Pablo Palacios Velásquez

Es uno de los compositores que más ha trabajado por nuestra música y sin embargo se halla completamente olvidado. Era de los que actualmente llaman “cantautor”, es decir que componía y cantaba. Fue director de muchos conjuntos cerreños y en todos ellos dejó lo mejor de su inspiración y profundo amor a la tierra. Minero militante, captó con fina ironía lo que a ultranza ocurriría con los mineros. Con nuestro homenaje por su dedicación a su pueblo, hacemos conocer a ustedes, cuatro de sus más logradas canciones.

R E B E L D I A                                                      J U B I L A C I O N

  (Huayno)                                                                   (Huayno)

Siempre seguiré llorando,                         Yo tengo una esperanza

al recordar de tu infamia,                         tan verde como un limón,

de un pecado me acusan                           cuanto más cuenta me doy,

sin haberlo cometido.                                voy amargando mi vida.

 

Si un pecado he tenido,                             Dicen que cuando yo tenga,

deberías perdonarme,                               mis sesenta años de vida,

y no darme ese castigo,                             entonces tendré derecho,

de una decepción amarga.                        para yo ser jubilado.

 

Me voy del Cerro de Pasco,                       Mañana que yo me muera,

nunca pensé abandonarte,                      y me encuentren sepultado,

pero seguiré pecando                                 dirán ya está jubilado,

conforme tú me enseñaste.                     que descanse eternamente.

 

Ese cariño tan puro                                 Obrero que mal naciste

que siempre te he demostrado,                   para sufrir en la vida,

ahora lo tienes postrado,                            esclavo de tu trabajo,

tan sólo en la rebeldía.                          para ti ya no hay consuelo.

 

FUGA                                                                  FUGA

Al calvario de mi vida,                               Quisiera emborracharme

llevo una cruz muy pesada,                        para disipar mis penas,

por el pecado que tengo,                           porque consuelo no tiene,

me peso de haberte querido.                   ¡Ay!, mi triste desventura.

Letra: Pablo Palacio Velásquez.              Letra: Pablo Palacio Velásquez.

            Música: Severo Díaz.                         Música: Leonardo Herrera.

 

SENTIMIENTO CERREÑO                                  OBSESION.

              (Huayno)                                                  (Huayno)

 ¡Ay! bocamina de Lourdes                        Preso me tienes con tus engaños,

¡cuántas vidas, ¡ay! escondes!,                déjame libre, por Dios te lo ruego,

formando el sentimiento                          yo te he entregado la flor de mi vida,

al contorno de la vida.                              con tus traiciones tú las has marchitado.

 

Yanacancha tambaleando                       Yo por quererte ya mucho he sufrido,

con los tiros de Tacnarica,                          tengo en mi mente tus ingratitudes,

y todos al son del mambo,                        china tu infamia destrozó mi alma,

se van para el cementerio.                         mi amor tuviste de puente en el río.

 

Solamanet Bellavista,                                  Obsesionado tan solo espero,

bien cuidada por los gringos,               aquel momento tan cruel de mi vida

con la muralla que han puesto                quiero confesar todo mi pecado,

piensa quitarnos la vida.                          aquel pecado de haberte querido.

 

                      FUGA                                                           FUGA

Bellavisa, Shuco Punta,                            Si ti supieras amar a Dios,

San Juan Pampa y Yanacancha,             si tú supieras amar al hombre,

todo, todito cholita,                                 no hay cuidado con los demás,

Cerro de Pasco amurallado.                      y mi cariño te ganarás.

 

Pobre mi Cerro querido,                           Letra yMúsica:

vivirá esclavizado,                                     Pablo Palacios Velásquez.

quien fuera Ramón Castilla,

para poder libertarlo.

 

Letra: Pablo Palacios Vásquez.

Música: Julián Mayta Carranza.

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HISTÓRICA DELEGACIÓN MUSICAL CERREÑA (1928)

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Integrantes de la representación musical cerreña en el festival limeño de Amancaes del año 1928. Su éxito fue clamoroso por lo que fueron invitados a gravar los primeros discos de música folclórica del Perú. Este conjunto fue el que por primera vez grabó la música popular folclórica de nuestra tierra. Aquella oportunidad consiguió también, apoteósico triunfo en el teatro Forero. Aquella inolvidable delegación estuvo integrada  por los siguientes señores. (Primera fila, arriba). Daniel V. Galarza, tramoyista que presentó un hermoso decorado con el Socavón de Rumiallana que sirvió de fondo para la memorable actuación; don Eliseo Malpartida Rocco, (Presidente), Mariano V. Collao y Alejandro Rodríguez Albornoz (Delegados). (Segunda Fila): César Urbina, Andrés Rojas, y Jorge Dávila (Violines); Erasmo Machado Sarmiento, Julio V. Rodríguez, y Silverio Laurent (Guitarras); (Tercera fila): Justiniano Ariza (Quena), Nicéforo Bravo y Adrián Galarza Gallo (Clarinetes); Armando Paredes Ugarte (Saxofón); Antonio Velita (Fríscol).

Luciano Remuzgo Kesovia

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Luciano –me aseguraba don Julio Patiño León, músico como él- era hijo de dos jóvenes croatas que nacidos de Dubrovnick, consolidaron su amor en nuestra tierra.

Luciano tenía el perfil de un asceta. Perfil afilado de un conocido caballero castellano; huesudo y enjuto como el de un personaje de “El Greco”. Sus largos brazos se prolongaban en dedos finos y enormes que con gran maestría hacían cantar a las sonrientes teclas del piano o del acordeón. Dedos tan finos que en el delgado diapasón del violín, hacían gemir a las cuerdas en misteriosos trémolos y agudas vibraciones. Me parece verlo en un umbroso rincón de la Iglesia Chaupimarca, inclinado sobre la desvencijada partitura del “Ave María” de Schubert, acompañando al argentado saxofón de otro gran cerreño: don Armando Paredes Ugarte.

Los invitados circunspectos enmarcaban una boda. En esa ocasión tan especial, el violín de Luciano Remuzgo Kesovia –con viejas reminiscencias de Stradivarius- le daba el toque majestuoso y tierno a los esponsales cerreños. La vetusta nave de la iglesia se remecía con el acompasado dúo cuando concluido el desposorio, la “Marcha Nupcial” se convertía en aleluya para los recién casados, parientes y amigos.

Pero esta no era la única faceta de Luciano, no. Había un trastoque enorme entre este personaje serio y acicalado de negro que, cual Paganini, estremecía los corazones con viejos y queridos compases, y el otro, el popular, el alegre y vivaracho violinista de nuestra música. Ya en el terreno profano, ubérrimo y alegre, sus huaynos y cachuas, sus mulizas y chimaychas; sus valses y polkas, sus marineras y resbalosas llevaban su sello personal. Por más que los numerosos instrumentos de viento trataran de apoderarse del ámbito fiestero, surgía invicto el tono armonioso de su violín siempre sonoro, siempre magistral.

Han transcurrido muchos años de su partida y creo que en las claras noches de luna cerreña, su alargada y quijotesca figura –violín en ristre-  deambulará por el íntimo salón de baile del C.J.C; por el amplio confín del viejo Copper; por el estrecho y amical escenario del “Team Cerro”; por el espacio lleno de columnas del viejo “Alfonso Ugarte” y, tal vez cuando el sueño cierra nuestros párpados y la prieta oscuridad cubra a nuestra vieja tierra minera, por sus calles macilentas y arruinadas; por las callejas umbrosas y desiertas, por sus vericuetos despedazados y muertos; montado en su fantasmal jamelgo, con sus desmedidas piernas irá con su séquito de músicos nuestros a cantarle un responso a nuestra tierra. Es posible. Es muy posible, porque creo que así como los hombres tienen espíritu que vagan y se adueñan de la noche, así también, llorosas y emocionadas, las almas de nuestras calles musitarán una plegaria de lacerante agonía al oír el mágico violín de Luciano

EL “CAMPO HUAYLAS”

Es una hermosa danza que se caracteriza por alegre y vistosa; una de las más hermosas danzas pasqueñas. Su cuna, el hermoso pueblo de Vilcabamba desde donde se ha irradiado a todos los pueblos de la hermosa quebrada de Chaupihuaranga.

Llegados los carnavales se baila durante cuatro días y una noche en la plaza principal de cada uno de los pueblos de la abrigada quebrada. Su nombre deriva de una costumbre ancestral: la fiesta la ofrecen los “campos” salientes a los “campos” entrantes en marco de alegre repique de campanas. No es para menos. Es tan arraigada que si por una razón u otra los salientes no organizan el homenaje a los entrantes, lo efectuará el Presidente de la Comunidad. Pero, en todo caso, el pueblo participará corporativamente.

Los “Campos” –de arriba a abajo- son los hombres investidos de plena autoridad para velar por el orden estricto en las labores del campo, especialmente en lo que a sembríos y labores pertinentes a las chacras se refiere; para mantener y mejorar los caminos que conducen al pueblo; para la construcción de locales comunales, para evitar los daños y robos de animales resguardándolos de los abigeos; para una labor lindante con lo policial y la administración de justicia. Cada vez que lo requieran, convocarán al pueblo mediante los bandos correspondientes que se hace conocer con redoble de tambor y tañido de trompeta.

La elección de estos valiosos elementos de la sociedad se efectúa así. El primer día de cada año -día de Año Nuevo- todos los comuneros se reúnen en la plaza principal del pueblo bajo la dirección del Presidente del Consejo de Administración de la Comunidad, luego se nombra dos VARAYOCS -uno para sementera grande y otra para sementera chica- de inmediato nombran al Alcalde de Campo que estará acompañado por ocho o diez auxiliares de campo; luego al Mayor de Campo y sus Regidores Campos; éstos eligen a sus Alguaciles Campos. Todos estos son elementos principales para el progreso del pueblo y son los hombres con sus respectivas mujeres, los que realizan la sin par fiesta carnavalesca que por esa razón llevan el nombre de “Campo-Huaylas” (La fiesta de los “Campos”).

Naturalmente que para los días de jolgorio se han precavido de cumplir algunos pasos necesarios, como la acumulación de leña con su trozada respectiva; la preparación de chicha en suficiente cantidad; el beneficio de los animales que habrán de sustentar la alimentación de los bailantes; la contrata de una extraordinaria banda de música que animará toda la fiesta.

Para el día central, todos los “Campos” alquilarán sus alhajas y sus varas. Estas varas de gobierno están adornadas con incrustaciones de plata para blandirlas durante toda la danza como demostración de la autoridad de la que están investidos. Ellas estarán emperifolladas con sus catas de lana que cubren sus blusas claras y polleras de color. Sombreros de lana orillados con variopinta guarnición de vistosas flores frescas. El cuello rodeado de abundantes serpentinas de colores. En una de sus manos portan un chicotillo y algunos en la derecha, una botella de trago que repartirán a lo largo del jolgorio. Todas llevan sus  canastillas adornadas de flores y frutas frescas. Todos llevan los rostros pintados de harina del juego de carnaval. Ellos, gallardos con sus ternos oscuros, camisa clara y corbata, todos con su alijo de serpentinas colgándole del cuello. El torso lo llevan cruzado, de derecha a izquierda, por una cadeneta metálica, artísticamente trabajada, con incrustaciones de piedra y; de  izquierda a derecha una cinta con los colores patrios.

La coreografía es vistosa, alegre y variada. Hombres y mujeres se desplazan en cuadrilla a lo largo del recorrido. Giran una y otra vez, pero siempre acompasando su avance con los brazos en alto y con golpes enérgicos. Los hombres con sus varas adornadas y las mujeres con sus botellas y sus cestas de flores. Una de las variedades consiste en reunirse tres parejas que danzan en giros y así llega una mujer que lleva el trago y los hace bailar.

Dos tres o cuatro pares y se detienen al ritmo de la banda y mueven las cabezas de un lado para otro, enérgicamente, al compás de la música. A medida que bailan, tanto hombres como mujeres, emiten sonoros guapidos  de alegría.

Nico Papish (Víctor Díaz Azcárate)

Nico Papish

Como si estuviera listo a bajar a los socavones con su protector donde está fijada la clásica lamparita de carburo, su mameluco obrero que los gringos llamaban “Overol”, sostenido con cinturón de seguridad donde fija sus gruesos guantes protectores de sus manos callosas; sus resistentes “pacas” de fuerte jebe para caminar por las galerías subterráneas y ¡Cómo no! Su “Portaviandas” donde su compañera le suministra el yantar proletario de sancochados, pogtes, picantes, ajíacos e inacabable parafernalia de reconfortantes alimentos.

Vemos a nuestro querido amigo Nico Papish (Su verdadero nombre es Víctor Díaz Azcárate) al que siempre recordamos con enorme cariño no obstante el tiempo y distancia que nos separa. En la estampa que presentamos está acompañado del gran Wan Yu, (Su verdadero nombre es Nemesio Sánchez Huamán) violinista que conserva la clásica tocata cerreña que tantos maestros nos dejaran como recuerdo. Está acompañado por un grupo de destacados músicos cerreños entre los que se encuentra Gregorio González Gamarra, el querido “Saca la cuña”, Moisés Díaz Olivera y Roberto Sánchez Trinidad

De todas las obras que le conocemos a Nico Papish, es –creemos nosotros- CUANDO LA LUNA ALUMBRABA es su más lograda creación.

Para los que no están acostumbrados a nuestro mundo sentimental y dramático les parecerá paradójico que nos obstante los versos cargados de dramáticas expresiones obreras el cantor pueda bailar con el protector al aire. No es raro. Como todo ser humano  su sentimiento se transforma en simbiosis de dolor y alegría. Que nunca le llame la atención si ve a un cerreño que al bailar deje escapar algunas lágrimas.

Mi homenaje a los artistas cerreños que conjuntamente con Guardián Cerreño, Chato Grados, Niptinchi, “Bohemios Jaraneros”, “Los hermanos Apéstegui”,  y tantos otros brindan un despliegue de entusiasmo y cariño por nuestra tierra que tanto amamos.

Escúchenlos interpretar. “Cuando la luna alumbraba

César Bustamante Guerra (Músico inolvidable)

César Bustamante
Conjunto musical “Lira Cerreña” entre los que se encuentra César Bustamante Guerra (El primero de la izquierda con saxofón) También están: Micenio Cervantes, los hermanos Cornelio, Alejandro Álvarez, Zózimo Angulo, Aquilino Morales, Alejandro Álvarez, Silverio Laurent, entre otros. (1940)

Los que lo conocimos, nos gratificamos con la extraordinaria calidad de sus interpretaciones y la amena disposición de amistad que hacía gala en sus conversaciones. De aquella noches hermosas en las que degustamos de sus chascarrillos y sus citas, nos ha quedado en la memoria algunos pasajes de su vida que, él mismo, en diversas entregas, no los hizo conocer. Rememoremos.

Hermano de madre de los hermanos Yacolca, compartió con ellos los grandes triunfos de la música. Iniciado como guitarrista, en secreto y sin que sus hermanos  lo supieran, en las horas que quedaban libres en la casa materna, ensayaba la embocadura del clarinete y el saxofón. Su constancia, al fin tuvo su premio.

Una noche que tenían un serio compromiso con el Club de la Unión, llamaron a su saxofonista  para la presentación correspondiente pero, ante la indignada sorpresa del Director, éste jamás se presentó a la cita. Así las cosas,  se vio perdido en un mundo de impotencia por la falta del instrumentista, en esa circunstancia César se acerca a sus hermanos y tímidamente les dice que él puede reemplazar al titular. Sus hermanos no lo podían creer, pero cuando lo emplazaron en plena sala del Club, no sólo lo igualó, sino que lo superó con creces. Desde ese instante quedó como saxofonista titular de la orquesta y desde entonces también comenzó su ruta de triunfos.

Muchos años transcurrieron desde entonces, pero en ese lapso, llegó a adquirir el pleno dominio de su instrumento que a lo largo de muchos años fue  el músico que, con su orquesta debió alegrar todas las jaranas cerreñas, no sólo en la localidad, sino también en otros escenarios vecinos y de la capital donde residieran los paisanos mineros. ¿Quién no lo recuerda?

Su embocadura le permitía ejecutar huainos, mulizas y chimaychas con un aire tan nuestro, tan inconfundible que todos lo recordamos con especial afecto y emoción.

Nosotros, en nuestras noches de bohemia llegábamos a su casa en compañía de Carlitos Amador y Julio Baldeón, y nos pasábamos horas enteras conversando amenamente y ya, al promediarse la medianoche, sacaba su instrumento y nos regalaba con hermosísimas creaciones.

Fue Director de muchas orquestas y conjuntos carnavalescos que triunfaron plenamente en nuestros escenarios y en los ajenos. Creó una gran cantidad de huainos y mulizas para los carnavales de cada uno de los años que le tocó vivir.

Todavía se comenta con admiración y cariño ese don especial que lo caracterizaba. Su sola presencia llenaba un escenario con su arte y su gracia jaraneras. Nunca permanecía estático en un solo lugar; a medida que tocaba, se desplazaba con gracia inigualable entre las parejas que bailaban y todos, sin  excepción, lo admiraban y querían. ¡Qué alegres noches nos pasamos en su compañía! Ahora que no está con nosotros, con reverencia y admiración recordamos su arte que, estamos seguros, sus hijos habrán de heredar.

Su final fue nebuloso, cargado de misterio. Me contaron que había venido a Lima a cumplir un compromiso con los cerreños residentes. Para reforzar su elenco llamó a su hijo –saxofonista como él- para que se integrara al elenco. Aquella noche fue exitosa, como siempre. Al promediarse la medianoche, después de haber hecho bailar nuestro huayno y traviesas cachuas, solicitaron que tocaran un “serio”, es decir una pieza moderna. Ejecutaron un vals criollo. Al finalizar, su hijo que ya había tenido notables avances musicales en la banda de la Fuerza Aérea del cual era integrante, se permitió hacerle algunas observaciones técnicas. Éste le amoscó y en un gesto de fastidio dejó el saxo a un lado y, salió de la reunión. Como sabían que muy pronto regresaría pasado su enojo, siguieron tocando sin él. Fatalmente, el resto de la noche no apareció.

Al día siguiente, su hijo llamó a cada uno de sus hermanos diciéndoles que le dijeran a su padre que viniera a recoger su instrumento. Le contestaron que no lo habían visto. En las averiguaciones transcurrió la semana. Como no aparecía por ninguna parte se alarmaron y lo buscaron más tesoneramente. No lo encontraron. Para entonces había transcurrido mucho tiempo. Allí nació la leyenda en nuestro pueblo fantasioso. Unos aseguraban que lo habían visto deambular por las calles de Bajo el Puente. Otros a la orilla del río Rímac. Otros por la victoria, etc. El caso es que nuca más apareció.

Ahora que han pasado muchos años de su desaparición, todavía lo recordamos con mucho cariño quienes le conocimos, elevando preces para su eterno descanso. Fue un artista popular que se ganó el aprecio y respeto de su pueblo minero. César: Descansa en paz, hermano.