ATARDECER CERREÑO (Fotografía de don Miguel Lavado)

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El sol que durante el día ha iluminado el paisaje de nuestra ciudad cimera, ha recostado su cansancio tras las montañas nevadas dando paso a la oscuridad. A contraluz se puede distinguir la silueta de la histórica torre del Hospital Carrión que, por más de dos siglos,  ha marcado la sístole y diástole de la tierra heroica. El mágico contraste de este hermoso atardecer fue captado por don Miguel Lavado, un notable fotógrafo cerreño

A propósito.

Aquellos peruanos que tuvieron la intuición y arte de fijar en placas inolvidables pasajes de la historia patria, fueron numerosos

Comenzaremos por el genial cusqueño, Martín Chambi (1851 – 1973) seguido por el huancavelicano, Teófilo Hinostroza Irrazábal, (1914 -1919) nacido en Colcabamba, provincia de Tayacaja, conocido como “El Chambi del Centro” porque como Martín Chambi, retrató las miserias y grandezas de su entorno.

Hinostroza nació en 1914, en Colcabamba, provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica. Su padre fue el hacendado huancavelicano Francisco Hinostroza y su madre doña Faustina Irrazábal.

A los 15 años, fue matriculado por su madre en un colegio de Huancayo, donde tuvo la suerte de trabajar como ayudante del fotógrafo Fortunato Pecho. Allí aprendió el oficio, pero más tarde se impuso su talento, su indudable calidad de observador zahorí y fotógrafo del Perú profundo.

Thissen, al valorar la obra de Hinostroza, dice: “Tenía ojo de artista, era un maestro de la composición, con elección de buenos encuadres y perspectivas. A veces tomaba fotos por el puro gusto de las líneas, de gran simplicidad, como por ejemplo unas chacras donde resaltan los juegos de curvas o rectas”. (…) “Manejaba con destreza los juegos de luces y sombras, con contrastes marcados; los cielos con nubes cargadas, los contraluces audaces y los atardeceres eran su predilección. Pero también hacía tomas de paisajes donde predominaban los grises, logrando vistas originales y de gran belleza”.

Es decir, una inusitada como maravillosa revelación y rescate de un fotógrafo que regresa del pasado, debido al paciente trabajo de Gervasio Thissen. Pero también por la magia de las palabras de Leo Casas Ballón, quien como José María Arguedas lo conoció y disfrutó de su fecunda e imperecedera amistad. Un total de 58 fotografías permiten una visión del aporte cultural de Teófilo Hinostroza.

Dejando de lado la genialidad del francés Eugene Courret que ocupa lugar preferencial en estos menesteres, en el Cerro de Pasco, donde se han perdido no sólo valiosos documentos, debido a la incuria y abandono de sus hijos, hubo –de lo que conocemos- buenos aristas del lente: Ordóñez, Mariño, Barzola, Saavedra y sobre todo, un verdadero artista, Miguel Lavado, que plasmó en placas inolvidables los retratos de los personajes notables, principalmente autoridades locales además de algunas escenas familiares y sociales de gran valor artístico más importantes del Cerro de Pasco. Miguel Lavado fue un excelente retratista.

¿Sabía usted….?

 Middendorff, fue un médico y erudito humanista, que estudió la realidad peruana durante la segunda mitad del siglo XIX. Hizo una vívida descripción de la ciudad de Cerro de Pasco. (Middendorff, E. W.: PERÚ, observaciones y estudios del país y sus habitantes  durante una permanencia de 25 años. Tomo III, La Sierra. Primera Versión Española. Universidad Nacional de San Marcos, 1974).

¿Cuál es el valor de la obra ‘El Perú’ de Middendorf para el estudio de la historia del siglo XIX? Patricio Alvarado Luna, dice “Entre los viajeros extranjeros que visitan y recorren el Perú en la segunda mitad del siglo XIX, quizás no haya otro tan importante como E. W. Middendorf. Nacido en Alemania en 1830 y tras graduarse de sus estudios en medicina, entre 1854 y 1855 emprende un viaje por Australia y Chile para llegar en 1855, por primera vez, al Perú”.

“Culminada su última estancia en el Perú y de regreso en Alemania, entre 1893-1894 publica “El Perú“, una obra enciclopédica en la cual se encuentra una gran variedad de información, lo que demuestra la curiosidad de su autor” (…). Middendorf obtiene información de primera mano. Su obra es una descripción total del Perú”.

“La obra de Middendorf termina siendo una obra de referencia con un visión completa sobre el Perú, donde se encuentra información de primera mano y de mucha utilidad para el estudio de la historia del siglo XIX, dado que, como ya se mencionó, el autor vive los cambios, tanto políticos como sociales, económicos y culturales, que pasa el Perú durante la segunda mitad de la centuria”.

 

 

 

 

Sebastián Estrella Robles (Biografía)

sebastian-estrella-roblesFue un notable periodista, fundador del Diario «Los Andes» y Fiscal del Departamento de Junín, en la primera década del pasado siglo. Nació en el pueblo de Qiulacocha, el 20 de enero de 1859, siendo sus padres don Victorino Estrella y doña Francisca Robles, ambos vecinos de ese pueblo.

Hizo sus primeros estudios en el Cerro de Pasco y luego pasó a estudiar secundaria en el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe. Terminada la secundaria, pasó a la Universidad Mayor de San Marcos donde se graduó de Bachiller en Jurisprudencia, el 24 de diciembre de 1883. Siete años más tarde, el 15 de diciembre de 1890, se recibió de abogado.

Durante la ocupación chilena residía en Lima donde, además de combatir, sufrió los riesgos del caso, habiendo cerrado filas como policía, con lo que supo sobrevivir. Después colaboró en «El Nacional», periódico de la capital, dirigido entonces por los doctores Manuel María del Valle y Cesáreo Chacaltana, quienes lo distinguieron por su notable capacidad.

De regreso a su tierra natal se dedicó al ejercicio de su profesión fundando periódicos y colaborando en cuantos se han editado en el Cerro de Pasco como «El Cerreño», «La Unión», «La Semana». El año de 1911, funda el combativo diario «Los Andes» que, ya en su segunda época, fue dirigido por don Silverio Urbina y más tarde por su hijo Andrés.

Al fallecer en 1890 el Fiscal don Pablo Arias, es elegido en su reemplazo como Fiscal del Departamento de Junín.

Después de una vida ejemplar y luminosa, fallece el 13 de junio de 1912, oportunidad en la que todos los periódicos y revistas de la capital del Perú, le dedicaron sendos homenajes y semblanzas haciendo conocer de su labor.

¿Sabía usted….?

Que por el desconocimiento de nuestra historia, el periodismo y autoridades locales acordaron celebrar el “Primer centenario” del Cerro de Pasco, el 10 de enero de 1940, lanzando iniciativas para programar “adecuadamente” el centenario. Entre ellas, el proyecto de erigir un monumento a Huaricapcha “descubridor” de las minas cerreñas. Es decir un monumento a un ser legendario que jamás existió. Otra iniciativa, muy plausible, fue la de exigir la construcción de un Hospital del Seguro Social. Por su parte, el intelectual jaujino, Clodoaldo Alberto Espinoza Bravo, que tanto quiso al Cerro de Pasco, lanza la idea de realizar un homenaje nacional al inca Garcilaso de la Vega con ocasión de su Cuarto Centenario. La más plausible de estas iniciativas fue la del Concejo Provincial de Pasco de solicitar al Poder Público la creación de un Colegio Nacional de Instrucción Media para la ciudad.

Lo que en realidad quisieron celebrar fue el centenario de la Ley dada por el Congreso Constituyente de Huancayo que, en esa fecha y el siglo anterior, le confería a nuestra ciudad el título de “Opulenta Ciudad”. Todos sabían que nuestra ciudad contaba con más de cuatro siglos de vida.

Bueno, esto seguirá así mientras nos gobiernen los “Trueno” Rivera; “Bobby Charlton” Espinoza; “Chiri Gallo” Quispe y otros tantos sujetos que creen que el conocimiento de nuestra historia no merece atención alguna. Lástima.

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Pedro Caballero y Lira (Biografía)

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Hijo del ciudadano cerreño Don Francisco  Caballero y la dama jaujina doña Rosalía Lira de Caballero, nació en la ciudad de Lima en 1870.

Efectuados sus estudios en medio de las dramáticas contingencias de la Guerra con Chile y la consiguiente ocupación enemiga, llega a conocer la tierra de su padre, un acaudalado minero, en junio de 1887 y se instala en su casa solariega de la Calle Parra.

Funda el Instituto EL PORVENIR en compañía del abogado Francisco Samanamud. En este plantel particular se dictaban cursos para alumnos de educación primaria y los 1º y 2º años de secundaria, otorgando becas a los más distinguidos.

En el año de 1894 fue profesor de la Escuela Particular de Pasco luego ejerció la docencia en el Colegio Particular de las Reverendas Madres Terciarias cuya Directora, Reverenda Madre Isabel del Santo Sudario, hizo una labor muy interesante para la gente pudiente de la localidad.

Ocupó numerosos cargos administrativos demostrando mucha probidad y eficiencia. Secretario de la Junta Departamental de Junín, Comisionado Especial para la actuación de la matrícula de Contribuciones de la Provincia de Jauja, Diputado Distrital y Síndico de Rentas del Concejo Provincial, Director de la Beneficencia Pública en el que conjuntamente con don Cipriano Proaño, remodeló el Hospital La Providencia. Cambió el nombre del Hospital “La Providencia”, por el de nuestro mártir. En 1896 funda EL MINERO ILUSTRADO, periódico que cumplió una labor de información y orientación muy respetables. Lamentablemente, toda la esperanza que el pueblo había depositado en su capacidad se destruyó cuando en forma ostensible decidió apoyar las acciones de la compañía norteameri­cana en las elecciones de 1908. Esto jamás el pueblo pudo olvidarlo. (Felizmente todo   cambió en el periódico gracias a don Gerardo Patiño López, un hombre íntegro que, inclusive, sufrió persecuciones por servir a su pueblo que jamás lo olvidará)

 

Marino Chunga Pingo (Un trompetista inolvidable)

marion-chunga-pingoHabía llegado dirigiendo la Banda de un circo que andaba de mal en peor. No sólo los animales -atracción del espectáculo- enfermaron negándose a comer o movilizarse siquiera sino que las lluvias y extrañas heladas nocturnas (en época de invierno nunca helaba), agravaron la situación. Las magras entradas de aquellas noches borrascosas y las riesgosas presentaciones en esta Siberia andina determinaron el apresurado alejamiento de los cirqueros. A él le cancelaron el contrato y lo dejaron varado con el único pago de un gracioso monito que, vendido a un suertero, le permitió seguir tirando para adelante.

En esas circunstancias y, accidentalmente, nos conocimos. Una mañana se presentó a la Radio en busca de algún “cachuelo” con qué pagar sus gastos más apremiantes. Bajo de estatura, algo fornido, de piel aceitunada, mezcla de chino, negro y cholo, tenía un par de ojitos permanentemente brillantes y traviesos; en su achinado rostro oscuro, siempre sonriente, se podía ver la marca que imprimía en sus labios, el oficio que realizaba. Me dijo ser oriundo de un pueblo cercano a San Miguel de Piura y que su nombre era, Marino. Había aprendido desde niño los secretos de la trompeta y otros instrumentos musicales; que había alternado mucho con los hermanos Neciosup, amos y señores de su instrumento en el norte del país; que lo único a lo que se había dedicado era a la música, nunca otra cosa, jamás otras inquietudes; que le urgía encontrar la manera de seguir viviendo porque sus exiguas ganancias se habían hecho humo con sus gastos más urgentes. Aquí, no conocía a nadie. Naturalmente, debido a su calidad artística prometí encontrarle una “pega”.

Lo que son las cosas.

Un sábado –dos días después de conocerlo- me encuentro con el desesperado director de una orquesta, muy popular en aquellos momentos, que estaba preocupadísimo. Esa noche tenía un compromiso en el “Club de la Unión” que estaba de aniversario, pero –me dijo muy apesadumbrado- “mi trompetista se ha “avivado” y se niega a actuar si no le pago el doble que de costumbre porque dice que como me van a pagar muy bien, él quiere compartir equitativamente de las ganancias”.

¡Miel sobre hojuelas!

Muy alegre le dije que sus preocupaciones habían terminado porque yo tenía al hombre justo para salvarlo. Le presenté a Marino con el que hablaron muy detenidamente respecto de emolumentos y técnicos musicales a emplearse.

La fiesta de aquella noche se prolongó hasta las diez de la mañana del día siguiente. Tan extraordinaria había resultado la actuación de la agrupación musical que los adinerados socios del club, muy entusiasmados,  hicieron una “chancha” para seguir bailando sin importarles para nada la hora que fuera. Es ocioso decir que la publicidad que originó aquel éxito, trascendió fronteras locales. Bohemios y fiesteros no hablaron de otra cosa. En las semanas  siguientes, los triunfos de repitieron en Huánuco, Huarón, La Oroya, Goyllar y otras ciudades cercanas. A partir de entonces los contratos se firmaban con meses de anticipación para la actuación de aquella orquesta y su trompetista estrella, Marino Chunga Pingo.

Todo fue avante en la orquesta. Nuestra amistad, mezcla de agradecimiento y afecto, se estrechó mucho más. Su inquietud musical era manifiesta. Siempre estaba estudiando. En abierto deseo de estimular esta inquietud le invitaba a la discoteca de la radio donde nos pasábamos buen tiempo escuchando a los famosos de entonces. Harry James, con la  magia de su trompeta privilegiada como primera figura de la orquesta de aquel inolvidable director y mago del trombón: Gleen Miller. Este músico norteamericano llenó toda una época durante la Segunda Guerra Mundial con la magia de sus creaciones. ¡Quién no las conoce!  Una recreación a parte significaba la audición de “Satchmo” Armstrong con recordadas interpretaciones de Blues y Jazz. Dizzi Gillespie, otro de nuestros preferidos; entre los latinos nos quedábamos con el cubano Sandoval y el español Méndez. Escuchábamos también con mucha delectación, el trombón de Tommy Dorsey; los clarinetes de Benny Goodman y Artie Show; los pianos de Duke Ellington y Count Besie. Cómo no íbamos a sentirnos arrobados de emoción con las voces de Ella Fitzgerald, Doris Day, Diana Shore, Rosemary Clooney, Frank Sinatra y otros extraordinarios artistas,

Por las noches –pletóricos de jazz y música moderna- recalábamos en “La Frontera” a beber algunos “calientes” para calentar el cuerpo y, entre trago y trago, haciendo sordina con un vaso, Marino interpretaba hermosísimas melodías de aquellos tiempos: “Solamante una vez”, “Vereda Tropical”, “Perfidia”, “Frensí”, “Serenata a la luz de la luna” y muchas otras…! ¡Qué hermosas e inolvidables resultaron aquellas horas!

Una noche muy especial, no sé de dónde se había conseguido las partituras pero, ante una improvisado auditorio ejecutó, “El vuelo del moscardón”, dificilísima pieza que sólo Harry James y uno que otro privilegiado podía ejecutar. Fue la apoteosis. Nunca olvidaremos la emoción de los bohemios al aplaudir tremendo virtuosismo.

Al poco tiempo, cuando por viaje del profesor Sabino Blancas, la banda del Instituto Industrial se iba a quedar sin director, conseguimos que se le asignara la plaza de titular en el cargo. Allí, con una notable pertinacia, tesón y disciplina ejemplares, logró armar una banda de músicos de extraordinaria calidad. A partir de entonces, el Instituto ocupó los primeros lugares en los desfiles cívico – militares.

Desde entonces su popularidad creció tanto que su presencia era muy solicitada en las reuniones y, por ese motivo, nuestros encuentros fueron distanciándose. Sus compromisos y los míos se hicieron cada vez tan seguidos que terminaron por alejarnos. Solamente cuando había que recordar una que otra fecha importante o, la celebración de un especial acontecimiento como navidad o fiestas patrias, permitía nuestros encuentros. Así, en una reunión que se efectuó en su casa para celebrar el onomástico de su hijo habido en una chica cerreña con la que había formado un hogar muy simpático, nos volvió a reunir tras un tiempo prolongado. Aquel día nos ofreció como plato de fondo, tras los consabidos aperitivos, un guiso apetitoso que todos consumimos con mucho apetito y deleite. A cada uno nos correspondió medio conejo –es decir lo que suponíamos conejo- que apuramos regado con un muy buen vino de Chincha. No era para menos, el sabor exquisito y la condimentación adecuada y su poco de ají molido, arrojó un potaje digno de los dioses, a pedir de boca. Terminado el guiso, Marino nos informó que habíamos comido gato, y para demostrarlo, nos enseñó cuatro cabezas de jóvenes mininos. Hubo varios tipos de sorpresa pero, al final, con un buen trago de anís del mono, todo quedó zanjado entre risas de sorpresa.

Así como ésta, nuestras reuniones, distanciadas, siempre se celebraban en casas familiares o,  en “cancha neutral”, como le decían a los restaurantes o comedores. Las que –para él- comenzó como celebraciones amicales, fueron acentuándose como francachelas cotidianas que se prolongaban más de lo debido. Los brindis eran seguidos y el incumplimiento de sus obligaciones cada vez más enervante. No sólo desatendía sus deberes en el colegio y en la orquesta, sino también en su hogar. Un día, cansados de soportar su incumplimiento, lo largaron de la orquesta; otro, de la banda del Colegio. Posteriormente, en el colmo del abandono, borracho como una cuba, empeñó donde el italiano Orestes Concatto Tranquilini su única arma de lucha: su trompeta. Nunca más pudo rescatarla. La enorme responsabilidad de mantener el hogar tuvo que afrontarla solamente su esposa, trabajadora y comprensiva que, en todo ese tiempo, hizo lo posible por alejarlo de las malas compañías y los tragos. De nada sirvió. Lo buscaba en antros increíbles para llevarlo a su casa. Víctima de sus malos tratos, tuvo que arriar banderas y recluirse en su trabajo para ella y su hijo. Marino ya se había perdido. No era ni la sombra de lo que había sido. Sus días y sus noches los apuraba a punta de tragos.

Un grupo de amigos nos reunimos para ayudarlo y tras romper la barrera de su pertinacia  levantada por el alcohol, conseguimos que viajara a Lima para reponerse en casa de uno de sus familiares. El viaje lo hizo en compañía de su pequeño hijo que contaba doce años. Él lo acompañaría. El día de su partida fue muy triste; consciente de que había estado echando su vida por la borda, trataría por todos los medios de volver a los carriles de la normalidad. Se despidió de su mujer y de sus amigos con una franca promesa de enmienda.

La ilusión de su readaptación duró muy poco. A la semana de su partida la policía llamó a su esposa y le comunicó que en la comisaría de la Victoria se hallaba su menor hijo que había sido encontrado vagando por esas calles, a la buena de Dios. Cuando el jovencito estuvo con nosotros, contó que su padre lo había dejado en el parque Cánepa diciéndole que en unos minutos regresaría, pero no volvió nunca más; entonces él, tras buscarlo infructuosamente, entre gente que no lo conocía, decidió recurrir a la policía. ¿Qué le había ocurrido? El pueblo tejió mil conjeturas. Inclusive hubo personas que aseguraban haberlo visto caminar sin rumbo por las calles de Lima; otras afirmaban que había sido encontrado muerto en las aguas del río Rimac y arrojado a la fosa común del cementerio. En poco tiempo se dejó de hablar de Marino. Para todos, de una u otra manera, estaba muerto. Su familia se conformó y la vida siguió como siempre. Dos años más tarde, creyendo en su muerte, su mujer se unió a un comerciante y rehizo su vida.

Así pasaron cinco años.

Yo había sido nombrado Secretario General de la Universidad y me encontraba desempeñando el cargo, cuando sucedió algo que no esperaba. Un 28 de julio, cuando asistíamos al participar del desfile cívico, habíamos decidido “cortar” por una calleja aledaña a la arteria central. Estábamos apresurados para tomar nuestro emplazamiento, cuando oí que me llamaban. La voz salía de un antro donde un grupo de cargadores bebía sus tragos de costumbre. De la oscuridad se acercó hacia la luz de la puerta un hombrecito macilento, harapiento, casi un cadáver y por sus ojos juguetones y brillantes, lo reconocí. Era Marino. Estaba convertido en un guiñapo humano y su cadavérica apariencia me partió el alma. Lo abracé con la misma fuerza de quien encuentra un hermano perdido y un buen rato estuvimos estrechados y cuando le miré para expresarle mi alegría por el encuentro, un mar de lágrimas se desencadenó de sus ojos ahora tristes, rodando por sus mejillas oscuras y tumefactas. ¡Cómo me dolió el alma! De pronto tuve un sentimiento de culpa por no haberlo sacudido a tiempo para que pudiera salvarse de ese mundo de abandono y soledad. ¡Ahora estaba más solitario que nunca! Ni siquiera tenía un hogar.

Como el tiempo me ganaba para poder tomar el emplazamiento de desfile, le alcancé cuanto tenía en los bolsillos a fin de que pudiera afrontar sus gastos más imprescindibles, y con otro abrazo me despedí con la promesa de que después lo buscaría.

En ese tiempo, mis compañeros, con el Rector a la cabeza me estaban aguardando en una esquina de aquella calle. Apenas llegué donde estaban ellos, el Rector, fuera de sí, me dijo:

— ¡¿Cómo es posible que el Secretario General de la Universidad y conocido maestro universitario, se estreche en un abrazo con un simple pordiosero y borracho?!….!¿No hay dignidad?!.

En ese momento sentí una terrible indignación. Acababa de ver a un gran amigo, convertido en mendigo y harapiento beodo. Un gran hombre convertido en una piltrafa por culpa de la bebida. Ya sin hogar, sin hijos, sin esposa, sin amigos. ¿Y se pretendía que lo desconociera abiertamente cuando, con voz entrecortada y dramática me había llamado? No pude más. Perdí el control.

— ¡Mire, Señor!. Ese borracho haraposo, mendicante y desvalido, es mi amigo. ¡Mi amigo!, ¡¿Entiende usted lo que es eso?!. ¡Amigo!. Cuando pasaba por esa puerta me llamó y yo no podía negarme a saludarlo cuando después de mucho tiempo vuelvo a verlo. Ese hombre, así como lo ve ahora, es un artista caído en desgracia. Con él he pasado los momentos más gratos de mi vida. Momentos que jamás podré olvidar. Por eso me detuve a abrazarlo. No soy nadie para sustraerme a ese deber. Si no hubiera hecho eso, no tendría el valor de sentirme un hombre. ¡Ser maestro, señor, es demostrar con hechos, aunque sean poco gratos, lo que hemos aprendido en la vida! No haga un escándalo por algo que de no hacerlo habría constituido una vergüenza!.

Tras un silencio cargado de angustia que siguió al diálogo, seguimos nuestros pasos para llegar al desfile.

A partir de entonces lo buscamos constantemente, pero él se escondía y no quería dar la cara. Su itinerario, según supimos después, iba del centro a los barrios marginales, donde era conocido.

Una mañana nublada, los comentarios de la gente eran muy escandalosos. Habían descubierto el cadáver de un desconocido en la calle Bolognesi. Cuando, guiados de una dolorosa premonición llegamos al lugar, se confirmó nuestras sospechas, el muerto era Marino. Estaba ahí, tirado en el rincón de una vereda donde tal vez habría estado durmiendo. El caso es que al comprobar su deceso por la extrema frialdad de su cuerpo, lo cubrimos con unos periódicos que algunas personas caritativas nos alcanzaron y fuimos a buscar el Juez de turno para el levantamiento del cadáver y su posterior envío a la morgue. Fuimos a informar a los colegas, del Instituto a fin de que adoptaran las medidas más adecuadas para sepultarlo. Cuando volvimos en compañía de casi todos los profesores, le habían quitado los calzados y despojado de sus periódicos.

Aquella noche lo velamos en uno de los salones del Instituto, los profesores de carpintería fabricaron un ataúd, y escoltado por la Banda de Música, lo trasladamos al cementerio para sepultarlo.

Cuando pasaba el cadáver por la calle, acompañado de profesores y alumnos, el murmullo era unánime. Todo el mundo murmuraba acerca de su desaparición y su posterior regreso; de su mujer que tenía otro marido y su total abandono. Ningún familiar estuvo con él. Antes de sepultarlo dijimos algunas palabras y tras el Himno del Instituto, lo bajamos a la fosa. En tanto la tierra caía sobre su ataúd, alumnos y maestros cantábamos, entre lágrimas, el “Huayno de los Capachos”.

 

 

HISTÓRICA DELEGACIÓN MUSICAL CERREÑA (1928)

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Integrantes de la representación musical cerreña en el festival limeño de Amancaes del año 1928. Su éxito fue clamoroso por lo que fueron invitados a gravar los primeros discos de música folclórica del Perú. Este conjunto fue el que por primera vez grabó la música popular folclórica de nuestra tierra. Aquella oportunidad consiguió también, apoteósico triunfo en el teatro Forero. Aquella inolvidable delegación estuvo integrada  por los siguientes señores. (Primera fila, arriba). Daniel V. Galarza, tramoyista que presentó un hermoso decorado con el Socavón de Rumiallana que sirvió de fondo para la memorable actuación; don Eliseo Malpartida Rocco, (Presidente), Mariano V. Collao y Alejandro Rodríguez Albornoz (Delegados). (Segunda Fila): César Urbina, Andrés Rojas, y Jorge Dávila (Violines); Erasmo Machado Sarmiento, Julio V. Rodríguez, y Silverio Laurent (Guitarras); (Tercera fila): Justiniano Ariza (Quena), Nicéforo Bravo y Adrián Galarza Gallo (Clarinetes); Armando Paredes Ugarte (Saxofón); Antonio Velita (Fríscol).

Don Elías Malpartida Franco

don-elias-malpartida-francoEl 8 de agosto de 1922, fue una fecha de profundo dolor para nuestro pueblo. Ese día fallecía en Lima nuestro preclaro ciudadano don Elías Malpartida Franco, cuando ejercía la Senaduría por el Departamento de Junín. Las autoridades, como es natural, decretaron al día siguiente –fecha de sus exequias-  duelo general en la ciudad. Como un homenaje a la personalidad del más grande político que dio nuestra tierra, nos es grato hacer conocer su biografía.

Nació en el Cerro de Pasco el 21 de julio de 1844. Sus padres fueron el acaudalado minero don José Malpartida Cuestas y doña Romualda Franco. Ambos descendientes de notables mineros y comerciantes españoles. Realizó  sus estudios primarios en su tierra natal y los secundarios en el Convictorio de San Carlos de Lima, finalizados éstos, viaja a Bruselas en cuya prestigiosa universidad recibe el título de Doctor en Ciencias Políticas y Administrativas. Al recibir este alto título académico, por breve tiempo, fija su residencia en París. En la Ciudad Luz -a pedido de los sudamericanos residentes- funda el periódico AMÉRICA LATINA, en el que hace conocer los valores materiales y humanos de nuestra América joven.

De regreso a su patria, ingresa en el mundo de la política nacional durante el gobierno de Manuel Pardo. Fue elegido diputado por el Cerro de Pasco (1874 – 1879) después de reñidas elecciones frente al candidato oficialista Dámaso Tello. Su desempeño en este cargo fue brillante y aleccionador. Tribuno combativo, polemista y probo, alcanza una inusual plataforma de popularidad que se vio abonado por el respeto de propios y extraños que ven en él al parlamentario sagaz y extraordinario que con una oratoria enjundiosa y convincente, combativa y racional, consigue  sus más sonados triunfos. En las tribunas parlamentarias primero y en los ámbitos políticos y culturales después, se le denomina con un  mote que fue producto de la admiración general: PICO DE ORO.

Al iniciarse la guerra que Chile, en ejercicio del cargo de Prefecto de Puno, organizó un cuerpo del ejército y al frente de él marchó a Mollendo para oponerse al desembarco de las fuerzas enemigas.

Su desempeño ejemplar en el manejo de las finanzas del Parlamento Nacional, determinan que el general Miguel Iglesias, lo invite a formar parte del gabinete ministerial al frente de la cartera de Hacienda (15 de setiembre de 1883). Acepta la invitación y frente al  cargo lucha por la realización de las elecciones generales en el país con el fin de que los peruanos cumplieran con el supremo derecho de elegir a sus mandatarios. Al no conseguir este democrático cometido, renuncia irrevocablemente al cargo que le habían conferido.

Desempeñando el cargo de prefecto de Lima,  brinda su más amplio apoyo a la realización de la campaña de “La Breña”. Luego integró la Asamblea Constituyente de 1884 que tenía como objetivo principal el aprobar el llamado “Tratado de Ancón”. Nombrado jefe por la minoría por consenso general y como apóstol de la oposición, libra una dura batalla oponiéndose a la determinación entreguista de la mayoría “porque era  reconocer esta paz como  una paz implorada de rodillas”. Las razones que sostenían estos incomprendidos patricios eran las siguientes: Chile consiguió más de lo que se propuso al desatar la guerra; y en el Tratado de Ancón se evidenciaron claramente los intereses económicos que motivaron a su clase dominante, instrumento a su vez del imperialismo británico. “Una lectura detenida del tratado no puede mover sino la indignación y vergüenza; y han faltado a la verdad, o, por decir lo menos, pecado de conmiseración para con Iglesias, quienes han señalado que nada mejor pudo obtenerse “dadas las circunstancias”.

“No hay atenuantes que puedan justificar”, o “hacer comprensible”, lo que hicieron Iglesias y los derrotistas de espaldas al Perú, arrogándose indebidamente la representatividad de toda la nación, precisamente cuando Cáceres había levantado un nuevo Ejército en la sierra y en el sur existía todavía intacto otro ejército peruano. Era ostensible que en toda la extensión del territorio nacional ganaba cada vez más adeptos la causa de la resistencia armada a efecto de aminorar las exigencias militares humillantes del enemigo. Los que estaban de acuerdo con firmar el malhadado tratado, declararon que el Perú estaba vencido, por lo que suscribieron el tratado entreguista que es la peor mancha de oprobio en nuestra historia republicana.

Para la resistencia patriota, el tratado de Ancón habría de resultar funesto, por múltiples razones. Secuela inmediata del mismo sería la defección en Arequipa y la dispersión total de nuestro Ejército del sur, sin haber enfrentado a los chilenos. Cáceres perdía así uno de los soportes con que contaba para continuar la lucha, pese a la vacilante actitud de Montero. La caída de este jefe motivó indirectamente el cambio de posición en Bolivia, donde los jefes patriotas se verían pronto rebasados por la corriente derrotista. De otro lado, la firma del Tratado de Ancón y la entronización de Iglesias como gobierno reconocido a nivel internacional, no dejó de provocar confusión y desmoralización en algunos pueblos patriotas, como Ica, donde el comandante guerrillero Julio S. Salcedo sería uno de los primeros en aceptar la desgracia como un hecho consumado; aunque a su tiempo, Ica, como Cañete, volvería a alzarse con Cáceres, para derribar al gobierno chilenófilo.

Incomprensiblemente, nuestra historiografía ha hecho poco caso del protocolo complementario del Pacto de Lima, no obstante sus graves implicancias. Hay razones para pensar que hasta fue solicitado por Iglesias, al no sentirse seguro en el puesto que había usurpado con ayuda del ejército extranjero. En virtud de ese protocolo se le autorizó a Chile ejercer una suerte de protectorado en el Perú. Otra cosa no se significaba la permanencia del ejército de ocupación, que se prolongaría hasta mediados de 1884. Es que Chile supo cuidarse de que el pacto no fuera anulado con la caída de Iglesias, que entendía inminente ya que todo el Perú lo rechazaba; por eso continuaría aún en el Perú, sosteniendo a Iglesias hasta que Cáceres reconociera de alguna forma el pacto. Luego, apenas retirado, caería el títere del que se valieron para lograr sus propósitos de conquista.

Verdaderamente insultantes las cláusulas del Tratado, entre otras cosas porque el gobierno derrotista se comprometió en mantener al ejército de ocupación con 300, 000 pesos de plata mensuales, suma extraordinaria si se considera el estado calamitoso de la Hacienda Pública, con el agravante de que ellos se descontarían, “en primer término” de las rentas nacionales. La utilización libre de pagos de las líneas férreas y telegráficas de los hospitales de Lima sólo podían hacer pensar que Chile consideraba la guerra, y que en cualquier momento se vería en la necesidad el ejército de movilizar sus tropas y que Iglesias, seguro de que Cáceres no dejaría la lid, proyectaba utilizar a los chilenos como aliados de guerra civil que ya se había iniciado. Como resultado de esta titánica lucha en la que sólo la respaldaron los representantes Benjamín Sánchez; Jesús Sánchez Gutiérrez, Eusebio González, Federico Moscoso y Modesto Basadre, Elías Malpartida, fue deportado a Guayaquil.

A su retorno, decide afincarse en la tierra que lo viera nacer con el fin de trabajar con integridad y dinamismo en las minas de su propiedad. En el Cerro de Pasco ejerce numerosos cargos administrativos siendo muy notable su desempeño como Director de la Beneficencia Pública.

Político activo, en el año de 1894, interviene decididamente en la revolución de Nicolás de Piérola y una vez triunfante, no acepta cargo alguno y, desde el llano, se contenta con ejercer el cargo de asesor principal.

En 1895, recibe el encargo de ejercer el Ministerio de Hacienda formando parte el gobierno de don Manuel Candamo, creada como resultado de la revolución encabezada por Nicolás de Piérola. El objetivo principal era preparar el restablecimiento de la institucionalidad del país. En ese período, el 22 de mayo de 1896, se crea la Sociedad Nacional de Minería. El Acta de Constitución la firmaron una veintena de hombres ilustres entre mineros independientes y representantes de compañías. Al convocarse a elecciones, es elegido representante de los mineros del Cerro de Pasco. Ni bien se instaló la junta directiva, recibió el encargo de elaborar el primer proyecto de código de minería. Rápidamente, el texto fue presentado en enero de 1897. En 1899, deja el cargo con un buen saldo de trabajos exitosos.

Al comenzar el nuevo siglo, apoyó la formación del Partido Liberal y, creado éste, decide retirarse y regresar a su tierra. En 1910, cansado de una proficua labor, decide vender sus propiedades a la Cerro de Pasco Mining.

Al asumir el mando de la nación don Augusto Bernardino Leguía, nuevamente desempeña importantes cargos gubernativos.

Durante el gobierno de Guillermo Billinghurst, desempeña el cargo de Ministro de Gobierno y Presidente del Consejo de Ministros (24 –IX- a 23 XII 1912). En esa época consigue la creación del Departamento de Madre de Dios y ordena que se impulse el itsmo de Fizcarrald y la navegación a vapor por los ríos adyacentes y la construcción del camino carretero de Puerto Maldonado a Iñapari, capital de Tahuamanu. Su interés por el desarrollo del país lo llevó a promover la creación de algunas provincias como el caso de Ambo, en el departamento de Huánuco.

Desempeñó la Alcaldía de Lima con mucho éxito durante el año de 1914. En pleno desempeño de Senador de la República por el departamento de Junín, fallece en la capital a la edad de 78 años, el 10 de agosto de 1922.

La vida de este brillante y ejemplar cerreño, dos veces vicepresidente del Perú, varias veces Premier y Presidente del Concejo de Ministros; Senador, Prefecto, Alcalde de Lima, Diputado, Director de la Beneficencia Pública, transcurrió intensamente dedicada a servicio de su patria.

Que esta sea la oportunidad, aunque tardía, de que una de las calles d nuestro pueblo lleve el nombre de su más eminente político. Por ejemplo en lugar de Botafogo, calle Cobre, etc.

 

DESPEDIDA DE SOLTEROS

despedida-de-solteros-tia-blanca-y-tio-jesusEsta es una vieja costumbre que todavía se mantiene en nuestro pueblo. Los amigos más queridos, allegados y parientes, tributaban su afecto en una alegre fiesta a los jóvenes que se hallaban en vísperas de casarse.

En esta evocativa y hermosa fotografía que nos ha facilitado nuestro gran amigo Silvio Reinoso De la Cruz, se despedía de la vida de solteros a Blanca Santiváñez Castillo y Jesús Pomalaza Baledón (Al centro de la foto), rodeados de sus más cercanos amigos. Ella destacada laboratorista del Hospital Carrión, hija de don Pedrito Santiváñez y, él, destacado radiotécnico que había instalado acertadamente los aparatos de transmisión de Radio Corporación. Ambos muy populares y queridos en la ciudad.

La reunión amical se realizó en el domicilio de don Concordio Suárez, respetado ciudadano cerreño, ubicado en el jirón Huancavelica, están: en la parte superior –de izquierda a derecha- Enrique Suárez Rojas, Destacado presidente de la Liga de Básquetbol del Cerro de Pasco que, gracias a su trabajo tenaz y preciso, consiguió el Campeonato Centro Peruano de Básquetbol; Juan Paitán Ugarte, destacado médico y gran deportista; Carlos López, Pedro Santiváñez Castillo, Emilio Farje de la Torre. (Segunda fila) Celamires Guevara Suárez (Q.E.P.D), Prudencio Tapia, Gilberto Suárez Santiváñez. (Q.E.P.D) Leocadio Martel, Carlos Santiváñez Castillo, Alfonso Boudrí Tello, Blanca Santiváñez, Jesús Pomalaza, Daniel Shiraishi Basilio, Luis Tello, Sargento Rodríguez, Julio “Huito” Cajahuamán, Julio Aliaga Trejo, Fabio Otaegui, (En cuclillas). Félix Molina, extraordinario basquetbolista, Carlos Suárez Santiváñez,(hermano menor de Gilberto), Silvio Reinoso de la Cruz, don Concordio Suárez, respetado caballero, anfitrión de aquella reunión, Arturo Amador Rodríguez, Aquiles Reinoso De la Cruz (QEPD), Julián Brown Menocal y Mario Robles, “El Tirifilo de Ayapoto”(Q.E.P.D).