Discurso de Don Gerardo Patiño por el ANIVERSARIO DE PASCO

Gerardo Patiño LópezCon especial veneración a su egregia personalidad nos honramos con publicar el discurso que pronunciara don Gerardo Patiño López, patriarca de nuestro periodismo y ejemplar ciudadano cerreño,  el 27 de noviembre de 1971, agradeciendo el motivo del homenaje que le rindió el Club Departamental Pasco.  Aunque ustedes no lo crean, uno de sus socios, un ex trabajador de la Oficina de Tiempo de la compañía norteamericana, en forma airada se opuso a este homenaje aduciendo “¿Cómo vamos homenajear a un simple “periodiquero” en fecha tan importante?”. Este lamentable sujeto ya no está con nosotros, se fue con su estupidez y mezquindad, después de demostrar su egoísmo bastardo hacia una figura patricia de nuestro pueblo. Hoy, transcurridos los años todavía pululan alguno de estos supervivientes “buenos para nada” que son incapaces de reconocer méritos ajenos.

(Fuente: Libro de Actas de la fecha – Dibujo del artista cerreño Wilmar Cosme Calzada)

Señor Presidente del Club Departamental Pasco

Distinguido auditorio

Sorpresivamente estoy asistiendo a un inmerecido acto de homenaje a mi persona, organizado por el Club Departamental Pasco, al celebrarse el 27º aniversario de la creación de nuestro departamento.

Me han querido honrar con esta demostración de pleitesía que agradezco sinceramente con toda mi alma. Pero me pregunto sin egolatría. ¿Qué he hecho para merecer tan significativo homenaje? La excesiva bondad demostrada por mis comprovincianos que forman esta entidad han aquilatado superlativamente mi pequeña contribución a l vida e historia del Cerro de Pasco para confundirse con los hombres que hicieron mucho por la “Cuna de Carrión”, pues estoy lejos de haberlos superado para merecer tal distinción y declaro enfáticamente que el que os habla sería d los últimos en alinearse a recibir estas pruebas de satisfacciones que marcan indudablemente un reconocimiento. Señor Presidente, mil gracias al club que usted preside y agradezco a los señores que me han antecedido en el uso de la palabra, pues ellos se han excedido en sus conceptos para favorecerme y hacerme vivir momentos de emoción sin límites. Porque, si en algo contribuí en el pasado por nuestra querida “Ciudad Opulenta”  no he hecho sino cumplir con un deber y, ese deber, está en el consenso de los hermanos de Pasco.

Qué mejor oportunidad que esta para abundar en ligerísimo recuerdo de otro cuanto injustamente se nos arrebató el título de Capital del Departamento de Junín. Los concejos provinciales de entonces, los comités de defensa de distinguidas damas cerreñas, presidida por la distinguida matrona señora Teresa Viuda de Curty y de los caballeros representativos de la ciudad, encabezados por el probo cerreños Benjamín Malpartida iniciaron sus labores desde el primer momento.

Trece años consecutivos de lucha incesante y sin desmayos se realizaron para que al Cerro de Pasco se le devolviera su capital departamental que lo había mantenido brillantemente dese el año de 1825, cuando se creó el departamento de Junín.

Los memoriales y comisiones se sucedieron infructuosamente. Episodios y anécdotas fueron como un epilogo de la situación creada. Quisiera hacer historia de todo lo acontecido desde el 15 de enero de 1931 fecha funesta para los análisis  de la vida de nuestro pueblo, pro sería muy extenso y tendrían sin quererlo, quizá, herir susceptibilidades que estoy lejos e causar menoscabo a quienes nos hicieron creer que el Cerro de Pasco volvería a ser capital del Histórico Departamento de Junín.

En el lapso de trece años el Cerro de Pasco se hallaba disminuido de su antigua jerarquía porque no estaba acostumbrado a ser inferior que otras provincias del mismo departamento; es por esta causa que en 1944 el diputado por l provincia de Pasco, ingeniero Manuel B. Llosa, interpretando el sentir de la ciudadanía, de la campaña periodística de EL MINERO y de otros periódicos de la ciudad, presento en su cámara el proyecto de creación del nuevo departamento conformado solamente por la provincia con su capital Cerro de Pasco, cuando se tejía en todo el departamento de Junín la constitución de tres nuevos departamentos: Mantaro, Tarma y Jauja.

El proyecto fue aprobado en la Cámara de Diputados y faltaba que la de senadores la sancionara pero la partida la teníamos perdida porque todo el departamento restante se oponía a la desmembración de su provincia de Pasco y fue entonces que el senador por Junín, ingeniero Diez Canseco, amigo del Cerro de Pasco, urgió que viniera a esta capital una comisión municipal a fin de asesorar los trabajos que tenían adelantados esa comisión inicio toda su gestión y consiguió que todos los señores senadores aceptaran el agradecimiento adelantado de sus votos a favor nuestro, en una política de alta escuela diplomática, dirigida por el citado senador. Cinco días consecutivos se ocupó el senado cuyo presidente ingeniero Ernesto Diez Canseco dirigió el debate y fue desde el primer día l doctor Raúl Pinto, senador por Moquegua y antiguo vecino de nuestra ciudad, quien levantó su voz en esas memorables sesiones parlamentarias para defender el proyecto Llosa, an franca y alturada defensa por los fueros del Cerro de  Pasco, hasta que en la sesión matinal del 24 de noviembre se aprobó por mayoría la creación del Departamento de Pasco con el escrutinio de 26 votos a favor y dos en contra. Las galerías de la Cámara Alta estaban atestadas de cientos de cerreños que presenciaban el Fausto acontecimiento. Así, un 27 de noviembre de 1944, un día como hoy, el alcalde señor Cipriano Proaño, con el ex teniente alcalde doctor Raúl Picón y el Concejal Gerardo Patiño López –tres cerreños- recibimos en Palacio de Pizarro, de manos del presidente constitucional Manuel Prado, la autógrafa con el cúmplase de la creación del flamante departamento. Se había hecho justicia al Cerro de Pasco y habían triunfado el ingeniero Manuel B. Llosa, autor del proyecto y el ingeniero Ernesto Diez Canseco, ejecutor que último los trabajos para bien de esta departamento y llegar al día de hoy a los 27 años de esa fecha memorable; y es por eso que el Club Departamental Pasco. Nos h traído a esta casa de los cerropasquinos para recordar este grato acontecimiento, y afirmar que el Cerro de Pasco y sus hijos jamás  se pusieron de rodillas para rogar y si pidió fue con  justicia y con derecho; y en esta fecha de grandes expectativas para nuestro querido pueblo, hagamos votos por su engrandecimiento y permita que invoque a los nuevos hombres que salen de las aulas del Colegio Nacional Daniel A. Carrión, sean ellos guías y con mejor preparación cívica sean los conductores de los destinos del  Cerro de Pasco y en estos momentos cabe realzar las hermosas palabras del ingeniero Diez Canseco que el 1943 pidió desde su escaño la creación del Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión con estas palabras brillantes:  “Cuántos Carriones se han perdido en Cerro de Pasco por falta de un colegio de media”. Es por todo esto mi admiración a este ilustre ciudadano del que no hay que mermar su prestigio y, por gratitud, hay que rescatarlo del olvido.

Señores:

Escudo de PascoAl recibir profundamente agradecido este homenaje a mi modesta persona, nuevamente hago votos fervientes por nuestro departamento y en particular por ese egregio Cerro de Pasco digno de mejores destinos porque las fabulosas riquezas de sus minas serán por siempre la fuente de su grandes y el eterno imán de atracción por su centro de trabajo; pero hay TRISTEZA por la ruina de sus casas,, hay INQUIETUD por l traslado de su antigua ciudad hogareña, hay SOBRESALTO por su nueva conformación urbana,, hay TORTURA por la desaparición de su historia de siglos con sus leyendas y tradiciones, hay ADMIRACIÓN por sus obreros mineros que forjan  la economía nacional, hay VENERACION por su madres fecundas que ofrendan hijos útiles a nuestro pueblo, hay CONDENACION por el olvido que se tiene en sus problemas  por los llamados a atenderlos, y hay LÁGRIMAS y DOLOR en el corazón por la destrucción de la ciudad pero como todo, hay ESPERRANZAS de que la juventud de hoy que reemplaza a los hombres que hubimos ayer, lo hagamos enaltecer y sólo así la CIUDAD OPULENTA de esplendoroso pasado, podrá celebrar en los venideros años su aniversario político lleno de fe y optimismo.

Departamento de Pasco: ausente de nosotros en este nuevo aniversario te saludo así como a tus hijos predilectos y provinciales, a ese trio de pueblos que constituyen: PASCO, DANIEL CARRION Y OXAPAMPA, que representan los tres reinos de la naturaleza en nuestro escudo nacional.

Muchas gracias.

GERARDO PATIÑO LÓPEZ.

CÉSAR VALLEJO EN EL CERRO DE PASCO

Cesar Vallejo

El hogar formado por el comerciante y minero Domingo Sotil y la respetable dama cerreña Domitila Woolcott, sufrió un dramático final el 23 de julio de 1911. Aquel día fallecía repentinamente en su hacienda Racracancha, la señora Domitila,   dejando sumido en el dolor y la orfandad a su esposo y sus siete hijos. Un fulminante paro cardíaco le causó de la muerte cuando se preparaba a viajar a Lima y residir allí para conducir la educación de sus hijos. La señora Domitila Woolcott –miembro de una de las más distinguidas familias descendiente de ingleses- había nacido en el Cerro de Pasco el 7 de mayo de 1873 y, concluidos sus estudios primarios en una escuela religiosa regentado por monjas fue enviada a Lima donde estudió en los mejores colegios recibiendo esmerada educación e ilustración notables. De regreso en su tierra se unió en matrimonio con don Domingo Sotil, el 9 de abril de 1891, cuando estaba por cumplir los dieciocho años de edad. Su estadía la hizo en su hacienda Racracancha donde vivió plenamente feliz durante los veinte años de vida matrimonial hasta el repentino momento de su deceso

El trance dramático en el que se vio envuelto don Domingo Sotil por procurar una adecuada preparación educativa a sus hijos, lo resolvió trayendo a un maestro para que personalmente se ocupara de la preparación de sus tres hijos mayores. Exigente en la elección se decidió por don César Abraham Vallejo Mendoza cuya hoja de vida decía que había nacido en Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892. Que sus estudios primarios los había realizado en el Centro Escolar No. 271 del mismo Santiago de Chuco, y desde abril de 1905 hasta 1909, la secundaria en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachuco. Que en 1910 se matriculaba en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo y en 1911 viajaba a Lima para matricularse en la Escuela de Medicina de San Fernando, pero se había retirado por carencias económicas. Trabaja en las minas de Quiruvilca y después en la hacienda azucarera Roma del valle de Chicama. Al año siguiente retornaba a Trujillo a retomar sus estudios universitarios. En esos momentos estaba trabajando como profesor a fin de costearse sus estudios. En la entrevista personal, don Domingo Sotil quedó conforme con la sólida preparación del profesor y, de inmediato, lo llevó al Cerro de Pasco impresionándolo vivamente. A poco de llegar, el diario el MINERO ILUSTRADO publica su primer soneto en la edición del 6 de diciembre de 1911. Entraba Vallejo en el difícil mundo de la poesía del que fue el más grande representante peruano.

                    SONETO

El día toca a su fin. De la cumbre

de un enorme risco baja el rebaño,

pastor garrido, que con pesadumbre

toca en su quena un yaraví de antaño.

 

El sol que lento cae, con su lumbre

da un tinte de misterio y de tristeza

a un campo de solemne soledumbre

La aura pasa suave. La noche empieza.

 

La choza pastoral está a la orilla

De un río de corriente silenciosa,

hila en la puerta una india candorosa.

 

Después, los labradores en cuadrilla,

Rendidos se recogen a la choza,

da la seis en el reloj de una capilla.

  VIDA E IDEAL

Juego… ¡Qué se yo de la suerte mía!

Juego…Y enervado con la alegría,

Jamás horizontes escudriñó.

¡Oh!. ¿Cuán feliz es nuestra ¡Edad de Niño!

Pero al fin salgo de esa Edad de Plata

Y nada hay que me agite y que me abata.

 

 

 

YO DESCUBRÍ AL HOMBRE LAURICOCHA

Augusto Cardich, huanuqueño, es uno de los más famosos arqueólogos del Perú, cuyas investigaciones sobre el primitivo hombre americano concitan la atención de los mayores especialistas del mundo. Actualmente dirige la Cátedra de Arqueología Americana en la Universidad de la Plata. Cardich es una lumbrera de la prehistoria del Perú. Descubrió en la región central, entre Huánuco y Pasco, enterrado en una cueva, al más viejo de nuestros antepasados, “el hombre de Lauricocha”, que viviera en la región, hace aproximadamente diez mil años. Esta es una entrevista que se publicó en el número 100 de la revista “HOY”.

el hombre de yauricochaAquí estoy en la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires. Está frente a mí un científico peruano de talla mundial, autor de cuarenta trabajos publicados y poseedor del Premio Nacional Inca Garcilaso de la Vega, galardón que obtuvo a raíz de su descubrimiento del Hombre de Lauricocha, perteneciente a la más antigua civilización pre incaica que se conoce.

Su residencia está decorada con motivos autóctonos, artesanía indígena actual y una biblioteca con más de cuatro mil volúmenes con rico contenido de la Historia del Perú y de América. Cardich se ha desempeñado como profesor durante 17 años y estima que ha predicado sus conocimientos a ocho mil discípulos.

Estudiante de primaria en la Unión, ex alumno de San Agustín y San Marcos divide su tiempo entre la enseñanza y la excavación en la región de Patagonia.

Hoy: ¿En qué año descubrió al hombre de Lauricocha?

Augusto Cardich (AC): Fue en enero de 1958. En el lugar denominado Lauricocha descubrimos signos, huellas, rastros de una milenaria civilización, en un lugar con diversos microclimas, donde los habitantes de entonces protegían y desarrollaron la agricultura.  Existían irrigaciones subterráneas y manifestaciones sumamente importantes…

H: Ese descubrimiento, ¿cambió el panorama de la prehistoria en el Perú?

AC: Sí, la antigüedad del hombre de la cultura andina, no sobrepasaba de los 4200 años como es el caso de Huaca Prieta. Tampoco se pensaba que más allá de los 4000 metros sobre el nivel del mar hubiera civilización alguna.

Los Glaciares Retroceden

H: ¿Qué aportes importantes considera que ha concedido para el desarrollo de la ciencia arqueológica mundial, profesor Cardich?

AC: Los aportes que yo juzgo importante son:

  1. Descubrimiento de puntas foliáceas en Lauricocha.
  2. Descubrimiento y estudio antropométrico del Hombre de Lauricocha.
  3. Hallazgo de un esqueleto con deformación craneana artificial para el nivel Lauricocha II, cambiando las ideas que existían al respecto.
  4. Estudios de las tumbas de los niños en los estratos más antiguos de Lauricocha.
  5. Descubrimiento de importantes muestras de arte rupestre en la zona de Lauricocha y el primer estudio sistemático realizado en el Perú.
  6. Aporte de los análisis sedimentológicos en el estudio del paleo clima en las cuevas de los Andes.
  7. Estudio del paleo clima de los Andes Peruanos y una propuesta de sistematización.
  8. Datación de radiocarbono de un episodio de retroceso de los glaciares de los Andes, acontecido 12500 años antes de nuestra era.
  9. Estudios geomorfológicos en Raura y Lauricocha e identificación de morrones de la glaciación de Lauricocha.
  10. Importante descubrimiento del ascenso y descenso de los límites superiores de cultivo, estudio de datación y su implicancia en la dinámica de los pueblos andinos.
  11. El concepto de Altoandino y la distribución demográfica.
  12. Estudios de los sistemas de irrigación en los antiguos cuadros de cultivos en la zona de Lauricocha incluyendo varios tipos de acueductos subterráneos.
  13. Exposición de teorías sobre el origen de la cultura americana y sobre el origen del cultivo de los Andes.
  14. Tesis para una valoración precisas del alcance de las culturas americanas y sobre el origen del cultivo de los Andes.
  15. Descubrimientos de varios centros de edificaciones importantes como el de Azuay, etc, y otros aportes más que actualmente estoy utilizando en mis investigaciones.

La National Geographic

H: Profesor Cardich, ¿Cómo recibieron los científicos internacionales los resultados de su trabajo?…

AC: Esta zona ya había sido explorada inicialmente por el notable prehistoriador O. Hunghin, fallecido hace pocos años y que fuera mi maestro, pero no se había llegado a los resultados actuales.

H: ¿Y a qué nivel llega el resultado de sus trabajos, profesor?

AC: Las investigaciones que he realizado con excavaciones más profundas y amplias, un trabajo con tiempo y afinamiento, han dado como resultado el descubrimiento de la secuencia más importante de la prehistoria suramericana pre cerámica. Comienza con los restos de una industria lítica sumamente interesante por sus técnicas de 12600 años de antigüedad. Otro estrato correspondiente a 11000 años antes de nuestra era, presenta mejores artefactos de piedra. Pero sobre todo he hallado cortezas de roca pintadas caídas del techo. Todas las cavernas presentan estas pinturas llamadas negativas de manos. Este es el arte más viejo detectado hasta ahora en América. Estos grupos se alimentaban de guanacos, aves, caballos, y un camélido frágil como la vicuña pero más alargado y alto que los especialistas denominaron “Lama Gracilis” especie extinta hace 11000 años. Esta cultura permanece en la zona hasta 8750 años antes de nuestra era. Luego viene un silencio de 1490 años en que estuvo abandonada la caverna. Y 7260 años antes de ahora, llegan otros grupos humanos portadores de la cultura Casapedrense que ocupan en forma intensa las cavernas. Estos grupos humanos fueron especialistas en la caza del guanaco y no aparecen en la zona huesos de otros animales. Fueron pues los cazadores más representativos que tuvieron su auge favorecidos por un clima más húmedo y algo más benigno que el clima actual. Cazaban con boleadoras y no tenían puntas de piedra. Cuando estaban en pleno florecimiento sobrevino un acontecimiento volcánico cubriéndose de cenizas el suelo de la caverna. Entonces los Casapedrenses, probablemente aterrorizados, abandonaron el lugar definitivamente. Esto sucedió a 5500 años antes de ahora. Un milenio después apareció otro grupo humano que ocupó la caverna. Estos poseían otros tipos de artefactos y se alimentaban de una variedad de animales entre los que se encontraban los zorrinos, avestruces, guanacos y hasta gasterópodos (moluscos) y usaban puntas de piedra. Prosiguieron por varios milenios hasta que se prologaron en los Tehuelches, cazadores que llegaron hasta el siglo pasado.

El Hombre Temprano de América

EP: Profesor Cardich, ¿qué importancia le asume usted a su trabajo sobre Los Toldos y su incidencia en la arqueología americana?

H: La arqueología americana posee pocos yacimientos que tengan un promedio de 10000 años de antigüedad. Los Toldos están entre los pocos tan antiguos, y hasta sobrepasa la edad promedio, ya que el estrato inicial de mis investigaciones posee 12600 años. Estos trabajos han sido fechados con carbono 14 y sobre muestras de carbón y vegetal. Estas investigaciones y descubrimientos son un testimonio concreto para estudiar y comprender más aún, los orígenes y culturas del hombre americano.

H: ¿Qué dimensión ha tenido el interés de la comisión de altos estudios de la National Geographic, profesor Cardich?

AC: La National Geographic ha venido de los Estados Unidos a documentarse sobre los trabajos de Los Toldos y fotografiar los materiales encontrados porque están realizando un importante trabajo para publicar sobre el Hombre Temprano de América. Se manejarán con los detalles más antiguos de la información prehistórica americana que será volcada para una amplia difusión.

Quiere Volver

H: ¿Cómo organiza sus trabajos como docente y las tareas de investigación, profesor?

AC: Mis labores docentes las realizo aquí en la ciudad de La Plata, donde probablemente proseguiré por algún tiempo más, mientras que mi actividad fundamental de investigador, la realizo todos los días. Dedico parte del tiempo en investigaciones sobre la Patagonia y parte de los Andes. Son dos regiones claves para el estudio de la prehistoria más antigua de América.

H: Profesor, ¿qué otro punto más de América le gustaría explorar?

AC: me gustaría mucho excavar en Colombia y en Venezuela, ya que pienso que allí deben existir importantes yacimientos para la investigación arqueológica de América.

H: ¿No piensa regresar definitivamente al Perú, profesor?

AC: Mi deseo es justamente regresar al Perú. Creo que iré en junio. Debo hacerlo antes que sumen demasiados años. Espero que para entonces mi país esté más evolucionado y haya alcanzado un destino superior. El Perú, a través de los milenios, ha tenido un destino brillante. Pero hay que tener conciencia de un hecho categórico: ese destino brillante lo consiguió casi siempre venciendo su difícil geografía, porque se sumaron el talento y el trabajo. Todas las obras portentosas que conocemos por la arqueología tienen ese sello. Y Creo que el Perú resurgirá nuevamente cuando gobiernen hombres más capaces y a estos hay que buscarlos, pues no siempre están en los partidos políticos.

Con estas palabras que nos expresan el fervor que Augusto Cardich siente por su país, nos despedimos después de haber recorrido con él y su eficaz colaborador la licenciada María Elena Gonaldi, las salas de exposición del Museo de La Plata y su laboratorio.

 

EVARISTO SAN CRISTÓVAL Y LEÓN (Una vida consagrada al arte)

Evaristo San CristovalEl 26 de octubre de 1848 nacía en el Cerro de Pasco, Evaristo San Cristóval y León, hijo del minero chileno Dionisio San Cristóval, radicado en la ciudad desde 1839, y de la dama cerreña, Ascensión León. Inició sus estudios en la Escuela Municipal de su tierra natal terminándolos en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe. Inclinado al dibujo desde su infancia, demostró una marcada vocación por el estudio de las Bellas Artes, llegando a ser el más sobresaliente alumno del célebre maestro italiano Leonardo Barbieri. Lo absorbe totalmente la preocupación estética por el dibujo y la pintura y, desde entonces, una voluntad inquebrantable lo pone al servicio del arte. Contaba con sólo catorce años cuando dibuja el retrato de su profesor y unos fósiles dedicados al sabio maestro Sebastián Barranca. Dos años más tarde -1864- pinta a la acuarela un estudio anatómico en miniatura que representa a un preso con el torso denudo, que lucha por desasirse de las cadenas que lo oprimen. Cierra su actividad escolar de ese año que egresa de Guadalupe, con un cuadro que representa a un árabe con el alfanje desnudo en defensa de su hijo que está en trance de ser raptado por unos beduinos. Barbieri, con su autógrafo, aprueba con nota sobresaliente ese dibujo. Es por aquellos años que aquilatando el valor humano de su paisano Daniel Alcides Carrión, lo dibuja al natural. Es el más hermosos retrato que tenemos de nuestro mártir, su paisano.

Es a partir de esa fecha, 1864, en que se hace abrumadora su producción artística. Miniaturista sobre todo, sorprende el caudal de su obra. Sin pausas, como recomienda Goethe, pero vertiginosamente como sabía hacerlo Lope, la inmensa labor de este artista se descompone así: 720 retratos al carboncillo, 45 pinturas al óleo, 22 al pastel, 14 acuarelas y 8 dibujos a pluma, es decir un total de 809 obras. Sus más valiosas producciones son concebidas y ejecutadas entre 1870 y 1897, fecha que precede sólo en tres años a la de su muerte.

Una columna romana dibujada a la pluma, en 1869, presentada a la Exposición Nacional de 1872, premia sus miniaturas, como también los retratos a la pluma de, don Manuel Pardo, y de Racine. Es la época en que está en boga la escuela de Julién, consistente en el dibujo detallado del último pormenor, del gusto, la paciencia y la prodigalidad, buscando la captación del más mínimo detalle. Se diría que se dibuja bajo la advocación de Job; que el artista anhela hacer fotografías a pluma. Barbieri está influido por esta escuela, y en su enseñanza da idéntica orientación a sus discípulos. San Cristóval, apasionado por el dibujo detallista, acierta en esta forma de arte al camino señalado por Rosalba Carrera, Jacques Bourdier y el gran Duchesne. El retrato en miniatura del siglo XVIII, irreprochable en su factura, prende en el ánimo estético de San Cristóval. Él, como sus maestros, sabe vencer las dificultades del trabajo y llega hasta la finura y la delicadeza exquisitas.

En el retrato de Racine alcanza la perfección. Se esmeró tanto el artista en la fiel reproducción de los crespos del gran trágico francés y, lo logró al detalle. Es tan acabada la obra, que con justicia se ha dicho, que podría figurar en cualquier sala de museo y estar firmada por el célebre Schultz. En parangón con este retrato, es necesario mencionar el del profesor Eugenio Chevreul. Ejecutado en 1892, el sabio francés, reproducido a tamaño natural, se halla dictando una conferencia en la Sorbona. San Cristóval ejecutó esta obra al carboncillo y lápiz blanco, sobre papel sepia. Alcanza tal perfección que por momentos la figura parece cobrar vida y movimiento.

Múltiple es la obra meritísima del artista cerreño. No sólo en lo artístico. En la Empresa Meiggs, fue el primer dibujante encargado sucesivamente de las oficinas de la división San Mateo, de la central de Lima y, de los estudios de la Oroya a Chanchamayo. Es a él a quien se deben notables planos que fueron premiados en la Exposición. Honrosos certificados le expidieron don Ernesto Malinowski y don Enrique Meiggs.

Durante la guerra con Chille, es encargado de las Oficinas del Estado Mayor de Reserva, trabaja con perseverancia y empeño dignos de mejor suerte. Verdadero amante del arte, maestro sin tregua en la jornada, figura como exponente premiado en todas las exposiciones nacionales. Gran intuitivo, sin centros apropiados donde perfeccionar sus conocimientos, en lucha con todo género de dificultades, busca la perfección con la pluma, el carbón, el óleo, el pastel, el yeso, el cobre, el zinc y la fototipia. Su constancia y su talento sin embargo, no impiden el cumplimiento de sus obligaciones magisteriales. Fue profesor cumplido en la Academia Concha, de la que fuera fundador, también en la Universidad y en la Escuela Militar. Los contratiempos y las dificultades no lo hacen desmayar. Nuestra vieja e histórica ciudad de Lima, evocada en sus señoríos y en sus galanteos, es trasladado a la piedra litográfica. Dibujos impecables, cuanto rincón de Lima tiene algo de evocador, está ahí. Lo propio hizo con sus hombres públicos que descollaron en el curso de una centuria. Todos aquellos que quieran documentarse gráficamente en la auscultación de la pompa y el galardón de Lima antañera, forzosamente tiene que recurrir a la galería confeccionada por San Cristóval y León.

Pero este inolvidable artista cerreño, no sólo cultivaba el arte y, la enseñaba; la estudiaba también. Intacta se conserva la selecta biblioteca que formó para documentarse. La integran obras rarísimas y de un valor inestimable. San Cristóval estudiaba la anatomía pictórica de Audrán y Esquivel; la teoría del dibujo en el tratado de Leonardo Da Vinci; la pintura mística española, en la voluminosa obra de Palomino; los grandes maestros en el Tratado de Vassari; a los célebres artista del mundo y de todas las épocas, en la inigualada colección de Manjares. Una joya bibliográfica consistente en una Biblia, interpretada en 200 láminas, donde a porfía compiten las firmas de celebérrimos grabadores que inmortalizaron hace tres siglos los talleres de Leyden y Amsterdan, completó objetivamente la instrucción artística que él solo supo darse.

Pero no solamente fueron el lápiz y el pincel los que con notoria maestría manejaba el artista. Sobre la piedra litográfica su buril también fue de selección. Sombra nítidas fueron impecablemente reproducidas sobre el papel. Ni los fáciles fotograbados de hoy alcanzan la perfección de aquellos trabajos. Verdaderos modelos en su género son las litografías en negro y a cinco colores que ejecutó, por lo que fue llamado. “El Gustavo Doré Peruano”.

Muestras del privilegiado talento de este maestro, fueron sus periódicos ilustrados que tanta atención llamaron hacia fines de siglo pasado. Asociado a Manuel Moncloa y Covarrubias, Abelardo Gamarra, José Toribio Polo, Domingo de Vivero, Teodorico Olaechea y Teobaldo Elías Corpancho, editó interesantes semanarios y quincenarios como: “La Ilustración Americana”, “Revista Americana”, “El Perú Artístico” y “Exposición de Lima”. El fotograbado no existía por entonces, siendo necesario vencer grandes dificultades. El artista pudo ofrecer la más profusa y documentada descripción gráfica de los últimos años en los citados periódicos. En todos ellos colaboró infatigablemente, desfilando en sus páginas las figuras de los próceres de la emancipación y cuanto hombre célebre tenía el Perú en las ciencias, en las letras, en las artes y en la carrera de las armas. Cuanta limeña llamó la atención por su belleza y su gracia, en más de medio siglo, ocupó los suplementos de aquellas revistas. El artista supo reproducirlas con notable exactitud y fidelidad. En “El Perú Ilustrado”, asimismo, quedó también una huella imborrable de su esfuerzo artístico. En rigor es considerado, con toda justicia, el padre del periodismo gráfico en el país.

En la época en que San Cristóval se encuentra empeñado en una labor tan fatigante -1870- ya han alcanzado su plenitud, Ignacio Merino, Francisco Lazo, Luis Montero, Francisco Masías, Pancho Fierro y, Federico Torrico. De su tiempo son, entre otros, Ingunza, y Del Campo, Lynch y Effio, Abelardo Álvarez Calderón y Romeo Gago, Daniel Hernández y Teófilo Castillo. Obra fructífera también hace en la Academia Concha, a la que dedica parte de sus desvelos y sus esfuerzos. Son sus discípulos aprovechados, el gran artista Julio Málaga Grenet, Federico Field, David Mons, Leonardo Jáuregui, Enrique Vargas Portal, Garreta, Melgar, Chávez, Tambini, Váscones, Manzanares y tantos otros que posteriormente habrían de destacarse en la pintura y el dibujo al natural.

Una vida enteramente consagrada al arte fue, en verdad, la de Evaristo San Cristóbal. En una época de arte detallista, en la que el dibujo aspira a la fiel reproducción fotográfica, este artista cerreño se prodiga sorprendentemente. Como maestro y como funcionario, además, Evaristo San Cristóval es incansable. Su obra, sin embargo, rebasa todo recogimiento de Academia. Sin poder contar con la fácil técnica del fotograbado actual, él divulga el arte en los periódicos de entonces. Graba en piedra gran parte de su obra y hace por primera vez verdadero periodismo gráfico en el Perú.

El 7 de diciembre de 1900, en el umbral casi del siglo pasado, a los 52 años de edad, la muerte pone término prematuro a la carrera del infatigable artista cerreño. El colegio de secundaria del asiento minero de Goyllarisquizga lleva su nombre como homenaje a su grandeza de artista genial e inolvidable. Sin embargo, no obstante una oportuna recomendación, han omitido por desconocimiento, que el apellido del artista genial, es con uve: San Cristóval.

Un poeta anónimo que firmaba con el pomposo nombre galo de Camile de Rouvillón, publicó un adiós al notable pintor cerreño, don Evaristo San Cristóval y León, el día de sus funerales:

B O H E M I O.

(A la memoria de Evarista San Cristóval y León)

Nació para triunfar, y la Victoria

desdeñó con tanta altanería.

Fue su existencia una ruidosa orgía

y un largo sueño en perdida historia.

Nostálgico del Arte y la Gloria,

cuyo sublime Vértigo presentía

deshojó con sarcástica alegría

el laurel prometido a su memoria;

su noble corazón se hizo pedazos

al golpe rudo de su horrible suerte.

Y roto ya, los terrenales lazos,

de su brillante juventud cansado

hundióse en el seno de la muerte:

huyó del mundo y se perdió en la

nada…

Camile de Rouvillón.

DON GERARDO

Gerardo Patiño López (dibujo)Hay hombres admirables que a lo largo de su vida lustral y bienhechora se convierten en paradigmas de su comunidad. Don Gerardo Patiño López lo es para el Cerro de Pasco. Su luminosa presencia fue muy importante por más de diez lustros en los avatares históricos de su tiempo. Todos los acontecimientos -de los buenos y de los otros- fueron relatados y descritos en magistrales crónicas a través de, EL MINERO, el periódico que fue su arma de lucha. El periódico que nació con él y murió con él. Sólo la parca pudo vencerlo muy lejos de la tierra que tanto había amado. Cuando se nos fue, tenía 82 años.

Nació en el Cerro de Pasco, el 3 de octubre de 1896 -dos meses antes de la fundación de EL MINERO- Sus padres fueron, el Mayor del Ejército Peruano, Rufino Patiño Hurtado y, la señora, Talía Rosa López. Sus hermanos, Carmen de Alvariño, Albina de Benavides y David Patiño. Estuvo casado con la señora María Jesús Maldonado Sánchez y, es padre de Bertha, Miguel, Rebeca, Luz Mercedes y Lola.

En 1909 ingresa en calidad de aprendiz en el fascinante mundo del periodismo. Recién está por cumplir 13 años y, las planillas de EL MINERO, lo tiene como a su servidor más joven. El 1916 ingresa por tres años a servir en el Ejército. A su retorno, se convierte en arrendatario, editor y director del periódico. A partir de entonces, en forma cotidiana va registrando las crónicas del pueblo minero; sus grandezas y sus miserias; sus triunfos y frustraciones. Pero su trabajo no se limitó a la difusión de los datos informativos, no. Se caracterizó por ser protagonista de mil y una luchas en beneficio de su tierra. Lanzó brillantes iniciativas que culminaron en bellas y positivas realizaciones. En 1925, por ejemplo, apoya el raid automovilístico: Cero de Pasco-Lima, pasando por La Viuda, con el fin de iniciar el trazo de la carretera que muchos servicios prestó a la zona. Los deportistas cerreños, Salinas, Oyarzábal, Beloglio y nuestro mártir minero Gamaniel Blanco Murillo, corresponsal del periódico, culminan con éxito la hazaña. La vía fue inaugurada solemnemente en 1932.

En 1929, con motivo de la inauguración del monumento a la Columna Pasco, el Concejo Provincial lo premia con Medalla de Oro. Él había sido el hombre de la iniciativa y de la lucha tenaz para la erección del homenaje a nuestros héroes.

El 15 de enero de 1931, el tirano Sánchez Cerro, comete una de las más grandes arbitrariedades políticas. Traslada la capital del Departamento de Junín, del Cerro de Pasco, a Huancayo. EL MINERO lanza encendidas protestas y organiza manifestaciones populares. Hasta se llega a complotar. El 5 de diciembre de 1931, el pueblo se levanta en armas. Debelado el movimiento, los insurrectos son enviados al Panóptico de Lima, entre ellos están Gerardo Patiño López y José Melgar Márquez. Dos jóvenes, dos destinos y dos opciones diferentes. Mientras que el primero, valiéndose del periodismo y la lucha ciudadana diaria, logra en 1944, la reivindicación del pueblo al crearse el departamento de Pasco; el otro –sectario y apasionado- está a punto de cumplir su juramento de matar al tirano en la iglesia de Miraflores, pero fracasa; es condenado a muerte y luego amnistiado. Don Gerardo, liberado ya, retorna a su tierra y, pluma en ristre, sigue ocupando su lugar en la barricada de dignidad. Sus logros son numerosos y extraordinarios.

Siendo Inspector de Obra Públicas, arboriza nuestro cementerio con hermosos quinuales que hasta ahora cobija en sus ramas, centenares de bulliciosas avecillas. Es decir, la vida donde reina la muerte y, en 1938, entrega una capilla central que hasta ahora sirve de oratorio. En 1941, conjuntamente con el concejal italiano Bonfiglio Vermiglio, edifica el actual mercado central y, amante de la cultura, construye la Biblioteca Municipal, frente al Hospital Carrión. Ese mismo año instala el refectorio escolar para dar alimentos a los niños pobres del Cerro de Pasco­. Por haber salido en defensa de la clase trabajadora, el 22 de junio de 1941 es enviado nuevamente al Panóptico de Lima. El 14 de agosto recobra la libertad y, nuevamente, se pone al frente del periódico. Un verdadero triunfo.

Después de una brillante campaña en la que es el adalid y, don Ernesto Diez Canseco, el ejecutor, se inaugura el Colegio Nacional Daniel Alcides Carrión, el 31 de mayo de 1943. Otro de sus triunfos gloriosos.

Los primeros días del año de 1944, viaja conjuntamente con don  Cipriano Proaño y don Raúl Picón Reyes, a pedir al Senado de la República la creación del Departamento de Pasco. Potaban argumentos y datos valiosísimos de sustento. El 27 de noviembre de 1944, el sueño de don Gerardo se hace realidad.

En diciembre de 1946, el Agregado Miliar de la Embajada Argentina, lleva un puñado de tierra cerreña al Panteón de los Próceres de aquel país. Allí, conjuntamente con las tierras de Chacabuco y Maipú, está la tierra cerreña que, el 6 de diciembre de 1820, se empapó con la generosa sangre de los centauros argentinos en su lucha por la libertad. Ese mismo día, el Gobierno Argentino condecoró a don Gerardo, con una Medalla de Oro.

Al llegar el año de 1948, un despreciable tirano, un enfermizo sujeto que detentó el cargo de Prefecto del Departamento de Pasco, con el abuso, el atropello, la ignominia y la estupidez, encendió de tal manera el ánimo del pueblo que, fatalmente se manchó las manos con su sangre canalla. La represión no se hizo esperar. Hombres, mujeres y niños fueron a  abarrotar las cárceles y, por su lucha en defensa del pueblo, se clausuró EL MINERO.

Su extraordinaria capacidad de trabajo, su inteligencia y su entereza, nunca supieron de treguas ni de despreciables deserciones. Era la historia viviente de su pueblo. Su alejamiento físico del lar nativo lo hizo sufrir mucho, pero desde la distancia, mantuvo vigente su amor por estos pagos. En 1967, como una acertada síntesis de su concepción de la historia de su ciudad natal, crea el Escudo del Cerro de Pasco.

Como protagonista de cinco décadas de nuestra historia, como cultivador de nuestras tradiciones, como periodista insigne, dejó una estela luminosa, hermosa heredad para nuestros hijos. Ha sido el hombre cabal que la filosofía oriental sintetiza en la fase  de Lin YuTan:” Tuvo hijos, escribió libros y plantó árboles”. Nosotros, emocionados, repetimos la expresión más hermosa en los labios del hombre: “NO VIVIO EN VANO”.

EL MAESTRO, CARLOS REYES RAMOS

El maestro Carlos Reyes Ramos

Una de las personas que a lo largo de mi vida me ha impresionado grandemente fue Carlos Reyes Ramos, un artista tan extraordinario que nos dejó una enseñanza imperecedera de humildad y grandeza.  Permítanme recordarlo ahora.

            Era notablemente moreno, de talla mediana, talante modesto acentuado con su vestir, limpio y ordenado, pero sencillo. Cuando lo conocí, me impresionó su sencillez y su simpatía. Fue don Lucho Llanos quien nos  presentó. Había que hablar con él para llegar a conocerlo plenamente. Su plática sin ningún tipo de afectación dejaba traslucir una sólida preparación humanística. Desde el comienzo simpatizamos mutuamente. Mucho me impresionó sus comentarios acerca de mi programa ANTOLOGÍA que propalaba a partir de la once de la noche irradiando poemas con piezas clásicas de los grandes maestros y música romántica en alternancia. Él comprendía que era la única manera de hacer asequible al pueblo las creaciones de la poesía universal. Dotarla de un ambiente demasiado académico y serio, habría logrado ahuyentar a la audiencia que siempre fue numerosa. Por estos acertados comentarios, pude calibrar su preparación cultural, sólida y amena. Es más. En una oportunidad me alcanzó unas acertadas creaciones suyas que con mucho gusto las irradié y las publiqué en nuestra revista EL PUEBLO que gozaba de gran popularidad. Posteriormente aparecieron publicadas también en el periódico LA ANTORCHA.

Un domingo me sorprendió verlo arbitrar un partido de fútbol de la Liga. Lo hizo con acierto y se le abrieron las puertas del difícil e incomprendido deporte de juzgar las jugadas ajenas.

Pero la sorpresa mayúscula e inolvidable la recibí una noche en la que don Lucho nos hizo una invitación especial a LA ESQUINA DEL MOROCHO. Armó un hermoso programa evocativo en el que el número central lo ocupó Carlos Reyes Ramos. Sorpresa. Nos llenamos de enorme satisfacción al comprobar que era cultor de la guitarra clásica y conocido concertista en la Lima de aquellos días. Aquella noche, en atención al grueso de los invitados, especialmente gente de la radio, periodistas, maestros y otros intelectuales, acompañado de “Vichi” Llanos, ejecutó en laúd, hermosísimos valses populares que nos emocionaron mucho. IDOLATRIA, ROSAS DE OTOÑO, ISABELITA, LOS ROSALES, TU OLVIDO y muchos otros que  ganaron el aplauso general de los habitúes. La humorada llegó al tope cuando secundaron la interpretación de voces hermosísimas y perfectamente afiatadas de los Hermanos Llanos: Marcial y Lucho. Ellos, al estilo implantado por aquel inolvidable trío argentino de Irusta – Fugazot y De Mare, nos hicieron vivir todo el esplendor de los valses que siempre están presentes en la memoria. Jamás olvidaremos aquella noche amenísima que terminó el domingo a las ocho de la mañana con un reconfortante caldo de cabeza…

Olvidaba comentarles que en aquella velada, con una cortedad conmovedora nos ofreció sus servicios personales de sastrería. Como era de esperarse, ganó numerosísimos clientes. Así que en el transcurso de una semana nos visitaba trayéndonos figurines y muestras de telas de excelente calidad, nos tomaba medidas que anotaba en un cuaderno y recortaba un pedazo de la tela elegida junto con el compromiso. A la semana siguiente ya nos estaba probando los trajes. Hacía ajustes con alfileres y puntadas, trazos con tizas e hilvanes y,  nuevamente se llevaba los trajes a Lima. A la semana siguiente ya los teníamos listos. La totalidad de sus admiradores le encargábamos nuestros ternos. Sólo de esa manera podíamos gozar de sus visitas semanales. Se alojaba en la casa de su anfitrión y hermano de juramento, don Lucho Llanos, en donde siempre fue tratado con un cariño y respeto extraordinarios. Doña Isabel Goyena, esposa de don Lucho, su hijo Vichi, Ignacio y sus hermanos, se desvivían por atenderlo. No podía ser  menos, don Lucho siempre fue un caballero a carta cabal y, Carlitos bien se lo merecía.

Sábados y domingos, cuando nos visitaba, tras los encuentros futboleros, recalábamos a la ESQUINA DEL MOROCHO y allí, pudimos  gozar de su acertada digitación en ejecuciones clásica con piezas de Soir, Tárrega, Villalobos, Rodrigo y muchos otros maestros inolvidables. Es más, con esa sensibilidad muy suya, hacía marco flamenco -que también dominaba-, para invitarme a recitar poemas de Ochaíta, Rafael de León, García Lorca y otros poetas españoles; todo con una aceptación general que me conmovía. A partir de entonces, casi en todas las humoradas de LA ESQUINA DEL MOROCHO alternábamos con música y poesía. La costumbre se extendió y sirvió para que hagan conocer sus creaciones varios poetas lugareños como Juvenal Augusto Rojas, Carlitos Rodríguez Minaya, Arnulfo Becerra Alfaro y un inquieto joven que había llegado del norte a prestar servicios en el Colegio Carrión: Genaro Ledesma Izquieta. Como es natural, mi admiración y mi afecto hacia Carlitos crecieron enormemente. Él correspondía con creces este sentimiento fraternal. Lo admirable de todo –yo diría, ejemplar- que no obstante ser un artista de tantos pergaminos, siempre buscaba mantener un perfil bajo con humildad conmovedoramente admirable. Es más, solía contar con un gracejo especial numerosas anécdotas en las que no siempre salía bien parado.

Una de ellas dice que estando apremiado de viajar al asiento minero de Chicrín –a doce kilómetros del Cerro de Pasco- sin que apareciera ningún carro que pasara por aquel lugar, vio que a la puerta del restaurante EL VIAJERO se hallaba una camioneta de aquella compañía minera.  Urgido como estaba entró en el establecimiento y pidió a los ingenieros que allí estaban almorzando, que por favor lo condujeran al mencionado lugar. Naturalmente aceptaron la petición, pero le dijeron que como en la cabina no podrían caber todos, se acomodara en la parte posterior. Carlos subió, se acomodó y esperó a que los ingenieros salieran del restaurante. Ya estaba un buen tiempo sentado allí, cuando advirtió que un canillita que voceaba los periódicos limeños, lo contemplaba de arriba a abajo  de una manera tan escandalosa que ya molesto le preguntó.

— ¡¿Que  miras tanto muchacho del diablo?! Acaso, ¿Tengo monos en la cara?

— No, señor.

— Entonces, ¿Qué tanto miras?

— Miro porque: ¡Es la primera vez que veo una camioneta con chimenea! – y diciendo esto, carcajeándose escandalosamente se alejó del lugar.

Otra vez ocurrió lo siguiente. Un domingo en la mañana, antes de ir al estadio donde ambos debíamos cumplir nuestras correspondientes tareas, me dijo que el gran Alirio Díaz, extraordinario guitarrista venezolano, entonces visitante de nuestra capital donde estaba actuando y alumno preferido del maestro Narciso Yepes, estaba buscando una guitarra de doce cuerdas y la quería para su colección particular que era muy conocida. Como estos instrumentos se vendían en el mercado cerreño fuimos allá. Efectivamente, pletóricas, con adornos especiales, colgando de la parte alta se lucían cuatro o cinco guitarras de doce cuerdas. Como quien no quiere la cosa le solicitamos al vendedor a que nos las mostrara, eso sí, sin traslucir ningún entusiasmo para evitar que nos subiera el precio. Carlos probó una y otra hasta que eligió una muy bonita. Como se usa en estos casos, comenzamos a regatear el precio. El dueño se había plantado en ochenta soles y nosotros le ofrecíamos setenta. Tanto fue el tira y afloja que transamos en setenta y cinco y, al momento de cancelar la cuenta, el dueño nos dijo; “Como se están llevando una buena compra, voy hacerle un regalo al “negrito” y, uniendo la acción a la palabra, le entregó un librito que tenía como título: MÉTODO PARA APRENDER A TOCAR GUITARRA. Naturalmente no entendió el significado de nuestra risa carcajeante. ¡Le estaba regalando un método a quien era un maestro sin igual de la guitarra!

Recuerdo claramente que una noche sabatina – transmitían el  programa ASÍ CANTA EL CERRO DE PASCO con sus animadores propios por lo que tenía anuencia para no asistir- me encontré con Carlitos y nos pusimos a conversar. Él siempre traía noticias frescas de los grandes movimientos culturales que se desarrollaban en Lima, como conciertos, presentaciones teatrales, ballet, ópera, zarzuela, etc. y me regalaba con programas de sus conciertos en algunas instituciones culturales que lo habían invitado. Como es fácil colegir, la conversación además de nutrida y amena, era muy extensa. Ya habíamos caminado bastante tiempo y nos moríamos de frío cuando decidimos entrar en un restaurante a beber un café caliente que mucho lo necesitábamos. Entramos en el HOTEL BOLÍVAR donde había un saloncito dotado de una abrigadora estufa siempre fogosa. Aquella noche llegamos tarde. La mesa cercana al calefactor estaba ocupada por un nutrido grupo de profesores de la Universidad, con su Rector, Oscar Recoba Chévez, un gran amigo que al vernos entrar tuvo la amabilidad de invitarnos a sentarnos a su mesa, pero debido a sus compañeros apristas, me negué muy cortésmente a hacerlo. Le dije que quería dilucidar un tema muy importante con mi amigo y que después aceptaría su invitación. Creo que no es demás decir que yo desempeñaba el cargo de Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad y todos aquellos profesores creían que yo era comunista por no haberme alineado con ellos. Falso. Yo mantenía mi independencia absoluta. Bueno el caso es que, aceptadas las disculpas, el Rector siguió con sus amigos y yo con el mío. Al poco rato ya estábamos enfrascados en una amena conversación cuando oímos escandalosas aclamaciones, gran salva de aplausos y comentarios de admiración a grandes voces. El chofer de la Universidad acababa de entregarle un hermoso estuche de guitarra al Rector. Éste en medio del clamoreo general, aplausos y silbatinas de aprobación, abrió el estuche y sacó una hermosa guitarra FALCÓN de concierto. ¡Qué bello instrumento! Los ojos de Carlitos brillaban al contemplar la joya. Yo quedé mudo de asombro, mucho más cuando escuché decir al Rector.

— ¡Esta es la joya más hermosa que tengo en la vida y acabo de comprarla en Lima! Me ha costado dieciocho mil soles, pero bien merece el precio. Es una magnífica guitarra de la que nunca me desharé. Solamente la quebraría en mil pedazos si encontrará que alguien la tocara mejor que yo. Pero eso es imposible. Así que para inaugurarla, voy a interpretarles un valse que está  de moda en todo el Perú. ¡Víbora!.

Las aclamaciones y vivas no se hicieron esperar y al instante hizo la introducción pertinente del vals anunciado y con mucho aliño y acierto se echó a cantar y, mientras lo hacía, yo quedé amoscado por su soberbia y falta de humildad.

Cuando hubo terminado y los aplausos no se acallaban, me acerqué a su mesa y le dije:

— Dijo usted, señor Rector, que nadie toca mejor que usted?

— Dije –me rectificó- que yo haría añicos esta guitarra si encontrara a otro que    tocara mejor que yo”.

— Entonces, ¿Puede prestármela un momento?

— ¡¿Toca usted, caballerito?!

— No, pero…! Carlos! –llamé a mi amigo que no quiso acercarse en un primer momento porque no le había pedido anuencia para hacer lo que tenía que hacer, pero cuando vio la guitarra en mis manos, se acercó, tomó una silla, la cogió, la templó brevemente y ante la admiración extraordinaria ejecutó “Los sitios de Zaragoza” poniendo al descubierto toda la gama de su arte maravilloso e inconmensurable, especialmente cuando simula el redoble de tambores y la marcha militar de inigualable contornos épicos. Cuando terminó, eran unánimes las aclamaciones en pie de los circunstantes de ésa y las otras mesas. Me entregó la guitarra que a mi vez se la devolví al Rector y tras una venia respetuosa, nos retiramos. Estábamos por sentarnos cuando escuchamos un estrépito impresionante y al dar vuelta, vimos estupefactos que el Rector  sostenía en sus manos sólo el mástil de la bella guitarra y el resto, convertido en astillas, pendía de las cuerdas. La había hecho trizas en la columna de la sala sin que nadie hiciera nada por detenerlo.

— ¡Gracias, maestro! ¡Acaba de darme una hermosa lección de humildad! ¡¡¡Usted sí es un guitarrista!!!- le dijo a Carlitos estrechándolo en un abrazo largo y emocionado. Yo sentí en el alma el triste final de la guitarra. Más edificante hubiera sido que se la regalara. Habría sido un premio excepcional.

Por lo demás, nuestra amistad con Carlos fue creciendo intensamente. La noche que estrené LA DAMA DEL ALBA de Alejandro Casona en el teatrín “Leonardo Arrieta” del INEI, lo vi en primera fila al lado de muchos fraternales amigos que siempre me han respaldado, especialmente los asistentes a la “Esquina del Morocho”. Su presencia me daba una fuerza notable porque yo sabía que me estaba apoyando en esa cruzada  que hace tiempo realizamos en nuestra tierra. Al final del cuarto acto, cuando los aplausos generosos coronaban nuestro esfuerzo, lo vi de pie, con una fogosidad extraordinaria en los aplausos y las aclamaciones y, no lo olvidaré, dos enormes lagrimones rodaron por sus mejillas morenas y buenas. Mismo sollozo que compartimos la noche en que el Cerro de Pasco se clasificaba para representar al centro del Perú en el campeonato Nacional de Básquetbol. Aquella noche, en medio de una lluvia imparable, se culminaba con una gran campaña. Don Lucho Llanos, Enrique Suárez, y Carlitos Reyes, eran los directivos de aquella empresa. Realizadores de un sueño maravilloso. No dejaban de llorar abrazados como hermanos en tanto el público empapado pero emocionado los aplaudía generosamente.

Un día que había llegado a entregar las obras, se sintió muy mal. Con el apremio que el caso requería lo trasladamos a Huariaca, un lugar bajo, respecto del Cerro de Pasco. Allí el médico nos hizo saber que, gracias al oportuno auxilio, había salvado la vida. Él no debía subir al Cerro de Pasco, su corazón estaba muy enfermo. En la tarde, cuando lo embarcamos en la Agencia Arellano nos estrechamos en un abrazo extenso e interminable que nunca olvidaré. Teníamos los ojos nublados. Fue la última vez que nos vimos. Al poco tiempo me enteré de su muerte. Me sentí tan triste y no puedo olvidar sus muestras de afecto sincero y desinteresado. Es decir nos regaló con su presencia en momentos que más lo necesitábamos. Adios amigo entrañable.

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE

Pedro Angel Cordero VelardeDe todos los pintorescos personajes que recordaban nuestros viejos en sus amenas tertulias de club, resaltaba con luz propia el excéntrico chiflado, músico, poeta y loco: Pedro Ángel Cordero y Velarde. Cerreño, de padres ayacuchanos, había nacido en el barrio de Matadería, el mismo año en  que moría nuestro mártir Daniel A. Carrión, 1885.

Dotado de un excepcional “oído” para la música, precoz e infaltable en retretas y bullangueras celebraciones, se inició en el  redoblante para después –aplicado y emprendedor- asimilar los secretos de gran cantidad de instrumentos en las magistrales enseñanzas de inolvidables maestros. El primero de ellos, el que modeló su carácter y lo puso en el camino del éxito con exigentes enseñanzas fue Markos Bache, notable maestro croata, nacido en Dubrovnik; traído por el consulado Austro – húngaro para dirigir su orquesta sinfónica y su banda de músicos del  “Centro Musical Slavo del Cerro de Pasco”, de notable éxito desde fines del siglo XIX. Llegó a dominar todos los instrumentos de cuerda, viento y percusión; mas fue con la trompeta con la que alcanzó maestría ejemplar. Estudioso como pocos, en la primera década de nuestro siglo, lo encontramos dirigiendo a “La Cosmopolita”, Banda de Música de la Benemérita Compañía de Bomberos Salvadora No 1.

Alegre y hablantín como pocos, enteco, pequeño y cetrino como todo mestizo, tenía unos ojos juguetones e inquietos que revelaban una inteligencia notable. A medida que transcurrían los años, sus iniciales y hasta inocentes palomilladas fueron adquiriendo caracteres alarmantes. Ya no eran simples guasas, bufonadas o chistes, sino locuras que iban adquiriendo tonos que salían del carril de la normalidad. A estas actitudes fuera de tono aunque risibles para la mayoría, el pueblo las bautizó como “corderadas” en directa alusión a su apellido.

Al entrar en la segunda década del siglo siguiente, crítico mordaz e inoportuno, no perdió ocasión para zaherir y mortificar públicamente a las autoridades con sus comentarios fuera de tono y sus pullas comiquísimas que todos celebraban alegremente. Bueno, todos no; los damnificados, especialmente personas notables, no veían ninguna gracia en aquellas ocurrencias. Cansados de sus excentricidades y falta de seriedad en el cumplimiento de sus funciones, los amoscados “manda más” cancelaron sus servicios y lo pusieron de patitas en la calle. No aceptaron más sus “corderadas”.

El damnificado, por su parte, convencido de que su figura agigantada por obra y gracia de su alterado cacumen era de muy grandes dimensiones para un escenario estrechamente pequeño como el Cerro de Pasco, decidió marcharse. Un día, rodeado de gente que lo admiraba y gustaba de sus “corderadas”, largó su último maratónico discurso cargado de tristeza muy sincera en el que confesó que se iba a la capital a ocupar “el sitial al que  tenía derecho” y que si Rumimaqui –a quien tanto admiraba- no había podido restaurar el lugar de “Apu Inca” que tampoco lo había podido lograr su antepasado Juan Santos Atahualpa, él lo lograría con creces. ¡Lo juró solemnemente! Gruesos y sinceros lagrimones sellaron la despedida. Así, apesadumbrado pero decidido, partió con rumbo a Lima a ejercer el gobierno de su “ínsula baratería”.

                                                Siempre dan pena los que se quedan,

                                               siempre dan pena los que se van.

 

                                               Los que se van, se van muy tristes,

                                               los que se quedan, quedan llorando.

 

                                               Siempre dan pena los que se quedan,

                                               siempre dan pena los que se van.

Llegado a Lima se avecindó en un solar de la calle San Ildefonso en donde, deseoso de conquistarlo, conformó una orquesta sinfónica con jóvenes músicos peruanos. Diez años estuvo al frente de esta quijotesca agrupación  ofreciendo conciertos en barrios y pueblos cercanos a la capital. Se encontraba triunfante y pletórico en esta tarea cuando se produjo el terremoto del 40 que destruyó su vivienda, sus instrumentos, partituras y todo lo que poseía. Quedó en la calle. Esto agravó su chifladura. En 1942, en plena guerra mundial, afincado en una casa semi-destruida de la calle Zavala, funda la “Academia de Música Cordero y Velarde”, donde impartía clases de teoría, solfeo y ejecución de instrumentos.  El éxito que obtuvo en esta institución elevó su entusiasmo y se dedicó en cuerpo y alma a brindar lo mejor que tenía a los jóvenes que estudiaban en su Academia. Una de sus más dinámicas alumnas fue la joven soprano Rosa Aguilar que, andando los días transformó en loco amor su profunda admiración por el maduro maestro. Decidida a compartir los desmesurados sueños del artista, se casa con él. Al lado de esta abnegada y ejemplar compañera funda el “Teatro Folklórico” con el que cumple notable actividad artística. La calidad de su elenco es notable. Con Rosita Aguilar están,  Julia Peralta, Inés Oropeza, Blanca Santiago y Julio Castillo, como figuras principales, con los que preparó el montaje de las Óperas nacionales “Sumac – Ticka” e “Ima Sumacc” a llevarse a efecto en el Teatro “Conde de Lemos”. Fatalmente, por motivos económicos y de otra índole, jamás  llegaron a estrenar. Uno de sus más notables alumnos, el músico cuzqueño Alejandro Vivanco, conmovido, dice de él lo siguiente: “ Puedo dar testimonio de su calidad de músico, porque después de las lecciones de solfeo, al advertir mi curiosidad, me mostraba orquestaciones completas de música incaica de su creación para sus dramas; también rico vestuario y decorados. En cada ocasión se sentaba al piano de cola y me hacía oír las arias y pasajes que a su criterio eran los más interesantes. En esa ocasión me obsequió sus dos partituras editadas: “Himno a la Redención Peruana” y “Daniel Alcides Carrión”, poema musical dedicado a su paisano.”. Sin embargo, es necesario decirlo: con sus ambiciones crecía también su chifladura ya muy conocida en toda Lima”.

Conocedores de sus sueños de grandeza y exorbitantes ambiciones, el periodista peruano Federico More y el músico ayacuchano Osmán del Barco –exitosos personajes aquellos días- deciden jugarle una broma y en el periódico EL HOMBRE DE LA CALLE que publicaban, le insinúan que se postule a la Presidencia de la República. Emocionado el hombre otorga poderes plenos a sus mentores para que lo inscriban. Informado posteriormente que había perdido los comicios nacionales, cae en una depresión profunda. Fue suficiente. Persiguiendo la inalcanzable quimera del poder, había despilfarrado todas sus propiedades. Cuando se dio cuenta del engaño, derrotado y empobrecido, más solo que nunca, en el clímax de su locura, le quedó la fantasía de que no sólo era Presidente del Perú sino también, “Apu Capac Inca, Emperador del Perú y Conductor del Mundo; Soldado de Tierra, Mar, Aire y Profundidad; Rey de Financistas y Mago del Estado por Voluntad Divina” y, claro, comenzó a ejercer su “mandato presidencial”.

En su desquiciada fantasía, había logrado asumir la Primera Magistratura de la Nación. A partir de entonces se le veía ataviado con una llamativa indumentaria.  En honor a su alta investidura lucía un chaquet negro de solapas grasientas tachonado de llamativas condecoraciones de hojalata y espejuelos cruzado por la “Banda Presidencial”. Su infaltable sombrero de tarro, desgastado y  fileteado de roturas y magulladuras, realzaba su serio continente. Su paso siempre raudo y parsimoniosamente serio, -camino de cualquier parte-, lo conducía arrebatado entre risas y comentarios de los viandantes del famoso jirón de la Unión. Cuando alguien, siguiéndole la corriente, le preguntaba adónde iba, invariablemente contestaba:

—!Estoy muy apurado, me necesitan en Palacio! Tengo una cita muy urgente- y continuaba siempre arrebatado a grandes trancos a cumplir con su imaginaria cita.

Era muy común verlo pronunciar extensos discursos cargados de entusiasmo como de risibles propuestas de Gobierno. Llevaba consigo –periodista combativo y vocinglero- ejemplares de su periódico EL LEÓN DEL PUEBLO, “Sale cuando puede y pega cuando quiere”, claro muestrario de su locura y enajenación inofensivas. En su primer número dice en unos versos

Qué eco más resonante,

                                               es hoy el ,¡ Viva Cordero!;

                                               será el Presidente primero,

                                               que al Perú lo lleve avante.

 

                                               Pobres y ricos serán,

                                               lo que ellos debieron ser,

                                               tenemos oro, plata y mujer,

                                               que ustedes no negarán

 

Nunca cesó de impugnar todas las elecciones que se vivieron en su tiempo porque, los otros  “en el imposible caso de ser elegidos en el cargo de Presidente, no podrán realizar ningún programa sin mi consentimiento, pues todos los proyectos habidos y por haber son míos, me los han robado”. A través de su periódico hizo público el contenido de su combativo epistolario.

En su edición correspondiente al 18 de febrero de 1960, por ejemplo,  el Conductor del Mundo le decía al Presidente Manuel Prado, “El año 1956 le dije en el LEON DEL PUEBLO, lo desdichado que iba a ser su gobierno, como así ha sucedido, porque mi palabra es autorizada cual de un profeta, porque tengo la huella divina”..”Para el 8 de diciembre del año 1957, le pedí que me entregara el mando pero su feroz orgullo me lo negó. En 1958 mi partido, la Juventud Corderista, le pegó en el Campo de Marte una terrible pifiada que no olvidará por sécula seculorum, con palabras soeces que cualquier gobierno hubiera renunciado, pero usted, sordo como una tapia, se zurró en la noticia, lo que quiere decir que su dignidad fue verde y el burro se lo comió”.

 En la edición del 15 de junio de 1956, alega en su editorial: “… y espero que esta vez, por dignidad se me haga justicia y se me entregue la Presidencia, porque es designio de Dios y de mi pueblo…yo propugné todas las grandezas que hoy posee el Perú mientras ustedes me plagian y no han hecho nada y nada harán”.

 En 1958, indignado, decía: “El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros y sólo existe en la historia de las calamidades pasadas. Por eso vengo a poner término a esta época de dominación…”.(…) “Me causa dolor ver desde mi Atalaya de Emperador, o Inca Wasi, cómo el cielo azul de la convivencia que no es cielo ni es azul, está adquiriendo un aspecto aborregado”.

El año siguiente, gritaba: “¿Hasta cuándo nos van a moler 800 millones de déficit del Erario Nacional…Déjenme la Presidencia que si ustedes no pueden, lo pago yo, porque soy el rey de las finanzas y mago del Estado”.

 Pobre mi patria querida,

qué malos hijos te han dado,

mas ya sabré defenderte,

porque yo no estoy comprado.

 

En su gobierno pasado,

mil millones se llevó,

y a nadie cuenta le dio,

al manicomio lo envió,

y por las puras alverjas,

la Presidencia agarró.

 El notable músico, Alejandro Vivanco, en otro pasaje de sus memorias recuerda así a su maestro Cordero y Velarde. “El año en que el doctor Jorge Prado llegó de Brasil como candidato a la Presidencia, sus parciales organizaron un mitin en la Plaza Dos de Mayo para presentar su programa, pero ese mismo, día Cordero y Velarde improvisó otro mitin; enterado el pueblo llenó la Plaza San Martín y dejó desairado a Prado”.

 “Cierta mañana llegó a la Librería “La Pluma” de la calle Trinitarias que yo regentaba y como de costumbre me contaba sobre su rutina diaria. En eso recibió un mensaje de larga distancia a través de una concha marina de caracol que llevaba en el bolsillo. (Se adelantaba en muchísimos años a la aparición de los modernos teléfonos celulares). Escuché el siguiente diálogo, “¡¡¡Aló, aló, querido Adolfo Hitler!!!. Hablas con el Emperador Cordero y Velarde, Conductor del Mundo. (pausa) ¡Gracias por interesarte por mi Imperio!. Estoy en vísperas de recuperar la silla presidencial. Caso contrario tendré que abandonar el país para ir a informarle al Santo Padre. ¡A propósito, Adolfo, hermano del alma mía, si hablas con el ingrato de Benito (Mussolini), dile que estoy pendiente de su llamada. ¡Ama sua, ama jella, ama llulla; ama jodemaicho!.

Estando en la Presidencia el arquitecto Fernando Belaunde Terry, le dirige una  misiva en la que le dice: “Usted como líder, YO como Emperador, somos dos potencias soberanas que debemos entendernos o destruirnos, pues no hay lugar para los dos en este cochino planeta de los simios”. Finaliza la carta con una explicación: “Por estos motivos le dirijo la presente carta abierta, vale decir sin sobre, para que me explique su extraña conducta y me diga con franqueza si mantiene su adhesión a mi persona, y si fuera lo contrario, sabré a qué atenerme y lo dejaré suelto en plaza. Los bueyes sueltos, bien se lamen”. “Mi plan de gobierno y alimentación contienen mi huella divina, revelado para el bienestar de The peruvian family”.

 Nicolás Yerovi, otro de los que han escrito sobre nuestro Presidente y Monarca chiflado dice, “Más allá de los anecdótico, Cordero y Velarde simboliza en su grado más extravagante los extremos de la más conmovedora huachafería y del más patético delirio a que son capaces de llegar quienes en el Perú se ven asaltados por cierta locura de poder. Porque si el poder envilece, desearlo enloquece; de allí que en épocas electorales los más de nuestros políticos no dejan de pergeñar sus propios ditirambos, ofrecer sin empacho lo imposible y llegar a convencerse, aunque sea por un breve lapso, de la verdad que no encierra sus generosas promesas”.

En “Los apachurrantes años 50”, Guillermo Thorndike, rememora que en un cónclave organizado por los monjes dominicos para buscar un candidato que encarnara las necesidades del momento, se presentó sin ser invitado el chiflado Cordero y Velarde: “Entonces llegó, anciano de levita negra y pantalón listado, discretamente zurcido, con hongo, bastón y escarpines viejos que cubrían sus humildes zapatos acabados de lustrar. No viajaba en limusina con chofer, ni nunca había estado en París, ni parecía de este mundo. Pero toda la tragedia del Perú al que no habían invitado los dominicos se abrillantaban en la locura de sus ojos. Su sola aparición enmudeció el discurso. Avanzó con dignidad por el salón repleto de personajes hasta sentarse a un lado, más bien en el coro que entre los potentados, en primera fila y cerca de la presidencia. Wiese y Miró Quesada se miraron sin saber qué decir. Los fogonzazos de los fotógrafos se concentraron en el Apu Inca Verdadero. Hasta ese instante, los pretendientes habían discurseado de Dios, la Patria, el orden establecido, nuestras sagradas instituciones, la paz pública, el luminoso porvenir de nuestros hijos. ¿De qué podrían hablar ahora, frente a la faz demacrada de un Perú que rara vez había sido feliz?. Con respetuosa solemnidad, Cordero y Velarde escuchaba a los principales. Después intervino en su condición de Apu Inca Verdadero y del desorden de sus palabras se supo que otra era la paz solicitada por el pueblo y que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana. Al día siguiente, “La Prensa” destacó en primera plana a Cordero y Velarde junto a los organizadores de la transición presidencial. La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”.

Pedro Ángel Cordero y Velarde, el viejo músico de la “Cosmopolita” del Cerro de Pasco, el arrebatado candidato cerreño a la Presidencia del Perú, murió pobre y abandonado en un viejo callejón limeño, signado con el número 123 de Carmen Alto, en el Jirón Junín de Lima. Era el 18 de diciembre de 1961. Curiosamente, ese día la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, celebraba su sexagésimo aniversario.