UN DÍA DE NIEVE EN NUESTRA TIERRA (Tercera parte)

Recuerdo cuando era niño que las grandes tormentas de nieve retrasaban el avance del ferrocarril de pasajeros que venía de Lima. Para darse una idea de este acontecimiento. Vean la siguiente fotografía tomada en una zona de avance del ferrocarril.

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El portal que da la bienvenida a los amigos que nos visitan, aterido mantiene su mensaje de salutación fraternal en medio de una nieve continua que, silenciosamente, blanquea la tierra querida.
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En la siguiente fotografía -ya en tiempos actuales- los chicos de nuestra Universidad, abrigados debidamente, han erigido un muñeco de nieve que está posando con ellos. Como si estuviera vivo, es un personaje de nuestra brava geografía. Cuando pasen los años y vean esta estampa, recordarán los hermosos momentos que vivieron en la Universidad de la ciudad más alta del mundo.

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UN DÍA DE NIEVE EN NUESTRA TIERRA (Segunda parte)

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Ha nevado durante la noche anterior y la mañana siguiente, pero al comenzar la tarde, los futbolistas cerreños no quieren perder la oportunidad de entrenarse y, sobre un campo blanco realizan su partido de práctica. Esta es una vieja costumbre que nada podrá impedir que se cumpla. Primero lo hicieron los ingleses, luego los muchachos de otrora como el Banfield Club hasta los actuales cracks que llevan en la sangre el deporte del que fuimos pioneros

La nieve, como es natural, siempre estuvo presente en nuestra historia. Añosos mamotretos nos señalan la ocurrencia de grandes tormentas de nieve. La primera y más espantosa es la que ocurrió en 1610.

Aquel temporal que había comenzado inofensivamente se transformó en espantosa borrasca de pronunciada  opacidad que impedía ver a dos pasos de distancia. Cuando los ramalazos esparcieron copos gigantes y agresivos el terror se adueñó de los pobladores que ya no supieron qué hacer. Las calles encerraron a sus habitantes impedidos de transitar por ellas. Los que se arriesgaban –cabezas gachas, alones chambergos cubriéndole la cabeza- avanzaban inclinándose hacia delante para vencer el agresivo viento cortante. Nadie salía ni entraba en la ciudad que parecía muerta. Hasta los comerciantes que diariamente la visitaban se hicieron extrañar. El tercer día ya resultó imposible caminar. Se hundían hasta las rodillas. La nieve seguía cayendo silenciosa e implacable. Para avivar el calor hogareño se atizaron los fogones con maderos cada vez más escasos extremando el celo con puertas y ventanas. Se las abrían solamente lo necesario para evitar que los ramalazos enfriaran la habitación. De noche dormían abrazados para conservar el esquivo calor de sus cuerpos. Al amanecer del día siguiente, trabadas sus puertas por el peso de la nieve, abrían sendero desde los umbrales hasta la calle utilizando palas enormes. Los animales morían pasmados de frío. La temperatura descendió a extremos mortales. Cada amanecer recogía niños y ancianos muertos.   Mascullaban de prisa un padrenuestro por sus almas. No había tiempo para más. Era común el claveteo de ataúdes y deprimente su transporte por las calles imposibles, ahítas de frío. La enfermedad que habían traído  los españoles, con descomposición del cuerpo, dolores de cabeza y tos agresiva, los venció: “Es la maldita gripe”– dijeron. Ya no contaban con hierbas cálidas que también las enviaban de afuera para combatirla: borrajas, escorzonera, wila – wila; tampoco encontraron una sola gota de aguardiente, ni menos de coca. Desesperados y luchando con la silbante ventisca sacaron en procesión a San Esteban, patrono del pueblo. Confiaban en que calmaría la furia blanca que se adueñaba de la ciudad. Los penitentes, mareados por el ayuno, avanzaban entre rezos y salmodias llevando entre sus dedos las últimas ceras que goteaban sobre sus carnes estremecidas de helor. Con el avance de las horas el fervor religioso azuzado por el miedo fue  llegando a la demencia. Todo siguió igual. Cuando vieron que la  tempestad no cedía un ápice dejaron de creer en San Esteban. Desesperados masificaron el rezo a la bienaventurada figura de Santa Rosa de Lima que acababa de ser elevada a los altares por el Papa Clemente X.

Pasada la semana, la ciudad estaba aislada, encerrada en una cárcel de níveo espanto. El pánico de españoles y nativos, era patético. Eran conmovedores sus demacrados rostros: cuencas hundidas, palidez extrema,  convertida en garras las manos sarmentosas; pasos cansinos, débiles, ya sin fuerzas. Habían desaparecido todos los caminos. Los alimentos que llegaban en tiempos mejores se habían esfumado. Las trojes se vaciaron; sólo una generosa carga de maca que no habían podido llevar al mercado y los animales muertos por el frío, les sirvió de alimento por aquellos días. Tuvieron que masticar la carne cruda y beber nieve derretida. Ateridos, no encontraban combustible para preparar sus alimentos ni abrigar sus viviendas. Supervivientes canes famélicos, aullaban lastimeramente. El frío se había convertido en ola asesina.

Milagrosamente el undécimo día, notaron boquiabiertos  que  se filtraba una luz clara y poderosa por las hendijas de la puerta. ¡¡¡Era luz solar!!!  ¡¡¡Milagro!!!. Intrigados y en tropel llegaron hasta la ventana y quedaron estáticos de emoción. No podían creer lo que estaban viendo: ¡¡¡Había dejado de nevar!!! ¡Milagro!…. ¡Milagro! Volvieron a caer de rodillas con los ojos cubiertos de lágrimas.

¡¡¡Once eternos días con sus interminables noches había estado nevando sin cesar!!!

Un tímido sol, asomándose en el cielo que se clareaba de azul, comenzó a brillar. Misteriosamente como si las nubes transformadas en nieve  hubieran caído al piso desparecieron completamente. Los creyentes que habían salido a convencerse de la realidad se arrodillaron y se santiguaron, felices.

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Ella, a un costado de su casa, ha aprisionado a una blanca llama de nieve y la tiene segura con su soga interminable. La blancura del paisaje, como panorama de un mundo de ensueño, invita a la paz del espíritu.

UN DÍA DE NIEVE EN NUESTRA TIERRA (Primera parte)

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Es un mediodía invernal de diciembre en la ciudad minera. La nieve ha comenzado a caer inmisericordemente hasta envolver a la plaza Chaupimarca en una bruma espectral. Es día domingo. Los grandes comercios, el cine y residencias del lugar tienen las puertas cerradas, acurrucadas como están por el frío. Terminada la misa, los fieles se han retirado a sus casas. Llegadas a ellas se arremolinarán en derredor a la estufa familiar de la sala o en el acogedor y cálido ambiente de la cocina donde se han preparado caldos guisos y frituras que habrán de ser degustados en el almuerzo familiar.

De la nieve, las mismas escrituras dicen: “Como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié.

muñeco de nievePara esta época –tiempos pasados- los muchachos de la escuela nos divertíamos fabricando  gigantescos muñecos de nieve. Comenzábamos con una bola que hacíamos rodar en todas las direcciones mientras crecía y crecía hasta alcanzar dimensiones colosales. En las pequeñas treguas de descanso nos frotábamos las manos azulinas y heladas de tanto frío para luego seguir con la tarea. Echábamos aliento caliente sobre las manos y el vaho vaporoso nos hacía parecer pequeños dragones con sus lenguas de fuego.

Juntadas varias bolas, la más grande la poníamos debajo (las piernas) y, encima, una mediana (el torso). La más pequeña iba encima; era la cara del muñeco al que le hacíamos ojos, narices y todo. Para ello invitábamos al artista del salón, mi amigo “Peyo” O´Connor, un niño extraordinario que con el paso del tiempo se convirtió en el más grade pintor autodidacta de nuestra tierra. Él con una asombrosa habilidad tallaba los rasgos del muñeco semejando a los más pintorescos personajes del pueblo. Previamente hacíamos un agujero en el “panza” del muñeco y le echábamos un poco de carburo, los gases apestosos salían por la “boca” a los que prendíamos fuego. El muñeco estaba fumando. Nuestra alegría era indescriptible.

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La ciencia nos dice que normalmente la nieve es blanca porque su intrincada superficie refleja la luz en todo su espectro, pero también es común verla azul en la distancia por ser el color que se absorbe menos fácilmente; otros colores como el rojo o el rosa son posibles cuando elementos extraños como algas o polución se mezclan en el agua.

Había grupos de vándalos que la emprendían a un inclemente bombardeo de bolas de nieve con el fin de mortificar a los amigos. Éstos les respondían y de esa manera nos divertíamos de lo lindo.

Aquellos días, las personas que tenían que trepar a las partes altas de nuestra ciudad, sufrían  serios resbalones. Calles estrechas y empinadas como, “Sal si puedes”, “La Velería”, “Rómpete el alma”,  laberinto de callejones y pasajes muy riesgosos.

La nieve ha dejado en nosotros la impronta de su frío y belleza que no podemos olvidar. Para que tengan idea de ello les cuento que un día que acababa de llegar de Lima nuestro amigo Pablito Dávila estaba con los amigos que lo rodeaban escuchando su conversaciones cuando la nieve arreció. Estábamos en el bar de Sergio Bustamante viendo caer los copos cuando, inopinadamente, salió al centro de la plaza y abriendo los brazos recibía placenteramente lo copos gigantescos y hermosos, como si estuviera recibiendo una inacabable lluvia de delicados pétalos blancos. No podíamos creer lo que estábamos viendo. ¡No pude resistirme! -Nos dijo momentos más tarde-. Después de años he sentido la caricia de nuestra nieve.

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En esta otra placa, vemos a una madrugadora cerreña atravesando la plaza Carrión premunida de sus paraguas y my bien abrigada. La opacidad del ambiente es dominada por los tenues rayos de luz de los focos públicos.

¡Cuántos recuerdos de la nieve guardamos en el corazón!

La nostalgia de aquel grato fenómeno atmosférico tan caro para nosotros los cerreños, nos ha concitado a reproducir el poema de “Damablanca” que se titula precisamente, La Nieve.

 

 

La nieve

                                       (poema)                                       

Cae menuda la nieve

cubriendo las aceras,

vistiendo las alas de los árboles,

apretando la risa de los campos

contra su corazón helado.

Cae sobre los lirios soñados,

sobre los parques dormidos.

Tiende su pálido destello

sobre los recuerdos escondidos

implacable, descalza:

enmarañada rima de la nieve

con el verso desnudo del invierno.

Helado corazón de gotas blancas

palpitando en el frío campanario

y en el íntimo curso del arroyo,

cae la nieve…

                                               (Damablanca).

La Rebelión de Rumi Maqui Por Jhon Carlos (Segunda parte)

La valerosa acción del mayor de nuestro ejército, Teodomiro Gutiérrez Cueva, natural del Cerro de Pasco, ha despertado en el mundo entero un sentimiento de admiración y respeto; sólo en su tierra natal que lo debiera recordar con esa misma veneración. No tenemos ni siquiera una calle que perennice su gesta heroica. Esta es la razón que desde hace sesenta años estoy irradiando el derrotero de su vida para que, nuestros hijos, herederos de su grandeza, lo tengan siempre presente y sepan que hemos tenido personajes de inmensa significación en nuestra historia que hoy están olvidados por su pueblo. En esta oportunidad difundimos un excelente trabajo de Jhon Carlos con abundantes datos para conocerlo más ampliamente.

Rumi_MaquiSin respaldo político alguno y probablemente con su vida amenazada, Teodomiro Gutiérrez Cuevas es deportado a Chile. Es difícil imaginar la frustración que se sentiría al no poder realizar cambio alguno a favor de los indígenas, al ver desecho su trabajo y al estar alejado de cualquier posición de poder que le permita hacer a favor de su causa.

González Prada, en el referido artículo “Autoridad Humana”, como si fuera un pitoniso, escribió: «En fin, lo que no pasa hoy de una queja sumisa o lamento humilde, puede convertirse en un grito de rebelión, no sólo para cambiar de autoridades secundarias, sino para conseguir una reivindicación social. Existe muchísima diferencia entre el motín de una soldadesca y el levantamiento de una raza para sacudir el yugo y vengar las iniquidades de tres o cuatro siglos»

Lo más probable es que, en su exilio, el ex mayor empieza a planificar una rebelión, para eso mantiene contactos con algunos dirigentes campesinos como Chuquihuanca Ayulo, en sus misivas se puede percibir sus intenciones. Para muestra, una de sus cartas –del 29 de diciembre de 1914– se refiere tanto a su obsesión por construir una especie de catapulta que sirva para lanzar mechas encendidas (a la que llama «mi lampina») como a la necesidad de contar con «hombres sin temor alguno, decididos y resueltos». Gutiérrez Cuevas le escribe también a Chuquihuanca Ayulo sobre la necesidad de establecer en Lampa una agencia del periódico La Voz del Pueblo, para así poder venderlo a los indios de esa provincia y de los de Azángaro y Ayaviri(8).

Estaba en gestación, un personaje que se haría leyenda. Faltaría un poco para su nacimiento. Teodomiro Gutiérrez Cuevas llega a Puno a comienzos de 1915, no ostenta ningún cargo, nadie le puso una misión salvo él mismo. De inmediato se Contacta con Chuquihuanca Ayulo y estable como base a la parcialidad de Soratira. Augusto Ramos Zambrano, uno de los que más investigó sobre la rebelión nos dice: “Constantemente [Gutiérrez Cuevas] viaja a lomo de bestia a las parcialidades y comunidades de Azángaro, Lampa, Puno, Huancané, Ayaviri y tal vez llegara a Sandia y Carabaya. Para no ser visto ni crear sospechas prefiere desplazarse en las noches, protegido por una escolta de jóvenes licenciados que conocen caminos, montes, parajes, quebradas, ríos y pasos difíciles. En lugares estratégicos de San Antón, Samán, Putina, Arapa, Asillo y Chupa propicia reuniones para adiestrar a los campesinos en el manejo de armas e impartir instrucciones para el éxito en la recaudación de fondos por medio del sistema de “la rama”, cuyo origen se remonta a fines del siglo pasado y tenía por finalidad facilitar el viaje de los cabecillas a la capital que eran conductores de reclamaciones y memoriales para ser entregados al Presidente de la República»

Entre agosto y septiembre de 1915, cuando los preparativos para el alzamiento indígena están más o menos avanzados, en una parcialidad de Samán, Gutiérrez Cuevas procede a proclamarse General y Supremo Director de los pueblos y ejército indígenas del Estado Federal del Tahuantinsuyo, adoptando para tal efecto el nombre de Rumi Maqui Ccori Zoncco (Mano de Piedra Corazón de Oro). Este significativo acto bautismal, de claras connotaciones milenaristas, que es presentado como el inicio de «la campaña restauradora contra el gamonalismo», se lleva a cabo en una de las parcialidades de Samán, ante la presencia de numerosos dirigentes indígenas. Una vez convertido en Rumi Maqui, Gutiérrez Cuevas procede a expedir nombramientos de «cabecillas restauradores» a los jefes indígenas de parcialidades y distritos, afines a la causa común de la lucha contra el gamonalismo. Los originales de algunos de estos nombramientos expedidos por Rumi Maqui, como el que pertenecía a Gaspar Condori, de la parcialidad de Samán, todavía se conservan hasta el día de hoy. Augusto Ramos Zambrano considera que la existencia de este documento original –que obra en su poder desde hace más de dos décadas– es la prueba irrefutable que acredita a plenitud que el Mayor Teodomiro Gutiérrez Cuevas realmente se proclamó General Rumi Maqui y Restaurador del Estado Federal del Tahuantinsuyo.

Según Burga y Flores Galindo la primeras tareas realizadas fueron: a) reactivar la “rama” existente desde que Juan Bustamante la creó, b) organizar un ejército campesino, c) preparar un levantamiento en el domingo de carnavales de 1916, (9)

En ese punto es donde se rebela la Utopía compartida por los pobladores de los andes que es la de regresar a los tiempo del incanato, tal como lo explica Flores Galindo. La existencia de un supuesto inca que se propone restaurar el incanato despierta las pasiones de cientos indígenas que sienten que una esperanza a nacido. Escriben Flores Galindo y Manuel Burga “Él [Rumi Maqui] no dio vida a la idea, sino más bien la encauzó e intentó desarrollarla. La ideología del movimiento era de tipo claramente milenarista; las tierras habían sido del Inca, y siendo ellos descendientes del Inca tenían el derecho milenario de arrojar a los blancos, quitarles sus haciendas y reconstruir el Tahuantinsuyo: la sociedad arquetipo”.

Un sonido casi subterráneo recorría todo el altiplano. El diario “Eco” de Puno, en agosto de 1915 se refería así a este sonido: «desde hace tiempo se viene hablando de una vasta y temible organización de la indiada para liberarse de lo que ellos llaman la coyunda de los blancos, y que en Azángaro, no hace mucho que un tal indígena lanzó una proclama … llamando a las armas a sus hermanos de opresión y de raza, y pareciera que los últimos desórdenes de las indiadas de Azángaro han tenido por móvil encausar y preparar el gran día, y ahora es la autoridad gubernamental de Capachica que en documento oficial da la voz de alarma, pidiendo a las autoridades de Puno el envío de fuerzas a este distrito para prevenir una posible alzada de los indios»

Los delatores del movimiento fueron, según algunas investigaciones, indios que pertenecían al movimiento pero que se mantenían fieles a los gamonales. Un levantamiento, por fuerza, tiene que tener un carácter clandestino pues la sorpresa es su principal ventaja. Rumi Maqui lo sabía, así es que se decidió a adelantar el levantamiento, con la consecuente desorganización del movimiento.

Augusto Ramos Zambrano es el historiador que mejor nos puede referir lo sucedido: desde el 1º de diciembre de 1915: “Es así como hacia la medianoche del primero de diciembre de 1915 varios centenares de campesinos se reúnen en una solitaria cabaña de la comunidad de Soratira, donde reciben las últimas instrucciones que en quechua les imparte José María Turpo. Luego, al compás de tambores y pututos, se encaminan hacia el caserío de la hacienda Atarani, de propiedad de Alejandro Choquehuanca. Van lanzando gritos de protesta contra los gamonales. Al llegar, se desbordan y se dedican al saqueo. Beben el abundante alcohol enlatado que encuentran allí, y algunos de ellos pierden el control de sí mismos. Enseguida se enrumban al caserío de la hacienda San José, pasando por otra llamada La Unión, a la que no le dan mayor importancia. Son como las cuatro de la mañana del dos de diciembre cuando un dinamitazo, que sirve como voz de alarma, despierta a los empleados de la hacienda San José, que esperan armados hasta los dientes a los atacantes. Cuando se inicia el ataque, cerca de medio millar de campesinos, en medio de un griterío generalizado, logran ingresar al primer patio y tratan de incendiar la casa-hacienda de Arias Echenique, mientras que una parte de ellos se introduce al almacén en busca de alcohol. Los indígenas que lanzan los cartuchos de dinamita, les ponen mechas muy cortas y éstos estallan en sus manos. Otro grupo de seguidores de Rumi Maqui, desde el cerro Pucamoco, lanza galgas y explosivos. Entre tanto, desde una especie de altillo o torre, los ocho empleados de la hacienda, provistos de modernos fusiles máuseres y abundante munición, se dedican a disparar a la multitud campesina y provocan una verdadera carnicería. Al final, cuando los primeros rayos del sol nuevamente iluminan las comarcas, centenares de indígenas, en precipitada fuga, abandonan la hacienda San José, dejando más de un centenar de muertos. En estas circunstancias, Rumi Maqui, que durante los enfrentamientos resulta herido en el talón, opta también por retirarse. Lo hace en un caballo blanco de Arias Echenique que encuentra en la hacienda. Se dice que, después del fallido ataque a la hacienda San José, Rumi Maqui y los indios sublevados se refugian en el cerro de Inampo, en San Antón, y que allí resisten durante varios días el asedio de dos regimientos del ejército que el gobierno moviliza desde Arequipa y el Cusco con el fin de «pacificar» la zona. Al final, los rebeldes son derrotados y masacrados por estas tropas.”

Al contrario de lo que se podría esperar del levantamiento, las acciones fueron solo dos y tuvieron en total una duración de menos de tres días: Un saqueo a una desguarnecida hacienda y una carnicería en una hacienda bien resguardada que acabó en la derrota del levantamiento. el informe del Juez de de primera instancia señala un número de 22 cadáveres que le fueron mostrados” “132 en la carta de Arias Echenique a Lisares Quiñones”, “el diario El Pueblo señala 20 víctimas” y “El Comercio de Lima hace un cálculo de 10 a 60”, “mientras que el Siglo da un dato oficial de 22 muertos”. Posteriormente el ejercito acabaría con los rezagos del levantamiento, como costumbre masacraron a los restantes. Se calcula que la acción de represión causó más muertos que las mismas acciones del levantamiento.

Un caso patético es el de José María Turpo, hombre de confianza de Rumi Maqui, quien fue torturado y asesinado mediante el “arrasamiento”, una muestra de la sensibilidad de los gamonales de ese entonces, consistía en atar a un individuo a unos caballos y arrastrarlo hasta que literalmente el cuerpo quede impregnado al camino.

Rumi Maqui, logra huir de Puno y se dirige a Arequipa, pero le siguen el rastro, gracias a una red de información montada por los hacendados, Logra ocultarse por un breve periodo pero, en abril del 1916, lo capturan y el gobierno dicta una Resolución Suprema que el 14 de mayo de ese año aparece publicada en el diario El Pueblo de Arequipa, donde ordena al General Jefe de la Zona de la III Región que le habrán juicio militar.

Se sabe que estuvo en las cárceles hasta el dos de enero de 1917. Se especula que fue eliminado clandestinamente, pero en ese tiempo no se estilaba este tipo de ejecuciones, a lo contrario, las ejecuciones eran muy publicitadas para escarmentar al pueblo. La tesis más creíble es la que dice que logró huir y se dirigió a Bolivia y de allí a Argentina donde se pierde su rastro.

Si bien el hombre desapareció, su fantasma agrandado siguió recorriendo el altiplano por muchos años más.

Aparentemente una rebelión, fugaz, utópica y hasta ridícula. La rebelión de Rumi maqui dio que hablar a la prensa limeña. La mayor parte de la prensa se burlo calificándola de ridícula, le hicieron caricaturas dedicadas a Rumi Maqui poniéndolo en ridículo. Lógicamente, trataban de no mencionar el número de muertos que había. Así terminaba la rebelión de Rumi Maqui, entre mofas, incomprensión y sangre.

Sin embargo, las acciones a veces traen resultados inesperados.

Por esos años, un joven Mariátegui que nunca había viajado al interior del país, se mantenía inquieto y disconforme con el estado de las cosas. Él fue uno de los pocos que se tomaron en serio la Rebelión de Rumi Maqui y en sus artículos al respecto muestra su interés y su entusiasmo por este personaje. A través de este hecho empieza a mirar al Perú, hacia dentro. En su cerebro nacía, en parte, una época de cambios para el Perú.

NOTAS:

1.- Kapsoli, Wilfredo: El pensamiento de la Asociación Pro-Indígena, Cusco, Centro Las Casas, 1980, págs. 27-28.

2.- Burga, Manuel y Flores Galindo, Alberto. «Feudalismo andino y movimientos sociales (1866-1965)», en Flores Galindo, Alberto: Obras Completas, tomo V, Lima, Sur, 1997, pág. 186.

3.- Burga, Manuel y Flores Galindo, Alberto.

4.- Jorge Basadre historia de la república.

5.- Entre el incaísmo modernista y Rumi Maqui: El joven Mariátegui y el descubrimiento del indio Carlos Arroyo ReyesCentro de Estudios y Trabajos “América Latina”

6.- Entre el incaísmo modernista y Rumi Maqui: El joven Mariátegui y el descubrimiento del indio Carlos Arroyo ReyesCentro de Estudios y Trabajos “América Latina”

7.- WIKIPEDIA.

8.- Ramos Zambrano, Augusto: Rumi Maqui. Movimientos campesinos de Azángaro (Puno), Puno, Centro de publicaciones IIDSA-UNA, 1985, pág. 49.

9.- JUAN BUSTAMANTE DUEÑAS Y LOS MOVIMIENTOS CAMPESINOS POSTERIORES

José Luis Velásquez Garambel

10.- Augusto Ramos Zambrano: en los andes 14 del 07 de 1976)

Autor: Jhon_Carlos

 

 

La Rebelión de Rumi Maqui Por Jhon Carlos (Primera parte)

La valerosa acción del mayor de nuestro ejército, Teodomiro Gutiérrez Cueva, natural del Cerro de Pasco, ha despertado en el mundo entero un sentimiento de admiración y respeto; sólo en su tierra natal que lo debiera recordar con esa misma veneración. No tenemos ni siquiera una calle que perennice su gesta heroica. Esta es la razón que desde hace sesenta años estoy irradiando el derrotero de su vida para que, nuestros hijos, herederos de su grandeza, lo tengan siempre presente y sepan que hemos tenido personajes de inmensa significación en nuestra historia que hoy están olvidados por su pueblo. En esta oportunidad difundimos un excelente trabajo de Jhon Carlos para conocerlo más ampliamente.

La gestión de Teodomiro Gutiérrez Cuevas solo iba a durar un año pero dejaría imborrables huellas en nuestra la historia.

Todo indica que ese periodo fue muy significativo en su vida porque era su primer cargo político y contactó con personalidades como Pedro S. Zulen, Joaquín Capelo y Dora Mayer, activistas a favor de los derechos indígenas, mientras se desempeñaba como Prefecto en Huánuco y jefe militar en Canas.

Enumerar casos de matanzas, asesinatos y los abusos sería demasiado largo. Es común que un grupo minoritario para mantener su poder tenga que actuar con extrema brutalidad frente a un grupo mayoritario para que el terror sea más fuerte que el sentimiento de fuerza que da la ventaja numérica.

Los hacendados tenían sus propios grupos armados y contaban con el respaldo del ejército a la hora de matar indios rebeldes. Para garantizar la impunidad de los hacendados, se contaba generalmente con el respaldo del poder Judicial. Hubo muchos procesos iniciados por abogados indigenistas que nunca llegaron a una sanción. Como muestra preguntaba el Agente Fiscal de Azángaro, José Frisancho, después de referirse a los desmanes de Escanchuri de 1906, a la matanza de Cutur en 1911 y 1912 y a los horrores de Chupa también en 1911 “¿Qué hicieron las autoridades judiciales y administrativas ante los hechos criminosos que se acaba de memorar?”. “En unos casos (agrega) los subprefectos, por tratarse de delincuentes adinerados, no han hecho otra cosa que concertar transacciones entre damnificados y agresores para asegurar la impunidad por ese medio vedado por la ley; y en otros de aquellos casos delictivos se ha llegado por el juez a incoar sumarios que no han pasado de actuaciones formulistas y de mera rutina; sin que exista ahora en el despacho y archivos del Juzgado ni uno sólo de estos cuerpos sumariales seguidos sobre los hechos que, involucrando crímenes concretos, en el anterior parágrafo se ha dejado apuntado(4)

Así era la situación en Puno. Mientras, en Lima, un hecho político corto, pero aleccionante estaba por ocurrir: la ascensión de Guillermo BIllingurst al poder. Le decían “Pan Grande” porque en su campaña se decía que si ganaba él, el pan iba ser barato y grande y lo opuesto si ganaba el candidato rival. Eso no era totalmente falso pues tenía políticas que favorecían a las clases más bajas.

En 1913 el gobierno de Billinghurst, a petición de representantes de las comunidades, nombró al ex subprefecto como comisionado para investigar las masacres de indígenas que se habían cometido en Samán, Caminaca, Achaya y Arapa. (5)

La rebelión de Rumi Maqui

Como persona que dejó huella, su llegada despertó muchas expectativas entre la población campesina y muchos recelos entre los hacendados. En una parte de la comunicación que envían al presidente Billinghurst, los terratenientes puneños afirman lo siguiente: «Gutiérrez calumnia, apoya, alborota y excita y subleva a los indios contra los blancos. Recurrimos a usted para que de acuerdo a la Cámara y Supremo Gobierno retiren al delegado inescrupuloso». Simultáneamente, haciendo eco de tales solicitudes, el terrateniente y diputado por Azángaro, Bernardino Arias Echenique, reclama en su Cámara que Gutiérrez Cuevas vuelva inmediatamente a Lima, ya que éste se presenta como «el Moisés que va a redimir a los indios» y es un factor de desequilibrio social. (6). Por su parte Teodomiro Gutiérrez muestra que tiene intenciones de realizar una seria investigación. En 1913 en una carta dirigida a “El Pueblo ” de Arequipa, declaró. “La labor (la investigación) iba a ser efectuada con imparcialidad y sin prejuicio posible alguno, motivado con el deseo del conocimiento exacto de los hechos y del modo más desapasionado posible”.

Teodomiro Gutiérrez Cuevas llega a Juliaca en septiembre. Entre los campesinos circula un manifiesto en el cual contiene el siguiente texto: “Yo, Teodomiro Gutiérrez Cuevas, traigo el fervoroso saludo a este noble pueblo de Puno, en nombre del Señor Presidente de la República don Guillermo Billinghurst, de sus ministros de estado que lo acompañan y en el mío propio. Simultáneamente los ayllus de este departamento han enviado sus quejas al supremo mandatario. En esas quejas se afirma que hay descontento y malestar en estos lugares, y por ello el señor presidente Billinghurst, deseando el bienestar de todos, me ha enviado para ver de cerca, esclarecer sobre los hechos que se afirman, constatar el estado en que se hallan vuestros bienes y qué comportamiento observan con ustedes las autoridades. Muy difícil sería mi tarea si no contara con la colaboración de todos ustedes. Quiero que sepan que mi deseo es escucharlos, imparcialmente, a todos, y por eso quiero que se aproximen a mí prudentemente, sin fomentar escándalos. El señor presidente estará feliz si todos ustedes con su trabajo y su benevolencia han de cooperar, a fin de que él pueda dictar disposiciones a favor de vuestro bienestar” (6)

El comisionado, pregunta, investiga y recoge pruebas siempre con ayuda de un intérprete, pues el no habla quechua. Con toda la investigación elabora un extenso informe de 400 o 450 páginas. El miedo al informe es el miedo a la verdad, Y el mas asustado es Bernardino Arias Echenique, hacendado de Azángaro y Diputado por puno, quien es sindicado como responsable de las matanzas.

LA investigación de una persona respaldada por el gobierno es todo un problema para el Gamonal Bernardino y para los de su posición, la política de gobierno hacia el interior del país es una buena razón para querer derrocar a ese gobierno. Hay muchas causas para un golpe de estado, el informe fue una de ellas, Guillermo Billinghurst, refiriéndose al golpe de estado, que le harían, declaró: “El joven Prado (El que estuvo detrás del golpe de estado que lideró Benavides.), en un extenso y patético discurso, me dio los detalles y motivos del golpe: todos ellos reconocieron mi patriotismo, integridad y capacidad de gobernar. Sin embargo, mi único y más grave error fue hacer el curso de mi política hacia el interior del país…” (7)

El informe Elaborado por el comisionado fue entregado al todavía presidente Billinghurt en diciembre de 1913 y el 4 de febrero de 1914 fue el golpe de estado. Por lo que el informe posiblemente ni fue examinado y, para tranquilidad de los hacendados, fue desaparecido. (Continúa)

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Segunda parte)

Pedro Angel Cordero y Velarde 2Nunca cesó de impugnar todas las elecciones que se vivieron en su tiempo porque, los otros  “en el imposible caso de ser elegidos en el cargo de Presidente, no podrán realizar ningún programa sin mi consentimiento, pues todos los proyectos habidos y por haber son míos, me los han robado”. A través de su periódico hizo público el contenido de su combativo epistolario.

En su edición correspondiente al 18 de febrero de 1960, por ejemplo,  el Conductor del Mundo le decía al Presidente Manuel Prado, “El año 1956 le dije en el LEON DEL PUEBLO, lo desdichado que iba a ser su gobierno, como así ha sucedido, porque mi palabra es autorizada cual de un profeta, porque tengo la huella divina”. Para el 8 de diciembre del año 1957, le pedí que me entregara el mando pero su feroz orgullo me lo negó. En 1958 mi partido, la Juventud Corderista, le pegó en el Campo de Marte una terrible pifiada que no olvidará por sécula seculorum, con palabras soeces que cualquier gobierno hubiera renunciado, pero usted, sordo como una tapia, se zurró en la noticia, lo que quiere decir que su dignidad fue verde y el burro se lo comió”.

En la edición del 15 de junio de 1956, alega en su editorial: “… y espero que esta vez, por dignidad se me haga justicia y se me entregue la Presidencia, porque es designio de Dios y de mi pueblo…yo propugné todas las grandezas que hoy posee el Perú mientras ustedes me plagian y no han hecho nada y nada harán”.

En 1958, indignado, decía: “El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros y sólo existe en la historia de las calamidades pasadas. Por eso vengo a poner término a esta época de dominación…”.(…) “Me causa dolor ver desde mi Atalaya de Emperador, o Inca Wasi, cómo el cielo azul de la convivencia que no es cielo ni es azul, está adquiriendo un aspecto aborregado”.

El año siguiente, gritaba: “¿Hasta cuándo nos van a moler 800 millones de déficit del Erario Nacional…Déjenme la Presidencia que si ustedes no pueden, lo pago yo, porque soy el rey de las finanzas y mago del Estado”.

Pobre mi patria querida,

qué malos hijos te han dado,

mas ya sabré defenderte,

porque yo no estoy comprado.

 

En su gobierno pasado,

mil millones se llevó,

y a nadie cuenta le dio,

al manicomio lo envió,

y por las puras alverjas,

la Presidencia agarró.

 El notable músico, Alejandro Vivanco, en otro pasaje de sus memorias recuerda así a su maestro Cordero y Velarde. “El año en que el doctor Jorge Prado llegó de Brasil como candidato a la Presidencia, sus parciales organizaron un mitin en la Plaza Dos de Mayo para presentar su programa, pero ese mismo, día Cordero y Velarde improvisó otro mitin; enterado el pueblo llenó la Plaza San Martín y dejó desairado a Prado”.

“Cierta mañana llegó a la Librería “La Pluma” de la calle Trinitarias que yo regentaba y como de costumbre me contaba sobre su rutina diaria. En eso recibió un mensaje de larga distancia a través de una concha marina de caracol que llevaba en el bolsillo. (Se adelantaba en muchísimos años a la aparición de los modernos teléfonos celulares). Escuché el siguiente diálogo, “¡¡¡Aló, aló, querido Adolfo Hitler!!!. Hablas con el Emperador Cordero y Velarde, Conductor del Mundo. (pausa) ¡Gracias por interesarte por mi Imperio!. Estoy en vísperas de recuperar la silla presidencial. Caso contrario tendré que abandonar el país para ir a informarle al Santo Padre. ¡A propósito, Adolfo, hermano del alma mía, si hablas con el ingrato de Benito (Mussolini), dile que estoy pendiente de su llamada! ¡Ama sua, ama jella, ama llulla; ama jodemaicho!.

Estando en la Presidencia el arquitecto Fernando Belaunde Terry, le dirige una  misiva en la que le dice: “Usted como líder, YO como Emperador, somos dos potencias soberanas que debemos entendernos o destruirnos, pues no hay lugar para los dos en este cochino planeta de los simios”. Finaliza la carta con una explicación: “Por estos motivos le dirijo la presente carta abierta, vale decir sin sobre, para que me explique su extraña conducta y me diga con franqueza si mantiene su adhesión a mi persona, y si fuera lo contrario, sabré a qué atenerme y lo dejaré suelto en plaza. Los bueyes sueltos, bien se lamen”. “Mi plan de gobierno y alimentación contienen mi huella divina, revelado para el bienestar de The peruvian family”.

Nicolás Yerovi, otro de los que han escrito sobre nuestro Presidente y Monarca chiflado dice, “Más allá de los anecdótico, Cordero y Velarde simboliza en su grado más extravagante los extremos de la más conmovedora huachafería y del más patético delirio a que son capaces de llegar quienes en el Perú se ven asaltados por cierta locura de poder. Porque si el poder envilece, desearlo enloquece; de allí que en épocas electorales los más de nuestros políticos no dejan de pergeñar sus propios ditirambos, ofrecer sin empacho lo imposible y llegar a convencerse, aunque sea por un breve lapso, de la verdad que no encierra sus generosas promesas”.

En “Los apachurrantes años 50”, Guillermo Thorndike, rememora que en un cónclave organizado por los monjes dominicos para buscar un candidato que encarnara las necesidades del momento, se presentó sin ser invitado el chiflado Cordero y Velarde: “Entonces llegó, anciano de levita negra y pantalón listado, discretamente zurcido, con hongo, bastón y escarpines viejos que cubrían sus humildes zapatos acabados de lustrar. No viajaba en limusina con chofer, ni nunca había estado en París, ni parecía de este mundo. Pero toda la tragedia del Perú al que no habían invitado los dominicos se abrillantaban en la locura de sus ojos. Su sola aparición enmudeció el discurso. Avanzó con dignidad por el salón repleto de personajes hasta sentarse a un lado, más bien en el coro que entre los potentados, en primera fila y cerca de la presidencia. Wiese y Miró Quesada se miraron sin saber qué decir. Los fogonzazos de los fotógrafos se concentraron en el Apu Inca Verdadero. Hasta ese instante, los pretendientes habían discurseado de Dios, la Patria, el orden establecido, nuestras sagradas instituciones, la paz pública, el luminoso porvenir de nuestros hijos. ¿De qué podrían hablar ahora, frente a la faz demacrada de un Perú que rara vez había sido feliz?. Con respetuosa solemnidad, Cordero y Velarde escuchaba a los principales. Después intervino en su condición de Apu Inca Verdadero y del desorden de sus palabras se supo que otra era la paz solicitada por el pueblo y que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana. Al día siguiente, “La Prensa” destacó en primera plana a Cordero y Velarde junto a los organizadores de la transición presidencial. La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”.

Pedro Ángel Cordero y Velarde, el viejo músico de la “Cosmopolita” del Cerro de Pasco, el arrebatado candidato cerreño a la Presidencia del Perú, murió pobre y abandonado en un viejo callejón limeño, signado con el número 123 de Carmen Alto, en el Jirón Junín de Lima. Era el 18 de diciembre de 1961. Curiosamente, ese día la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, celebraba su sexagésimo aniversario.

FIN…

 

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Primera parte)

Pedro Angel Cordero y VelardeDe todos los pintorescos personajes que recordaban nuestros viejos en sus amenas tertulias de club, resaltaba con luz propia el excéntrico chiflado, músico, poeta y loco: Pedro Ángel Cordero y Velarde. Cerreño, de padres ayacuchanos, había nacido en el barrio de Matadería, el mismo año en  que moría nuestro mártir Daniel A. Carrión, 1885.

Dotado de un excepcional “oído” para la música, precoz e infaltable en retretas y bullangueras celebraciones, se inició en el  redoblante para después –aplicado y emprendedor-, asimilar los secretos de gran cantidad de instrumentos en las magistrales enseñanzas de inolvidables maestros. El primero de ellos, el que modeló su carácter y lo puso en el camino del éxito con exigentes enseñanzas fue Markos Bache, notable maestro croata, nacido en Dubrovnik; traído por el consulado Austro – húngaro para dirigir su orquesta sinfónica y su banda de músicos del  “Centro Musical Slavo del Cerro de Pasco”, de notable éxito desde fines del siglo XIX. Llegó a dominar todos los instrumentos de cuerda, viento y percusión; mas fue con la trompeta con la que alcanzó maestría ejemplar. Estudioso como pocos, en la primera década de nuestro siglo, lo encontramos dirigiendo a “La Cosmopolita”, Banda de Música de la Benemérita Compañía de Bomberos Salvadora No 1.

Alegre y hablantín como pocos, de baja estatura y cetrino como todo mestizo de predominio andino, tenía unos ojos juguetones e inquietos que revelaban una inteligencia notable. A medida que transcurrían los años, sus iniciales y hasta inocentes palomilladas, fueron adquiriendo caracteres alarmantes. Ya no eran simples guasas, bufonadas o chistes, sino locuras que iban adquiriendo tonos que salían del carril de la normalidad. A estas actitudes fuera de tono, aunque risible para la mayoría, el pueblo las bautizó como “corderadas” en directa alusión a su apellido.

Al entrar en la segunda década del siglo siguiente, crítico mordaz e inoportuno, no perdía ocasión para zaherir y mortificar públicamente a las autoridades con sus comentarios fuera de tono y sus pullas comiquísimas que todos celebraban alegremente. Bueno, todos no; los damnificados, especialmente personas notables, no veían ninguna gracia en aquellas ocurrencias. Cansados de sus excentricidades y falta de seriedad en el cumplimiento de sus funciones, los amoscados “manda más” cancelaron sus servicios y lo pusieron de patitas en la calle. No aceptaron más sus “corderadas”.

El damnificado, por su parte, convencido de que su figura agigantada por obra y gracia de su alterado cacumen era de muy grandes dimensiones para un escenario estrechamente pequeño como el Cerro de Pasco, decidió marcharse. Un día, rodeado de gente que lo admiraba y gustaba de sus “corderadas”, largó su último maratónico discurso cargado de tristeza muy sincera en el que confesó que se iba a la capital a ocupar “el sitial al que  tenía derecho” y que si Rumimaqui –a quien tanto admiraba- no había podido restaurar el lugar de “Apu Inca” que tampoco lo había podido lograr su antepasado Juan Santos Atahualpa, él lo lograría con creces. ¡Lo juró solemnemente! Gruesos y sinceros lagrimones sellaron la despedida. Así, apesadumbrado pero decidido, partió con rumbo a Lima a ejercer el gobierno de su “ínsula baratería”.

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

 

Los que se van, se van muy tristes,

los que se quedan, quedan llorando.

 

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

Llegado a Lima se avecindó en un solar de la calle San Ildefonso en donde, deseoso de conquistarlo, conformó una orquesta sinfónica con jóvenes músicos peruanos. Diez años estuvo al frente de esta quijotesca agrupación  ofreciendo conciertos en barrios y pueblos cercanos a la capital. Se encontraba triunfante y pletórico en esta tarea cuando se produjo el terremoto del 40 que destruyó su vivienda, sus instrumentos, partituras y todo lo que poseía. Quedó en la calle. Esto agravó su chifladura. En 1942, en plena guerra mundial, afincado en una casa semidestruida de la calle Zavala, funda la “Academia de Música Cordero y Velarde”, donde impartía clases de teoría, solfeo y ejecución de instrumentos.  El éxito que obtuvo en esta institución elevó su entusiasmo y se dedicó en cuerpo y alma a brindar lo mejor que tenía a los jóvenes que estudiaban en su Academia. Una de sus más dinámicas alumnas fue la joven soprano Rosa Aguilar que, andando los días, transforma en profundo amor su loca admiración por el maduro maestro. Decidida a compartir los desmesurados sueños del artista se casa con él. Al lado de esta abnegada y ejemplar compañera funda el “Teatro Folklórico” con el que cumple notable actividad artística. La calidad de su elenco es notable. Con Rosita Aguilar están,  Julia Peralta, Inés Oropeza, Blanca Santiago y Julio Castillo, como figuras principales, con los que preparó el montaje de las Operas nacionales “Sumac – Ticka” e “Ima Sumacc” a llevarse a efecto en el Teatro “Conde de Lemos”. Fatalmente, por motivos económicos y de otra índole, jamás  llegaron a estrenar. Uno de sus más notables alumnos, el músico cuzqueño Alejandro Vivanco, conmovido, dice de él lo siguiente: “ Puedo dar testimonio de su calidad de músico, porque después de las lecciones de solfeo, al advertir mi curiosidad, me mostraba orquestaciones completas de música incaica de su creación para sus dramas; también rico vestuario y decorados. En cada ocasión se sentaba al piano de cola y me hacía oír las arias y pasajes que a su criterio eran los más interesantes. En esa ocasión me obsequió sus dos partituras editadas: “Himno a la Redención Peruana” y “Daniel Alcides Carrión”, poema musical dedicado a su paisano.”. Sin embargo, es necesario decirlo: con sus ambiciones crecía también su chifladura ya muy conocida en toda Lima.

Conocedores de sus sueños de grandeza y exorbitantes ambiciones, el periodista peruano Federico More y el músico ayacuchano Osmán del Barco –exitosos personajes aquellos días- deciden jugarle una broma y en el periódico EL HOMBRE DE LA CALLE que publicaban, le insinúan que se postule a la Presidencia de la República. Emocionado el hombre otorga poderes plenos a sus mentores para que lo inscriban. Informado posteriormente que había perdido los comicios nacionales, cae en una depresión profunda. Fue suficiente. Persiguiendo la inalcanzable quimera del poder, había despilfarrado todas sus propiedades. Cuando se dio cuenta del engaño, derrotado y empobrecido, más solo que nunca, en el clímax de su locura, le quedó la fantasía de que no sólo era Presidente del Perú sino también, “Apu Capac Inca, Emperador del Perú y Conductor del Mundo; Soldado de Tierra, Mar, Aire y Profundidad; Rey de Financistas y Mago del Estado por Voluntad Divina” y, claro, comenzó a ejercer su “mandato presidencial”.

En su desquiciada fantasía, había logrado asumir la Primera Magistratura de la Nación. A partir de entonces se le veía ataviado con una llamativa indumentaria.  En honor a su alta investidura lucía un chaquet negro de solapas grasientas tachonado de llamativas condecoraciones de hojalata y espejuelos cruzado por la “Banda Presidencial”. Su infaltable sombrero de tarro, desgastado y  fileteado de roturas y magulladuras, realzaba su serio continente. Su paso siempre raudo y parsimoniosamente serio, -camino de cualquier parte-, lo conducía arrebatado entre risas y comentarios de los viandantes del famoso jirón de la Unión. Cuando alguien, siguiéndole la corriente, le preguntaba adónde iba, invariablemente contestaba:

—!Estoy muy apurado, me necesitan en Palacio! Tengo una cita muy urgente- y continuaba siempre arrebatado a grandes trancos a cumplir con su imaginaria cita.

Era muy común verlo pronunciar extensos discursos cargados de entusiasmo como de risibles propuestas de Gobierno. Llevaba consigo –periodista combativo y vocinglero- ejemplares de su periódico EL LEÓN DEL PUEBLO, “Sale cuando puede y pega cuando quiere”, claro muestrario de su locura y enajenación inofensivas. En su primer número dice en unos versos

Qué eco más resonante,

es hoy el ,¡ Viva Cordero!;

será el Presidente primero,

que al Perú lo lleve avante.

 

Pobres y ricos serán,

lo que ellos debieron ser,

tenemos oro, plata y mujer,

que ustedes no negarán

Continúa…..