Enfermedades, remedios, curanderos, brujos y maleros (Primera parte)

Enfremedades, remedios caserosEl Cerro de Pasco, como todo pueblo minero, está influenciado por creencias ancestrales que todavía perviven. Su mundo está poblado de seres invisibles -buenos y malos- que actúan sobre el cuerpo y el mundo circundante. El Muki, el Auquillo, el Jumpe, el Achkay, son personajes que pueblan, junto con otros, su mundo fantasmagórico.

Está probado que el hombre andino ­-en nuestro caso el minero- desde sus ancestros es muy proclive a la superstición. Aquellos tópicos que desconoce, como el caso de las enfermedades, los achaca a la acción de los espíritus malignos que siempre están presentes en la vida de la comunidad.

Los hombres que más han estudiado estos fenómenos y particularmente la mente primitiva –Alberto Seguín, Fernando Cabieses, Hermilio Valdizán, Sergio Quijada Jara, Juan B. Lastres, Mario Chiappe Costa, Daniel Lavorería, Max Silva Tuesta, entre los más notables- afirman que es de tipo “antropomórfico, intuitivo-imaginativo, rico en vivencias difusas y evanescentes, más sentidas que pensadas”, es decir, que funciona por la sugestión y la autosugestión. Nadie desconoce que los curanderos y los “curiosos” actúan con una determinación y seguridad tales que influyen en sus pacientes que débiles y atrapados por los males que juzgan cosa de malignos, tiene la voluntad maltrecha y restringida, propensa a la aceptación. Ellos mismos, en su deseo de curarse, luego de recibir la orden emanada del curandero, se autosugestionan y contribuyen a que los remedios que se le administren surtan los efectos deseados. Por eso es necesario mencionar que los curanderos deben tener una fuerte personalidad, capaz de sugestionar a sus pacientes.  Un bagaje de prejuicios y costumbres enraizadas en la mente de nuestros hombres primitivos les hace conservar vigente, todavía hoy, la fuerza de la medicina tradicional.

No le faltaba razón al padre Acosta que en su “Historia Natural”,  con la autoridad que le confería sus estudios, llega a afirmar: “los indios tenían conocimientos muy superiores a los médicos de profesión”. Por su parte el estudioso italiano Antonio Raimondi, afirmaba: “Los indios del Perú son los primeros naturistas del mundo empleando las plantas en economía doméstica, en tintorería y sobre todo en el tratamiento de diferentes enfermedades” Ya en 1985, Sal y Rosas llega a decir: “Los practicantes de la medicina tradicional o folclórica peruana, cuyos actos son legítima expresión antropológica cultural, no están en contra de la medicina oficial, sino lejos y fuera de ella”. En una interesante conferencia disertada por el sabio Javier Pulgar Vidal en el seno del Congreso de la República (1998), dice al respecto: “Aparte de las 1,000 ó 1,500 plantas de comer –y vean este es un dato muy interesante porque lo acabo de recibir- creíamos tener en el Perú solamente 3,000 plantas curativas. Pues en un simposio que se ha realizado recientemente en la Amazonía, se ha puesto en evidencia que los botánicos peruanos han dominado ya el conocimiento de 8,000 plantas medicinales. Y los hierberos que podemos encontrar en Lima nos ofrecen tan sólo 49. Alguno de los presentes dirá: “No, me parece que son unas 100″. Sí, son 100, pero sucede que las 51 restantes son venidas del Viejo Mundo, entre ellas el áloe o sábila”. Como podrá verse, los hombres de nuestra tierra, no estuvieron exentos de los conocimientos de las plantas que en otros mundos se había dado, como lo asegura Fernando Cabieses al decir: “…el hombre primitivo en su continuo contacto con la naturaleza, supo extraer de las plantas medicinales lo necesario para conservar su salud. Por ejemplo, los sumerios nos mostraron el opio; los egipcios nos enseñaron el valor medicinal de la cebolla y el ajo; Esculapio nos habló de las bondades del áloe; Hipócrates nos enseñó a usar la manzanilla; Dioscórides nos mostró las ventajas de la ruda; los médicos árabes nos hablaron del aceite de ricino; los antiguos médicos de la India descubrieron las virtudes y pecados del cáñamo; el hombre del Mediterráneo supo combinar las hierbas; los antiguos chinos ilustraron plantas en sus libros de medicina. Asimismo, imagino cómo la medicina se refugió en los conventos cristianos y en las boticas medioevales y las plantas medicinales se escondieron en tarros de porcelana; cómo Colón llegó a nuestro mundo y las huestes españolas encontraron la quinina… y la coca…y el estamonio; y cómo los herbolarios ingleses encontraron la digital. Desde todos esos tiempos, la planta medicinal nunca engañó al hombre, aunque el hombre frecuentemente quiso engañarse a sí mismo. (…) La búsqueda de la salud, a través de las plantas medicinales, ha sido una constante actividad de la profesión médica. Linneo, médico ya legendario puso orden y otro médico, el gran Paracelso, comenzó a explorar la química de las plantas acompañando a los alquimistas que buscaban la química de oro y, lentamente, fueron perfeccionando  su armamento convirtiéndolo, desde hace ya más de cien años, en una selva de vidrio donde se sigue buscando la química de la vida y de la salud”. Es decir pues, desde tiempos inmemoriales, cada pueblo adquirió conocimiento de las plantas medicinales que crecen en su entorno para utilizarlas debidamente.

De acuerdo con el sentir tradicional que está vigente entre nuestras gentes, la enfermedad es producida por pecados, faltas cometidas o desobediencia a los cánones locales; siendo así, el tratamiento consiste en alejar a los malos espíritus causantes de la enfermedad mediante la magia natural, es decir, las fuerzas naturales que con la ayuda de Dios, se proyectan sobre el enfermo para obtener su curación.

En nuestra ciudad, donde la casi totalidad de hombres y mujeres tienen un trabajo fijo relacionado con la minería, se utiliza a los “curiosos” locales o en último caso a especialistas de Margos, Chaulán u otros lugares “mentados” por sus brujos y adivinos.

De acuerdo con la tipificación que éstos hacen, las enfermedades que atacan a hombres y mujeres de nuestra tierra, se pueden aglutinar en dos grandes grupos:

a). – Enfermedades de “daño”.

b). – Enfermedades de Dios.

En las del “Daño” se incluyen todas las producidas por la mala intención de un enemigo que, generalmente por envidia y mala fe, contrata a un “malero” para que valiéndose de sus artimañas le haga mal. En este grupo se consideran no sólo a los que producen males físicos como dolores de huesos, hemorragias, cólicos, etc., sino también los que atacan a la moral y a las áreas de la vida como pérdida del trabajo, pérdida de sus bienes, enemistad con sus familiares y amigos y apego rendido al alcoholismo, que es lo más común.

Continúa….

 

La vieja Plaza Chaupimarca

Antigua Plaza Chaupimarca

Chaupimarca es el centro de la ciudad, escenario de mil y un avatares, convertida en Plaza Mayor por los primeros españoles. Desde el siglo XVIII, hombres de diversas nacionalidades, entraban y salían de sus abarrotados comercios donde todo abundaba. Por sus aceras, nobles empingorotados, riquísimos mineros, comerciantes y hacendados se cruzaban con humildes desprotegidos de la fortuna que laboraban en una de las seiscientas minas de la ciudad. Los extremos se juntaban. No había término medio. La ostentosa riqueza y la inopia extrema de los que mandaban con los que obedecían. Con una ligereza sorprendente, en la idea de que todo terminaría en cuando las vetas se hubieran  agotado, edificaron  la iglesia matriz en homenaje a San Miguel Arcángel, patrono de la ciudad; colindante con ella, los edificios del Ayuntamiento, el Tribunal Mayor, la Cárcel, la vivienda del Alcalde y mineros principales. Desde aquellos tiempos, el tres de mayo de todos los años, las cofradías barriales convergen en esta plaza llevando en reverente procesión la Santa Cruz que preside la fe de cada capilla: Huancapucro, Uliachín, San Cristóbal, San Atanacio, Curupuquio, Santa Rosa…La escolta principal y celebrante lo constituyen los bailantes de la chunguinada, hermosa danza nacida en la ciudad cerreña. Ya a fines del siglo pasado, el cónsul de Francia en el Perú, admirado de la magnificencia de la festividad, pintaba así el acontecimiento:“La iglesia se adorna con sus más ricos ornamentos y las campanas anuncian con gran estrépito, según la costumbre, la fiesta patronal, con la celebración de la Fiesta de las Cruces…Pronto la multitud es más numerosa y compacta. En todas partes se instalan toscas mesas; se vende chupe, charquicán, caldo de mondongo, carne tostada, pan, chicha y sobre todo, aguardiente. De repente, una música alegre da la señal del inicio de la fiesta. Grupos de hombres disfrazados de europeos,  enmascarados y muy alegres atraviesan las calles en una danza muy hermosa que recuerda a la de los potentados mineros de antes; están cubiertos con grandes sombreros tachonados de  plumas de vistosos colores, muchas monedas cosidas en los vestidos bordados que resuenan con un ruido argentino en cada uno de sus movimientos. Un elegante cotón de color rojo recargado de vistosos bordados con dos enormes hombreras de plata como sólidas charreteras al hombro. Hombres disfrazados de mujeres, con sombreros de paja y sus niños a las espaldas, elegantemente ataviadas van en pareja por las calles. Más tarde la procesión sale por  fin, escoltada por los danzarines, con la asistencia del pueblo enfervorizado.”.

 El 16 de julio, tal como lo instauraron los primeros españoles, la gran celebración a Nuestra Señora del Santo Escapulario del Monte Carmelo: La Virgen del Carmen. Misa con panegírico y extraordinaria procesión el día central y, zarzuela, teatro, retretas, mojigangas, jugadas de gallos y memorables corridas de toros con la participación de notables espadas españoles, mejicanos y peruanos. Había que ver aquellas corridas de antaño organizadas por el Círculo Taurino Cerreño. Se cerraban calles y callejones arteriales de la plaza con grandes carretones, se construían palcos, graderías y tablados. El Alcalde y sus regidores, los funcionarios, los cónsules extranjeros, el gobernador, los alguaciles, el cura párroco y demás personajes importantes de la ciudad tomaban asiento en los adornados balcones colindantes con la Iglesia; el grueso del pueblo en las improvisadas galerías. Cuando el clarín anunciaba el paseíllo, la Banda de la Beneficencia Española atacaba un postinero pasodoble y, los diestros, luciendo llamativos trajes de luces seguido de sus cuadrillas saludaban a las autoridades y público minero, luego arrojaban sus elegantes capotes de paseo para ser lucidos durante la corrida. En los balcones, sonrientes manolas de recamadas peinetas, mantones de manila, pañoletas de ensueño  y coquetos como inútiles abanicos, vivas estampas de Zurbarán y Julio Romero de Torres, trasplantadas a la heroica ciudad de la plata.

Los toreros,  más que por los honorarios, venían  por los regalos que los ricos mineros les tributaban cuando habían recibido el brindis de la muerte de un  toro. Devolvían las monteras repletas de monedas de oro y plata. Además, contagiado de tanta prodigalidad, el pueblo, arrojaba monedas al ruedo para que los subalternos, picadores, banderilleros, monosabios y demás ayudantes las recogieran.

Chaupimarca era una plaza muy interesante. Adyacente al Tribunal Mayor, se levantaba una horca donde ajusticiaban a los facinerosos que en esta tierra fueron innumerables. Arenales la hizo quitar para juramentar la independencia el 7 de diciembre de 1820. Al centro se lucía una glorieta que fue obsequió de don Enrique Escardó cuando desempeñaba el cargo de Alcalde. Por eso se le denomina Kiosko Escardó. En este escenario, cada sábado, se desarrollaban reñidos contrapuntos entre las bandas de músicos en emotivas retretas. La Austro-húngara, -cuando Viena era la capital musical del mundo- dirigida por Marcos Bache, con fragmentos de operetas, polkas, mazurcas y  valses vieneses; de la Beneficencia Española, con pasodobles, jotas aragonesas, seguirías y fragmentos de zarzuela que los chapetones cantaban a voz en cuello; la Cosmopolita, con valses criollos, one-steps, fox-trots, marineras, resbalosas, tristes y marineras; pero la más aplaudida, la que cerraba la competencia, era la de la Policía, con mulizas, huaynos, chimaychas, pasacalles y cachuas, coreados por el público. En esa glorieta inolvidable, la última noche del año, los conjuntos carnavalescos ofrecían las serenatas de año nuevo en medio de la algarabía popular. Está por demás decir que en más de una asonada, la glorieta fue tribuna para revoltosos y flamígeros oradores.

Esta plaza tan nuestra, está agonizando.

Plaza Chaupimarca con nieve

REFLEXIONES EN NUESTRO ANIVERSARIO PATRIO

Jura de la independencia

Celebramos un aniversario más de nuestra patria por lo que creemos necesaria una profunda reflexión respecto del aporte de nuestra cultura a la grandeza de la patria. Si bien la historia dice que el Perú nació como república el 28 de julio de 1821 con la jura de su independencia; debemos  puntualizar que, el 7 de diciembre de 1820 -un año antes- el Cerro de Pasco la había jurado en la plaza Chaupimarca, un día después de la gloriosa batalla efectuada en nuestros campos. Mucho antes de este histórico acontecimiento, nuestra tierra fue un notable enclave cosmopolita que posteriormente formaría un acentuado mestizaje.

Recordemos. Desde tiempos inmemoriales, nuestro territorio fue habitado por los Yauricochas que tenían por centro urbano a Chaupimarca. Cuando en 1567 se hace el primer denuncio de minas con el nombre de San Esteban de Yauricocha -nombre primigenio de nuestro poblado- los aventureros españoles se afincan en su territorio y conviven con las nativas. (No olvidar que aquellos aventureros eran jóvenes en su gran mayoría). El consulado español que los nucleaba registra –entre otros- la presencia de sevillanos, manchegos, madrileños, vascos, catalanes,  santanderinos etc. En poco tiempo nace la primera generación de criollos auténticos en nuestra tierra. Hijos de españoles en nativas. José Varallanos, ilustre historiador huanuqueño dice, amparado por documentos de primera mano correspondiente al Archivo de Indias: “La mayor cantidad de españoles que residía en el centro, del Perú, estaban afincados en el Cerro de Pasco al que le sigue Huánuco, y punto”. Es comprensible este aserto. Los españoles vinieron en busca de riquezas minerales que, como en ningún otro lugar, se daba en nuestro emporio. Ellos no vinieron de turistas. Por eso por aquellos tiempos en que nacen las ciudades  mineras –antes no las hubo- Potosí, Oruro, Guanajuato, Cerro de Pasco, Huancavelica, Sombrerete, Taxco, etc. etc.   Los catalanes conformaron un grupo que tuvo notable actuación: Joanot Martorell, notable empresario fletero; Claudí Privat, empresario hotelero; Marcelo Curty, dueño del famoso “Café Moka”; Manuel Clotet Matamoros, dueño de las minas de Colquijirca compradas a don Antonio Acevedo y que  más tarde lo va a regalar a su yerno don Eulogio Fernandini, casado con su hija doña Isolina Clotet; Ferran Coll, empresario minero y comerciante notable; Antonio Xammar,  comerciante, casado con doña Clotilde Jurado, padre de nuestro escritor y maestro universitario, Antonio Xammar Jurado, entre otros. Es necesario mencionar que el Tesorero de las Cajas Reales, conocedor de su eficiencia en campos de la administración financiera y fundición, convoca a los vascos para que vengan a trabajar con él. Decenas de recios montañeses del norte de España – zona ubicada entre el Ebro y los Pirineos- llegan a aposentarse en la cercana Villa de Pasco. Unos de Vizcaya con su capital, Bilbao; otros de Guipúzcoa, con San Sebastián y, algunos de Álava con Victoria; también muchos navarros. Formaron un núcleo sólido, unido por sus ancestrales costumbres como la afición a los espectaculares guisos de bacalao, la infaltable boina y  alpargatas, que sólo en épocas de sol las usaban en sus festejos, al compás de txistus y tambores, recordando fandangos y zortzikos; el resto del tiempo tuvieron que cambiarlos por sombreros de paño y resistentes zapatones de cuero; su  afición por el juego de pelota vasca –Jai – Alai-  devino más tarde en “pelotaris”, deporte que se popularizó tanto que no había barrio donde no se golpeara la pelota contra frontones de sólidas paredes y, “el euskera”,  su enrevesado idioma. Todos ellos fueron funcionarios de las Cajas Reales, especialmente los bilbaínos que tenían un gran talento financiero o, maestros fundidores y artesanos, primordialmente los de Vizcaya y Guipúzcoa. Su extremado orgullo y su proverbial tozudez se llegaron a conocer en todo el ámbito minero. Cuando se trasladaron al Cerro de Pasco hicieron  florecer la Fundición de Barras de Plata como maestros fundidores. Los Oyarzabal, de Azpeitia; los Arauco, de Vizcaya; los Goñi, de Navarra; los Otaegui, de Guipúzcoa; los Aguirre de Oyarzún; Lizárraga, Baldoceda, Jáuregui, Ampuero, Bermúdez, Aza, Azcurra, Zumalcarregui, Echevarría, Aranda, Gorriti, Amézaga, Anaya, Apéstegui, Aspiazu, Carranza, Chacón, Elguera, Valdivia, Veramendi, Iparraguirre, Iturralde, Egaña, Jáuregui, Mendívil, Iturriaga, Ormachea, Mendizábal, Olazo, Zamudio, Arellano, Lezama, Lezcano, de Navarra.  Muy jóvenes llegaron  como operarios calificados a las fundiciones y casa de moneda; los otros, como administrativos contables. Robustos, ágiles, vigorosos y, de musculatura capaz de ablandar el coraje más probado, trabajaban de sol a sol, con el empeño puesto en ganar lo que más pudieran. Todos triunfaron. Andando los años, uno de ellos, Francisco Goñi, minero, amasó tal fortuna, que fue la envidia de sus coterráneos; Iturre Baldoceda, triunfó como tambero; resultó siendo dueño de casi todos los alojamientos que recibían a los viajeros que llegaban al Cerro de Pasco. Sebastián Arauco, consiguió lo propio; fue ejemplar fundidor primero y más tarde propietario de varias fundiciones, entre ellas, “El Misti”. Iñure Otaegui, llegó a ser prominente contable de las Cajas Reales y Fundiciones de Barras de Plata, los Oyarzabal, identificados con los problemas sociales de nuestra tierra, fueron luchadores por la independencia y luego notables funcionarios de las primeras épocas de la república.

Todavía, hoy en día, hay muchos hombres y mujeres que llevan aquellos apellidos patricios, aunque por la continua migración ya son pocos.

La masiva llegada de ingleses comienza cuando el Imperio Británico que había apoyado la independencia de América Española en venganza por el apoyo que España había brindado a la independencia de las colonias de los Estados Unidos, decide cobrar por esa ayuda. Gran cantidad de jóvenes ingleses llegaron para trabajar en sus minas a partir de 1825. De éstos, Carlos Contreras, dice: “Varios jóvenes ingleses casaron con hijos de la aristocracia local y desertaron del trabajo minero, empleándose en oficios más acorde  con su condición racial”).  Después de instaurarse el Consulado de Su Majestad Británica, fundaron el Banco del Perú y Londres, el 2 de abril de 1872 en la desaparecida Calle Parra. Este Banco tuvo destacadísima actuación en nuestra economía.

Otra notable cantidad de ingleses arribó a nuestra ciudad para trabajar en la construcción del primer ferrocarril de la sierra que unía al Cerro de Pasco con los ingenios de Quiulacocha, Tambillo, Ocoroyoc y Sacrafamilia (1885 – 1891). Muchos de estos rubios visitantes, como los anteriores,  dejaron descendencia en nuestra  ciudad: Brown, Woolcott, Miller, Steel, Ferguson, Stone, Taylor, Wilson, Mac Donald, Myers, Slee, Thompson, Mac Evoy, Coleridge, Mac Lennan, Mac Intosh, Slee, O´Hara, Rowe, Cronswell, Stone, Campbell, Blair, Trocedie, Lees, Borondige, Mac Leod, Mac Carthy, Mac Kensie, Foster, Cronswell, Royton, Sutton, Flemming, Duffy, Winder, Yantscha. Estos jóvenes implantaron la novedad del fútbol cuando sólo Lima y Callao lo estaban practicando.

Cuando los norteamericanos establecen la compañía monopólica Cerro de Pasco Mining, los europeos se marcharon cambiando la idiosincrasia de nuestro pueblo. Desde entonces han transcurrido siglos en los que nos convertimos en los mejores sostenedores  económicos de la prosperidad de nuestra patria. Eso nadie podrá negarlo nunca.

Felicidades a todos los cerreños en este día de la patria.

Bandera grande de Peru

El nacimiento de nuestra tierra

Nunca antes una ciudad se había aposentado en las astrales lindes de las nubes, tan cerca del cielo. Nació a mediados del siglo XVI, cuando en las Cajas Reales de Lima los españoles vieron montones de plata purísima, blanca y enorme como queso fresco, “del tamaño de las balas de cañón”, que provenía de Yauricocha. Este era el emporio que los fatigados españoles habían estado buscando: Yauricocha: ” laguna de metales”. A él  se refería el joven cronista de Santo Domingo de la Calzada cuando narraba la búsqueda y el dramático encierro de tres días y tres noches, secuestrados por una ventisca impresionante, sin nada que comer ni beber, en medio de un frío implacable y cruel del que después salieron en estampida a poco de cesar la nieve. Habían seguido la descripción de los hombres que decían ser dueños de aquellos tesoros desde los abuelos de sus abuelos. Los invasores venían a cumplir con los principios jurídicos estatuidos por los Reyes de España en las famosas Leyes de Indias donde  se establecía que las tierras de América eran patrimonio exclusivo de la Corona Española Todos los minerales son propiedad de Su Majestad y derechos realengos por leyes y costumbres, y así lo da y concede a sus vasallos y súbditos donde quiera que los descubrieren”. Es más, en las Ordenanzas de Toledo se preveía que, descubierta una mina, ésta debía registrarse en un plazo de treinta días. El descubridor tendría derecho a un campo de ochenta por cuarenta varas –llamada por eso, mina “Descubridora”- a continuación del cual se acotaba otro para la pertenencia real, y tras ella podía tomar otro más el descubridor –“Mina Salteada”- de sesenta por treinta varas. “Venimos del cerro de Yauricocha en obediencia a lo que vuestras mercedes han dispuesto que para trabajar las minas –ahora propiedad del Rey- se las deben registrar en las Cajas Reales. Queremos el documento que  respalde nuestra propiedad”, habían dicho dos yauricochas en el colmo de la inocencia. Fue suficiente. De inmediato, un tal Diego Cantos de Andrada, -el primer ladrón de nuestra historia- viajó a revientacinchas a las Cajas Reales de Xatún Xauxa y allí registró el mismo yacimiento, pero a  nombre de él. Los nativos en la muestra de más pura  candidez y buena fe, reclamaron a los tribunales. No es necesario decirlo. La propiedad quedó registrada a nombre del impostor. El infame que practicó este latrocinio, fue Gómez de Caravantes de Mazuela y el documento que sanciona el sumario y perverso litigio, dice: “En la causa que entre partes mantuvieron, de la una los caciques de indios, Manuel Chumbe y Pedro Chipán; y de la otra Diego Cantos de Andrada, fallamos: Que debemos amparar y amparamos al dicho Diego Cantos y sus consortes en la posesión de la mina que descubriera. Sobre este pleito y después, se den a dichos indios, dos minas, las que ellos escogieran y por esta misma sentencia, así lo pronunciamos y mandamos sin costas”. Los otros beneficiarios que tuvieron acceso a estas fabulosas minas, fueron los siguientes ladrones y alcahuetes que se complotaron para que fuera así: Diego Cantos de Andrada, Miguel Romero y Zúñiga, Bartolomé Díaz, (el viejo), Cipio Ferrara Pérez, Juan Díaz Vergara y, para que no tuvieran problemas posteriores, prebendaron a  Hernando Marco Apo  Alaya, cacique de Xauxa y Felipe de Guacrapaucar, cacique de los Lurinhuancas, es decir Huancayo. -(Andando los años, una descendiente de estos caciques huancas, llamada Catalina Huanca, hizo derroche de gran cantidad de monedas de oro y plata sacada de nuestras minas)- También se beneficiaron otros dos indios ladinos, Luis Meza y Alonso Xaxa. Esta es la primera lista de ladrones y estafadores que con el andar del tiempo se fue engrosando y no tiene cuándo acabar.

cofre de tesoroLa enorme laguna de Yauricocha tuvo que ser desaguada hacia las partes bajas de Quiulacocha. Cuando las aguas corrieron en una riada extraordinaria, arrasaron en su descenso abundante barro y  detritus, dejando al descubierto un blanquísimo sedimento de plata pura que por siglos había dormido en sus profundidades. La plata a flor de tierra, en una orgiástica abundancia, estaba pródigamente diseminada por aquellas soledades blancas. A partir de ese momento se produjo  una multitudinaria invasión de aventureros ávidos  nunca antes vista. Las gentes de la Villa de Pasco y lugares aledaños primero y de los más lejanos, después, llegaron en espectacular turbamulta de sálvese quien pueda.  El 9 de octubre de 1567 – dicen las crónicas de entonces-, después del  inicuo despojo a sus legítimos dueños, asentaban el nacimiento oficial de San Esteban de Yauricocha, para beneficio de los españoles. Pasados los años, por su cercanía a la Villa de Pasco, adoptó el nombre del Cerro de Pasco, oficializado por el Virrey Amat en 1771. Así nació la ciudad: tras una infamia, por una expoliación. Desde entonces, hasta ahora, la tradición viene repitiéndose con muy pequeñas variantes. Si alguien quisiera escribir la historia de la infamia en el Perú, tendría que comenzar en esta ciudad.

Andando los años, hombres procedentes de todos los rincones del globo se afincaron en sus predios: españoles, ingleses, italianos, franceses, prusianos, húngaros, checos, croatas, montenegrinos, serbios, dálmatas, austriacos, judíos, griegos,  polacos, jamaiquinos, africanos, chinos, japoneses norteamericanos… todos nucleados en sus correspondientes consulados. Todos con una misma y sola ambición: la plata. También braceros y empresarios de toda América y de los más apartados rincones de la patria. Cuando el argento comenzó a mermar, después de inacabables siglos de explotación, la magia del cobre purísimo atrajo a los norteamericanos que el primer año del pasado siglo, invadieron su suelo para explotarlo. “La Cerro de Pasco Copper Corporation”, exportó en su mejor momento, el 50% del oro, el 75% de la plata y el 95% del cobre de todo el Perú” ha revelado el ingeniero Samamé Boggio, el hombre que más sabía de minas en el Perú.

Este es el dramático inicio de nuestra Historia en más de cuatro siglo de vida sacrificada y ejemplar a la que saludamos reverentes en su aniversario

Propiedades de la maca

la maca 3

Prestigiosos científicos han estudiado a esta planta y, corporativamente sostienen lo siguiente:

La Maca (Lepidium Peruvianum) es una antigua raíz peruana que se cultiva en los Andes desde el tiempo de los Incas en altitudes comprendidas entre 3,800 a 4,500 m.s.n.m. Es resistente a las heladas, granizadas, nevadas, factores climatológicos propios de la zona Alto Andina,  que son negativos para otros cultivos. Por sus valores nutricionales y energéticos tuvo gran importancia en la alimentación de los Incas. Es considerada un poderoso reconstituyente físico, mental y sexual, fuente de Aminoácidos, Vitaminas B1, B2, B12, C, E, caroteno y otros minerales. Combate el estrés eficientemente.

Su aparición data de hace 300 millones de años según estudios de paleontólogo Hillc (1996). Cuando el hombre llego a los Andes más de 20 mil años, encontró muchas plantas y animales; eran recolectores, evolucionando a cazadores en Pasco, Huánuco, Junín o Ayacucho, cuando aprendieron a domesticar las plantas y animales allá por los 5 mil años.

Según evidencias históricas, la domesticación de la Maca probablemente coincidió con los comienzos de la era cristiana en la Zona de San Blas o Junín por los pobladores del Chinchaycocha, (cultura Pumpush). La expansión de su cultivo en el medio ecológico Alto Andino habría sido por la Cultura Yaro y los Ayarmarcas venidos del Sur, quienes dieron gran importancia a su cultivo porque constituyo un alimento de consumo  diario (Matto, 1975); Rick (1979), Antúnez de Mayolo (1977), Rostworoswshi (1978), Waldemar Espinoza (1976), refiere que los Yaros han sido eximios ganaderos y practicaban una agricultura intensa, dedicándose al Cultivo de la Maca.

Marino Pacheco Sandoval (1988), dice que los habitantes de Bombonmarca (Junín) practicaban una ganadería y agricultura promisorias, y aplicaban un sistema de irrigación por canales que conducían agua de las Lagunas cercanas, constituyéndose en un Centro de Acopio de raíces de Maca, la Papa y de las fibras de Alpaca y Llama (Almacenes de Shongunmarca); y las relaciones sociales de producción se realizaban con los pueblos ubicados en la Altiplanicie de Junín y entre los Valles interandinos  de la Costa y Ceja de Selva, comercializando por medio de trueque, el charqui, fibras, sal, Maca y entre otros productos.

TAHUANTINSUYO

Conquistados Pumpush y Yaros por los Incas, la Altiplanicie de Junín se convierte así en un punto de apoyo de relevancia política y estratégica; un Centro de distribución de recursos entre el Cusco y Cajamarca que la eficaz organización Incaica supo valorar y adaptar la experiencia de muchos siglos de las Culturas Pre-Inca.

La Expansión del Cultivo de la Maca, también se debería a los Collas venidos del Altiplano Sureño que bajo el sistema de Mitimaes se dedican intensamente al Cultivo de la Maca, convirtiéndose desde entonces la Altiplanicie de Junín en punto de vital de enlace entre Cusco y la Región de Chinchaycocha. De acuerdo a Crónicas de los Siglos XVI y XVII, las Tropas eran alimentados con Maca pues se le atribuía a esta planta la capacidad de dar vitalidad y fortaleza  física a sus combatientes.

 CONQUISTA Y EL VIRREYNATO

A la llegada de los Españoles estos encontraron el Cultivo de Maca en expansión y apogeo. El Cronista Bernabé Cobo (1653), cuenta que la Maca crece en los sitios más agrestes y fríos de la Puna y dice también que los Indios del Perú no tienen otro pan que la Maca. El Cronista Antonio Vásquez de Espinoza refiere que había cultivos de Maca en Castrovirreyna. Cieza de León en 1953, dice que se la cultiva en estas zonas es de poco maíz, por ser tierra tan fría pero no dejan de tener raíces.

Los Españoles al conocer las bondades alimenticias de la Maca, la utilizaron en su alimentación, por lo que los pobladores  de Chinchaycocha tributaban  anualmente con 300 cargas de media fanega de Maca (15,000 Kilogramos aproximadamente). Guamán Poma de Ayala (1613), afirma que la Maca es un nutriente que los Indios lo usan con el fin de obtener buena salud y vigor y que sirva para curar ciertas enfermedades por lo que se llama “ Taky Oncoy” y, según Pablo Macera,  productos alucinógenos, por un movimiento de resistencia religiosa y político contra  la Colonización Española, que danzaban y cantaban, y que por reporte de Pierre Duviols, del trabajo inédito de Cristóbal de Albornoz se conoce con el nombre de la “Confesión de la Maca”, que sirve para obligar a decir la verdad a determinadas personas.

 REPUBLICANA

Walpers (1843) por primera vez identifica científicamente a la especie como Lepidium Meyennii Walp, debido a que el Señor Meyennii recolecta una especie en Pisacoma en el Departamento de Puno. Así mismo, Weberbaur (1945), describe la existencia de Lepidium Meyennii Walp entre Candarave y Carumas en el Departamento de Moquegua, que es la subespecie Lepidium Meyennii Celidium. En 1961 Chacón realiza  un estudio fotoquímico de la Maca, y en 1988 profundiza su investigación taxonómica, identificándola  como Lepidium Peruvianun Chacón  Sp. Nov. (L. Meyennii Walp) siendo ratificado el nombre científico por los Biólogos del Herbario de la Universidad Nacional de San Marcos.

El nombre de la Maca, según Pulgar Vidal (1985), proviene de dos voces de la Lengua Chibcha “MA” que tiene significado de origen de altura y “CA” que significa Alto, excelso, comida buena que fortalece el nombre de la Maca. También podría deberse a que los Incas han colocado el nombre de Maca, como justificación de continuidad de su dominio, por la presencia de los Ayarmarcas, ya que la Maca siempre ha existido como raíz que crece en los Andes.

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En la actualidad, quedan evidencias de haberse cultivado Maca en grandes extensiones en las zonas Alto Andinas, del Territorio Peruano y Boliviano. Pero su cultivo solo se circunscribe a pocos lugares como la Provincia de Junín y la Ribera del Lago Chinchaycocha incluyendo la Meseta del Bombón en los lugares: Vico, Shelby, Villa de Pasco, Ninacaca en Cerro de Pasco; Carhuamayo, Uco, Huayre, Óndores, Matacancha, Pari, San Pedro de Cajas (Condorin), Huamanripa, San Blas, Rimaycancha.

DESCRIPCION Y CARACTERISTICAS DE LA MACA

Composición (100 g.): Energía, 325 kcal. Proteínas : Desde 10.0 a 17.0 g

Grasa: 0.80 a 0.90 g. Fibra: 4.95 a 5.45 g. Carbohidratos 62.60 a 62.82 g.

Vitaminas: B1, B2, B12, C, D3, E, P

Minerales: Calcio, Fósforo, Zinc, Magnesio, Hierro, Potasio, Sodio, Cobre, Boro, Manganesio. Otros: Amino ácidos esenciales, alcaloides, y otros elementos indispensables para la conservación de la salud. La MACA es un suplemento alimenticio, no un medicamento.

 

 

 

 

LA LEYENDA DE LA MACA

la maca“En la altiplanicie de Bombón que va desde la Cima hasta las estribaciones del Nudo de Pasco, en extensión que supera las veinte leguas de Sur a Norte y un ancho promedio de cinco, de Este a Oeste, está ubicada la laguna de Chinchaycocha, la más alta del planeta. De ella brotan las corrientes cristalinas que extendiéndose hacia el extremo sur conforman el legendario Mantaro. En su nacimiento son transparentes, heladas y de poca profundidad, pero a medida que descienden van alcanzando mayor calado al recibir el tributo de otros riachuelos con los que conforma el ubérrimo valle que lleva su nombre,”

“Cuentan los viejos que aquellos tiempos, cuando los hombres erraban tras la caza por estas nivosas estepas silbantes de frío, emergía como un hito sobrecogedor, RACCO, el “Cerro Gordo”; pero no estaba solo, a su lado se elevaba otro, llamado Yacolca -su hermano- que por una desavenencia habida entre ellos, decidió retirarse a otro territorio cercano a Andajes, donde quedó asentado definitivamente. Desde entonces, Racco quedó solitario en territorio pasqueño, venerado como el dios bienhechor, proveedor de alimentos.”

“Esta pirámide trunca, misteriosa y enorme, concentra el poder de atávicas energías. Principal paccarina donde residían  Libiac Cancharco, el trueno devastador y Yanamarán, su esposa, la diosa lluvia, surtidora de las aguas de los ríos. Los acompañaban sus hijos: Chuquilla, el rayo; Catuilla, el relámpago; Libiac, el trueno, Úchuc Libiac, el resplandor. Eran tiempos remotos en los que aún no habían llegado los extranjeros barbados, ni siquiera las tribus de los Pumpush, ni los Tinyahuarcos, ni los Yanamates, ni los Yaros.”

“Esta legendaria pareja premunida de poderes terribles gobernaba la vida de los primeros pastores lugareños. Los cóndores, amos y señores de las alturas -sus vigías- controlaban el cumplimiento de costumbres establecidas por los ancianos. Debían depositar en apachetas, cavernas y depresiones resguardadas de la intemperie, sus ofrendas votivas. A nadie se le ocurrió jamás incumplir el tácito mandamiento. Nadie podía fallar. Los jircas y las aves que vigilaban, denunciaban desobediencias y deserciones. El castigo por incumplimiento era terrible. Chuquilla, con estrépito impresionante  remecía la tierra tras el zigzageante latigazo luminoso de Catuilla, el relámpago. Todo temblaba. Los pastores que habían corrido en busca de  abrigo en los roquedales, permanecían silenciosos, aplacando con su coca el terror que los invadía. Los sorprendidos en la llanura infinita, quedaban estáticos, en el mismo lugar. Pastor, perros y animales, permanecían inmóviles, soportando la inclemencia que Yanamarán había dispuesto. Si se movían de un lugar a otro, atraerían sobre sí la furia de relámpagos, rayos y truenos que fulminan. Los infieles caían exterminados, convertidos en cenizas.”

“Esto lo saben los hombres desde pasados milenios. Racco ha  revelado a través de los ancianos, los castigos para quienes se atrevan a incumplir las leyes. Así –aseguran los viejos- hace miles de años, cuando el mundo estaba todavía en tinieblas y opalinas claridades destacaban los perfiles del paisaje, ocurrió el primer cataclismo que Libiac Cancharco, Yanamarán y sus hijos, desataron. La espectral fauna de gigantes que habitaban las inmensas estepas, desapareció tras catastróficos fenómenos. Pesados mastodontes de andar cansino y amenazante, fieros megaterios y gliptodontes de espectrales y demoníacas figuras, cayeron chamuscados por la ígnea reventazón de truenos horrorosos que hacían trepidar la tierra; la paleollama, antecesora de los camélidos y los salvajes caballos de entonces, cubiertos de lana y cerdas que deambulaban en manadas espantadas, víctimas del salvaje predador, tigre dientes de sable, también sucumbieron rendidos. Los dioses habían desatado sus arrebatos incontenibles. Días y noches ilimitados ocasionaron una tormenta de inclementes proporciones. Los cielos se agitaron en convulsiones mortales dejando abierto inagotable surtidor de agua que los siglos jamás volvieron a ver. Rayos, truenos y centellas, castigaban las llanuras entre los gemidos de estertor de los monstruos agonizantes. Pronto el turbión que desgarraba los cielos se convirtió en torrenteras incontenibles que  arrastraron todo lo que encontraba a su paso. Incapaces de mantenerse en pie los monstruos resbalaron como pequeñas piedras sin destino; arrastrados como briznas insignificantes. Para nada les valió garras y colmillos gigantescos. Desaparecieron como por encanto. Desde la cumbre del mundo fueron arrastrados a valles inferiores y playas remotas donde,  finalmente, sus huesos se calcinaron. Arriba quedaron lagos y lagunas esparcidos en grandes extensiones. Desde entonces, de los manantiales de las alturas, ríos torrentosos desembocan en los océanos regando las tierras bajas donde florece la vida siempre renovada. Así, al noroeste del Nudo de Pasco, en el flanco septentrional del nevado de Raura en la cordillera de Huayhuash, se origina el río Marañón que en sus orígenes recibe los desagües de las lagunas Niñococha, Santa Ana y Lauricocha;  al suroeste, nace su mayor afluente que en su nacimiento se llama Rauracancha, luego Blanco; más tarde, impetuoso a medida que desciende, Chaupihuranga. Éste, al juntarse con el Huariaca, forma el majestuoso Huallaga. En territorio Pumpu –parte occidental- en Upamayo nace el legendario Mantaro que discurriendo paralelo a la costa del Pacífico, fecunda tierras de Tarma, Yauli, Jauja, Huancayo y Tayacaja. Como éstos, incontables manantiales, descendiendo por sus laderas, llegan a formar numerosos ríos”

“Tuvo que pasar mucho tiempo –“Nieves de nieves” como dicen los ancianos- para que la tierra volviera a poblarse. Apenas se insinuó la floración de los pastos, aparecieron junto con el hombre, guanacos de espesos y abrigadores pellones, ágiles tarucas y venados de cola blanca; inquietas vizcachas que en los atardeceres asomaban la cabeza a la entrada de sus madrigueras para gozar de los postreros rayos del sol; también aumentó el número de pequeños mamíferos –ojitos de pedrería-, los cuyes; animalitos ligados a la vida del hombre de estas alturas; compañero y alimento de su vida. Establecido el hombre sobre los Andes, los dioses, muy conmovidos, decidieron impulsar la existencia que comenzaba a prosperar. Decidieron poblar esta meseta cuyos confines se perdían en lejanías inalcanzables con hombres y mujeres cuya descendencia la cubriera de vida. Para ello estableció aquí una raza poderosa con caracteres inconfundibles, precisos e irreversibles que domeñaran la elevación, el silencio de la soledad y el pasmo del frío. Una raza con una personalidad única en su morfología, en su fisiología y en su genética; en su salud y en su enfermedad; en las actitudes espirituales, en la guerra, en la organización social, en su vida y en su muerte; puso sobre este páramo a la Raza Cósmica de los Andes. Hombres y mujeres de pulmones enormes para absorber con comodidad la escasez del oxígeno vivificante; un corazón generosamente incansable que hiciera circular pródiga la espesa sangre morena irrigando el cuerpo broncíneo; tan poderoso que pudiera vencer fácilmente el fantasma de la fatiga. Así y desde entonces, estos seres notables tienen un rendimiento muscular, dos, tres y hasta cuatro veces superior al de los pálidos habitantes de las costas y los llanos. Eso sí. Así como los quinuales se revisten de cuantiosas películas para soportar los rigores del clima, la mujer deberá usar numerosas polleras que resguarden con abrigo su fecunda matriz, generadora de vida.”

“Transcurridos los tiempos, la Raza Cósmica Andina pobló con creces la estepa de pastizales verdes donde vagaban abundantes rebaños de animales primitivos que les sirvió de alimento tras audaces proezas cinegéticas. Muchos años después, fueron domesticados y convivieron con los hombres, sirviéndoles de sustento nutricio; sin embargo, Racco no estaba contento; se encontraba muy preocupado. Su raza no podía depender solamente de la carne, tenía que ingerir vegetales tonificantes que fatalmente aquí no se daban. En este lugar inhóspito, castigado por vientos helados y eternos donde no brota planta alguna, y los cerros y llanos son pelados, cubiertos con solamente “ichu” y “ocsha”, gramíneas primitivas, se hacía imperativo hacer un milagro. En uso de los poderes que le había conferido el Jirca Yaya, decidió hacer germinar un fruto que no solamente los alimentara, sino también los hiciera fuertes, poderosos y fecundos para poder poblar estas gélidas enormidades. Formó una semilla amasada con nieve, rayos de sol, minerales –muchos minerales-  y luminosos reflejos de arco iris; pero como el fruto debería ser fuerte y resistente para poder vivir en estas alturas, convocó a las deidades lugareñas, LIBIAC CANCHARCO, el imponente trueno y, YANAMARÁN, la lluvia, vivificante. Ambas le dieron vida. LIBIAC CANCHARCO, le insufló un poderoso soplo de poder haciendo estallar el estrépito de un trueno que remeció los Andes y una culebrina que hizo trizas la oscuridad con terroríficos ramificaciones de inacabables relámpagos. A partir de entonces, YANAMARÁN, poniendo en juego toda la gama de variantes  pluviales la regó con la delicada sutileza del rocío, con la suavidad de la nieve, aguanieve, nevazones y ventiscas; la sometió a la furia descontrolada de la pedrisca de granizadas implacables; la puso bajo la rigidez de la escarcha y su dureza helada; le enseñó la variedad de un calabobo, un chaparrón, un chubasco y las insufribles trombas de agua. Doce meses después –de la siembra a la cosecha- culminó el prodigio. Venciendo los duros contrastes de las temperaturas que dominan estos niveles, inmenso frío, heladas nocturnas y la insolación quemante de los mediodías, apareció sobre la faz de la tierra, el fruto mágico: la Maca. Allí estaban para anunciarlo, esparcidas a ras del suelo, triunfantes como verdes penachos, los florecidos manojos de sus arrocetadas hojas. Había prosperado un prodigio en estas alturas, un verdadero milagro. Sólo en estas comarcas, depósito de toda suerte de minerales, puede germinar esta planta, compendio de hierros, calcios, yodos, fósforos, mercurios, potasios, manganesos, magnesios, zines… planta poderosa para hombres y mujeres vigorosos.”

“A partir de entonces, los agradecidos habitantes, efectúan significativos ceremoniales conmemorativos en la siembra de su semilla. Con hermosas melodías de quenas, antaras, pincullos y tinyas, entierran una piedra de más o menos un tercio de largo que representa a Raco, denominada “huanca”, rodeado de un manojo de ichu doblado en dos, con las puntas dirigidas a la superficie. Para que la semilla aprenda a crecer, la PITACOCHA (una papa traída de los valles cálidos y partida en dos), se entierra  junto, muy junto, a unos panecillos denominados PARPA y TANTALLA; abundantes mazamorras, llamadas TICTI, exuberantes hojas de coca y chicha en profusión. Todo esto pidiéndole a sus dioses ancestrales, prodigalidad y buena calidad en la cosecha”

la maca 2“Cumplido el año, cosechan el fruto portentoso en abundancia. Parecido al rabanito, con algunos colores que el arco iris le ha dado: amarillo, morado, blanco, gris, y matices intermedios; la suavidad transmitida por los ampos  de nieve; la dulzura de la chicha; el intenso calor del sol de las alturas concentrado en su cuerpo le permite  combatir con eficiencia males respiratorios, dolencias reumáticas y deformaciones del bocio. Pero lo más notable de este fruto altamente revitalizador está en que, amalgamando los poderosos minerales de la Pachamama, fundidos por los atronadores ramalazos de Libiam Cancharco y regado por la generosa Yanamarán su poder fertilizante es increíble. Es tanto que los jóvenes –hombres y mujeres- en tiempos incaicos estaban prohibidos de comerlo por su enervante potencia genética que llegaba hacerlos lujuriosos. En cambio, los casados sí pueden degustarlo. Los hace los amantes más ardientes y perennes. Lo que el fruto toma de la tierra –la chacra debe descansar siete años para volver a producir- se los da a los hombres y mujeres. En estas cósmicas regiones no se conoce la esterilidad. El milagro es del fruto mágico de los dioses: LA MACA.”

 

CERRO DE PASCO Pueblo Mártir

Cerro de Pasco - Nat GeoC E R R O    D E    P A S C O

Por Lorenzo Landauro

¡Oh!. ..Ciudad mutilada… ¡Oh!, pueblo que agoniza,

bajo el siniestro impulso tenaz y poderoso,

de maquinarias rudas que sin piedad desgarran

el indefenso vientre de nuestra madre tierra.

—-

Imponderables ansias de máquinas hambrientas

que rugen en el fondo de oscuros subterráneos

para arrancar el oro, de las entrañas frías

inertes de la tierra del indio Huaricapcha.

—-

¡Oh ! tierra del ensueño de aquel pastor humilde,

tu cielo está teñido por humos azufrados,

tu vientre desgarrado, por tus profundas grietas;

parece que exhalaras tus quejas de agonía.

—-

Tus viejos edificios apenas se sostienen,

sobre la débil bóveda de grandes socavones;

caminas lentamente hacia tu ocaso triste,

siguiendo tu destino fatal…¡Desolación…!

 —-

Tierra de Huaricapcha…!¡Oh tierra generosa!

ciudad del oro y plata, ensueño de avarientos,

las gélidas montañas absortas te contemplan

marchar hacia la ruina de tu propia grandeza.

—-

Ciudad donde la nieve a grandes copos cae,

formando nívea alfombra en las estrechas calles,

por donde alegre pasa la ñusta enamorada,

hilando sus vellones, cantando una canción.

—-

¡Fatídico tormento, tiránico suplicio,

de los indios mineros que agotan su vigor,

buscando entre las pródigas entrañas de la tierra

las lágrimas de ñustas, tornadas en metal.

 —-

Tragedia horripilante de un pueblo que se hunde,

ante la indiferencia de sus inermes hijos,

¡Desolación!..¡Escombros!..¡Hacinamientos!.¡Ruinas.!

Tu porvenir es ése…¡Oh tierra de Carrión…!

Cerro de Pasco 3