UN DÍA DE NIEVE EN NUESTRA TIERRA (Primera parte)

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Es un mediodía invernal de diciembre en la ciudad minera. La nieve ha comenzado a caer inmisericordemente hasta envolver a la plaza Chaupimarca en una bruma espectral. Es día domingo. Los grandes comercios, el cine y residencias del lugar tienen las puertas cerradas, acurrucadas como están por el frío. Terminada la misa, los fieles se han retirado a sus casas. Llegadas a ellas se arremolinarán en derredor a la estufa familiar de la sala o en el acogedor y cálido ambiente de la cocina donde se han preparado caldos guisos y frituras que habrán de ser degustados en el almuerzo familiar.

De la nieve, las mismas escrituras dicen: “Como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié.

muñeco de nievePara esta época –tiempos pasados- los muchachos de la escuela nos divertíamos fabricando  gigantescos muñecos de nieve. Comenzábamos con una bola que hacíamos rodar en todas las direcciones mientras crecía y crecía hasta alcanzar dimensiones colosales. En las pequeñas treguas de descanso nos frotábamos las manos azulinas y heladas de tanto frío para luego seguir con la tarea. Echábamos aliento caliente sobre las manos y el vaho vaporoso nos hacía parecer pequeños dragones con sus lenguas de fuego.

Juntadas varias bolas, la más grande la poníamos debajo (las piernas) y, encima, una mediana (el torso). La más pequeña iba encima; era la cara del muñeco al que le hacíamos ojos, narices y todo. Para ello invitábamos al artista del salón, mi amigo “Peyo” O´Connor, un niño extraordinario que con el paso del tiempo se convirtió en el más grade pintor autodidacta de nuestra tierra. Él con una asombrosa habilidad tallaba los rasgos del muñeco semejando a los más pintorescos personajes del pueblo. Previamente hacíamos un agujero en el “panza” del muñeco y le echábamos un poco de carburo, los gases apestosos salían por la “boca” a los que prendíamos fuego. El muñeco estaba fumando. Nuestra alegría era indescriptible.

nieve en el cerro de pasco 3

La ciencia nos dice que normalmente la nieve es blanca porque su intrincada superficie refleja la luz en todo su espectro, pero también es común verla azul en la distancia por ser el color que se absorbe menos fácilmente; otros colores como el rojo o el rosa son posibles cuando elementos extraños como algas o polución se mezclan en el agua.

Había grupos de vándalos que la emprendían a un inclemente bombardeo de bolas de nieve con el fin de mortificar a los amigos. Éstos les respondían y de esa manera nos divertíamos de lo lindo.

Aquellos días, las personas que tenían que trepar a las partes altas de nuestra ciudad, sufrían  serios resbalones. Calles estrechas y empinadas como, “Sal si puedes”, “La Velería”, “Rómpete el alma”,  laberinto de callejones y pasajes muy riesgosos.

La nieve ha dejado en nosotros la impronta de su frío y belleza que no podemos olvidar. Para que tengan idea de ello les cuento que un día que acababa de llegar de Lima nuestro amigo Pablito Dávila estaba con los amigos que lo rodeaban escuchando su conversaciones cuando la nieve arreció. Estábamos en el bar de Sergio Bustamante viendo caer los copos cuando, inopinadamente, salió al centro de la plaza y abriendo los brazos recibía placenteramente lo copos gigantescos y hermosos, como si estuviera recibiendo una inacabable lluvia de delicados pétalos blancos. No podíamos creer lo que estábamos viendo. ¡No pude resistirme! -Nos dijo momentos más tarde-. Después de años he sentido la caricia de nuestra nieve.

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En esta otra placa, vemos a una madrugadora cerreña atravesando la plaza Carrión premunida de sus paraguas y my bien abrigada. La opacidad del ambiente es dominada por los tenues rayos de luz de los focos públicos.

¡Cuántos recuerdos de la nieve guardamos en el corazón!

La nostalgia de aquel grato fenómeno atmosférico tan caro para nosotros los cerreños, nos ha concitado a reproducir el poema de “Damablanca” que se titula precisamente, La Nieve.

 

 

La nieve

                                       (poema)                                       

Cae menuda la nieve

cubriendo las aceras,

vistiendo las alas de los árboles,

apretando la risa de los campos

contra su corazón helado.

Cae sobre los lirios soñados,

sobre los parques dormidos.

Tiende su pálido destello

sobre los recuerdos escondidos

implacable, descalza:

enmarañada rima de la nieve

con el verso desnudo del invierno.

Helado corazón de gotas blancas

palpitando en el frío campanario

y en el íntimo curso del arroyo,

cae la nieve…

                                               (Damablanca).

LOS DUELOS EN NUESTRA LA CIUDAD

duelo con pistola

Para que nuestros queridos amigos recuerden el significado de un duelo, les alcanzamos algunas explicaciones necesarias.

El duelo como enfrentamiento individual entre caballeros se difundió en el mundo entero desde el siglo XV hasta el XIX. Fue social y legalmente permitido. Una forma de justicia privada por cuanto el desafío implicaba el enfrentamiento personal en busca del castigo para el autor de un ultraje.

RITUAL DEL DUELO.- Los “códigos de honor” señalaban que se necesitaba algunas condiciones básicas para efectuarlo: una injuria u ofensa al honor o a la dignidad. La ofensa podía ser de palabra o de obra. Otra condición era  que estaba ligado a las élites sociales. Necesitaba de padrinos, uno o dos por cada parte, quienes tenían la tarea de “pedir explicaciones”, definir la magnitud de la ofensa e incluso evitar el duelo, elegir en ocasiones las armas, pactar las condiciones y,  examinar el terreno del duelo y velar por el cumplimiento de lo acordado.

Podían ser a sable, espada, pistola o revólver. Los duelos a pistola -los más usuales en el siglo XIX- tenían que hacerse a una distancia mínima de quince pasos y máxima de cincuenta. Los tiros no salidos se consideraban válidos si así se pactaba en las condiciones previas. Había la obligación de auxiliar al herido, como la de levantar dos actas: la primera con el pacto de condiciones, y la segunda con el desarrollo y los resultados del duelo.

Hecha esta somera descripción de un duelo, reseñamos a continuación dos duelos de los muchos que hubo en nuestra ciudad. El primero, entre el ingeniero Samuel Palacios Gálvez, notabilísimo y apreciado profesional y el ciudadano francés y notable industrial, Leopoldo Martin. El motivo, un incidente personal que terminó en el reto a duelo. Actuaron como padrinos de Leopoldo Martin, los señores Francisco García Jiménez y Edgardo Benjamín Madueño. Por parte del ingeniero Samuel Palacios Gálvez, el doctor Andrés Quintana Gurt y el ingeniero, Jorge Félix Remy. El doctor Avertino Ochoa fue designado como Director de Combate. Como facultativos médicos, los doctores Enrique Portal y Horacio E. Talavera.

El escenario escogido por los padrinos fue los alrededores de la mina Galicia, ubicada en el distrito de Yanacancha. El acta correspondiente dice lo siguiente: “Siendo las seis de la mañana del miércoles doce de mayo de 1920, teniendo como escenario del duelo el portalón de la mina “Galicia”, en presencia de los padrinos, del director de duelo y los facultativos médicos, se revisaron las armas y se sortearon los emplazamientos. Colocados los duelistas en sus respectivas posiciones de treinta pasos de distancia, cambiaron éstos dos disparos acordados, sin resultar tocados ninguno de ellos, habiéndose conducido ambos con mucho decoro. En vista de lo cual acordaron por unanimidad dar por terminado el lance en el que se ha cumplido escrupulosamente por las partes con todas las condiciones pre-establecidas.”. Al final, por sugerencia de los padrinos y testigos, ambos contendientes se estrecharon en un fuerte abrazo.

El duelo que remeció los cimientos de nuestra ciudad.- Para comprender mejor las motivaciones y conocer a los personajes que se vieron envueltos en esta confrontación, permítanme presentarles a cada uno de los protagonistas.

El doctor Fabio Mier y Proaño fue –a mi entender- el ciudadano que más se preocupó por el avance cultural de nuestra ciudad. Lucho por la instauración de un colegio secundario cuando todavía era estudiante de medicina. Ya como profesional se dedicó al cumplimiento de su misión en nuestro hospital poniendo al servicio de la comunidad y, con su propio peculio,  la primera Asistencia Pública que funcionó en el edificio de su propiedad con gran éxito. Es decir, fue un elemento muy valioso en nuestra localidad.

El doctor Víctor Leopoldo Colina, médico como el anterior, desde que llegó de Lima mostró sus grandes cualidades de organizador; gracias a él, el partido aprista peruano obtuvo brillante propagación. En ese aspecto, quienes no comulgaran con él, eran considerados sus rivales: En este sentido el doctor Mier y Proaño, lo era. Desde un comienzo, la recíproca animadversión estaba agresivamente vigente.

Aquí entra a tallar un popularísimo personaje que gozaba de la estima general del pueblo: don Pedrito Santiváñez, brillante y esforzado enfermero del nosocomio principal de nuestra ciudad que contaba con  el afecto y respeto de médicos, enfermeros y pueblo en general. El caso es que, a mediados del año de 1922, su popularidad y sus aciertos eran tantos que diariamente a las puertas de su casa, innumerables personas pobres e indigentes formaban interminables colas para ser atendidos. Don Pedro, sin cobrarles absolutamente nada, los atendía solícitamente desde las siete hasta las ocho de la mañana, hora en que se iba a trabajar al hospital.

El caso es que, mientras se hacían interminables filas para ser atendidos por don  Pedro, los consultorios de los otros empingorotados médicos, carecían de pacientes. Así las cosas, estos  médicos solicitaron al Colegio Médico del Perú que impidiera  que Santiváñez siguiera atendiendo porque “Carecía de título profesional o de algún estudios de la especialidad”. Haciendo espíritu de cuerpo el pedido lo firman los médicos, Fabio Mier y Proaño, Víctor Leopoldo Colina, Tobias Soto, Enrique Portal, Horacio E. Talavera y Ángel Madrid Dianderas. Lo admirable del caso es que, La Corte Superior de Justicia –como no había ocurrido nunca en la ciudad- emite una conminatoria orden “inmediata” para que Santiváñez deje de atender a los enfermos por su cuenta, so pena de encarcelamiento.

Como era de esperarse, el pueblo quedó conmocionado. No lo podía creer. “El león de la sierra” un conocido personaje proclamó en un “Bando de Carnaval”. “Qué desatino prohibirle a Pedrito Santiváñez el ejercicio de la atención médica, cuando todos juntos, esos bellacos firmantes médicos incapaces no le llegan ni a la punta del zapato”. Esta historieta viene al caso por lo que ocurrió después.

Como es fácil deducir, don Pedrito por no contravenir la orden judicial firmada por sus amigos, dejó de atender en su casa, con el dolor de su corazón.

Por aquellos días, un odio acérrimo e irreconciliable se había formado entre Mier y Proaño y, Colina. No se podían ver. Hasta se evitaban en el Hospital Carrión donde trabajaban. En aquellas circunstancias, el doctor Colina es atacado por un terrible malestar estomacal con imparable diarrea que terminó por deshidratarlo completamente haciéndole perder el conocimiento. Así las cosas, ante la ausencia de los otros médicos de la ciudad, le desesperada esposa de Colina visita a don  Pedrito y le confiesa que ya habían hecho todo lo que estaba en sus manos para  combatir el mal y  sabía muy bien, porque su intuición femenina se lo decía, que sólo él, don Pedro, podía curarlo. Con la herida todavía abierta por lo que le habían hecho y, en cumplimiento de lo que la justicia había sancionado, le contestó que no podía hacer nada. Sugirió que lo vea el doctor Mier y Proaño, que sí estaba en la ciudad, pero la señora se negó. No podía verlo.

Cuando la situación se vio peligrosamente amenazante, ante los ruegos de la señora, el doctor Fabio Mier y Proaño fue a ver al paciente que estaba tan postrado que parecía muerto. Inmediatamente le aplicó una inyección de clorhidrato de emetina y cuando se aprestaba a guardar la jeringa, como movido por un rayo, el doctor Colina reaccionó y se sentó sobre su cama, con los ojos llenos de ira gritó: ¡¡¡ ¿Quién ha hecho entrar a este Satanás… ¿Lárgate, demonio: ¡Tú has venido a matarme pero no te lo permitiré!!! . Para evitar el escándalo, el doctor Mier y Proaño se alejó de aquella casa dejando a  Colina, salvo.

Pero la cosa no quedó allí. Ya repuesto completamente de salud y convencido de que, con malas artes y muy mala intención, había tratado de matarlo retó a duelo al doctor Fabio Mier y Proaño. De nada valieron los argumentos de familiares y amigos. El día del duelo, que se llevó un amanecer en los campos de Patarcocha, el primero en disparar fue Colina, pero no acertó. Cuando le correspondió al doctor Fabio Mier y Proaño, hizo un deliberado disparo al aire; dejó el arma y con paso lento se retiró del escenario ante la sorpresa de los curiosos y su avergonzado rival.

La recíproca animadversión personal los acompañó durante toda su vida. Leopoldo Colina fue elegido senador por Junín mientras el doctor Fabio Mier y Proaño continuó en el ejercicio de la medicina. Ambos ya viejos, murieron. Nunca se reconciliaron.

El PIP

PipVarios eran los hermanos Paulino, casi todos sastres, uno, peluquero. El segundo de ellos había nacido con un manifiesto defecto El doctor Colina dijo que era un débil mental. Andaba por la calle con pasos torpes como a punto de caerse. Su rostro enjuto y desencajado con los pelos crecidos y en desorden, babas y mocos cayéndole por la comisura de sus labios y con la boca abierta como si estuviera cantando. Por eso le decían Gardelito. Caminaba desorientado por las calles, camino de cualquier parte. La gente del pueblo que lo conocía lo tomo como una parte de curiosa cotidianidad, acostumbrada. Escapó de cuantos encierros habían inventado sus familiares, avergonzados de su presencia. Nunca lograron inmovilizarlo.

El mayor era un sastre snob. Andaba bien emperifollado como si fuera un maniquí andante, haciendo propaganda de telas y figurines de última moda que recibía. Se convirtió en todo un espectáculo cuando un domingo, en misa de once, se presentó pintado con un espectacular terno “Huantantiro”, igualito que el cómico mexicano Tintan que había exhibido en una película. Un terno amarillo, entallado hasta el extremo con sus faldas extensas cubriéndole todas las espaldas, hasta las corbas. Los pantalones con un botapié tan entallado que se lo tenía que poner con calzador. Los pantalones que le llegaban hasta las axilas, sujetos con unos tirantes aparatosos; es decir, un esperpento completo. Era, según él, la moda. Los únicos que apreciaron aquel mamarracho fueron algunos socios del Municipal, club de la plazuela Ijurra. Después, nadie.

El cuarto –motivo de esta remembranza- era sastre, peluquero y aficionado al canto porque tenía una voz potente y bien timbrada, pero, como ninguno de su hermanos, era “motoso”; extremadamente motoso. Es decir que las palabras las pronunciaba como un indio de la “quebrada”.

Una tarde de sol que nos hallábamos en el barrio, en la “Chingana” de don  Lorenzo Picón, los amigos “Charol “Gamonal, “Tuto” Picón, el “Pecas” Dávila y yo, al escuchar los arpegios de las violas, se acercó muy comedido  nos saludó. “Qui hirmosa tarde –dijo- la tarde está cirvecera ¿No? Nadie le contestó, entonces pronunció las palabras mágicas: “Si ostedes mi lo permetin les puedo invitar una cuantas “butánicas” –dijo tratando de  hacerse el graciosos. En ese momento los músicos salieron de su hermetismo. “Gracias Paulino”. Como por arte de magia aparecieron seis botellas que procedimos a escanciar. Ya con la confianza al tope pidió a los guitarristas. ¿Puidin cumpañarmi para cantar un tango? Un rato más tarde ya estaba llenando el barrio con su vozarrón. Es entonces que “Tuto” le llamó la atención: ¿Por qué no puedes pronunciar bien? Tu dice te acordás mermano. ¡No!. Es “mi hermano”. Se trato de corregir varias veces pero en ninguna de ellas acertó. Entonces, terminadas las doce botellas. Lo largaron a Paulino.

Por aquellos días había llegado a nuestra ciudad el famosos “Capitán Pinzas” un jefe policial que puso de vuelta y media a toda la ciudad comenzando por el cuartel de la Guardia Civil.

En una de las “Batidas policiales” llegó el capitán Pinzas al burdel. Todo fue que lo vieron y los “marchantes” se hicieron humo. Todos fugaron, menos Paulino. ¿Quién es usted que es tan valiente, preguntó el capitán? Sin inmutarse nuestro amigo contestó: ¡¿Soy PIP?! ¡¿Qué?!, preguntó el oficial. (El conocía a todos los policías, republicanos e investigadores que trabajaba en el Cerro de Pasco) ¡Soy PIP! Contestó en voz alta el ciudadano. Entonces a una señal del jefe los policías procedieron a masacrarlo con golpes contundentes hasta dejarlo sangrante. ¿A sí que PIP no cojudo? Lo encaró el jefe. Entrégame tu libreta electoral. El Hombre no solo sacó su liberta del bolsillo sino, encarando el jefe le dijo. Aquí está, aquí dice Pedro Inocente Paulino: PIP. El jefe no hizo sino devolverle la libreta con un  puntapié en los fundillos le conminó: ¡Lárgate PIP!

EL “CHIVILLO” FRÍAS

El rotundo éxito que alcanzara aquel extraordinario trío argentino formado por Agustín Irusta, Roberto Fugazot y Lucio Demare conducido por el extraordinario Pancho Canaro, llenó toda una época de la canción argentina en el mundo entero. Nuestra tierra –amantísima del tango- no podía estar excluida. Las películas y, sobre todo los discos de la afamada RCA Víctor, se encargaron de difundir la calidad vocal del trío y encender las preferencias provincianas, especialmente por los valses argentinos. Los discos que recibían las casas disqueras “volaban” en un santiamén. Irusta, Fugazot y Demare eran los preferidos en una larga época que comienza en los treinta y se amplía por muchos años más. En nuestra ciudad muchos jóvenes unieron sus voces a la usanza del trío argentino, pero no fue sino el formado por ese brillante e inquieto amante de la música, Ceferino Frías, más conocido por “Chivillo” Frías; el infatigable Pedro Soriano y el “tercer mosquetero” Abel Morla que conformaron el famosos trío FRI – SO  – MOR que tuvo inolvidables presentaciones en las veladas literario musicales de aquellos tiempos. Hablo de las décadas del treinta y cuarenta. Los diarios de entonces son muy expresivos al respecto. De lejos fue el mejor trío que se había formado siguiendo los cánones marcados por el conjunto argentino. Por mucho tiempo fueron los invitados de honor en una larga época en la que la canción argentina había sentado sus reales en la ciudad cimera del Perú.

Uno de aquellos valses que encandilaron a los amantes de la canción argentina es este que escribió Luis César Amadori con la música de Francisco Canaro. Todavía hoy al escucharlo se remueven las fibras más profundas del corazón.

QUISIERA AMARTE MENOS
Letras de Luis César Amadori
Música de Francisco Canaro.

Primavera de mis veinte abriles, relicario de mi juventud,
un cariño ignorado soñaba y ese sueño ya sé que eres tú.
Cuántas veces rogaba al destino, ser esclavo de tu sueño azul,
y hoy que sé lo que cuesta un cariño, ya no puedo con mi esclavitud.

Quisiera amarte menos, no verte más quisiera,
salvarme de esta hoguera que no puedo resistir.
No quiero este cario que no me da descanso,
pues sufro si te alcanzo y lejos no sé vivir.

Quisiera amarte menos porque ésta, ya no es vida;
mi vida está perdida de tanto quererte,
no sé si necesito tenerte o perderte,
yo sé que te he querido más de lo que he podido;
quisiera amarte menos buscando el olvido
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.
Entre dos que se quieren de veras el cariño distinto ha de ser,
mientras uno da entera su vida, otro sólo se deja querer.
Yo lo sé y sin embargo no puedo consolarme que quererte yo.
tengo miedo que nunca termine esta dura condena de amor.

El ya afamado trío FRI – SO – MOR, con el fin de acrecentar su calidad y ampliar su repertorio hizo numerosos viajes a Lima para ver las películas y observar a otros tríos que con esa modalidad se habían conformado en la capital. Por ejemplo era muy aplaudido el integrado por Miró, Calonge y Castillo que se presentaba en el “Palacio de Cartón” ubicada en la esquina formada por el jirón de la Unión y la plaza San Martín. Se presentaban con ponchos blancos de lino, pañuelo de seda al cuello y sombrero jipijapa. Era un trío triunfador que se había adueñado de la preferencia de los melómanos limeños. En el Cerro de Pasco, con igual prestancia actuaba FRI – SO – MOR, el elegido del público.

TU OLVIDO
Letras y música de Vicente Spina

Han brotado otra vez los rosales,
junto al muro en el viejo jardín
donde tu alma selló un juramento,
amor de un momento, que hoy llora su fin
.

Tierno llanto de amor fuera el tuyo,
que en tus ojos divinos bebí,
ojos falsos que así me engañaron
al ver que lloraron los míos por ti.

Más los años al pasar, me hicieron
comprender la triste realidad;
que tan solo es ilusión
lo que amamos de verdad,
sin embargo, cuando en los rosales
renacen las flores,
los viejos amores con sus madrigales
tornan como entonces a mi corazón.

Cuando vuelvan las noches de invierno,
y se cubra de nieve el jardín;
si estás triste sabrás acordarte,
de aquel que al amarte no supo mentir.

No es mi canto un reproche a tu olvido,
ni un consuelo te vengo a pedir;
sólo al ver el rosal florecido
el sueño perdido lo vuelvo a vivir.

Por aquellos días se entonaban los valses que consignamos en esta nota además de “Bouquet” de Felipe Pinglo Alva; “Lupe”, de César Miró y otra pegajosas piezas argentinas que eran muy solicitadas. El trío cerreño era en aquellos días, lo más representativo de la calidad interpretativa musical. Los valses argentinos eran los más solicitados por damas y caballeros de los más calificados clubes sociales de la ciudad minera.

ROSAS DE OTOÑO
Letra: José Rial (h)
Música: Guillermo Barbieri

Tú eres la vida, la vida dulce
Llena de encantos y lucidez;
Tú me sostienes y me conduces
Hacia la cumbre de tu altivez.

Tú eres constancia, yo soy paciencia
Tú eres ternura yo soy piedad
Tú representas la independencia
Yo simbolizo la libertad

Tú bien lo sabes que estoy enfermo
Y en mi semblante claro se ve
Que ya de noche casi no duermo
No duermo nada ¿Sabes por qué?

Porque yo sueño cómo te aprecio
De que a mi lado te he de tener.
Son sueños vanos, torpes y necios
Pero, mi vida ¿Qué voy hacer

Yo sufro mucho, me duele el alma
Y es tan penosa mi situación
Que muchos veces, por buscar calma
Llevo mis dedos al diapasón.

De tu desprecio nunca hagas gala
Porque si lo haces ¡pobre de mí!
Quiéreme siempre, no seas tan mala

Pasados los años, lo podíamos encontrar a nuestro “Chivillo” Frías –así lo llamábamos con gran cariño- en los salones del “Club Unión Copper” alternando con Máximo Brioso, Lorenzo Languasco, Joaquín Alcántara y muchos otros viejos cerreños que hacían hermosos recuerdos de tiempos pasados. Muchas veces llevado por su emoción “Chivillo” entonaba éstos y otros valses argentinos o tangos inolvidables. Si bien todavía conservaba el timbre inconfundible de su voz, era el sentimiento que ponía en cada interpretación, lo que nos emocionaba grandemente. ¿Dónde estará, Chivillo? Un día lo dejamos de ver y no supimos de su destino. Posiblemente para evitarse el incomparable horror de la despedida, se fue en silencio como tantos otros amigos. No sé. En todo caso, vaya para él nuestro emocionado recuerdo y, todavía, un respetuoso aplauso a su calidad nunca más repetida en el Cerro de Pasco.

Para él repetiremos este viejo triste que los viejos cantaban seguido de un vals argentino de gran recordación:
Siempre dan pena los que se quedan
Siempre dan pena los que se van

Los que se quedan, quedan muy tristes
Los que se van, se van llorando

 Siempre dan pena los que se quedan
Siempre dan pena los que se van

 

 

LA “JUGADA” DEL DEPORTIVO MUNICIPAL

El 22 de junio del 2010 -hace siete años- falleció nuestro gran amigo, GUZMÁN VARILLAS BASURTO. Además de inquieto periodista y animador de nuestras reuniones amicales, fue brillante Presidente de la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco. En el desempeño del cargo nos dejó una estela de grandes consecuciones para nuestro popular deporte. Con nuestra gratitud y recuerdo a los diecisiete años de su partida, me permito rendirle homenaje de recuerdo con esta anécdota de pasados años. La afición cerreña sigue adolorida por su desaparición y, no obstante los años transcurridos, lo recuerda con mucho cariño.

deportivo municipal campeón de 1950

Vivíamos pletóricos aquella inolvidable época en la que uno de los más emblemáticos equipos de fútbol de nuestra patria estaba en la cumbre de la popularidad: el Deportivo Municipal. Para entonces, presidiendo a la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco, teníamos a uno de sus más eficaces y carismáticos dirigentes que ha tenido esta institución: Guzmán Varillas Basurto, miembro de la Policía de Investigaciones del Perú. Como jugador primero, y como dirigente después, fue ganándose la confianza y el aprecio de los aficionados. Elegido Presidente puso en marcha un plan muy bien hilvanado destinado a traer a nuestras canchas a los mejores equipos capitalinos. Naturalmente la respuesta de la afición fue aprobatoriamente generosa. Con el mismo entusiasmo trajo cuadros de gran prestigio como el Alianza Lima, Universitario de Deportes, Sport Boys, Ciclista Lima, Atlético Chalaco y otros; inclusive, gracias a él, tuvimos el primer partido internacional cuando, para Fiestas Patrias, jugó el Municipal de la Paz, Bolivia con nuestra selección de fútbol local.

En cada una de estas presentaciones el éxito de taquilla era efectivo. Por aquellos, días oyendo las sugerencias de la prensa que canalizaba con mucho acierto las aspiraciones de la hinchada, decidieron traer el Club Deportivo Municipal, que por aquellos días tenía en su plantilla nada menos que al ídolo nacional que había triunfado ampliamente en Argentina al jugar por “Platense” y “Racing”: Tito Drago. Lo acompañaban, un joven que con gran pundonor y calidad emergía triunfador para codearse con las mejores estrellas de nuestro fútbol: Juan Seminario; los jóvenes hermanos Manuel y Roque Rivera; un “patrón del medio campo”, Germán Colunga; Oscar Montalvo como puntero derecho; César Brush y Willie Fleming, backs de gran prestigio; Humberto Becerra, en el arco; también ”Pichín” Biélich . Es decir lo mejor de la vidriera futbolística de aquellos días.

Con bombos y platillos se anunciaba la presentación del Municipal para enfrentar a nuestra selección el 28 de julio en el Estadio Municipal. La publicidad fue tan abrumadora que desde los primeros días de julio no se hablaba de otra cosa. Llegado el día, como no había sucedido nunca en nuestra ciudad, el tema candente de toda conversación era la presentación de la “Academia”. El 28 de julio cuando se celebraba el Te Deum oficial, se presentaron los jugadores capitalinos premunidos de sus buzos rojos de franela con letras blancas: MUNICIPAL. Todo fue que aparecieran cuando la ceremonia central estaba perdiendo solemnidad porque, sin hacer caso de los pasos de la liturgia de rigor, las gentes señalaban y comentaban la presencia de los cracks limeños.  Éstos se paseaban por nuestras calles y firmaban autógrafos de los “hinchas”, inclusive, invitados por el “Club Tito Drago”, la estrella homenajeada se presentó en el recinto de nuestro Deportivo Municipal donde se le tributó un gran homenaje. Como nadie podía sospechar, los jugadores ediles realizaban una muy notoria campaña publicitaria que a la postre fue muy efectiva.

A partir de las dos de la tarde inmensas colas se formaban en las boleterías. Nunca se había visto nada igual. Camiones repletos de aficionados llegaban de las compañías  mineras vecinas, Atacocha, Huarón, Colquijirca, Chicrín, Santander, Pilar, Chungar, Animón, Vinchos, etc. Nuestro primer escenario deportivo mostraba un lleno impresionante. Su tribuna de madera estaba al tope. La gente de “popular” se acomodaba como podía en la enorme extensión que rodeaba el campo de juego. La banda de Músicos adornándose con piezas musicales del gusto popular alegraba a la enorme multitud. Llegada la hora, cuando el Deportivo Municipal entró en la cancha, una atronadora ovación acompañada de cohetes y bombardas, saludaba a los visitantes. Inmediatamente comenzaron a calentar con sendas pelotas, haciendo la alegría de los hinchas, especialmente de los niños. Al entrar en la cancha el árbitro Felipe Medrano, los jugadores se retiraron a los camerinos para cambiarse, pero lo que ocurrió a continuación fue increíble. Con las correspondientes camisetas del Municipal ingresaron los jugadores, pero ya no las estrellas que acababan de verse en el campo. Naturalmente el público comenzó a protestar. Acababan de ver a los titulares y los que habían ingresado eran todos suplentes desconocidos. La silbatina arreciaba y se hacía más agresiva. La gente ya estaba indignada. Nadie se explicaba el por qué del “cambiazo” y la rechifla se hizo tremenda. Recuerdo todo esto como si fuera ayer porque yo estaba transmitiendo las ocurrencias por “Panorama Deportivo” de Radio Corporación. La indignación se hacía cada vez más belicosa porque ya los descontentos comenzaron a tirar grandes piedras a los techos de las tribunas originando una barahúnda espectacular. Desde la caseta de transmisión venía ir y venir a un desconcertado Guzmán Varillas que al verme me invitó para que lo ayudara a solucionar el problema. Me explicó que no querían salir al campo porque decían que habían cumplido con el contrato por ambas partes. Intrigado por aquella audacia entré en los vestuarios y encaré –micrófono en mano- a Nino Cavassa, el hombre que había firmado el contrato

  • ¿Tiene usted el contrato….? – pregunté
  • Aquí está…
  • Por qué no lo cumple…?
  • Sí, he cumplido…
  • ¿Ha cumplido…? ¿Cómo..?..¿Por qué no entran los jugadores titulares, Tito y Seminario, por ejemplo…?
  • Porque aquí dice claramente, “El Club Deportivo Municipal llevará al Cerro de Pasco a Tito Drago, Juan Seminario etc. Etc.
  • ¿Y por qué no juegan…?
  • Porque en ninguna parte dice que deben jugar. Aquí dice claramente, se compromete a llevar al Cerro de Pasco, bueno, aquí están, ya los he traído, pero en ninguna parte dice que deben de jugar…
  • Pero se supone que tenían que venir a jugar, sino… ¿Por qué habrían de venir…?
  • ¡Ahhh, no sé! Yo he cumplido con mi parte del contrato. Pueden ustedes tomar las medidas legales que juzguen conveniente….

Leímos cuidadosamente el contrato y, verdad; no se estipulaba en ninguna de sus cláusulas  que debían jugar. Entretanto ya la situación se tornaba muy peligrosa. Afuera la silbatina se había convertido en una incontrolable protesta que amenazaba la seguridad de todos los que estábamos en el recinto. Los mismos escasos policías, se hallaban desconcertados e impotentes. Así las cosas. Decidimos ver el caso con mucha serenidad. Varillas me informó que habían ido al Cerro por quince mil soles. Que la taquilla había registrado un ingreso de más de cuarenta mil. Inmediatamente entendimos que sólo con dinero podíamos solucionar el impase. Cuando se habló de solucionar el problema, sugirieron que por una cantidad más entrarían a jugar los titulares. ” ¿Cuánto?” –preguntamos. “Cinco mil más” dijeron. En vista de que faltaba poco para que incendien las tribunas, Varillas tuvo que aceptar. Cuando le contaron los cinco mil soles más. Cavassa hizo una señal y Tito, Juan Seminario y los otros que estaban con sus abrigos, como listos para marcharse, se despojaron de ellos y vimos que estaban completamente uniformados, listos para jugar… ¡Sabían que “atracaríamos”!!!.

Cuando el público vio a sus ídolos retornando a la cancha, como por encanto calmaron sus protestas y les tributaron aplausos muy cariñosos. En ese momento, ni mucho después, se enteraron que habíamos sido víctimas de un chantaje que gracias a la generosidad de la hinchada cerreña, habíamos solucionado. Naturalmente, los maestros dieron una muestra excelente de su juego y el público quedó contento. Tras esta ingrata y nada positiva experiencia, siempre hemos tenido mucho cuidado en redactar  los contratos.

 

ANAMELBA

(Ahora que ya se ha marchado dejando enorme tristeza en los corazones de los que la conocimos y la admiramos, evocamos un pasaje de su vida artística cuando nos visitó en el Cerro de Pasco)

Anamelba

Había causado grande impresión en la ciudad. Todos hablaban de su calidad vocal y su personal estilo de interpretar los boleros. Sus discos habían “volado” de las disqueras y las emisoras locales irradiaban a todas horas sus más recientes éxitos. Fue tanta su popularidad que cuando se anunció su presentación en nuestro teatro, todos se aprestaron a oírla, verla y prodigarle sus aplausos de cariño y admiración. La conmoción de su debut fue de tal dimensión que faltando una semana ya las localidades se habían agotado. Increíble. Muy pocas veces había ocurrido esto; sólo cuando se presentaron Ima Sumac, Los Trovadores del Perú, Jorge Escudero, Jesús Vásquez, Brisas del Titicaca, el “Mago Dilmer” y uno que otro artista extraordinario, se habían terminado las localidades con mucha anticipación. Bien merecía esta expectativa nuestra admirada, Anamelba. Ha sido para mí –particularmente- la mejor bolerista del Perú.

Desde las primeras horas de su debut en nuestro teatro ya el público se había arremolinado a la puerta del “Cine Teatro Grau” para, por lo menos, verla de lejos. Entretanto, los muchachos del “Banfield” que habíamos tenido nuestro partido de práctica en la Esperanza, nos reunimos en nuestro conocido “huarique” del “Tico – Tico” en el calle del marqués. Mientras bebíamos nuestros refrescos comentábamos la frustración de no poder ver a nuestra artista del momento. El único que tendría ese privilegio sería el director de la radio y yo que la presentaríamos en el Teatro y en “Radio  Corporación”. Nada podía hacer para conseguirles entradas a los otros muchachos. Ellos lo sabían. Entre los que quedaban, tratando de participar en las conversaciones, se distinguía un joven huanuqueño al que estábamos probando como back lateral: Roberto Yalán Soto. Ya jugaba con  nosotros en el “Jorge Chávez Fútbol Club”, conformado por los integrantes del ”Banfield” al que así nomás no se podía llegar. En el momento de más candente discusión, Yalán dice

  • ¡Ya no hay ni una entrada al cine! ¡Todas se han acabado!
  • ¡Claro pues, “chaplaquito”! –dice el “Loco” Pajuelo- ¡Todos estamos sufriendo porque no podemos ver el “lomazo” de Anamelba!
  • Bueno, yo podría conseguirles entradas….
  • ¡¡¡¡Fuera, baboso!!! –Le llovió comentarios unidos a golpes y cocachos en la cabeza. Parecía un “roche” cruel y abusivo- Esperen pues –alcanzó a decir sobre los golpes- Como ustedes saben, yo soy huanuqueño…
  • ¿….Y, Babas; qué hay con eso? ¡Todos sabemos de tu desgracia….!
  • Yo soy amigo de Anamelba. Ella es como una hermana de mi hermana Yolanda con la que han crecido juntas…
  • ¿Y…….?
  • ¿Cómo, Y…. Yo puedo hablar con ella que está con mi hermana en el hotel donde se aloja -Hubo un silencio tremendo. Todos miraban a Roberto con incredulidad, pero ¿Y si fuera cierto? Una ola de  voces se sacudió emprendiéndola contra él.
  • ¿Qué esperas entonces, bobalicón?…. ¿Por qué no vas a hablar con la “mamacita” y nos consigues las entradas…
  • ¿Si….?
  • ¡Claro pues, cojudo!!!- Pero si es mentira, no vuelvas a vernos porque te vamos a dar tu soberana paliza- Uniendo la acción a la palabra lo sacaron en vilo y lo arrojaron a la calle…

En aquel momento todos tuvieron la sospecha de que Roberto les había “chamullado”. Pensaron que no volvería. ¿Cómo iba a ser amiga de tremenda artista? Para superar la frustración siguieron con sus  comentarios y chistes cuando, a las 4.45 de la tarde, sintieron los aldabonazos tremendos a la puerta. Se miraron en silencio. “Gacho” Pagán fue a abrir. La puerta abierta de par en par dejó entrar el reverbero de los últimos rayos de sol de la tarde y, a contra luz, pudieron contemplar la majestuosa imagen de una soberbia mujer. Era Anamelba. Quedaron  atónitos. Encerrada en un lujoso vestido rojo que resaltaba sus formas extraordinarias, estaba allí, iluminándoles con una soberbia sonrisa. Sorprendidos y silenciosos la miraban mudos de adoración, cuando la pastosa voz triunfal de Roberto Yalán los sacó del mutismo.  “Como les prometí, aquí les he traído a mi hermana Anamelba para que la conozcan”. De inmediato la presentó a todos, uno por uno. Lo que les dio un vuelco al corazón fue cuando ella, sonriendo, dijo: “Mi hermano me ha contado que ya no han podido encontrar entradas para el teatro, pero no se preocupen. Ustedes van a ser mis invitados de honor en mi actuación de esta tarde. Acompáñenme al Teatro. Eso sí les advierto que como todas las localidades están vendidas, tendrán que acomodarse en el suelo. No puedo hacer más. Vamos. Y salió como como una reina. La escoltaban todos los zarrapastrosos jugadores del equipo más combatido del pueblo, el “Atlético Banfield Club” que, como bizarros escuderos escoltaban a una verdadera artista. Todos miraban con admiración y mudos de asombro a la comitiva que se dirigía al teatro. Cuando comenzó la función en medio de atronadores aplausos, Anamelba, al borde del escenario, dijo “Con el permiso de ustedes, damas y caballeros, quiero dedicar mi actuación de esta tarde a mis amigos integrantes del “Atlético Banfield Club” que me están acompañando”. Nunca como entonces emergió la admiración por aquellos mal vistos pero extraordinarios jugadores que una artista como Anamelba los presentaba e invitaba a que su pueblo los reconozca. Aquel día fueron muy felices. Todavía recordamos el acontecimiento. De los meandros de la memoria vuelve a nosotros la canción con que Anamelba inició su actuación aquella tarde. Donde esté, nuestro cariño y recuerdo a la amiga y mejor bolerista del Perú.

 

El semental cerreño

semental cerreño

Aunque usted no lo crea, el mes de mayo de 1922, los periódicos del Cerro de Pasco, publicaban un curioso Decreto Supremo que, decía:

EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

Considerando

Que es inexcusable el deber del Estado, estimular, por cuantos medios esté a su alcance, el crecimiento y vigorización de la raza como base del engrandecimiento nacional:

Decreta:

1º. Institúyase un premio anual que se denominará MATERNIDAD Y PATRIA consistente en la adjudicación de una casa a las dos primeras madres que presenten el mayor número de hijos sanos; debiendo de pertenecer una de las madres a clase media y la otra, a la clase obrera.

2º.- El ministro de Fomento queda encargado del cumplimiento de este decreto.

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los doce días del mes de mayo de novecientos veintidós

  1. B. Leguía Lauro A. Curletti.

En aquellos momentos, la compañía norteamericana “Copper Corporation” que administraba una planilla de doce mil hombres en minas, talleres, oficinas, ferrocarriles y demás ambientes de su propiedad, tratando de cumplir con los lineamientos del Gobierno, quiso agrandar este premio entre sus servidores. Publicitó, “premios en efectivo a los padres más prolíficos”. Afirmado que era imperativo recompensar a los padres que trajeran hombres fuertes y productivos para el país. Como es lógico, las parejas cerreñas deseosas de ganarse el galardón, no dejaron en paz los tálamos laboreros y apuraron afanosamente -con mucho placer por supuesto- la producción de críos en serie.

Se sabía, por un expeditivo medio de publicidad, que cada mes, uno, dos o tres individuos, se llevarían a casa, un atractivo  premio por sus hazañas amatorias. En realidad, -digámoslo sin tapujos- aquellos fondos compensatorios iban a parar a manos de cantineros que atendían inacabables brindis de los más efectivos garañones cerreños. Los chiuches florecían y alborotaban en el Hospital de la COPPER y en el Carrión, porque, inclusive, quienes no estaban comprendidos en el concurso, se contagiaron de la moda y le dieron gusto al cuerpo hasta límites inesperados. En las calles cerreñas abundaban mujeres jóvenes con tremendas barrigas que proclamaban su fecundidad llevando de la mano interminable ringla de niños chaposos con un recién nacido a las espaldas. Era lo más común y cotidiano.

Esta moda publicitada con bombos y platillos, no hacía más que exacerbar el machismo minero, siempre pujante, donde el promedio de bullangueros niños por hogar era de ocho como mínimo. Aquí, como se sabe,  se menosprecia a quienes  no llegan a esa marca promedio  generalizada. Lo que entonces no se sabía y se achacaba a la sola potencialidad fecundadora del hombre era que, en el Cerro de Pasco, la lactancia materna que debía proteger a la mujer de la preñez, no funciona. Aquí, cerca de Dios, la mujer que está dando de lactar, se está embarazando de nuevo.  No ocurre el milagro del control debido a que la hormona que regula la fertilidad con la lactancia llamada prolactina, es prácticamente nula en nuestra población. Es la responsable de que la lactancia materna no esté siendo efectiva como método anticonceptivo natural.

Al finalizar aquel año subieron la recompensa para el mejor fecundador obrero. ¡Claro!. Los gringos estaban de plácemes. Cuanto más niños, más laboreros en las bocaminas y talleres, especialmente en la “Picking Plant” donde se iniciaban en el trabajo a los diez y once años de edad. Sólo era cosa de publicitar el concurso. Por eso es que para la Navidad de aquel año, el Superintendente Philpott, quedó estupefacto. El premio le correspondía a un tal Fructuoso Goyena, que había logrado acumular diecinueve niños –hombres y mujeres- en veinte años de matrimonio. ¡Un hijo por año! Sin salir de su asombro, encargó a su secretario que llevara a la oficina a tremendo plus marquista extraordinario. Quería felicitarlo personalmente y contemplar de cerca cómo podía ser un mortal de semejantes cualidades genésicas y tremendo prontuario fecundador. Así se hizo.

Una mañana, el Secretario anunció al Superintendente que, a la espera de ser recibido, se encontraba Goyena. Todo fue escucharlo y el corazón le dio un vuelco el gringo. Por fin conocería a un hombre que había podido superarlo diecinueve veces; él no tenía sino un solo esmirriado engendro en casa, pálido como un pabilo.

Se trazó en la mente la figura del semental y lo imaginó enorme, poderoso, bien parecido. No podía ser de otra manera. Un hombre débil, enclenque y sin atractivos físicos, de ninguna manera podía haber alcanzado esa proeza tremenda de hacer parir anualmente a su compañera. Para salir de aquella interrogante, ordenó que lo hagan entrar en su oficina.

Lo que apareció ante sus ojos fue todo lo contrario de lo que había imaginado. Un hombre delgado, macilento, con el mameluco enorme cubriéndole la carcasa mezquina y, sin ningún atractivo. No lo pudo creer. Tuvo que preguntar…

— ¡¿Usted ser Fructuoso Goyena…?.

— ¡Sí, Mister. Para servirle.

— ¡¿Usted tiene diecinueve…niños…?!.

— Efectivamente, Mister. Tengo diecinueve hijos. Todos vivos.

El gringo estaba estupefacto. No lo podía creer. Es más. No podía entender cómo, este hombre tan simple y aparentemente débil, pudiera tener tantos hijos. No terminaba de convencerse, por eso siguió preguntando.

— ¿Usted, ha tenido un hijo cada año de su matrimonio…?.

— Sí, Míster.

—Yo no logro entender eso –Estaba perplejo. No lograba armonizar su pretendido reproductor con éste que tenía delante. Decidió jugarse su última carta- ¿A qué atribuye usted el que tenga tantos hijos, Goyena. Puede explicármelo?.

— Todo es muy sencillo, míster.

— Bueno, entonces, explíquemelo, por favor.

— Bien. Yo, míster Philpott, vivo a sólo dos metros de la línea férrea en el barrio de la Docena….

— Bueno, pero eso qué tiene que ver con su caso….

— Es que diariamente, de lunes a sábado, de las cinco hasta la seis de la mañana, la locomotora del ferrocarril pasa por mi puerta haciendo un estrépito infernal… Va calentando motores para arrastrar coches y bodegas hasta que sale de la estación con rumbo a la Oroya…

— ¿…y?.

— A partir de ese momento ya es imposible dormir.

— ¿…y?.

— Bueno, levantarse a esa hora de tanto frío para ir a trabajar, es demasiado temprano….

— ¿…y?.

— Para seguir durmiendo, ya es demasiado tarde.

— ¿…y?

— ¡Cómo…y?! En ese trance se impone:  “¡Un mañanero!”

El gringo lo comprendió todo en un instante y con la risa abierta en los labios le alcanzó el apetecido premio al obrero fecundador.