“Mishicanca”, el romántico bandolero “Asado de gato” (Tercera parte)

mishicanca 2Como todos los bandoleros, “Mishicanca” vivía prófugo de la justicia, perdido entre  escarpados parajes serranos donde era difícil el acceso y heroica la supervivencia. Al comienzo no fue reclamado por bando oficial, edicto o mandato gubernativo alguno. Después sí. Era hombre de espíritu libre,  alejado de su hogar paterno, viviendo con sus propias creencias, cultos, costumbres y misterios. Era como la mayoría de bandoleros, nacidos en hogares donde no se conocía el jabón, la escuela, el plato de carne, ni las sábanas; laborando de sol a sol, deslomándose desde los siete años con padres que apenas sabían hablar, merced a la superstición y el fanatismo religioso. Cuando era herido, acudía a curanderos y brujos de aquellos andurriales que con sortilegios, conjuros y remedios, curaban sus heridas con variado alijo de hierbas y pomadas especiales. Un enorme paquete de hierbas, raíces, tallos y flores milagrosas, así como ungüentos, emplastos, y copioso “aceite lagarto” –su más grande linimento- completaban su providencial renglón de primeros auxilios.

La rosa tiene lindos colores,

pero sus espinas hacen sangrar;

así tú tienes bonita cara,

pero tus acciones hacen llorar.

 

El amorcito que hemos tenido,

 en una rama se me ha enredado,

vino un fuerte huracancito;

 rama y todo se lo ha llevado.

 

Dicen que de muerto todo se acaba

dicen que de muerto todo se olvida,

 pero ni de muerto podré olvidarte

porque has sido como mi madre.

“Mishicanca”, pragmático y realista no obstante su romanticismo marcado sólo le importaba vivir su presente tormentoso; nunca se ocupó de guardar dinero ni proyectar sueños para el porvenir. A diferencia de otros bandoleros que reunían soles de plata para comprarse tierras en otros lugares y vivir su vejez con nombre cambiado, él jamás dejaría el valle del Chaupihuaranga, hermoso escenario de sus andanzas donde era reverenciado.

En el mundo estás.

¿A dónde te vas a ir?

Aunque me cueste la vida,

 siempre serás de mí.

 

Este corazón,

 ya no es corazón,

de puro sentimiento

quiere “chacta” no más.

 De todas las mujeres que con él compartieron las delicias del amor quedó prendado de una sola, la impresionante Mafalda Tenorio. Una hermosa chola de exuberante estampa, con pecho enorme y rotundo de diosa fecunda, de ancas ondulantes y provocativas; tupidas cejas y arqueadas pestañas, parejos dientes blancos; fogosa hembra hecha para el amor. Casado con ella, había conseguido no sólo  su amor rendido y fiel -lindante con la idolatría- sino también dos hijos a quienes adoraba. Feliz como pocos, tierno y amoroso con su mujer y sus hijos, incansable trotamundos, dejó pasar el tiempo hasta que estuvieron jóvenes. Fue en ese momento en que los introdujo en el arriesgado mundo de la aventura incansable.  Llegó a ser el rey indiscutible de aquella intrincada quebrada feraz.

Bien sé que estás en cama,

pero que dormida no,

bien sé que estarás diciendo:

ése que canta es mi amor.

 Tenía distribuidos a sus espías en todo el amplio tinglado de sus fechorías: gobernadores, jueces, regidores, personeros, dirigentes y pueblos serranos en general eran sus informantes. Los que más colaboraban con él eran los cantineros. Regados por una gran extensión, sus espías e informantes lo tenían al día de lo que le interesaba. Su gran sentido de la oportunidad y su indómito valor había conseguido avasallar a otros bandoleros que  incondicionalmente se le unieron para engrosar su banda. Tras untar las manos de sus informantes, pagar las adquisiciones de armas, municiones y provisiones, dividía en partes iguales el fruto de sus atracos y se los entregaba a sus hombres que felices y contentos lo seguían con los ojos cerrados. Eso sí, jamás toleró a un cobarde. A quien lo viera retroceder o dudar en un ataque, lo castraba sin miramientos al retornar a su guarida. Sus hombres lo sabían, por eso jamás les tembló las manos en el momento preciso. La disciplina cuartelera que había impuesto en su gavilla le aseguraba el éxito pleno y, sus hombres,  guardaban para él un extraño afecto y una lealtad perruna. No dejaba ningún pueblo,  camino o hacienda; ni siquiera una casa que no estuviera bajo su dominio de terror. En cuanto a sus cuadrillas: Vicente, su hijo, comandaba la que merodeaba las alturas de Vilcabamba, Rocco y Quishuarcancha. Su yerno Evaristo Vera, las alturas de Cachipampa, Chinche, Andachaca y Pacoyán. En las alturas de Tushi, Tingo, Jarria, Pampania, Goyllarisquizga y Alcacocha, la de Anacleto Olazo. En tanto Ezequiel Hilario, con su patrulla volante, estaba listo para caer en cualquier pueblo que Mishicanca señalara.

Paso ríos, paso puentes,

siempre te encuentro lavando;

seguro que estás lavando

las manchas que te he dejado.

El imperio de sus hazañas llegó a tales dimensiones que todos los hacendados de Pasco firmaron un apremiante petitorio para que capturaran a “Mishicanca”. Estaban desesperados. Para ser efectiva la acción represiva, depositaron en el Banco del Perú y Londres sus buenas libras esterlinas para solventar los gastos de la empresa. Con esos argumentos cuadraron a don Enrique Frías, depositando sobre su escritorio un conminatorio pedido firmado por don Eulogio Fernandini, dueño de las haciendas, Huanca, Quisque y Andachaca; Lercari Hermanos, de Pacoyán y Diezmo; los Hermanos Alania por Pomachjaca y Quiches; el viejo Tomás Chamorro por Jarria; Juan Azalia, por Pampania; los hermanos Arrieta por Anasquisque; Proaño, por Malauchaca; Toribio López y Malpartida,  por Chinche; Manuel Arias por Pomayarus; Alfredo Palacios, por Huarautambo; Antonio Xammar, por Antacallanca; los gringos de la Cerro de Pasco, por sus haciendas Cochas, Pachacayo, Puñascochas, Consac, Jatunhuasi, Paria, Atocsaico, Punabamba, Casaracra y Quilla.

 Huaychuyuyito recordarás.

Huaychuyuyito recordarás,

cuando las olas te azoten

cuando las olas de azoten.

 Así llorando recordarás,

 así llorando recordarás,

de tu amorcito primero,

 de tu amorcito primero.

La situación era insostenible. Los gamonales agraviados habían reclamado mediante memoriales y petitorios reiterados que las fuerzas del orden pusieran fin a sus hazañas que, en el colmo de la audacia, había huido engrillado de la cárcel del Cerro de Pasco a plena luz del día. A partir de entonces, su osadía creció. Robó en Yanacancha y Paragsha, barrios lindero de la ciudad. Era el colmo. Numerosas delegaciones policiales habían regresado rendidas. Mishicanca era invisible. Nadie lo había visto. Su paradero era un misterio y toda una legión de gente humilde se convirtió en su cómplice. Así las cosas, se dispuso la venida de un regimiento de 400 hombres bien armados de la policía rural que sería comandado por el mismo prefecto Galdós. Como es fácil suponer, todos estos planes fueron conocidos por el bandolero que armó una  emboscada. Esta vez, muy pocos de sus hombres cumplieron la orden. La mayoría vio la oportunidad de huir poniéndose a buen recaudo. Sus pocos  subordinados soltaron galgas de las alturas sin lograr su objetivo. Vencida esta inicial resistencia, los gendarmes rodearon la guarida de Mishicanca conminándolo a rendirse. Una descarga cerrada respondió al ultimátum.

-¡Ríndete, Mishicanca! – Le gritó Galdós

– ¡¡¡Jamás, carajo…!!! – fue la respuesta del facineroso.

– ¡Arroja las armas y sal con las manos en alto…!

– ¡Jamás, viejo de mierda, jamás…!!!

– ¡¡¡Tú lo has querido así, maldito…¡¡¡¡Fuego!!!

Después de una infernal balacera en la que agotó su parque después de cuatro horas interminables, Mishicanca y su yerno Evaristo Vera, decidieron vadear el río. Todo en vano. Vera fue alcanzado por un balazo que lo arqueó como a un pelele. Las aguas  arrastraron su cuerpo sin vida. “Mishicanca” maltrecho y herido dejando un reguero de sangre, rengueando y arrastrándose por senderos que sólo él conocía logró llegar hasta la puerta de su casa cuando los gendarmes ya le pisaban los talones. Al verlo así, exangüe y agónico, la gigantesca Mafalda, lejos de socorrerlo, cogió una piedra enorme y de un golpe brutal le abrió el cráneo mientras  gritaba: “¡¡¡Nunca te agarrarán vivo, nunca, nunca!!!”. Los gendarmes tuvieron que actuar enérgicamente para que soltara el cadáver de su marido al que acunaba como si fuera un niño, gritando su desesperación. Enternecidos por esa escena de incomprensible lealtad marital, dejaron que, Mafalda, ya enajenada, lavara la cara ensangrentada de su ídolo y le pusiera su poncho a manera de mortaja. Subieron el cadáver sobre un mulo y seguido por su mujer lo hicieron entrar en la vieja ciudad del Cerro de Pasco. Todo el mundo se persignaba al ver pasar el cadáver que fue depositado en el hospital de “la Providencia”.

Cuando me vaya, cuando me ausente,

Tendrás presente de no llorar,

Porque tu llano sirve de encanto

Capaz de muerto, resucitar.

 

En esta tumba despavorida,

Sabrás querida, se sepultó,

El cuerpo yerto de un desgraciado

Que atormentado por ti murió.

 

Si por mi tumba pasas un día

De mi agonía, recordarás,

Así te encargo, vidita mía,

No has de sufrir, no has de llorar

 Así terminó la vida del romántico bandolero Edilberto Espinoza (a) Mishicanca. Finalizaba el mes de octubre de 1914.

 Fin….

 

 

“Mishicanca”, el romántico bandolero “Asado de gato” (Segunda parte)

El “Mishicanca” era un personaje esmirriado, de malas trazas que no obstante serbandolero 4 medrado en la talla hacía derroche de ágiles y coordinados movimientos llenos de vitalidad. Frente estrecha y angulosa cubierta  por abundantes y desordenadas greñas; abundantemente barbado con ojos pequeños de mirada profunda que buscaba escrutar el ánimo de su interlocutor; sonrisa cachacienta que se extendía por la comisura de sus labios verdosos de coca; un mugriento pañuelo cubriéndole el cuello que utilizaba en sus correrías por los polvorientos caminos de sus andanzas. La zozobra de su vida aventurera debido a continuas injusticias de terratenientes y caciques serviles lo arrojó a ese tenebroso mundo de arriesgados episodios. Para sus correrías contaba con un alazán de de impresionante alzada, cabos negros, cabeza pequeña y enjuta pero resistentes remos y amplios cascos. Toda una extraordinaria estampa de caballo serrano, inseparable compañero de aventuras y sacrificios.

Lucero de la mañana,

Préstame tus claridades,

Ya es hora que me retire,

A llorar mi amarga suerte.

 

¡Alalaú!, qué frío hace,

a las cuatro de la mañana.

Yo esperando tu respuesta:

Cuya manquicho icha manachu.

 

Tiende la cama, tiende la cama,

un pellejito y una frazada;

aquí me quedo, aquí me duermo

 hasta las cinco de la mañana.

La leyenda de su nombre había concitado la admiración de hombres jóvenes y mujeres guapas de la zona. Todos se engañaban por su apariencia atrabiliaria y desgarbada. Hasta el Subprefecto Don Enrique Frías –viejo de armas tomar- quedó sorprendido al conocerlo.

  • ¡¿Con que tú eres el romántico e invencible “Mishicanca?! – le preguntó.
  • Mi nombre es Edilberto Espinoza, señor….
  • ¡¡¡ ¿Y…tú eres el temible bandolero de Chaupihuaranga….?!!!
  • Eso es lo que se dice…
  • Bueno, “Mishicanca”. ¡Aquí se terminaron tus hazañas! ¿Ya lo sabes…?!. No vas a tener un solo instante libre ni para rascarte. Yo mismo estaré pendiente de que mis órdenes se cumplan al pie de la letra…Si trataras de escapar o armaras alguna trifulca dentro de prisión, te haré colgar de los huevos… ¡Estás avisado!
  • Usted cumpla con su deber, señor; yo cumpliré con el mío….

En un gesto teatral para que todos lo vieran, el subprefecto lo engrilletó con toscas esposas, dispuso que lo encerraran en la celda más segura de la cárcel, le tiró un pellejo, una mugrosa frazada y una bacinica desportillada. Ostentosamente se guardo las llaves de las esposas y de la celda. Sin su conocimiento, el bandolero no podía ni moverse. Y se marchó triunfante.

Aquella misma noche, sin que nadie supiera cómo, “Mishicanca” fugó de la cárcel cerreña. Nadie lo había visto. Se había hecho humo. Probablemente, con el cómplice auxilio de algunos guardias y otros compinches ahí presos, rompería las cadenas y trepando al techo de la cárcel, pasaría al de la iglesia de Chaupimarca; bajaría por el arco y las torres auxiliares y montando su caballo traído por un secuaz, saldría disparado hacia los campos de la libertad. Cuando se enteró el subprefecto casi se muere de un patatús. Juró por todos los santos que lo volvería a apresar.

Anoche lloró conmigo

tiernamente una mujer,

al despedirse ¡Ay! de mí,

para no volverme a ver

 

Hermosas perlas cayeron

de sus ojos de hilo en hilo;

 encadenada  en mis brazos,

anoche lloró conmigo.

“Mishicanca” gustaba del sol, de las azules noches de luna y de las canciones. Era un romántico impenitente, enamorado y acosador de mujeres bonitas; alborozado y abierto a la alegría, hierático en el dolor, férreo en su voluntad, incontenible en su cólera. Era el prototipo de bandido serrano, dechado del hombre de encrucijada; el Robín Hood de aquellos andurriales serranos. Era el hombre de quien más se habla en la zona. Del Cerro de Pasco a Huánuco y de Yanahuanca a la selva. Guapo, valiente, cortés en la medida que puede serlo un ladrón. Contaban que una vez que asaltó una diligencia que llevaba la preciada carga de brillantes lingotes de plata a la Casa de la Moneda, se dio con la sorpresa que también transportaba, como pasajera, a la mujer del prefecto de Junín. Vencida la resistencia de los custodios, se apeó de su cabalgadura y quitándose el sombrero abrió la puerta y la hizo descender dándole la mano con todo el comedimiento galante de un gentilhombre. Sorprendida por una cortesía que no esperaba, la señora dejó que la condujera debajo de un árbol para que el sol no pudiera mortificarla. La hizo sentar sobre un poyo y, mientras sus compinches desvalijaban el carromato, muy comedidamente le quitó una fina sortija del dedo, diciendo: “¡Ah, distinguida señora!, una mano tan bella como la suya no necesita ningún adorno”. Y, mientras hacía resbalar el anillo por el dedo, besó la mano con tal devoción que haría creer, según la frase de una dama española, que el beso tenía para el más precio que la sortija. Inicialmente más muerta que viva, la dama fue tranquilizándose poco a poco. Se había dado cuenta que estaba ante un caballero; ladrón, pero caballero. Este episodio –aseguran sus biógrafos- fue la gota que colmó el vaso de indignación del prefecto Galdós. Tras asegurarse de que aquel relato popular había sido cierto por referencia de su mujer, juró dar muerte al romántico de las alturas.

Desde Yanahuanca vengo

porque allá debo una muerte.

Para mí fue una desgracia;

para el otro, mala suerte.

“Mishicanca” se había ganado el respeto y cariño de toda la quebrada de Chaupihuaranga que en cómplices noches de luna o confidentes amaneceres, recibía la generosidad de sus dineros y sus presentes cargados de amor. Cuando robaba no era para él solo, no. Compartía el botín con los pobladores de aquellos riscos, valles y quebradas. El amplio tinglado de sus aventuras abarcaba Yanahuanca, Chacayán, Goyllarisquizga, Páucar, San Pedro de Pillao, Santa Ana de Tushi, Tápuc y Vilcabamba. No pocas veces incursionaba en el Cerro de Pasco, encendiendo la ira de los gobernantes. Así consiguió la complicidad de hombres, mujeres y niños de Pasco que terminaron por quererlo y admirarlo.

Eche caña cantinero,                                

que lo paga el “Mishicanca”;      

el  que a los pobres  socorre,
y a los ricos avasalla.

 Del mal paso que yo he dado

todo el mundo se ha admiró,

otros resbalan y caen.

¿Cómo no me admiro yo?

Muy pródigo en sus regalos contribuía en el mantenimiento de capillas e iglesias de la zona solventando los gastos de rumbosas fiestas patronales. Cuando alguien necesitaba de su apoyo, él estaba presente. Cuando había que castigar a los abusivos, delegaba la responsabilidad a sus secuaces que se encargaban de poner en vereda a los desalmados. Los dejaba marcadamente  contundidos para que no vuelvan a repetir el abuso. Ayudaba a los jóvenes para que pudieran casarse y vivir plenamente en aquellos lugares. Era muy devoto de la virgen del Carmen de la que llevaba, entre su mugrienta vestimenta, un escapulario que estaba seguro lo guardaba de los peligros. Es más, él mismo contaba que una vez que había fugado de la cárcel del Cerro por los techos de la iglesia, cayó dentro de ella y, con la desesperación, se escondió detrás del manto de la virgen del Carmen, matrona de los chapetones, que realizó su más grande milagro: Lo volvió invisible a los ojos de los gendarmes que lo buscaban.

Huanchaquito negro,

pecho colorado,

no cuentes a nadie

lo que hemos pasado.

 Tomando agüita,

agüita del río,

comiendo hierbitas,

hierbitas del campo.

Continúa…

“Mishicanca”, el romántico bandolero (Asado de gato) (Primera parte)

BandoleroAntecedentes del activo bandolerismo en Pasco.-

Debido a la inercia de las autoridades locales el bandolerismo llegó a extremos alarmantes durante los veinte primeros años del siglo XIX. Teniendo como escenario inicial la quebrada de Chaupihuaranga  se amplió  a todo Pasco y a territorios huanuqueños.

EL MINERO y demás periódicos de entonces estuvieron hincando con persistencia a fin de que las autoridades tomaran en serio la amenaza que se cernía sobre la provincia. Así, en nota editorial de 16 de agosto de 1910 se dijo: “De los asuntos que en esta provincia debe preocupar seriamente la atención de la prensa local y de las autoridades, es el que se relaciona con los frecuentes y numerosos robos de ganado que cada día adquieren más alarmantes proporciones con inmenso perjuicio para la industria ganadera y el arrieraje y con el daño incalculable para quienes a estas industrias dedican sus energías y recursos”.

 “Hay además de estas razones, la consideración de que no es posible -sin mengua del orden y la moral de todo el pueblo organizado- que el robo constituye un hábito y hasta un sistema de vida para ciertas gentes que no quieren satisfacer sus necesidades con el esfuerzo del trabajo porque consideran más cómodo apropiarse de lo ajeno y, encuentran que la tarea no les resulta muy penosa, desde que no tropiezan con las dificultades que un buen servicio de policía rural podría oponerles”.

 “No es posible tampoco que quienes tienen el deber primario de velar por la propiedad y garantizar el orden, se crucen de brazos ante el mal que crece y amenaza a todos, contentándose a lo sumo con practicar pesquisas, coger al delincuente y poblar con ellos los establecimientos carcelarios.

 De allí, por desgracia y deficiencia de nuestra organización carcelaria, se castiga, pero no se corrige, tornando después de algún tiempo, esos elementos nocivos a la sociedad, llenos de energía que el descanso les permite acumular y de perversos propósitos que el castigo no ha logrado extirpar y emprender otra vez la senda del robo y hasta del asesinato.

La mayor parte de estos atentados quedan en la más completa impunidad por la deficiencia de los elementos de policía para descubrir y capturar a los autores o por los vacíos o defectos de nuestro sistema procesal.

 Urge reaccionar en este sentido, es inaplazable la necesidad de que la prensa clame y las autoridades atiendan este clamor en la forma más rápida y eficaz.

 En nuestro concepto lo más acertado es el establecimiento de un escuadrón de policía rural montada, seccionado en patrullas o destacamentos que recorran constantemente las quebradas y  caminos y controlen la procedencia y destino de todo ganado que encuentren a su paso. Estamos seguros que muy poco tiempo después de la organización de esta medida y de otras secundarias que constituyan un plan de policía verdaderamente celoso y prolijo interés público, los robos de ganado habrán disminuido en proporción halagadora con provecho, bajo cualquier punto de vista que se le considere y que no es menester demostrar.

 El ex prefecto señor Félix Laurent, trajo a su administración, entre otras saludables iniciativas, ésta de la que nos ocupamos y que puesta desde entonces en práctica, ya habría ofrecido los benéficos resultados apetecidos; pero desgraciadamente sus gestiones no tuvieron éxito; nadie se volvió a ocupar de esta calamidad social limitándose, cuando más, a deplorarla y el robo audaz , en mayor radio de acción, continuó su obra que constituye en esta hora una plaga insoportable y una vergüenza para un pueblo de orden y de trabajo como éste.

 Medidas como la iniciada por el ex prefecto Costa y  auspiciada por nosotros o cualquiera otra que dé resultados que perseguimos, debe dictarse en el día, apelando para ello a los medios, gestiones y recursos que sean del caso; y así lo exigimos en nombre del bien social, a quienes tienen el deber de oírnos”. (EL MINERO, Nº 1140, 16 agosto de 1918:2).

El caso lamentable es que, no obstante las campañas como la referida, las autoridades dilataban su actuación hasta que llegamos a el 31 de enero, una partida de bandoleros en número de nueve, armados y bien montados, asaltaron en Chagacancha a tres leguas y media de Yanahuanca, una caravana de carga que conducían unos arrieros de Llata, apoderándose de sus bestias de silla y luego dirigiéndose por la ruta de Cauri, fueron sorprendidos por el ganadero Emilio López que buscaba su ganado robado en Chinche. Los ladrones al verlo emprendieron la fuga dejando abandonado la mayoría de pertenencias, llevándose lo más valioso.

El 2 de marzo,  en Condorbamba, asaltaron a tres comerciantes de Tusi que conducían ganado lanar y dos bestias finas. Los quince bandoleros se apoderaron de todo después de haber herido a un comerciante que se halla agonizante.

El 21 en la noche atacaron a balazos a don Inocente López en la estancia Algo-huaín, donde descansaba de la conducción de numeroso ganado. Felizmente sus operarios, armados y decididos repelieron el ataque.

El 22, un número de 20 bandoleros armados, en Pata Cancha, asaltaron al comerciante Aniceto Laguna, de Llata, quitándole 12 mulas y 8 caballos aperados y una carga de oca. Al oponer resistencia, dispararon contra el empleado Aniceto Pretel quien vio destrozada su canilla y ha sido trasladado al Cerro para que le amputen la pierna.

MishicancaEl día de hoy, unos 40 bandoleros armados de carabinas y rifles de precisión, asaltaron en Charqui Cancha a siete arrieros de don Juan Llanos, comerciante de Huallanca, asesinando al arriero Santos Silva y llevándose 22 bestias, dos burros, dos cargas de sulfuro de plata y cinco cargas de queso. Una hora después, en el mismo lugar, hicieron lo propio con unos comerciantes de Rondos, un número crecido de ganado lanar y algunas bestias de carga. Estos infelices se dirigían a la ciudad a vender su ganado y algunas especies.

Estos son –dice Cisneros- lo hechos conocidos, quedando muchos en silencio que a diario se realizan por estos lugares despoblados que no cuentan con ninguna garantía.

Ante el asalto del día de hoy, los vecinos notables de esta Villa de Yanahuanca se han dirigido al Presidente de la República y al Ministro de Gobierno, y al Prefecto del Departamento, el siguiente telegrama: “Ciudadanos Villa Yanahuanca y pueblos circunvecinos, solicitan garantías. Días 21 y 22 efectuáronse asaltos a corta distancia de esta villa con muchos muertos. Situación deplorable, rogamos auxilio inmediato, enviando hombres caballería este lugar”. Cisneros y demás firmas. (EL MINERO,  1º de marzo de 1910:1).

Así las cosas, el subprefecto Fry organizó una partida de 60 zapadores y 20 gendarmes para abatir a la fuerza de los facinerosos que sumaban más de 200. Después de una heroica contienda en la que hubo numerosos muertos de ambas partes, se logró rescatar más de dos mil cabezas de ganado que estaban en poder de los ladrones y que al final se devolvió a sus legítimos dueños. Es menester mencionar que esta campaña no logró desarticular tremendo ejército de ladrones que se hallan diseminados en una enorme región del centro del Perú. La guerra sigue en los campos pasqueños.

A manera de atingencia permítannos decir los siguiente: A partir de los primeros años del presente siglo, cuando la poderosa compañía norteamericana se apodera de la minas del Cerro de Pasco y, simultáneamente los terratenientes se hacen dueños de inmensos pastizales de las comunidades tradicionales, como lo hemos visto en los tomos de este libro- surge agresivo y poderoso el bandolerismo que, al comienzo “ataca al rico y defiende al pobre”

La acción de estos bandoleros sociales, organizados en gavillas poderosas y disciplinadas, se extendió por todo el territorio de Pasco y Huánuco. Estos “cuerpos” estaban integrados por 150 o 200 hombres muy bien adiestrados. Sanguinarios y salvajes, tenían aterrorizados a los pueblos en unos casos y complicados con ellos en otros, de los mismos que misteriosamente “desconocían sus desplazamientos y de sus actividades”. Toda vez que el gobierno enviaba fuerzas policiales para combatirlas, regresaban rendidas y sin ningún éxito. En más de un caso tuvieron que organizarse verdaderos ejércitos para atenuar su virulencia.

Para  junio de aquel año la ciudad carecía del servicio de un Mayor de Guardias y de dos Subinspectores, “pues el Gobierno, no obstante las apremiantes necesidades no había cubierto las plazas. La comisaría rural de Quishuarcancha, tan importante como la de Smelter y Goyllarisquizga, donde trabajan más de mil obreros, no tenía administración de justicia ya los líos, reyertas, latrocinios y accidentes eran muy frecuentes, especialmente los días de pago”. (“El Grito del pueblo”)

“La importante comisaría de Racracancha que tenía a su cargo la vigilancia de las haciendas EL DIEZMO, PACOYAN, RACRACANCHA, CONOC, ANDACHACA, QUISQUE Y POMAYARUS y las negociaciones mineras MINARRAGRA, HUARON, Y HUARAUCACA, no había cubierto la respectiva vacante teniendo en cuenta la inmensidad del territorio y el peligro que significaba la presencia de ladrones merodeando aquellos territorios. La importante región minera de Vinchos a 40 kilómetros de la ciudad en la que están situados los hornos de fundición y las empresas mineras YANAMINA MINING COMPANY, JUAN AZALIA Y COMPAÑÍA, MALPASO de Sebastián Blanco e hijo, THE CASUALIDAD de Domingo Sotil y otros con un total de mil operarios, tampoco tiene comisario. En ese momento también se solicitaba comisarios para Carhuamayo y Oxapampa”. (EL MINERO ILUSTRADO)

 “Como resultado de la falencia de autoridades, no contentos con los robos que diariamente realizan en las alturas, los bandoleros llegaron a tal osadía de atacar a los comerciantes de Paragsha, Uliachín y otros barrios cerreños. El más audaz de estos facinerosos es el tal «Mishicanca» para quien la sociedad solicita un total escarmiento. Este ladrón fugó más de una vez de la cárcel pública no obstante estar cubierto de cadenas. En ese momento el clamor general era que apresaran a este bandolero”. (“LOS ANDES”)

Continúa….

La reina de la canción criolla

Jesús Vásquez

Esta nota que publicó EL COMERCIO tras la muerte de nuestra inolvidable artista, no hace evocar los comentarios de los que la aplaudieron en nuestro teatro principal. Todos unánimemente reconocían su especial talento para entonar nuestras canciones criollas pero también resaltaban su belleza y picardía.

“La Reina y Señora de la Canción Criolla”, María Jesús Vásquez Vásquez, nos dejó un sábado de gloria, tres de abril del 2010, sábado de jarana. En el recuerdo quedará la excelente cantante, pero también la mujer, siempre sentimental, franca, maternal y alegre que sabía compartir los trajines de la artista con los de una vida familiar intensa.

A la chiquilla del barrio de Pachacamilla no le gustaban las muñecas, prefería el trompo y las cometas, las mismas que volaba años atrás con sus adorados nietos. Siempre juguetona y a veces un poco floja con los estudios, pero siempre dispuesta para recitar y cantar alguna canción en la escuela, ya se avizoraba su talento.

A los 16 años comenzó el camino al éxito. Vestida de negro con un listón rosado en la cintura y un broche con brillos impresionó con su interpretación de “El Plebeyo” de Felipe Pinglo, la más exitosa hasta ahora.

Corría el año 1940 y María Jesús brillaba como cantante y mujer. Su coquetería, su figura delgada y el rojo intenso de sus prendas llamaban la atención de muchos. La reina cantaba y encantaba. Así llegó a su vida su primer amor, el abogado iqueño Orestes Ormeño uno de los hombres que más amó, aconsejó y acompañó a la cantante en sus primeros pasos, de ese romance nació Pocha, su heredera mayor.

Años después conocería al costarricense Jorge Zamora, integrante del dúo “Los Hermanos Zamora”. Con el guapo cantante la reina se casó en San José, del matrimonio nacieron sus dos hijos: Jorge y Elizabeth.

El tercer amor de su vida llegó al lado del contador Alberto Cavero, con quien tendría a su última hija, Sandra. Pero como diría ella, “así como vinieron, se fueron”. La reina se divorció y se convirtió en el tronco de su familia, siempre junto a su madre y hermanos, hasta que ellos partieron al cielo, pero nunca estuvo sola, sus hijos y nietos siempre la acompañaron.

Al llegar a su casa de Magdalena, su segunda casa, el ambiente maternal se respiraba desde la puerta. El olor a pañal, leche de biberón, medicamentos y los sillones inundados de ropa infantil reflejaban la buena madre y abuela que era.

“Todas las mañanas me voy a comprar el pan, cada tres días voy al mercado de Magdalena, y después del almuerzo no le fallo a mis novelas, luego hago una siesta de una hora, y más tarde a tejer, con palitos o crochet y los viernes y sábados trabajo en las peñas” confesaría en las entrevistas de la época.

También contaría que antes de almorzar se tomaba un traguito de ron, “un guaracazo”, como diría ella. Una costumbre que también se convirtió en cábala durante todas sus presentaciones. “Antes de iniciar una actuación siempre tomo “un vasito de ron” con coca cola para afinar la garganta. Y luego me encomiendo al Señor de los Milagros, él siempre me acompaña”, recordaría.

Con los años, y por recomendación de los doctores, el ron fue cambiado por el whisky, pero para ella eso no tenía ningún punto de comparación. A mediados de los 80, un principio de laberintitis y el constante sube y baja de su presión arterial le indicaron que debía cuidar su salud. Sin embargo, seguía firme “El señor morado no me abandona por eso sigo cantando, cuando llegue el día en que no pueda hacerlo, eso será como la muerte para mí”, pero ese día llegó muchos años después.

El bingo fue otra de sus pasiones, jugaba dos veces por semana y decía que era su distracción y su alcancía. Los caballos y el póker también fueron su afición, aunque no con mucha suerte “Si hubiera un premio para los que llegan último sería millonaria” confesaba en cada derrota.

Y como no mencionar que la criolla se hizo querer por todos. Su fama cruzó las fronteras y con ella el nombre de nuestro país. Su música también llegó a los oídos de varios presidentes peruanos, Juan Velasco Alvarado, Fernando Belaúnde Terry y Alan García, compartieron con ella muchas jaranas. Sin embargo, la relación con el actual presidente fue la más especial. El mandatario la visitó en su casa, cantó con ella, acompañado por dos guitarristas y un cajoneador y hasta degustó un rico cebiche y arroz con pollo preparado por la anfitriona.

A los 89 años, la reina se despidió para descansar en paz. Sin embargo, su estilo sosegado, tierno y calmado para entonar los viejos y nuevos temas nunca desaparecerá, ni tampoco se igualará, ahora le toca deleitar a su otro público, donde seguramente también encontrará la plaza llena, y la aplaudirán hasta el cansancio.

 

FLOR PUCARINA

flor-pucarina

En la  más brillante época de la radio en el Cerro de Pasco, Radio Corporación estuvo en la cumbre de la sintonía general. Exitosos programas de música variada con últimas novedades, impactantes trasmisiones deportivas, emocionantes presentaciones de teatro radial con notables libretos, noticieros actualizados, entrevistas y demás novedades hicieron la delicia de los miles de escuchas en toda la región central.

Para esa época campeaba la popularidad de “Moticha” Alanya, inolvidable compositor huancaíno que, con una continuidad conmovedora traía a nuestros escenarios artistas que triunfaban en Lima donde el género vernacular estaba siendo muy aceptado: Ezmila Zevallos, Los Errantes de Chuquibamba, Rosita Salas, Jilguero del Huascarán, La Golondrinas, Embajador de Quiquijana y  Pastorita Huaracina, Los aborrecidos, Tiburcio Mallaupoma, Juan Bolívar, La Pallasquinita, y muchos artistas más.

Cuando el ambiente musical cerreño estaba en su apogeo trae a una artista inolvidable: FLOR PUCARINA. Su llegada a nuestra tierra fue todo un acontecimiento. Aquella noche, gran cantidad de admiradores colmaban el andén del ferrocarril que la traía de Lima. La recibimos con un ramo de rosas y ella, muy amable, decidió llegar caminando a la radio no obstante el frio reinante. Los numerosos comerciantes del Mantaro establecidos en nuestra ciudad auspiciaron con creces las diarias presentaciones radiales de esta notable artista.

flor-pucarina 2La noche de su debut nos deslumbró a todos. No solamente por ser una cantante carismática y sentimental sino por ser muy bella. Nos deslumbró con su talle armónico resaltado por sus primorosamente bordadas polleras debajo de las cuales destacaban recamados fustanes blancos con artísticos encajes ajustados a su breve talle. Blusa de colores entallada en su torso perfecto sobre la que iba una manta bordada por manos de artesanos huancas. Un sombrero echado de lado que hacía resaltar sus endrinos cabellos encrespados sobre el que había fijado una encarnada rosa roja. De sus orejitas colgaban refulgente aretes de oro. Su rostro de marcada piel agarena hacía resaltar sus ojos intensamente negros guarnecida de largas pestañas y cejas deliciosamente marcadas; sus labios perfectamente delineados, carnosos y armónicos que, al abrirse en un mohín travieso y juguetón tenían un encanto especial.

Después de su exitoso debut, en el que tuvimos el honor de presentarla, nos la arreglamos para una serie de entrevistas que fueron publicadas. Después de las cinco noches que se presentó, nos regalaba con un tiempo que nos permitió conocerla.

Su nombre verdadero era Leonor Efigenia Chávez Rojas y había nacido el  22 de septiembre de 1935  en el distrito huancaíno de Pucará, hija de Félix Chávez y Alejandrina Rojas Iparraguirre. En 1944 llega a para radicar en La Parada, zona comercial en el distrito de La Victoria. En este barrio templó su bravo carácter que la acompañó durante todos sus años de lucha.

flor-pucarina 3Fue descubierta y bautizada como “Flor Pucarina” por Teófilo y Alejandro Galván en su primera presentación en el coliseo nacional del El Porvenir, el 8 de diciembre de 1958. Aquel día obtuvo un triunfo redondo con el huayno de Emilio Alanya, “Falsía”. Cuando en 1960 firmó contrato para el Sello Virrey, hizo popular “Caminito de Huancayo”, “Traición”, “Soy Pucarina” y “Alma Andina”, entre otras. La canción que la internacionalizó fue “Ayrampito”, compuesto por los destacados Emilio Alanya Carhuamaca y Tomás Palacios Fierro. Dicho tema alcanzó la venta de un millón de copias vendidas. Le siguió, “Déjame no Más”, “Llorando a Mares”, “Pichiusita”, “Sola, siempre Sola”, “Pobre Peregrina”, “Vocero Huanca”, entre otros huainos, mulizas, santiagos y huaylash. En aquel lapso grabó 15 álbumes, acompañada por, “Los Alegres de Huancayo”, “Los Engreídos de Jauja”, “Los Rebeldes de Huancayo” y hasta su propia banda a la cual denominó “Selección Huanca”. Cabe señalar también que participó en algunas grabaciones en conjunto con el grupo vernacular Los Pacharacos.

Cumplido su contrato dejamos de vernos pero, siempre, a través de Emilio Alanya -grande e inolvidable amigo-  seguimos manteniendo una hermosa amistad.

Al final de su vida se vio afectada por una infección renal que degeneró en cáncer que la postró en el Hospital Edgardo Rebagliatti. Presintiendo su muerte grabó a inicios de 1987, el huayno “Mi Último Canto” de la composición de Paulino Torres, le siguieron también “Presentimiento”, “Dile”, y “Trencito Macho”.

Cuando falleció el 5 de octubre de 1987, su féretro fue llevado durante todo un día por las principales calles de la capital. La multitud que la llevaba cantaba y lloraba. La prensa de entonces publicó admirada la manifestación de dolor de miles de peruanos ante la muerte de una extraordinaria artista del pueblo. Su cuerpo descansa en el Cementerio de El Ángel de Lima.

Con especial reverencia al recuerdo que ha dejado en nuestro Cerro de Pasco, brindamos con una “Chata de ron” como ella lo hacía antes de cantar. Volviendo al ayer, escuchemos: Ayrampito.

 

 

EL “CHACHA” PORTILLO

el chacha portilloSu nombre era Ángel: Ángel Portillo, pero era por su apodo que todos lo identificaban: CHACHA. Es decir viejo. Tenía la misma edad de los amigos que alternaban con él pero parecía más viejo. Eso era lo raro. Canas extremadamente prematuras que se iban cayendo poco a poco anunciando calvicie inminente. Su rostro donde sus ojos, aunque todavía juguetones, ya no tenían el brillo característico de la juventud. En derredor de sus párpados se dibujaban notables “patas de gallo” sin que pudiera evitarlo; cuando hablaba reflejando su jocundo gracejo, recién uno podía colegir que no era tan viejo como aparentaba. Así y todo Chacha era un artista popular muy conocido en el pueblo. En su condición de herrero, ayudaba en su taller a don Armando Paredes, su maestro, con quien compartía su marcada afición por la música. Don Armando, eminente saxofonista, era su maestro en el taller y en la orquesta.

El “Chacha Portillo”, pertenecía a esa numerosa promoción de clarinetistas que con gran talento ha mantenido viva nuestra música a través de los tiempos: Graciano Ricci Custodio, Jesús Enciso, Julio Patiño León, Pío Andamayo, Alejandro Álvarez,  Marcial Amaro, Aurelio Romero Pizarro, Emilio Quinto, Alejandro Panez, Andrés Egoavil Caballero, Eugenio Espinoza Mendoza, Isidro Fuster Mendoza, Enrique Bendezú, Alejandro Bonifacio, Antonio Montes, Bertilo Alania, Esteban Morales, Sulpicio Huari, Nazario Sinche, Pedro Cabello, Simeón Ventura, Severo Díaz, Octavio Montes y Teodosio León, entre otros muchos.

En los carnavales del año de 1927, el gran compositor, don Andrés Urbina Acevedo, crea un hermoso huayno al alimón con el “Chacha” que le pone música: DESPEDIDA.

Este huaino enternecía hasta las lágrimas al “Chacha” que aseguraba que don Andrés había interpretado su aspiración muy íntima de marcharse de su tierra. Un día, cumpliendo su deseo, desapareció como por encanto. Nunca más supimos de su vida. Habrá ido a la eternidad “en busca de mejor suerte”. “Chacha” siempre te quisimos.

Las letras que estamos publicando ojalá sirvan para renovar su mensaje entre los cerreños. Hasta hace algunos años, cuando los conjuntos musicales todavía mantenían su vigencia era un huaino muy estimado. Su mejor intérprete fue el “Shilaco” Llanos que le imprimía mucho dramatismo en su interpretación; también nuestro recordado Isaac Salazar y el “Mote” Grijalva con la guitarra de Nolio.

Este huaino es uno de los más hermosos de la cosecha del Chacha Portillo.

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Segunda parte)

Pedro Angel Cordero y Velarde 2Nunca cesó de impugnar todas las elecciones que se vivieron en su tiempo porque, los otros  “en el imposible caso de ser elegidos en el cargo de Presidente, no podrán realizar ningún programa sin mi consentimiento, pues todos los proyectos habidos y por haber son míos, me los han robado”. A través de su periódico hizo público el contenido de su combativo epistolario.

En su edición correspondiente al 18 de febrero de 1960, por ejemplo,  el Conductor del Mundo le decía al Presidente Manuel Prado, “El año 1956 le dije en el LEON DEL PUEBLO, lo desdichado que iba a ser su gobierno, como así ha sucedido, porque mi palabra es autorizada cual de un profeta, porque tengo la huella divina”. Para el 8 de diciembre del año 1957, le pedí que me entregara el mando pero su feroz orgullo me lo negó. En 1958 mi partido, la Juventud Corderista, le pegó en el Campo de Marte una terrible pifiada que no olvidará por sécula seculorum, con palabras soeces que cualquier gobierno hubiera renunciado, pero usted, sordo como una tapia, se zurró en la noticia, lo que quiere decir que su dignidad fue verde y el burro se lo comió”.

En la edición del 15 de junio de 1956, alega en su editorial: “… y espero que esta vez, por dignidad se me haga justicia y se me entregue la Presidencia, porque es designio de Dios y de mi pueblo…yo propugné todas las grandezas que hoy posee el Perú mientras ustedes me plagian y no han hecho nada y nada harán”.

En 1958, indignado, decía: “El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros y sólo existe en la historia de las calamidades pasadas. Por eso vengo a poner término a esta época de dominación…”.(…) “Me causa dolor ver desde mi Atalaya de Emperador, o Inca Wasi, cómo el cielo azul de la convivencia que no es cielo ni es azul, está adquiriendo un aspecto aborregado”.

El año siguiente, gritaba: “¿Hasta cuándo nos van a moler 800 millones de déficit del Erario Nacional…Déjenme la Presidencia que si ustedes no pueden, lo pago yo, porque soy el rey de las finanzas y mago del Estado”.

Pobre mi patria querida,

qué malos hijos te han dado,

mas ya sabré defenderte,

porque yo no estoy comprado.

 

En su gobierno pasado,

mil millones se llevó,

y a nadie cuenta le dio,

al manicomio lo envió,

y por las puras alverjas,

la Presidencia agarró.

 El notable músico, Alejandro Vivanco, en otro pasaje de sus memorias recuerda así a su maestro Cordero y Velarde. “El año en que el doctor Jorge Prado llegó de Brasil como candidato a la Presidencia, sus parciales organizaron un mitin en la Plaza Dos de Mayo para presentar su programa, pero ese mismo, día Cordero y Velarde improvisó otro mitin; enterado el pueblo llenó la Plaza San Martín y dejó desairado a Prado”.

“Cierta mañana llegó a la Librería “La Pluma” de la calle Trinitarias que yo regentaba y como de costumbre me contaba sobre su rutina diaria. En eso recibió un mensaje de larga distancia a través de una concha marina de caracol que llevaba en el bolsillo. (Se adelantaba en muchísimos años a la aparición de los modernos teléfonos celulares). Escuché el siguiente diálogo, “¡¡¡Aló, aló, querido Adolfo Hitler!!!. Hablas con el Emperador Cordero y Velarde, Conductor del Mundo. (pausa) ¡Gracias por interesarte por mi Imperio!. Estoy en vísperas de recuperar la silla presidencial. Caso contrario tendré que abandonar el país para ir a informarle al Santo Padre. ¡A propósito, Adolfo, hermano del alma mía, si hablas con el ingrato de Benito (Mussolini), dile que estoy pendiente de su llamada! ¡Ama sua, ama jella, ama llulla; ama jodemaicho!.

Estando en la Presidencia el arquitecto Fernando Belaunde Terry, le dirige una  misiva en la que le dice: “Usted como líder, YO como Emperador, somos dos potencias soberanas que debemos entendernos o destruirnos, pues no hay lugar para los dos en este cochino planeta de los simios”. Finaliza la carta con una explicación: “Por estos motivos le dirijo la presente carta abierta, vale decir sin sobre, para que me explique su extraña conducta y me diga con franqueza si mantiene su adhesión a mi persona, y si fuera lo contrario, sabré a qué atenerme y lo dejaré suelto en plaza. Los bueyes sueltos, bien se lamen”. “Mi plan de gobierno y alimentación contienen mi huella divina, revelado para el bienestar de The peruvian family”.

Nicolás Yerovi, otro de los que han escrito sobre nuestro Presidente y Monarca chiflado dice, “Más allá de los anecdótico, Cordero y Velarde simboliza en su grado más extravagante los extremos de la más conmovedora huachafería y del más patético delirio a que son capaces de llegar quienes en el Perú se ven asaltados por cierta locura de poder. Porque si el poder envilece, desearlo enloquece; de allí que en épocas electorales los más de nuestros políticos no dejan de pergeñar sus propios ditirambos, ofrecer sin empacho lo imposible y llegar a convencerse, aunque sea por un breve lapso, de la verdad que no encierra sus generosas promesas”.

En “Los apachurrantes años 50”, Guillermo Thorndike, rememora que en un cónclave organizado por los monjes dominicos para buscar un candidato que encarnara las necesidades del momento, se presentó sin ser invitado el chiflado Cordero y Velarde: “Entonces llegó, anciano de levita negra y pantalón listado, discretamente zurcido, con hongo, bastón y escarpines viejos que cubrían sus humildes zapatos acabados de lustrar. No viajaba en limusina con chofer, ni nunca había estado en París, ni parecía de este mundo. Pero toda la tragedia del Perú al que no habían invitado los dominicos se abrillantaban en la locura de sus ojos. Su sola aparición enmudeció el discurso. Avanzó con dignidad por el salón repleto de personajes hasta sentarse a un lado, más bien en el coro que entre los potentados, en primera fila y cerca de la presidencia. Wiese y Miró Quesada se miraron sin saber qué decir. Los fogonzazos de los fotógrafos se concentraron en el Apu Inca Verdadero. Hasta ese instante, los pretendientes habían discurseado de Dios, la Patria, el orden establecido, nuestras sagradas instituciones, la paz pública, el luminoso porvenir de nuestros hijos. ¿De qué podrían hablar ahora, frente a la faz demacrada de un Perú que rara vez había sido feliz?. Con respetuosa solemnidad, Cordero y Velarde escuchaba a los principales. Después intervino en su condición de Apu Inca Verdadero y del desorden de sus palabras se supo que otra era la paz solicitada por el pueblo y que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana. Al día siguiente, “La Prensa” destacó en primera plana a Cordero y Velarde junto a los organizadores de la transición presidencial. La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”.

Pedro Ángel Cordero y Velarde, el viejo músico de la “Cosmopolita” del Cerro de Pasco, el arrebatado candidato cerreño a la Presidencia del Perú, murió pobre y abandonado en un viejo callejón limeño, signado con el número 123 de Carmen Alto, en el Jirón Junín de Lima. Era el 18 de diciembre de 1961. Curiosamente, ese día la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, celebraba su sexagésimo aniversario.

FIN…