Don José Malpartida Cuestas

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Don José Malpartida Cuestas, ha sido uno de los más filantrópicos hombres que ha tenido nuestro pueblo. Nació en el Cerro de Pasco, el 8 de diciembre de 1817. Desde muy joven se distinguió por su espíritu emprendedor, profunda religiosidad y tenaz amor al trabajo. Habiéndose destacado como probo y  diligente comercian­te, pronto encontró en la minería el filón de sus grandes consecucio­nes económicas, llegándose a constituir en uno de los hombres más ricos del Perú.

Su acendrado civismo le hizo ocupar estratégicos cargos directivos, habiendo sido Presidente del Consejo Departamen­tal, Subprefecto de la Provincia, Alcalde de nuestra ciudad y Director de la Beneficencia Pública, en muchos períodos. En este car­go, demostró sus altos dotes de administra­dor, regalándole con sus desvelos y trabajos, al pueblo que lo viera nacer y le dio fortuna.

Hombre piadoso por antonomasia, conseguidos los permisos correspondientes, construye con su propio peculio, el Templo de Nuestra Señora del Rosario de Yanacancha y, el camposanto adyacente que, más tarde, fuera derruido por los trabajos del “Tajo abierto”.

Presa de una dolorosa enfermedad (presumimos haya sido cán­cer) viaja por Europa y Asia Menor, en busca de cura para su dolencia y, luego de un cruento periplo -vencidas sus esperanzas- retorna a su tierra natal donde fallece el 3 de abril de 1870. En cumpli­miento de una disposición eclesiástica que acogía el pedido de la feligresía cerreña, es sepultado en el Altar Mayor de la iglesia que había edificado.

¿Sabía usted…?

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¿Que, El Cerro de Pasco, en los Andes centrales del Perú, es la ciudad más alta del Mundo? Está encaramada a  4.388 metros sobre el nivel de mar. (Delegaciones científicas de Francia, Inglaterra y Estados Unidos –cada uno en su tiempo- así lo han comprobado). Por el contrario, el asentamiento israelí de Ein Bokek, a orillas del Mar Muerto, es la ciudad situada a menor altitud del Mundo. Está ubicada a 393,5 metros bajo el nivel del mar. El Mar Muerto, que es un lago en realidad, está a 395 metros bajo el nivel del mar. Es necesario mencionar que hay un lugar habitado más alto donde, por razones especiales de servicio residen algunos habitantes. Es la aldehuela de Aucachilca en Chile ¡¿Cuándo no Chile?, donde habita una veintena de trabajadores. Está a cinco mil metros.  Haciendo el deslinde necesario y aclaratorio, éste es un villorrio insignificante frente al Cerro de Pasco que de acuerdo a la nomenclatura oficial de cetros urbanos poblados es una ciudad con una jerarquía muchos más alta. Ciudades son, Nueva York, Paris, Roma, Buenos Aires, el Cerro de Pasco…..

 

LOS AZALIA, NOTABLE FAMILIA CROATA EN EL CERRO DE PASCO

los-azaliaEs una antigua familia venida de la ciudad de DUBROVNIK, Croacia. Actualmente el nombre que lo ha reemplazado es RAGUSA, una ciudad costera ubicada en la región de Dalmacia en la república de Croacia. Con una población de 42 615 habitantes (censo 2011).1 Es uno de los centros turísticos más importantes del mar Adriático. Se la conoce como “la perla del Adriático“, “la Atenas dálmata“, ya que sus antiguos habitantes la distinguían como única, donde proliferaron grandes exponentes de la humanidad de las artes y ciencias. Es una ciudad rodeada de murallas y fortificaciones, al pie de la montaña de San Sergio, que cae a pico sobre las aguas del mar Adriático

De este histórico lugar fueron numerosos los integrantes que llegaron al Cerro de Pasco desde el año 1,860 hasta 1,905 y, radicaron en nuestra ciudad,  dedicándose a la extracción de minerales; habiendo sido JUAN AZALIA, uno de los primeros mineros croatas que organizó una empresa minera. Tuvo las minas de plata, cobre y plomo, siguientes: La Bastilla, Nuestra Señora del Milagro, Zupa, Estrella del Oriente, Causalidad, La Victoria, Julia, Estrella Caída, Nuestra Señora de Lourdes, Elena, Lola, César Alejandro, Depósito de la Plata, El Perú, Rodolfo y Bon Langer. A fines del siglo XIX, los Azalia modernizaron sus instalaciones mineras, dotándolas de concentradoras y de mejores molinos accionados por la fuerza hidráulica

Juan Azalia también tuvo en Cerro de Pasco, un importante establecimiento comercial, conocido como: CASA COMERCIAL AZALIA, que negociaba productos y maquinarias que importaba directamente para distribuirlos en la región. Fue en el año 1,910, que liquidó este negocio debido a la fuerte competencia de la empresa Cerro de Pasco Cooper Corp. Esta compañía pagaba a sus trabajadores con monedas fichas, para que con ellas pudieran hacer sus compras en la MERCANTILE, que era de su propiedad.

La cobertura comercial de Azalia, llegaba hasta los límites con la selva peruana, pues uno de sus proveedores de productos de selva fue Don José Ocaña, que tenía intereses en la ciudad de Huacrachuco y Monzón en la provincia de Huamalíes (Huánuco), a más de 250 kilómetros de Cerro de Pasco, comunicado en aquel entonces por una angosta vía peatonal, que cruzaba los escarpados cerros de la Cordillera de los Andes, y cuando cerró sus puertas la empresa comercial de Juan Azalia, canceló la deuda a OCAÑA entregándole un grupo electrógeno, con el que dio fluido eléctrico al pueblo de Huacrachuco y aledaños.

Juan Azalia, el año 1,901, se desempeñó como el representante minero durante los comicios para los Diputados mineros y en 1,908, fue Alcalde de la ciudad de Cerro de Pasco; también fue activo miembro fundador de la Sociedad SLAVA de Beneficencia, de Cerro de Pasco y directivo de la similar institución en Lima. Juan fue un hombre generoso, que dio la mano a muchos de sus paisanos y amigos; se hizo presente con donativos para la Cruz Roja de su tierra, para las obras de bien en Cerro de Pasco y contribuyó económicamente, a favor del Perú, durante la ocupación chilena.

NIKOLAS AZALIA, en 1,880, trabajó en Casapalca, fue propietario de varias minas y una fundición en Pumagrande, administradas por su empresa AZALIA NATION Co; en 1,897, fue miembro de la Sociedad Nacional de Minería. Habiendo destacado por que introdujo, para la extracción minera, las más modernas maquinarias a fuerza hidráulica, y también por los adelantados procesos que instauró.

Las minas de plata, cobre y plomo que Nikolás tuvo (1,885 – 1,909) en YAULI, fueron: San Nicolás, Santa Elena, San Marcos, Herminia, El Último Cartucho, Juanita, Juan, Pobre Diablo, Ricardo, Amorcito, Saturno, San Martín, María Celina, Edelmira, Alberto, La Cunita, Navidad, Irene, San Ciriaco, Soledad, Regente, Dolores, Riqueza, Austria, Julio Verme, Duvaz, Miss Aida, Rifler, Chupaquina, Ras Canajama, Olga, Miss Elisa, Aistobolo, Victoria, El Sable, Adoquín,Santa Genoveva, Mercedes, San Francisco, Luisa, Triunfo, Mi Suegra, Callao, Taita, Cristina, Triunfo, Rosaura, Julio, La Ridícula, Violín y San José.

MARKO AZALIA, también fue minero, miembro de la Cía. Minera AZALIA NATION Co. y desde 1890 tuvo, en Cerro de Pasco, las minas: Zupa, Victoria, Omia, San Marcos, Gavosa y Jamaica.

RUPERTO Y JUAN AZALIA,  entre los años 1,928 y 1,941, en Cerro de Pasco, tuvieron las minas: Junín, No 1918, Ayacucho, Julio César, New Castle, César Alejandro, Oyón, Goyllarisquizga, Compensación y Alegría.; Huccha-Cuyoc en CAJATAMBO y en CANTA: Perla Negra y Siempre El.  En el año 1,890, en el exclusivo Balneario de Ancón, tuvieron NIKOLA AZALIA y Jerónimo Braniza EL GRAN HOTEL

RECUERDOS DE MI TIERRA

Teniendo como fondo un viejo y tierno vals argentino que mi madre y sus hermanos entonaban en la vieja casona del Barrio Misti, hacemos desfilar algunas imágenes fotográficas del viejo Cerro de Pasco que hoy ya no existen. Queremos que nuestros jóvenes –hombre y mujeres- puedan conocer el escenario de nuestras vidas durante pasados años y que dejaron hermosos y no pocos dolorosos recuerdos del ayer.

La congregación de las Hermanas de María Inmaculada

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En la fotografía vemos, en ordenada fila, a las integrantes de la Congregación de la Hermanas de María Inmaculada, presididas por su escolta que está portando el estandarte correspondiente. Llevan en las manos el breviario y van cubiertas con sendos velos y medalla distintiva de la cofradía. Asisten a una procesión religiosa. En aquel tiempo, había varias congregaciones religiosas en la ciudad minera. Se caracterizaban, entre otras cosas, por sus lábaros y pendones distintivos. Estaban “Las Hijas de María Inmaculada”, “La Hermandad del Perpetuo Socorro”, “La Hermandad del Niño Jesús de Praga”, “La Hermandad de la Virgen del Carmen”, “La Hermandad del Señor de los Milagros”, “La Hermandad de la Virgen de Fátima”, “La Hermandad Terciaria Franciscana”, “La hermandad de Fray Martín de Porras” y “La hermandad de la Virgen del Tránsito”, venerada por los miembros del Consulado Austro – Húngaro en pleno. Esta virgen traída desde la lejana Austria estaba representada en un hermoso cuadro en el que se la ve en el momento glorioso de su ascensión al cielo. La Madre de Dios está enmarcada en un hermoso cuadro de pan de oro con sus sueltos cabellos rubios, ojos claros y manos abiertas en sacra ascensión, rodeada arcángeles, querubines, ángeles y delfines.

A  propósito de la Virgen del Tránsito, es imprescindible recordar que el domingo 14 de agosto de 1904 (Hace 112 años) se efectuó la de bendición del Oratorio de la  Beneficencia Slava donde se la había entronizado y se la veneraba. La ceremonia estuvo a cargo del Vicario Foráneo doctor Celedonio Fernández. Fueron padrinos, Juan Azalia y esposa. El panegírico fue dicho por el Dr. Pedro F. Rivera y García.

Este santuario, sobrio y acogedor, edificado a imagen y semejanza de una ermita vienesa, estaba ubicado en la Plazuela Ijurra, en un tiempo residencia del hombre más rico del Perú, don Manuel Fuentes Ijurra. Su techo a dos aguas sobre el que se elevaba el campanario, llevaba en la parte alta de la entrada, el año de la inauguración: 1904. (Más tarde, en una determinación muy censurable, hicieron borrar esa fecha y colocaron: 1960). Si bien aquel año fue muy especial para la hermandad por haber adquirido la efigie de la virgen y estar ad portas de la destrucción del santuario, no es motivo para ignorar la fecha oficial de su inauguración. Es por esto que con toda parsimonia, acaban de celebrar “el cincuentenario de la Hermandad de la Virgen del Tránsito” cuando realmente ha cumplido CIENTO OCHO AÑOS (108) de fundada. Queremos Creer que no hay mala intención, pero es necesario respetar las fechas verdaderas. Estos son los monumentos históricos que hay que respetarlos.

Volviendo al oratorio: el borde interior llevaba artísticas molduras trabajadas en madera y una marquesina en el que se leía: “Beneficencia Slava”. El frontispicio, con entrepaños, jambas, dinteles y umbral de piedras talladas, enmarcaban una sólida puerta de caoba que daba acceso al interior de ponderada elegancia, cuyas paredes de asombrosa sobriedad, dirigía la vista hacia una peana donde se levantaba el Altar Mayor, cubierto de fina lencería blanca y una serie de candelabros y palmatorias de plata escoltando al tabernáculo. Presidiendo el Altar, resguardada por la Inmaculada Concepción y el Corazón de Jesús, el cuadro en el que se ve a una rubia Virgen María, escoltada por una milicia de querubines, arcángeles y serafines, elevándose entre nubes de arrebol, con los cabellos al viento y la serena mirada de sus ardientes ojos celestes. Es el símbolo postrer de la vida en su tránsito a la muerte: LA VIRGEN DEL TRANSITO.

En este acogedor santuario de elegante y cómodo mobiliario, se realizaron, a través de sus años de existencia, los más elegantes bautizos, confirmaciones, misas, oficios necrológicos y bodas de postín. Amarillentos retratos ajados son los únicos testimonios de aquella grandeza pasada.

El oratorio se mantuvo en pie por más de setenta años, al fin de los cuales, excavadoras, tractores de oruga, retroescavadoras, anfo y dinamita, hicieron volar aquel remanso de paz. Ese día el pueblo lloró. Total, se iba una parte de su vida. Ese día también quedó establecido que, la Cerro de Pasco Corporation, erigiría una réplica de este oratorio en la nueva ciudad de San Juan Pampa. Así quedó acordado. Pero, transcurrido el tiempo, se cumplió con lo que se había prometido y, el 26 de febrero de 1967, “En emotiva ceremonia que congregó gran número de fieles, se bendijo el domingo 26 de febrero (1967) la moderna iglesia que la Empresa ha levantado en el Centro Cívico de Yanacancha como parte de la nueva ciudad de Cerro de Pasco”. En ninguna parte de este informe publicado en EL SERRANO No 207 de marzo de 1967: 4 y 5, se dice que esta Iglesia se edificaba en reemplazo de la que habían traído por los suelos. Tuvieron mucho cuidado en hacer aparecer como una “generosa donación de la Empresa para el pueblo católico del Cerro de Pasco”.

Esta iglesia proyectada y construida por el arquitecto Benjamín Doig a un costo ” que supera fácilmente el millón y medio de soles y abarca un área de 696 metros cuadrados con  capacidad de albergar a 400 fieles, número que puede elevarse a 500, en ceremonias especiales”, no es sino en pago de la que derruyeron en sus trabajos de avance del “Tajo Abierto”. Este fue un oratorio que los miembros del Imperio Austro – húngaro nos donaron y su réplica no es sino una retribución a la destrucción que de él hicieron los norteamericanos.

¿Sabía usted…?

Que el año de 1927, el doctor Fabio Mier y Proaño, en su calidad de médico, crea la Asistencia Pública para prestar asistencia urgente a los miembros de la comunidad. Provisto de todos los elementos necesarios funciona en el primer piso del Edificio Proaño, destinado por él para tal función. Este establecimiento desempeñó una notable actividad en nuestra ciudad.

 

EL TAMBO COLORADO

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Era un precario alojamiento para los numerosos comerciantes que venían a vender sus productos en nuestra ciudad. Los hoteles: Universo,  América, Champa, Internacional y otros,  estaban dispuestos para comerciantes al por mayor que podían solventar sus costos muy elevados.

La particularidad de este local era su disposición interna. Posada en un enorme salón interior donde los huéspedes premunidos de sus pertenencias se acomodaban como podían. Había un enorme corral adyacente para guardar sus acémilas de transporte. En el salón que daba a la parte delantera -empalme de la subida de Santa Rosa con la calle del marqués- se dispuso una amplia sala que fue convertida en burdel de ínfima calidad donde recalaban los trabajadores de las minas, comerciantes minoristas, mercachifles, hombres desasidos de la fortuna y muchísimos tarambanas, borrachos y busca líos. Las hetairas o servidoras diligentes eran atractivas mujeres jóvenes venidas de lugares cálidos cercanos a la ciudad y, una que otra cerreña, avenida a esa tarea.

!Ay! rosita, rosa

qué estarás haciendo,

en la noche oscura

con el taita cura.

 

                   Cura durmiendo,

                   sacristán borracho,

                   levanta la sotana….

!Que siga la jarana…!

El animador musical del lenocinio era el ciego Clemente Aramburú, más conocido  por “Aramburucha”, eximio mandolinista que hacía flores con su pequeño instrumento al que cariñosamente llamaba “Mi Sirena”. Conformaba el conjunto, Bernabé Quispe,  “Bernacho”, un arpista notabilísimo que había sido maestro del genial “Tany” Medina. El que se afiataba al conjunto era un guitarrista extraordinario: Selenio Ronquillo, más conocido por “Huallpa pecho” (Pecho de gallina) que con su voz muy hermosa alegraba las reuniones. Finalmente, Liborio Soncco, violinista de hartos merecimientos, conocido por la “Sonso” Liborio. Un conjunto precario pero de altos merecimientos musicales.

Toda la noche sonaban los huaynos y cachuas, alegronas, pícaras y retozonas. Al amanecer la comunitaria “Pirwalla pirwa” huamanguina en la que participaban todos sin ningún tipo de remilgos y,  alternando, la “Relojera cajamarquina” que sorprendía a más de un inadvertido. Alternando con sus viajes a sus aposentos  personales todos gozaban de lo lindo.

 

Por ti, negrita,

pierdo la vida;

ese tu marido

me matará.

 

A un barranco

me echará;

los gavilanes

me comerán.

El lazarillo y acompañante de “Aramburucha” era una hermosa mujer joven, huamanguina como él, que se le había unido enamorada por su arte y conmovida por su invalidez. Durante la jarana, la mujer sincopaba con sus manos la caja del arpa de una manera admirable. “Aramburucha” que era muy celoso, estiraba las polleras de su mujer y se sentaba sobre ellas para que no pudieran sacarla a bailar.

 

A mi me llaman borracho,

a mí me llaman tunante;

así borracho y tunante,

                                      cambio, cambio, cambio mujeres….

 Desde el comienzo de su periplo histórico hasta sus últimos instantes, fue escenario de mil y un avatares que dio mucho que hablar a las gentes del pueblo. Cuando se encontraban los mineros de dos minas rivales –por ejemplo- dirimían a golpes sus diferencias. Una que otra vez, los celos eran las chispas que encendían las peleas.

 

!Ay! chuchulaiqui,

!Ay! chuchulaiqui,

paltas Tarman niraiqui,

paltas Tarman niraiqui.

 

!Ay! siquilaiqui,

!Ay! siquilaiqui,

zapallo huancar

niraiqui.

         De entre los numerosos parroquianos que frecuentaban al Tambo, resaltaba con colores propios un cura italiano, alegre y borrachín, bebedor empedernido del rico aguardiente de caña de Vichaycoto, llamado Renzo Tubino que por el tufo que emanaba quedó con el nombre del “El Cura Tufino”. Expulsado del “Rancho Grande”, mancebía de los poderosos que no querían verlo ni en pintura, menos aún de “Rancho Chico”, recaló con su pesada humanidad en Tambo Colorado donde se conchabó con una cholita huanuqueña y hablantina a la que llamaban “La Socavón” -vaya usted a saber el por qué del apodo-. El caso es que cuando el cura llegaba todo el mundo se aprestaba a verlo bailar porque al hacerlo parecía un trompo, incansable y alegre, no obstante su pesada humanidad. Todos lo festejaban. El cura feliz.  Era muy alegre y manirroto, querido por todos. La última noche que había bebido tanto, su rostro se puso como un globo colorado, a punto de explotar. No hizo caso de las advertencias que le hicieron. Cuando llegó un momento de máxima alegría con una relojera cajamarquina bien tocada, el cura rodó por los suelos al terminar el baile y quedó frío con una mirada enigmática y terrible fija en el infinito. En el hospital de la Providencia el médico que lo examinó solo alcanzó a decir. “Fue una embolia cerebral”. No dijo más y le cubrió la cara.

Yo le pegué a mi cholita

Con un justa razón,

porque le encontré lavando

del Pedro su pantalón.

 A esta desgracia se sumó la pérdida de “Mi sirena”. Una noche, un bromista, aprovechando que Aramburu había ido con su mujer al baño, cubrió la mandolina con un poncho y, el ciego al volver se sentó sobre ella. Al oír el crujido “Aramburucha” pegó el grito al cielo como si lo hubieran apuñalado. Su mandolina se había convertido en astillas. A partir de aquella noche en que lloró hasta conmover a los mineros más recios, se sumió en una tristeza enorme y dejó de ser el artista que tocaba su instrumento para alegrar a los demás.

Por aquello días había un descontento general en el país. Se había declarado ganador de las elecciones generales al mocho Sánchez Cerro. Hasta en el Cerro de Pasco donde se le odiaba como a nadie, había “ganado” al candidato aprista. Nadie quedó conforme y en el pueblo se preparó una asonada de protesta para los primeros días de diciembre de 1931. Lo comandaría el mismo Víctor Raúl Haya de la Torre. Se movilizarían las ciudades más importantes del ámbito nacional oponiéndose a la ascensión del “Mocho” que debía realizarse el 8 de diciembre. El jefe absoluto de este movimiento en nuestra ciudad fue el constitucionalista Pedro Muñiz, ingeniero que había trabajado en nuestras minas por lo que contaba con numerosos amigos. En cumplimiento de lo pactado fue tomada la ciudad minera esperando el apoyo de las otras ciudades apristas del Perú como Huánuco y Huancayo. Fatalmente estos no se manifestaron y, en ese ínterin, llegan tropas de Lima al mando del Comandante Castro León, produciéndose un violento tiroteo en las calles del Cerro de Pasco especialmente en el Tambo Colorado que habían convertido en cuartel general de la insurgencia. Después  de una aparatosa balacera terminaron por debelar el movimiento cerreño. Ese día también murió el Tambo Colorado.

la-columna-pasco-libroLA COLUMNA PASCO es el libro que con ágiles pinceladas describe los arenosos paisajes – asfixiante infierno en el día, páramo helado en la noche- donde se desuellan los pies descalzos y sangran los labios cuarteados de estos andrajosos fantasmas que la improvisación y la incapacidad estaban enviando al cadalso. Es el canto épico a un extraordinario grupo humano que luchó denodadamente contra todos los elementos. Es el recuento del esfuerzo de todo un pueblo para respaldar a sus héroes; de las madres implorantes que al final no pudieron cerrar los ojos de sus hijos ni sepultar sus restos diseminados en los ardientes confines de la patria. En las quinientas páginas de este libro vemos trazados con mano firme los retratos de los héroes de la epopeya, la dimensión de sus sueños, de sus frustraciones y, sobre todo, de la conmovedora renuncia a la vida en la hora suprema del sacrificio. Sin quebrar la línea de equilibrio nos describe con sus virtudes y defectos a estos soldados legendarios que, lógicamente, no son dioses: son hombres; pero, ¡Qué hombres!

Adquiera su ejemplar llamando al teléfono 991467267, de 4.30 a 10.oo pm

JOAQUÍN DURÁN MORENO

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Este admirable patriota, héroe de la resistencia de la Breña, nació en el Cerro de Pasco, el 22 de agosto de 1864. Fueron sus padres, don José Durán y doña Dolores Moreno.

Siendo casi un niño ingresó en la carretera militar, prestando importantes servicios durante la Guerra del Pacífico en la gloriosa Campaña de la Breña, al lado del benemérito general Andrés Avelino Cáceres, de quien fue uno de sus primeros y más distinguidos  ayudantes. En esta misma época fue jefe del Escuadrón Tarma compuesto de jóvenes denodados que en todas las acciones de armas, disputaron palmo a palmo con el ejército chileno que invadía nuestra patria.

Acompañó a De la Riva Agüero en su arriesgada comisión para sacar de Lima un contingente de armas y dos cañones que sirvieron oportunamente a nuestras débiles tropas.

Durante la campaña, peleó bizarramente en los combates de Pucará, Marcavalle y Huamachuco, salvándole la vida al general Cáceres en la primera de estas acciones al ceder su caballo al héroe protegiendo su retirada a riesgo de caer en manos enemigas.

Retirado a la vida privada volvió a tomar parte en la política con motivo a la revolución de 1894, alistándose como segundo jefe del batallón Junín, el mismo que estaba al mando del coronel Rosas Gil.

Restablecido el orden constitucional, marchó con su batallón al departamento de Puno, sirviendo eficazmente en la pacificación de aquellos pueblos.

En la expedición a Iquitos, salvó a su batallón de un segundo desastre, merced a sus atinadas disposiciones.

En la administración del gobierno Romaña, desempeñó el cargo de Juez Militar de los departamentos de Lima, Cajamarca y La Libertad.

Retirado a la pasividad de la vida civil murió asesinado misteriosamente el viernes 24 de marzo de 1905.

 

EL PRIMER DESENGAÑO (Tercera parte)

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El jueves santo de aquel año fueron al campo a recoger flores para la  procesión del día siguiente. Salieron muy temprano llevando sendas talegas para transportarlas, también alimentos, frutas y  refrescos. Tomados de las manos, libres de cualquier atadura, se perdieron por las inmensidades de Yanamate, cantando y conversando alternativamente. En todo ese tiempo abrieron sus  corazones y volcaron, uno a otro, íntimas confesiones que sólo con los que se quiere se puede compartir. En muchos pasajes la vio llorar con mucha tristeza. Sufría por sus padres, por su pobreza, por todas las limitaciones que la acosaban. ¡Cuánto llegaron a conocerse aquel día santo! Después de las cuitas, recogieron  gran cantidad de pequeñas flores llamadas “Para – para huayta” (“Flor de los cerros”) de inmensa variedad de colores. Ella por su parte, utilizando un gancho metálico, sacaba también una buena cantidad de raicillas como diminutas yucas. “Es “cachu – cachu” –le dijo- nuestro chicle”. Juntó la lechecilla hasta conformar una bola y dándole a la boca: “Mastica”, le dijo. Parecía un trozo de jebe, sin sabor alguno porque no tenía nada de azúcar pero, él cayó en la cuenta de que su masticación, mantenía los dientes muy limpios con aliento fresco. Ya con las sombras apoderándose del paisaje, tomados de la mano, retornaron exhaustos por la prolongada caminata.

 Por aquellos días, cuando pasadas las cinco de la tarde, los muchachos  se enfrascaban en disputados partidos de fútbol. Al borde de la cancha veían al joven arquero del “Club Sport Unión Railway”. Alto, joven, bien parecido, con manos gigantescas y notable envergadura; piernas poderosas y, lo más notable en él: sus glúteos  enormes; parecían el doble del tamaño de lo que debieran ser. La chispa e imaginación de los aficionados le clavó un apodo que lo pintaba de cuerpo entero: “Waca siqui” (culo de vaca). Todos los jóvenes contendientes abrigaban la secreta esperanza de que el arquero los observaba para llevarlos a filas del club ferrocarrilero y, sin ninguna restricción, demostraban sus condiciones futbolísticas. “Chalacas” espectaculares, impecables “palomitas”, “wachas” oportunas y atildadas, interminables “cabreos”, “planchas”, “cocos” y vistosos desplazamientos en clara demostración de inacabable “físico”. ¡Qué no hacían! Eso, diariamente. Soñaban con vestir la gloriosa camiseta azul del Railway, cantera prodigiosa de talentos futbolísticos de entonces. Fatalmente, a costa de todos sus sueños, descubrió el error en el que estaba viviendo.

 Una madrugada encontró su puerta tan sólo entornada. Con el fin de sorprenderla empujó y, entró. El chirrido la despertó y sorprendida se sentó;  quedó mirándole, roja de sofocación, despeinada, estupefacta. No podía articular palabra.  Sólo sus ojos, sus enormes ojos, estaban fijos en él. Notó que a su lado, había un bulto inmóvil. Ambos lo miraron. Cuando le preguntó quién era, el bulto descubrió la sábana. Quedó mudo. Era el maldito “Waca siqui”, igualmente despeinado y rendido, que estaba durmiendo al lado de aquella preciosidad que era, no parte, sino toda su vida. En un instante lo comprendió todo. Un remolino de emociones inundó su alma, mezcla de ira, impotencia, desamparo y tristeza. Se sintió como acuchillado en el corazón. Era una emoción que no esperaba recibir. Un llanto convulsivo se apoderó de él y salió corriendo, huyendo, a donde le llevase el destino. Corrió por los campos, camino de cualquier parte, escapándose de aquella negra suerte que se había disfrazado de efímera felicidad. Aquel día no asistió a la escuela, se perdió por esos campos desolados y lloró como nunca porque creía que no tenían derecho a hacerle eso. Se sintió traicionado, incomprendido, solo, desesperadamente solo. Desde entonces, ya no fue el mismo.

 No he tenido en la vida ni un momento de felicidad;

yo he sufrido en la vida lo que nadie ha sufrido jamás.

Para qué hablar de amores, si el amor es un soplo fugaz,

es perfume de flores que como viene se va.

 

Y vivir para qué, cuando ya no hay amor, qué me importa la vida

Y vivir para qué, cuando ya el corazón ha perdido la fe.

No he tenido en la vida,  ni un momento de felicidad,

yo ya estoy convencido que todo es mentira, que nada es verdad.

 Ella –le contaron sus amigos- le buscó para hablar y explicarle lo que había acontecido, pero jamás lo logró. Él la evitó por todos los medios. Prefirió caminar con sus enormes baldes rodeando la  vieja casona por no volver a verla, compró los panes de otro lugar y prefirió pelarse de frío a verla. Un día le contaron que a su “querido” –con el que se había unido- lo habían cambiado de colocación en un pueblo cercano y que ella se había ido con él.

 Cómo sufrió aquellos años. Cuánto daño le había hecho el vivir esperanzado, aferrado a una felicidad que no sólo fue efímera sino muy cruel. El único ser que con él compartía tristezas y alegrías, el amor de su vida, la había traicionado. Sus días se tornaron grises y vacíos. Tardó muchísimo tiempo para acostumbrarse, pero poco a poco, fue olvidándola. Así pasaron los años y, ¡lo que son las cosas!; la volvió a encontrar.

 Aquella tarde de diciembre de 1964, sepultaban a setenta y cuatro mineros muertos en una explosión en la mina de carbón de Goyllarisquizga. En su condición de Presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, cargaba al primero de la fila, pero, sea por las malas noches continuas, el dolor que experimentaba por la desgracia, por el cansancio, o por lo que fuere, al superar una subida, sintió que el corazón se le encabritaba de angustia y, un dolor parecido a un ahogo, le cerraba el pecho, entonces, encargando a otro colega para que le reemplazara, salió de la fila y llegó a una casa por donde pasaba el entierro. A la puerta, entre la penumbra, vio a una señora y le pidió que le regalara con un vaso con agua. Al momento le sirvió muy comedidamente. Después de tomar unos sorbos sintió un alivio que le permitiría seguir adelante. Agradecido entregó el vaso: “Gracias, señora”. Entonces escuchó  como salida del ayer, la voz de ella: “No tienes por qué, cushurito”- siempre le había llamado así. Sorprendido miró con más atención y entre la penumbra la vio. Estaba muy delgada y avejentada, pero seguía siendo bella. No dijo nada, no podía hablar. Hay heridas que nunca se curan. Se quedaron  mirando un buen rato sin proferir palabra alguna.  En silencio se retiró de aquella casa cuando, enorme y pesaroso, un lagrimón amenazaba rodar por sus  mejillas…

 

Después de tanto soportar la pena se sentir tu olvido,

Después de todo te lo dio mi pobre corazón herido,

has vuelto a verme para que yo sepa de tu desventura,

por la amargura de un amor igual al que me diste tú.

 

Yo no podré ni perdonar ni darte lo que tú me diste,

Has de saber que en un cariño muerto no existe el rencor.

Y si pretendes remover las ruinas que tú misma hiciste,

sólo cenizas hallarás de todo lo que fue mi amor.

 

 

Fin………..