HUANCABAMBA (Segunda parte)

primera iglesia de Pozuzo
La primera iglesia del Pozuzo

“En la provincia de Pasco se ha hecho ensayos de todo género para colonizar sus pampas selváticas; lentamente pero a pasos seguros nos encaminábamos en ese sentido a un buen resultado, debiéndose la conquista de la montaña, poblada de infieles, a la abnegada labor evangélica y civilizadora de los Padres Franciscanos, quienes desde siglos atrás, con su sangre y constancia, la han preparado para que hoy el comercio y las industrias s impongan con relativa facilidad”.

El año 1864 don Mariano Delgado de la Flor, comandante del fuerte de San Ramón, en convenio con las autoridades de Cerro de Pasco, se propuso abrir un camino de Chanchamayo al Cerro de Pasco por la quebrada de Oxapampa y Ulcumayo, construyendo un puente para esto sobre el río Oxapampa.

En un capítulo de esta obra insertamos algunos datos del valle de Huancabamba, después de la insurrección de Santos Atahualpa, quién con su levantamiento arruinó la prosperidad de la zona e infundió terror cerval a sus habitantes.

Dijimos también cómo en las pampas de Junín estaba resurgiendo una gran ciudad: Cerro de Pasco, que con los tesoros de sus minas iba adquiriendo cada vez más importancia. Es cuando se despertó en los pueblos de Junín y en la misma capital deseos de conquistar las privilegiadas tierras de la selva de Huancabamba que las consideraban como suyas, al igual que otras regiones de la sierra poseen su propia montaña por exigencias geográficas y comerciales.

Las tierras vírgenes de Huancabamba eran la codicia y el suelo de promisión para los habitantes de la pampa de Junín, que con sus productos y riquezas podrían, en alguna forma, aliviar las múltiples necesidades de los pueblos de la sierra y dar vida comercial a toda la región. La ciudad del Cerro de Pasco y sus contornos eran zonas mineras, escasos de agricultura, mientras la montaña de Huancabamba podía surtir de abundantes frutos alimenticios en fruta, maíz, café, ganadería y madera de diversas clases.

Casi desaparecido el miedo al salvaje, D. Juan Durand –notable minero cerreño- el año 1776, se lanza a la conquista del valle de Huancabamba y, después de trámites legales de ese tiempo, se adueña y se establece en Chilache, dando principio a la explotación de su fértil suelo.

También los misioneros franciscanos de fines del siglo XVIII y principios del XIX habían visto la necesidad de abrir un camino del Mayro y Pozuzo a los cocales del Sr. Sandobal, en la zona de Huancabamba y a Cerro de Pasco. Las conversiones del Pozuzo se iban extinguiendo y diéronse cuenta los misioneros que el valle de Huancabamba ya estaba en poder de los civilizados, reuniendo grandes ventajas una senda del Mayro a Huancabamba y a las pampas de Junín.

Y ¿cómo se desarrolló la vida civilizada en el valle de Huancabamba desde que se estableció el minero D. Juan Durand en 1776? Escasos datos poseo de esta fecha y los que conservo en mi poder los debo en gran parte a la gentileza de la familia Cárdenas, Maúrtua, que a mi pedido me suministraron informes muy interesantes, basados en los títulos de propiedad de algunas haciendas del valle y en el conocimiento que poseen del lugar donde nacieron. Quizá, por cierta delicadeza y por falta de tiempo, no me he dirigido a otros a otros dueños de haciendas, pues la única finalidad que he tenido en ello es hacerme de todos los datos históricos posibles de la región.

Aún existen en el cerro llamado Mesa-Pata ruinas de la antigua población de la primera época del coloniaje, llamado Misquiragra, donde se instaló un ingenio para beneficio de minerales auríferos, que perduró hasta el levantamiento de Atahualpa que desalojó del valle a los civilizados, destruyendo con los suyos todo lo que encontró a su paso. A raíz de este incidente, el gobierno colonial instaló un fuerte en Quiparacra, con un buen destacamento de hombres de tropa, a las órdenes de D. Francisco Javier Ascanoa.

Los linderos del fundo denominado Chilache, cuando se adueñó D. Juan Durand, eran: El citado ingenio de Misquiragra por un lado y por otro como límite el río denominado Anana donde existe una cascada, desde su confluencia con el río Huancabamba hasta las alturas y pajonales denominados Culebramarca, en una extensión aproximada de 25 kilómetros que separan las tierras que hoy se denominan Mallampampa – Huachón.

A la muerte de D. Juan Durand, deja éste como a su único heredero del fundo Chilache a su hijo de D. Jorge Durand, quien continuó sus trabajos con sembríos de maíz, yuca y otros tubérculos y así llegamos a la época de la emancipación del Perú.

Los pobladores del valle de Huancabamba eran ya dueños de esa porción de la selva, conquistada a costa de enormes sacrificios, en contra de los indígenas que se oponían al ingreso del civilizado.

Existía ya bastante comercio con los pueblos de la sierra, consistente en frutas, café, madera y otros productos de la selva. Cada vez iban mejorando los caminos, como consecuencia del intercambio de productos.

Existían florecientes haciendas que se dedicaban a diversos negocios, y algunas traían origen de la época del coloniaje. Por otro lado las autoridades de Junín estaban interesadas en fomentar la vida comercial en esa porción de la selva, y a la vez manifestaban vehementes deseos de extender la civilización a regiones más remotas y, a poder ser, llegar a un punto navegable de los caudalosos ríos de la selva. La ciudad de Cerro de Pasco y los pueblos asentados en las pampas de Junín deseaban tener su puerto fluvial para comunicarse con la Amazonía, y éste era uno de los ideales que todos perseguían.

Continúa….

 

HUANCABAMBA Y LOS PIONEROS CERREÑOS Por Fray P. Dionisio Ortiz O.F.M

Una de las mentalidades más brillantes que ha tenido Pasco es, sin duda la de fray  franciscano Dionisio Ortiz, del cual nos honramos en reproducir el hermoso trabajo que, estamos seguros, servirá como especial referencia para que nuestros menores sabrán aprovechar.

Huancabamba
SUMARIO.- Cerro de Pasco.- Algo de historia.- El valle de Huancabamba.- Expedición de D. Esteban Bravo al Chuchurras.- Expedición del Padre Calvo de Huancabamba al Palcazu por el Yanachaga.- D. Rufino Cárdenas abre una trocha.- Expedición de San Miguel.- Demarcación política.- Datos históricas de Huancabamba.

“Aquel día Huaricapcha, -escribe don Benjamín Romero-, humilde pastor de ovejas de la hacienda Paria, al declinar el sol vióse sorprendido con una fuerte tempestad de nieve que bien pronto cubrió el solitario y yermo paraje. El indígena naturalmente atemorizado buscó pronto abrigado refugio en una cueva para defenderse de la acción del frío de la puna, del viento y de la lluvia. Y para calentar sus ateridos miembros, reuniendo una gran porción de paja que estaba a su alcance, encendió fuego. La fogata iluminó el ambiente y dio calor al cuerpo del indio que así se quedó dormido; pero al despertar al día siguiente vio que de las brasas y cenizas de la hoguera todavía humeante, corrían hilos de plata fundida… Como un relámpago promisor llegó la noticia a los hombres acostumbrados a las aventuras de buscar fortunas, nació la codicia y con ella acudieron a la región descubierta esforzados brazos que arrancaron de las entrañas de la tierra el precioso mineral de plata. Bien pronto comenzó a poblarse el lugar. Sobre la pendiente suave del cerro surgió un conglomerado de apretadas casas rústicas con sus techos de paja, distribuidas sin orden ni pauta alguna, constituyendo la primitiva población”.

“Y desde entonces se inicia la leyenda y la historia de las proverbiales y fabulosas riquezas del Cerro de Pasco, que compitieron dignamente con las de Potosí. No es del caso seguir en esta crónica de viaje, el proceso evolutivo de la explotación de las minas de aquella población que en la actualidad continúan en su apogeo, la convierten en una verdadera colmena de trabajo en la que no se descansa durante las veinticuatro horas del día”.

En el diario “La Crónica salió publicada una breve monografía del departamento de Pasco, escrita por el historiador huanuqueño don José Varallanos. Ahí aparecen los hechos más saltantes de esa ciudad en las épocas colonial y republicana:

“D. Pedro de la Gasca adjudicó al Capitán D. Juan Tello Sotomayor el Repartimiento de Tarama y Chinchaycocha por haber ayudado a pacificar el Perú en 1548”.

“Y desde que se descubrió el asiento mineral de Yauricocha, se dio comienzo a la explotación de sus ricas minas en forma intensiva. En las memorias de los Virreyes aparece con frecuencia el asiento mineral de Yauricocha que el Virrey D. Luis Jerónimo Hernández de Cabrera denominó “Ciudad Real de Minas” (1639).

“En 1758 el Coronel Español don José Maiz empezó los trabajos mineros para continuar el socavón de Yanacancha que concluyó en 1780. Y se asegura que el virrey Amat en 1771 fundó la ciudad de Cerro y que desde esa fecha ostenta el título de ciudad del Cerro de Pasco. En 1792 decía Tadeo Haenke: “Este cerro mineral se compone de los tajos de Santa Rosa y Lauricocha, del de Yanacancha, Cayac, Chaupimarca y Pariajirca”.

“Ya en la época republicana el Libertador D. José de San Martín persuadido de la importancia del mineral de Yauricocha envía para que realice estudios y propulse su progreso, a un ingeniero inglés técnico don Ricardo Trevithick quien publicó un estudio en que afirma: “el interés con que de muchos años a esta parte se ha mirado ha Pasco, está justamente fundado en la naturaleza y abundancia de sus metales y en su localidad con respecto a esta Corte”.

“El congreso Constituyente de Huancayo el año 1839 le otorga el título de “Opulenta Ciudad”. Cuando el sabio D. Mariano Eduardo de Rivero Ustariz desempeñó la prefectura de esta región, elaboró un valioso informe y levantó un mapa geológico de Pasco, y cuya previsión y sabiduría le hacían decir: “Entre los grandes recursos con que cuenta la república debe ponerse en primer lugar el cerro de Yauricocha o de Pasco, célebre en la historia de la minería”.

“El Congreso de 1851 dicta la ley mediante la cual Cerro de Pasco asume oficialmente la categoría del departamento de Junín”.

“En 1901 D. James B. Haggin compró el  86 por ciento de las acciones de los mineros europeos y peruanos de Pasco y aledaños; con ellas se constituyó la Cerro de Pasco Mining Co.; más tarde se transformó en Cerro de Pasco Cooper Corporation la que inauguró sus trabajos mineros con el dominio de la técnica y del capital yanqui transformando completamente la faz de la economía de la región. En 1905 visitó Cerro de Pasco el Presidente de la República Sr. Doctor D. José Pardo en compañía de varios ilustres personajes. En 1931 se trasladó, por Decreto, la capital del departamento de Junín a la ciudad de Huancayo. El año 1943 visita Cerro de Pasco el presidente Dr. Manuel Prado. El 22 de setiembre de 1943 el diputado de Pasco Ingeniero Manuel D. Llosa presenta a la Cámara un proyecto de Ley creando el departamento de Pasco, que fue aprobado en su primera Legislatura”.

Huancabamba 2Resaltemos también algunos otros hechos de esta importante ciudad de Cerro de Pasco: “Una ley expedida en 1832 mandó erigir “La Casa de Moneda en el Cerro de Pasco, y la cerró por Resolución Suprema del 2 de Noviembre de 1846”.

“La provincia de Cerro de Pasco fue creada el 12 de Noviembre de 1857 con siete distritos; entre otros HUANCABAMBA, Ninacaca, Huariaca, etc.”

En 1876 Cerro de Pasco atraviesa un periodo de decadencia, debido a la falta de espíritu de empresa y a las continuas rencillas entre mineros.

En el número extraordinario del diario “La Crónica” el año 1953 se publicó esta  reseña interesante de Pasco. “En el centro del laberinto de cordilleras, nevadas unas, cubiertas de vegetación baja las otras y ostentando bosques seculares las más, se encuentra la rica provincia de Pasco, dueña a la vez del nudo que lleva su mismo nombre y que es origen del enmarañado sistema orográfico que la caracteriza. Rica en minerales explotables como ninguna otra del Perú. La provincia de Pasco tiene al frente un duradero porvenir, pues se le abre a la vez un nuevo sistema de explotación del suelo y de sus industrias con la prolongación del ferrocarril al Ucayali y a la siguiente construcción de caminos viables de herradura a sus diversas hoyas de la montaña, como son las llamadas de Huancabamba, Paucartambo, Oxapampa, Chorobamba, Pozuzo, Chuchurras, Chontabamba, Palcazu y Pichis, para mentar sólo las más cercanas a los actuales centros de civilización, como son las ciudades de Cerro de Pasco y Tarma. Tiene carbón propio excelente en sus distritos cercanos a Cerro de Pasco, de manera que es suyo el porvenir. Las minas de Goyllarisquizga están a 43 kilómetros por ferrocarril”.

“En la provincia de Pasco, tiene origen no sólo el Huallaga, al norte de la ciudad de Cerro de Pasco, y trasmontando la cordillera de Pasco, sino también el Mantaro, que sale de la laguna Chinchaicocha; el Perené, cuyo origen más remoto está en la cordillera de Ninacaca, y el Pachitea, que trae sus aguas desde las cordilleras de Huachón. Corren por consiguiente en la provincia infinidad de cadenas de cerros. Hay también al pié de ellas muchas lagunas, aprovechables unas, hermosas tan sólo por ahora, otras continuamente; pero todas en muy buena situación. La mayor de todas es la de Chinchaicocha o de Junín, que señala la situación de las extensas pampas de Bombón, en plena puna y donde sólo pastos naturales son los que mantienen a miles de cabezas de ganado que la pueblan”.

Continúa….

Aquel lejano primer mundial Del diario EL COMERCIO (5 – 07 – 2010)

Selección peruana de fútbolEl próximo mundial nos pisa los talones, y amenaza capturar la atención de los habitantes del planeta, quienes, esta vez, enlazados por los medios y las redes sociales, vivirán cada partido “pegados” a sus televisores, computadoras o celulares. Pero no siempre fue así. Por unos instantes viajemos a 1930, hace ochenta años, hasta la primera copa mundial en Uruguay, y descubramos cómo informó El Comercio sobre la participación de la selección peruana en esa cita internacional.

El Perú formó el Grupo C con Rumania y Uruguay, la selección anfitriona. Los primeros once históricos que pisaron la cancha en un mundial fueron: Valdivieso (El Mago), De las Casas, Soria, Denegri, Galindo, García, Lavalle, Neira, Villanueva, Lores y Souza.

Para el debut contra los rumanos, el 14 de julio, miles de aficionados se congregaron frente al balcón en las puertas del diario El Comercio, donde se colocó un altoparlante a través del cual un locutor leería los cables que las agencias harían llegar a nuestro diario.

El primer gol en un mundial

A las 2:45 de la tarde (hora uruguaya), el árbitro chileno Alberto Warnken pitó el inicio del encuentro en el Estadio Pocitos, ante dos mil espectadores.

Los hinchas peruanos no habían terminado de ubicarse cuando se escuchó por el altavoz un tempranero y mal presagio: “Los rumanos marcan el primer goal”, decía el escueto cable. El subsiguiente despacho complementaba la información: “El primer goal de los rumanos se produjo a raíz de un entrevero en la valla peruana”.

Los informes de las agencias -cortos y concretos- no dejaban de contar el minuto a minuto. Pronto la brusquedad dominó las acciones. Se produjo un fuerte encontronazo entre Galindo y el delantero rumano Steiner, quien salió de la cancha con la pierna fracturada.

Los aficionados de la época, ataviados con corbatas, sombreros, borsalinos y bastón, permanecían “enchufados” a las puertas del diario: “Después de quince minutos de juego, los rumanos continúan dominando y llevando la mayor parte de sus ataques contra la valla peruana”, perifoneaba el relator.

“A la media hora de juego los europeos siguen atacando, pero el entusiasmo de los peruanos logra equilibrar las acciones”, describe un despacho recién llegado. Las cosas no cambiarían hasta el final de la primera etapa. El sistema de información organizado por Decano había mantenido en vilo a los hinchas durante 45 minutos.

Se reanuda el segundo tiempo y un cable de United Press (UPI) alerta sobre el juego fuerte: “El half peruano Galindo tiene una incidencia con un jugador rumano, cambiándose entre ambos serios golpes”.

El subsiguiente cable cuenta el desenlace de la situación: “…Galindo es expulsado del campo. Se reanuda el juego”. Según la FIFA fue Mario De las Casas.

Minutos después se escucha: “Los peruanos marcan el primer goal”. La salva de aplausos rompe el silencio en las puertas de El Comercio. Era el minuto 75. El wing izquierdo Luis de Souza Ferreyra se convirtió en el primer jugador peruano en anotar en un mundial: “Agarré el balón casi de volea con la pierna derecha y la mandé al otro palo”, refirió en una entrevista a Deporte Total en el 2007, un año antes de fallecer. Desde el arco, el peruano Juan Valdivieso observó toda la jugada, que luego describiría en detalle: “Galindo había desbordado, se fue por el lado derecho, se convirtió en un puntero mentiroso y centró para la pierna derecha de Luis de Souza Ferreyra”. Efectivamente, Galindo no había sido el expulsado.

El partido se reanuda. “Los peruanos actúan ahora con enorme entusiasmo. El juego adquiere una gran movilidad”, señala el siguiente despacho de Associated Press (AP).

Empero, no mucho después, a los 85 minutos de juego, los europeos ponen el 2 a 1. Inmediatamente otro lacónico cable sepulta las esperanzas peruanas: “Se ha producido el tercer goal rumano”. La derrota quedaba consumada.

Ante el local charrúa

Sin embargo, tres días después Perú jugaba su última chance ante Uruguay. El choque sería el corolario de la ceremonia oficial de apertura, que coincidía con la inauguración del histórico Estadio Centenario.

Cuando más de 70 mil uruguayos se acomodaban en las flamantes graderías del novísimo recinto, muy lejos de allí, miles de aficionados peruanos rodeaban nuevamente la entrada principal de El Comercio. El árbitro belga Jan Langenus ordenó el inicio del juego pocos después de las dos de la tarde, hora peruana.

Los primeros cables fueron poco alentadores. “Empezado el encuentro Urdinarán remata y la pelota pega en el travesaño del arco nacional. Luego, una serie de córneres llevan peligro sobre la valla peruana; el embate de los campeones olímpicos es constante”, se escucha por el altavoz.

“De las Casas, peruano, se luce oponiendo tenaz resistencia a los ataques constantes de los uruguayos”, agrega un cable de AP. Los hinchas de la época siguen con atención el perifoneo de las acciones. “Un córner contra los peruanos lo ejecuta Urdinarán, pero la pelota la rechaza Pardón con un golpe de puño”.

“El forward peruano Lores shotea, y Ballesteros detiene la primera pelota de la tarde”. Los peruanos salían tímidamente del fondo. “Un peligroso ataque peruano lo detiene bien Nazzasi.”, dice otro cable.

Luego se escucha que un avance peruano es detenido por el half izquierdo uruguayo Gestido. En esa jornada, el consagrado defensa charrúa soportó el vaivén del endiablado puntero derecho José María Lavalle. Este duelo es una de las leyendas que sobrevivió con mayores luces del partido con los celestes.

Al día siguiente, el periódico El País publicó una nota titulada “La Sombra negra de Gestido”, en donde se destacaba la habilidad de Lavalle. Al referirse al delantero el texto era contundente: “Había sido el mejor jugador de la cancha, sometiendo a Alvaro Gestido, una gloria del fútbol nacional, a una verdadera tortura, porque no había tenido forma de controlarlo”.

A pesar de ello, el dominio fue de los locales. “Pocos instantes antes de terminar el primer tiempo, Pardón, arquero peruano, salta rechazando la bola, cuando se creía que era un goal inminente”.

En el cierre de la primera etapa, el cable indicaba que la muchedumbre ovacionaba estruendosamente a los peruanos “por su magnífica defensa al mantener a raya a los campeones olímpicos y al conseguir que estos no abran la cuenta en el primer tiempo, el cual terminó cero a cero.”

“El segundo tiempo entre Perú y Uruguay comenzó a las 4:17 p.m., hora de Montevideo”, se anuncia por el alta voz. Los cables son perifoneados uno tras otro hasta que se anuncia la apertura del marcador. “El ´Manco´ Castro marcó el primer goal uruguayo, a los 17 minutos de juego”. El artillero celeste, quien había perdido parte del brazo derecho tras un accidente a los 13 años, define y estalla el Centenario.

A pesar del esfuerzo de los nacionales, los campeones olímpicos mantuvieron la diferencia hasta el final del encuentro, sellándose así la primera participación mundialista del combinado peruano.

Al referirse al público convocado, El Comercio dijo: “El gentío palpitó de entusiasmo cuando nuestros compatriotas, en magnífica lucha, supieron defender con todo brillo los colores peruanos, rivalizando con los campeones olímpicos”.

Ante 90 mil espectadores, la final se jugó en el Centenario entre uruguayos y argentinos el 30 de julio, venciendo los locales por 4 a 2, y coronándose así como los primeros campeones del mundo.

Los nuestros regresaron y continuaron jugando en sus equipos. Luego de 60 años, en 1990, El Comercio y una empresa cervecera lograron reunir a seis sobrevivientes de aquel equipo. Unidos por el balón apreciamos a Luis de Souza Ferreyra, Lizandro Nué y Mario de las Casas.

 

Los pregoneros de la noticia De “Huellas Digitales” de EL COMERCIO

el canillitaEllos se amoldan a los cambios del tiempo, a las frías madrugadas que calan los huesos o a un caluroso mediodía ecuatorial. Siempre con un atado de periódicos bajo del brazo o sobre el hombro, y la garganta pregonando sin descanso. Estos niños o adolescentes que antes corrían con las noticias en los brazos, ¿por dónde caminan hoy?

A fuerza de perseverancia y laboriosidad el canillita sortea los peligros de la urbe, las señales de tránsito en mal estado y los automóviles de choferes temerarios. Tener “sencillo” para el vuelto y vender todos los diarios que pueda antes de que cambie la luz del semáforo es un récord Guiness por registrar.

No hay sinónimo, ni siquiera palabra equivalente para valorar la actividad de este personaje de antaño y de hoy: movedizo, pregonero y heraldo de la noticia. El diccionario de la Real Academia Española, en su vigésima segunda edición, describe al canillita como “el vendedor callejero de periódicos”.

El doctor Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua, confirma la definición y nos absuelve algunas inquietudes que se refieren al único canillita, aquel que, como dice el pregón, va por las calles ofreciendo noticias y no está todo el tiempo en un solo lugar.

Hablar del canillita peruano es recordar a un personaje sumido en increíbles experiencias e incontables luchas por ganar sus derechos; pero resaltemos sobre todo el talento de este infatigable trabajador.

Inicia la mañana, o mejor dicho llega junto con el amanecer a la puerta de los talleres para recibir paquetes de diarios y revistas, y salir disparado a ofrecérselos a la gente. Así era antes, como si todo fuera una estampa de Lima antigua.

Hoy, evidentemente, con los quioscos y supermercados, los compradores son los que van por el “producto” y en muchos casos podemos hablar de algunos canillitas sedentarios o dueños de una esquina. En este limbo de desconocidos se encuentran personajes cuya edad no es obstáculo para ofrecer los titulares; venden toneladas de papel impreso en el anonimato y sortean a algún gracioso que quiere solo “sencillar” su abultado billete.

Hombres famosos fueron canillitas, como Abraham Lincoln o Thomas Alva Edison, pero también héroes ocultos que trabajaron a voz en cuello, entre ellos, Esteban Gregorio Quispe Huamalias, sargento primero del Ejército peruano durante la guerra con Chile en 1879.

El señor Quispe recuerda un pasaje de la batalla de Arica: “Yo vi cuando Alfonso Ugarte saltó del morro de Arica con la bandera peruana en la mano. Bolognesi y Andrés Avelino Cáceres fueron mis mejores jefes y los soldados más valientes que ha tenido el Perú”.

El “Abuelito”, como lo conocían sus amigos, recordó este pasaje en La Prensa el 29 de enero de 1962, cuando ostentaba nada menos que 106 años de edad. Quispe fue un valeroso combatiente de la Guerra del Pacifico, y además compartía el oficio de voceador callejero en tiempos de guerra.

Eximios artistas le dedicaron sus obras, entre ellos, el maestro Felipe Pinglo Alva en su inmortal vals “El canillita”. Hay estudiosos que explican su rol en la producción informativa, porque el vendedor de noticias es tan antiguo como el periodista.

Luego de fundada la Federación Nacional de Vendedores de Diarios, Revistas y Loterías, cada 5 de octubre se celebra el “Día del Canillita”. El canillita se organiza, y su actividad consistirá en buscar lectores o compradores en la ciudad, ofreciendo su pregón con ingenio, como aves que cantan al amanecer. Más tarde, el doctor Alejandro Miró Quesada Garland contribuirá con el gremio al fundar “La Casa del Canillita”, la junta de asistencia a vendedores de diarios, revistas y loterías.

Tener “sencillo”, usar gorrita, mantener unos brazos fuertes para soportar todo el peso de la historia recién escrita, gritar “El Co, La Pre, Hora”, en alusión a los diarios de mayor venta de las décadas pasadas, ofrecer los fascículos coleccionables o imprimir el nombre del diario en su ropa, serán sus recursos y herramientas del día.

Pero habría que mencionar que en algún momento de 1962 su labor se “modernizo” al usar megáfonos a pilas para vocear las principales noticias. El cambio sugirió ventajas incontables para los anunciantes, pero atentó contra la campaña de erradicación de ruidos molestos. Hasta hoy la campaña persiste.

El canillita tiene ahora una agresiva lucha contra la Lima actual de innumerables vendedores. Una ciudad ululante, tumultuosa, donde la voz se pierde inútilmente entre el ruido de los autos o los gritos de los cobradores de combis. Es una nueva lucha, la guerra del más rápido y del más gritón.

 

La primera reina del Perú “Huellas Digitales” de EL COMERCIO – 02.07.2010

En la nota que reproducimos se hace mención a la proclamación de la reina del Perú; en esa misma confrontación, representando al Cerro de Pasco -capital del entonces departamento de Junín- la señorita María Isabel Ravelli, tuvo descollante intervención ocupando el segundo lugar. Diarios y revistas limeños le habían asignado gran chance para hacerse del título que ganó la bella chalaca.

la primera reina del PerúUna chalaca de 17 años alborotó el país en 1930, cuando su gracia y estampa la convirtieron en la primera Miss Perú. Emma Mc Bride (97) cumple ocho décadas de su elección radiante como en aquellos tiempos.

A dos meses de cumplir 98 años, dona Emma Mc Bride, o Memy como cariñosamente la llaman, sigue siendo hermosa. Una y otra vez veo su fotografía, con el cabello color chocolate, los labios rojos, sombras en los ojos, aretes de perlas, uñas pintadas, perfectamente arreglada, y pienso que el tiempo ha sido justo con ella. Me quedo encantada, como seguramente sucedió con el jurado calificador del concurso Señorita Perú aquel 10 de febrero de 1930, en el Country Club, hotel inaugurado tres años antes. Era mediodía y el certamen, promovido por el diario “La Crónica” y la revista “Variedades”, entraba a la recta final. El jurado tenía la difícil tarea de elegir a la representante de nuestro país para el Concurso Latinoamericano de Belleza que iba a realizarse en Miami.

Por esos años, los concursos de belleza exaltaban las cualidades morales y dejaban en segundo plano los atributos físicos. Lo ideal era que la candidata reuniera ambas cosas, como Emma, candidata por el Callao, quien simplemente impactó al jurado y al público con su desfile en traje de baño.

De las diez candidatas que había, de pronto quedó sola. Memy lo tomó como un desaire, “cómo era posible que me dejaran”, diría en ese momento. Cansada por la espera, y sin nada de maquillaje, solo con un poco de polvo compacto, posó para el lente y salió espectacular. Era la primera foto como Señorita Perú, pero ella aún no lo sabía. No había el anuncio grandilocuente de estos tiempos.

Recién al día siguiente la noticia circuló en las páginas de los diferentes diarios. “Nunca pensé que pudiera triunfar () Cualquiera de ellas tenía más mérito que yo, hasta ahora me parece que vivo un sueño y estoy feliz, porque siento la felicidad a mi alrededor”, declaró aún aturdida. Lo que vendría después sería una verdadera fiesta, el recibimiento en Palacio de Gobierno, el saludo del presidente Augusto B. Leguía y las celebraciones en los hoteles y teatros de la ciudad. Incluso se jugó en su honor un partido de fútbol en el estadio Modelo de Bellavista y le realizaron un documental.

La representación en Miami fue excepcional. En el certamen lució el traje de una ñusta. Los colores intensos de la vestimenta junto con la gracia y el espíritu vivo de Memy pusieron la nota de color. Cuatro meses después, el 16 de junio, nuestra Señorita Perú regresó para continuar viviendo su historia, esa que empezó en una mansión de la calle Cochrane.

De chica yo he sido un poco marimacha, mi afición a las bolas, a la pega o al trompo siempre primó sobre las muñecas, confesaría ya de joven. Cuando Emma cumplió 8 años, su padre, el capitán de fragata Daniel Mc Bride, falleció. Su madre Carolina Miller quedó al cuidado de ella y de sus cinco hermanos. La familia se mudó a Chucuito y desde entonces el mar la sedujo, como alguna vez confesó: “Mi afición por conocer cosas nuevas, de sentir emociones inéditas, me impulsaba a estar siempre cerca del mar”.

Por esos años ya se avizoraba su futuro: fue Reina Infantil de Chucuito y, en 1929, el presidente Leguía la coronó Reina del Callao. Con el título de Señorita Perú no perdió sus inquietudes de niña. Prefería “gorrear” un carro a viajar en un lujoso auto. “Una vez lo hice en carnavales y mi traje, que era de color negro, terminó plomo por la revolcada que me di”, confesó alguna vez.

Un hombre 15 años mayor que ella, a través de cartas románticas y rosas rojas, la conquistó; y ella terminó casándose con él. El afortunado fue José Luis del Solar Castro, un importante hacendado de la época. Se casaron el 31 de diciembre de 1933, ella con 20, él con 35. “Me caso a fin de año porque mañana será un nuevo año y una vida nueva”, afirmó el día de su boda. La pareja se fue a vivir a Chancay y se dedicó al cultivo de naranjas. “Ella misma enseñaba a sus trabajadoras a “enjavar” las naranjas, pues siempre ha sido muy laboriosa. Cuando murió mi papá, ella se hizo cargo de toda la hacienda y de sus seis hijos”, cuenta admirada Ana María, una de sus herederas.

Memy se acerca a los 100 años y es la única sobreviviente de sus familiares coetáneos. Pero sola no está: sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos la acompañan siempre. Sigue viviendo en su casa de Chancay, junto al mar que tanto adora, y desde donde todos los fines de semana se dirigen a la Plaza de Armas a comprar su helado favorito, con las mismas ganas de vivir que cuando era joven.

Chumbeque Por: Luis Jochamowitz

Publicado en “Caretas, Ilustración Peruana”, Edición 517, abril 1977.

En memoria de Fidelio.

Chumbeque
Chumbeque ante la puerta de su casa en Breña, todos los perros son fotogénicos.

Pocos perros hay en la historia del Perú. Los más famosos son los mastines que los conquistadores españoles utilizaron como arma de guerra. El papel de los perros en los primeros momentos de la conquista no se puede subestimar, “industriados eran utilísimos”, dice un cronista. Como para redimir a la especie, el general Guillermo Miller menciona en sus Memorias al perro del regimiento durante una carga de caballería en la guerra de la independencia. Es una imagen imborrable que se queda en la imaginación del lector, un perro entre el polvo y las patas de los caballos, corriendo alegremente unos segundos antes del choque.

“Pocos defectos tienen los perros”, escribió Virginia Wolf, pero solo algunos, muy pocos, superan su destino de perro doméstico, para convertirse en algo más para miles de personas. Un caso sobresaliente en la pequeña historia de la mínima política peruana, es el de Chumbeque, el perro de Genaro Ledesma Izquieta, político, abogado y escritor.

Los orígenes de Chumbeque son inciertos como corresponde a todo perro callejero. Llegó inexplicablemente de la mano de un secretario o ayudante que había sido encargado de conseguir un perro fino. Tenía tres meses, una oreja partida, tan flaco que se le veían las costillas, finalmente le encontraron garrapatas. Por un momento su suerte pareció echada, pero los dos niños de la casa se encariñaron con él y se quedó. Ese destino, entre el matadero y el hogar, que recuerda a las novelas de Dickens, se repite una y otra vez en las historias de los perros. Chumbeque pasó la prueba del destino y quedó instalado en la casa del Pasaje Pozuzo 168, Breña, donde con esa voluntad e inteligencia de los grandes perros chuscos, pronto se recuperó.

Era natural que se llame Chumbeque, su amo había tenido varios con el mismo nombre desde que era niño en su natal Cajabamba. El momento decisivo de su vida llegó la noche de un jueves de mayo de 1977 cuando un grupo de policías se presentó en la casa de su amo para detenerlo. Ingresaron con violencia por la puerta delantera y se encontraron con Chumbeque. Se dice que esa noche mordió los pantalones de un número indeterminado de investigadores, entre 4 y 17, según las fuentes. El hecho es que su ruidosa y decidida intervención, permitió que su amo escape por la puerta de atrás, que daba a un parque y a la clandestinidad.

Genaro Ledesma
Regreso triunfal, Genaro Ledesma elegido en el exilio para la Constituyente de 1979

Esos son los hechos. Como tantas veces entre amos y perros, los destinos de Chumbeque y de su dueño se entrecruzan en esos años definitorios. Ledesma estaba en vísperas de su mejor momento, fue detenido y deportado varias veces, estuvo casi dos años en el exilio de donde regresó triunfalmente para la Constituyente de 1978, con el 12 por ciento de los votos. Chumbeque resistió otro allanamiento, su vida fue problemática, mordió a varios transeúntes y conoció largas cuarentenas en la perrera de Chacra Ríos. En otro giro dickensiano de su vida, murió envenenado por un malvado que le arrojó un bocado por encima de la pared.

Su proeza esa noche de 1977 es encomiable, y siempre será recordada por su dueño, pero quizás no baste para explicar una fama que ha demostrado ser duradera, al menos entre los entendidos ¿Por qué su historia no se olvidó? En los días y semanas siguientes al allanamiento, el nombre de Chumbeque circuló por primera vez en las denuncias a la prensa que hizo Nelly Raraz, esposa de Ledesma. Sobre esa primera piedra se edificó lentamente una imagen de perro fiel y oportuno, hostil a la autoridad espuria, recuérdese que se vivían los años grises de la “segunda fase” militar. Con los años, como corresponde a un amo fiel, Genaro Ledesma fue la principal fuente del recuerdo de su perro, en entrevistas, artículos, conversaciones y finalmente en una novela que lleva su nombre. La fama de su perro fue tanta que en algún momento mucha gente comenzó a llamarlo Chumbeque. Para la posteridad de un perro todo eso ayuda, y también, quizás, la sonoridad, la alegre gracia de su nombre.

Nelly Raraz esposa de Ledesma
Nelly Raraz, la esposa de Ledesma, denunció en cartas el allanamiento policial a su domicilio.

“Caretas, Ilustración Peruana”, Edición 517, abril 1977.

“DIEZ GUERRAS HA TENIDO EL PERÚ” POR MANUEL SCORZA

Un relato de la cronivela Redoble por Rancas (1970) de Manuel Scorza Torres [Lima 1928 – Barajas (España) 1983]: peruano de imprescindible lectura.

  1. La guerra de 1827 con Bolivia la ganamos. El paseo por el Titicaca lo pagaron los perdedores.
  2. La guerra de 1828 con la Gran Colombia la perdimos: un general que llegó a Presidente traicionó a otro general.
  3. La guerra de 1838, de nuevo con Bolivia, la perdimos.
  4. La guerra de 1837 contra los chilenos la ganamos, pero el Perú permitió al cercado ejército chileno retirarse íntegro, entre marchas triunfales.
  5. La guerra de 1839, de nuevo con Chile, la perdimos: claro que entre los vencedores formaban dos futuros presidentes del Perú, Castilla y Vivanco.
  6. La guerra de 1841, de nuevo con Bolivia, la volvimos a perder: alguien le disparó por la espalda al Presidente Gamarra en plena batalla de Ingaín.
  7. La guerra de 1859 la ganamos sin disparar un tiro. Ecuador pagó el pato: se acordó que el perdedor pagara el paseo por Guayaquil, pero inexplicablemente el Perú proporcionó dinero, vituallas y equipo.
  8. La guerra de 1879, iluminada por la solitaria antorcha del “Huáscar”, la perdimos.
  9. La guerra de 1930, con Colombia, la perdimos. Presentimientos amargos trotaban con la lengua fuera. Pero entre 1900 y 1911 en el Putumayo se entregaron 4 000 toneladas de caucho a costa de 30 000 huitotos. Buen precio entre siete vidas por tonelada.
  10. La guerra de 1941 con Ecuador la ganamos: tres paracaidistas tomaron Puerto Bolívar. 

Ocho guerras perdidas con el extranjero; pero, en cambio, cuántas guerras ganadas contra los propios peruanos. La no declarada guerra contra el indio Atusparia la ganamos: mil muertos. No figuran en los textos. Constan, en cambio, los sesenta muertos del conflicto de 1866 con España. El 3° de Infantería ganó solito, en 1924, la guerra contra los indios de Huancané: cuatro mil muertos. Esos esqueletos fundaron la riqueza de Huancané: la isla de Taquile y la isla del Sol se sumergieron medio metro bajo el peso de los cadáveres…

En 1932, el Año de la Barbarie, cinco oficiales fueron masacrados en Trujillo: mil fusilados pagaron la cuenta. Los combates del sexenio de Manuel Prado también los ganamos: 1956, combate de Yanacoto, tres muertos; 1957, combates de Chin-Chin y Toquepala, doce muertos; 1958, combates de Chepén, Atacocha y Cuzco, nueve muertos; 1959, combates de Casagrande, Calipuy y Chimbote, siete muertos. Y en los pocos meses de 1960, combates de Paramonga, Pillao y Tingo María, dieciséis muertos. Las líneas superiores pertenecen a Redoble por Rancas de Manuel Scorza.

Obra que no solo destaca por su literatura social y activismo ideológico, también porque maneja con genialidad y precisión el discurso irónico. La claridad de subvertir las oraciones y manejar los dobles sentidos en frases como: “En el Perú existen dos clases de problemas, los que se solucionan solos y los que no se solucionan nunca” (una crítica soterrada y terrible a la participación del Estado en la solución de los problemas). Cruel.

No con menor maestría trabaja el discurso onírico (los significados y los significantes). Elementos como la coca, el maíz, la lechuza o los sueños son aspectos que solo entendiendo en su contexto dan la posibilidad de comprender a cabalidad el mensaje de la obra.

fusilados 1932