Sabía usted…?

Que el año de 1957, con motivo de celebrarse el primer centena­rio del nacimiento de nuestro mártir, se remodeló nuestro Nosocomio con setecientos mil soles donados por el Fondo Nacional de Salud y Bienestar Social. También, los hermanos Fernandini Clotet, sucesores de don Eulogio Fernandini, hicieron llegar su donativo consistente en una mesa de operaciones y un equipo completo de anestesia. La Cerro de Pasco Corporation, diez mil soles, la instalación de alumbrado y calefacción en todo el hospital; la Compañía Minera MILPO, un magnifico equipo de “autoclave” para la sala de operaciones; la Cia. Minera Atacocha, una moderna carroza (Al no ser utilizada como tal ya que la tradición del pueblo no lo permitía, tuvieron que convertirla en Ambulancia). Igualmente hubo donativos de los Ingenieros, Edgardo Portaro y Felipe Bautista. Los trabajadores del “Staff” de la Cerro de Pasco Copper Corporation donaron, sábanas, frazadas, ropas para los niños, medicamentos, biberones, pijamas etc. Fuente: (LA ANTORCHA, 8 de febrero de 1960).

El Padre Salomón Bolo Hidalgo Escrito por El Tío Juan, en EL COMERCIO.

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Imagen del Blog de la PUCP

El padre Bolo fue todo un personaje en nuestra patria. Su arraigo fue de tal magnitud que en nuestro Cerro de Pasco se le puso su nombre a un cantor de responsos que pasó a la posteridad popular por ser protagonista de más de un centenar de anécdotas. Más de una vez, en ese mismo espacio, las hicimos conocer ¿Recuerdan? En el presente caso nos estamos refiriendo al auténtico Bolo que,  de una u otra manera es personaje de nuestra política criolla.

El padre Salomón Bolo Hidalgo ha muerto arañando los ochenta y su defunción aparece en el diario “El Comercio”, el último lugar en que, estoy seguro, hubiera querido estar un rabioso luchador social como él. Aunque pensándolo bien, su afán de notoriedad (de “peliculina” como decimos a veces) era tal que a lo mejor estás feliz de haber llegado por fin a un periódico que le fue esquivo por tantos años.

Salomón Bolo es el probablemente el último de una estirpe de luchadores sociales de los años 60 que en algún momento atravesaron la línea que divide a los radicales extremos de los anecdóticos y se convirtieron casi en personajes de farándula. No fue así al principio. Era Capellán del Ejército, con el grado de Teniente, cuando abrazó la causa nacionalista ayudando a fundar el “Frente Nacional de Defensa del Petróleo” que encabezaba el general César Pando, otro gran personaje de dramas y anécdotas. Fue expulsado del Ejército y deportado por Odría a la Argentina, donde ya fue recibido apoteósicamente como “cura comunista peruano”.

Al año siguiente el mismo general Pando lo llamó para fundar el “Frente de Liberación Nacional” (FNL) y participaron en las elecciones de 1962 que, recordarán, ganó el APRA por estrecho margen. Ahí estuvo también el humorista Sofocleto en su última actuación como izquierdista en serio.

Los comicios fueron anulados por el golpe militar y al poco tiempo cientos de opositores fueron arrojados a la Colonia Penal El Sepa. Ahí estuvo por supuesto el padre Bolo protestando, vociferando, reclamando justicia social.

Por esos años visitar la Unión Soviética y China era un privilegio para iniciados y allá fue Bolo Hidalgo ¡con sotana! pese a que la jerarquía eclesiástica ya le había suspendido derechos.

Para los duros comunistas soviéticos fue una sorpresa recibir a este presunto cura católico con sotana y todo que predicaba la revolución marxista leninista. Por supuesto, se lo enseñaron al propio Nikita Kruschev.

Igual pasó en China, donde estrechó la mano de Mao Tse Tung. Total, el padre Bolo tenía fotos con el Ché, Fidel Castro, el Amado Líder Kim Il Sung, etc. Estuvo en el cenit de la gloria marxista leninista.

Pero ya en los años 70, cuando la Revolución de la Fuerza Armada pocos lo tomaron en serio aunque le concedieron que había tenido un rol en el Frente petrolero. Pero hasta ahí nomás.

Devino entonces en personaje anecdótico, quejoso y hasta ridículo sumándose al grupo donde también recaló, por ejemplo, el trotskista arrepentido Ismael Frías Torrico. Escribió varios libros como “¡Silencio Mentirosos! La verdad sobre la URSS” con recuerdos de viaje al paraíso comunista. Todos francamente olvidables.

Presumía de periodista y fundó la “Asociación Nacional de la Prensa No Diaria” (Anaprensa) y por esto lo tuve que sufrir en aquella campaña por el decanato del Colegio de Periodistas en 1983. Era un verdadero torturador, por perseguidor y pesado. Cuando apareció Internet encontró el espacio ideal para sus ideas (aunque de cuando en cuando le publicaban algo en la revista “Gente”) y alcanzó todavía a rendir homenaje al procoreano Castro Lavarello, otro luchador de su estirpe.

Francamente, su muerte debía ser anunciada en su amada Plaza Dos de Mayo con una gran pancarta que diga, más o menos “Ha muerto el persistente padre Bolo. Era un luchador”.

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 ¿Sabía usted…?

Que el mes de junio de 1918 muere de una embolia cerebral el ciudadano inglés Henry Stone. Vivió 48 años en nuestra ciudad. Llegó muy joven y fue representante de la Cerro de Pasco Mining, también llegó a ser cónsul de Gran Bretaña, pero sobre todo, fue amigo integérrimo de los cerreños. Bailaba con un arte singular nuestro huaino. Pidió a sus amigos que al morir lo enterraran en nuestra ciudad. Se cumplió su encargo, pero su tumba ubicada en el cementerio de Yancancha (Adyacente a la iglesia), echado por los suelos la iglesia también desaparecieron las tumbas.

 

La desaparecida capilla de Uliachín

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Si usted se fija bien en esta vieja fotografía del Barrio de la Esperanza (Inicios del siglo XX), podrá ver en la parte superior izquierda, recortando el horizonte, el cuerpo de la vieja Capilla de Uliachín. Recuerdo que con los chicos de mi escuela nos aventuramos a visitarla llenándonos de miles de sorpresas y no pocos misterios. Al promediarse el año cuarenta y cinco desapareció misteriosamente. La historia que me contaron viejos habitantes de la zona, es la siguiente:

De esto hace ya mucho tiempo. Cuando los frailes franciscanos –primeros que aparecieron por nuestros pagos- llegaron con el fin de “Extirpar idolatrías”, lo primero que hicieron fue deshacer una enorme “Apacheta” que quedaba en la cumbre del cerro de Uliachín. Es decir, un cúmulo de piedras de diverso tamaño que los viajeros “pircaban” en señal de buen augurio para el viaje que empezaban a realizar.

Estaban convencidos de que en esa “Apacheta” moraban los gentiles, seres protectores que les aseguraba el buen éxito del viaje. Por eso los frailes después de decir misa y rezos en latín, echaron por los suelos este montículo y, con el trabajo de los mismos hombres, erigieron una capilla en cuya edificación utilizaron las mismas piedras de la derruida “Apacheta”, cubriéndolas después con un rústico techo de paja. Era –por decirlo así- una amalgama de creencias fundidas en aquella capilla católica. Es más, colindante con ella se habilitó un pequeño campo santo para enterrar a los difuntos de la zona. En el altar principal se fijó un crucifijo de madera que veneraban cada dos de mayo de cada año: “Día de las Cruces”. En días claros de sol, desde la ciudad minera se podía ver este pequeño santuario fulgurante en la cumbre misma de aquella abra histórica.

Don Gerardo Patiño López, mentor y auspiciador de las celebraciones referidas a la Batalla del Cerro de Pasco, aseguraba que no obstante lo empinado del lugar, los cadáveres de los caídos en aquella contienda –patriotas y realistas-, fueron sepultados en el camposanto aledaño a la capilla. Debe ser cierta esta afirmación porque, pasados muchos años, fueron halladas pequeñas piezas de artillería y pistolas y bayonetas en los hoyancos fúnebres. Alguno de estos objetos vimos en la dirección de nuestra escuela de Patarcocha. Un amigo, compañero de escuela de entonces me regaló con una pistola que con mucho cariño le entregué a mi nieto Rodrigo. Ojalálo guarde con cariño.

Volviendo a la Batalla del Cerro de Pasco,  por aquellos días, sólo el cementerio aledaño a la iglesia de Santa Rosa estaba vigente. Es más. Cuando en 1945, el ejército argentino quiso repatriar los restos de sus soldados caídos en aquella contienda, se llevaron puñados de la bendita tierra cerreña que –estamos seguros, empapados de sangre guerrera argentina- que ahora reposan en sendas urnas junto a las tierras de Chacabuco y Maipú.

Andando los años, la capilla, destruida por la indiferencia de los vecinos, la intemperie y la dureza de nuestros inviernos, fue reedificada a la entrada de Uliachín, en la parte baja donde se encuentra en la actualidad.

Cada mes de mayo, celebrando la Fiesta de las Cruces, se realiza en este santuario, el homenaje a Cristo Redentor con moji9gangas, misas, chunguinada, negritos y alegría general del nuestro pueblo.

¿Sabía usted….?

cafe-mokaEl famoso café MOKA, donde se reunían los españoles a conversar con sus connacionales: sevillanos, vascos, catalanes, madrileños, manchegos, gaditanos, asturianos, etc.  era un lugar muy frecuentado no sólo por éstos sino también por miembros de otros consulados. En este lugar, propiedad del ciudadano catalán Marcelo Curty, ubicado en la segunda cuadra del jirón Grau, se bebía el famoso café abisinio que los españoles hacían traer mediante su consulado a la tierra minera. Además bebían sus chatos de manzanilla, jerez y otras bebidas extranjeras.

ATARDECER CERREÑO (Fotografía de don Miguel Lavado)

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El sol que durante el día ha iluminado el paisaje de nuestra ciudad cimera, ha recostado su cansancio tras las montañas nevadas dando paso a la oscuridad. A contraluz se puede distinguir la silueta de la histórica torre del Hospital Carrión que, por más de dos siglos,  ha marcado la sístole y diástole de la tierra heroica. El mágico contraste de este hermoso atardecer fue captado por don Miguel Lavado, un notable fotógrafo cerreño

A propósito.

Aquellos peruanos que tuvieron la intuición y arte de fijar en placas inolvidables pasajes de la historia patria, fueron numerosos

Comenzaremos por el genial cusqueño, Martín Chambi (1851 – 1973) seguido por el huancavelicano, Teófilo Hinostroza Irrazábal, (1914 -1919) nacido en Colcabamba, provincia de Tayacaja, conocido como “El Chambi del Centro” porque como Martín Chambi, retrató las miserias y grandezas de su entorno.

Hinostroza nació en 1914, en Colcabamba, provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica. Su padre fue el hacendado huancavelicano Francisco Hinostroza y su madre doña Faustina Irrazábal.

A los 15 años, fue matriculado por su madre en un colegio de Huancayo, donde tuvo la suerte de trabajar como ayudante del fotógrafo Fortunato Pecho. Allí aprendió el oficio, pero más tarde se impuso su talento, su indudable calidad de observador zahorí y fotógrafo del Perú profundo.

Thissen, al valorar la obra de Hinostroza, dice: “Tenía ojo de artista, era un maestro de la composición, con elección de buenos encuadres y perspectivas. A veces tomaba fotos por el puro gusto de las líneas, de gran simplicidad, como por ejemplo unas chacras donde resaltan los juegos de curvas o rectas”. (…) “Manejaba con destreza los juegos de luces y sombras, con contrastes marcados; los cielos con nubes cargadas, los contraluces audaces y los atardeceres eran su predilección. Pero también hacía tomas de paisajes donde predominaban los grises, logrando vistas originales y de gran belleza”.

Es decir, una inusitada como maravillosa revelación y rescate de un fotógrafo que regresa del pasado, debido al paciente trabajo de Gervasio Thissen. Pero también por la magia de las palabras de Leo Casas Ballón, quien como José María Arguedas lo conoció y disfrutó de su fecunda e imperecedera amistad. Un total de 58 fotografías permiten una visión del aporte cultural de Teófilo Hinostroza.

Dejando de lado la genialidad del francés Eugene Courret que ocupa lugar preferencial en estos menesteres, en el Cerro de Pasco, donde se han perdido no sólo valiosos documentos, debido a la incuria y abandono de sus hijos, hubo –de lo que conocemos- buenos aristas del lente: Ordóñez, Mariño, Barzola, Saavedra y sobre todo, un verdadero artista, Miguel Lavado, que plasmó en placas inolvidables los retratos de los personajes notables, principalmente autoridades locales además de algunas escenas familiares y sociales de gran valor artístico más importantes del Cerro de Pasco. Miguel Lavado fue un excelente retratista.

¿Sabía usted….?

 Middendorff, fue un médico y erudito humanista, que estudió la realidad peruana durante la segunda mitad del siglo XIX. Hizo una vívida descripción de la ciudad de Cerro de Pasco. (Middendorff, E. W.: PERÚ, observaciones y estudios del país y sus habitantes  durante una permanencia de 25 años. Tomo III, La Sierra. Primera Versión Española. Universidad Nacional de San Marcos, 1974).

¿Cuál es el valor de la obra ‘El Perú’ de Middendorf para el estudio de la historia del siglo XIX? Patricio Alvarado Luna, dice “Entre los viajeros extranjeros que visitan y recorren el Perú en la segunda mitad del siglo XIX, quizás no haya otro tan importante como E. W. Middendorf. Nacido en Alemania en 1830 y tras graduarse de sus estudios en medicina, entre 1854 y 1855 emprende un viaje por Australia y Chile para llegar en 1855, por primera vez, al Perú”.

“Culminada su última estancia en el Perú y de regreso en Alemania, entre 1893-1894 publica “El Perú“, una obra enciclopédica en la cual se encuentra una gran variedad de información, lo que demuestra la curiosidad de su autor” (…). Middendorf obtiene información de primera mano. Su obra es una descripción total del Perú”.

“La obra de Middendorf termina siendo una obra de referencia con un visión completa sobre el Perú, donde se encuentra información de primera mano y de mucha utilidad para el estudio de la historia del siglo XIX, dado que, como ya se mencionó, el autor vive los cambios, tanto políticos como sociales, económicos y culturales, que pasa el Perú durante la segunda mitad de la centuria”.

 

 

 

 

S.M ELVIRA I, reina del colegio

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Hermosa fotografía del recuerdo tomada a la puerta de la Municipalidad Provincial tras el homenaje que el alcalde y concejales rindieran a la reina del Colegio S.M Elvira I, señorita Elvira Doig Hurtado y su Corte de Honor. Ella está acompañada de profesores y personal administrativo del plantel y amigos.

Entre otros vemos, de izquierda a derecha en primera fila, de pie. Al doctor Nelson Ibañez, médico del Seguro Social; señorita Obdulia Lix Fuertes, administradora; señora Florisa Altamirano de Velasco, secretaria del plantel; señora Graciela Terrazos de Parra, profesora de Educación Física; doctor Juan Paitán Ugarte, médico del Seguro Social y ex alumno; señorita inspectora, Soledad Castro; Profesor de matemáticas y farmacéutico don Andrés Fuentes Dávila; Profesor de Literatura David Torres Rocha; Profesor de Filosofía, doctor Genaro Ledesma Izquieta; doctor Eduardo Ventura Torres, médico del Hospital Carrión; Profesor de Música Sergio Blancas Sobero; Oficial profesor de I.P.M, Jorge Vásquez; Doctor Arnulfo Becerra Alfaro, director del plantel; profesora Paca Montero de Parra; señor Absalón Gómez, amigo del plantel. En cuclillas, rodeando a la reina, Inspector de Biblioteca, Nectalio Acosta Ricse, Bibliotecario; Modesto Castañeda Rodas  y don Fortunato Arzapalo Callupe, profesor de matemáticas. Rodean a la reina (Con cetro y corona), Elvira Doig Hurtado, las damas: Sarita Porras Narváez, Ketty Ponce, Anita Soto Hinostroza, Celia Munive y Nelly Martel Vásquez. Era el 4 de octubre de 1958.

DESPEDIDA DE SOLTEROS

despedida-de-solteros-tia-blanca-y-tio-jesusEsta es una vieja costumbre que todavía se mantiene en nuestro pueblo. Los amigos más queridos, allegados y parientes, tributaban su afecto en una alegre fiesta a los jóvenes que se hallaban en vísperas de casarse.

En esta evocativa y hermosa fotografía que nos ha facilitado nuestro gran amigo Silvio Reinoso De la Cruz, se despedía de la vida de solteros a Blanca Santiváñez Castillo y Jesús Pomalaza Baledón (Al centro de la foto), rodeados de sus más cercanos amigos. Ella destacada laboratorista del Hospital Carrión, hija de don Pedrito Santiváñez y, él, destacado radiotécnico que había instalado acertadamente los aparatos de transmisión de Radio Corporación. Ambos muy populares y queridos en la ciudad.

La reunión amical se realizó en el domicilio de don Concordio Suárez, respetado ciudadano cerreño, ubicado en el jirón Huancavelica, están: en la parte superior –de izquierda a derecha- Enrique Suárez Rojas, Destacado presidente de la Liga de Básquetbol del Cerro de Pasco que, gracias a su trabajo tenaz y preciso, consiguió el Campeonato Centro Peruano de Básquetbol; Juan Paitán Ugarte, destacado médico y gran deportista; Carlos López, Pedro Santiváñez Castillo, Emilio Farje de la Torre. (Segunda fila) Celamires Guevara Suárez (Q.E.P.D), Prudencio Tapia, Gilberto Suárez Santiváñez. (Q.E.P.D) Leocadio Martel, Carlos Santiváñez Castillo, Alfonso Boudrí Tello, Blanca Santiváñez, Jesús Pomalaza, Daniel Shiraishi Basilio, Luis Tello, Sargento Rodríguez, Julio “Huito” Cajahuamán, Julio Aliaga Trejo, Fabio Otaegui, (En cuclillas). Félix Molina, extraordinario basquetbolista, Carlos Suárez Santiváñez,(hermano menor de Gilberto), Silvio Reinoso de la Cruz, don Concordio Suárez, respetado caballero, anfitrión de aquella reunión, Arturo Amador Rodríguez, Aquiles Reinoso De la Cruz (QEPD), Julián Brown Menocal y Mario Robles, “El Tirifilo de Ayapoto”(Q.E.P.D).