UN DOCUMENTO INÉDITO SOBRE EL DESCUBRIMIENTO DE LOS MINERALES DEL CERRO DE PASCO (Marino Pacheco Sandoval*)

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Edificio del Archivo General de Indias en Sevilla – España.

Merced a la bondad del Dr. Juan Marchena Fernández, Vicerrector de la Universidad Internacional de Andalucía, Sede Iberoamericanista Santa María de la Rábida (1), se tuvo oportunidad de consultar los repositorios del Archivo General de Indias Sevilla. Esta feliz oportunidad, nos dio a conocer una carta de Don Francisco Toledo, virrey del Perú (1569 -1581), a Felipe II, rey de España, de fecha 18 de Abril de 1578 (Audiencia de Lima, legajo 30, folio 10), donde se informa: “En el valle de Jauja descubrió un indio pastor este año pasado otras minas de plata de que sea hecho de mesma avexiguacion y sacado por mayor y otra piña que con esta sera que ace de doce (…) marcos por quintal estos dos asientos de minas que agora sean descubierto sin donde se pueda fundar asiento y poner veedor y justicia aunque en guancavelica esta puesto y en Jauja no se si bastara el corregidor que los indios tienen en abundancia podrianse descargar de la labor de guancavelica porque laboracen en su mismo valle.”

Una primera aproximación a la información la tendríamos al constatar que el área espacial del valle de Jauja se extendía desde las nacientes del río Upamayo (río Mantaro) en la antiplanicie de Bombón (Pasco-Junín), próximo al Centro Administrativo Inca de Pumpu, hasta los lindes extremos (SE) del Jatunmayo o Huancamayo (actual valle del Mantaro – Junín), donde los dos asientos mineros de importancia fueron el del Cerro de Colquijirca y el del “Cerro de Yauricocha” (Cerro de Pasco), ambos explotados desde tiempos prehispánicos e inmediatos a las nacientes del Upamayo.

Noticias primigenias sobre Colquijirca se remontan a la “Relación de Pedro Pizarro”. (1571) y se encuentra explícita en el “Compendio y Descripción de las Indias Occidentales ” (1629 -?) de Antonio Vásquez de Espinoza (? – 1630) y en un documento de 1646.- ‘Manual de quintos que empieza a correr desde el 1º de Octubre, en esta, asientos de minas de Bombón y Nuevo Potosí de quintos, cargo de los jueces, oficios reales, contador Don Laurencio Suárez Tesa, tesorero José Martínez Leyra ” (A. G. N. Perú; Minería, legajo 58).

Sobre el Cerro de Yauricocha, si nos remitimos a la tradición oral, las noticias remontan a la segunda mitad del siglo XVII. La: “Descripción Histórica y Topográfica del Mineral de Yauricocha llamado vulgarmente Pasco”, publicada en el Mercurio Peruano (1791, ff. 17-18), refiere lo siguiente: “Este mineral se llama propiamente Cerro de Santisteban de Lauri-cocha (…) su descubrimiento se debe a una casualidad y se puede fijar aproximadamente por los años 1630. Los documentos que tenemos a la vista lo asientan de este modo. Un indio llamado Huaricapcha, apacentando su rebaño por aquellos collados, se vio precisado, para pasar la noche abrigado por sus animales y, al respaldo de uno de ellos; encendió una gran hoguera, y quedó muy sorprendido al amanecer cuando vio entre las cenizas unos granos de plata fundida. Contra la costumbre de los de su nación; participó esta novedad a don Juan Joseph de Ugarte hacendado en la quebrada de Huariaca quien pasó a reconocer el Cerro; y en el mismo paraje en que el fuego había derretido los metales abrieron diversas bocaminas y las fue explotando con la mayor felicidad y abundancia. La fama de las minas de Ugarte atrajo a muchos, que llenos de entusiasmo tuvieron valor resolverse a vivir en unos páramos tan infelices que parecen destinados únicamente para servir de morada a las bestias silvestres. Bien presto se vio erigida una población de muchos españoles en donde antes no había choza para el refugio de un indio.” (2)

Trama oral mítica, donde el pastor indígena Huaricapcha -en la “comprometida” ingenuidad del relato- descubre en 1630(?) los yacimientos argentíferos del Cerro de Pasco. Relación recogida igualmente por el sabio Antonio Raimondi.

Analizando el documento de 1578, entrevemos que el “re-descubrimiento” de los dos centros lo concreta un “indio pastor”, un indígena NN, una referencia accidental, como lo accidental de su descubrimiento en un informe oficial; una cifra más del orden colonial-feudal del Perú que acertó a ofrecer gran servicio al invasor hispano. Considerando Cerro de Pasco y Colquijirca como los descubrimientos alcanzados por el desconocido pastor del Suní y Puna andino nos habremos remontado medía centuria a 1630.

El análisis semántico del discurso, refleja una espacial dicotomía:

  1. a) La versión oficial: pastor indígena NN
  2. b) La versión popular: pastor indígena

Huaricapcha.

La primera (a), de 1578, se encuadra en momentos de exacerbada reacción hispana por justificar la invasión y conquista, reordenar la masa indígena en “reducciones”, profundizar la sistemática administración de su fuerza de trabajo a través de la “mita”, profundizar el enfeudamiento del espacio rural y extremar la ofensiva ideológica de la cruz (“extirpación de idolatrías”). Esta versión no identifica al “runapuna”, un dato más”). Redescubre lo ya explotado en tiempos prehispánicos (anhelo político de re-fundar lo ya fundado); devela la orientación económica del Estado: incentivar e intensificar la minería de explotación en el mundo andino (“se puede fundar asiento y poner veedor y justicia”); refleja una preocupación por reformar el control de la población indígena del valle y la “mita minera” que cumplía en las minas de “azogue” (Huancavelica): “podrianse descargar de la labor de guacavelica porque laboracen en su mismo valle”; reafirma la pureza del metal al preciar la plata piña a doce marcos el quintal -la “piña”, ya fundida metalúrgicamente-. Informe inicial donde aún no se vindica ni protege la explotación.

La versión (b), de 1630, no se encuentra ajena a la construcción del virreinato colonial. Es más explícita que la primera (a). Identifica al indio pastor Huaricapcha corno descubridor para el foráneo invasor- de los filones argentíferos del Cerro de Pasco, en versión no inocente pues, rompiendo sus votos de albacea inmemorial de la heredad (“contra la costumbre de su nación”), otorga el secreto al opresor; para luego ser silenciado en el discurso. Con mayor solemnidad se conmemora al hacendado Juan loseph de Ugarte en la génesis de la extracción del venero cerreno. La descripción ansía aclarar el nexo servil de lealtad feudal entre hacendado y campesino indígena (de un pastor, que expian~ do su tradición milenaria autóctona, confía en su “señor” opresor) representando la figura de, un “lacayo” fiel. Asin-iismo, el insurgir del asiento minero no espera “veedor y justicia” ni “fundación”; sólo nace y poco a poco se expande (hecho más cercano a lo real). El desconocer el hábítat indígena, alguno en páramos tan infelices”, recuerda que las Ccomposicioncs” para la adjudicación de tierras en Endes indígenas tendían a demostrar la inactividad y excedencia de las mismas; mientras que los títulos de “arnparos” y “permisos” considerando que “el dominio del suelo no daba derecho ninguno al dominio del subsuelo”3- permitía la posesión de las minas en tierras de terceros; posibilitando de un lado, el arribo importan~ te de mineros españoles al Cerro de Pasco (encumbrándose como empresa privada), y de otro, la expansión de la gran propiedad territorial con el pretexto de requerir soporte (tierras de cultivos y pastizales, arroyos) e insumos para la exportación minera, más fuerza de trabajo. Olvidando las centenarias naupallactas como Markapunta” (Colquijirca) y reducciones indígenas como “Nuestra Señora de las Nieves de Pasco” (Villa de Pasco) fundada en 1572 para los ayllus de la parcialidad de Yaroyanamates.

Esa última leyenda consagra al invasor hidalgo -igualmente opresor- en la visionaria patria de El Quijote, la España combativa de García Lorca en “forjadora de civilizaciones” del mundo indígena andino. El afirmar que “bien presto se vio erigida una población de muchos españoles en donde antes no había choza para el refugio de un indio”, lo testimonia. Omitiendo y rechazando reservadamente al portento creador y transformador de las comunidades indígenas, al runa-puna que heroicamente había dominado el alegre y sombrío altiplano (+ de 4,300 m.s.n.m.); un ámbito que a percepción del invasor extranjero “parecía destinado únicamente a servir de morada a las bestias silvestres”. Ello hoy nos parece un error, pero fue por entonces mentalmente útil.

Encuadrado en una visión etérea, la leyenda de Huaricapcha ofrenda un mito de dominación; en tanto que la carta de Toledo presagia o prevé al asiento por venir.

La frase: “los indios podríanse descargar de la lavor de guancavelica porque laboracen en su mismo valle”, no advierte la “mita” que cumplían los partidos de Tarma, Chinchaycocha y Yaros (Pasco) en las minas de mercurio de Huancavelica, como consta en documentos de 1722.

Entonces, ¿fue en 1577 que dio inicio a la extracción mineral hispana del Cerro de Pasco? Quizá. Sólo un serio trabajo en lo aseverará.

La otra versión popular: “Los Tres Toros”4, muestra el sincretismo andino (indígena-hispano); así como la leyenda de Huaricapcha exclama la vital necesidad por comprender y asumir -mas allá del simbolismo y la imagen- el germinar hermoso del asiento minero del Cerro de Pasco, hoy arquitectónicamente agónico.

NOTAS

1 La sede monástica que hace poco más de 500 años confió en la hermosa visión del Almirante Cristóbal Colón y lo observó en su partir al descubrimiento de un Nuevo Mundo. Mundo donde se encontrarían las más sublimes creaciones entre

2 El Huaricapcha del maestro César Pérez Arauco (En: El Folclore Literario del Cerro de Pasco. C.C.P “Labor” Edit. San Marcos, Lima 1994, pp. 164-165), de estética narración, centra el discurso -muy encomiable- en el pastor indígena. Pero, la versión de 1791, prístina, fuerza a optarla.

3 Ots Capdequi, J. M. España en América.

EC.E., México. 1959:65

4 Finamente analizada por el Prof. Luis Pajuelo Frías en: Pérdida, Búsqueda y Encuentro del Sentido Histórico. Aproximación a “Los Tres Toros”. En “Juglar”, fascículo de LiteraturaNo.1 Set. /1992, Lima.

El día que derruyeron nuestro monumento histórico

Columna PascoEra la fría mañana del 12 de octubre del año de 1972. Una grúa gigantesca escoltada por numerosos camiones, ocuparon la parte central de la Plaza Centenario, viejo e histórico escenario que por muchos años fue testigo de los movimientos comerciales de la ciudad minera. Por ese motivo se le denominó Plaza de Comercio, pero  al cumplirse cien años de la creación del Departamento de Junín, quedó con el nombre de Centenario. A medida que las piquetas rompían las piedras de Quilcaymachay que integraban la pilastra central, los vecinos que se habían arremolinado, miraban estupefactos e indignados lo que los depredadores hacían. Muchos viejos, heridos en el alma, lloraban sin poder ocultar su enorme dolor. Total se iba un pedazo de nuestra historia.

En poco tiempo la gigante águila de bronce –como herida de muerte- descendió a un camión, amarrada por fuertes cadenas de acero. Un poco más tarde, prisionero de resistentes cables de acero, el soldado de la Columna Pasco, era bajado a otro camión. Cada golpe de comba y piqueta repiqueteaba en el alma de los cerreños. Estaban deshaciendo el trabajo de don Florencio Casquero, célebre picapedrero y arquitecto práctico que el siglo anterior lo había erigido.

Esta misma insaciable picota minera se encargaría de echar por los suelos el oratorio de la Beneficencia Slava, el edificio Proaño, la casa donde naciera nuestro mártir, toda la Plazuela Ijurra, el Hospital Carrión y su torre magistral de piedra, la Biblioteca Municipal, el Club Deportivo Municipal, la Sociedad de Beneficencia Alfonso Ugarte, el Club Apolo, El Trocadero, el Consulado Austro húngaro, el Hotel Universo, la Casa Azalia – Nation, la Casa Comercial Pehovaz Hermanos, el Club de la Unión. Devoraron los barrios de Cayac, donde funcionara el Consulado Inglés; Jirones Eulogio Fernandini, Ayacucho, Diputación de Minería, Huánuco, Callao, Parra, la Velería, Dos de mayo, Grau, Peña Blanca,  San Martín, Cusco, la Tonelada, donde se vendía el “Puro de Ica”, Gaiteras, Calle del Hospital, Estando de la Sal, es decir, el corazón del Cerro de Pasco.

Columna Pasco 2Detrás de los edificios de la Plaza del Comercio, todavía se puede ver la Torre del Hospital Carrión que sería, un tiempo después, ultimado por máquinas destructoras. Ahora todo ha sido reemplazado por un enorme agujero. En San Juan Pampa a donde se trasladó nuestra ciudad, se ha erigido una réplica de nuestro  monumento, sólo que el nuevo ya no tiene al soldado de la Columna apuntando su bayoneta hacia el sur, donde está el que fuera nuestro enemigo.

Las casas comerciales más importantes del Cerro de Pasco

Mucho antes de que se abrieran las puertas de nuestro país a la inmigración extranjera, ya el Cerro de Pasco había recibido la afluencia de gran cantidad de europeos comenzando por los españoles: madrileños, sevillanos, catalanes, vascos, etc. La mayoría de ellos se dedicó al comercio con clamoroso éxito económico. A partir de hoy, vamos a hacer llegar a ustedes la  información de quienes triunfaron en nuestra ciudad. Comenzamos con don Vicente Ruiz que, en 1850 inaugurara su gran tienda LAS CULEBRAS de gran recordación entre los cerreños de antaño. De este establecimiento comercial publicamos primeramente su publicidad aparecida en los periódicos de aquellos tiempos junto a algunas imágenes de diversas épocas de su exitosa vida.

grandes almacenes Las culebras

En esta primera fotografía se ve a LAS CULEBRAS un día lluvioso de fines del año de 1899, con sus gentes abrigadas en día de comercio en las tiendas adyacentes. Al centro -donde hay dos niños curiosos- puede verse la plazuela que más tarde se va a denominar Plazuela del León y, mucho más tarde se erige el monumento de nuestra mártir Daniel Alcides Carrión. Como pueden ver el piso está completamente empedrado con acequias por donde corren las aguas arrastradas por la lluvia. Al fondo se ve mayestática, como siempre ha estado, nuestra invicta torre del Hospital Carrión –obsequio de los mineros europeos que trabajaron las minas de nuestra ciudad. Al costado izquierdo los talleres de EL MINERO ILUSTRADO, fundado en 1896, decano del periodismo del centro del Perú. La prepotencia del dictador Odría lo clausuró en 1950 en represalia por la asonada que terminó con la muerte del prefecto. Este fue uno de los actos más ignominiosos que jalonan la historia de nuestro pueblo.

En el poste central una luminaria para alumbrar la plazuela. Equidistantes los postes de alumbrado eléctrico. Don Felipe Salomón Tello era dueño del sistema eléctrico que iluminaba nuestra ciudad desde 1899, Gracias a él se había superado el alumbrado con hachones de madera untados con grasa, luego con lámparas de kerosene y finalmente con lámparas a gas que, por esos días, sólo quedaban en lugares muy apartados de la ciudad. Ahora las calles centrales de plaza Chaupimarca, plaza de Acho, plazuela del león, plaza del comercio y, uno que otro lugar importante, lucían bombillos eléctricos que ofrecían una esplendorosa claridad. Era una novedad que ningún otro pueblo del centro del Perú ostentaba con orgullo. Sólo Lima y Arequipa contaban en el Perú con alumbrado público eléctrico. Es conveniente informar que, hasta esos momentos, la municipalidad solventaba el gasto del alumbrado a kerosene a razón de 77 centavos por cada uno de los 141 faroles distribuidos en la ciudad. El alumbrado eléctrico fue -en sus comienzos- sólo para oficinas principales, despachos gubernamentales, casonas de personajes importantes y uno que otro lugar público especial.

grandes almacenes Las culebras 2En la fotografía que mostramos a continuación, tomada desde los balcones de LAS CULEBRAS puede verse la flota se autos de servicio público que llevaba y traía pasajeros de la ciudad de Huánuco y aledaños realizando un excelente y activo servicio comercial entre ambas ciudades.

Nótese la gran cantidad de pasajeros que utilizaban este servicio.

En el tomo quinto de nuestro libro PUEBLO MARTIR, nuestros amigos podrán encontrar abundantes datos respecto de éste y otros servicios que se brindaban en nuestra tierra.

grandes almacenes Las culebras 3Periódicamente se publicaban sueltos que informaban: Se hace del conocimiento de los españoles residentes en el Cerro de Pasco que el Consulado Español acaba de recibir en cuidadoso embalaje toda suerte de sedas, tejidos y tafetanes procedentes de Granada, Priego y Jaén; medias de finísima urdiembre; espadas, dagas y puñales provenientes de Toledo. Paños y rajas vistosas de pulcro acabado, de Segovia. Rasos, sedas, mantos y otros tejidos de colores brillantes, de Córdova, Valencia y Murcia. Vistosos y representativos abanicos; estuches artísticos y mil curiosidades más de Madrid. Mantos, pañoletas, luengos mantones con bordados de ensueño y resaltantes colores venidos de Sevilla. Hilos y tejidos diversos de Portugal. También, maravillas llegadas de otros países. De Francia, todos los tejidos, estameñas, puntas blancas de seda, oro y plata; sombreros de castor y todo género de lencería. De Flandes, tapicería artísticamente caprichosa, espejos, laminados, ricos escritorios, cambrayes, puntas, encajes e indecibles géneros de mercería. De Holanda, lienzos y paños. De Génova, papel. De Nápoles, medias y tejidos. De Inglaterra, bayetas, sombreros y toda clase de tejidos de lana. De Venecia, cristalería y vidrios. De Alemania toda suerte de aceros, espadas y mantelería.

Finalmente, en la última fotografía tomada a las puertas de LAS CULEBRAS, podrán ver a un grupo de ciudadanos del consulado austro húngaro que ya estaban aposentados en nuestra ciudad. Se puede ver la variedad de artículos que vendían; muchos de ellos traídos de Europa.

grandes almacenes Las culebras 4

 

 

 

 

 

 

NUESTRAS CREACIONES MUSICALES

el huaynoMuchísimas canciones nacidas de la inspiración  de nuestros artistas, aparecen como creaciones de compositores de otras latitudes, tal el caso de esta canción tan hermosa popularizada por la desaparecida estrella de nuestro folclore: “Pastorita Huaracina”. Ella recibió de su esposo A. Romero, goyllarino esta joya que pertenece a nuestro acervo, solo que siendo un triste muy popular en tiempos pasados, la artista ancashina la convirtió en huayno alternado algunos de sus cuartetos. El original de éstas como muchas otras canciones, están registradas en el repositorio nacional, por nuestro paisano don Silverio Urbina –padre de nuestro compositor Andrés Urbina- , director de LOS ANDES.

EL MATRIMONIO

                        Me han dicho que tú te casas                         Cuando te estén adornando

y así lo publica el tiempo,                              con tu vestido profano

dos funciones se han de hacer:                      a mí me estarán poniendo,

mi muerte y tu casamiento.                            el hábito franciscano.

 

Primera amonestación                                  Tu padrino y tu madrina,

que en la iglesia se leyere,                             te llevarán a casar

será el primer paroxismo                               y a mí me estarán llevando

que a mi corazón le diere.                             cuatro amigos a enterrar.

 

Segunda amonestación.                                 El día que tú te cases,

será para ti una gloria,                                  te acompañará tu gente,

a mí estarán buscando                                   y a mí me acompañarán

quien escriba mi memoria.                            cuatro ceras solamente.

 

Tercera amonestación                                   Cuando a ti te estén casando

será para ti una alegría,                                delante de tanta gente,

y a mí me estarán buscando                          a mí me estarán diciendo,

quien me toque la agonía.                             misa de cuerpo presente.

f u g a

Te escribo pero no firmo,

porque no corra mi fama,

el que te estima y te quiere,

ya sabes cómo se llama.

 

La plata y el cobre en el Cerro de Pasco (Año 1921)

En un muy interesante libro jubilar publicado en 1921 para festejar el centenario de la Independencia del Perú, se hace mención a la producción de plata y cobre en el país, haciendo hincapié en el Cerro de Pasco. Sólo refiriéndonos a estos dos renglones, citamos lo que dice el libro:

la plataLa plata.-“Entre los centros mineros que están en el radio de influencia del Ferrocarril Central, se tiene al más antiguo y conocido centro mineral de plata: el Cerro de Pasco, famoso en el mundo por su producción, pues de él exclusivamente, y según documentos auténticos, sólo de 1784 a 1878, trabajando con los medios rudimentarios de la minería antigua, se exportaron 4’780,000 kilos de plata en barras provenientes de esta minas.

En este centro la plata se ha encontrado en la  parte superficial del yacimiento, o sea  la zona de  oxidación de los depósitos cuproargentíferos en actual explotación. Dichos minerales superficiales fueron los cascajos   y los pacos  siendo los primeros rocas silíceas impregnadas de especies metalífe­ras, principalmente de plata, y los segundos óxidos de fierro argentíferos en enormes depósitos y bajo los cuales yace la zona de transición inferior, en la que se ha encontrado bolsonadas de plata nativa, argirosa, panabasa y otros sulfuros ricos de plata en estado de descomposición y que han constituido las llamadas boyas.  La zona inferior, o sea la zona sulfurada, está constituida por pirita, chalcopirita, cobre gris, bournomita y otras especies de cobre; y esta zona mineralizada está casi intacta, pues sólo desde 1905 se ha comenzado a explotarla en gran escala como mineral de cobre.

El cobreCobre.-El rápido desarrollo de la minería del cobre en el Perú es una muestra de los espléndidos resultados que puede dar la mineralización del país cuando un metal se pone en explotación. Así, antes el año 1897 no se explotó en el país ninguna mina de cobre sino por las insignificantes cantidades que demandaba el magistral usado como reactivo en la amalgamación; pero desde este año, el alza del precio del cobre y el predominio cada vez más acentuado de la ley de cobre contenido en los minerales argentíferos del Cerro de Pasco, permitió comenzar a utilizar minerales abundantes y a la mano, que antes eran despreciados. De 1897 a 1903 la producción de cobre fue sucesivamente aumentando, y en 1903 se llegó a producir 9,497 toneladas de cobre, con valor de  de 476,894 libras. Pero desde 1905 la minería de cobre tomó gran vuelo, entrando en actividad los intereses americanos de la  “Cerro de Pasco Mining Company” y se estableció en la metalurgia, por primera vez en el Perú, la bessemerización para llegar al cobre metálico.

La producción de cobre que en 1906 fue de 12,213 toneladas, en 1916 fue de 43,078 toneladas y en  1917 de 45, 176 toneladas con un valor de 5’059,000 libras alcanzándose el record de la producción por el alto precio a que llegó el metal en ese año. En 1918 bajó a 44,414 toneladas, por las restricciones impuestas a la importación en E.E. U.U y, en 1919 a 39,230 toneladas por la gran baja de cotización.  (…) existen riquísimos distritos mineros en trabajo, de los que proceden las tres cuartas partes de la actual producción de cobre del Perú. Entre tales distritos como uno de los más famosos es el del Cerro de Pasco, notable por su pasada enorme producción de plata y por la variada mineraliza­ción que contiene de cobre, oro, plata, plomo, zinc, vanadio y otros metales. Se encuentra en la conjunción de la gran cordillera occidental de los Andes con las cordilleras Central y Oriental, lo que se llama el “Nudo de Pasco”. En él y en el centro de la hoyada formada por una línea de cumbres, a los 4,327 metros sobre el nivel del mar está la ciudad del Cerro de Pasco en cuyo subsuelo se encuentran las riquísimas minas de cobre como un gran depósito metálico (…)

La producción en el país es la siguiente:

Pasco (Junín) 28,384 toneladas; Lima 9,835 toneladas y los otros departamentos, 1,010 toneladas. En la enorme producción del Departamento de Junín (Pasco), con respecto a los otros Departamentos, han influido grandemente no solo los poderosos elementos de trabajo puestos en juego, como son los grandes capitales con métodos intensivos de explotación de minas y beneficio de minerales, lo que indudablemente permite reducir el costo de producción, sino también  los transportes fáciles y económicos por los ferrocarriles existentes, lo que ha permitido utilizar grandes cantidades de minerales de baja ley, de combustibles  y fundentes, moviéndolos rápidamente sin dificultad. Así en el Cerro de Pasco se ha constituido una minería industrial altamente poderosa, de la de la que es exponente la “Cerro de Pasco Copper Corporation ” que hoy explota gran parte de las minas  del Cerro de Pasco, Morococha y Casapalca.

Dicha compañía fue iniciada -como hemos visto-por una compañía que compró en 1901 un grupo de pequeñas propiedades del Cerro, en la región antiguamente trabajada por plata y que constituyó la “Cerro de Pasco Mining Co”. La compañía comenzó a trabajar activamente las minas con un poderoso equipo de laboro, asociando después a ellas diversas entidades útiles, como la “Empresa Socavonera”, la que por medio de su socavón de Rumiallana de 3,228 mts. de largo desagua todo el yacimiento. Constituyó la “Cerro de Pasco Railway” como una subsidiaria de ella, la que construyó el ferrocarril de la Oroya – Cerro de Pasco de 133 Km. y los ramales a las minas de carbón de Goyallarisquizga y Quishuarcancha de 41.6 y 17.6 Kms. respectivamente, con las que  las minas, las carboneras y la fundición quedaron en comunicación por ferrocarril con el puerto del Callao. (VELASQUEZ JIMENEZ, J.-“Las industrias Nacionales” en el libro EL PERU EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU INDEPENENCIA’-Berlín 1922-pág 278)

explotacion de minerales

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Segunda parte)

Pedro Angel Cordero y Velarde 2Nunca cesó de impugnar todas las elecciones que se vivieron en su tiempo porque, los otros  “en el imposible caso de ser elegidos en el cargo de Presidente, no podrán realizar ningún programa sin mi consentimiento, pues todos los proyectos habidos y por haber son míos, me los han robado”. A través de su periódico hizo público el contenido de su combativo epistolario.

En su edición correspondiente al 18 de febrero de 1960, por ejemplo,  el Conductor del Mundo le decía al Presidente Manuel Prado, “El año 1956 le dije en el LEON DEL PUEBLO, lo desdichado que iba a ser su gobierno, como así ha sucedido, porque mi palabra es autorizada cual de un profeta, porque tengo la huella divina”. Para el 8 de diciembre del año 1957, le pedí que me entregara el mando pero su feroz orgullo me lo negó. En 1958 mi partido, la Juventud Corderista, le pegó en el Campo de Marte una terrible pifiada que no olvidará por sécula seculorum, con palabras soeces que cualquier gobierno hubiera renunciado, pero usted, sordo como una tapia, se zurró en la noticia, lo que quiere decir que su dignidad fue verde y el burro se lo comió”.

En la edición del 15 de junio de 1956, alega en su editorial: “… y espero que esta vez, por dignidad se me haga justicia y se me entregue la Presidencia, porque es designio de Dios y de mi pueblo…yo propugné todas las grandezas que hoy posee el Perú mientras ustedes me plagian y no han hecho nada y nada harán”.

En 1958, indignado, decía: “El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros y sólo existe en la historia de las calamidades pasadas. Por eso vengo a poner término a esta época de dominación…”.(…) “Me causa dolor ver desde mi Atalaya de Emperador, o Inca Wasi, cómo el cielo azul de la convivencia que no es cielo ni es azul, está adquiriendo un aspecto aborregado”.

El año siguiente, gritaba: “¿Hasta cuándo nos van a moler 800 millones de déficit del Erario Nacional…Déjenme la Presidencia que si ustedes no pueden, lo pago yo, porque soy el rey de las finanzas y mago del Estado”.

Pobre mi patria querida,

qué malos hijos te han dado,

mas ya sabré defenderte,

porque yo no estoy comprado.

 

En su gobierno pasado,

mil millones se llevó,

y a nadie cuenta le dio,

al manicomio lo envió,

y por las puras alverjas,

la Presidencia agarró.

 El notable músico, Alejandro Vivanco, en otro pasaje de sus memorias recuerda así a su maestro Cordero y Velarde. “El año en que el doctor Jorge Prado llegó de Brasil como candidato a la Presidencia, sus parciales organizaron un mitin en la Plaza Dos de Mayo para presentar su programa, pero ese mismo, día Cordero y Velarde improvisó otro mitin; enterado el pueblo llenó la Plaza San Martín y dejó desairado a Prado”.

“Cierta mañana llegó a la Librería “La Pluma” de la calle Trinitarias que yo regentaba y como de costumbre me contaba sobre su rutina diaria. En eso recibió un mensaje de larga distancia a través de una concha marina de caracol que llevaba en el bolsillo. (Se adelantaba en muchísimos años a la aparición de los modernos teléfonos celulares). Escuché el siguiente diálogo, “¡¡¡Aló, aló, querido Adolfo Hitler!!!. Hablas con el Emperador Cordero y Velarde, Conductor del Mundo. (pausa) ¡Gracias por interesarte por mi Imperio!. Estoy en vísperas de recuperar la silla presidencial. Caso contrario tendré que abandonar el país para ir a informarle al Santo Padre. ¡A propósito, Adolfo, hermano del alma mía, si hablas con el ingrato de Benito (Mussolini), dile que estoy pendiente de su llamada! ¡Ama sua, ama jella, ama llulla; ama jodemaicho!.

Estando en la Presidencia el arquitecto Fernando Belaunde Terry, le dirige una  misiva en la que le dice: “Usted como líder, YO como Emperador, somos dos potencias soberanas que debemos entendernos o destruirnos, pues no hay lugar para los dos en este cochino planeta de los simios”. Finaliza la carta con una explicación: “Por estos motivos le dirijo la presente carta abierta, vale decir sin sobre, para que me explique su extraña conducta y me diga con franqueza si mantiene su adhesión a mi persona, y si fuera lo contrario, sabré a qué atenerme y lo dejaré suelto en plaza. Los bueyes sueltos, bien se lamen”. “Mi plan de gobierno y alimentación contienen mi huella divina, revelado para el bienestar de The peruvian family”.

Nicolás Yerovi, otro de los que han escrito sobre nuestro Presidente y Monarca chiflado dice, “Más allá de los anecdótico, Cordero y Velarde simboliza en su grado más extravagante los extremos de la más conmovedora huachafería y del más patético delirio a que son capaces de llegar quienes en el Perú se ven asaltados por cierta locura de poder. Porque si el poder envilece, desearlo enloquece; de allí que en épocas electorales los más de nuestros políticos no dejan de pergeñar sus propios ditirambos, ofrecer sin empacho lo imposible y llegar a convencerse, aunque sea por un breve lapso, de la verdad que no encierra sus generosas promesas”.

En “Los apachurrantes años 50”, Guillermo Thorndike, rememora que en un cónclave organizado por los monjes dominicos para buscar un candidato que encarnara las necesidades del momento, se presentó sin ser invitado el chiflado Cordero y Velarde: “Entonces llegó, anciano de levita negra y pantalón listado, discretamente zurcido, con hongo, bastón y escarpines viejos que cubrían sus humildes zapatos acabados de lustrar. No viajaba en limusina con chofer, ni nunca había estado en París, ni parecía de este mundo. Pero toda la tragedia del Perú al que no habían invitado los dominicos se abrillantaban en la locura de sus ojos. Su sola aparición enmudeció el discurso. Avanzó con dignidad por el salón repleto de personajes hasta sentarse a un lado, más bien en el coro que entre los potentados, en primera fila y cerca de la presidencia. Wiese y Miró Quesada se miraron sin saber qué decir. Los fogonzazos de los fotógrafos se concentraron en el Apu Inca Verdadero. Hasta ese instante, los pretendientes habían discurseado de Dios, la Patria, el orden establecido, nuestras sagradas instituciones, la paz pública, el luminoso porvenir de nuestros hijos. ¿De qué podrían hablar ahora, frente a la faz demacrada de un Perú que rara vez había sido feliz?. Con respetuosa solemnidad, Cordero y Velarde escuchaba a los principales. Después intervino en su condición de Apu Inca Verdadero y del desorden de sus palabras se supo que otra era la paz solicitada por el pueblo y que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana. Al día siguiente, “La Prensa” destacó en primera plana a Cordero y Velarde junto a los organizadores de la transición presidencial. La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”.

Pedro Ángel Cordero y Velarde, el viejo músico de la “Cosmopolita” del Cerro de Pasco, el arrebatado candidato cerreño a la Presidencia del Perú, murió pobre y abandonado en un viejo callejón limeño, signado con el número 123 de Carmen Alto, en el Jirón Junín de Lima. Era el 18 de diciembre de 1961. Curiosamente, ese día la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, celebraba su sexagésimo aniversario.

FIN…

 

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Primera parte)

Pedro Angel Cordero y VelardeDe todos los pintorescos personajes que recordaban nuestros viejos en sus amenas tertulias de club, resaltaba con luz propia el excéntrico chiflado, músico, poeta y loco: Pedro Ángel Cordero y Velarde. Cerreño, de padres ayacuchanos, había nacido en el barrio de Matadería, el mismo año en  que moría nuestro mártir Daniel A. Carrión, 1885.

Dotado de un excepcional “oído” para la música, precoz e infaltable en retretas y bullangueras celebraciones, se inició en el  redoblante para después –aplicado y emprendedor-, asimilar los secretos de gran cantidad de instrumentos en las magistrales enseñanzas de inolvidables maestros. El primero de ellos, el que modeló su carácter y lo puso en el camino del éxito con exigentes enseñanzas fue Markos Bache, notable maestro croata, nacido en Dubrovnik; traído por el consulado Austro – húngaro para dirigir su orquesta sinfónica y su banda de músicos del  “Centro Musical Slavo del Cerro de Pasco”, de notable éxito desde fines del siglo XIX. Llegó a dominar todos los instrumentos de cuerda, viento y percusión; mas fue con la trompeta con la que alcanzó maestría ejemplar. Estudioso como pocos, en la primera década de nuestro siglo, lo encontramos dirigiendo a “La Cosmopolita”, Banda de Música de la Benemérita Compañía de Bomberos Salvadora No 1.

Alegre y hablantín como pocos, de baja estatura y cetrino como todo mestizo de predominio andino, tenía unos ojos juguetones e inquietos que revelaban una inteligencia notable. A medida que transcurrían los años, sus iniciales y hasta inocentes palomilladas, fueron adquiriendo caracteres alarmantes. Ya no eran simples guasas, bufonadas o chistes, sino locuras que iban adquiriendo tonos que salían del carril de la normalidad. A estas actitudes fuera de tono, aunque risible para la mayoría, el pueblo las bautizó como “corderadas” en directa alusión a su apellido.

Al entrar en la segunda década del siglo siguiente, crítico mordaz e inoportuno, no perdía ocasión para zaherir y mortificar públicamente a las autoridades con sus comentarios fuera de tono y sus pullas comiquísimas que todos celebraban alegremente. Bueno, todos no; los damnificados, especialmente personas notables, no veían ninguna gracia en aquellas ocurrencias. Cansados de sus excentricidades y falta de seriedad en el cumplimiento de sus funciones, los amoscados “manda más” cancelaron sus servicios y lo pusieron de patitas en la calle. No aceptaron más sus “corderadas”.

El damnificado, por su parte, convencido de que su figura agigantada por obra y gracia de su alterado cacumen era de muy grandes dimensiones para un escenario estrechamente pequeño como el Cerro de Pasco, decidió marcharse. Un día, rodeado de gente que lo admiraba y gustaba de sus “corderadas”, largó su último maratónico discurso cargado de tristeza muy sincera en el que confesó que se iba a la capital a ocupar “el sitial al que  tenía derecho” y que si Rumimaqui –a quien tanto admiraba- no había podido restaurar el lugar de “Apu Inca” que tampoco lo había podido lograr su antepasado Juan Santos Atahualpa, él lo lograría con creces. ¡Lo juró solemnemente! Gruesos y sinceros lagrimones sellaron la despedida. Así, apesadumbrado pero decidido, partió con rumbo a Lima a ejercer el gobierno de su “ínsula baratería”.

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

 

Los que se van, se van muy tristes,

los que se quedan, quedan llorando.

 

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

Llegado a Lima se avecindó en un solar de la calle San Ildefonso en donde, deseoso de conquistarlo, conformó una orquesta sinfónica con jóvenes músicos peruanos. Diez años estuvo al frente de esta quijotesca agrupación  ofreciendo conciertos en barrios y pueblos cercanos a la capital. Se encontraba triunfante y pletórico en esta tarea cuando se produjo el terremoto del 40 que destruyó su vivienda, sus instrumentos, partituras y todo lo que poseía. Quedó en la calle. Esto agravó su chifladura. En 1942, en plena guerra mundial, afincado en una casa semidestruida de la calle Zavala, funda la “Academia de Música Cordero y Velarde”, donde impartía clases de teoría, solfeo y ejecución de instrumentos.  El éxito que obtuvo en esta institución elevó su entusiasmo y se dedicó en cuerpo y alma a brindar lo mejor que tenía a los jóvenes que estudiaban en su Academia. Una de sus más dinámicas alumnas fue la joven soprano Rosa Aguilar que, andando los días, transforma en profundo amor su loca admiración por el maduro maestro. Decidida a compartir los desmesurados sueños del artista se casa con él. Al lado de esta abnegada y ejemplar compañera funda el “Teatro Folklórico” con el que cumple notable actividad artística. La calidad de su elenco es notable. Con Rosita Aguilar están,  Julia Peralta, Inés Oropeza, Blanca Santiago y Julio Castillo, como figuras principales, con los que preparó el montaje de las Operas nacionales “Sumac – Ticka” e “Ima Sumacc” a llevarse a efecto en el Teatro “Conde de Lemos”. Fatalmente, por motivos económicos y de otra índole, jamás  llegaron a estrenar. Uno de sus más notables alumnos, el músico cuzqueño Alejandro Vivanco, conmovido, dice de él lo siguiente: “ Puedo dar testimonio de su calidad de músico, porque después de las lecciones de solfeo, al advertir mi curiosidad, me mostraba orquestaciones completas de música incaica de su creación para sus dramas; también rico vestuario y decorados. En cada ocasión se sentaba al piano de cola y me hacía oír las arias y pasajes que a su criterio eran los más interesantes. En esa ocasión me obsequió sus dos partituras editadas: “Himno a la Redención Peruana” y “Daniel Alcides Carrión”, poema musical dedicado a su paisano.”. Sin embargo, es necesario decirlo: con sus ambiciones crecía también su chifladura ya muy conocida en toda Lima.

Conocedores de sus sueños de grandeza y exorbitantes ambiciones, el periodista peruano Federico More y el músico ayacuchano Osmán del Barco –exitosos personajes aquellos días- deciden jugarle una broma y en el periódico EL HOMBRE DE LA CALLE que publicaban, le insinúan que se postule a la Presidencia de la República. Emocionado el hombre otorga poderes plenos a sus mentores para que lo inscriban. Informado posteriormente que había perdido los comicios nacionales, cae en una depresión profunda. Fue suficiente. Persiguiendo la inalcanzable quimera del poder, había despilfarrado todas sus propiedades. Cuando se dio cuenta del engaño, derrotado y empobrecido, más solo que nunca, en el clímax de su locura, le quedó la fantasía de que no sólo era Presidente del Perú sino también, “Apu Capac Inca, Emperador del Perú y Conductor del Mundo; Soldado de Tierra, Mar, Aire y Profundidad; Rey de Financistas y Mago del Estado por Voluntad Divina” y, claro, comenzó a ejercer su “mandato presidencial”.

En su desquiciada fantasía, había logrado asumir la Primera Magistratura de la Nación. A partir de entonces se le veía ataviado con una llamativa indumentaria.  En honor a su alta investidura lucía un chaquet negro de solapas grasientas tachonado de llamativas condecoraciones de hojalata y espejuelos cruzado por la “Banda Presidencial”. Su infaltable sombrero de tarro, desgastado y  fileteado de roturas y magulladuras, realzaba su serio continente. Su paso siempre raudo y parsimoniosamente serio, -camino de cualquier parte-, lo conducía arrebatado entre risas y comentarios de los viandantes del famoso jirón de la Unión. Cuando alguien, siguiéndole la corriente, le preguntaba adónde iba, invariablemente contestaba:

—!Estoy muy apurado, me necesitan en Palacio! Tengo una cita muy urgente- y continuaba siempre arrebatado a grandes trancos a cumplir con su imaginaria cita.

Era muy común verlo pronunciar extensos discursos cargados de entusiasmo como de risibles propuestas de Gobierno. Llevaba consigo –periodista combativo y vocinglero- ejemplares de su periódico EL LEÓN DEL PUEBLO, “Sale cuando puede y pega cuando quiere”, claro muestrario de su locura y enajenación inofensivas. En su primer número dice en unos versos

Qué eco más resonante,

es hoy el ,¡ Viva Cordero!;

será el Presidente primero,

que al Perú lo lleve avante.

 

Pobres y ricos serán,

lo que ellos debieron ser,

tenemos oro, plata y mujer,

que ustedes no negarán

Continúa…..