EL MAESTRO, CARLOS REYES RAMOS

El maestro Carlos Reyes Ramos

Una de las personas que a lo largo de mi vida me ha impresionado grandemente fue Carlos Reyes Ramos, un artista tan extraordinario que nos dejó una enseñanza imperecedera de humildad y grandeza.  Permítanme recordarlo ahora.

            Era notablemente moreno, de talla mediana, talante modesto acentuado con su vestir, limpio y ordenado, pero sencillo. Cuando lo conocí, me impresionó su sencillez y su simpatía. Fue don Lucho Llanos quien nos  presentó. Había que hablar con él para llegar a conocerlo plenamente. Su plática sin ningún tipo de afectación dejaba traslucir una sólida preparación humanística. Desde el comienzo simpatizamos mutuamente. Mucho me impresionó sus comentarios acerca de mi programa ANTOLOGÍA que propalaba a partir de la once de la noche irradiando poemas con piezas clásicas de los grandes maestros y música romántica en alternancia. Él comprendía que era la única manera de hacer asequible al pueblo las creaciones de la poesía universal. Dotarla de un ambiente demasiado académico y serio, habría logrado ahuyentar a la audiencia que siempre fue numerosa. Por estos acertados comentarios, pude calibrar su preparación cultural, sólida y amena. Es más. En una oportunidad me alcanzó unas acertadas creaciones suyas que con mucho gusto las irradié y las publiqué en nuestra revista EL PUEBLO que gozaba de gran popularidad. Posteriormente aparecieron publicadas también en el periódico LA ANTORCHA.

Un domingo me sorprendió verlo arbitrar un partido de fútbol de la Liga. Lo hizo con acierto y se le abrieron las puertas del difícil e incomprendido deporte de juzgar las jugadas ajenas.

Pero la sorpresa mayúscula e inolvidable la recibí una noche en la que don Lucho nos hizo una invitación especial a LA ESQUINA DEL MOROCHO. Armó un hermoso programa evocativo en el que el número central lo ocupó Carlos Reyes Ramos. Sorpresa. Nos llenamos de enorme satisfacción al comprobar que era cultor de la guitarra clásica y conocido concertista en la Lima de aquellos días. Aquella noche, en atención al grueso de los invitados, especialmente gente de la radio, periodistas, maestros y otros intelectuales, acompañado de “Vichi” Llanos, ejecutó en laúd, hermosísimos valses populares que nos emocionaron mucho. IDOLATRIA, ROSAS DE OTOÑO, ISABELITA, LOS ROSALES, TU OLVIDO y muchos otros que  ganaron el aplauso general de los habitúes. La humorada llegó al tope cuando secundaron la interpretación de voces hermosísimas y perfectamente afiatadas de los Hermanos Llanos: Marcial y Lucho. Ellos, al estilo implantado por aquel inolvidable trío argentino de Irusta – Fugazot y De Mare, nos hicieron vivir todo el esplendor de los valses que siempre están presentes en la memoria. Jamás olvidaremos aquella noche amenísima que terminó el domingo a las ocho de la mañana con un reconfortante caldo de cabeza…

Olvidaba comentarles que en aquella velada, con una cortedad conmovedora nos ofreció sus servicios personales de sastrería. Como era de esperarse, ganó numerosísimos clientes. Así que en el transcurso de una semana nos visitaba trayéndonos figurines y muestras de telas de excelente calidad, nos tomaba medidas que anotaba en un cuaderno y recortaba un pedazo de la tela elegida junto con el compromiso. A la semana siguiente ya nos estaba probando los trajes. Hacía ajustes con alfileres y puntadas, trazos con tizas e hilvanes y,  nuevamente se llevaba los trajes a Lima. A la semana siguiente ya los teníamos listos. La totalidad de sus admiradores le encargábamos nuestros ternos. Sólo de esa manera podíamos gozar de sus visitas semanales. Se alojaba en la casa de su anfitrión y hermano de juramento, don Lucho Llanos, en donde siempre fue tratado con un cariño y respeto extraordinarios. Doña Isabel Goyena, esposa de don Lucho, su hijo Vichi, Ignacio y sus hermanos, se desvivían por atenderlo. No podía ser  menos, don Lucho siempre fue un caballero a carta cabal y, Carlitos bien se lo merecía.

Sábados y domingos, cuando nos visitaba, tras los encuentros futboleros, recalábamos a la ESQUINA DEL MOROCHO y allí, pudimos  gozar de su acertada digitación en ejecuciones clásica con piezas de Soir, Tárrega, Villalobos, Rodrigo y muchos otros maestros inolvidables. Es más, con esa sensibilidad muy suya, hacía marco flamenco -que también dominaba-, para invitarme a recitar poemas de Ochaíta, Rafael de León, García Lorca y otros poetas españoles; todo con una aceptación general que me conmovía. A partir de entonces, casi en todas las humoradas de LA ESQUINA DEL MOROCHO alternábamos con música y poesía. La costumbre se extendió y sirvió para que hagan conocer sus creaciones varios poetas lugareños como Juvenal Augusto Rojas, Carlitos Rodríguez Minaya, Arnulfo Becerra Alfaro y un inquieto joven que había llegado del norte a prestar servicios en el Colegio Carrión: Genaro Ledesma Izquieta. Como es natural, mi admiración y mi afecto hacia Carlitos crecieron enormemente. Él correspondía con creces este sentimiento fraternal. Lo admirable de todo –yo diría, ejemplar- que no obstante ser un artista de tantos pergaminos, siempre buscaba mantener un perfil bajo con humildad conmovedoramente admirable. Es más, solía contar con un gracejo especial numerosas anécdotas en las que no siempre salía bien parado.

Una de ellas dice que estando apremiado de viajar al asiento minero de Chicrín –a doce kilómetros del Cerro de Pasco- sin que apareciera ningún carro que pasara por aquel lugar, vio que a la puerta del restaurante EL VIAJERO se hallaba una camioneta de aquella compañía minera.  Urgido como estaba entró en el establecimiento y pidió a los ingenieros que allí estaban almorzando, que por favor lo condujeran al mencionado lugar. Naturalmente aceptaron la petición, pero le dijeron que como en la cabina no podrían caber todos, se acomodara en la parte posterior. Carlos subió, se acomodó y esperó a que los ingenieros salieran del restaurante. Ya estaba un buen tiempo sentado allí, cuando advirtió que un canillita que voceaba los periódicos limeños, lo contemplaba de arriba a abajo  de una manera tan escandalosa que ya molesto le preguntó.

— ¡¿Que  miras tanto muchacho del diablo?! Acaso, ¿Tengo monos en la cara?

— No, señor.

— Entonces, ¿Qué tanto miras?

— Miro porque: ¡Es la primera vez que veo una camioneta con chimenea! – y diciendo esto, carcajeándose escandalosamente se alejó del lugar.

Otra vez ocurrió lo siguiente. Un domingo en la mañana, antes de ir al estadio donde ambos debíamos cumplir nuestras correspondientes tareas, me dijo que el gran Alirio Díaz, extraordinario guitarrista venezolano, entonces visitante de nuestra capital donde estaba actuando y alumno preferido del maestro Narciso Yepes, estaba buscando una guitarra de doce cuerdas y la quería para su colección particular que era muy conocida. Como estos instrumentos se vendían en el mercado cerreño fuimos allá. Efectivamente, pletóricas, con adornos especiales, colgando de la parte alta se lucían cuatro o cinco guitarras de doce cuerdas. Como quien no quiere la cosa le solicitamos al vendedor a que nos las mostrara, eso sí, sin traslucir ningún entusiasmo para evitar que nos subiera el precio. Carlos probó una y otra hasta que eligió una muy bonita. Como se usa en estos casos, comenzamos a regatear el precio. El dueño se había plantado en ochenta soles y nosotros le ofrecíamos setenta. Tanto fue el tira y afloja que transamos en setenta y cinco y, al momento de cancelar la cuenta, el dueño nos dijo; “Como se están llevando una buena compra, voy hacerle un regalo al “negrito” y, uniendo la acción a la palabra, le entregó un librito que tenía como título: MÉTODO PARA APRENDER A TOCAR GUITARRA. Naturalmente no entendió el significado de nuestra risa carcajeante. ¡Le estaba regalando un método a quien era un maestro sin igual de la guitarra!

Recuerdo claramente que una noche sabatina – transmitían el  programa ASÍ CANTA EL CERRO DE PASCO con sus animadores propios por lo que tenía anuencia para no asistir- me encontré con Carlitos y nos pusimos a conversar. Él siempre traía noticias frescas de los grandes movimientos culturales que se desarrollaban en Lima, como conciertos, presentaciones teatrales, ballet, ópera, zarzuela, etc. y me regalaba con programas de sus conciertos en algunas instituciones culturales que lo habían invitado. Como es fácil colegir, la conversación además de nutrida y amena, era muy extensa. Ya habíamos caminado bastante tiempo y nos moríamos de frío cuando decidimos entrar en un restaurante a beber un café caliente que mucho lo necesitábamos. Entramos en el HOTEL BOLÍVAR donde había un saloncito dotado de una abrigadora estufa siempre fogosa. Aquella noche llegamos tarde. La mesa cercana al calefactor estaba ocupada por un nutrido grupo de profesores de la Universidad, con su Rector, Oscar Recoba Chévez, un gran amigo que al vernos entrar tuvo la amabilidad de invitarnos a sentarnos a su mesa, pero debido a sus compañeros apristas, me negué muy cortésmente a hacerlo. Le dije que quería dilucidar un tema muy importante con mi amigo y que después aceptaría su invitación. Creo que no es demás decir que yo desempeñaba el cargo de Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad y todos aquellos profesores creían que yo era comunista por no haberme alineado con ellos. Falso. Yo mantenía mi independencia absoluta. Bueno el caso es que, aceptadas las disculpas, el Rector siguió con sus amigos y yo con el mío. Al poco rato ya estábamos enfrascados en una amena conversación cuando oímos escandalosas aclamaciones, gran salva de aplausos y comentarios de admiración a grandes voces. El chofer de la Universidad acababa de entregarle un hermoso estuche de guitarra al Rector. Éste en medio del clamoreo general, aplausos y silbatinas de aprobación, abrió el estuche y sacó una hermosa guitarra FALCÓN de concierto. ¡Qué bello instrumento! Los ojos de Carlitos brillaban al contemplar la joya. Yo quedé mudo de asombro, mucho más cuando escuché decir al Rector.

— ¡Esta es la joya más hermosa que tengo en la vida y acabo de comprarla en Lima! Me ha costado dieciocho mil soles, pero bien merece el precio. Es una magnífica guitarra de la que nunca me desharé. Solamente la quebraría en mil pedazos si encontrará que alguien la tocara mejor que yo. Pero eso es imposible. Así que para inaugurarla, voy a interpretarles un valse que está  de moda en todo el Perú. ¡Víbora!.

Las aclamaciones y vivas no se hicieron esperar y al instante hizo la introducción pertinente del vals anunciado y con mucho aliño y acierto se echó a cantar y, mientras lo hacía, yo quedé amoscado por su soberbia y falta de humildad.

Cuando hubo terminado y los aplausos no se acallaban, me acerqué a su mesa y le dije:

— Dijo usted, señor Rector, que nadie toca mejor que usted?

— Dije –me rectificó- que yo haría añicos esta guitarra si encontrara a otro que    tocara mejor que yo”.

— Entonces, ¿Puede prestármela un momento?

— ¡¿Toca usted, caballerito?!

— No, pero…! Carlos! –llamé a mi amigo que no quiso acercarse en un primer momento porque no le había pedido anuencia para hacer lo que tenía que hacer, pero cuando vio la guitarra en mis manos, se acercó, tomó una silla, la cogió, la templó brevemente y ante la admiración extraordinaria ejecutó “Los sitios de Zaragoza” poniendo al descubierto toda la gama de su arte maravilloso e inconmensurable, especialmente cuando simula el redoble de tambores y la marcha militar de inigualable contornos épicos. Cuando terminó, eran unánimes las aclamaciones en pie de los circunstantes de ésa y las otras mesas. Me entregó la guitarra que a mi vez se la devolví al Rector y tras una venia respetuosa, nos retiramos. Estábamos por sentarnos cuando escuchamos un estrépito impresionante y al dar vuelta, vimos estupefactos que el Rector  sostenía en sus manos sólo el mástil de la bella guitarra y el resto, convertido en astillas, pendía de las cuerdas. La había hecho trizas en la columna de la sala sin que nadie hiciera nada por detenerlo.

— ¡Gracias, maestro! ¡Acaba de darme una hermosa lección de humildad! ¡¡¡Usted sí es un guitarrista!!!- le dijo a Carlitos estrechándolo en un abrazo largo y emocionado. Yo sentí en el alma el triste final de la guitarra. Más edificante hubiera sido que se la regalara. Habría sido un premio excepcional.

Por lo demás, nuestra amistad con Carlos fue creciendo intensamente. La noche que estrené LA DAMA DEL ALBA de Alejandro Casona en el teatrín “Leonardo Arrieta” del INEI, lo vi en primera fila al lado de muchos fraternales amigos que siempre me han respaldado, especialmente los asistentes a la “Esquina del Morocho”. Su presencia me daba una fuerza notable porque yo sabía que me estaba apoyando en esa cruzada  que hace tiempo realizamos en nuestra tierra. Al final del cuarto acto, cuando los aplausos generosos coronaban nuestro esfuerzo, lo vi de pie, con una fogosidad extraordinaria en los aplausos y las aclamaciones y, no lo olvidaré, dos enormes lagrimones rodaron por sus mejillas morenas y buenas. Mismo sollozo que compartimos la noche en que el Cerro de Pasco se clasificaba para representar al centro del Perú en el campeonato Nacional de Básquetbol. Aquella noche, en medio de una lluvia imparable, se culminaba con una gran campaña. Don Lucho Llanos, Enrique Suárez, y Carlitos Reyes, eran los directivos de aquella empresa. Realizadores de un sueño maravilloso. No dejaban de llorar abrazados como hermanos en tanto el público empapado pero emocionado los aplaudía generosamente.

Un día que había llegado a entregar las obras, se sintió muy mal. Con el apremio que el caso requería lo trasladamos a Huariaca, un lugar bajo, respecto del Cerro de Pasco. Allí el médico nos hizo saber que, gracias al oportuno auxilio, había salvado la vida. Él no debía subir al Cerro de Pasco, su corazón estaba muy enfermo. En la tarde, cuando lo embarcamos en la Agencia Arellano nos estrechamos en un abrazo extenso e interminable que nunca olvidaré. Teníamos los ojos nublados. Fue la última vez que nos vimos. Al poco tiempo me enteré de su muerte. Me sentí tan triste y no puedo olvidar sus muestras de afecto sincero y desinteresado. Es decir nos regaló con su presencia en momentos que más lo necesitábamos. Adios amigo entrañable.

comparsa del club Vulcano 1906
Comparsa del Club Vulcano, reunida en campos de Patarcocha, lista para hacer su ingreso triunfal en la ciudad el domingo 26 de febrero de 1906.

“CALIXTO” fue el primer club carnavalesco que se fundó en nuestra ciudad, el  año de 1880. Su vida repleta de éxitos rotundos se prolongó por 32 años consecutivos. En ese lapso aglutinó a los mejores poetas y músicos locales de entonces. Su boato y magnificencia fue tal dimensión que en Ambo, Junín, Carhuamayo, San Rafael, Yanahuanca, Huariaca,  Goyllarisquizga y  Smelter, se fundaron clubes con el mismo nombre.

Transcurrido el tiempo y siguiendo la estela implantada por el emblemático club patricio, en 1902 se fundan dos clubes que alcanzaron sonados triunfos artísticos: BONIFACIO y MEFISTOFELES. Tras una vida breve, no obstante sus logros, uno tras otro dejaron de existir por desavenencias entre sus socios. Es en 1905 cuando se funda el llamado club MARISCO con supérstites miembros de los clubes fenecidos cuyos miembros enmendaron rumbos y, lejos de rencillas personales o de grupo, se presentaron con cuarenta y cuatro chalanes elegantemente ataviados y más de veintena de músicos montados en caballos primorosamente enjaezados. Marcharon con espectacularidad escoltando a la reina de la ciudad. Su éxito fue tan rotundo y espectacular que el año siguiente deciden reeditar el éxito con la presentación de MARISCO II. Con este fin, el presidente don Santiago Gallo, en cumplimiento de sus estatutos, cita a los socios a una sesión a la que asistieron muy pocos miembros. No obstante la insistencia hasta en dos oportunidades más, el desánimo cundió totalmente.

Así las cosas, sin perder el entusiasmo inicial, los socios Juan de Dios Gallo, Julio Zavala, Miguel Malpartida, Abraham Rantes y Roberto Guerra, deciden realizar una última sesión, pero esta vez,  con la intención de formar una nueva institución. Se habían enterado que muchos socios del MARISCO, con malas intenciones y espíritu indisciplinado, estaban tratando de entorpecer el funcionamiento del club. La asistencia de más de sesenta socios respaldaba la idea de formar otro club para evitar los malos entendidos.

Abierta la sesión se procedió a elegir el nombre de la nueva institución. Después de cotejarse las ponencias presentadas se decide -por mayoría absoluta- por VULCANO, propuesto por el socio  Pablo Morales Paredes con respaldo de Francisco Otrera. “Vulcano es hijo de Júpiter y Juno y esposo de Venus. Dios del fuego y los volcanes, forjador del hierro y creador de armas y armaduras para dioses y héroes, por lo tanto hay similitud con el espíritu cerreño”.

Al elegirse la primera directiva la nómina quedó integrada así:

Presidente               Miguel Malpartida

Vicepresidente        Roberto Guerra

Tesorero                   Abraham Rantes

Secretario                 José Santos Cruz

Vulcano Primero    Erasmo Fano.

De igual manera se procedió a conformar el cuadro musical del club de la siguiente manera:

 GUITARRAS

Irán Proaño, Gerardo Toscano, Melitón Coz, Elías Limas, Luis Fuentes y Gregorio Torrecilla.

VIOLINES

Cutberto Giles, Moisés Malpartida, José Castillo, Patricio Rueda, Abraham Rantes, Belisario Vento e Isaac Vargas.

BANDURRIAS

Teófilo Limas, Julio Zavala, Manuel Navarro y Ascisclo Benavides.

 QUENAS

Abraham Gutarra y M.J.M

La Escolta del Club Vulcano quedó conformada por los señores: Ignacio Llanos, José Pablo Galarza, Concepción y Julián Verástegui, Fernando Alfaro, Juan C. Vargas y Hermenegildo Ticlavilca

Aquel histórico año se entonó la siguiente muliza.

I N C L E M E N C I A

(Muliza).

A mi ruda lira, los crueles pesares

                                               la inspira cantares

                                               de triste matiz.

                                               y el alma padece por ti, bien amada,

                                               pues sólo a tu lado

                                               se siente feliz.

 

                                               La flor de mi vida, la brisa no agita

                                               se encuentra marchita

                                               por acre dolor;

                                               Tu ausencia sentida su tallo declina,

                                               pues no la ilumina

                                               tu lumbre de amor.

 

                                               ¿Por qué niña amada, la acerba inclemencia

                                               con tanta vehemencia

                                               se ensaña en mi, cruel ?.

                                               ¿Por qué, malhadada me roba la calma

                                               brindándole a mi alma

                                               los sorbos de hiel…?.

                                               Pues sólo a tu lado, la pena me deja,

                                               la dicha me aqueja,

                                               todo es frenesí;

                                               Mas hoy despiadada la suerte inclemente

                                               descarga ferviente

                                               sus iras en mí.

                                                   ESTRIBILLO

                                               Sin tí mi existencia es flor sin aroma

                                               es viuda paloma

                                               erial sin confín…

                                               Por eso mi vida, mi bien, mi tesoro,

                                               cantando yo imploro

                                               mi fúnebre fin.

 

            Letra: Pedro Fonseca………..Música: Hermógenes Olano.

                        Cerro de Pasco 25 de febrero de 1906.

Como era de esperarse, el éxito de su presentación fue apoteósico. Las notas periodísticas de entonces fueron laudatorias; esto entusiasmó tanto a sus socios que, aquel año, reeditaron el triunfo con una nueva presentación espectacular. Lo que lograron en 1908 se fue de antología. Aquellos carnavales, con el marco de una banda espectacular de banda de músicos de Huánuco, calles y plazas cerreñas, aplaudieron  emocionados a los ochenta y seis integrantes  pomposamente disfrazados haciendo gala de extraños y bien confeccionados atuendos. Nunca más –a decir de los viejos memoriosos- volvió a ocurrir algo igual.

A partir de su debut, cada año, con dedicación y mística, las comparsas del Vulcano se presentaron puntualmente. Claro que, como todos, sufrió las fluctuaciones emotivas dictadas por los aconteceres políticos. Aquel año, por ejemplo -1908- , los integrantes de su comparsa cayeron acribillados por las balas de la represión en defensa de la integración de nuestra tierra cuando los gringos trataron de apoderarse de ella.

Cuando el 2006 cumplió sus cien años, con otros hombres pero con la misma mística, nuestra tierra hizo suya la celebración por que el Vulcano es parte extraordinaria de su historia.

Po lo demás, el entusiasmo carnavalesco jamás decayó en nuestra ciudad minera; por el contrario, pueblos aledaños, contagiados de exaltación juvenil de sus comparsas, fundaron sus clubes correspondientes: KAISER, (Huariaca 1918), ASTOLFO, (Goyllarisquizga 1921), COW BOYS (Smelter), MARTE y PIZARRO (Goyllarisquizga), LIRA OLLANTAY, (Paucartambo), CHAPLIN, (Huariaca), SAN JOSE, (Mina Ragra), VULCANO CHICO, (Carhuamayo). DON QUIJOTE (La Quinua 1920), MOMO DE YANAHUANCA, (1920), MOMO DE CHACAYAN (1922), TRIFON, (1913), ATAHUALPA ANDINO (Yanahuanca 1926). Etc.

En el Cerro de Pasco, como es natural, siguieron fundándose otros clubes carnavalescos como: Club Juventud Apolo, (1922), Filarmónico Andino (1924), Lira del Ande, Lira Cerreña, Hijos del Tahuantinsuyo, Don Nadie, Los Diamantes de Yanacancha, Rosario de Yanacancha, etc.

 

 

 

 

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La inolvidable “Pastorita Huaracina” (Reportaje)

pastorita huaracina

“Ayer noche, con éxito sin precedentes se ha presentado en el escenario del Cine Grau, primero y, en Radio Corporación después, la cantante de moda en el Perú: “Pastorita Huaracina”. Con el complaciente auspicio de las mejores casas comerciales de la ciudad, hemos tenido el grato placer de verla y escucharla en un recital inolvidable. En él, Pastorita nos ha regalado con lo mejor de su repertorio, ganándose el franco aplauso del público cerreño. Como ha de viajar mañana a primera hora a la localidad de Goyllarisquizga, lugar de nacimiento de su esposo, Antonio Romero Manzanedo que la acompaña dirigiendo al conjunto musical “Los Andes del Perú”, solicitamos una entrevista para que nuestros amigos pudieran conocerla más ampliamente. Ella muy amable, aceptó. He aquí lo que conversamos”. (EL PUEBLO, Revista Cultural Independiente, Nº 06)

– Ha sido apoteósica tu presentación, Pastorita. En esta ocasión, con el fin de que te conozcan mejor, hemos querido conversar contigo para que nos digas, en primer lugar cuál es tu nombre verdadero.

  • Me llamo María Dictenia Alvarado Trujillo. Nací en el distrito de Malvas, provincia de Huarmey del Departamento de Ancash. Soy hija de Hipólito Alvarado Gómez, agricultor y director de la Banda de Músicos del distrito de Malvas y, de doña Micaela Corsino Trujillo. Soy la última de 12 hermanos
  • Cuéntanos cómo salió tu seudónimo de “Pastorita Huaracina” con el que estás triunfando.
  • De niña fui pastora de verdad. Pertenecí a un hogar muy humilde. A corta edad pastoreaba mis rebaños en “Rahuey Pampa” que está en la parte más alta de mi pueblo, y desde allí lo miraba y le cantaba con mucho sentimiento. Las personas que me escuchaban, decían: es “Chicche” que está cantando. (“Chicche” es el nombre de un pajarito cantor).
  • O sea que desde niña ya te gustaba cantar?
  • Así es. En la escuela cantaba en todas las actuaciones. Pero cantaba y hablaba sólo quechua. No  sabía español. Mi profesora que hablaba español y quechua enseñaba en lengua materna porque todo el alumnado hablaba quechua. Pero yo quería aprender español, por eso al atardecer partía un poco de queso que mi mamá guardaba con mucho celo e iba a la casa de mi maestra  y le invitaba. Ella me enseñaba hablar y escribir en español y me decía: “Tú vas a llegar muy lejos”.
  • ¿Cuándo y cómo comienza tu trayectoria artística?
  • Mi vida artística se inició el 19 de diciembre de 1942. Primero como bailarina y después como cantante. Mi voz cultivada desde mi infancia en el pastoreo de mis ovejas, sirvió como para difundir nuestra música andina.
  • ¿Cuándo conociste a tu esposo? Cuéntanos algo de él.
  • Él es el compañero de mi vida. Se llama Carlos Antonio Romero Manzanedo, natural de Goyllar y director del conjunto “Los Andes del Perú” que me está acompañando desde el comienzo. El arte nos unió en matrimonio.
  • Es de una gran ayuda para el logro de tus éxitos.
  • Así es. Inclusive, cuando mi repertorio estaba resultando muy apretado, él me dio algunas canciones de su tierra: Goyllarisquizga, como “El matrimonio” y principalmente, “El Obrero”, con letras del poeta goyllarino Maximiliano Gutiérrez y la música de Graciano Ricci. Tú lo conoces.
  • Así es. Se creó en 1924. Siempre ha sido un éxito. Aquel año se encontraron ambos artistas y crearon este huayno inolvidable que es, qué duda cabe, un himno del trabajador de las hulleras de Goyllarisquizga.

Cuando la llamaron para presentarse a su público, se cortó la entrevista. Desde entonces pasaron muchos años. En ese dilatado lapso nos enteramos que tras 13 años de matrimonio se llegaron a divorciar por incomprensión. Quedaron dos hijos: Luz Elena Romero Alvarado y Kimilsun Hipólito Alvarado Trujillo. Ambos, actualmente, notables profesionales.

Es necesario mencionar que esta extraordinaria estrella de nuestra canción andina hizo popular los huaynos: “Así canta Ancash”, “Quisiera Quererte”, “Malvacina”, “Ay!, Zorro”,  “Rosas Pampa”, “Mujer Andina”, “Tu Boda”, “El Paria”, “Río Santa”, “El Gorrioncito”, “Basta corazón no llores”, “callejón de Huaylas” etc. Pastorita Huaracina ha pasado a la historia como una de las mejores intérpretes de la música andina. Con su vida y ejemplo ha ganado la inmortalidad.

Viajó a muchos países de Europa, Asia y América recibiendo el reconocimiento como Embajadora y Decana de la Música Andina, Reina y Señora del Canto Andino, y por su brillante carrera fue reconocida como Patrimonio Cultural Viviente de la Nación; la cámara de senadores la condecoró con el grado de Comendadora de la Nación, el Ministerio de Educación con las Palmas Artísticas en el grado de Maestra, así como el Poder Ejecutivo a nombre del Estado la condecoró con La Orden del Sol en el Grado de Gran Cruz.

Por el periodo de más 3 décadas consecutivas condujo su propio programa de nombre “Canta el Perú Profundo” por las Radios: Agricultura, Nacional, La Crónica y por último Santa Rosa. Ella no fue sólo una cantante fue también una mujer política, muchas veces encarnó las luchas y demandas del pueblo a través de su voz y de sus acciones. Por más de cincuenta y siete años, dedicó su arte al mundo entero, hasta que un cáncer de estomago acabara con su vida en el 2001. Sus restos fueron incinerados y arrojados al río Santa en Huaraz.

La historia del huaino, “El Obrero”

el obreoSe iniciaba el año de 1924 cuando retornaba triunfante el  inolvidable compositor cerreño, Graciano Ricci Custodio. Cuatro largos años había estado ausente de su tierra. En ese lapso se había desempeñado como miembro de  la Banda de Músicos de nuestro ejército, llegando a ocupar el sitial de músico mayor.

En nuestra ciudad demostró con creces todo lo que había aprendido en Lima. Nuevamente se erigió como un triunfador. Excelentes músicos del pueblo de la talla de los hermanos Hermógenes y César Ramos Lino, Antonio Jiménez, Luis Vivas y Vivas, Gregorio Chamorro, Genaro Parra, Juan Arias Franco, Gregorio Chávez, Armando Paredes Ugarte, Adrián Galarza Gallo, Daniel L. Rojas, Isauro Lavado, Andrés Rojas Quiñones, Nicéforo Bravo, Jesús Mendoza, Glicerio Galarza, Víctor Arriola, Bernardino Ramos y Julio Patiño León –su más grande acompañante- se rindieron a su maestría. Él sería el director musical del club carnavalesco FILARMÓNICO ANDINO cuyo presidente era don Pedro Santiváñez.

Cuando visitó el asiento carbonífero de Goyllarisquizga en busca de un trabajo que le permitiera su estabilidad económica, los directivos del Club Carnavalesco S.M. ASTOLFO IV,  le invitan para que le ponga música a la muliza y huayno de aquellos carnavales.

La tierna y adornada muliza, MELANCOLÍA, alcanza ribetes de grandiosidad con la música que le puso; pero es con el huayno EL OBRERO, con el que gana los aplausos del pueblo y se consagra definitivamente. Este huayno fue cantado en todo el Perú. Su música es digno marco para los versos del  gran poeta goyllarino, Maximiliano Gutiérrez, cuyas exitosas creaciones poéticas fueron publicadas en los periódicos del Cerro de Pasco de entonces. LOS ANDES, EL MINERO, EL CERREÑO, EL GRITO DEL PUEBLO.

                       EL OBRERO

                        Si te ofrezco mi cariño

                        si te digo que te adoro,

                        tú me dices, yo no quiero

            .           el amor de un carbonero.

 

                        En vano niña pretendes

            ,           despreciar así al obrero

                        olvidando que es sincero.

                        el amor de un minero.

 

                        De mi cara la negrura,

                        no es un color permanente,

                        es color que diariamente

                        baña el sudor de mi frente.

 

                         ESTRIBILLO

                        ¿Cómo quieres que yo siga

                        sin esperanza ninguna?

                        en las minas, trabajando,

                        !la muerte sólo esperando!

YARUSHYACAN (Leyenda)

yarushyacan

El progresista pueblo de San Francisco de Asís de Yarushyacán, ubicado al noroeste del Cerro de Pasco, enmarcado por Huariaca, Ticlacayán, Sunec, Yanacachi, Huamanmarca, Cajamarquilla y Chinchán, tiene una antiquísima leyenda que nos habla de su origen.

Cuentan que en tiempos  pasados, los pastores de la tribu de los yarush que habitaban esta zona, solían llevar a su rebaño a GANTO GANTO DE YACÁN donde abundaba el pasto y crecía un frondoso follaje. En este pintoresco lugar, una pastorcilla de tierna edad, sin perder de vista a su ganado, gustaba de ponerse  a jugar.

Un día que llevaba su manada a este paraje sintió que, a cada paso que daba, le arrojaban unas piedrecillas de un sitio que no podía precisar y menos aún quién  hacía la travesura. Un tanto alarmada comenzó a otear en derredor pero sin resultado alguno. Intrigada quiso seguir caminando cuando un silbido que venía del follaje avivó su curiosidad. La niña penetró por entre la hojarasca en donde crecían hermosas flores blancas y rosadas encontrándose  de repente con un primoroso niño de su misma edad, vestido de un modo muy raro, con un sayal marrón ajustado a su cuerpo por un largo cordón blanco.

  • ¿Usted tiraba piedrecitas?
  • ¡Sí, yo!
  • ¿Por qué?
  • Por jugar.
  • ¿Cómo se llama usted?
  • Yo soy Margarita. ¿Dónde están sus padres?
  • No los tengo. Cuido estos campos y estas flores. No quiero que nadie me vea. Sólo tú.

Desde aquel día, los niños jugaban contentos mientras el ganado pastaba. Un día a la niña se le ocurrió contar a sus padres que ella era muy feliz porque jugaba con un niño hermoso en el Ganto Ganto de Yacán, pero que le llamaba la atención que aquel hermoso niño no recibiera el fiambre que le invitaba. Intrigado por este relato, el padre decidió seguir los pasos de su hija y así sorprendió a los niños cuando jugaban desprevenidos. La niña se alarmó al ver a su progenitor en tanto el niño decidía huir; pero el padre le dio alcance, y cuando estaba a punto de cogerle para preguntarle quién era, el pequeño quedó inmóvil y al tocarlo pudo comprobar que todavía las manitas las tenía tibias pero que era una estatua. Deslumbrado, el hombre fue a avisar al pueblo. Al poco rato, rodeando a la imagen, estaban los hombres y mujeres.

  • ¡Paime canga patrón ninches! (¡He aquí nuestro patrón!) – Sentenció el más viejo de la tribu. Enseguida, emocionado llevó al pueblo la imagen hallada.

Al día siguiente se dieron con la sorpresa que el santo no estaba allí, y cuando por indicación de Margarita lo buscaron, llegaron a encontrarlo en Ganto Ganto de Yacán. Así cuatro veces. Por fin fue revelado que el santo no quería que lo movieran del lugar donde lo habían encontrado. Así, unánimemente, decidieron trasladar el pueblo de Yarush a Ganto Ganto de Yacán.

El 4 de mayo de 1618, siendo cacique don José Mazgo –el único que entendía el idioma de los españoles- se fundó oficialmente el pueblo de San Francisco de Asís de Yarushyacán.

El 16 de setiembre de 1961 se registra la creación política del Distrito San Francisco de Asís de Yarushacán, correspondiente a la provincia de Pasco, departamento de Pasco

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Imagen tomada de Radio Cumbre – San Francisco de Yarusyacán

Don Marco Aurelio Woolcott (Biografía)

don-marco-aurelio-woolcottEl 10 de marzo de 1922, después de prolongada enfermedad fallecía el destacado ciudadano cerreño don Marco Aurelio Woolcott, miembro de numerosa e ilustre familia descendiente de ingleses llegados a mediados del siglo anterior. La apretada síntesis de su biografía, es la siguiente.

Nació en el Cerro de Pasco, el 12 de noviembre de 1866, siendo sus padres, el señor Joseph R. Woolcott y, la señora Narcisa Robles. Se educó en Lima, graduándose de Doctor en Ciencias  Políticas y Administrativas, en 1889. Al año siguiente, fue nombrado Attaché de la delegación peruana en Chile.

Asociado a los doctores, Javier Prado y Ugarteche y, José Matías Manzanilla, fundó el periódico EL TIMON, para combatir a la Compañía de Jesús. Después colaboró en los diarios, EL TIEMPO, dirigido por Alberto Ulloa y, LA OPINION NACIONAL, de Andrés Aramburú. Fue uno de los fundadores del Círculo Literario y Ateneo de Lima.

Elegido en varias ocasiones, miembro de la Municipalidad del Cerro de Pasco, desempeñó por 12 años consecutivos el cargo de delegado ante la Junta Departamental, de que fue tres veces consecutivas, su presidente.

En 1879, fue acusado de participar de una revolución política por lo que fue trasladado a las casamatas del Callao, donde permaneció prisionero por largo tiempo.

Fue uno de los iniciadores de la instalación de la luz eléctrica en nuestra ciudad. Perteneció a casi todas las sociedades patrióticas y humanitarias y,  colaborador de todos los periódicos que se publicaron en nuestra ciudad. Varias veces fue presidente del Partido Liberal y ejerció el cargo de Venerable Maestro de la Logia Masónica de nuestra ciudad.

Fue sepultado en el cementerio general de la ciudad con honores correspondientes a su alta calidad humana, y ese día, las banderas flamearon a media asta en nuestra ciudad.

¿Sabía usted…?

Que la CHUNGUINADA, la más hermosa danza del centro del Perú, nació en el Cerro de Pasco a mediados del siglo XIX, cuando numerosos grupos de europeos se afincaron en sus predios para trabajar sus minas. Su nombre proviene de CHUNGA (“Burla festiva”) de donde viene CHUNGUINADA y no “chonguinada” como pronuncian los motosos llegando a la audacia de decir que había nacido en un pueblo llamado Chongos. La verdad es que, el pueblo cerreño, al ver las apoteósicas celebraciones en los consulados europeos, trató de imitar sus danzas; así de los franceses el minué con su despliegue de elegancia y vistosidad; de los españoles, la pavana y la sardana; de los italianos, la chacona, de los austriacos, sus cuadrillas. En general de todos estos grupos danzaban sus cuadrillas, es decir, la danza corporativa con las que se desplazaban por la calles. Por eso hay cuadrilla imperial, francesa, española, etc. No olvidar que, en aquel tiempo funcionaban doce consulados europeos en el Cerro de Pasco, una ciudad cosmopolita. Andando los años, los braceros que laboraban en la ciudad minera, llevaron a sus pagos el ejercicio de esta danza. Hoy en día se baila en todo el centro del Perú. La chunguinada es cerreña. (Ver la descripción completa de esta danza en el tomo VII de “Historia del pueblo mártir”)

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“Punta” de Chunguinada de la capilla de Curupuquio en el Cerro de Pasco. Por primera vez integran danzantes mujeres. Anteriormente sólo los hombres realizaban esta danza por lo pesado de su vestimenta de plata pura y por los días enteros que tenían que estar bailando en homenaje a las cruces de mayo.

LA MURUCATA (Cuento goyllarino)

murucata

Cuando el agua, sempiterna enemiga de los mineros cerreños, fue finalmente vencida gracias a la tenacidad del inglés Richard Trivithick que instaló bombas de vapor en el paraje de Santa Rosa, se hizo apremiante la necesidad de contar con abundante combustible para avivar la fogosidad de los motores.

Se indagó con entereza, se rastreó en todo el territorio pasqueño y de diversos y lejanos confines se trajo la turba necesaria para este cometido; sin embargo, los precarios yacimientos se agotaban con prontitud. Como era natural, la búsqueda de nuevos filones de carbón, se hizo incesante.

En esta época –mediados del siglo XIX– en que los pastores que transitaban con sus rebaños por los territorios yermos, cubiertos de verde pasto natural de Cuyllurishquishga, ocurrió un hecho misterioso.

Una noche clara y hermosa, iluminada por una luna enorme y brillante, los pastores  escucharon –aumentadas por el silencio de la noche- la voz alegre y apremiante de una mujer que entonaba bellas canciones en quechua, y en todas ellas, llamaba insistentemente a los hombres, conminándolos a que la amaran con premura. Tentados de descubrir el prodigio, los pastores acudieron presurosos al lugar donde brotaban las canciones. Con sigilo y cautela fueron acercándose hasta llegar a una elevación desde donde, admirados, pudieron verlo todo.

A la puerta de una profunda caverna una atractiva mujer, cantaba alegremente y con pasos ágiles y felinos, danzaba excitante ante los admirados ojos de los rabadanes.  Ataviada con un atuendo de vivos colores cubiertas de riquísima pedrería, portaba en la mano una pequeña manta de color blanco con pintas negras y azules que, a modo de bandera, lo agitaba por los aires, llevando siempre el compás de su música exquisita. Los pastores estaban mudos e inmóviles. Cuando la alegría había llegado a su clímax, se cubrió las espaldas con su manta negruzca (muru cata) fijándola con un enorme prendedor (tickpe) y cesando sus cánticos, dio vuelta y entró en la caverna.

Al comienzo, los hombres permanecieron anonadados e indecisos sin saber qué hacer, mas luego, repuestos de la sorpresa, temerosos e inquisitivos se acercaron y armándose de valor llamaron a gritos a la beldad. La profundidad de la caverna les devolvió el grito centuplicado por el eco. Llamaron dos veces más, después de esto, oyeron que la mujer les contestaba con atiplada voz.

  • ¡Entren y ámenme! Si me aman, les regalaré con mi murucata y serán muy ricos.

No se escuchó ni una palabra más. Los pastores, acoquinados, no tuvieron el suficiente valor para entrar.

Al día siguiente, muy temprano, dieron la noticia a su amo don Samuel Benavides quien reunió a muchísimos hombres que llevando lámparas y herramientas entraron en la caverna donde al fulgor de los candiles, brillantes reverberos devolvían la luz a través de las múltiples y vidriosas facetas de la lustrosa antracita: habían descubierto una fabulosa veta de carbón.

Emocionados por el hallazgo, denominaron con el nombre de MURUCATA (Manta Negruzca) al riquísimo filón de la bellísima mujer que, se supone, era la dueña de estas espléndidas riquezas.