Aquel lejano primer mundial Del diario EL COMERCIO (5 – 07 – 2010)

Selección peruana de fútbolEl próximo mundial nos pisa los talones, y amenaza capturar la atención de los habitantes del planeta, quienes, esta vez, enlazados por los medios y las redes sociales, vivirán cada partido “pegados” a sus televisores, computadoras o celulares. Pero no siempre fue así. Por unos instantes viajemos a 1930, hace ochenta años, hasta la primera copa mundial en Uruguay, y descubramos cómo informó El Comercio sobre la participación de la selección peruana en esa cita internacional.

El Perú formó el Grupo C con Rumania y Uruguay, la selección anfitriona. Los primeros once históricos que pisaron la cancha en un mundial fueron: Valdivieso (El Mago), De las Casas, Soria, Denegri, Galindo, García, Lavalle, Neira, Villanueva, Lores y Souza.

Para el debut contra los rumanos, el 14 de julio, miles de aficionados se congregaron frente al balcón en las puertas del diario El Comercio, donde se colocó un altoparlante a través del cual un locutor leería los cables que las agencias harían llegar a nuestro diario.

El primer gol en un mundial

A las 2:45 de la tarde (hora uruguaya), el árbitro chileno Alberto Warnken pitó el inicio del encuentro en el Estadio Pocitos, ante dos mil espectadores.

Los hinchas peruanos no habían terminado de ubicarse cuando se escuchó por el altavoz un tempranero y mal presagio: “Los rumanos marcan el primer goal”, decía el escueto cable. El subsiguiente despacho complementaba la información: “El primer goal de los rumanos se produjo a raíz de un entrevero en la valla peruana”.

Los informes de las agencias -cortos y concretos- no dejaban de contar el minuto a minuto. Pronto la brusquedad dominó las acciones. Se produjo un fuerte encontronazo entre Galindo y el delantero rumano Steiner, quien salió de la cancha con la pierna fracturada.

Los aficionados de la época, ataviados con corbatas, sombreros, borsalinos y bastón, permanecían “enchufados” a las puertas del diario: “Después de quince minutos de juego, los rumanos continúan dominando y llevando la mayor parte de sus ataques contra la valla peruana”, perifoneaba el relator.

“A la media hora de juego los europeos siguen atacando, pero el entusiasmo de los peruanos logra equilibrar las acciones”, describe un despacho recién llegado. Las cosas no cambiarían hasta el final de la primera etapa. El sistema de información organizado por Decano había mantenido en vilo a los hinchas durante 45 minutos.

Se reanuda el segundo tiempo y un cable de United Press (UPI) alerta sobre el juego fuerte: “El half peruano Galindo tiene una incidencia con un jugador rumano, cambiándose entre ambos serios golpes”.

El subsiguiente cable cuenta el desenlace de la situación: “…Galindo es expulsado del campo. Se reanuda el juego”. Según la FIFA fue Mario De las Casas.

Minutos después se escucha: “Los peruanos marcan el primer goal”. La salva de aplausos rompe el silencio en las puertas de El Comercio. Era el minuto 75. El wing izquierdo Luis de Souza Ferreyra se convirtió en el primer jugador peruano en anotar en un mundial: “Agarré el balón casi de volea con la pierna derecha y la mandé al otro palo”, refirió en una entrevista a Deporte Total en el 2007, un año antes de fallecer. Desde el arco, el peruano Juan Valdivieso observó toda la jugada, que luego describiría en detalle: “Galindo había desbordado, se fue por el lado derecho, se convirtió en un puntero mentiroso y centró para la pierna derecha de Luis de Souza Ferreyra”. Efectivamente, Galindo no había sido el expulsado.

El partido se reanuda. “Los peruanos actúan ahora con enorme entusiasmo. El juego adquiere una gran movilidad”, señala el siguiente despacho de Associated Press (AP).

Empero, no mucho después, a los 85 minutos de juego, los europeos ponen el 2 a 1. Inmediatamente otro lacónico cable sepulta las esperanzas peruanas: “Se ha producido el tercer goal rumano”. La derrota quedaba consumada.

Ante el local charrúa

Sin embargo, tres días después Perú jugaba su última chance ante Uruguay. El choque sería el corolario de la ceremonia oficial de apertura, que coincidía con la inauguración del histórico Estadio Centenario.

Cuando más de 70 mil uruguayos se acomodaban en las flamantes graderías del novísimo recinto, muy lejos de allí, miles de aficionados peruanos rodeaban nuevamente la entrada principal de El Comercio. El árbitro belga Jan Langenus ordenó el inicio del juego pocos después de las dos de la tarde, hora peruana.

Los primeros cables fueron poco alentadores. “Empezado el encuentro Urdinarán remata y la pelota pega en el travesaño del arco nacional. Luego, una serie de córneres llevan peligro sobre la valla peruana; el embate de los campeones olímpicos es constante”, se escucha por el altavoz.

“De las Casas, peruano, se luce oponiendo tenaz resistencia a los ataques constantes de los uruguayos”, agrega un cable de AP. Los hinchas de la época siguen con atención el perifoneo de las acciones. “Un córner contra los peruanos lo ejecuta Urdinarán, pero la pelota la rechaza Pardón con un golpe de puño”.

“El forward peruano Lores shotea, y Ballesteros detiene la primera pelota de la tarde”. Los peruanos salían tímidamente del fondo. “Un peligroso ataque peruano lo detiene bien Nazzasi.”, dice otro cable.

Luego se escucha que un avance peruano es detenido por el half izquierdo uruguayo Gestido. En esa jornada, el consagrado defensa charrúa soportó el vaivén del endiablado puntero derecho José María Lavalle. Este duelo es una de las leyendas que sobrevivió con mayores luces del partido con los celestes.

Al día siguiente, el periódico El País publicó una nota titulada “La Sombra negra de Gestido”, en donde se destacaba la habilidad de Lavalle. Al referirse al delantero el texto era contundente: “Había sido el mejor jugador de la cancha, sometiendo a Alvaro Gestido, una gloria del fútbol nacional, a una verdadera tortura, porque no había tenido forma de controlarlo”.

A pesar de ello, el dominio fue de los locales. “Pocos instantes antes de terminar el primer tiempo, Pardón, arquero peruano, salta rechazando la bola, cuando se creía que era un goal inminente”.

En el cierre de la primera etapa, el cable indicaba que la muchedumbre ovacionaba estruendosamente a los peruanos “por su magnífica defensa al mantener a raya a los campeones olímpicos y al conseguir que estos no abran la cuenta en el primer tiempo, el cual terminó cero a cero.”

“El segundo tiempo entre Perú y Uruguay comenzó a las 4:17 p.m., hora de Montevideo”, se anuncia por el alta voz. Los cables son perifoneados uno tras otro hasta que se anuncia la apertura del marcador. “El ´Manco´ Castro marcó el primer goal uruguayo, a los 17 minutos de juego”. El artillero celeste, quien había perdido parte del brazo derecho tras un accidente a los 13 años, define y estalla el Centenario.

A pesar del esfuerzo de los nacionales, los campeones olímpicos mantuvieron la diferencia hasta el final del encuentro, sellándose así la primera participación mundialista del combinado peruano.

Al referirse al público convocado, El Comercio dijo: “El gentío palpitó de entusiasmo cuando nuestros compatriotas, en magnífica lucha, supieron defender con todo brillo los colores peruanos, rivalizando con los campeones olímpicos”.

Ante 90 mil espectadores, la final se jugó en el Centenario entre uruguayos y argentinos el 30 de julio, venciendo los locales por 4 a 2, y coronándose así como los primeros campeones del mundo.

Los nuestros regresaron y continuaron jugando en sus equipos. Luego de 60 años, en 1990, El Comercio y una empresa cervecera lograron reunir a seis sobrevivientes de aquel equipo. Unidos por el balón apreciamos a Luis de Souza Ferreyra, Lizandro Nué y Mario de las Casas.

 

LA “JUGADA” DEL DEPORTIVO MUNICIPAL

El 22 de junio del 2010 -hace siete años- falleció nuestro gran amigo, GUZMÁN VARILLAS BASURTO. Además de inquieto periodista y animador de nuestras reuniones amicales, fue brillante Presidente de la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco. En el desempeño del cargo nos dejó una estela de grandes consecuciones para nuestro popular deporte. Con nuestra gratitud y recuerdo a los diecisiete años de su partida, me permito rendirle homenaje de recuerdo con esta anécdota de pasados años. La afición cerreña sigue adolorida por su desaparición y, no obstante los años transcurridos, lo recuerda con mucho cariño.

deportivo municipal campeón de 1950

Vivíamos pletóricos aquella inolvidable época en la que uno de los más emblemáticos equipos de fútbol de nuestra patria estaba en la cumbre de la popularidad: el Deportivo Municipal. Para entonces, presidiendo a la Liga de Fútbol del Cerro de Pasco, teníamos a uno de sus más eficaces y carismáticos dirigentes que ha tenido esta institución: Guzmán Varillas Basurto, miembro de la Policía de Investigaciones del Perú. Como jugador primero, y como dirigente después, fue ganándose la confianza y el aprecio de los aficionados. Elegido Presidente puso en marcha un plan muy bien hilvanado destinado a traer a nuestras canchas a los mejores equipos capitalinos. Naturalmente la respuesta de la afición fue aprobatoriamente generosa. Con el mismo entusiasmo trajo cuadros de gran prestigio como el Alianza Lima, Universitario de Deportes, Sport Boys, Ciclista Lima, Atlético Chalaco y otros; inclusive, gracias a él, tuvimos el primer partido internacional cuando, para Fiestas Patrias, jugó el Municipal de la Paz, Bolivia con nuestra selección de fútbol local.

En cada una de estas presentaciones el éxito de taquilla era efectivo. Por aquellos, días oyendo las sugerencias de la prensa que canalizaba con mucho acierto las aspiraciones de la hinchada, decidieron traer el Club Deportivo Municipal, que por aquellos días tenía en su plantilla nada menos que al ídolo nacional que había triunfado ampliamente en Argentina al jugar por “Platense” y “Racing”: Tito Drago. Lo acompañaban, un joven que con gran pundonor y calidad emergía triunfador para codearse con las mejores estrellas de nuestro fútbol: Juan Seminario; los jóvenes hermanos Manuel y Roque Rivera; un “patrón del medio campo”, Germán Colunga; Oscar Montalvo como puntero derecho; César Brush y Willie Fleming, backs de gran prestigio; Humberto Becerra, en el arco; también ”Pichín” Biélich . Es decir lo mejor de la vidriera futbolística de aquellos días.

Con bombos y platillos se anunciaba la presentación del Municipal para enfrentar a nuestra selección el 28 de julio en el Estadio Municipal. La publicidad fue tan abrumadora que desde los primeros días de julio no se hablaba de otra cosa. Llegado el día, como no había sucedido nunca en nuestra ciudad, el tema candente de toda conversación era la presentación de la “Academia”. El 28 de julio cuando se celebraba el Te Deum oficial, se presentaron los jugadores capitalinos premunidos de sus buzos rojos de franela con letras blancas: MUNICIPAL. Todo fue que aparecieran cuando la ceremonia central estaba perdiendo solemnidad porque, sin hacer caso de los pasos de la liturgia de rigor, las gentes señalaban y comentaban la presencia de los cracks limeños.  Éstos se paseaban por nuestras calles y firmaban autógrafos de los “hinchas”, inclusive, invitados por el “Club Tito Drago”, la estrella homenajeada se presentó en el recinto de nuestro Deportivo Municipal donde se le tributó un gran homenaje. Como nadie podía sospechar, los jugadores ediles realizaban una muy notoria campaña publicitaria que a la postre fue muy efectiva.

A partir de las dos de la tarde inmensas colas se formaban en las boleterías. Nunca se había visto nada igual. Camiones repletos de aficionados llegaban de las compañías  mineras vecinas, Atacocha, Huarón, Colquijirca, Chicrín, Santander, Pilar, Chungar, Animón, Vinchos, etc. Nuestro primer escenario deportivo mostraba un lleno impresionante. Su tribuna de madera estaba al tope. La gente de “popular” se acomodaba como podía en la enorme extensión que rodeaba el campo de juego. La banda de Músicos adornándose con piezas musicales del gusto popular alegraba a la enorme multitud. Llegada la hora, cuando el Deportivo Municipal entró en la cancha, una atronadora ovación acompañada de cohetes y bombardas, saludaba a los visitantes. Inmediatamente comenzaron a calentar con sendas pelotas, haciendo la alegría de los hinchas, especialmente de los niños. Al entrar en la cancha el árbitro Felipe Medrano, los jugadores se retiraron a los camerinos para cambiarse, pero lo que ocurrió a continuación fue increíble. Con las correspondientes camisetas del Municipal ingresaron los jugadores, pero ya no las estrellas que acababan de verse en el campo. Naturalmente el público comenzó a protestar. Acababan de ver a los titulares y los que habían ingresado eran todos suplentes desconocidos. La silbatina arreciaba y se hacía más agresiva. La gente ya estaba indignada. Nadie se explicaba el por qué del “cambiazo” y la rechifla se hizo tremenda. Recuerdo todo esto como si fuera ayer porque yo estaba transmitiendo las ocurrencias por “Panorama Deportivo” de Radio Corporación. La indignación se hacía cada vez más belicosa porque ya los descontentos comenzaron a tirar grandes piedras a los techos de las tribunas originando una barahúnda espectacular. Desde la caseta de transmisión venía ir y venir a un desconcertado Guzmán Varillas que al verme me invitó para que lo ayudara a solucionar el problema. Me explicó que no querían salir al campo porque decían que habían cumplido con el contrato por ambas partes. Intrigado por aquella audacia entré en los vestuarios y encaré –micrófono en mano- a Nino Cavassa, el hombre que había firmado el contrato

  • ¿Tiene usted el contrato….? – pregunté
  • Aquí está…
  • Por qué no lo cumple…?
  • Sí, he cumplido…
  • ¿Ha cumplido…? ¿Cómo..?..¿Por qué no entran los jugadores titulares, Tito y Seminario, por ejemplo…?
  • Porque aquí dice claramente, “El Club Deportivo Municipal llevará al Cerro de Pasco a Tito Drago, Juan Seminario etc. Etc.
  • ¿Y por qué no juegan…?
  • Porque en ninguna parte dice que deben jugar. Aquí dice claramente, se compromete a llevar al Cerro de Pasco, bueno, aquí están, ya los he traído, pero en ninguna parte dice que deben de jugar…
  • Pero se supone que tenían que venir a jugar, sino… ¿Por qué habrían de venir…?
  • ¡Ahhh, no sé! Yo he cumplido con mi parte del contrato. Pueden ustedes tomar las medidas legales que juzguen conveniente….

Leímos cuidadosamente el contrato y, verdad; no se estipulaba en ninguna de sus cláusulas  que debían jugar. Entretanto ya la situación se tornaba muy peligrosa. Afuera la silbatina se había convertido en una incontrolable protesta que amenazaba la seguridad de todos los que estábamos en el recinto. Los mismos escasos policías, se hallaban desconcertados e impotentes. Así las cosas. Decidimos ver el caso con mucha serenidad. Varillas me informó que habían ido al Cerro por quince mil soles. Que la taquilla había registrado un ingreso de más de cuarenta mil. Inmediatamente entendimos que sólo con dinero podíamos solucionar el impase. Cuando se habló de solucionar el problema, sugirieron que por una cantidad más entrarían a jugar los titulares. ” ¿Cuánto?” –preguntamos. “Cinco mil más” dijeron. En vista de que faltaba poco para que incendien las tribunas, Varillas tuvo que aceptar. Cuando le contaron los cinco mil soles más. Cavassa hizo una señal y Tito, Juan Seminario y los otros que estaban con sus abrigos, como listos para marcharse, se despojaron de ellos y vimos que estaban completamente uniformados, listos para jugar… ¡Sabían que “atracaríamos”!!!.

Cuando el público vio a sus ídolos retornando a la cancha, como por encanto calmaron sus protestas y les tributaron aplausos muy cariñosos. En ese momento, ni mucho después, se enteraron que habíamos sido víctimas de un chantaje que gracias a la generosidad de la hinchada cerreña, habíamos solucionado. Naturalmente, los maestros dieron una muestra excelente de su juego y el público quedó contento. Tras esta ingrata y nada positiva experiencia, siempre hemos tenido mucho cuidado en redactar  los contratos.

 

DOMINGOS POR LA TARDE

River Plate

Contaba con diez años –magia de una edad inolvidable- cuando descubrí el sortilegio de la Radio. Un pariente que ocupaba un cargo muy importante en la Railway Company, había adquirido un gigantesco aparato receptor   que despertó la admiración de los vecinos del barrio.

Colocado en la  parte más visible de la sala, ceremonioso, sintonizaba las emisoras más lejanas para impresionar a sus amigos que lo visitaban. Todos quedaban gratamente sorprendidos de admiración. No era para menos. A la simple manipulación de una pequeña manija, se contactaba con una emisora que estaba al otro lado del mundo.

Este caballeroso señor, jefe de tránsito de los ferrocarriles locales, me dispensaba  un afecto especial que nunca olvidaré. Un día tuvo la bondad de invitarme a su casa para escuchar la radio cuando quisiera. Yo no esperaba otra cosa. Todos los domingos, cumplidas mis obligaciones, cerca de las tres de la tarde llegaba a su casa y, juntos, como viejos amigos, nos poníamos a escuchar las emisoras, especialmente argentinas que, a esa hora, iniciaban sus transmisiones dominicales de fútbol. ¡Qué emoción! El milagro empezaba cuando lo “prendía” y el dial se iluminaba mostrando, como mágico reloj de milagros, una serie de números, rayas y extrañas nomenclaturas; luego de un silencio expectante le seguía una sucesión de ronquidos y silbidos alternados,  como si la transmisión llegara de un planeta lejano. Entre roncas vibraciones y agudos pitidos interplanetarios (así lo habíamos visto en las películas de Flash Gordon), la aguja, parecida a la única manecilla de un reloj, giraba por los 49 metros de la onda corta y, en cuanto captaba la señal, todo cambiaba. Ya estábamos en Buenos Aires, a través de las ondas de El Mundo, Radio Belgrano, Splendid, Rivadavia, Mitre.  Donde se escuchara el peculiar sonido futbolero, ahí nos quedábamos. A partir de  ese instante la señal llegaba con una claridad asombrosamente nítida. No me extraña. Estábamos ubicados en las lindes astrales de cinco mil  metros sobre el nivel del mar, cerca de Dios y asentados sobre  un colosal basamento de cobre puro que, con una fuerza poderosa, atraía las ondas hertzianas desde inalcanzables latitudes geográficas, aunque, allí, en la mágica caja de la radio, estuviera a unos milímetros solamente. ¡Cómo me encantaba el fútbol! En la vidriera sonora de entonces, cada una de las radios nombradas tenía a sus relatores, comentaristas y locutores deportivos. Entre los primeros estaban: Horacio  Beblo, Enzo Ardigó, el Relator Olímpico y Lalo Pelicciari. Pero, el más grande de todos, el maestro Fioravanti. ¿Cómo olvidar aquella maravillosa  experiencia de escucharlo a centenares de kilómetros de distancia?

Con el corazón galopante concentrábamos toda nuestra atención en la mágica descripción con que el maestro relataba lo acontecía en el campo. Acicalado y modoso, llamaba FIELD al campo de juego. Era la moda.

— ¡¡¡Ha ingresado en el field, triunfante y arrolladora LA MÁQUINA del River Plate!!!

La explosión de un bullicio compacto, impresionante, avasallante, llegaba hasta nosotros, haciéndonos sentir integrantes de ese fantástico espectáculo. Mi corazón, mi pobre corazón de niño huérfano, galopaba a mil kilómetros por hora y parecía que iría a salírseme por la boca. Nos sentíamos sentados en la tribuna del estadio argentino. Con atención, casi con reverencia, escuchábamos la conformación del equipo:

—¡Don José Soriano, “El  caballero del Deporte”, como capitán general, guardando el arco millonario! -decía Fioravanti.

¡Qué emoción!  ¡Qué orgullo! ¡Un peruano triunfador! Con su nombre antepuesto por un don, del tamaño del respeto y admiración argentinos en la voz del maestro inolvidable,   respaldado por el aplauso justo y emotivo de un público entendido.

— ¡Ricardo Vaghi y Norberto “Estampilla” Yácono, en la defensa del área. (Aquella vez, sólo dos hombres guardaban tremenda área marcada de cal). ¡Otra ráfaga de aplausos, gritos y maquinitas deportivas,  avivaba la narración que se oía lejana, como de otro mundo. Luego continuaba. La  línea medular de Alves con Alberto Gallo, Antonio Báez y Roberto Coll –más aplausos y maquinitas.

— En la delantera -decía el maestro en medio de una explosión de palmas y gritos de la hinchada millonaria- ¡Juan Carlos Muñoz, de winger derecho; José Manuel Moreno, de insider derecho; Adolfo Pedernera, de centro forward; Ángel Amadeo Labruna, de insider izquierdo y, Félix Lousteau, de winger izquierdo! Tras cada nombramiento, gritos, aplausos y la reventazón de cohetes ensordecedores. Eso era en mi caso. En el del tío Santiago, hincha por  lealtad laboral,  cuando uno de los  protagonistas era FERROCARRIL OESTE.

Durante los noventa minutos que duraba el partido, vibrábamos con la voz siempre amiga, siempre grata del inolvidable maestro Fioravanti. ¡Qué imborrables tardes aquellas! Tras cada gol con su grito inacabable de triunfo, mi pobre corazón reclamaba el abrazo del padre que nunca tuve. Sólo la cómplice sonrisa del viejo carrilano lo reemplazaba. ¡Que Dios lo bendiga! Tres días después, volvíamos a vivir la emoción del encuentro en las crónicas escritas de Oswaldo Ardizzone, Dante Panzeri, Onelio Lazzati, Pepe Peña, Armando y Liberti en las páginas de la extraordinaria revista que guarda en sus páginas la historia viva del deporte argentino, EL GRÁFICO. Allí escribía otro “Señor” del fútbol, un periodista asombroso, don Ricardo Lorenzo “Borocotó”. Nunca alcancé a leer otra pluma más hermosa especialmente cuando refería pasajes de la historia del “fóbal” en sus famosas “Apiladas”. Cuando puntualizaba las hazañas de los mejores, principalmente de aquellos pibes que emergieron de los potreros argentinos para coronarse en la cima de la gloria. Aquellas notas asombrosamente conmovedoras, estaban urdidas con un acicalamiento y emotividad inolvidables. ¡Qué grande “Borocotó”!

Por aquellos días –permítanme la digresión- con los chicos de la escuela, yo conformaba un “Team” muy temible que representaba al Segundo “A” de primaria y al que le puse “La Máquina” como la de River. Al vernos jugar tan acicaladamente con pases precisos y gambetas elegantes, nuestro maestro de la sección, Mamerto Galarza Mayor, “El Gato”, en  el paroxismo de la admiración lo cambió por: “LA BORDADORA”. Fue la oncena al que sólo los grandazos del sexto año, con muy malas artes y a punto de patadas, doblegó en el  campeonato Intersecciones de aquel año de 1945. ¡Quedamos segundos después de bailar a tremendos rompepiernas!. En la delantera de aquel equipo jugábamos, Fena Livia Chávez, un mago espectacular para mover el balón; El Pato” Pagán, “Uto” Soto, Agustín Bustamante, Humberto Bernuy, Antonio “Cara de palo” Quintana y, yo, el “Cushuro”. ¡Cómo olvidarlo!

Aquel año lucimos unas camisetas moradas con rayas negras de mangas largas y pasadores en el cuello que nos regaló don Cipriano Proaño, Alcalde del pueblo. Y nos las regaló porque nadie se había atrevido a comprar aquellos uniformes de colores tan tétricos como para una funeraria. Con esas camisetas descomunales, que nos llegaban hasta los talones  causamos sensación en la escuela. ¡“La Bordadora”!. Al finalizar el último partido del campeonato, grité como nunca. ¡La Bordadora es como la “Máquina” del River!  Todos me aplaudieron.

Por otro lado –anudando los hilos del recuerdo- estábamos muy bien enterados del acontecer futbolístico argentino de aquellos días. Particularmente para mí constituía una gran satisfacción llegar al Club “Centro Tarmeño”, en cuya salita de estar podía ver a Máximo Lazo, notable centro delantero; Enrique Wilson, incomparable wing izquierdo; Abel Herrera, insider derecho colosal; Benito Alfaro, salido de las canteras del “Huracán”, con un toque maravilloso de pelota y otros maestros del fútbol. Tras saludarlos, solicitaba al bibliotecario el último número de aquella joya del periodismo deportivo de entonces: EL GRÁFICO. ¡Qué emoción! Conocer a través de las fotografías a los cinco de la “Máquina del River” ya nombrados y a las estrellas de otros clubes como Mario Boyé, Arsenio Erico, Bernabé, “La Fiera” Ferreira”, “Tucho” Méndez, con su pinta de actor de cine; “El zorro” Stábile, Ángel Perucca, René Pontoni, Antonio Mourino, León Strembell, Ezra Zued, Juan Carlos Colman, y tantos y tantos cracks que nos hicieron soñar. La influencia del fútbol argentino fue tanta en nuestra tierra que, a lo largo y ancho de su territorio, destacaron equipos de barrio como: San Lorenzo de Almagro, River Plate, Independiente, Huracán, Racing, Atlético Banfield Club, etc.

Cuánto bien nos habría hecho ver jugar a nuestros ídolos como ven los chicos de  ahora, en la televisión. Sin embargo, inspirados por es  maravillosa intuición de niños, hilvanábamos jugadas notables. Es más, con Fena Livia fuimos los primeros en imitar a ese gran jugador nuestro, Baldomero Meza Limas, “Challwa”. Él era el único que realizaba espectaculares  “Chalacas” que otros llaman “Caracoles”. Con Fena cobrábamos cinco centavos por cada “Chalaca” espectacular que efectuábamos a la orilla de la laguna de Patarcocha. Los mayores nos pagaban gustosos por las demostraciones. Nuestro principal cliente era “Michilín” Gutiérrez. Algunos aprendieron, otros no, pero tras numerosas  demostraciones teníamos para pagar las entradas a las seriales de los viernes el en “Cine Grau”. Los domingos eran sagrados para mí. Ese día estaba destinado a vivir las más grandes emociones con los relatos transmitidos por la radio que, al fin y al cabo, eran la máxima diversión que podía alcanzar. En tanto los escuchaba, soñaba –mi ilusión infantil de aquellos años- conque algún día integraría un equipo famoso como el River, o llegaría a ser un brillante narrador de fútbol como Fioravanti. El primer deseo no se cumplió, pero el segundo sí. Con creces. Fui relator radial de las emisoras de mi pueblo con solvencia y con cariño. ¿Lo recuerdan…?

La fabulosa “Máquina” del River Plate de Buenos Aires. Están Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Losteau.

la maquina de river plate
La fabulosa “Máquina” del River Plate de Buenos Aires. Están Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Losteau.

 

La visita del Campeón mundial (Primera parte)

adolfo-suarez

Con signos de fuego se había grabado en la memoria de los aficionados al billar aquella noche del 23 de abril de 1961. En la lejana Ámsterdam –capital de Holanda- nuestro compatriota Adolfo Suárez Perret, ganaba el Campeonato Mundial de Billar a tres bandas con un promedio general de 0,997 (475 carambolas de un total de 480).

EL COMERCIO en primera página había informado así la realización de la hazaña:

El mundial de billar se realizó en la Sala de Conferencias del lujoso Hotel Granapolsky con capacidad para 1.500 personas. Una meticulosa organización y un entusiasta público constituyeron el marco perfecto para que Suarez, en cinco días de competencia, demostrara sus dotes magistrales para el billar.

Para llegar a la final, venció al portugués Egidio Vieira, a los holandeses Henry de Reyter y Bert Teegelar, al argentino Enrique Miró y al austriaco Johan Sherts. En la última rueda, Adolfo Suárez y Joaquín Domingo ingresaron con 10 puntos. Suárez se enfrentó al belga Raymond Ceulemans; mientras que Domingo jugó contra el portugués Vieira. Aquellos tenían nueve puntos.

 Los dos juegos se realizaron en simultáneo y los jugadores miraban de reojo el puntaje que se producía en la mesa contigua. Suárez tenía la balanza a su favor. Con una brillante serie de cinco carambolas llegó a los 59 puntos y, con la siguiente tocada, obtuvo el título por un amplio margen de 60 a 44.

 El recibimiento

 El 28 de abril ´La Vieja´ arribó al Aeropuerto Internacional Lima-Callao, donde 2 mil personas coreaban: “¡Viva Suárez!”, ¡Viva el Perú! Bombardas y cohetes acompañaron al campeón en su encuentro con los orgullosos aficionados. Una bulliciosa caravana siguió a Adolfo hasta el Estadio Nacional donde el Comité Nacional de Deportes y la Federación de Billar le rindieron homenaje.

 El maestro agradeció las muestras de cariño desde una de las ventanas de la tribuna sur del coloso de José Díaz mientras sostenía la Copa Elmer Phrater, que el príncipe Bernardo de Holanda le había entregado en ceremonia especial.

 En declaraciones a El Comercio, Suarez sentenció: “Me tuve una fe enorme y me di entero en la competencia”. La victoria se la dedicó a la patria y a sus admiradores”.

 En aquel campeonato había vencido a consagrados billaristas como Edigio Viera, de Portugal; Henry Reiter, de Holanda; Enrique Miró, de Argentina; John Shorts, de Austria; Bert Teegelar, de Holanda y Raymond Ceulemans, de Bélgica. Este último partido por el título lo ganó por un amplio margen: 60 a 44. Después de este certamen ya nadie lo paró. Fue Campeón Sudamericano en agosto de 1963, Campeón de Campeones del Mundo en San Francisco, en 1966 y Campeón de Campeones de América, en México, en 1970. Todo ese enorme cartel de suficiencia influyó para que me decidiera a invitarlo a venir a hacer una exhibición en nuestra ciudad con el fin de alentar a nuestro siempre activa actividad billarística local.

Sopesando el enorme valor de su calidad mundial, comprometí a personas a instituciones notables para que auspiciaran la empresa. Poniéndole un tope de quince mil soles pensé a ojo de buen cubero que por allí andaría la cantidad que me solicitaría por sus honorarios. Lo encontramos en la Federación Nacional de Billar donde se desempeñaba como asesor. Cuando nos presentamos, con una amabilidad muy especial, nos dijo que mejor hablaríamos en el “Olímpico”, una “boîte” que funcionaba en el mismo Estadio. Allí nos dirigimos. Pidió seis cervezas que en un santiamén las escanció. (Era un cervecero insigne). Enseguida nos invitó a manifestar lo que habíamos ido a decir. Naturalmente comprendió que lo invitaríamos a visitar nuestra ciudad. Entonces dijo:

–          ¿Allá también practican el billar?

–          ¡Claro que sí!

–          ¿A tres bandas?

–          No. No, solamente libre.

–          ¿Cuál es la bolada más alta, allá?

–          El chino Campoa llega a 60, el viejito Lagunas llega a ochenta – comenté admirado. Él me quedó mirando un buen rato y luego de beber su último vaso, dijo:

–          El record de Urbina es de 13 mil carambolas.

–          ¡¿Trece mil…?!.

–          ¡Trece mil! Yo tengo la bolada de 13,765, debidamente registradas. En tres bandas he llegado fácilmente a 24. Como ven, es necesario que allá viaje un auténtico campeón en libre. Urbina viajará conmigo como ya te dije; pero no te preocupes. Los gastos los haré yo. Del mismo cuero saldrá la correa.

Hecha la invitación le dijimos que se le alojaría en el Hotel Esperanza de la Cerro de Pasco donde también se le daría alimentación. Que alquilaríamos un cómodo coche para llevarlo hasta la misma ciudad. Que él debería realizar seis exhibiciones en el Hotel Esperanza, Club de la Unión, Centro Social, Calera de Huayllay, Fernandini de Colquijirca y en el Sindicato de Obreros de la Cerro de Pasco. A todos esos lugares los desplazaríamos con una unidad móvil especial a su exclusivo servicio. Terminadas las explicaciones le pregunté: ¿Por cuánto nos visitaría? Nos quedó mirando largamente como si tratara de descubrir algún trasfondo. Luego de terminar su última cerveza, me dijo: Voy hablarles “a calzón quitao”. Como tú sabes yo me cachueleo con el Billar. Ése es mi “cau –cau”. No tengo otro trabajo. No te ofendas pero yo ya soy muy viejo para que me cojudeen. Aquí han venido otros a pintarme flores para invitarme, como hacen con las mujeres antes de comérselas, después, se hacen los cojudos. Tú no tienes por qué preocuparte por pasajes, hoteles, ni nada. Eso déjenlo de mi parte. Lo único que quiero para ir al Cerro de Pasco, es que me “chanques” cuatro mil soles; dos a la firma del contrato y dos allá en tu tierra, antes de comenzar la exhibición; yo buscaré una agencia para que me lleve y allá veré mi alojamiento y alimentación. No tienes que preocuparte. Eso sí, para que mi exhibición sea más atractiva voy a llevar a mi pata del alma, al campeón nacional de libre, Urbina. Con él vamos hacer la exhibición. No se ofendan que sea tan directo, pero ya me han hecho tantas que he dejado de confiar. Los negocios son los negocios. Tú eres mi gran amigo y quiero que nuestra amistad quede bien sellada, como debe ser entre caballeros. Como podrá colegirse, ni corto ni perezoso, acepté las condiciones del campeón que, a decir verdad, me resultaba muy conveniente.

Lo que aconteció aquella noche en casa de don Humberto Maldonado, a donde lo invitamos, es una historia especial. Cuando llegamos, ya había varias personas amigas que nos estaban esperando. Con el ceremonial del caso, con mucha delicadeza y amabilidad a cada persona le estrechaba las manos y le prodigaba un abrazo. Cuando vio a los niños del anfitrión hizo como que sacaba monedas de sus orejas y se los entregaba de regalo. Los chicos encantados y felices le sonreían y toda la concurrencia demostraba su sorprendida aprobación. A partir de ese momento, el centro de la reunión fue él. Haciendo derroche de gran conversador pasó a relatarnos innumerables anécdotas, todas interesantes, tratando de que los allí presentes también participaran de la plática. A cada instante, como tratando de matizar la conversa, realizaba pruebas de magia con las manos que nos movía a cariñosos aplausos. Por ejemplo, cuando nos contaba cómo había ganado su medalla de primer campeón nacional, nos dijo que si quisiéramos verla, la medalla, la tenía una determinada señora en su bolso. Intrigada la señalada buscó y ante la sorpresa general, allí estaba. Como ésa realizó una serie de pruebas de prestidigitación convirtiéndose en un verdadero “showman”. Ya nadie podía hablar ensimismado en lo que estaba aconteciendo en la sala.

Aquella noche también descubrimos que el hombre era de “buen diente”. Cuando terminamos de tomar una sustanciosa sopa menestrón, Adolfo que no dejó nada en el plato, dijo: “! Quiero besar las manos magistrales de la matrona que ha preparado esta delicia! ¡Yo he estado en Italia y siendo éste mi plato favorito, lo he tomado en los mejores restaurantes. Sin embargo, aquí y ahora, me halló con el más rico menestronne del mundo! Se acercó muy comedido y estampó un beso en las delicadas manos de la señora Delia Ramón, esposa de nuestro anfitrión, la artista que había preparado aquella delicia. Terminada la cena, entre chascarrillos, adivinanzas y bromas, hizo su última prueba de la noche. Abrió el estuche donde llevaba siempre su taco especial confeccionado en marfil, trofeo del Campeonato del Mundo que había ganado, lo armó y con él, en tan solo una parte de una mesita de centro, hizo una demostración espectacular de sus habilidades sin que hubiera necesidad de usar banda alguna. Un acto de magia pura que nos llenó los ojos y el corazón. Ninguno de los comensales de aquella noche, estoy seguro, habrá olvidado aquella hermosa experiencia.

Continúa…

Los inicios del vóleibol en el Perú

inicios del Voley en el PerúCon un avasallante entusiasmo nacía el vóleibol en nuestra patria. Por primera vez, despojadas de los prejuicios que existían aquellos años en contra de la mujer, las jóvenes formaron sus sextetos para competir en campeonatos locales. Llevaban, como vemos en la fotografía, vistosos uniformes consistentes en camisas con los colores representativos de su institución, faldas, medias y zapatos suaves (Todavía no existían las zapatillas). Para completar el atuendo, las correspondientes boinas con los colores del club. En la foto lucen nueve jugadores; seis titulares y tres suplentes. Éstas se alternaban a medida que transcurría el juego. De aquel tiempo de vigencia de nuestras abuelas ha corrido mucha agua bajo los puentes. En la actualidad, para felicidad nuestra, el representativo nacional está dejando en alto el nombre de nuestra patria. Lo que sí lamentamos es que en nuestro Cerro de Pasco, nuestras jóvenes están inactivas. No hay liga de este deporte. ¿Qué pasó? Esperamos que las autoridades den vida a este hermoso deporte. Cierren la podredumbre de las discotecas y abran coliseos para la práctica del deporte de nuestra juventud. Esto es urgente.

El magistral Telmo Carbajo

Club Atletico Chalaco 1913
Primera fila, de atrás hacia adelante: Eduardo Parodi, Luis R. León, Ricardo Alvarado. Segunda Fila: Germán Cáceres, Carlos Bouverie, Enrique Salazar y Manuel Paz de la Vega. Tercera fila: Pedro Ureta, Mario Mur. Telmo Carbajo (capitán) y Humberto Galantini. (Estos últimos vivieron y jugaron en el Sport Unión Railway del Cerro de Pasco)

En el Perú había llegado a la cumbre de la gloria. No sólo como el más grande futbolista de nuestra historia, sino el más completo deportista de todos los tiempos. Dominó todos los deportes: Fútbol, Básquetbol, Atletismo, Tiro, Béisbol, Remo, Billar, Equitación, Natación… En todos estos deportes fue el más grande.

Había nacido en el puerto del Callao, el 14 de abril de 1889 y murió el 12 de julio de 1948) fue el máximo ídolo de Atlético Chalaco. Su nombre completo fue: Telmo Carbajo Cavero.

En la práctica de su deporte favorito –el fútbol-  llegó a ser proclamado en 1912, Campeón Nacional de Fútbol. Era lo justo. ¿Saben por qué? Podía jugar en cualquiera de los once puestos de un equipo; desde arquero hasta puntero izquierdo. Lo admirable es que en cada plaza era brillante, único.  Es más, al cumplir sus Bodas de Plata como deportista, el Presidente de la República de entonces, don Augusto Bernardino Leguía, le otorgó un hermoso trofeo de plata en reconocimiento a su ejemplar desenvolvimiento. Era el 27 de julio de 1926.

Era todavía un niño cuando alineó en el “Lima Cricket” en momentos aurorales de nuestro fútbol nacional. Un poco más tarde pasó a conformar el once del “Jorge Chávez” y luego el “Atlético Chalaco”, equipos pioneros y gloriosos de su tierra natal: el Callao.

Por aquellos años conformando la Selección Nacional de Fútbol del Perú enfrentó a los notables representativos del Cerro de Pasco –primera provincia que practicó el fútbol en el país- en memorables encuentros anuales que arrancan en 1909 y se suceden hasta 1914 en que, en su condición de Capitán de nuestro representativo, tiene que reconocer la superioridad del fútbol cerreño. Es por eso que cuando el Presidente del “Club Social y Deportivo Unión Railway”, don Guillermo Arauco Bermúdez, lo invita a conformar el elenco ferroviario, acepta gustoso y viaja para enrolarse al  cuadro cerreño que por once años consecutivos había sido imbatible campeón de nuestro fútbol

A su llegada al Cerro de Pasco, los primeros meses de 1920 –Telmo contaba entonces treinta años- se va alojar en una casa que don Guillermo le ofrece en el legendario barrio Misti, lugar en el que no sólo arequipeños e italianos habitaban, sino también notables chalacos que con él compartieran aventuras deportivas e intermediarios para su venida al Cerro: Alvaro Linderman, Humberto Galantini, Carlos Pedreschi,  Alberto Brindani  y otros con quienes había defendido al “Atlético Chalaco”.

Desde su arribo fue aclamado. Ya no sólo sería el Capitán General Vitalicio y Honorario como lo habían proclamado desde la fundación del Club, sino que llegó a capitanear el más brillante equipo que tuviera el Railway en toda su existencia. Allí estaba Humberto Galantini propiciador de la fundación oficial de la Liga de Fútbol de nuestra ciudad, y tras ser el obligado capitán de nuestro combinado, pasa a segundo lugar. El legendario Santiago Barzola, “back” inolvidable  y acróbata brequero que sobre el tren en marcha, corría veloz por sobre los coches como si estuviera en una pista atlética; paradigma del fútbol aguerrido. Carlos Pedreschi, otro chalaco quimboso, respetado y querido en el rectángulo de juego y fuera de él. Álvaro Linderman, también chalaco, vertiginoso y resistente como el que más; su velocidad  proverbial y sus mortíferos remates al arco fueron inolvidables. El “Negro” Remigio Sánchez, traído de Goyllar por don Guillermo Arauco, un soberbio volante que mandaba en la media apoyando a los defensores y respaldando en el ataque. Félix “Chato” Villarán, pequeño pero aguerrido. Con ellos, siempre como capitán y guía, Telmo Carbajo. Estaban también, Augusto Cuenca, Esteban Pecho, Evaristo Huamán, Jacinto Espinoza, Alberto Salvador y el “Sereno” Olaya. Nada más ni nada menos.

Estuvo dos años entre nosotros. En ese lapso no sólo nos regaló con la magnificencia de su fútbol atildado y efectivo, vistiendo las sedas del Railway, sino que alternó con las novenas de béisbol del Cerro, Goyllarisquizga y Smelter, en memorables encuentros. Más de una vez se vistió de corto para alternar con los mejores atletas cerreños. Los domingos hacía demostraciones de boga imbatible en las regatas que se efectuaban en la represa de Smelter. Hizo tiro, box, billar etc. Era un hombre admirable. Inagotable y constante, disciplinado y recto en sus actividades.

De talla baja, elegantemente vestido y un caballero a carta cabal, siempre que se prestara la oportunidad, hacía demostraciones de su innata habilidad coreográfica en los bailes sociales a los que se le invitaba como miembro honorario. Presidiendo la sala de sesiones del Railway hay una fotografía de cuerpo entero del chalaco que se hizo cerreño.

Su partida constituyó un gran pesar para la afición cerreña en donde dejó grandes recuerdos. A partir de entonces sólo por los periódicos limeños se enteraban de sus actividades.  Así, hubo una gran alegría cuando al estadio Modelo de Bellavista le pusieron su nombre y se desgarró de dolor la mañana del 18 de julio de 1948, cuando murió a la edad de 79 años. No hubo ninguna manifestación de dolor público en el pueblo porque todo estaba prohibido. Se tambaleaba un gobierno débil y la mayoría de cerreños estaba perseguido por el tirano que en ese momento se desempeñaba de Ministro de Gobierno y Policía: Odría.

Cómo lo manifiesta todavía algún viejo deportista,  es necesario que la juventud tome conciencia de su presencia en el Cerro de Pasco que se honró con su habilidad y bonhomía. Hasta hace algún tiempo, cuando aparecía un futbolista fuera de serie se le llamaba “Carbajo”. El más grande de sus sucesores, pequeño como él, brillante como él, quedó dando lustre a la denominación que la admiración le tributara, don Adrián Languasco, el inolvidable “Carbajito”.

LO QUE PUDO EL AMOR

Sport Unión Railway
El legendario club ferroviario del Sport Unión Railway, fundado el año de 1917; once años consecutivos campeón invicto de nuestra Liga. El primero de la izquierda, de pie, es el “Negro” Remigio Sánchez, extraordinario futbolista de aquellos tiempos protagonista de la historia que que narramos.

Esto sucedió aquellos turbulentos años en que la rivalidad deportiva sobrepasaba los límites de la fraternidad amical y entraba en enfrentamiento de abierta  enemistad. Hubo un encono siempre vigente entre los hinchas de los clubes citadinos que disputaban los primeros lugares del campeonato de fútbol. El Sport Unión Railway frente al Juventud Esperanza; el Team Cerro frente al Club Unión Copper; El Brigada Boys Scouts contra Los Andes; El Centro Tarmeño Social y Deportivo contra el “Sport Ideal”; “Once Amigos” contra el “Team Quiulacocha” etc. etc. Era una rivalidad que iba más allá del rectángulo de juego alimentada por la beligerancia de las tribunas. A los largo de la historia, muchos partidos terminaban  con contusos y detenidos. Otros, no terminaban. Era de nunca acabar.

Ídolo indiscutible de la hinchada del Railway de aquellos tiempos, era Remigio Sánchez, “El negro”, excelente jugador que comandaba una pléyade de cracks que habían sido campeones invictos por once años consecutivos. Record jamás igualado. Y capitán y adalid del Juventud Esperanza era Marcelino Suárez, “El cura”. Entre ellos existía una insalvable rivalidad que no terminaba en el campo de juego sino que iba más allá. Eso sí, varones en toda la extensión de la palabra, mantenían un recíproco respeto del uno por el otro.

Por esos días de la vigencia triunfal de ambos equipos se efectuó un alegre “Cortamonte”, en el que el “negro” Remigio conoció a una joven muy guapa que le llenó los ojos y le iluminó el corazón. Quedó prendada de ella. Cuando le preguntó su nombre, ella disimulando el halago que sentía, le dijo llamarse Tomasa Suárez

¿Suárez? Preguntó sin poder creer lo que estaba escuchando

  • Sí.
  • ¿Conoce usted a Marcelino…?
  • Sí, claro; es mi hermano mayor.

No preguntó más ¿Para qué? Era la hermana menor de su más enconado rival deportivo. Desde aquel momento, no obstante la rivalidad ya mencionada, nació entre Remigio y Tomasa, un amor irrefrenable. Ambos se querían y buscaban la manera de encontrarse para vivir su desmedido amor a hurtadillas para que el “cura” no se enterara. Llegaron a la conclusión de que el impedimento para formar un hogar, que era lo que más querían, sería él. Estaban seguros de que el “cura” jamás permitiría que ambos se unieran.

futbolAsí las cosas, el “Negro” Remigio decidió tomar al toro por las astas. Estaba tan enamorado de la hermosa cerreñita que, dejando orgullo y prejuicios de lado, aprovechó de un reñido partido entre los dos encarnizados rivales. En el entretiempo de la contienda se le acercó al “cura” y le dijo que  el “Railway” estaba necesitando de un volante extraordinario para redondear su equipo y le invitaba encarecidamente a que lo acompañara. “El único que puede  ocupar ese puesto eres tú, hermano” le dijo Remigio. Ambos formarían la media volante del Railway. El cura lo quedó mirando confundido. No podía comprender el por qué su rival más encarnizado se lo estuviera pidiendo. Jamás se le ocurrió pensar que algo muy especial lo había conminado a tomar esa decisión. “Voy a pensarlo”, le dijo, y se despidió. En realidad su corazón palpitando como campanas de pascua rebosaba de alegría. Se le había presentado la oportunidad de vestir la vieja camiseta de los ferroviarios donde alineara el inolvidable Telmo Carbajo. Haría pareja con el “Negro” Remigio Sánchez, una leyenda viviente del Railway. El único y el más álgido problema que encontraría sería la oposición de sus compañeros de equipo que no podían ver ni en pintura a los ferroviarios. Jamás se lo perdonarían.

Y así fue. Durante aquellos días en los que el cura se devanaba los sesos para salir del enredo, los novios en hermético secreto fueron perfeccionando su plan, una de cuyas partes se estaba cumpliendo.

Cuando el cura decidió cambiar de camiseta, el cielo se vino abajo. La Esperanza jamás le dispensó aquella “traición”. Jamás le perdonaron aquel cambio. Inclusive el día en que nuevamente se enfrentaron el Esperanza y el Railway hubo una trifulca enorme. Los unos atacando a quien los había “traicionado”, los otros defendiendo la libre determinación de un jugador sin igual. El caso es que el parido no terminó y la mayor cantidad de pleitistas terminaron en la comisaría con tremendos moretones. El caso se convirtió en comidilla no solo deportiva sino también policial. El transcurrir de los días trajo el lógico apaciguamiento de los ánimos belicosos y todo siguió por los carriles normales.

El plan de los enamorados se estaba cumpliendo como lo habían planeado. La última escena de aquella vivencia de amor se presentó el día 17 de mayo. Ese día celebraría su aniversario el emblemático equipo del asiento minero de Goyllarisquizga: “Sport Goyllar”. Para realzar la fecha programaron un partido con el laureado  cerreño Club Unión Railway que, gustoso, aceptó el encuentro.

Para cumplir el compromiso con mucho decoro el Railway se preparó adecuadamente. Cumplido el plazo y en vísperas de viajar a Goyllar, el negro Remigio “sufre una caída espectacular” que lo deja “inutilizado” (Puro fingimiento). Así las cosas, encargaron al “Sereno” Olaya para cubrir el puesto del negro y la capitanía del club se la encargaron al “Cura” Suárez que aceptó gustoso. Dejando “postrado” a su estrella indiscutible el resto del equipo con la totalidad de sus directivos viajaron a cumplir con el compromiso de honor.

Aquella mañana del domingo 17 de mayo, en tren expreso con hinchas, banda de músicos y enorme cantidad de aficionados, el “Club Sport Unión Railway” partió a Goyllar.

El resultado de aquel partido a nadie le interesó porque otra fue la noticia que se mantuvo por mucho tiempo en la habladuría de la gente.

Club Juventud Esperanza
El legendario Club Juventud Esperanza fundado en 1919 en lo parte baja de la Mercantil de La Esperanza. Fue el rival encarnizado del Railway donde alineó el “Cura” Suárez en sus momentos más álgidos.

El legendario Club Juventud Esperanza fundado en 1919 en lo parte baja de la Mercantil de La Esperanza. Fue el rival encarnizado del Railway donde alineó el “Cura” Suárez en sus momentos más álgidos.

Cuando al anochecer de aquel domingo el cura Suárez llegó a su casa encontró a toda su gente completamente compungida. ¿Qué ha pasado?, preguntó. Le dijeron que unos minutos después de que él partiera a Goyllar, “el negro” Remigio Sánchez, se la había “robado” a doña Tomasa Suárez par hacerla su mujer. Cuentan que el cura soltó una mentada de madre que se escuchó en todo el barrio de Huancapucro y recriminó duramente a sus familiares. “Qué mierda estaban haciendo ustedes, alcahuetes” les dijo y, aventando la puerta salió a chupar de “pica, de rabia y pena”.

Transcurridos dos largos meses, con las aguas vueltas a la tranquilidad, un domingo aparecieron a la puerta de los Suarez el par de rebeldes tórtolos; Remigio y Tomasa, tomados de la mano. Hermanos y hermanas rodearon muy alegres a los recién llegados cubriéndolos de cariñosos abrazos. Al escuchar tanto revuelo apareció a la puerta el “Cura” Suárez. En ese momento el “Negro” le alcanzó la ·Partida de matrimonio en el que constaba que Remigio y Tomasa eran marido y mujer, con todas las de la ley. El “Cura” no dijo nada, después de un silencio abrió sus brazos y recibió a su cuñado. La familia celebró el acontecimiento con mucha alegría.

Pasados los años, don Remigio que me contara una serie de historias como ésta, concluyó diciendo: “A partir de entonces fuimos muy felices con mi esposa que me dio unos hijos ejemplares y me hizo feliz, muy feliz”

Ahora que ya don Remigio no está con nosotros, rindo mi homenaje de admiración y recuerdo a un deportista cabal que hizo dupla espectacular con su rival y cuñado, el inolvidable “Cura” Suárez.