Dionisio Rodolfo Bernal Rojas

atardecer en cerro de pasco - Homer Nieto
“Atardecer en el Cerro de Pasco” – fotografía de Homer Nieto.

Escritor, folclorólogo y diplomático peruano nació en la ciudad del Cerro de Pasco el 12 de agosto de 1917. Hijo de don Román Bernal Blanco y doña Natividad Rojas, ambos nacidos en el Cerro de Pasco. Su abuelo, don Dionisio Bernal, fue capitán de navío de la Armada Española. A él le dedica su obra cumbre con el siguiente tenor:

            A don Dionisio Bernal, mi abuelo, Capitán de Navío de la Real Armada Española; andaluz y chapeta obstinado, aventurero y Gran Señor de Minas, Patrón de Muleros.

            A mi padre, que desde temprana edad me enseñó con el ejemplo, a ser hombre. A mi suelo natal, que me dio el aliento, y a los Clubes Carnavalescos de Pasco y a los cantores y músicos populares de toda la Región Central del Perú. 

Sus estudios primarios los realizó en nuestra vieja Escuela de Patarcocha cuando todavía era Municipal donde se gestó sus notables aptitudes literarias. De muy niño participó en las comparsas carnavalescas nutriéndose con aquellas vivas demostraciones de entusiasmo popular. Al concluir sus estudios primarios decide marchar a la capital. El día de su partida, los diarios locales  publicaron unos versos muy expresivos en los que hacía notar su tremenda congoja por el alejamiento involuntario del lar nativo.

Ya en Lima realiza una serie de trabajos para sobrevivir. Felizmente, por esos días, encuentra el apoyo del músico don Ricardo Arbe que lo acoge en su domicilio. Posteriormente ingresa en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe donde demuestra sus inquietudes y aficiones al editar la revista VERDAD Y ESFUERZO. Más tarde, otras publicaciones más. Su vehemencia juvenil, le hace escribir notas rebeldes que estuvieron a punto de causar su expulsión del Colegio, por esta razón tuvo que terminar sus estudios en el Colegio Modelo donde edita la Revista del Colegio. Concluidos sus estudios secundarios ingresa en la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos donde convoca a un grupo de jóvenes emprendedores con los que edita la Revista LOS NUEVOS. En el ámbito periodístico, tuvo prolífica creación que publicó, “El Comercio”, “La Prensa” y “La Crónica” de Lima; “Altura” de Huancayo; “El País” de Montevideo; “la Prensa” y “El Sexto Continente” de Buenos Aires.

Inmerso en el mundo del Ministerio de Relaciones Exteriores su labor diplomática es también nutrida. Se desempeñó como Cónsul General del Perú en Bolivia, Japón, Chile y Estados Unidos de Norteamérica donde difundió sus trabajos folclóricos haciendo conocer sus investigaciones acerca de la música cerreña.

Concluidos sus estudios de Folclore en Argentina, escribe en 1947 su obra principal: LA MULIZA CERREÑA, en la que formula una tesis muy interesante sobre la creación cerreña, alcanzando el aplauso  de muchos estudiosos. Mereció elogios del musicólogo Carlos Vega y del folclorólogo Juan Alfonso Carrizo.

LA PRENSA de Buenos Aires en su edición de 25 de enero de 1948 dice refiriéndose a su libro:

            “El tradicionalista peruano Dionisio Rodolfo Bernal, autor de varios trabajos sobre el folklore de su país, ha publicado en Lima, “La Muliza Cerreña”, estudio sobre un género de canción peruana en su modalidad regional del Cerro de Pasco”

            “El autor afirma que la muliza deriva del Zegel, canción de amor española, cuyo origen es, acaso, asiático y es seguramente musulmán, presentándose a la primera como tradicionalmente hispánica y cristiana, traída al Perú por los invasores, siglos atrás”.

            “El folklore de un pueblo no es nunca de una absoluta pureza, pues continuas invasiones y migraciones y constantes influjos culturales foráneos introducen en la poesía y la música popular y culta diversos elementos que el genio de la raza transfigura al amoldarlos a sus características espirituales y estas son las que forman la tradición folklórica de un país y no los aportes extranjeros vinieren de donde vinieren”.

            “El meritorio trabajo de Bernal confirma este aserto, pues las numerosas piezas poéticas del Carnaval del Cerro de Pasco transcriptas por aquel, son del romanticismo, de origen europeo, que predominó en nuestra América en el siglo pasado y los números musicales que ofrece el autor son indígenas o mestizos” (LA PRENSA, de Buenos Aires, 25 de enero de 1948).

Finalmente, consignamos parte de una interesante carta que le hace llegar el célebre Juan Alfonso Carrizo, indiscutible autoridad argentina del folklore, en la que le dice:

            Lo felicito, amigo Bernal, por su “Muliza”; ha recuperado usted un material valioso que irremisiblemente se hubiera perdido. El estudio preliminar, diestramente construido, es interesante y testimonio a la vez de una dedicación que tiende a hacerse más rigurosa, a ahondar más el complejo tema de la poesía popular. Después de felicitarlo por su libro, no quiero dejar de expresarle que me llenará de satisfacción conocer que en sus próximos trabajos usted se ceñirá a lo estrictamente folklórico, es decir lo popular, tradicional y anónimo, deslindando definitivamente el material, que, por ejemplo en su estudio reciente combina orígenes; algunas piezas son realmente folklóricas, anónimas y otras, muchas, producto de versificadores conocidos y contemporáneos, cuya simpática obra no puede sin embargo pertenecer a los objetos que estudia el folklore. Créame distinguido amigo que su labor asumirá cada vez mayor importancia si usted evita lo que es ya un error corriente entre muchísimos e inteligentes escritores americanos y el producto de una falacia teórica: la identificación de lo popular con lo folklórico.

                                                           Juan Alfonso Carrizo.

Ya de vuelta en Lima, escribe una nota necrológica referente a la muerte de Ricardo Peña Barrenechea –inquieto y muy modesto poeta cerreño- y se publica en la revista CENTRO que editaban Ambrosio Casquero y Leoncio Lugo.

SOLLOZOS POR LA MUERTE DE RICARDO PEÑA BARRENECHEA.

¡Ay! Ricardo, cómo duele tu partida, pensamos que estar en el blanco cielo, meditando hacer poesía o entenderte con los ángeles en coros; organizando pascanas de pintura. ¡Ay Ricardo! cómo nos dejas en un mundo sin dignidad y altura. Cómo duele tu partida, sabemos que nos llevas la delantera, que tu presencia en el camino azul del cielo, será anticipo de bondad en ella.  Fuiste íntegramente bueno, diamantinamente humano y hoy, que nos falta tu presencia, acaso si el sollozo arranca lagos del cristal de nuestros ojos, y una pena que como camino viaja de nuestro corazón al tuyo. 

            Ay tu pena de atormentado a lo Van Gogh, de tu vida sencilla, altamente digna, que por senderos de la sierra colmaste a los hombres y naturaleza de un encanto y bondad sin igual. 

            Ay, cómo nos duele tu partida, sin avisos, sin anuncios y sin las estridencias de los que nada valen; hay en ella, una benedictina paciencia, una desolada y buscada muerte; !Ay! la muerte que todo lo trunca, que todo lo enciende para las albas del cielo y de la luz ignota. 

            En vida fuiste, humanamente sencillo, te prodigaste para la dignidad humana, como para que tu muerte alcanzara esos contornos.

            !Ay!, qué digno destino el tuyo, el de todos los grandes que alcanzarán la grandeza del alma y un asidero en el cielo inamovible de la inmortalidad. Los que fuimos tus amigos, los que te tratamos en la intimidad, sentimos tu partida, tú nos previste, ay cuando viajabas enfermo a tu destierro, a tu soledad, al sendero de tu largo camino, del que no volverás. 

            Para nosotros no has muerto, porque quien tan señera presencia tuvo en la tierra, su muerte física es acaso un accidente de su inmortalidad. 

            Ya que tu presencia física no nos prodigará esa bondad que supiste infundirnos, esa irónica palabra que de tus labios florecían como amapolas, como palomas, como rosas del cielo. 

            Ya no tendremos tu mano franca, que nos extendías, sin resabios, sin intenciones de segundo orden, sin temor estudiado y por sobre todo la franqueza que da la grandeza y la sobriedad de una alta vida. 

            Ay, Ricardo, cómo nos duele tu partida; nuestra soledad sin tu presencia es tediosa, desolada, sin aliento para ser vivida, ni encanto para ser sentida. 

            Te fuiste como “amante tímida y pálida” del bosque de la vida; partiste dejando a la jauría humana que se despedaza, seguro que allá en tu nueva morada, “Despertarás en la noche blanca” “dormida en la luz del día”. Allá dirás “Fui yo quien bebí de  tus ojos” “Llenos de melancolía”. A pesar de tu partida prematura nos conforta tu nuevo cielo en la que “Soñarás lámparas graves” y estarás con “los ángeles desnudos “que hacia el bosque iban” “con los cabellos al aire” y “la piel desvanecida” (1939).

Por aquellos años conoce a la señorita Alejandrina Ugaz Martínez, con la que contrae matrimonio y tiene una hija, la señorita Carmen Bernal Ugaz.

Simultáneamente a la difusión de sus trabajos de investigación folclórica que se publica en varios diarios, ingresa en el servicio diplomático como secretario de protocolo. De 1956 a 1959, es cónsul del Perú en Copacabana, Bolivia. De 1959 a 1964, es trasladado a Chile. En 1969, desempeña el cargo de cónsul del Perú, en  Kobe. Su desempeño es excelente, permaneciendo hasta 1972. De 1972 a 1975, es el cónsul del Perú en Nueva Orleáns, Estados Unidos de Norteamérica.

Víctima de una afección cardiaca, falleció el 8 de agosto de 1982.

 

 

 

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Esther Moreno Alcoser

FloresSabemos que era una gran maestra. Los periódicos que publicaron su producción poética no dicen nada respecto de su vida. Sin embargo es necesario indicar que ha sido una de las más notables poetas que ha dado la ciudad minera. Su supo que había contraído nupcias con un señor Núñez porque la segunda etapa de su producción, firma con el nombre Esther Moreno de Núñez. Al final supimos que estuvo profesando en Paucartambo. Sólo estamos enterados de que actualmente es maestra jubilada y pertenece a ANCIJE, donde sigue cultivando su magnífica calidad artística. El que lo puso en la palestra y la hizo conocer en nuestra tierra fue Armando Casquero Alcántara quien, en forma extraordinaria, la presenta en «El Minero». Ella en retribución, le dedica el siguiente poema, de verdad, emotivo y delicado como toda su producción.

EL SALÓN VACÍO

 (Para Armando Casquero A. en gratitud a sus versos).

 Sentada en el pupitre, los ojos enclavados,

en el vacío profundo que envuelve a mi salón,

contemplo con tristeza los bancos desolados,

donde ya no hay canciones, ni risas, ni ilusión.

 

Melancólicas se hallan las ventanas cerradas,

sólo torres de libros guardan desde hace días,

como guarda el florero las dalias marchitadas

que a Jesús ofrecieron esos chiquillos míos.

 

Allí están las carpetas silenciosas, llorando

gotas de obscura tinta que alguien ha derramado,

allí están las pizarras ilegibles mostrando,

el último problema que nadie lo ha borrado.

 

En la pared los mapas inmóviles añoran

esos ojos que otrora buscaban algún puerto..

lago, provincia o rio; empolvados deploran

la ausencia de esas flores que engalanó mi huerto.

 

Umbroso quedó el nido porque esas avecillas,

al irse se llevaron los trinos y la luz,…

Aguardando el retorno de esas almas sencillas,

pensativos estamos. Corazón de Jesús

 Cerro de Pasco. 1 de enero de 1946.

 

ÁRBOL ESTÉRIL

 ¡Cuánta amargura tu existencia expresa!

con tus brazos nudosos v torcidos,

que al espacio se tienden doloridos;

eres mendigo que llorando reza..!.

 

Sé que no ha dado ni una flor, ni un fruto,

¡Árbol comprendo tu tragedia inmensa…!

¡Ay de los hombres, la arboleda extensa

viéndote a tí, con más afán escruto.

 

Y veo a lado que fecundos seres.

Muchos braws, cerebros, corazones

que han dado sólo espinas y baldones…

 

Consuélate árbol que malvado no eres,

diste al viajero la sombra de tus ramas,

y a los hogares ya les darás tu leña…!.

 Cerro de Pasco 23 de diciembre de 1946.

 

ÁRBOL FECUNDO

 Tú comprendes amor, lucha y belleza,

tanto amor a los hombres y a los nidos,

porque en ellos cuajóse tu grandeza

en rubíes y topacios encendidos.

 

Luchaste con la furia de los vientos,

con los azotes de inclemente helada

y también con los seres avarientos

que todo te pidieron sin darte nada.

 

Diste a aquellos buenos peregrinos

que se mueren se sed por los caminos,

el agua celestial de tu belleza.

 

Y sigue todavía árbol fecundo

derramando tus frutos por el mundo,

como los hombres que piensan y sienten.

Las fiestas carnavalescas -lo hemos dicho- tuvieron enorme repercusión en la vida urbana de nuestro pueblo. Músicos y poetas en fraternal competencia se disputaban las preferencias de la comunidad cerreña. Esther Moreno Alcóser, entonces maestra militante, publica en «El Minero» un poema en homenaje a la reina de la ciudad, señorita Palmira Arrieta. Es el siguiente:

A PALMIRA ARRIETA

 Rostro suave como luz de luna

sencillo y dulce cual su propia cuna.

Candorosas pupilas,

como las transparentes auras lilas.

Blanca cabellera ondeada

como fina cascada

de agua que baja de las cimas

mientras el viento se deshace en rimas…

Gentil silueta de flexible talle,

que floreciendo, el frío terruño lo convierte en valle.

 

Y dentro de este bello estuche: Tu figura,

está la joya de tu alma noble y pura.

Eres una bestal del sol que muy modesta,

después de larga, larga siesta,

alzaste tu rostro sonrosado,

cuando tu pueblo despertó encantado…

 

Pero ya no tendrás palacios de oro,

ni siquiera el tesoro

de la orfebrería,

que imperan en los modernos días.

Mas, tendrás la ofrenda de la tierra

que en el nido de plata de la sierra.

 

El cóndor con su vuelo majestuoso,

te traerá el saludo del ande silencioso.

Las nieves te darán su albura,

el Chinchaycocha su límpida ternura,

el Mantaro su estrofa cristalina,

 

Y las pampas su alfombra esmeraldina:

las llamas y las vicuñas de mirada queda,

con sus pieles abrigará tu pie de seda.

En sus chocas los amantas

te ofrendarán las notas de sus flautas.

 

En las entrañas de la tierra los mineros,

de brazos fuertes y espíritu sincero,

con sus herramientas formarán orquesta,

que dará su cántico de fiesta

y yo, que sólo tengo ensueños

a tí. Oh genial Palmira,

ofrezco los sencillos acordes de mi lira.

Con motivo de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, nuestra poeta escribe los siguientes versos:

ORACIÓN DE PAZ

 La tierra nuevamente se viste de fuego,

que ensañados prendieron los seres inhumanos,

ya no atienden sollozos, alaridos ni ruegos,

y furiosos se matan entre humanos.

 

Señor, Rey de Reyes, Bien de los bienes

¿Por qué otra vez los hombres vuelven a ser chacales;

la corona de espinas que rompieron tus sienes,

no han sido suficientes para lavar sus males.

 

¡Señor: ¿Para qué sirven las humanas sapiencias…?

¡Señor: ¿Cuál es el fruto de sus geniales inventos…?

¿Para qué cultivaron con tanto afán las ciencias

si al fin han de emplearlos para martirios cruentos…!

 

La tragedia pasada se olvidan las naciones,

ha transcurrido apenas una tregua letal

para que despierten homicidas pasiones,

y para que renazcan sembradores del mal.

 

Y oirá vez se levantan las crueles llamaradas

que atizan los espectros de enviadas, de rencores,

de ambiciones bastardas que rugen alocadas

llenando las trincheras de sanare y estertores.

 

¡Señor, Señor, apaga la diabólica hoguera

do esta quemando el mundo sus tesoros mejores!.

¡Aplaca de los hombres ese instinto defiera

que es negro corolario de todos los colores…!.

Señor, tú eres grande, tú todo lo puedes

las que inventan los sabios una gran medicina

para sanar conciencias, para cortarlas redes

de amarguras que tejen las manos de la inquina…

 

Que los químicos nos den a todas las virtudes

en la magna cubeta del AMOR INFINITO,

para que se terminen los sangrantes aludes.

que a millones de hogares de la PAZ han proscrito !.

 

Permíteles que inventen inventen alguna paz, milagrosa

que borren los idiomas esa palabra : guerra;

permite que fabriquen, un juego poderoso

para lavar las manchas abyectas de la tierra…!

 

Tal vez estoy pidiendo, ¡Señor!, una utopía,

tal vez. mi gran anhelo, ¡Señor!, es gran locura.

pero ¿quién, la horda infame derribar lograría?

¿Quién si no de tus ojos la sublime dulzura?.

 

¡Por la queja indecible de madrecitas tantas,

por aquellas ciudades. Señor, que se destruyen

¡Piedad, piedad, te imploro, derramando a tus plantas

mi corazón, mi vida, que en llantos se diluyen…!

 

¡Por los blancos cabellos de las ancianas benditas!.

¡Por el joven soldado, mutilado y doliente!.

¡Por los ojos de aurora del niño que dormita,

en la celeste cuna de esperanza luciente…!.

 

¡Por los jóvenes novios que tienen en el pecho,

los sueños e ilusiones como jilgueros yertos,

por los padres que tienen el corazón desliedlo,

sabiendo a sus retoños agónicos o muertos..!

 

Yo, Señor te prometo, que he de andar predicando

por todos los caminos, tu EVANGELIO sin par

hasta el fin de mi vida: yo iré peregrinando,

enseñando a los hombres a AMAR Y PERDONAR…!

 Esther Moreno Alcoser (EMA).

 

DESPUÉS DEL VIERNES SANTO

 Luego de lanzar el último suspiro,

inclinó la cabeza el moribundo;

el Divino Rabí, cuyo DELITO

fue sólo AMAR Y PERDONAR al mundo.

Expiró con los brazos extendidos

y desplegó la oscuridad tremenda,

para cubrir los brazos pervertidos

que consumaban la tragedia horrenda.

 

Tembló la tierra, los peñasco se hundieron,

de sus tumbas alzáronse los muertos

y los hombres apenas entendieron.

 

¿Las tinieblas del Colgóla han pasado?

¡No!…Te plegaron ya los brazos yertos?

¡No!… vas sangrando por el mundo helado…!

 

Heredes sigue degollando infantes,

traicionando al Maestro sigue Judas;

y como Pedros hay todavía muchos,

quienes le niegan en las horas rudas

 

Caifás sigue todavía imperando

y seres inocentes condenando,

y el mal ladrón, de boca tan impía

aún va, por los caminos, blasfemando,,,!

 

Longinos está hiriendo con su lanza

en la cruz de sus propias delincuencias

¡La humanidad está crucificada…!

 

¡Señor, señor!, permite que a las cimas

de la FE lleguen todas las conciencias

y contritas, te imploren como Dimas…!

 

CRÓNICA DE UNA TRAICIÓN (Por: Melanio Zambrano Requiz)

pluma-y-libros-01Este es uno de los principales trabajos presentados al “Primer Encuentro Municipal de Literatura BELLAS LETRAS que durante su gobierno en la municipalidad de Yanacancha efectuara la Alcaldesa, señora Amanda López Gamarra. Es a no dudarlo un invalorable aporte al progreso de nuestra literatura. En cuanto al trabajo en sí, pertenece a Melanio Zambrano Requiz que, con un acierto extraordinario nos habla de la realización de un acto de traición laboral.

La crónica es, como se ha establecido, la hija incestuosa de la historia y la literatura. Existe desde mucho antes que el periodismo. Nació de la voluntad de narrar y comprender el mundo, dando información. Así los cronistas que nos han contado la conquista del Perú y América, como Cieza de León, Pedro Pizarro y Bernal Díaz del Castillo, fueron testigos y protagonistas de los hechos que narraron. El cronista es testigo y no mero recopilador o transmisor de datos. Lo  que el cronista nos alcanza, es información de primera mano, muy útil y valiosa.

Hechos estos deslindes y dentro de la pluralidad de conceptos, encontramos: “Crónica de una nostalgia caminante” que nos ubica en el escenario de la Compañía Minera Brocal S.A., de Colquijirca, en un lapso que comienza en marzo con simples rumores y en agosto, ha alcanzado dimensiones verdaderamente dramáticas: La Empresa hace conocer al Sindicato su decisión de eliminar las secciones de Operaciones Tajo y la de Mantenimiento, con 150 hombres a su servicio, “porque le genera pérdidas cuantiosas e irrecuperables”. Aquí es cuando  la crónica relata los ribetes dramáticos de tres días previos a la navidad del 2001 “que va a ser muy triste y diferente a las demás”.

El lunes -primer día de la contienda- el Sindicato de Obreros y la Compañía rompen relaciones porque, pese a las contraofertas, ésta mantiene su decisión de cancelar las dos secciones. Entonces los obreros optan por unirse al Sindicato de Huaraucaca.

El martes, con verdadera sorpresa, se toma conocimiento de que la autoridad regional de Trabajo ha declarado “infundada” la huelga minera. La Empresa, como proponiendo una solución viable, anuncia que ambas secciones serían administradas por los “Services” (Organismos de explotación donde los hombres trabajan diez o más horas con sueldos de hambre y sin derechos que los amparen). Han intervenido para esta conclusión, diversos organismos que, lejos de prestar su apoyo a la clase trabajadora, coadyuva  con la empresa para desestimar la huelga minera. Como colofón de este “triunfo” de la empresa, se realiza una reunión de confraternidad con asistencia del Gobierno Regional, Juez de Trabajo, Fiscal, Jefes policiales, congresistas y demás autoridades. Aquí, el cronista, nos revela la presencia del infaltable personaje que actúa en estas transacciones, el asolapado traidor, el Judas que nunca falta en los dramas de la lucha laboral del país. En una bien lograda dramatización, nos pone a la vista a este felón, el alcahuete que sibilinamente saca informaciones del plan de lucha de sus compañeros para “soplar” a sus compradores. Como no podía ser de otra manera, desfilan también los otros minúsculos comediantes que sacando ventaja de sus ubicaciones directrices, se llevan “recompensas” apreciables de la empresa. Como contraparte de esta realidad, la tierna esperanza del niño que aguarda su bicicleta, en acertada pincelada de ternura.

El miércoles, triunfa la intriga y la traición. Cinco dirigentes, olvidando el espíritu de cuerpo de la masa, “se salvan” de la destitución, los otros 145 compañeros suyos, son despedidos.

El jueves, al salir publicadas las listas –indignación general- se realiza la sangrienta reprimenda policial originada por infiltrados que la empresa ha ubicado para provocar la salvaje represión contra hombres, mujeres y niños. No obstante la oposición, se cancelaron las secciones y se declaró disuelto el Sindicato. Sospechosamente, los dirigentes de la “Comisión Negociadora” siguen trabajando hasta estos días. Ninguno fue despedido.

Esta crónica de Marcos E. Talavera Castillo, es un valioso aporte al conocimiento de nuestra conciencia laboral. Es un acierto. ¡Cuánta falta nos hace este tipo de crónicas! Bienvenido, Marcos, a esta incomprendida tarea de escribir. Sigue haciéndolo. Necesitamos desenmascarar a tanto traidor. A aquellos “pendejitos” de “floro” alucinante, acomodaticios como las cucarachas, arribistas, como las serpientes, que pasean su deplorable humanidad entre gente honrada y trabajadora.

En “Testimonio de Héctor Chacón” (El Nictálope), el cronista, asedia la biografía del personaje al que apodaban, “Ladrón de Caballos”, para decirnos que desde sus primeros años cuando era “huacchillero” se convierte en audaz abigeo que concita la ira de los hacendados que al final lo apresan. Con una finalidad reivindicativa muy plausible, se auto inculpa de todos los delitos con el fin de que sus coterráneos logren la recuperación de las tierras que les habían arrebatado, eliminando por los medios más convenientes, el abuso que era el pan de cada día en las comunidades. Agapito Robles Broncano –fulgurante personaje de la obra de Scorza-, es el comunero que recibe directamente esta responsabilidad. A continuación nos relata sus aventuras llenas de acción sorprendente con la participación de Magno Chacón, Ángel Solidoro, Callito Ampudia y otros personajes menores, hasta que su hija Juana Chacón Morales, le tiende una trampa y lo entrega a la policía. Entretanto, el 27 de agosto de 1961, Agapito Robles Broncano, cumple su palabra y realiza la invasión de la hacienda de Huarautambo. Chacón es enviado, primero al Frontón y luego al Sepa, condenado a 16 años de reclusión.

La parte siguiente lo constituye, “Lo que la prensa habló de Héctor Chacón Requiz” en la que se relata el indulto que otorga a 216 presos el Gobierno Revolucionario de aquella época, entre ellos a Chacón, (Expreso). Aquí se nos hace conocer los pormenores de su estadía en prisión y las anécdotas que en esos momentos se producen. Luego viene un reportaje de Guillermo Thorndike, en todo caso, información que abona la epopeya que en la saga de los cinco libros de la “Guerra Silenciosa” Manuel Scorza nos dejó como preciado homenaje a la grandeza campesina de Pasco. Y “El extraño caso del autor que encontró a su personaje” por Luis Sánchez Espinar, finaliza este cuadro en torno al personaje de “Redoble por Rancas”. Los que hemos leído los comentarios y críticas de la extraordinaria obra de Manuel Scorza -con quien conversamos muchas veces mientras duró su estada en nuestra ciudad-  conocemos de  su acierto al pintar con un arte notable todas las peripecias de la lucha campesina en el Perú y, felicitamos por haber seleccionado los temas que abonan el conocimiento de nuestra realidad.

Cerrando este manojo de trabajos, encontramos la “crónica” de Melanio Zambrano Requiz, “nacido entre el maizal antapirqueño, con musas florecidas como la flor de la cantuta, trinitaria, amancay, chiwanway” que nos alcanza un hermoso florilegio de Antapirca, nudo y base de la nación Tsantsa, comenzando por su ubicación geográfica, política, límites, clima, relieve y topónimos, para luego –con mucho acierto- referir su fundación franciscana, sus barrios tradicionales, fiestas, comidas típicas, producción agraria. Termina la primera parte con la relación de sus restos arqueológicos, pinturas rupestres, monumentos coloniales, huacas, etc. La segunda parte del trabajo lo ocupa la danza pastoril del epígrafe, es decir “La pastora niño fiesta navidad”, que se inicia el 23 de diciembre y sigue con indescriptible alegría hasta el 27. Este relato animado con un lenguaje coloquial, resulta muy dulce y ameno. Un acierto del autor que, apartándose de los cánones de la crónica, ya en terrenos de la monografía, nos regala con deliciosa pintura del hermoso pueblo antapirqueño. En su anexo correspondiente vemos la detallada coreografía de la danza que es ya patrimonio nacional.

Con este manojo de creaciones hemos degustado -¡Qué duda cabe!- la nobleza de nuestros valores, por ello felicitamos a los participantes y, sobre todo, a la Alcaldesa  de Yanacancha, señora Amanda López Gamarra por el acierto que ha tenido de organizar este Primer Encuentro Municipal de Literatura BELLAS LETRAS, un invalorable aporte al progreso de nuestra literatura.

 

 

AMBROSIO CASQUERO DIANDERAS Nuestro poeta mejor

Nació el 4 de abril de 1898 en el Cerro de Pasco. Sus padres fueron don Florencio Casquero Castro y doña Lidia Dianderas Urbina. Fue inscrito en el registro municipal con el nombre de Ambrosio Isidoro Casquero Dianderas, pero más tarde, él por propia decisión, en ejercicio de su plena juventud, decide firmar con una W, en lugar de su segundo nombre. Era la manera de rendir su homenaje al escritor norteamericano que había alimentado sus sueños de niño: Washington Irving.

Las primeras letras que lo ponen en los umbrales de la inquietud, las recibe en el «Liceo Cerreño», escuelita particular que regentaba el maestro,  Antonio Martínez. Su formación es eminentemente romántica. Ha leído ávidamente a los grandes de la Edad de Oro, pero también a Espronceda, Bécquer, Zorrilla, Campoamor, Gabriel y Galán, Núñez de Arce y las traducciones de Balzac, Víctor Hugo, Dumas, Irving, Lamartine, Flaubert, Poe, Zola, Dostoievski, Goethe,… Sus inquietudes poéticas, no obstante, están encaminadas a descubrir el hermoso color local de sus vivencias.

Canta al amor con todas sus implicancias; a la noche con sus inextricables misterios; a la muerte que le arrebata a amigos, padres, hermana; a las ruinas que comienzan a adueñarse de calles y callejones del Cerro de Pasco. Se convierte en un meditativo contemplador de todo lo que lo rodea. Taciturno y misterioso revela en sus versos toda la tristeza y angustia que ahoga su espíritu inconforme.

Ambrosio vivió con estremecedora intensidad. Estuvo en las dulces y etéreas regiones del amor y la creación y luego descendió a los mundos más negros y atroces. Fue un hombre bondadoso y sensible; extremadamente sensible que pagó un caro tributo a la vida. A su pueblo que tanto quiso le fue dando, primero, lo mejor de su juventud: sus versos; lo mejor de su esfuerzo y experiencia, como periodista, como pintor, como escritor, como compositor, como maestro, como bohemio. A su pueblo le fue dando pedazo a pedazo su corazón y su vida, y su pueblo, ingrato y olvidadizo, sepultó su voz con sus despojos. El murió el 28 de mayo de 1942. Hasta ahora, su tumba, sin inscripción alguna es conocida sólo por los que estuvieron muy cerca de su alma.

 De ese inmenso manojo de versos que nos ha dejado, reproducimos éste:

muchacha andina

         LA MUCHACHA DE MI PUEBLO

 Atrae su belleza de indígena morena,

que cantarle un poema de emoción me concita

la muchacha del pueblo, que es como suena:

por sensual toda ardiente, pero sí, «calladita».

 

Los mozos la persiguen. Empero quisiera ella

esa forma de vida con que la mujer sueña:

una mirada tierna, con fulgores de estrella.

y una palabra buena, muy dulce por sedeña…

 

Cuando su confidente, el rio sonoroso.

escucha sus suspiros, se hace más armonioso

en su canción galante, mientras ella «macea».

 

Y en sus silencios locos de ardientes desvaríos,

como ensoñando rosas, es vestal que desea

todo un hombre soberbio, masculino de bríos

AMBROSIO W. CASQUERO Escritura fundacional de la Literatura Pasqueña Por Ángel Garrido Espinoza

Nos es muy grato incluir el excelente trabajo de nuestro admirado poeta Ángel Garrido Espinoza, publicado en el Nº 19 de noviembre de 1994, (pág. 32) de la revista VISION PASQUEÑA.

Ambrosio CasqueroSilenciado en la lejanía del tiempo y del olvido, Ambrosio W. Casquero Dianderas es el escritor pasqueño más completo de la primera mitad del siglo XX, y una de las voces poéticas mayores del Centro andino. De una vida intensa y desgarradora en la lucha por la supervivencia y el oficio de escribir, desde muy joven hasta sus últimos días, alterna el ejercicio de la docencia con sus oficios del periodismo y la literatura. Poeta en todo el sentido cabal de la palabra, su obra literaria discurre entre 1914 – 1942 desde los 15 hasta los 44 años de edad, en los cuales escribe más de 20 libros, que comprenden libros de poesía, prosa poética, ensayos, cuentos y novelas, todos inéditos hasta ahora, y que se conservan en cuadernos y libros artesanales cocidos a mano, manuscritos a pluma, tinta y lápiz, e ilustrados con dibujos, por el arte genial de sus manos.

Revelar su vida y su obra, ambas todavía inéditas hasta ahora, era revelar la historia fundacional de la Literatura Pasqueña, cuya escritura, preludiada por publicaciones poéticas y narrativas de escritores no-pasqueños radicados en la Ciudad Real de Minas y difundidos n los periódicos cerreños de la época, estimulados por el consiente colectivo de la oralidad andina cosmogónica y por una escritura folklórica de huaynos, mulizas y chimaychas, se inicia (hasta donde hemos podido verificar a estas alturas de nuestras investigaciones) precisamente con Ambrosio Casquero, el año de 1915, que registra, con poemas que le publica EL TRABAJO de Cerro de Pasco, al primer escritor pasqueño que publica literatura formalmente concebida (en este caso poesía) durante el presente siglo. En efecto, a partir de 1915 hacia adelante, nuestro poeta publica, año tras año, , consecutiva y consecuentemente hasta 1842, en más de 50 periódicos y revistas de Cerro de Pasco, de las ciudades más importantes del Centro andino del país y del extranjero, sus poemas en verso y en prosa, sus cuentos, ensayos y artículos periodísticos.

En vida pública sólo dos libros de poesía EL SENDERO ILUMINADO (1938) y VOZ DEL ANDE Y OTRAS VOCES (1940). Este último formó parte, según sueltos y comentarios que registra el periódico cerreño “El Minero” en junio/ julio 40, del libro inédito DE ESTAS TIERRAS ALTAS  (1934) ya conocido entonces en todo el Centro andino y Latinoamérica sin todavía haberse publicado y  cuyo prólogo fue escrito por el poeta jaujino Clodoaldo Alberto Espinoza Bravo fue publicado en México y Argentina, en 1934. Su obra poética iniciada en los sonetizares clásicos de estructura Petrarquista, transitó desde un moderno “romanticista”, Chocanesco y Rubendariano, pasando por diferentes escuelas y movimientos de vanguardia de los “10” hasta el “30” hasta el futurismo posmodernista(a lo Valdelomar) y el indigenismo del “20” al “40”, enrostrándose en su madurez, en la creación, desarrollo y difusión de una literatura y poesía nueva. LA MINERA. ALTERNANDO por  oficio de su maestría el soneto con una poesía de verso libre, vital y tonificante, a loa Walt Withman y Juan Parra del Riego, en un discurso poético y narrativo de matizada mixtura, cuyas constantes expresivas refieren al universo andino, minero y marginal del universo social pasqueño y expresan no sólo una escritura fundacional de la Literatura Pasqueña sino manifiesta y proyectan sus constantes caracterológicas hoy y desarrolladas y claramente expresas y análogamente significan una escritura fundacional de la literatura (y minera) del Centro andino y del país.

En las Bodas de Oro de nuestro departamento, como la mejor manera literaria de rendirle nuestro Homenaje, al movimiento hora cero Región Centro andino, publicamos el  un poema inédito rescatándolo de la omisión y el olvido, configurando así la Identidad Cultural y Literaria del departamento de Pasco.

 Romance luminoso del minero

(Fragmentos)

Era en las minas… y las zonas

de éstas, oscuras y profundas,

frígidas, cálidas o  tibias

-pocos hombres la conocen-

me ofrendaron todos lo tóxicos

Y aquí ya veis esta “seca

Tos”, que no me deja…

Tenaz, impertérrita y mordiente

Un palpo me da con sus fríos,

Hasta promediarse mi vida,

Y ya ubicarse en la antesala

Del reino oscuro de la muerte…

 

Lúgubres horas… evocares

De bombardas violentas, fieras,

Humo azuloso en las “fronteras”,

Candil de lamparín muriente,

Hombres que huyen a agazaparse

A un escondrijo cualesquiera,

Descargas violentas, descargas

eléctricas, instantáneas,

rompiendo entrañas del subsuelo.

Yo lo evoco. Sí, yo lo evoco:

Es la existencia de las minas.

(Del libro inédito CANCIÓN DEL MINERO

Y OTROS POEMAS, Cerro de Pasco 1935)

 Perdónenme por tomarme la libertad de hacer una reminiscencia respecto del momento en que se sepultaban los restos de nuestro excelso poeta.

El pueblo conmovido, muy conmovido, asistía a las exequias. En ese momento, por consenso, se pensó que sus restos debían descansar en una tumba especial como las que su padre había tallado en nuestro camposanto; aquel artista olvidado que en piedra viva había erigido el monumento a la Columna Pasco y muchos mausoleos emblemáticos que adornaban nuestro cementerio. A la espera de los proyectos, se los depositó en un nicho provisorio mientras durare la elección el mausoleo que la majestad de su talento creador merecía. A la espera de esta concreción se lo dejó ahí. El panteonero, en un gesto de piedad, como previendo lo que ocurriría finalmente, con una brocha estampó las letras A.W.C.D; los demás datos se completarían en la bendición e inauguración del mausoleo.

Así fueron transcurriendo muchos años. Las lluvias, los soles esteparios, el abandono y el olvido fueron borrando las letras. Las autoridades y los hombres de entonces envejecieron o se marcharon o murieron; el caso es que el mausoleo nunca se construyó. El olvido y la ingratitud hicieron el resto.

Por si alguien con sensibilidad quisiera hacer realidad lo que los de ayer no pudieron o no quisieron (No hemos perdido las esperanzas), su tumba está a pocos pasos de la puerta principal de nuestro cementerio. En el lado derecho de la calleja central, debajo de un robusto y añosos quinual que plantara don Gerardo Patiño López. Lo van a encontrar. Parece la tumba de un indigente pero no, allí reposan los restos del más grande poeta de nuestra tierra. Gracias.

El PREFECTO (Crónica de un magnicidio) (Tercera parte)

El prefecto 2
Ilustración del genial pintor peruano, Teodoro Núñez Ureta

Es lunes 16 de febrero de 1948. El agudo silbido del “pito” de las cuatro en punto de la tarde –hora de salida- convoca a los laboreros de talleres, oficinas y mina a la gigantesca puerta guardada por un torvo equipo de wachimanes. Más de cinco mil hombres encuentran a centenares de mujeres vociferantes que les reclaman represalia a la gravísima ofensa recibida en la cola de la mañana. Jóvenes y viejas de todos los barrios cerreños–muchas con el hijo a las espaldas- están ahí como un solo puño, haciendo espíritu de cuerpo, cansadas de ser ofendidas por el mequetrefe que gobierna la ciudad. Están hirviendo de furia. Provocadores gritos convocan para “arrojar de la ciudad ¡Al hijo de perra!”.

Los obreros  han formado impresionante torrente humano rodeando de irascibles mujeres que han estado esperando  por ellos. Reverberándole la ira en los ojos, una de ellas, sin poder contener más su emoción grita.

— ¡Hemos venido para que  nos hagan respetar!… ¡Ustedes son los hombres y deben defender nuestro honor!

—¡¡¡ Sííííí…!!! -un unísono coro de excitación mujeril respalda la denuncia- ¡Mucho tiempo hemos esperado humilladas y ofendidas, pero ustedes no han dicho nada!… ¡¿Son unas gallinas cobardes, o qué?!… ¡¿ Qué clase de cerreños son ustedes, ¿ahhhh?… ¡Ya no podemos soportar más!…¡¿Qué les pasa?!…¡Ahora es cuando!…¡¿ Son hombres, o qué…?!..¡Hablen!…Digan algo!

— ¡¡¡Sííííí…!!!, el rugido como cortante antífona de odio repercute en el coro; el oleaje mujeril se estremece, se agita, se agiganta. Gritos ofensivos se estrellan en los rostros sudorosos de los obreros –

— ¡Si no pueden, díganlo nomás!… ¡Ustedes nos entregarán sus pantalones y nosotros les daremos nuestras polleras!…¡Verán lo que se hace con ellos!…¡¿O no lo saben?!.. ¡¿O no lo saben, carajo, o no lo saben?!…¡¿Ahhhhhh?!. El trepidante coro de voces femeninas respalda la expresión del reto planteado.

— ¡Calma!… ¡calma!…- interviene el dirigente Luis Gabriel del Mazo-  Nosotros estamos tan indignados como ustedes, por eso que hemos convocado a un mitin de protesta contra el Prefecto que ya tiene el oficio haciéndole conocer  la determinación.

— ¡¿Serenidad?!…¡¿Calma?!…¡¡¡ Carajo !!!…¡Mitin, palabreo cojudo que nada conseguirá en tanto el hijo de mala madre se está cagando de risa. ¡Cojudos!, ¿Después de lo que ha hecho el hijo de perra del Prefecto?!!! -Una oleada monstruosa de voces se encrespa

— ¡¿Saben lo que ha hecho ese maldito hijo de mala madre…?!…¡¿No lo saben?! –La voz rebosante de furia, en momentos quebrada de emoción, respaldada por el rugido mujeril, relata lo acontecido- ¡Esta mañana, como nunca, la cola no avanzaba. Por más que gritábamos y empujábamos, ¡ni un paso adelante!…¡Era increíble!. ¡No avanzaba la cola! ¡Nada! –Virulentas las voces de las otras mujeres avalan con sus gritos cada gesto, cada palabra de la informante- ¡En eso dio las diez de la mañana en el reloj de la torre!…¡Diez de la mañana!…Desde la cinco de la madrugada no habíamos avanzado. Los cachacos que vigilaban la cola hacían como que no nos veían, como si no  escucharan nuestros gritos, como si no oyeran nuestras protestas!. ¡Ya era casi las once y teníamos que llevar el almuerzo a nuestros maridos que estaban trabajando…¡Dios mío!…¡Todas las mujeres estábamos como locas y el tiempo, como si se conchabara con los malditos, no dejaba de llover empapándonos de pies a cabeza. Todo estaba en contra nuestra… ¡¿Hasta cuándo vamos a soportar tanta maldad?!…¡¿Hasta cuándo, Señor?!- el rugido que acompaña a informante, unísono y sincronizado, es un coro bronco y vibrante de madres, esposas e hijas de mineros que como nadie sufren la terrible restricción y ahora se aleona cuando culmina su relato- ¡En ese momento, como mandado por el demonio, aparece ahí el maldito Prefecto; enorme, monstruoso, envuelto en su gabardina y su clavel en la solapa. Aprovechando su paso por la cola, la Luzmila Cajahuanca, salió de la fila y fue al encuentro del mal nacido. “Por favor, señor Prefecto -le dijo- haga algo por favor. Ya van a dar las once y no hemos avanzado nada en esta cola”. ¡¿Qué dices, india de mierda?! – le gritó el manganzón- ¡¿Qué dices, carajo…?!- remató lejos de atender el pedido; entonces enojada la Luzmila también gritó: “Ordene que nos vendan rápido”. Eso fue suficiente para que el mal nacido procediera a pegarle a la Luzmila como si fuera su marido… ¡Imagínense, pues, imagínense! – la multitud hierve de indignación, de rabia; la mujer ha transformado su iracundia en un sollozo de impotencia y exasperación que contagia a todos los presentes. Temblándole la rasgada voz, grita- ¡¿Cuándo se ha visto algo parecido?!…¡¿Ah?… ¡¿Cuándo?!…¡¿Dónde se ha visto algo igual?! Como si fuera poco, el maldito “yanagringo” la derribó al suelo y allí la siguió pateando, pateando…¡Maldito hijo de perra! –solloza- ¡¡ Lo peor es que la Lushmi está embarazada, embarazada!!!- Los hombres entonces no se contienen, gritan su indignación y ya muchas mujeres lloran desesperadas. -¡¿Acaso no tiene madre ese maldito?!…¡¿De dónde ha salido ese engendro,…de una burra… de una chancha?!…¡¿Qué clase de bestia es ese canalla?!… ¡En este momento la Luzmila está en el Hospital y ojalá no pierda a su hijo…!… ¿Y ustedes, qué?…¿Qué…? …¡¿Se van a quedar callados?!…¡¿Se van a meter la lengua al culo?!…¡Carajo!… ¡¿Les falta huevos o qué?! – un sollozo convulso, dramático que acompañan las otras mujeres ha roto el dique de ira general.

La masa obrera no quiere seguir escuchando más.

Puños en alto, dirigentes sindicales a la cabeza, la masa obrera como un monstruo gigantesco e imparable inicia el avance masivo hacia el centro de la ciudad.

Ya es imposible detenerlos, la muchedumbre formando una masa monstruosa avanza irrefrenable como una avalancha de nieve, rugiendo y creciendo cada vez más.

El estribillo del rugido de combate popular repetido unánime y sincronizado, es una reventazón de odio que fluye como un sordo bramido que retumba en las paredes de las calles por donde están pasando.

— ¡¿ Quién es el hambreador del pueblo…?! – pregunta el líder.

— ¡¡¡ El Prefecto !!! – grita la multitud.

— ¡¡¡ Quién es el abusivo…?!

— ¡¡¡ El Prefecto…!!!

— ¡¿Qué queremos del maldito…?!

— ¡¡¡ Que se vaya !!! … ¡¡¡Que se vaya!!!… ¡¡¡ Que se vaya !!!.

Es la rebelión de los desposeídos, de las víctimas sempiternas, de los que sacan con sus manos las riquezas que llenan arcas explotadoras.

— ¡¡¡ Fuera el hijo de perra!!! – ¡¡¡ Fuera el abusivo cobarde!!!…¡¡¡Fuera!!!…

—¡¡¡Honor!!!… ¡Honor!!!… Honor!!!

— ¡¡¡ Que se vaya el hambreador…!!!

La asonada no es solamente contra el Prefecto, es también contra todos aquellos malditos “engreídos hijitos de papá” que tratan despectivamente a los mineros, verdaderos hacedores de fortunas que ellos dilapidan a raudales. ¡Imbéciles!. Herederos de sus mayores, viejos rateros que esquilmaron las arcas nacionales en épocas mejores y usufructuaron robos y exacciones que la complicidad y la cobardía posterior cubrió con el polvo del olvido.

Es la insurrección de los de abajo. De los que saben que sus abuelos trabajaron de sol a sol para atiborrar las arcas de los indolentes abusivos. De los que nunca recibieron nada a cambio. De los topos sojuzgados, de los braceros ofendidos, de los despreciados, de los olvidados.

— ¡¡¡Que se vaya!!!   ¡¡¡ Que se vaya !!!… ¡¡¡Que se vaya!!! … ¡¡¡ Queremos que se vaya !!!.

Se han cerrado fondas, bares, tambos, peluquerías, bares y burdeles; todo el mundo refuerza la masa que ruge agresiva. Los centenares años de oprobio deben terminar…¡Que se vaya el abusivo!.

Los únicos seres vivientes que no se han movido de sus claustros son los presos de la cárcel, los enfermos de los hospitales y los muertos. Todo el resto de gente está congregada en la plaza principal. Comulgan una sola idea; ¡¡¡Expulsar al indeseable!!!”. Enormes nubes negras, como amenazante presagio, pincelan una interminable gama de grises en el cielo cada vez más oscuro, cada vez más amenazante.

Han esperado años, pisoteados, maltratados, soportando el exceso de los abusadores, de las autoridades como ésta, y no pudieron decir nada.

— ¡Basta! … ¡Basta! … ¡Basta!…. ¡Ahora es cuando!.

Siempre arriba estuvo un maldito como el Prefecto, aprovechándose del cargo, acicateando  sus heridas, hurgando en sus llagas… ¡Ya no más!… ¡Ya no más!… A este abusivo hay que arrojarlo como a un perro.

— ¡Fuera el matón! … ¡Fuera el hijo de perra! – Los gritos se sincronizan con el paso ligero de la marcha. Algunos alumnos del Colegio Carrión se han integrado a la turbamulta. Animando con su ejemplo y sus rugidos están las cerreñas; mujeres del pueblo, heroicas y dignas, mal vistas y peor tratadas por los abusivos. Vientres desbocados que parieron centenares de inocentes víctimas que fueron a poblar las negras galerías de la mina; madres que amamantaron a sus hijos transmitiéndoles con su leche la angustia cotidiana; madres que desde muy niñas lloraron la muerte de  abuelos, padres, hermanos, maridos, hijos, en las minas; cadenas de dolor, siempre dolor.

— ¡Que se vaya!… ¡Que se vaya!… ¡Que se vaya el mal nacido!…

Han llegado a la calle Huánuco. Desde el balcón de la casa de Guillermo Palomino trata de hablar el dirigente Patricio Chahua:

— ¡Compañeros!- El rugido de la masa de más de cinco mil  almas es imponente, monstruoso y no lo deja hablar. “!Ya estamos hartos de discursos, carajo…!!!!”. Las ofensas han ido acumulando este furioso cargamontón que hace inaudible el discurso. Las palabras ya no importan, lo único que interesa ahora es deshacerse del tirano. Todos están convencidos –falsamente convencidos- que la partida del déspota habrá de solucionar la angustiosa situación. Los dirigentes saben que esto no será así; saben también que todo el odio vengativo que ha ido acumulado en las mentes mineras ha estallado y que, en adelante, será difícil de contener.

(Continúa…)

 

EL PREFECTO (Crónica de un magnicidio) (Segunda parte)

(Fragmento del primer capítulo de mi novela EL PREFECTO en el que narramos el arribo del sátrapa que creyó estar llegando a sus dominios. Su actuación colmada de abusos y prepotencia originó una asonada popular que terminó con su muerte. Esto acaeció el lunes 16 de febrero de 1948. Fue uno de lo más negros capítulos de nuestra historia).

El prefectoLa inmovilidad de sus piernas agarrotadas por el frío, el bamboleo del carro por una carretera infame y la asfixiante altitud que comienza a agredir su cuerpo le hacen pensar en el desatino de haber desechado el coche especial que la Compañía había puesto a su disposición.  Lujosísimo, de uso exclusivo del Superintendente y algunos privilegiados del Gobierno, en el que sólo hay seis butacones mullidos forrados en cuero negro, una mesa amplia para el trabajo de oficina y un amplio diván para el descanso del jefe; el piso alfombrado, la iluminación de vistosas arañas, ventanas, correderas para que no haga ruido rodeado de un cortinaje de peluche encarnado con borlas y caireles dorados y, al rincón, baño completo a todo lujo. Un coche comodísimo al final del ferrocarril con perfecta estabilidad, ausencia total de ruido y blandura excepcional. Médico con balones de oxígeno y auxilios pertinentes, cocinero y mayordomo para atender los requerimientos del principal y sus acompañantes. De haber sabido el suplicio que causa el viaje, hubiera insistido respetuosamente ante el general, pero éste, obcecado en sorprender a los cerreños, insistió en que el viaje fuera por carretera.

Por fin, al superar el abra de Uliachín distingue numerosas torres lumbreras erizando el paisaje cerreño. Cada una de estas moles metálicas, a manera de gigantescos brocales, sujeta chirriantes jaulas con interminables poleas de acero que suben y bajan máquinas y metales, en inacabable sinfonía de chirridos. Ascensores que no dejan de trabajar en ningún momento del día o de la noche. Esta crestería de la acerada fortificación minera se yergue a la entrada de la bocamina y las 24 horas del día, traga y regurgita centenares de braceros cansados, tiznados de metal y sudor, que realizan la interminable saca metálica. La más importante y majestuosa es la lumbrera de  “Lourdes”, símbolo del capitalismo norteamericano; están también las nacionales, Excélsior, Diamante, San Expedito, Noruega, Santa Rosa, El Ebro, Mesapata, la Docena…

 

En el castillo de Lourdes,

                                               hay una jaula de acero,

                                               donde sube, donde baja,

                                               la vida del pobre obrero.

 

                                               Lamparita, lamparita,

                                               lamparita de carburo;

                                              tú nomás estás sabiendo,

                                               la vida que voy pasando.

 

                                                El trabajo de la mina,

                                          no me gusta, no me agrada,

                                                la pobreza me cautiva,

                                               para seguir trabajando.

Canta el heroico minero en su huayno triste. A la vera de las minas: los campamentos proletaria residencia de los obreros: Cuadras enormes de pequeñas habitaciones de 4×4 metros, – sala, comedor y dormitorio en el estrecho cubículo- con retretes y lavaderos de ropa en cada cuadra. En el nublado ámbito de la superficie, las fauces todavía abiertas de gran cantidad de bocaminas y, en la parte central, brillantes y tranquilas, las dos lagunas de Patarcocha: los ojos del pueblo. Rompiendo la monotonía del paisaje lluvioso la torre pétrea del Hospital Carrión, construida el siglo pasado por el Gremio de Mineros, tiene visible un enorme reloj cuyas campanadas han marcado el pulso del pueblo. Pedro Ruiz Gallo dejó esta preciada reliquia mecánica con carillones que incansables marcan los cuartos y medias horas y ejecuta la canción nacional al mediodía,  armada pieza por pieza  por él mismo.

Cuando ya está oscureciendo el Cerro de Pasco ve llegar al fatigado carro oficial con dirección a la Prefectura. Quedó sorprendido por la cantidad de gente que lo aguardaba. No esperaba esto. Cuando le abrieron la puerta del carro, levantó la cara seria, como debe ser una autoridad cabal, para que los serranos lo respeten. Fue fatal. En el primer paso del descenso sintió como si toda la sangre de su cuerpo se le fuera a los pies. ¡Arza! Sus ojos desfallecientes empezaron a ver extrañas mariposas de colores flotando delante de él. Los rostros de los notables, del cura, de los ayudantes militares… de todos, se difuminaban. Pensó: A dónde mierda se ha ido el aire… ¿Qué pasa, carajo? No vio más. Una arcada conminatoria lo sacudió; después una oleada desagradable de agua salada le invadió los belfos  jadeantes y, olvidándose de las poses protocolares que había ensayado, sin hacer caso a los saludos, a las palmadas y las sonrisas, desesperado, salvó las empedradas escaleras a grandes zancadas, abrió las puertas del baño y entrando como un poseso, dejó escapar toda la nauseabunda carga de sus revueltas tripas que no habían cesado de sonar su ventosidad en los últimos tramos del viaje. “El doctorcito Prefecto no me hizo caso, señores, –trata de justificarse el chofer-. En la Oroya ya se sentía con malestar, pero así y todo se arrimó un ponche de maca con cañazo, un platón de patasca con harto ají y papas, terminando con dos truchas fritas y, como si fuera poco, en Carhuamayo se tomó dos copones de Pisco para el frío”.

Inmediatamente el doctor Verástegui llamó al Hospital Carrión apremiando las órdenes de auxilio pertinente y al instante, con su impecable mandil blanco y su gorrita breve cubriéndole la calva llegó don Pedrito Santiváñez seguido de su equipo de trabajo, Zózimo Angulo, Máximo Jiménez y el “Muto” López, llevando un balón de oxígeno. “No, no, no” – Intervino rápidamente el doctor Norman Kelly, encargado de la dirección del Hospital Esperanza- “Tengo el encargo del Superintendente de la Compañía para trasladar al señor Prefecto al Hospital Esperanza para su atención correspondiente. Al instante la ambulancia principal de la poderosa Cerro de Pasco Copper Corporation transportaba al personaje a su alojamiento de la Esperanza.

Como era de esperarse, la noticia se expandió con inusitada celeridad por todos los confines. En la noche el chisme chinchorrero rodó de boca en boca por los cuatro burdeles citadinos; mancebías iluminadas al giorno, bullagueras y escandalosas, con su enorme variedad de tentadoras luminarias del sexo. Las esplendorosas hetairas del exclusivo “Rancho Grande”, -mezcla variopinta de idiomas extraños- elegantes en sus llamativos trajes de noche, maquilladas con finura en un escandaloso torneo de exquisitos perfumes, “Chanel”, “Atkinson”, “Guerlaine”, “Pigalle”; coquetonas y extravagantes luciendo hermosos abanicos en una tierra donde frescura es la que sobra; conduciéndose coquetas en el abrigado ambiente de fogoso hogar, mullidas alfombras, cortinajes de pana con frisos dorados, almohadones en sendos butacones de cuero, comentaban el acontecimiento del día.

Giuseppe Agostini, “Il vero capo de tutti capi” del burdel, jefe de la factoría motorizada de la Compañía norteamericana, con la voluminosa Mami sobre sus rodillas, sentencia: “Todo el que venga a este lugar, será bienvenido; sólo tiene que acatar nuestras reglas”.  Elevando la voz para que se le pueda escuchar sobre el “Blue Moon Serenade” de Gleen Miller que ejecuta la orquesta traída de Lima, la imponente pupila francesa Marion, expresa: “Como el Prefecto ha de ser uno de log nuegtos, le hemos hecho esta fiesta, pero pog su malestag lo posteggamos para otra ocasión”. Y allá, cerca de la penitente subida a la capilla de Huancapucro, debajo del promontorio que semeja un oasis por los quinuales que enmarcan una serie de casonas superpuestas, está la casona colonial del italiano Paolo Merello, legendario establecimiento que cumple tres funciones. Diariamente, a partir de las cinco de la tarde, en el patio interior concentración de jóvenes atletas, gimnastas y adónicos, para desarrollar molleros, reforzar piernas y bajar crecidas panzas. Uno que otro domingo ring de box donde se realizan espectaculares y sangrientas peleas. Sábados y domingos, “Academia de Baile”, donde argentinizados mozalbetes de chalinita blanca, gomina asentadora y sombrerito borsalino, descubren los secretos del tango y la milonga; alternan con ellos, cumbancheros de ritmos calientes de rumbas, congas, guarachas y danzones; pasodobles españoles, one steps, two steps, fox trots, swing y charleston. Y todos los días, a partir de las siete de la noche,  se ilumina como, “Rancho Chico”, concurrido y popularísimo lupanar.

Aquí están las más hermosas hembras nacionales regentadas por la brava, “Machete”, Mami del serrallo, pupila mayor que ostenta en su haber el mérito del desvirgamiento bautismal de numerosos mocosos tarambanas que, no obstante el tiempo pasado, todavía la siguen amando. Aquí la alegría no conoce límites. La orquesta hace transcurrir  las horas plácidamente, sin sentir.

Cuando se enteró de la llegada del Prefecto, la “Machete”, sentenció: “Si es tan decente como el negro Bardales, será bienvenido, si no se jode”,  palmas clamorosas de la feligresía selló la intervención para seguir bailando alegremente. Otro tanto ocurrió en el matadero de la calle Jauja, lugar maloso y temido. Aquí las pupilas son bravas y los rufianes, generalmente torvos mercachifles y comerciantes de paso, agresivos y díscolos. Todos callaron cuando la mamí, la “Culo al suelo” no quiso que comience la verba política porque sabía en qué concluiría. Imponiendo silencio dijo: “Ojalá no sea un pendejo porque de vividores ya estamos hasta la coronilla; hay que estar alerta nomás porque estoy segura que lo primero que va hacer el galifardo ése, es venir a sacarnos plata y buscar una mujer gratis”.

En el proletario, “Tambo Colorado”, -valses de estridentes tundetes, polkas amarteladas, supervivientes habaneras y huaynos, chimaychas, cuadrillas y pasacalles; muchos pasacalles- se comentó muy poco el acontecimiento. La música del arpista Elías Quinto y la bandurria del ciego Aramburucha, borró todo conato de comentario político. Los parroquianos, generalmente obreros de la mina, ya tenían bastante con las restricciones que estaban viviendo.

Continúa…