HUARICAPACHA (Leyenda)

Huaricapcha 1Allá por el año 1630, las propiedades de la antigua hacienda Paria se hallaban enclavadas en la agreste y deslumbradora meseta de Bombón. Hasta en el día más hermoso se advertía mucho de implacable en su cielo azul turquesa y algo de siniestro en el profundo silencio de sus inmensidades. Cubierta con un manto verde salpicado de roquedales y puquiales,  ribeteada, aquí y allá por haces de indomable “ichu”, era escenario donde unos hombres pastoreaban el ganado mientras otros se dedicaban a la minería y a la metalurgia; las mujeres, a los quehaceres del hogar.

Cuentan que un día impreciso de aquel año, el pastor Santiago Huaricapcha había salido a pastar sus ovejas muy de madrugada. El tiempo soleado por la mañana de pronto se tornó amenazador. En pocos minutos las cerrazones ensombrecieron el ambiente y  pronto se desencadenó una horrible ventisca. Cuando los primeros copos comenzaron a caer, Huaricapcha los vio llegar complacido; a la mañana siguiente volvería a salir el sol, derretiría la nieve y la tierra sedienta absorbería la humedad con la cual se produciría más pasto para alimentar el ganado. Para guarecerse de la borrasca entró en la cueva con la esperanza de que la tormenta amainara. En vano. Aguardó pacientemente, pero a medida que transcurrían las horas, el viento traía más y más nieve, como si surgiera de un monstruoso surtidor arriba de las nubes. La atronadora inclemencia de la tempestad, cada vez más creciente, le causaba la extraña impresión de hallarse aprisionado por una espesa cortina, tan impenetrable, que le impedía el retorno a la casa hacienda. ¡Se había alejado tanto de ella y la espesura del manto níveo que le llegaría más arriba de las rodillas!

Pronto llegó la noche.

El frío se hizo insoportable. No obstante sus abrigadoras manguillas, chullo, poncho y grueso calzón de bayeta negra, el pastor lo sentía en toda su intensidad. Temiendo quedarse helado, buscó combustible en la profundidad de la caverna. Juntando taquia, ichu seco, bosta y algunos palos secos del fondo, encendió una fogata con algunas piedras que le sirvieron de base. Ya algo aliviado, comenzó a “chacchapar”, mientras atizaba la hoguera con su magro combustible.

Muy pronto quedó dormido al dulce calor de la lumbre.

A la mañana siguiente, cuando la claridad naciente inundó el ambiente y la nieve había suavizado los contornos de los arroyos, senderos, zanjas y hondonadas,  volvió los ojos a la fogata apagada y quedó maravillado. De las piedras que había utilizado como base, colgaban largos y finísimos hilos blancos de textura brillante, como delgadísimas lágrimas de piedra. Emocionado, las cogió con mucho cuidado y llenándolas en su “huallqui” las llevó a don Juan José Ugarte, primer minero español que al poco tiempo comenzó a beneficiar las primeras vetas de plata.

Este es el origen de los ricos yacimientos del Cerro de Pasco que en 1639 recibiría el nombre de Ciudad Real de Minas.

 

 

 

La ardilla y el tigre (Leyenda)

Por Miguel Ángel Ortega Santiváñez

ardillaEn una época en que todos los animales vivían felices, el tigre era de temer. Un día que éste estaba paseando, encontró a la ardilla colorada chancando una almendra para comer. El tigre le pregunta: ¿Qué es lo que haces aquí? la ardilla le responde: ¡Estoy comiendo mi almendra que es muy agradable…!. El tigre le dice nuevamente: ¿Es tan agradable..?, y la ardilla responde: ¡Sí…!.

La ardilla astuta para romper la dura cáscara de la almendra ponía el fruto entre los dedos y chancaba con una piedra y, la comía. Como lo hacía rápidamente, el tigre no podía percibir la estrategia de la ardilla. Pregunta el tigre. ¿Cómo es que rompes la almendra?, la ardilla responde: ¡Cada fruto lo pones a la altura de tus testículos y chancas con una piedra!..

Dicho esto el tigre aplicó la medida, pero la ardilla al romper la almendra retiraba muy rápidamente los dedos. En cambio el tonto del tigre no retiró los dedos y dio tan fuerte golpe que rompió la almendra y dañó el testículo. El dolor era tanto que el pobre tigre se revolcaba en el suelo. Al rato le pasó un poco el dolor, de inmediato el felino buscó a la astuta ardilla; para esto, ya el pequeño animal estaba en la copa de un árbol alto.

El tigre lo encontró y le dijo. ¡Algún momento tienes que bajar para comer, te esperaré! Y el pobre tigre continuaba con el dolor insoportable. La ardilla al escuchar esta mención pensó rápidamente y cogió una hoja seca muy grande y la puso como protección para huir y no ser visto por el tigre. El fiero animal se propuso esperar  pero la ardilla como siempre astuta, sigilosamente había pasado a otro árbol y así se escapó.

Pasaron las horas y el tigre enojado seguía esperando bajo el árbol cuando de repente se letigre presentó una abeja quien le pregunta: ¿Qué es lo que hace señor tigre sentado bajo ese árbol? Éste respondió: Estoy esperando a la ardilla para comerla, pues me hizo una broma muy pesada y por ello será mi cena. ¡Está arriba en al árbol pero ya bajará! La abeja le responde: ¡Señor tigre, acabo de ver a la ardilla allá arriba en la loma! ¡Está disfrutando de sus almendras! El tigre nuevamente pregunta: ¿Y  la hoja que puso allí para cubrirse? La abeja le dice: Es un escondite que utilizó para distraerlo y escapar.

El tigre al escuchar esto se puso más furioso pues había sido burlado doblemente por la ardilla y se fue en su búsqueda.

En el camino se encuentra con el armadillo (ashush) y al verlo raro al tigre le pregunta: ¿Señor tigre, qué le ha pasado, lo veo medio enfermo y molesto? El tigre le cuenta lo sucedido. El armadillo se burla y se escapa. El tigre busca furiosamente a este animal acorazado y lo encuentra en una guarida mezclado con muchos otros animales haciendo una gran fiesta, y como el tigre no distinguía a quien se había burlado de él, atrapa al azar a uno de ellos. Al ser atrapado el armadillo, suplica al tigre: No importa que me comas, pero respeta mi caparazón. Y Así ocurre, es por eso que en el monte se encuentran caparazones de armadillos íntegros.

Refrán: Justos pagan por pecadores

 

HISTORIA MÍTICA DE YANAHUANCA: Por Hermitaño Villanueva Robles

En nuestro afán de hacer conocer la grandeza de nuestra tierra, reproducimos el trabajo del notable ciudadano yanahuanquino, Hermitaño Villanueva Robles, publicado en la revista NEXO de la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión con motivo de conmemorar el 53 aniversario de la provincia Daniel A. Carrión.

Iglesia San Pedro de YanahuancaAntiguamente, en el siglo XVII, Yanahuanca, primera población de los actuales yanahuanquinos, se encontraba en la parte alta de la ciudad actual en la vía que conduce a Chipipata. Tenían como patrón a San Pedro. La población estaba asentada en sitio llamado Chuchucocha, pero los pobladores no podían vivir allí debido a que el santo que tenían, San Pedro, no quería permanecer en esa zona y aseguran que bajaba hacia la actual ciudad como una forma de comunicación a los pobladores para que funden la ciudad en la parte baja, donde actualmente se encuentra la iglesia.

Estos terrenos, en los que actualmente está edificada la iglesia eran pantanosos con abundante totora donde vivín a su albedrío la gaviotas, los yanavicos y los patos silvestres.

Los pobladores entendieron la necesidad de seguir el camino que su santo patrono les estaba preparando y con esfuerzo construyeron su capilla en el lugar pantanoso, secándolo a base de relleno.

Tenemos hasta la fecha rezagos de la mitología de la formación de Yanahuanca y la construcción de su iglesia, pues de las bases del templo fluyen todavía agua y es por ello que se han hecho  canaletas de drenaje que inicialmente fueron construidas de piedra. Una de esas canaletas sale por el Instituto Superior Tecnológico, otra canaleta por el cine San Pedro y una tercera canaleta desfoga junto al mercado de Yanahuanca. Es de esta manera cómo Yanahuanca, gracias a su fe católica y cristiana y a la orientación de su patrón San Pedro, empieza a lograr el desarrollo urbanístico que ahora tiene.

Toponimia

a).- Yanahuanca proviene de dos voces quechuas.

YANA            =         Negro, oscuro

HUANCA     =         Peña, roca en posición vertical.

Cuentan al respecto que donde actualmente se encuentra la plaza principal, había algún tiempo atrás, una huaca negruzca que se distinguía claramente entre los demás elementos. Por otro lado, manifiestan que Yanahuanca estaba ubicada en la vía hacia Chipipata y que esa zona está copada de rocas verticales de color negro. Cual fuera la forma, el fondo refiere que este valle de Chaupihuaranga tiene muchas formaciones rocosas de forma vertical y, por la presencia de líquenes, adquieren con el tiempo un  color negruzco.

b).- CHAUPIHUARANGA.- palabra quechua compuesta de dos palabras base.

CHAUPI                   =         Centro

HUARANGA           =         Mil

Etimológicamente tendría que ser el centro de mil. Aparentemente se refiere a que el centro de los miles de pueblos que están ubicados en su entorno. Ciertamente el número de pueblos es una exageración de la nomenclatura, explicable por la tendencia del pueblo a utilizar la hipérbole en su lenguaje.

Vista de la ciudad de Yanahuanca - Pasco

EL FOLCLORE LITERARIO DE NUESTRA SELVA Tomado de la Revista NEXO publicada por la Universidad Nacional Daniel A. Carrión

La tradición de los pueblo está formada por una serie de testimonios relacionados con el medio, el clima y el pensamiento. Así mismo, el estilo con que son narrados son distintos en unos y otros pueblos. Los YANESHAS, constituyen un grupo humano que habitó inicialmente parte de los distritos de Chanchamayo, Villa Rica, Palcazú, Puerto Bermúdez, Oxapampa y Pozuzo. Ellos han contribuido de manera sustancial en la vida social y cultural de la Selva Central.

La quinciañera

LA QUINCEAÑERA

(Pu nap nora)

                                                                    Por José Casanto López

No solo en las sociedades orientales o en las ciudades se estila la celebración de la quinceañera. Es también uso de nuestros pueblos nativos. Así tenemos que los yaneshas celebran esta costumbre de manera peculiar.

Cuando alguna de las damitas está a punto de cumplir los quince años de edad, los padres se sienten bastante preocupados; pues la hija al ingresar pronto a la nueva sociedad y, más aún, ya presta su edad para el matrimonio y de allí en cualquier momento podría hacerlo.

Ante este hecho real, los padres de la moza, hacen todos los preparativos para que se lleve a cabo la ceremonia como la tradición y costumbre lo exigen. Para ello se ponen de acuerdo los esposos y solicitan el consejo de algunos parientes con la finalidad de fijar el tiempo que la pequeña será enclaustrada.

Acordado, el padre construye inmediatamente una pequeña choza muy cerca de la casa familiar; en ella ingresa la niña y permanecerá por el tiempo fijado. Los únicos contactos que tendrá será con su madre quien cuidara de ella en su salud e higiene; serán los hermanos menores los que se encargarán de proveerle la alimentación diaria. El tiempo estimado para el enclaustramiento puede ser de quince días hasta un mes. No puede ser más debido a que la pequeña se encuentra encerrada como prisionera sin contacto alguno con los demás miembros de la comunidad. Está prácticamente en retiro; por lo tanto le cubren desde la cabeza y hasta casi todo el cuerpo con una tela negra u obscura (especie de velo) y, cada vez que desea algo, tiene que pasar la voz a su madre, no puede ella sola abandonar el pequeño recinto en el que se halla enclaustrada.

Cuando está por cumplirse la fecha del retiro (de estar encerrada), los padres realizan los preparativos para celebrar este hecho con una fiesta. Para ello fermentan abundante masato (Chicha hecha de yuca), bebida con que brindan los adultos y los considerados mayores de edad. El padre ha invitado para este acto a la comunidad y el día convocado la asistencia es masiva puesto que es una fiesta popular del pueblo. No existe discriminación ninguna para el servicio.

Una vez concentrada la gente en la casa de los padres de la quinceañera, la persona de mayor edad, miembro de la comunidad, hace el llamado por su nombre a la pequeña y, cuando ella sale, todos quienes se encuentran en el entorno se muestran alegres y disfrutan al compás de la música de sus instrumentos de viento. Inmediatamente, ella les alcanza la mano alegremente en señal de haberse sumado como nueva integrante de la comunidad de adultos; se sirve el masato. Simultáneamente los niños de la comunidad ingresan a la choza donde estuvo retirada la pequeña y la destrozan completamente jalando cada parte de sus componentes de construcción hasta dejarla completamente destruida.

La gente adulta se acomoda en determinado lugar de la casa para recibir la comida preparada por los padres. Es la quinceañera la que sirve la comida comenzando por los varones para luego servir a las mujeres y se concluye con los niños. Mientras se alimentan y beben masato, luego de haber destruido la choza, los niños cogen la shalanca (Una variedad de hortiga) e invitan a la quinceañera ir hacia una chacra cercana para que demuestre la prueba del trabajo. Mientras ella demuestra, los pequeños toman sorpresivamente a la quinceañera y la azotan con la ortiga. Acto seguido van donde se encuentran los mayores y hacen lo propio con ellos para finalmente tomar sus alimentos para retirarse.

Así termina esta fiesta popular que se celebra con frecuencia en la comunidad yanesha.

Condiciones mínimas que debe tener el varón para el matrimonio.

1.- Ser buen cazador para así poder capturar el cupte (reucat); venado (mañur), sajino (at´e)machetero (arom), armadillo (ashush), zamaño, (sihya) mishashi, etc.

2.- Saber cultivar yuca.

3.- Saber construir sus armas de caza como flechas, arco etc.

 

 

 

EL ZAPATITO DE LA REINA (Leyenda yanesha)

Antes de publicar el hermoso relato tradicional tomado de la revista NEXO, de nuestra Universidad, permítanme rendir emocionado homenaje al joven estudiante Christian Amilcar Santiago Vilca por haber alcanzado el título de Campeón Absoluto de Ajedrez Sub 20 de nuestra patria, logrado en Eten – Chiclayo. Solicitamos que las autoridades de nuestra tierra colaboren para que se le pueda becar a Europa con el fin de que amplíe sus conocimientos en el Deporte ciencia.

Por Yleana Egoávil Arnaez

zapatitoLa más bella y rebelde hija menor del gran jefe yanesha, era la mejor danzarina que en la comunidad había. Bailaba cerca del agua, cerca del fuego, danzaba, danzaba y danzaba… Era como una máquina incansable, pero sus delicados pies descalzos le dolían y sangraban.

El dios Yäito la vio hermosa, grácil y ágil. Embelesado por su incomparable belleza quiso darle el mejor obsequio. Pensó en algo adecuado, al mirar sus pies dañados vio que era oportuno regalarle unos protectores, para ello diseñó un par de zapatos que eran únicos e incomparables. Tenían el color del sol radiante, dos pares de tiras gigantes para atar a los tobillos y con pintitas de colores como de metal precioso. Sin duda alguna, eran maravillosos, eran únicos. La intención era que el regalo no fuera rechazado por ningún motivo.

La niña se las puso de inmediato, muy alegremente la pequeña doncella bailó, danzó cuanto quiso, hasta que un día partió allá donde está el dios Yäito. Toda la gente  de la comunidad sintió mucho su temprano alejamiento, habían perdido a la más alegre, sentimental y gran belleza yanesha. Su féretro fue acompañado por toda la gente de su pueblo, quienes entre quejas y llanto acompañaban sus restos.

A su muerte dejó de recuerdo sus bellos calzados, los únicos en el mundo. Estos eran para durar una eternidad, como recuerdo de esta bella princesa, se convirtieron en orquídeas primorosas que son entre todas las de su especie, la más bella y caprichosa.

En la tierra de Aneczú (Villa Rica) hay una orquídea llamada Zapatito de la Reina, que es bella y fraganciosa, símbolo de la belleza, la alegría, la danza y el amor.

(Publicado en NEXO de junio del 2001)

zapatito 1

EL VENCEDOR DEL DIABLO (Leyenda cerreña)

el vencedor del diabloEs muy sabido en el mundo entero que a partir de los primeros años del siglo XVII, se consolida el prestigio que venía ganando el Cerro de Pasco gracias a sus fabulosas riquezas minerales. Es precisamente que en 1626 adquiere fama universal cuando desparecen las vetas argentíferas de Potosí. Ese día ocurrió un aluvión estremecedor que un cronista describía así: “El domingo 15 de marzo de 1626, tercera de Cuaresma, entre la una y las dos del día, a la hora en que todos los de la Villa estaban comiendo reventó con gran estrépito la laguna grande de Caricari que sólo los presentes a tan grande estrago pueden deponer de una verdad increíble, de una nunca antes vista pérdida, la mayor que tuvieran los reyes en Castilla y con las más lastimosas muertes que imaginar se puedan; la más terrible tragedia que se hubiera visto en el mundo; justo juicio de Dios por tanto pecado e infamia en Potosí, la Villa Imperial” (…) “De los que describieron este estrago, hay quien diga que de españoles e indios de  la Villa de Potosí, llegaron a más de cuatro mil los muertos”. Es a partir de entonces que  reemplazando al emporio desaparecido y merced a sus notables contribuciones a las arcas reales españolas, se le denomina “El nuevo Potosí”; bien ganado valimiento que se afianza universalmente cuando por Real Cédula de 1639,  se le otorga el título de “Ciudad Real de Minas”.

En todo este tiempo los audaces mineros venidos allende los mares llenan sus faltriqueras con buenos doblones de plata. Entre estos aguerridos aventureros destacaba don Manuel Bautista Pérez, minero portugués que se daba el lujo –en aquel momento- de ser el hombre más rico del Perú. Residente en una amplia casona solariega, frente a la capilla de la Virgen del Milagro, en Lima, con amplísimo patio, escalera principal frente a la puerta de la calle, numerosas habitaciones, corredores espaciosos le daban todas las trazas de castillo feudal. Desde este regio aposento capitalino, el portugués comandaba a distancia, el arduo trabajo minero en sus socavones del Cerro de Pasco.

Era el único minero –cosa rara- que no encontraba dificultades en el recio trabajo de sus minas. Era proverbial su continuo hallazgo de deslumbrantes filones que explotaba con celeridad y facilidad asombrosas. La plata se reproducía misteriosamente. Nunca se supo que tuviera algún tropiezo. Hasta el agua, enemiga declarada y persistente de los socavones, había respetado sus propiedades. No obstante esta suerte que el pueblo no se explicaba, el rico pero avariento minero, trataba cruel y despiadadamente a los astrosos hombres que trabajaban de sol a sol en las negras galerías de su propiedad. Nunca le importó la suerte de estos miserables que, con el sudor y sangre de sus cuerpos, amasaban incalculables fortunas para él.

Lo que el apacible y laborioso pueblo cerreño ignoraba era que el tal Manuel Bautista Pérez tenía firmado un pacto con Satanás, mediante el cual, Lucifer atiborraría de riquezas las arcas del sacrílego minero a cambio de que éste le sirviera incondicionalmente como su ministro en la satisfacción de todas sus apetencias.

En cumplimiento del diabólico convenio, todos los viernes por la noche, en los amplios salones de su casona limeña, Bautista Pérez convocaba a sus numerosos seguidores, más de cien judío-portugueses, a una sacrílega ceremonia de escarnio y afrenta a Dios.

En una espaciosa habitación cubierta de negros catafalcos, iluminada por gruesos velones, se ubicaba el ministro de Luzbel en un amplio butacón negro bajo encarnado dosel. Desde allí dirigía encendidas y demoníacas palabras a los adoradores del maligno que en riguroso orden se dirigían al centro de la sala donde se encontraba un crucifijo de tamaño natural con el cuerpo del Divino Nazareno para azotarlo salvaje y encarnizadamente; siete veces cada uno. Esta era la manera de renovar su creencia y su fe en Satán que, complacido, retribuía con riquezas mineras a sus adoradores.

Un día, imperioso, el exigente Lucifer conminó al minero para que lo acompañara al Cerro de Pasco. Le explicó que la única dificultad que encontraba para el cumplimiento de sus malvados designios de arrastrar a todo el pueblo a su reino del pecado, era el Pan Sagrado de los Cielos que se encontraba en la custodia de oro de la iglesia de Chaupimarca. Que era imperativo sacarlo de ahí para destruirlo: “Sólo así –le dijo- se podrá conseguir que todas las gentes del pueblo me sigan”.

  • Pero, para ti que eres poderoso y en otras iglesias lo has demostrado hurtando el cáliz y el cuerpo de Cristo. ¿Cómo es que en el Cerro de Pasco no puedes hacerlo? –preguntó el ministro.
  • Es que en la iglesia hay un guardián muy poderoso al que realmente temo. Es el Arcángel San Miguel, el Príncipe de los Ejércitos Celestiales, que ya una vez me venció. No quiero darle una nueva oportunidad de hacerlo. Por eso entrarás tú solo y robarás el cáliz y el Pan Sagrado de los Cielos.

Como tenía que ser, el apóstata minero aceptó la orden y una lóbrega noche que el pueblo cerreño dormía, se dirigió a la vieja iglesia de Chaupimarca en compañía de su amo. Ya en la puerta, Mefistófeles entregó un puñal a su ministro diciéndole:

  • Toma, con esta daga, podrás violentar la puerta del tabernáculo y cumplir con todo lo que te ordeno. Yo te estaré esperando a la puerta.

El sacrílego tomó el arma y franqueando la puerta de la iglesia, se dirigió sigilosamente al altar mayor donde estaba el tabernáculo. En el momento de introducir el filo del puñal en la juntura de la puertecilla para violentarla, sintió que una fuerza superior a la suya lo contenía de la muñeca; sorprendido vio que aquella mano blanca y fuerte, continuaba en un brazo hercúleo cubierto con  reluciente coraza.

El profanador quedó como petrificado por un instante, pero temeroso de que el demonio ejerciera represalias contra él, intento nuevamente destruir la puertecilla del propiciatorio, pero esta vez, un fuerte sacudón le hizo girar. En ese momento vio a un joven rubio cubierto de una brillante armadura que con su espada en la diestra y los ojos como ascuas, le señalaba la puerta del sagrado recinto para que se marchara. El intruso no lo pensó dos veces. Presa de terror, salió despavorido, y al llegar a la puerta, fue contenido por Belcebú, que le dijo:

  • No te atormentes. Bien sabía yo que no lo conseguirías. Esta custodia está muy bien resguardada por Miguel el Santo, el Arcángel, el defensor del Pueblo de Dios. Vámonos, nuevamente me ha derrotado.

A partir de entonces, el diablo humillado abandonó el Cerro de Pasco dejando en el más completo desamparo a su protegido que cayó en desgracia; sus minas se inundaron, las ricas vetas desaparecieron como por encanto, y lo que es peor, la noche del diabólico aquelarre del 11 de agosto de 1635, sin que advirtieran que estaban siendo espiados, los judío-portugueses fueron apresados por los alguaciles de la Santa Inquisición. Enterado el pueblo limeño de la profanación de la santa imagen de Cristo por los seguidores del demonio, bautizaron con el nombre de Judas a Bautista Pérez y, la casona donde se realizaban estos actos demoníacos, con el nombre de la Casa de Pilatos.

El proceso de este sonado juicio duró cuatro años en que los judaizantes –todos ellos económicamente poderosos-  trataron de torcer la vara de la ley sin conseguirlo. El domingo 23 de enero de 1639, se realizó el acto de fe en el que Manuel Bautista y Pérez y diez de sus cómplices fueron quemados vivos en la plaza de la inquisición.

EL PUEBLO INCONQUISTABLE (La leyenda de Antapirca) (Segunda parte)

Cuenta la tradición que un  25 de julio de unos de aquellos años, hizo su entrada triunfal enla leyenda de Antapirca 2 el pueblo una majestuosa comparsa presidida por San Santiago que venía sobre soberbio corcel  escoltando a la bellísima Santa Ana y séquito impresionante que se dirigía a la ciudad de Tarma. El santo iba en poderoso caballo chileno, castaño claro, armado de armas brillantes y, sobre ellos, preciosísimo vestido de damasco azul, sembrado de diamantes, esmeraldas y rubíes. Cubría su cabeza con costosísimo chambergo francés de muchas plumas verdes, azules y encarnadas que se fijaban con un trecellín de filigrana de oro. El marco musical con muchos clarines, trompetas y atabales, era impresionante; algo nunca visto por aquellos lugares.

Para esto, ya el pueblo creyente había anticipado el proceso de la celebración jubilar. Juntó abundante leña que alimentaría las “tullpas” para hervir la chicha, los guisos, chupes, locros… Se tuvo mucho cuidado en seleccionar el maíz rojo y amarillo que, molido y hervido como jora, fue depositado en enormes barriles para su fermentación. Especial dedicación se tuvo en contratar a los músicos más diestros de los contornos. Después de la molienda elaboraron panes de trigo, maíz y zapallo que utilizarían en el “Trucay”. Los novillos, carneros, cabritos, cuyes y gallinas beneficiados se colgaron en el frontispicio de la casa del prioste adornados con cadenetas, cintas y banderas multicolores. Anunciado por corneta, tambor y repiques de campana, los fieles asistían al novenario que finalizaría el 22. El día siguiente 23, antevíspera, en medio de un bullicio extraordinario anunciado por una cohetería imparable, entró San Santiago escoltando a la anciana Santa Ana y un séquito de acompañantes selecto que visitó la casa del mayordomo en donde desayunaron opíparamente. Los cocineros habían preparado un ponche especial y el sabrosísimo “Shiple Caldo”. Y como desde entonces ha quedado establecido, el mismo San Santiago entró en la plaza luciendo sus mejores galas. (Actualmente lo reemplaza el Capitán). Entretanto el pueblo bebe abundante chicha y se embriaga de alegría. Los días subsiguientes, los “prucuchos”, encabezando la cuadrilla de danzantes, visitan  a las familias que habrán de colaborar el próximo año. Todos se disputan ese honor. El último día, alegre y multicolor, la rondalla campesina despide la fiesta cuadrillando por Cañari, Pariagaga, Shuyhuayog y Chancha barrio. A medida que decae la alegría con la música, se espera que la celebración del próximo año sea mejor.

la leyenda de Antapirca 3Aquel día la fiesta fue presidida por San Santiago -el pueblo todavía lo recuerda con especial cariño- que el patrono instauró la Capitanía que cada año se celebra con pompa. Desde entonces, quien quisiera ejercer la mayordomía de la fiesta tendrá que cumplir con esta tradición. Al final -los ancianos no lo han olvidado- San Santiago decidió quedarse en Antapirca disponiendo que una comitiva especial acompañara a Santa Ana hasta Tarma en donde fue entronizada como matrona de aquel lugar al que se le bautizó con el nombre de Villa de Santa Ana de la Rivera de Tarma. 

Como es natural, en todo el tiempo, muchos acontecimientos tuvieron lugar en Antapirca. Por ejemplo…

En una de las elevaciones de “Tres Lomas”, muy cerca de Chaupichancha y desde tiempos inmemoriales, existe un surtidor de donde fluye abundante agua de misteriosos poderes mágicos. Su nombre es “Suero Puquio”. Los hombres que la beben por primera vez se tornan belicosos y valientes, capaces de increíbles empresas. Se asegura que muchos antes del tiempo de los incas, los guerreros que iban a entrar en combate bebían el agua de pozo prodigioso y nada ni nadie agotaban sus brazos pugnaces en sus acometidas bélicas.

Hasta ahora no han podido explicar la razón por la que el agua blanca como leche de este misterioso manantial, ejerce un extraño sortilegio en las personas. El hombre que la bebe desde niño, alcanza una fortaleza extraordinaria. Tal el caso de WARICHANCHA, un hombre sencillo pero poderoso, que desde niño había bebido el agua de aquel pozo. Empeñosamente trabajador, jamás había sido vencido por nadie en las  labores de la comunidad. Colaborador y constante más que ninguno, se había ganado el cariño de todos y con ello su reputación y fama se difundieron por aquellos confines serranos del centro del Perú. Así las cosas, fue invitado a participar en una competencia de barbecho en las chacras del cura de Margos quien había establecido como premio para el ganador, un robusto toro de cinco años. Naturalmente Warichancha se inscribió.

Cuando se presentó a la competencia portando su chaquitacklla minúscula y apenas amarrado con un hilo liviano al acero de la punta, las gentes se rieron de buena gana. Nadie daba ni un real por él.

Durante la competencia los numerosos participantes hicieron derroche de pundonor y resistencia, hasta que le tocó a él.

A medida que avanzaba, las gentes no perdían detalle de lo que hacía. No podían dar crédito a sus ojos. En un santiamén, pese a lo pequeño de su chaquitaklla, levantó uniformemente más champas y trazó ordenados surcos en aquel campo. Al final, nadie lo puso en duda, Warichancha fue el ganador. Aclamado por la gente retornó a Antapirca a seguir brindando la generosa ayuda de sus poderosos brazos.

Esta agua prodigiosa también ejerce poderosa acción mágica en las mujeres. Tal es el caso de una joven pastora que llevaba diariamente a sus cabras por aquellos andurriales y bebía el agua de este fontanar misterioso. Fue haciéndose más hermosa hasta alcanzar -como por arte de magia- la plenitud de la belleza corporal. Para rendir justicia a su hermosura le pusieron el nombre de “Azucena Wayta” (Flor de azucena). Grácil y garbosa, de un cuerpo armonioso y esbelto, resaltaba por su rostro de ensueño en el que sus ojos, como pedernales de reflejos diamantinos, hipnotizaban a quien los mirara; su piel nacarada, extrañamente suave con tersura de seda, era impresionante. En realidad, era una verdadera azucena.

Lo fatal de esta mágica transformación radicaba en que los jóvenes de todos los contornos, la leyenda de Antapirca 4enterados del prodigio, se enamoraron perdidamente de ella. Con tan sólo mirarla quedaban vivamente impresionados. Todos haciendo demostraciones de pericia y su arrojo juveniles trataron de alcanzar la correspondencia de su amor. No lo consiguieron. Muchos, al no alcanzarlo, se suicidaron. Sólo dos jóvenes lugareños consiguieron la esperanza de la promesa futura.

Como ella no se decidiera por ninguno de los enamorados se sumó en una tristeza grande. No quería ofender a quien no fuera elegido. Así las cosas, los pretendientes, uno de Antapirca y el otro de Wanrin, comprendiendo el doloroso dilema que se le había formado a la chica, decidieron, en un marco de estricta caballerosidad campesina, realizar una dura y arriesgadísima prueba que decidiría cuál sería el ganador y, por ende, el que desposaría a la linda mujer.

La prueba consistiría en que cada uno llevaría sobre sus espaldas un saco de frejoles a las espaldas además de dos calabazas en sendos brazos. Quien llegara primero a la cumbre del cerro Mollín, sería el ganador. El de Wanrin partiría desde Wanchuy Pampa –amplio paraje cubierto de arbustos de frutos duros y redondos llamados wanchuy- hasta coronar la cima de Mollín. El de Antapirca, llevando igual carga, partiría desde Ninailacq –río que cuando riela con el viento da la impresión de que arrojara candela, de ahí su nombre- hasta coronar la cima del cerro Mollín.

Y partieron.

Estimulados por la hermosa perspectiva de desposar a la guapa aborigen, comenzaron a subir y cuando ya había llegado más o menos a la mitad –cada uno por su ruta- comenzaron a sentir los estragos del esfuerzo. Brazos y piernas casi agarrotados no les permitía la cómoda ascensión. El mozo de Antapirca, desesperado por una sed abrazadora, con los labios hinchados y el corazón desbocándole en sus pulsos, al no poder soportar más la sed inclemente, aplicó un furibundo puñetazo sobre el suelo y al momento brotó del lugar, abundante agua fresca y cristalina. Desde entonces, a este lugar se le denomina Kutash. Refrescado y con más ímpetu,  siguió hacia la cumbre. En cambio el de Wanrin no tuvo igual suerte. Agotado por el esfuerzo perdió el equilibrio y su cuerpo rodó por la pendiente destrozándose completamente en el trayecto.

El único que llegó triunfante a la cumbre de Mollín fue el joven de Antapirca. Como ganador del torneo, casó con la bellísima chica y vivió muy feliz por muchos años rodeados de sus numerosos hijos.