Esther Moreno Alcoser

FloresSabemos que era una gran maestra. Los periódicos que publicaron su producción poética no dicen nada respecto de su vida. Sin embargo es necesario indicar que ha sido una de las más notables poetas que ha dado la ciudad minera. Su supo que había contraído nupcias con un señor Núñez porque la segunda etapa de su producción, firma con el nombre Esther Moreno de Núñez. Al final supimos que estuvo profesando en Paucartambo. Sólo estamos enterados de que actualmente es maestra jubilada y pertenece a ANCIJE, donde sigue cultivando su magnífica calidad artística. El que lo puso en la palestra y la hizo conocer en nuestra tierra fue Armando Casquero Alcántara quien, en forma extraordinaria, la presenta en «El Minero». Ella en retribución, le dedica el siguiente poema, de verdad, emotivo y delicado como toda su producción.

EL SALÓN VACÍO

 (Para Armando Casquero A. en gratitud a sus versos).

 Sentada en el pupitre, los ojos enclavados,

en el vacío profundo que envuelve a mi salón,

contemplo con tristeza los bancos desolados,

donde ya no hay canciones, ni risas, ni ilusión.

 

Melancólicas se hallan las ventanas cerradas,

sólo torres de libros guardan desde hace días,

como guarda el florero las dalias marchitadas

que a Jesús ofrecieron esos chiquillos míos.

 

Allí están las carpetas silenciosas, llorando

gotas de obscura tinta que alguien ha derramado,

allí están las pizarras ilegibles mostrando,

el último problema que nadie lo ha borrado.

 

En la pared los mapas inmóviles añoran

esos ojos que otrora buscaban algún puerto..

lago, provincia o rio; empolvados deploran

la ausencia de esas flores que engalanó mi huerto.

 

Umbroso quedó el nido porque esas avecillas,

al irse se llevaron los trinos y la luz,…

Aguardando el retorno de esas almas sencillas,

pensativos estamos. Corazón de Jesús

 Cerro de Pasco. 1 de enero de 1946.

 

ÁRBOL ESTÉRIL

 ¡Cuánta amargura tu existencia expresa!

con tus brazos nudosos v torcidos,

que al espacio se tienden doloridos;

eres mendigo que llorando reza..!.

 

Sé que no ha dado ni una flor, ni un fruto,

¡Árbol comprendo tu tragedia inmensa…!

¡Ay de los hombres, la arboleda extensa

viéndote a tí, con más afán escruto.

 

Y veo a lado que fecundos seres.

Muchos braws, cerebros, corazones

que han dado sólo espinas y baldones…

 

Consuélate árbol que malvado no eres,

diste al viajero la sombra de tus ramas,

y a los hogares ya les darás tu leña…!.

 Cerro de Pasco 23 de diciembre de 1946.

 

ÁRBOL FECUNDO

 Tú comprendes amor, lucha y belleza,

tanto amor a los hombres y a los nidos,

porque en ellos cuajóse tu grandeza

en rubíes y topacios encendidos.

 

Luchaste con la furia de los vientos,

con los azotes de inclemente helada

y también con los seres avarientos

que todo te pidieron sin darte nada.

 

Diste a aquellos buenos peregrinos

que se mueren se sed por los caminos,

el agua celestial de tu belleza.

 

Y sigue todavía árbol fecundo

derramando tus frutos por el mundo,

como los hombres que piensan y sienten.

Las fiestas carnavalescas -lo hemos dicho- tuvieron enorme repercusión en la vida urbana de nuestro pueblo. Músicos y poetas en fraternal competencia se disputaban las preferencias de la comunidad cerreña. Esther Moreno Alcóser, entonces maestra militante, publica en «El Minero» un poema en homenaje a la reina de la ciudad, señorita Palmira Arrieta. Es el siguiente:

A PALMIRA ARRIETA

 Rostro suave como luz de luna

sencillo y dulce cual su propia cuna.

Candorosas pupilas,

como las transparentes auras lilas.

Blanca cabellera ondeada

como fina cascada

de agua que baja de las cimas

mientras el viento se deshace en rimas…

Gentil silueta de flexible talle,

que floreciendo, el frío terruño lo convierte en valle.

 

Y dentro de este bello estuche: Tu figura,

está la joya de tu alma noble y pura.

Eres una bestal del sol que muy modesta,

después de larga, larga siesta,

alzaste tu rostro sonrosado,

cuando tu pueblo despertó encantado…

 

Pero ya no tendrás palacios de oro,

ni siquiera el tesoro

de la orfebrería,

que imperan en los modernos días.

Mas, tendrás la ofrenda de la tierra

que en el nido de plata de la sierra.

 

El cóndor con su vuelo majestuoso,

te traerá el saludo del ande silencioso.

Las nieves te darán su albura,

el Chinchaycocha su límpida ternura,

el Mantaro su estrofa cristalina,

 

Y las pampas su alfombra esmeraldina:

las llamas y las vicuñas de mirada queda,

con sus pieles abrigará tu pie de seda.

En sus chocas los amantas

te ofrendarán las notas de sus flautas.

 

En las entrañas de la tierra los mineros,

de brazos fuertes y espíritu sincero,

con sus herramientas formarán orquesta,

que dará su cántico de fiesta

y yo, que sólo tengo ensueños

a tí. Oh genial Palmira,

ofrezco los sencillos acordes de mi lira.

Con motivo de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, nuestra poeta escribe los siguientes versos:

ORACIÓN DE PAZ

 La tierra nuevamente se viste de fuego,

que ensañados prendieron los seres inhumanos,

ya no atienden sollozos, alaridos ni ruegos,

y furiosos se matan entre humanos.

 

Señor, Rey de Reyes, Bien de los bienes

¿Por qué otra vez los hombres vuelven a ser chacales;

la corona de espinas que rompieron tus sienes,

no han sido suficientes para lavar sus males.

 

¡Señor: ¿Para qué sirven las humanas sapiencias…?

¡Señor: ¿Cuál es el fruto de sus geniales inventos…?

¿Para qué cultivaron con tanto afán las ciencias

si al fin han de emplearlos para martirios cruentos…!

 

La tragedia pasada se olvidan las naciones,

ha transcurrido apenas una tregua letal

para que despierten homicidas pasiones,

y para que renazcan sembradores del mal.

 

Y oirá vez se levantan las crueles llamaradas

que atizan los espectros de enviadas, de rencores,

de ambiciones bastardas que rugen alocadas

llenando las trincheras de sanare y estertores.

 

¡Señor, Señor, apaga la diabólica hoguera

do esta quemando el mundo sus tesoros mejores!.

¡Aplaca de los hombres ese instinto defiera

que es negro corolario de todos los colores…!.

Señor, tú eres grande, tú todo lo puedes

las que inventan los sabios una gran medicina

para sanar conciencias, para cortarlas redes

de amarguras que tejen las manos de la inquina…

 

Que los químicos nos den a todas las virtudes

en la magna cubeta del AMOR INFINITO,

para que se terminen los sangrantes aludes.

que a millones de hogares de la PAZ han proscrito !.

 

Permíteles que inventen inventen alguna paz, milagrosa

que borren los idiomas esa palabra : guerra;

permite que fabriquen, un juego poderoso

para lavar las manchas abyectas de la tierra…!

 

Tal vez estoy pidiendo, ¡Señor!, una utopía,

tal vez. mi gran anhelo, ¡Señor!, es gran locura.

pero ¿quién, la horda infame derribar lograría?

¿Quién si no de tus ojos la sublime dulzura?.

 

¡Por la queja indecible de madrecitas tantas,

por aquellas ciudades. Señor, que se destruyen

¡Piedad, piedad, te imploro, derramando a tus plantas

mi corazón, mi vida, que en llantos se diluyen…!

 

¡Por los blancos cabellos de las ancianas benditas!.

¡Por el joven soldado, mutilado y doliente!.

¡Por los ojos de aurora del niño que dormita,

en la celeste cuna de esperanza luciente…!.

 

¡Por los jóvenes novios que tienen en el pecho,

los sueños e ilusiones como jilgueros yertos,

por los padres que tienen el corazón desliedlo,

sabiendo a sus retoños agónicos o muertos..!

 

Yo, Señor te prometo, que he de andar predicando

por todos los caminos, tu EVANGELIO sin par

hasta el fin de mi vida: yo iré peregrinando,

enseñando a los hombres a AMAR Y PERDONAR…!

 Esther Moreno Alcoser (EMA).

 

DESPUÉS DEL VIERNES SANTO

 Luego de lanzar el último suspiro,

inclinó la cabeza el moribundo;

el Divino Rabí, cuyo DELITO

fue sólo AMAR Y PERDONAR al mundo.

Expiró con los brazos extendidos

y desplegó la oscuridad tremenda,

para cubrir los brazos pervertidos

que consumaban la tragedia horrenda.

 

Tembló la tierra, los peñasco se hundieron,

de sus tumbas alzáronse los muertos

y los hombres apenas entendieron.

 

¿Las tinieblas del Colgóla han pasado?

¡No!…Te plegaron ya los brazos yertos?

¡No!… vas sangrando por el mundo helado…!

 

Heredes sigue degollando infantes,

traicionando al Maestro sigue Judas;

y como Pedros hay todavía muchos,

quienes le niegan en las horas rudas

 

Caifás sigue todavía imperando

y seres inocentes condenando,

y el mal ladrón, de boca tan impía

aún va, por los caminos, blasfemando,,,!

 

Longinos está hiriendo con su lanza

en la cruz de sus propias delincuencias

¡La humanidad está crucificada…!

 

¡Señor, señor!, permite que a las cimas

de la FE lleguen todas las conciencias

y contritas, te imploren como Dimas…!

 

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AMBROSIO CASQUERO DIANDERAS Nuestro poeta mejor

Nació el 4 de abril de 1898 en el Cerro de Pasco. Sus padres fueron don Florencio Casquero Castro y doña Lidia Dianderas Urbina. Fue inscrito en el registro municipal con el nombre de Ambrosio Isidoro Casquero Dianderas, pero más tarde, él por propia decisión, en ejercicio de su plena juventud, decide firmar con una W, en lugar de su segundo nombre. Era la manera de rendir su homenaje al escritor norteamericano que había alimentado sus sueños de niño: Washington Irving.

Las primeras letras que lo ponen en los umbrales de la inquietud, las recibe en el «Liceo Cerreño», escuelita particular que regentaba el maestro,  Antonio Martínez. Su formación es eminentemente romántica. Ha leído ávidamente a los grandes de la Edad de Oro, pero también a Espronceda, Bécquer, Zorrilla, Campoamor, Gabriel y Galán, Núñez de Arce y las traducciones de Balzac, Víctor Hugo, Dumas, Irving, Lamartine, Flaubert, Poe, Zola, Dostoievski, Goethe,… Sus inquietudes poéticas, no obstante, están encaminadas a descubrir el hermoso color local de sus vivencias.

Canta al amor con todas sus implicancias; a la noche con sus inextricables misterios; a la muerte que le arrebata a amigos, padres, hermana; a las ruinas que comienzan a adueñarse de calles y callejones del Cerro de Pasco. Se convierte en un meditativo contemplador de todo lo que lo rodea. Taciturno y misterioso revela en sus versos toda la tristeza y angustia que ahoga su espíritu inconforme.

Ambrosio vivió con estremecedora intensidad. Estuvo en las dulces y etéreas regiones del amor y la creación y luego descendió a los mundos más negros y atroces. Fue un hombre bondadoso y sensible; extremadamente sensible que pagó un caro tributo a la vida. A su pueblo que tanto quiso le fue dando, primero, lo mejor de su juventud: sus versos; lo mejor de su esfuerzo y experiencia, como periodista, como pintor, como escritor, como compositor, como maestro, como bohemio. A su pueblo le fue dando pedazo a pedazo su corazón y su vida, y su pueblo, ingrato y olvidadizo, sepultó su voz con sus despojos. El murió el 28 de mayo de 1942. Hasta ahora, su tumba, sin inscripción alguna es conocida sólo por los que estuvieron muy cerca de su alma.

 De ese inmenso manojo de versos que nos ha dejado, reproducimos éste:

muchacha andina

         LA MUCHACHA DE MI PUEBLO

 Atrae su belleza de indígena morena,

que cantarle un poema de emoción me concita

la muchacha del pueblo, que es como suena:

por sensual toda ardiente, pero sí, «calladita».

 

Los mozos la persiguen. Empero quisiera ella

esa forma de vida con que la mujer sueña:

una mirada tierna, con fulgores de estrella.

y una palabra buena, muy dulce por sedeña…

 

Cuando su confidente, el rio sonoroso.

escucha sus suspiros, se hace más armonioso

en su canción galante, mientras ella «macea».

 

Y en sus silencios locos de ardientes desvaríos,

como ensoñando rosas, es vestal que desea

todo un hombre soberbio, masculino de bríos

AMBROSIO W. CASQUERO Escritura fundacional de la Literatura Pasqueña Por Ángel Garrido Espinoza

Nos es muy grato incluir el excelente trabajo de nuestro admirado poeta Ángel Garrido Espinoza, publicado en el Nº 19 de noviembre de 1994, (pág. 32) de la revista VISION PASQUEÑA.

Ambrosio CasqueroSilenciado en la lejanía del tiempo y del olvido, Ambrosio W. Casquero Dianderas es el escritor pasqueño más completo de la primera mitad del siglo XX, y una de las voces poéticas mayores del Centro andino. De una vida intensa y desgarradora en la lucha por la supervivencia y el oficio de escribir, desde muy joven hasta sus últimos días, alterna el ejercicio de la docencia con sus oficios del periodismo y la literatura. Poeta en todo el sentido cabal de la palabra, su obra literaria discurre entre 1914 – 1942 desde los 15 hasta los 44 años de edad, en los cuales escribe más de 20 libros, que comprenden libros de poesía, prosa poética, ensayos, cuentos y novelas, todos inéditos hasta ahora, y que se conservan en cuadernos y libros artesanales cocidos a mano, manuscritos a pluma, tinta y lápiz, e ilustrados con dibujos, por el arte genial de sus manos.

Revelar su vida y su obra, ambas todavía inéditas hasta ahora, era revelar la historia fundacional de la Literatura Pasqueña, cuya escritura, preludiada por publicaciones poéticas y narrativas de escritores no-pasqueños radicados en la Ciudad Real de Minas y difundidos n los periódicos cerreños de la época, estimulados por el consiente colectivo de la oralidad andina cosmogónica y por una escritura folklórica de huaynos, mulizas y chimaychas, se inicia (hasta donde hemos podido verificar a estas alturas de nuestras investigaciones) precisamente con Ambrosio Casquero, el año de 1915, que registra, con poemas que le publica EL TRABAJO de Cerro de Pasco, al primer escritor pasqueño que publica literatura formalmente concebida (en este caso poesía) durante el presente siglo. En efecto, a partir de 1915 hacia adelante, nuestro poeta publica, año tras año, , consecutiva y consecuentemente hasta 1842, en más de 50 periódicos y revistas de Cerro de Pasco, de las ciudades más importantes del Centro andino del país y del extranjero, sus poemas en verso y en prosa, sus cuentos, ensayos y artículos periodísticos.

En vida pública sólo dos libros de poesía EL SENDERO ILUMINADO (1938) y VOZ DEL ANDE Y OTRAS VOCES (1940). Este último formó parte, según sueltos y comentarios que registra el periódico cerreño “El Minero” en junio/ julio 40, del libro inédito DE ESTAS TIERRAS ALTAS  (1934) ya conocido entonces en todo el Centro andino y Latinoamérica sin todavía haberse publicado y  cuyo prólogo fue escrito por el poeta jaujino Clodoaldo Alberto Espinoza Bravo fue publicado en México y Argentina, en 1934. Su obra poética iniciada en los sonetizares clásicos de estructura Petrarquista, transitó desde un moderno “romanticista”, Chocanesco y Rubendariano, pasando por diferentes escuelas y movimientos de vanguardia de los “10” hasta el “30” hasta el futurismo posmodernista(a lo Valdelomar) y el indigenismo del “20” al “40”, enrostrándose en su madurez, en la creación, desarrollo y difusión de una literatura y poesía nueva. LA MINERA. ALTERNANDO por  oficio de su maestría el soneto con una poesía de verso libre, vital y tonificante, a loa Walt Withman y Juan Parra del Riego, en un discurso poético y narrativo de matizada mixtura, cuyas constantes expresivas refieren al universo andino, minero y marginal del universo social pasqueño y expresan no sólo una escritura fundacional de la Literatura Pasqueña sino manifiesta y proyectan sus constantes caracterológicas hoy y desarrolladas y claramente expresas y análogamente significan una escritura fundacional de la literatura (y minera) del Centro andino y del país.

En las Bodas de Oro de nuestro departamento, como la mejor manera literaria de rendirle nuestro Homenaje, al movimiento hora cero Región Centro andino, publicamos el  un poema inédito rescatándolo de la omisión y el olvido, configurando así la Identidad Cultural y Literaria del departamento de Pasco.

 Romance luminoso del minero

(Fragmentos)

Era en las minas… y las zonas

de éstas, oscuras y profundas,

frígidas, cálidas o  tibias

-pocos hombres la conocen-

me ofrendaron todos lo tóxicos

Y aquí ya veis esta “seca

Tos”, que no me deja…

Tenaz, impertérrita y mordiente

Un palpo me da con sus fríos,

Hasta promediarse mi vida,

Y ya ubicarse en la antesala

Del reino oscuro de la muerte…

 

Lúgubres horas… evocares

De bombardas violentas, fieras,

Humo azuloso en las “fronteras”,

Candil de lamparín muriente,

Hombres que huyen a agazaparse

A un escondrijo cualesquiera,

Descargas violentas, descargas

eléctricas, instantáneas,

rompiendo entrañas del subsuelo.

Yo lo evoco. Sí, yo lo evoco:

Es la existencia de las minas.

(Del libro inédito CANCIÓN DEL MINERO

Y OTROS POEMAS, Cerro de Pasco 1935)

 Perdónenme por tomarme la libertad de hacer una reminiscencia respecto del momento en que se sepultaban los restos de nuestro excelso poeta.

El pueblo conmovido, muy conmovido, asistía a las exequias. En ese momento, por consenso, se pensó que sus restos debían descansar en una tumba especial como las que su padre había tallado en nuestro camposanto; aquel artista olvidado que en piedra viva había erigido el monumento a la Columna Pasco y muchos mausoleos emblemáticos que adornaban nuestro cementerio. A la espera de los proyectos, se los depositó en un nicho provisorio mientras durare la elección el mausoleo que la majestad de su talento creador merecía. A la espera de esta concreción se lo dejó ahí. El panteonero, en un gesto de piedad, como previendo lo que ocurriría finalmente, con una brocha estampó las letras A.W.C.D; los demás datos se completarían en la bendición e inauguración del mausoleo.

Así fueron transcurriendo muchos años. Las lluvias, los soles esteparios, el abandono y el olvido fueron borrando las letras. Las autoridades y los hombres de entonces envejecieron o se marcharon o murieron; el caso es que el mausoleo nunca se construyó. El olvido y la ingratitud hicieron el resto.

Por si alguien con sensibilidad quisiera hacer realidad lo que los de ayer no pudieron o no quisieron (No hemos perdido las esperanzas), su tumba está a pocos pasos de la puerta principal de nuestro cementerio. En el lado derecho de la calleja central, debajo de un robusto y añosos quinual que plantara don Gerardo Patiño López. Lo van a encontrar. Parece la tumba de un indigente pero no, allí reposan los restos del más grande poeta de nuestra tierra. Gracias.

CERRO DE PASCO Pueblo Mártir

Cerro de Pasco - Nat GeoC E R R O    D E    P A S C O

Por Lorenzo Landauro

¡Oh!. ..Ciudad mutilada… ¡Oh!, pueblo que agoniza,

bajo el siniestro impulso tenaz y poderoso,

de maquinarias rudas que sin piedad desgarran

el indefenso vientre de nuestra madre tierra.

—-

Imponderables ansias de máquinas hambrientas

que rugen en el fondo de oscuros subterráneos

para arrancar el oro, de las entrañas frías

inertes de la tierra del indio Huaricapcha.

—-

¡Oh ! tierra del ensueño de aquel pastor humilde,

tu cielo está teñido por humos azufrados,

tu vientre desgarrado, por tus profundas grietas;

parece que exhalaras tus quejas de agonía.

—-

Tus viejos edificios apenas se sostienen,

sobre la débil bóveda de grandes socavones;

caminas lentamente hacia tu ocaso triste,

siguiendo tu destino fatal…¡Desolación…!

 —-

Tierra de Huaricapcha…!¡Oh tierra generosa!

ciudad del oro y plata, ensueño de avarientos,

las gélidas montañas absortas te contemplan

marchar hacia la ruina de tu propia grandeza.

—-

Ciudad donde la nieve a grandes copos cae,

formando nívea alfombra en las estrechas calles,

por donde alegre pasa la ñusta enamorada,

hilando sus vellones, cantando una canción.

—-

¡Fatídico tormento, tiránico suplicio,

de los indios mineros que agotan su vigor,

buscando entre las pródigas entrañas de la tierra

las lágrimas de ñustas, tornadas en metal.

 —-

Tragedia horripilante de un pueblo que se hunde,

ante la indiferencia de sus inermes hijos,

¡Desolación!..¡Escombros!..¡Hacinamientos!.¡Ruinas.!

Tu porvenir es ése…¡Oh tierra de Carrión…!

Cerro de Pasco 3