FLOR PUCARINA

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En la  más brillante época de la radio en el Cerro de Pasco, Radio Corporación estuvo en la cumbre de la sintonía general. Exitosos programas de música variada con últimas novedades, impactantes trasmisiones deportivas, emocionantes presentaciones de teatro radial con notables libretos, noticieros actualizados, entrevistas y demás novedades hicieron la delicia de los miles de escuchas en toda la región central.

Para esa época campeaba la popularidad de “Moticha” Alanya, inolvidable compositor huancaíno que, con una continuidad conmovedora traía a nuestros escenarios artistas que triunfaban en Lima donde el género vernacular estaba siendo muy aceptado: Ezmila Zevallos, Los Errantes de Chuquibamba, Rosita Salas, Jilguero del Huascarán, La Golondrinas, Embajador de Quiquijana y  Pastorita Huaracina, Los aborrecidos, Tiburcio Mallaupoma, Juan Bolívar, La Pallasquinita, y muchos artistas más.

Cuando el ambiente musical cerreño estaba en su apogeo trae a una artista inolvidable: FLOR PUCARINA. Su llegada a nuestra tierra fue todo un acontecimiento. Aquella noche, gran cantidad de admiradores colmaban el andén del ferrocarril que la traía de Lima. La recibimos con un ramo de rosas y ella, muy amable, decidió llegar caminando a la radio no obstante el frio reinante. Los numerosos comerciantes del Mantaro establecidos en nuestra ciudad auspiciaron con creces las diarias presentaciones radiales de esta notable artista.

flor-pucarina 2La noche de su debut nos deslumbró a todos. No solamente por ser una cantante carismática y sentimental sino por ser muy bella. Nos deslumbró con su talle armónico resaltado por sus primorosamente bordadas polleras debajo de las cuales destacaban recamados fustanes blancos con artísticos encajes ajustados a su breve talle. Blusa de colores entallada en su torso perfecto sobre la que iba una manta bordada por manos de artesanos huancas. Un sombrero echado de lado que hacía resaltar sus endrinos cabellos encrespados sobre el que había fijado una encarnada rosa roja. De sus orejitas colgaban refulgente aretes de oro. Su rostro de marcada piel agarena hacía resaltar sus ojos intensamente negros guarnecida de largas pestañas y cejas deliciosamente marcadas; sus labios perfectamente delineados, carnosos y armónicos que, al abrirse en un mohín travieso y juguetón tenían un encanto especial.

Después de su exitoso debut, en el que tuvimos el honor de presentarla, nos la arreglamos para una serie de entrevistas que fueron publicadas. Después de las cinco noches que se presentó, nos regalaba con un tiempo que nos permitió conocerla.

Su nombre verdadero era Leonor Efigenia Chávez Rojas y había nacido el  22 de septiembre de 1935  en el distrito huancaíno de Pucará, hija de Félix Chávez y Alejandrina Rojas Iparraguirre. En 1944 llega a para radicar en La Parada, zona comercial en el distrito de La Victoria. En este barrio templó su bravo carácter que la acompañó durante todos sus años de lucha.

flor-pucarina 3Fue descubierta y bautizada como “Flor Pucarina” por Teófilo y Alejandro Galván en su primera presentación en el coliseo nacional del El Porvenir, el 8 de diciembre de 1958. Aquel día obtuvo un triunfo redondo con el huayno de Emilio Alanya, “Falsía”. Cuando en 1960 firmó contrato para el Sello Virrey, hizo popular “Caminito de Huancayo”, “Traición”, “Soy Pucarina” y “Alma Andina”, entre otras. La canción que la internacionalizó fue “Ayrampito”, compuesto por los destacados Emilio Alanya Carhuamaca y Tomás Palacios Fierro. Dicho tema alcanzó la venta de un millón de copias vendidas. Le siguió, “Déjame no Más”, “Llorando a Mares”, “Pichiusita”, “Sola, siempre Sola”, “Pobre Peregrina”, “Vocero Huanca”, entre otros huainos, mulizas, santiagos y huaylash. En aquel lapso grabó 15 álbumes, acompañada por, “Los Alegres de Huancayo”, “Los Engreídos de Jauja”, “Los Rebeldes de Huancayo” y hasta su propia banda a la cual denominó “Selección Huanca”. Cabe señalar también que participó en algunas grabaciones en conjunto con el grupo vernacular Los Pacharacos.

Cumplido su contrato dejamos de vernos pero, siempre, a través de Emilio Alanya -grande e inolvidable amigo-  seguimos manteniendo una hermosa amistad.

Al final de su vida se vio afectada por una infección renal que degeneró en cáncer que la postró en el Hospital Edgardo Rebagliatti. Presintiendo su muerte grabó a inicios de 1987, el huayno “Mi Último Canto” de la composición de Paulino Torres, le siguieron también “Presentimiento”, “Dile”, y “Trencito Macho”.

Cuando falleció el 5 de octubre de 1987, su féretro fue llevado durante todo un día por las principales calles de la capital. La multitud que la llevaba cantaba y lloraba. La prensa de entonces publicó admirada la manifestación de dolor de miles de peruanos ante la muerte de una extraordinaria artista del pueblo. Su cuerpo descansa en el Cementerio de El Ángel de Lima.

Con especial reverencia al recuerdo que ha dejado en nuestro Cerro de Pasco, brindamos con una “Chata de ron” como ella lo hacía antes de cantar. Volviendo al ayer, escuchemos: Ayrampito.

 

 

EL “CHACHA” PORTILLO

el chacha portilloSu nombre era Ángel: Ángel Portillo, pero era por su apodo que todos lo identificaban: CHACHA. Es decir viejo. Tenía la misma edad de los amigos que alternaban con él pero parecía más viejo. Eso era lo raro. Canas extremadamente prematuras que se iban cayendo poco a poco anunciando calvicie inminente. Su rostro donde sus ojos, aunque todavía juguetones, ya no tenían el brillo característico de la juventud. En derredor de sus párpados se dibujaban notables “patas de gallo” sin que pudiera evitarlo; cuando hablaba reflejando su jocundo gracejo, recién uno podía colegir que no era tan viejo como aparentaba. Así y todo Chacha era un artista popular muy conocido en el pueblo. En su condición de herrero, ayudaba en su taller a don Armando Paredes, su maestro, con quien compartía su marcada afición por la música. Don Armando, eminente saxofonista, era su maestro en el taller y en la orquesta.

El “Chacha Portillo”, pertenecía a esa numerosa promoción de clarinetistas que con gran talento ha mantenido viva nuestra música a través de los tiempos: Graciano Ricci Custodio, Jesús Enciso, Julio Patiño León, Pío Andamayo, Alejandro Álvarez,  Marcial Amaro, Aurelio Romero Pizarro, Emilio Quinto, Alejandro Panez, Andrés Egoavil Caballero, Eugenio Espinoza Mendoza, Isidro Fuster Mendoza, Enrique Bendezú, Alejandro Bonifacio, Antonio Montes, Bertilo Alania, Esteban Morales, Sulpicio Huari, Nazario Sinche, Pedro Cabello, Simeón Ventura, Severo Díaz, Octavio Montes y Teodosio León, entre otros muchos.

En los carnavales del año de 1927, el gran compositor, don Andrés Urbina Acevedo, crea un hermoso huayno al alimón con el “Chacha” que le pone música: DESPEDIDA.

Este huaino enternecía hasta las lágrimas al “Chacha” que aseguraba que don Andrés había interpretado su aspiración muy íntima de marcharse de su tierra. Un día, cumpliendo su deseo, desapareció como por encanto. Nunca más supimos de su vida. Habrá ido a la eternidad “en busca de mejor suerte”. “Chacha” siempre te quisimos.

Las letras que estamos publicando ojalá sirvan para renovar su mensaje entre los cerreños. Hasta hace algunos años, cuando los conjuntos musicales todavía mantenían su vigencia era un huaino muy estimado. Su mejor intérprete fue el “Shilaco” Llanos que le imprimía mucho dramatismo en su interpretación; también nuestro recordado Isaac Salazar y el “Mote” Grijalva con la guitarra de Nolio.

Este huaino es uno de los más hermosos de la cosecha del Chacha Portillo.

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Segunda parte)

Pedro Angel Cordero y Velarde 2Nunca cesó de impugnar todas las elecciones que se vivieron en su tiempo porque, los otros  “en el imposible caso de ser elegidos en el cargo de Presidente, no podrán realizar ningún programa sin mi consentimiento, pues todos los proyectos habidos y por haber son míos, me los han robado”. A través de su periódico hizo público el contenido de su combativo epistolario.

En su edición correspondiente al 18 de febrero de 1960, por ejemplo,  el Conductor del Mundo le decía al Presidente Manuel Prado, “El año 1956 le dije en el LEON DEL PUEBLO, lo desdichado que iba a ser su gobierno, como así ha sucedido, porque mi palabra es autorizada cual de un profeta, porque tengo la huella divina”. Para el 8 de diciembre del año 1957, le pedí que me entregara el mando pero su feroz orgullo me lo negó. En 1958 mi partido, la Juventud Corderista, le pegó en el Campo de Marte una terrible pifiada que no olvidará por sécula seculorum, con palabras soeces que cualquier gobierno hubiera renunciado, pero usted, sordo como una tapia, se zurró en la noticia, lo que quiere decir que su dignidad fue verde y el burro se lo comió”.

En la edición del 15 de junio de 1956, alega en su editorial: “… y espero que esta vez, por dignidad se me haga justicia y se me entregue la Presidencia, porque es designio de Dios y de mi pueblo…yo propugné todas las grandezas que hoy posee el Perú mientras ustedes me plagian y no han hecho nada y nada harán”.

En 1958, indignado, decía: “El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros y sólo existe en la historia de las calamidades pasadas. Por eso vengo a poner término a esta época de dominación…”.(…) “Me causa dolor ver desde mi Atalaya de Emperador, o Inca Wasi, cómo el cielo azul de la convivencia que no es cielo ni es azul, está adquiriendo un aspecto aborregado”.

El año siguiente, gritaba: “¿Hasta cuándo nos van a moler 800 millones de déficit del Erario Nacional…Déjenme la Presidencia que si ustedes no pueden, lo pago yo, porque soy el rey de las finanzas y mago del Estado”.

Pobre mi patria querida,

qué malos hijos te han dado,

mas ya sabré defenderte,

porque yo no estoy comprado.

 

En su gobierno pasado,

mil millones se llevó,

y a nadie cuenta le dio,

al manicomio lo envió,

y por las puras alverjas,

la Presidencia agarró.

 El notable músico, Alejandro Vivanco, en otro pasaje de sus memorias recuerda así a su maestro Cordero y Velarde. “El año en que el doctor Jorge Prado llegó de Brasil como candidato a la Presidencia, sus parciales organizaron un mitin en la Plaza Dos de Mayo para presentar su programa, pero ese mismo, día Cordero y Velarde improvisó otro mitin; enterado el pueblo llenó la Plaza San Martín y dejó desairado a Prado”.

“Cierta mañana llegó a la Librería “La Pluma” de la calle Trinitarias que yo regentaba y como de costumbre me contaba sobre su rutina diaria. En eso recibió un mensaje de larga distancia a través de una concha marina de caracol que llevaba en el bolsillo. (Se adelantaba en muchísimos años a la aparición de los modernos teléfonos celulares). Escuché el siguiente diálogo, “¡¡¡Aló, aló, querido Adolfo Hitler!!!. Hablas con el Emperador Cordero y Velarde, Conductor del Mundo. (pausa) ¡Gracias por interesarte por mi Imperio!. Estoy en vísperas de recuperar la silla presidencial. Caso contrario tendré que abandonar el país para ir a informarle al Santo Padre. ¡A propósito, Adolfo, hermano del alma mía, si hablas con el ingrato de Benito (Mussolini), dile que estoy pendiente de su llamada! ¡Ama sua, ama jella, ama llulla; ama jodemaicho!.

Estando en la Presidencia el arquitecto Fernando Belaunde Terry, le dirige una  misiva en la que le dice: “Usted como líder, YO como Emperador, somos dos potencias soberanas que debemos entendernos o destruirnos, pues no hay lugar para los dos en este cochino planeta de los simios”. Finaliza la carta con una explicación: “Por estos motivos le dirijo la presente carta abierta, vale decir sin sobre, para que me explique su extraña conducta y me diga con franqueza si mantiene su adhesión a mi persona, y si fuera lo contrario, sabré a qué atenerme y lo dejaré suelto en plaza. Los bueyes sueltos, bien se lamen”. “Mi plan de gobierno y alimentación contienen mi huella divina, revelado para el bienestar de The peruvian family”.

Nicolás Yerovi, otro de los que han escrito sobre nuestro Presidente y Monarca chiflado dice, “Más allá de los anecdótico, Cordero y Velarde simboliza en su grado más extravagante los extremos de la más conmovedora huachafería y del más patético delirio a que son capaces de llegar quienes en el Perú se ven asaltados por cierta locura de poder. Porque si el poder envilece, desearlo enloquece; de allí que en épocas electorales los más de nuestros políticos no dejan de pergeñar sus propios ditirambos, ofrecer sin empacho lo imposible y llegar a convencerse, aunque sea por un breve lapso, de la verdad que no encierra sus generosas promesas”.

En “Los apachurrantes años 50”, Guillermo Thorndike, rememora que en un cónclave organizado por los monjes dominicos para buscar un candidato que encarnara las necesidades del momento, se presentó sin ser invitado el chiflado Cordero y Velarde: “Entonces llegó, anciano de levita negra y pantalón listado, discretamente zurcido, con hongo, bastón y escarpines viejos que cubrían sus humildes zapatos acabados de lustrar. No viajaba en limusina con chofer, ni nunca había estado en París, ni parecía de este mundo. Pero toda la tragedia del Perú al que no habían invitado los dominicos se abrillantaban en la locura de sus ojos. Su sola aparición enmudeció el discurso. Avanzó con dignidad por el salón repleto de personajes hasta sentarse a un lado, más bien en el coro que entre los potentados, en primera fila y cerca de la presidencia. Wiese y Miró Quesada se miraron sin saber qué decir. Los fogonzazos de los fotógrafos se concentraron en el Apu Inca Verdadero. Hasta ese instante, los pretendientes habían discurseado de Dios, la Patria, el orden establecido, nuestras sagradas instituciones, la paz pública, el luminoso porvenir de nuestros hijos. ¿De qué podrían hablar ahora, frente a la faz demacrada de un Perú que rara vez había sido feliz?. Con respetuosa solemnidad, Cordero y Velarde escuchaba a los principales. Después intervino en su condición de Apu Inca Verdadero y del desorden de sus palabras se supo que otra era la paz solicitada por el pueblo y que no era justicia de todos aquella que preocupaba a los poderosos de la tierra. No su voz, sino el ridículo de aquellos príncipes forzados a escucharlo, convirtió el cónclave en el más grande fiasco de la derecha peruana. Al día siguiente, “La Prensa” destacó en primera plana a Cordero y Velarde junto a los organizadores de la transición presidencial. La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”.

Pedro Ángel Cordero y Velarde, el viejo músico de la “Cosmopolita” del Cerro de Pasco, el arrebatado candidato cerreño a la Presidencia del Perú, murió pobre y abandonado en un viejo callejón limeño, signado con el número 123 de Carmen Alto, en el Jirón Junín de Lima. Era el 18 de diciembre de 1961. Curiosamente, ese día la Compañía de Bomberos Salvadora Cosmopolita, celebraba su sexagésimo aniversario.

FIN…

 

PEDRO ÁNGEL CORDERO Y VELARDE (Primera parte)

Pedro Angel Cordero y VelardeDe todos los pintorescos personajes que recordaban nuestros viejos en sus amenas tertulias de club, resaltaba con luz propia el excéntrico chiflado, músico, poeta y loco: Pedro Ángel Cordero y Velarde. Cerreño, de padres ayacuchanos, había nacido en el barrio de Matadería, el mismo año en  que moría nuestro mártir Daniel A. Carrión, 1885.

Dotado de un excepcional “oído” para la música, precoz e infaltable en retretas y bullangueras celebraciones, se inició en el  redoblante para después –aplicado y emprendedor-, asimilar los secretos de gran cantidad de instrumentos en las magistrales enseñanzas de inolvidables maestros. El primero de ellos, el que modeló su carácter y lo puso en el camino del éxito con exigentes enseñanzas fue Markos Bache, notable maestro croata, nacido en Dubrovnik; traído por el consulado Austro – húngaro para dirigir su orquesta sinfónica y su banda de músicos del  “Centro Musical Slavo del Cerro de Pasco”, de notable éxito desde fines del siglo XIX. Llegó a dominar todos los instrumentos de cuerda, viento y percusión; mas fue con la trompeta con la que alcanzó maestría ejemplar. Estudioso como pocos, en la primera década de nuestro siglo, lo encontramos dirigiendo a “La Cosmopolita”, Banda de Música de la Benemérita Compañía de Bomberos Salvadora No 1.

Alegre y hablantín como pocos, de baja estatura y cetrino como todo mestizo de predominio andino, tenía unos ojos juguetones e inquietos que revelaban una inteligencia notable. A medida que transcurrían los años, sus iniciales y hasta inocentes palomilladas, fueron adquiriendo caracteres alarmantes. Ya no eran simples guasas, bufonadas o chistes, sino locuras que iban adquiriendo tonos que salían del carril de la normalidad. A estas actitudes fuera de tono, aunque risible para la mayoría, el pueblo las bautizó como “corderadas” en directa alusión a su apellido.

Al entrar en la segunda década del siglo siguiente, crítico mordaz e inoportuno, no perdía ocasión para zaherir y mortificar públicamente a las autoridades con sus comentarios fuera de tono y sus pullas comiquísimas que todos celebraban alegremente. Bueno, todos no; los damnificados, especialmente personas notables, no veían ninguna gracia en aquellas ocurrencias. Cansados de sus excentricidades y falta de seriedad en el cumplimiento de sus funciones, los amoscados “manda más” cancelaron sus servicios y lo pusieron de patitas en la calle. No aceptaron más sus “corderadas”.

El damnificado, por su parte, convencido de que su figura agigantada por obra y gracia de su alterado cacumen era de muy grandes dimensiones para un escenario estrechamente pequeño como el Cerro de Pasco, decidió marcharse. Un día, rodeado de gente que lo admiraba y gustaba de sus “corderadas”, largó su último maratónico discurso cargado de tristeza muy sincera en el que confesó que se iba a la capital a ocupar “el sitial al que  tenía derecho” y que si Rumimaqui –a quien tanto admiraba- no había podido restaurar el lugar de “Apu Inca” que tampoco lo había podido lograr su antepasado Juan Santos Atahualpa, él lo lograría con creces. ¡Lo juró solemnemente! Gruesos y sinceros lagrimones sellaron la despedida. Así, apesadumbrado pero decidido, partió con rumbo a Lima a ejercer el gobierno de su “ínsula baratería”.

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

 

Los que se van, se van muy tristes,

los que se quedan, quedan llorando.

 

Siempre dan pena los que se quedan,

siempre dan pena los que se van.

Llegado a Lima se avecindó en un solar de la calle San Ildefonso en donde, deseoso de conquistarlo, conformó una orquesta sinfónica con jóvenes músicos peruanos. Diez años estuvo al frente de esta quijotesca agrupación  ofreciendo conciertos en barrios y pueblos cercanos a la capital. Se encontraba triunfante y pletórico en esta tarea cuando se produjo el terremoto del 40 que destruyó su vivienda, sus instrumentos, partituras y todo lo que poseía. Quedó en la calle. Esto agravó su chifladura. En 1942, en plena guerra mundial, afincado en una casa semidestruida de la calle Zavala, funda la “Academia de Música Cordero y Velarde”, donde impartía clases de teoría, solfeo y ejecución de instrumentos.  El éxito que obtuvo en esta institución elevó su entusiasmo y se dedicó en cuerpo y alma a brindar lo mejor que tenía a los jóvenes que estudiaban en su Academia. Una de sus más dinámicas alumnas fue la joven soprano Rosa Aguilar que, andando los días, transforma en profundo amor su loca admiración por el maduro maestro. Decidida a compartir los desmesurados sueños del artista se casa con él. Al lado de esta abnegada y ejemplar compañera funda el “Teatro Folklórico” con el que cumple notable actividad artística. La calidad de su elenco es notable. Con Rosita Aguilar están,  Julia Peralta, Inés Oropeza, Blanca Santiago y Julio Castillo, como figuras principales, con los que preparó el montaje de las Operas nacionales “Sumac – Ticka” e “Ima Sumacc” a llevarse a efecto en el Teatro “Conde de Lemos”. Fatalmente, por motivos económicos y de otra índole, jamás  llegaron a estrenar. Uno de sus más notables alumnos, el músico cuzqueño Alejandro Vivanco, conmovido, dice de él lo siguiente: “ Puedo dar testimonio de su calidad de músico, porque después de las lecciones de solfeo, al advertir mi curiosidad, me mostraba orquestaciones completas de música incaica de su creación para sus dramas; también rico vestuario y decorados. En cada ocasión se sentaba al piano de cola y me hacía oír las arias y pasajes que a su criterio eran los más interesantes. En esa ocasión me obsequió sus dos partituras editadas: “Himno a la Redención Peruana” y “Daniel Alcides Carrión”, poema musical dedicado a su paisano.”. Sin embargo, es necesario decirlo: con sus ambiciones crecía también su chifladura ya muy conocida en toda Lima.

Conocedores de sus sueños de grandeza y exorbitantes ambiciones, el periodista peruano Federico More y el músico ayacuchano Osmán del Barco –exitosos personajes aquellos días- deciden jugarle una broma y en el periódico EL HOMBRE DE LA CALLE que publicaban, le insinúan que se postule a la Presidencia de la República. Emocionado el hombre otorga poderes plenos a sus mentores para que lo inscriban. Informado posteriormente que había perdido los comicios nacionales, cae en una depresión profunda. Fue suficiente. Persiguiendo la inalcanzable quimera del poder, había despilfarrado todas sus propiedades. Cuando se dio cuenta del engaño, derrotado y empobrecido, más solo que nunca, en el clímax de su locura, le quedó la fantasía de que no sólo era Presidente del Perú sino también, “Apu Capac Inca, Emperador del Perú y Conductor del Mundo; Soldado de Tierra, Mar, Aire y Profundidad; Rey de Financistas y Mago del Estado por Voluntad Divina” y, claro, comenzó a ejercer su “mandato presidencial”.

En su desquiciada fantasía, había logrado asumir la Primera Magistratura de la Nación. A partir de entonces se le veía ataviado con una llamativa indumentaria.  En honor a su alta investidura lucía un chaquet negro de solapas grasientas tachonado de llamativas condecoraciones de hojalata y espejuelos cruzado por la “Banda Presidencial”. Su infaltable sombrero de tarro, desgastado y  fileteado de roturas y magulladuras, realzaba su serio continente. Su paso siempre raudo y parsimoniosamente serio, -camino de cualquier parte-, lo conducía arrebatado entre risas y comentarios de los viandantes del famoso jirón de la Unión. Cuando alguien, siguiéndole la corriente, le preguntaba adónde iba, invariablemente contestaba:

—!Estoy muy apurado, me necesitan en Palacio! Tengo una cita muy urgente- y continuaba siempre arrebatado a grandes trancos a cumplir con su imaginaria cita.

Era muy común verlo pronunciar extensos discursos cargados de entusiasmo como de risibles propuestas de Gobierno. Llevaba consigo –periodista combativo y vocinglero- ejemplares de su periódico EL LEÓN DEL PUEBLO, “Sale cuando puede y pega cuando quiere”, claro muestrario de su locura y enajenación inofensivas. En su primer número dice en unos versos

Qué eco más resonante,

es hoy el ,¡ Viva Cordero!;

será el Presidente primero,

que al Perú lo lleve avante.

 

Pobres y ricos serán,

lo que ellos debieron ser,

tenemos oro, plata y mujer,

que ustedes no negarán

Continúa…..

Teodoro “Tico” Del Valle Fernández

hombres con boina 1
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Escueta y dolorosa la noticia se difundió rápidamente. Una emisora local convocaba con urgencia a sus familiares a hacerse presentes en Huancayo. Allá, súbitamente, acababa de fallecer don Teodoro Del Valle Fernández. El pueblo cerreño se estremeció de dolor. Pero… ¿Era posible? Y siguiendo la inveterada costumbre nos preguntamos; pero… ¿Cómo? si hace unos días nomás hemos estado hablando con él? Era cierto. La semana anterior lo habíamos encontrado recorriendo las amadas calles de su Cerro con su tristeza a cuestas  y su infaltable boina negra. Con su sonrisa paternal y sus palabras cariñosas cargadas de recuerdos. ¿Quién podía imaginarse que unos días más nos dejaría…?!…¡¿Quién…?!.

Ahora que sus despojos yacen arrullados por el suave rumor del Mantaro, entre molles, retamas y jilgueros, allá en la Incontrastable; con el dolor que  su partida nos ha suscitado, anegados de dolor, musitamos nuestro emocionado recuerdo.

Primeramente nos remontamos a la cercana tierra de su cuna, inacabable emporio de leyendas y antracita, de combates y tragedia: Goyllarisquizga, “Donde cayó una estrella”. Allá donde su niñez transcurriera guiada por paternales cuidados; donde sus primeras inquietudes nacían a la par que su adolescencia y su vida descubría nuevas perspectivas y nuevos horizontes. A los 16 años inició su carrera como docente en la Escuela Fiscalizada N° 1621 de Goyllarisquizga, su tierra natal. Allá donde preparaba inteligencia y músculos en aulas y campos de fútbol, alternando los éxitos y los reveses en el SPORT GOYLLAR, CLUB DE TIRO, o con el A.D.A, emporios millonarios de históricas jornadas. Allá donde comenzó a descubrir el maravilloso significado de las notas musicales, de aquellos mágicos símbolos que encierran un inacabable margen de posibilidades. Desde entonces confió a ellas sus más recónditos secretos,  arrancándoles sus más intrincadas dulzuras. Así, en su juventud, etapa en la que el hombre es más puro, más heroico, determinó abrazar la carrera que más que ninguna otra requiere de entrega, de amor, de grandeza. Decidió ser MAESTRO. Lió sus bártulos y –quijote de una quimérica empresa- salió a recorrer el mundo llevando el bagaje de sus conocimientos, de su cariño, de su simpatía. ¿Qué parajes no lo han visto pasar en ese inacabable peregrinaje? Estuvo en aquellas aldehuelas que se pierden entre las nubes, blanqueadas de nieve y ateridas de frío; en las abrigadas quebradas de eucaliptos, molles y retamas; en la selva calurosa y olvidada; en los villorrios mineros donde los niños aprenden a convivir con la tragedia. En cada uno de estos lugares, dejó un recuerdo, dejó sus enseñanzas, en tanto las promociones educativas iban sucediéndose año tras año. En su vida jamás tuvo una palabra de desaliento o cansancio, de hastío o de queja. No. Desde el primer instante supo que el maestro es el único que coge su cruz y sigue al Nazareno. Así, sin un reproche, sin una imprecación, sin una queja, cargó con su cruz durante cuarenta años. Ocho lustros y un puñado de canciones –flor de su alma- ; un cúmulo de alegrías y penas, decenas de escuelas, docenas de amigos, centenares de alumnos y una vida dedicada al servicio, a la enseñanza, al sacrificio. Un apostolado que constituye una heredad que pocos, poquísimos hombres, pueden dejar.

Casado con doña Angélica Ochoa, tuvo cinco hijos, de los cuales César Augusto y José Israel han abrazado la carrera de su padre. Ellos son egresados de las universidades del Centro de Huancayo y Daniel Alcides Carrión del Cerro de Pasco.

Por otra parte, siguió ciclos de perfeccionamiento y cursos a distancia en el Instituto Nacional de Educación, hoy INIDE, en 1953, graduándose como profesor de Educación Primaria. Vacacionalmente estudió Música en el Conservatorio Nacional y Pintura en Bellas Artes. Tanto en la Escuela de Música de Huancayo, como en el Cerro de Pasco y Huánuco, siguió cursos de reentrenamiento en música y educación.

Su producción intelectual registra un libro escrito para el primer grado, titulado “El

Tico del Valle
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Lector Pasqueño”, además de  “Didáctica del Lenguaje”, folletos sobre educación, estudios del departamento de Pasco, apuntes folklóricos del Cerro de Pasco y la quebrada de Chaupihuaranga.

Participó en exposiciones: Pintura de Minería, Huancayo 1973; Dibujo y Pintura en el Club de Tiro de Goyllar.

Como músico integró los clubes carnavalescos de Goyllarisquizga y Cerro de Pasco. En testimonio de haber hecho música tiene cinco discos de larga duración, 33 rpm, 3 con “Los Amantes de Cerro de Pasco” y 2 con “Los Ases del Ande”.

Un día, cuando el cansancio ya domeñaba su cuerpo, decidió retirarse. Sus ojos habían perdido el brillo y el acierto de los primeros años y ya le costaba trabajo descifrar el secreto del pentagrama; sus músculos lasos y cansados no daban para más; el corazón se le anudaba cada vez que el dolor le acicateaba. No, ya no era el de antes. Tuvo que retirarse y, es en ese momento que a costa de su dolor, recibió una última lección. Le revelaron claramente que vivimos en un mundo de egoísmo y maldad; un mundo sitiado por bandoleros, saturado de inconscientes y de egoístas; un mundo intoxicado de injusticias y maldad; de ingratitudes y soberbia.

Cuando se retiró de su escuela, nadie le dijo nada. Ni un hasta luego, ni un gracias, ni un adiós; como si la vida fuera eterna, como si los mezquinos jamás habrán de llegar a viejos. El se fue en silencio, adolorido, pesaroso. ¡¿Había hecho mal en entregar su juventud a la formación de tantos hombres..?!. No. Fue muy grande para creer tal cosa y tal vez, escondiendo una lágrima entre sus ojos cansados, se retiró. En aquel momento tuvo la esperanza que sus documentos serían tramitados rápidamente. Se equivocó. No fue así. Diariamente estuvo esperando que la superioridad le hiciera justicia. “Vuélvase mañana” era el estribillo que lo atormentaba. ¡¿Hasta cuándo?! Durante días, semanas, meses, y años estuvo mendigando que le reconocieran su esfuerzo. Nada. Entonces, para sobrevivir, tuvo que desempeñar otros oficios, otros menesteres. Entretanto los poderosos, los que juegan con la vida y el destino de los demás, no le hacían caso, hasta que hace pocos días, su corazón resentido se quebró en mil pedazos. Posiblemente en esos momentos los egoístas se apresuraron a archivar su caso. Seguramente. Total, para estos sátrapas, Teodoro del Valle Fernández era tan solo una ficha, un número, un nombre sin importancia; total, era tan sólo un maestro, un don nadie en el diccionario de los ingratos, de los egoístas, de los imbéciles; pero para nosotros fue un MAESTRO; un hombre que en tanto vivió nos alentó con su ejemplo, nos vivificó con sus palabras, nos deslumbró con su arte y nos encandiló con su sencillez y su grandeza.

Cuando pasen los años y la nostalgia nos haga evocar su presencia; cuando el ejército de ingratos no sea más que polvo ignaro sobre la tierra; polvo sin recuerdos ni huellas, polvos desconocidos y pútridos, él estará con nosotros a través del disco, de sus canciones, de su música. Y un día, sus nietos, sin haberlo conocido, se estremecerán con un huayno que desde el disco nos estará regalando, porque es bueno que los egoístas sepan que los hombres no mueren. Por eso, desde aquí, desde la distancia, no nos queda sino musitar nuestra plegaria para que el Todopoderoso le dé el descanso y la paz a que tiene derecho.

Gracias Tico, gracias, hermano, por todo lo que nos diste y, permítenos, que con el mismo calor con que lo compusimos, como una humilde siempre vida,  entone como un respetuoso epitafio la muliza que ambos compusimos.”

TIERRA   MINERA

(Muliza)

            Ya las minas son peruanas                          Nuestra tierra ha sangrado,

            ya los gringos se han marchado,                por largos siglos, rendida,

            pero nuestra amada tierra,                         entregando al prepotente,

            sigue siendo retaceada.                             las primicias de su suelo.

 

            Del soberbio inca cusqueño                         En pago de estas riquezas,

            al codicioso español,                              ¿Qué le han dado a nuestra tierra?.

            del libertador patricio                                 ¡ Han abierto con descaro,

            al yanqui explotador                                       una enorme sepultura…!

 

                                                           ESTRIBILLO.

                                               Sin embargo, vida mía,

                                               cantemos al porvenir,

                                               que nuestra tierra bendita,

                                               ¡Renazca como una luz…!

 

            Música: Teodoro Del Valle Fernández                  Letra: César  Pérez  Arauco.

                                          Cerro de Pasco, febrero de 1973.

 

 

 

ANAMELBA

(Ahora que ya se ha marchado dejando enorme tristeza en los corazones de los que la conocimos y la admiramos, evocamos un pasaje de su vida artística cuando nos visitó en el Cerro de Pasco)

Anamelba

Había causado grande impresión en la ciudad. Todos hablaban de su calidad vocal y su personal estilo de interpretar los boleros. Sus discos habían “volado” de las disqueras y las emisoras locales irradiaban a todas horas sus más recientes éxitos. Fue tanta su popularidad que cuando se anunció su presentación en nuestro teatro, todos se aprestaron a oírla, verla y prodigarle sus aplausos de cariño y admiración. La conmoción de su debut fue de tal dimensión que faltando una semana ya las localidades se habían agotado. Increíble. Muy pocas veces había ocurrido esto; sólo cuando se presentaron Ima Sumac, Los Trovadores del Perú, Jorge Escudero, Jesús Vásquez, Brisas del Titicaca, el “Mago Dilmer” y uno que otro artista extraordinario, se habían terminado las localidades con mucha anticipación. Bien merecía esta expectativa nuestra admirada, Anamelba. Ha sido para mí –particularmente- la mejor bolerista del Perú.

Desde las primeras horas de su debut en nuestro teatro ya el público se había arremolinado a la puerta del “Cine Teatro Grau” para, por lo menos, verla de lejos. Entretanto, los muchachos del “Banfield” que habíamos tenido nuestro partido de práctica en la Esperanza, nos reunimos en nuestro conocido “huarique” del “Tico – Tico” en el calle del marqués. Mientras bebíamos nuestros refrescos comentábamos la frustración de no poder ver a nuestra artista del momento. El único que tendría ese privilegio sería el director de la radio y yo que la presentaríamos en el Teatro y en “Radio  Corporación”. Nada podía hacer para conseguirles entradas a los otros muchachos. Ellos lo sabían. Entre los que quedaban, tratando de participar en las conversaciones, se distinguía un joven huanuqueño al que estábamos probando como back lateral: Roberto Yalán Soto. Ya jugaba con  nosotros en el “Jorge Chávez Fútbol Club”, conformado por los integrantes del ”Banfield” al que así nomás no se podía llegar. En el momento de más candente discusión, Yalán dice

  • ¡Ya no hay ni una entrada al cine! ¡Todas se han acabado!
  • ¡Claro pues, “chaplaquito”! –dice el “Loco” Pajuelo- ¡Todos estamos sufriendo porque no podemos ver el “lomazo” de Anamelba!
  • Bueno, yo podría conseguirles entradas….
  • ¡¡¡¡Fuera, baboso!!! –Le llovió comentarios unidos a golpes y cocachos en la cabeza. Parecía un “roche” cruel y abusivo- Esperen pues –alcanzó a decir sobre los golpes- Como ustedes saben, yo soy huanuqueño…
  • ¿….Y, Babas; qué hay con eso? ¡Todos sabemos de tu desgracia….!
  • Yo soy amigo de Anamelba. Ella es como una hermana de mi hermana Yolanda con la que han crecido juntas…
  • ¿Y…….?
  • ¿Cómo, Y…. Yo puedo hablar con ella que está con mi hermana en el hotel donde se aloja -Hubo un silencio tremendo. Todos miraban a Roberto con incredulidad, pero ¿Y si fuera cierto? Una ola de  voces se sacudió emprendiéndola contra él.
  • ¿Qué esperas entonces, bobalicón?…. ¿Por qué no vas a hablar con la “mamacita” y nos consigues las entradas…
  • ¿Si….?
  • ¡Claro pues, cojudo!!!- Pero si es mentira, no vuelvas a vernos porque te vamos a dar tu soberana paliza- Uniendo la acción a la palabra lo sacaron en vilo y lo arrojaron a la calle…

En aquel momento todos tuvieron la sospecha de que Roberto les había “chamullado”. Pensaron que no volvería. ¿Cómo iba a ser amiga de tremenda artista? Para superar la frustración siguieron con sus  comentarios y chistes cuando, a las 4.45 de la tarde, sintieron los aldabonazos tremendos a la puerta. Se miraron en silencio. “Gacho” Pagán fue a abrir. La puerta abierta de par en par dejó entrar el reverbero de los últimos rayos de sol de la tarde y, a contra luz, pudieron contemplar la majestuosa imagen de una soberbia mujer. Era Anamelba. Quedaron  atónitos. Encerrada en un lujoso vestido rojo que resaltaba sus formas extraordinarias, estaba allí, iluminándoles con una soberbia sonrisa. Sorprendidos y silenciosos la miraban mudos de adoración, cuando la pastosa voz triunfal de Roberto Yalán los sacó del mutismo.  “Como les prometí, aquí les he traído a mi hermana Anamelba para que la conozcan”. De inmediato la presentó a todos, uno por uno. Lo que les dio un vuelco al corazón fue cuando ella, sonriendo, dijo: “Mi hermano me ha contado que ya no han podido encontrar entradas para el teatro, pero no se preocupen. Ustedes van a ser mis invitados de honor en mi actuación de esta tarde. Acompáñenme al Teatro. Eso sí les advierto que como todas las localidades están vendidas, tendrán que acomodarse en el suelo. No puedo hacer más. Vamos. Y salió como como una reina. La escoltaban todos los zarrapastrosos jugadores del equipo más combatido del pueblo, el “Atlético Banfield Club” que, como bizarros escuderos escoltaban a una verdadera artista. Todos miraban con admiración y mudos de asombro a la comitiva que se dirigía al teatro. Cuando comenzó la función en medio de atronadores aplausos, Anamelba, al borde del escenario, dijo “Con el permiso de ustedes, damas y caballeros, quiero dedicar mi actuación de esta tarde a mis amigos integrantes del “Atlético Banfield Club” que me están acompañando”. Nunca como entonces emergió la admiración por aquellos mal vistos pero extraordinarios jugadores que una artista como Anamelba los presentaba e invitaba a que su pueblo los reconozca. Aquel día fueron muy felices. Todavía recordamos el acontecimiento. De los meandros de la memoria vuelve a nosotros la canción con que Anamelba inició su actuación aquella tarde. Donde esté, nuestro cariño y recuerdo a la amiga y mejor bolerista del Perú.

 

Testimonio de Antonio Raimondi a su paso por el Cerro de Pasco.

antonio raymondi

“Visitando yo en 1857, en compañía del doctor don Clemente Blanco, la gruta llamada de Sanso-Machay, en las cercanías del Cerro de Pasco, no pudimos obtener que los indios que nos servían de guías, entrasen en la gruta para ayudarnos a excavar algunos huesos de animales  antediluvianos que se encuentran en el terreno que forma el piso de la cueva; y a pesar de todo mi deseo, tuve que desistir de mi proyecto por falta de brazos que me ayudasen, habien­do sólo recogido algunos huesos de poca importancia que pude sacar por mis propios esfuerzos.

Los indios que nos acompañaban permanecían a la entrada de la cueva y como no podían vernos por algunos recodos y desigualdades del piso, nos gritaban continuamente desde afuera para que saliéramos diciéndonos que padeceríamos de dolores por toda la vida, y como no contestábamos a sus ridiculeces nos creían muertos.

Salí pues de Lima en 1857, acompañado del doctor Clemente Blanco, el día 4 de febrero y subiendo por la quebrada del Chillón, atravesamos la elevada cordillera por el paso llamado de la Viuda, para entrar en la rica hoyada mineral del Cerro de Pasco. Después de haber recorrido las tortuosas calles de la frígida población, bajé a visitar sus entrañas de las que se han extraído fabulosas cantidades de plata.

Del Cerro de Pasco nos dirigimos a la mentada gruta o Cueva de Sanso-Machay, para descubrir algunos restos de animales que hoy en día no existen, y bajando enseguida por Chacayán, tomé por la quebrada de Michivilca, la ruta hacia la población de Huánuco.

Concluida mi exploración en la parte central del Perú, y habiendo relacionado mis trabajos geográficos con los anteriores, continué mi itinerario dirigiéndome hacia el norte, pasando de Huancayo a Tarma para seguir después al Cerro de Pasco.

Hallándome en el célebre asiento mineral del Cerro de Pasco, supe que la comisión hidrográfica presidida por el señor contralmi­rante Tucker estaba en Huánuco y aunque deseaba hacer algunos estudios sobre la constitución geopolítica el Cerro de Pasco, importante hoya mineral, dejé este trabajo para mi regreso y apresuré mi marcha a Huánuco con el objeto de alcanzar a la comisión y entrar juntos a las montañas del Pozuzo y Mairo.

El 30 de julio salí del Cerro de Pasco y media hora después veía el primer arroyo que se puede considerar como el origen del río Huallaga.

El agua de este arroyo, uniéndose con la de otros y la que sale de un puquio suministra la fuerza necesaria para hacer marchar las ruedas hidráulicas de los ingenios para moler el metal que se extrae de muchas minas del Cerro de Pasco.

En ninguna parte del Perú, se ha aprovechado tanto de las fuerzas que puede dar alguna corriente, como en el Cerro de Pasco, sirviendo la misma agua para un gran número de haciendas que se suceden una tras otra, a pocos pasos de distancia. Sólo falta reemplazar las antiguas ruedas horizontales que utilizan solamente una pequeña cantidad de fuerza que puede dar el agua, con otros motores hidráulicos más perfeccionados, tales como las turbinas, con las cuales se puede obtener con la misma cantidad de agua, una doble fuerza.

Después de un poco más de dos leguas de camino, llegué a la hacienda La Quinua en la que existe la antigua Casa de la Moneda, actualmente paralizada, donde se han acuñado todas las piezas de plata que llevan la inscripción “Cerro de Pasco”

Seguí mi marcha por la quebrada y pasando por los caseríos de Chicrín y Cajamarquilla, llegué a la población de Huariaca y enseguida a la de San Rafael.

Después de cinco días de descanso en Huánuco, empleados en poner en orden mis notas de viaje y en hacer algunas observaciones, salí de la ciudad con dirección al Cerro de Pasco, pasando por la población de Huacar.

El camino entre Antapirca y el Cerro de Pasco, exceptuando algunos pequeños trechos con escalones sobre piedra, es bastante regular. Pasando por la laguna de Alcacocha, llegué a la población minera del Cerro de Pasco. Por tercera vez entraba a esta gran hoyada de la que han salido inmensas riquezas; pero en esta ocasión venía con el propósito de hacer algunos estudios sobre diferentes formaciones geológicas que constituyen el terreno de este rico y célebre asiento minero.

Un amigo mío, don Alfredo Bignon, que se hallaba establecido desde tres años en el Cerro de Pasco, tuvo la bondad de acompañarme en mis excursiones en toda la circunferencia de la hoya metalífera.

Con la experiencia que había adquirido durante largos años de viaje y el estudio de gran número de metalíferos del Perú, la formación geológica de la hoya del Cerro de Pasco, que en mi primer viaje me había parecido oscura y difícil de estudiar, esta vez la vi muy clara y sencilla.

El hallazgo de unos fósiles me proporcionó además un horizonte geológico para conocer la edad relativa de los otros terrenos.

Al recorrer con mi amigo Bignon este importante lugar, le comunicaba mi opinión sobre la naturaleza de una rocas ferrugino­sas anómalas, las que según mi modo de ver eran rocas sedimentarias modificadas por el metamorfismo; y que el mineral argentífero, que con el nombre de cascajo forma el inmenso depósito que se explota desde mucho tiempo, tenía el mismo origen, esto es, una arenisca metamórfica impregnada de plata.

Poco tiempo después, dicho amigo me trajo a Lima una concha fósil hallada en el cascajo, que tenía la mima naturaleza de este último, y era por consiguiente argentífera como él.

Con este nuevo hallazgo no me quedó duda alguna sobre el extraño origen del mineral argentífero llamado cascajo en el Cerro de Pasco, el que puede considerarse como una arenisca jurásica, profundamente modificada por el metamorfismo e impregnada de plata.

Después de haber estudiado la formación geológica de la rica hoya mineral de carbón, a cuyo lugar tuvo la bondad de acompañarme el señor Gustavo Maggela.

Llenados mis deseos aunque no completamente, por escasez del tiempo, me decidí emprender la marcha hacia la costa, bajando por la quebrada de Chancay que todavía no conocía.

El día 16 de setiembre salí del Cerro de Pasco dirigiéndome a la hacienda Conoc, que dista seis leguas, el camino es casi enteramente llano, sobre planicies elevadas y frías donde la vegetación está casi reducida a un tapiz verde formado de diminutas plantas que no se elevan dos pulgadas de la superficie del suelo.

El camino por el que se va a Conoc es el mismo de Rancas, dividiéndose el de Conoc a media legua de distancia del Cerro de Pasco. La hacienda Conoc es de ganado lanar y bastante productiva por tener un mercado seguro en la cercana población del Cerro de Pasco, donde se consume bastante carne. (RAIMONDI, Antonio. EL PERU.