EL VELEIDOSO PÁJARO PITO (Leyenda)

el-pajaro-pito-2Desde tiempos inmemoriales la lechuza vuela en la oscuridad tratando de encontrar al pájaro traidor, responsable único de todos sus problemas: el pito. Éste está muy escondido y tiene miedo mostrarse entre los pájaros honrados y hermosos.

Bueno, pero… ¿Por qué ocurre esto?…. La historia completa es la siguiente.

En remotos tiempos, cuando los pájaros podían hablar por especial permiso  de Dios, el pito era un horrible pajarraco gris, sin gracia, lúgubre, de desmesurado y afilado pico. Y cada mes, cuando la luna llena brillaba y todos los alados se reunían en asamblea, el pito saturaba los aires con sus quejas interminables.

  • ¡Mírenme, mírenme, hermanos! –Gritaba quejumbroso- ¡Mírenme cuan horrible soy!… Los pericos y las loras, con sus alas de esmeralda, brillan como el agua verde; la garza es blanca como la nube; el canario es amarillo como el oro y negro como el carbón; el tordo hermosamente moteado de blanco y negro; el cardenal, miren qué belleza, es como la rosa bañada en vino; sólo yo soy oscuro, feo y triste. buhhh… – y lloraba desconsolado. El águila que es el amo de todos los pájaros de la tierra, malhumorado tronó:
  • ¡Estoy harto de oír al pito!… ¡Siempre quejándose, siempre suspirando y llorando!… ¡Somos lo que somos! Nuestro creador ha tenido a bien dar belleza y majestad a alguno de nosotros; a unos velocidad, a otros, alas poderosas y garras fuertes; unos poseen una voz hermosa para cantar a la vida; otros, una pronunciada sabiduría. Todos debemos aceptar lo que Él nos ha dado. Debemos sobrellevar nuestra suerte cualquiera que ésta sea. El único impertinente y sinvergüenza que no quiere aceptar esto y se pasa la vida alegando es el pito…
  • ¡Así es águila!- gritaron todos los pájaros…
  • Pero para que no siga fastidiando, veamos si podemos ayudarle. Tú lechuza, tú que eres muy sabia ¿Qué dices de todo esto?… ¿Hay alguna manera de ayudar al pito para que sea hermoso?

La lechuza que había ganado su reputación de sabia por sentarse en silencio con la cabeza apoyada sobre el pecho, abriendo y cerrando sus brillantes ojos de ámbar, aclaró la garganta y habló con gran parsimonia.

  • ¡Demos al feo pito la belleza que busca! ¡La belleza como la sabiduría, se puede adquirir!, –dijo sentenciosa- que cada uno de los pájaros de colores le dé una pluma al pito. Así nunca volverá quejarse de su falta de belleza y color, pues llevará en su cuerpo todos y cada uno de los matices que se puedan envidiar…
  • ¿Y… nosotros? –Interrumpieron apremiantes los otros pájaros –nosotros también estamos orgullosos de nuestro plumaje. ¿Por qué entonces nos tenemos que desprender de alguno para satisfacer la vanidad de un pájaro tonto que nunca ha hecho nada para ganarse nuestra generosidad?
  • Bueno, todo lo que dicen es verdad. El pito nunca ha hecho nada por ganarse nuestro cariño y simpatía…
  • ¡Es verdad! –gritaron al unísono los pájaros.
  • ¡Calma, calma!- volvió a decir la lechuza. Esta vez el pito tendrá que ganarse nuestra deferencia desempeñando una misión especial.
  • ¿Qué hará? –Interrogó un pájaro.
  • ¡Será nuestro mensajero!
  • ¡Bravo! –Gritaron a voz en cuello los asambleístas.
  • ¡Cuándo nuestro hermano, el águila, desee reunirse con nosotros, sólo tendrá que enviar al pito para que nos convoque! Él se encargará de avisarnos a todos. ¿De acuerdo?
  • ¡¡¡De acuerdo!!! –Gritaron los pájaros unánimemente.
  • ¿De acuerdo, pito? –Preguntó el águila.
  • ¡Claro, hermano, claro! –Contestó entusiasmado el pájaro gris. ¡Con mucho gusto!

En ese momento, cada uno de los pájaros de lindo plumaje se arrancó su más brillante pluma y se la puso al pito. En un santiamén lo cubrieron del pico a la cola con las más atractivas y finas plumas escarlatas, amarillas, bermellones, lilas, celestes, verdes, doradas, blancas, azules, plateadas, negras, marrones… Cuando concluyeron, el pito estaba recubierto de mil colores como un mágico arco iris. En ese momento era el más bello de la tierra, de los aires y de las aguas relucientes… ¡Nunca se había visto un pájaro tan hermoso!

  • ¡Oh, qué bonito soy! ¡Qué bonito soy! –Gritaba el pito fuera de sí, contoneándose ostentoso.

Cuando el águila levantó la sesión, sin siquiera una palabra de agradecimiento, el pito se perdió por los aires, haciendo alarde del boato de su abigarrado plumaje de vivísimos colores.

No había pasado mucho tiempo. Horas solamente de aquel acontecimiento, cuando el pájaro pito, incapaz de cumplir su promesa, se desatendió de lo pactado. El único pensamiento que le dominaba, era su nueva apariencia. Todo el tiempo se pasaba mirándose al espejo de las tranquilas aguas de la laguna, murmurando petulante: ¡“Qué bello soy, qué bello soy!”.

Nunca el malagradecido entregó un mensaje. Cuando algún pájaro lo necesitaba para pedirle un servicio, se escondía entre paredes y roquedales negándose a contestar las llamadas.

Un día, deseoso de reunirse con todos los pájaros del mundo, el águila ordenó al pito para que convocara a toda la familia alada, pero el fatuo ni siquiera intentó obedecerle. En lugar de cumplir con el encargo se entretuvo horas enteras mirando el brillo de su plumaje en el reflejo de las aguas, gritando: “Qué lindo soy, qué lindo”.

Así llegó el día de la convención. Cuando el águila llegó al lugar del concilio no encontró a ninguno de los pájaros del mundo. ¡A ninguno! Iracundo, salió como una flecha por los aires y pájaro que encontrara, pájaro que era castigado.

  • ¿Acaso no fueron convocados para la asamblea?
  • ¡No, hermano águila, no!… ¡No sabemos nada!… –respondieron en coro.

Rabiosos todos los pájaros del mundo se recriminaban mutuamente. Los gritos desaforados eran de condena para el réprobo pito que no había cumplido con citarlos. Igualmente, ciegos de ira, maldecían a la lechuza por haberlos involucrado con semejante pillo. Tantos y tan sonoros fueron los gritos que Dios los escuchó allá arriba. Frunciendo el ceño, como nunca, el Supremo dijo:

  • ¿Por qué el don de la palabra que os he concedido, lo usáis tan mal? –Y extendiendo sus manos santas hacia la tierra, colérico como nunca, sentenció:
  • ¡No hablaréis más!… ¡Indignos sois de este preciado don! Desde ese mismo instante las voces furiosas de los pájaros se convirtieron en sonidos discordantes y varios; en agudos gritos, desagradables graznidos y una bulla que, desde entonces, no ha cesado. Sólo algunos pájaros que se ganaron el aprecio de Dios conservaron la dulzura de sus trinos.
  • ¡Vos, pito malhadado! Seréis mensajero de la muerte. Sólo cuando veáis a los hombres rodeados de la muerte, cantaréis!… ¡Vuestra vanidad será castigada severamente: volveréis a ser gris y feo como la muerte! Vuestra sangre servirá para combatir la parca, por eso os perseguirán. ¡Y como siempre os habéis escondido en los tapiales de muros y cementerios, viviréis hasta que la oscuridad cubra la vida!… ¡En cuanto a vos lechuza, sólo de noche podréis salir de vuestro escondite… ¡Sólo de noche!.

Dicen que desde entonces, el pito anda fugitivo, escondiéndose en muros y rocas. No quiere encontrarse con la lechuza ni con el águila. En cuanto a la lechuza, su vigencia de vida se ha restringido a las horas nocturnas.

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Don Elías Malpartida Franco

don-elias-malpartida-francoEl 8 de agosto de 1922, fue una fecha de profundo dolor para nuestro pueblo. Ese día fallecía en Lima nuestro preclaro ciudadano don Elías Malpartida Franco, cuando ejercía la Senaduría por el Departamento de Junín. Las autoridades, como es natural, decretaron al día siguiente –fecha de sus exequias-  duelo general en la ciudad. Como un homenaje a la personalidad del más grande político que dio nuestra tierra, nos es grato hacer conocer su biografía.

Nació en el Cerro de Pasco el 21 de julio de 1844. Sus padres fueron el acaudalado minero don José Malpartida Cuestas y doña Romualda Franco. Ambos descendientes de notables mineros y comerciantes españoles. Realizó  sus estudios primarios en su tierra natal y los secundarios en el Convictorio de San Carlos de Lima, finalizados éstos, viaja a Bruselas en cuya prestigiosa universidad recibe el título de Doctor en Ciencias Políticas y Administrativas. Al recibir este alto título académico, por breve tiempo, fija su residencia en París. En la Ciudad Luz -a pedido de los sudamericanos residentes- funda el periódico AMÉRICA LATINA, en el que hace conocer los valores materiales y humanos de nuestra América joven.

De regreso a su patria, ingresa en el mundo de la política nacional durante el gobierno de Manuel Pardo. Fue elegido diputado por el Cerro de Pasco (1874 – 1879) después de reñidas elecciones frente al candidato oficialista Dámaso Tello. Su desempeño en este cargo fue brillante y aleccionador. Tribuno combativo, polemista y probo, alcanza una inusual plataforma de popularidad que se vio abonado por el respeto de propios y extraños que ven en él al parlamentario sagaz y extraordinario que con una oratoria enjundiosa y convincente, combativa y racional, consigue  sus más sonados triunfos. En las tribunas parlamentarias primero y en los ámbitos políticos y culturales después, se le denomina con un  mote que fue producto de la admiración general: PICO DE ORO.

Al iniciarse la guerra que Chile, en ejercicio del cargo de Prefecto de Puno, organizó un cuerpo del ejército y al frente de él marchó a Mollendo para oponerse al desembarco de las fuerzas enemigas.

Su desempeño ejemplar en el manejo de las finanzas del Parlamento Nacional, determinan que el general Miguel Iglesias, lo invite a formar parte del gabinete ministerial al frente de la cartera de Hacienda (15 de setiembre de 1883). Acepta la invitación y frente al  cargo lucha por la realización de las elecciones generales en el país con el fin de que los peruanos cumplieran con el supremo derecho de elegir a sus mandatarios. Al no conseguir este democrático cometido, renuncia irrevocablemente al cargo que le habían conferido.

Desempeñando el cargo de prefecto de Lima,  brinda su más amplio apoyo a la realización de la campaña de “La Breña”. Luego integró la Asamblea Constituyente de 1884 que tenía como objetivo principal el aprobar el llamado “Tratado de Ancón”. Nombrado jefe por la minoría por consenso general y como apóstol de la oposición, libra una dura batalla oponiéndose a la determinación entreguista de la mayoría “porque era  reconocer esta paz como  una paz implorada de rodillas”. Las razones que sostenían estos incomprendidos patricios eran las siguientes: Chile consiguió más de lo que se propuso al desatar la guerra; y en el Tratado de Ancón se evidenciaron claramente los intereses económicos que motivaron a su clase dominante, instrumento a su vez del imperialismo británico. “Una lectura detenida del tratado no puede mover sino la indignación y vergüenza; y han faltado a la verdad, o, por decir lo menos, pecado de conmiseración para con Iglesias, quienes han señalado que nada mejor pudo obtenerse “dadas las circunstancias”.

“No hay atenuantes que puedan justificar”, o “hacer comprensible”, lo que hicieron Iglesias y los derrotistas de espaldas al Perú, arrogándose indebidamente la representatividad de toda la nación, precisamente cuando Cáceres había levantado un nuevo Ejército en la sierra y en el sur existía todavía intacto otro ejército peruano. Era ostensible que en toda la extensión del territorio nacional ganaba cada vez más adeptos la causa de la resistencia armada a efecto de aminorar las exigencias militares humillantes del enemigo. Los que estaban de acuerdo con firmar el malhadado tratado, declararon que el Perú estaba vencido, por lo que suscribieron el tratado entreguista que es la peor mancha de oprobio en nuestra historia republicana.

Para la resistencia patriota, el tratado de Ancón habría de resultar funesto, por múltiples razones. Secuela inmediata del mismo sería la defección en Arequipa y la dispersión total de nuestro Ejército del sur, sin haber enfrentado a los chilenos. Cáceres perdía así uno de los soportes con que contaba para continuar la lucha, pese a la vacilante actitud de Montero. La caída de este jefe motivó indirectamente el cambio de posición en Bolivia, donde los jefes patriotas se verían pronto rebasados por la corriente derrotista. De otro lado, la firma del Tratado de Ancón y la entronización de Iglesias como gobierno reconocido a nivel internacional, no dejó de provocar confusión y desmoralización en algunos pueblos patriotas, como Ica, donde el comandante guerrillero Julio S. Salcedo sería uno de los primeros en aceptar la desgracia como un hecho consumado; aunque a su tiempo, Ica, como Cañete, volvería a alzarse con Cáceres, para derribar al gobierno chilenófilo.

Incomprensiblemente, nuestra historiografía ha hecho poco caso del protocolo complementario del Pacto de Lima, no obstante sus graves implicancias. Hay razones para pensar que hasta fue solicitado por Iglesias, al no sentirse seguro en el puesto que había usurpado con ayuda del ejército extranjero. En virtud de ese protocolo se le autorizó a Chile ejercer una suerte de protectorado en el Perú. Otra cosa no se significaba la permanencia del ejército de ocupación, que se prolongaría hasta mediados de 1884. Es que Chile supo cuidarse de que el pacto no fuera anulado con la caída de Iglesias, que entendía inminente ya que todo el Perú lo rechazaba; por eso continuaría aún en el Perú, sosteniendo a Iglesias hasta que Cáceres reconociera de alguna forma el pacto. Luego, apenas retirado, caería el títere del que se valieron para lograr sus propósitos de conquista.

Verdaderamente insultantes las cláusulas del Tratado, entre otras cosas porque el gobierno derrotista se comprometió en mantener al ejército de ocupación con 300, 000 pesos de plata mensuales, suma extraordinaria si se considera el estado calamitoso de la Hacienda Pública, con el agravante de que ellos se descontarían, “en primer término” de las rentas nacionales. La utilización libre de pagos de las líneas férreas y telegráficas de los hospitales de Lima sólo podían hacer pensar que Chile consideraba la guerra, y que en cualquier momento se vería en la necesidad el ejército de movilizar sus tropas y que Iglesias, seguro de que Cáceres no dejaría la lid, proyectaba utilizar a los chilenos como aliados de guerra civil que ya se había iniciado. Como resultado de esta titánica lucha en la que sólo la respaldaron los representantes Benjamín Sánchez; Jesús Sánchez Gutiérrez, Eusebio González, Federico Moscoso y Modesto Basadre, Elías Malpartida, fue deportado a Guayaquil.

A su retorno, decide afincarse en la tierra que lo viera nacer con el fin de trabajar con integridad y dinamismo en las minas de su propiedad. En el Cerro de Pasco ejerce numerosos cargos administrativos siendo muy notable su desempeño como Director de la Beneficencia Pública.

Político activo, en el año de 1894, interviene decididamente en la revolución de Nicolás de Piérola y una vez triunfante, no acepta cargo alguno y, desde el llano, se contenta con ejercer el cargo de asesor principal.

En 1895, recibe el encargo de ejercer el Ministerio de Hacienda formando parte el gobierno de don Manuel Candamo, creada como resultado de la revolución encabezada por Nicolás de Piérola. El objetivo principal era preparar el restablecimiento de la institucionalidad del país. En ese período, el 22 de mayo de 1896, se crea la Sociedad Nacional de Minería. El Acta de Constitución la firmaron una veintena de hombres ilustres entre mineros independientes y representantes de compañías. Al convocarse a elecciones, es elegido representante de los mineros del Cerro de Pasco. Ni bien se instaló la junta directiva, recibió el encargo de elaborar el primer proyecto de código de minería. Rápidamente, el texto fue presentado en enero de 1897. En 1899, deja el cargo con un buen saldo de trabajos exitosos.

Al comenzar el nuevo siglo, apoyó la formación del Partido Liberal y, creado éste, decide retirarse y regresar a su tierra. En 1910, cansado de una proficua labor, decide vender sus propiedades a la Cerro de Pasco Mining.

Al asumir el mando de la nación don Augusto Bernardino Leguía, nuevamente desempeña importantes cargos gubernativos.

Durante el gobierno de Guillermo Billinghurst, desempeña el cargo de Ministro de Gobierno y Presidente del Consejo de Ministros (24 –IX- a 23 XII 1912). En esa época consigue la creación del Departamento de Madre de Dios y ordena que se impulse el itsmo de Fizcarrald y la navegación a vapor por los ríos adyacentes y la construcción del camino carretero de Puerto Maldonado a Iñapari, capital de Tahuamanu. Su interés por el desarrollo del país lo llevó a promover la creación de algunas provincias como el caso de Ambo, en el departamento de Huánuco.

Desempeñó la Alcaldía de Lima con mucho éxito durante el año de 1914. En pleno desempeño de Senador de la República por el departamento de Junín, fallece en la capital a la edad de 78 años, el 10 de agosto de 1922.

La vida de este brillante y ejemplar cerreño, dos veces vicepresidente del Perú, varias veces Premier y Presidente del Concejo de Ministros; Senador, Prefecto, Alcalde de Lima, Diputado, Director de la Beneficencia Pública, transcurrió intensamente dedicada a servicio de su patria.

Que esta sea la oportunidad, aunque tardía, de que una de las calles d nuestro pueblo lleve el nombre de su más eminente político. Por ejemplo en lugar de Botafogo, calle Cobre, etc.

 

DESPEDIDA DE SOLTEROS

despedida-de-solteros-tia-blanca-y-tio-jesusEsta es una vieja costumbre que todavía se mantiene en nuestro pueblo. Los amigos más queridos, allegados y parientes, tributaban su afecto en una alegre fiesta a los jóvenes que se hallaban en vísperas de casarse.

En esta evocativa y hermosa fotografía que nos ha facilitado nuestro gran amigo Silvio Reinoso De la Cruz, se despedía de la vida de solteros a Blanca Santiváñez Castillo y Jesús Pomalaza Baledón (Al centro de la foto), rodeados de sus más cercanos amigos. Ella destacada laboratorista del Hospital Carrión, hija de don Pedrito Santiváñez y, él, destacado radiotécnico que había instalado acertadamente los aparatos de transmisión de Radio Corporación. Ambos muy populares y queridos en la ciudad.

La reunión amical se realizó en el domicilio de don Concordio Suárez, respetado ciudadano cerreño, ubicado en el jirón Huancavelica, están: en la parte superior –de izquierda a derecha- Enrique Suárez Rojas, Destacado presidente de la Liga de Básquetbol del Cerro de Pasco que, gracias a su trabajo tenaz y preciso, consiguió el Campeonato Centro Peruano de Básquetbol; Juan Paitán Ugarte, destacado médico y gran deportista; Carlos López, Pedro Santiváñez Castillo, Emilio Farje de la Torre. (Segunda fila) Celamires Guevara Suárez (Q.E.P.D), Prudencio Tapia, Gilberto Suárez Santiváñez. (Q.E.P.D) Leocadio Martel, Carlos Santiváñez Castillo, Alfonso Boudrí Tello, Blanca Santiváñez, Jesús Pomalaza, Daniel Shiraishi Basilio, Luis Tello, Sargento Rodríguez, Julio “Huito” Cajahuamán, Julio Aliaga Trejo, Fabio Otaegui, (En cuclillas). Félix Molina, extraordinario basquetbolista, Carlos Suárez Santiváñez,(hermano menor de Gilberto), Silvio Reinoso de la Cruz, don Concordio Suárez, respetado caballero, anfitrión de aquella reunión, Arturo Amador Rodríguez, Aquiles Reinoso De la Cruz (QEPD), Julián Brown Menocal y Mario Robles, “El Tirifilo de Ayapoto”(Q.E.P.D).

ALBERTO ENRIQUE FRÍAS (ASFRÍ)

alberto-enrique-friasDescendiente de españoles fue don Alberto Enrique Frías (Asfri). En los periódicos de la media centuria pasada hacia adelante, con agradable sorpresa nos encontramos con este brillante cronista de toros que nada tenía que envidiar a los más notables de Lima. Gran aficionado a la fiesta brava, firmaba sus crónicas con el seudónimo de “Asfrí”. Por aquella época, un homónimo de este notable funcionario, también escribía, pero epigramas y notas festivas, con el nombre de “Asfri, de los barrios bajos” posiblemente para diferenciarse de su homónimo, Enrique Frías, funcionario gubernamental que residía en la zona alta del Cerro de Pasco.

Dos cualidades resaltan en los trabajos de este cronista taurino de la mejor cepa. Primero, su corrección gramatical que, sin duda, descubre a un hombre de altos niveles intelectuales. Segundo, su amplio conocimiento de la suerte de “Cúchares”. Leerlo es recrearse con unas reseñas, no sólo precisas y gratas, sino detallistas en las que, desde el momento en que el burel entra en el albero, hasta el instante en que es arrastrado por las mulillas, pasando por la descripción de los tendidos, recreándose con la belleza de las manolas cerreñas a las que describe con pinceladas amorosas y galanas, nos lleva de la mano, con puntuales descripciones del toro en lo que respecta a su color, su presentación, su trapío y sus características de lucha; del matador, su traje de luces, sus miedos, sus melindres y sus aciertos. Creemos, muy sinceramente, que se puede hacer una antología de estas crónicas que, a nuestro entender, tienen un brillo digno de ser publicado en los mejores diarios madrileños o limeños.

A don Enrique Frías, “Asfri de los Barrios Bajos”  le conocemos estas creaciones  en las que, siguiendo la moda de entonces, nos pinta algunos pasajes de la vida cotidiana del Cerro de Pasco, como ésta, en la que nos da una pincelada de la cerreña costumbre del día de pago obrero.

DIA  DE  PAGO 

           ¡Caray!. Espera que estoy como sopa

            de venir corriendo desde La Esperanza,

            con esta lluvia y barro: ¡Pobre ropa!.

            Pero al vernos, seguro se diría

            que algún acreedor malo nos alcanza.

            –¿Te tomas una copa?.

            –¡Ay cholo, con la mayor alegría.

            –A ver, patrón, si me hace usted el favor.

              de servirnos dos copones de aguardiente..!!!

            –¡Chacta no hay…!

            –¡¿Chacta ha dicho…?. No, señor. Sírvanos pisco, y para hacer                 diente y poder almorzar con apetito, abra usted unas sardinas.

            –¡Bravo…! Ya se conoce que en las minas te va regular. Y

              Ahora,  dí…¿Qué tal te trata el pago…?

            –Muy bien. ¡Y estoy de enmaderador..! Y con los sobretiempos

              haber si hago que el sueldo de este mes sea mejor, porque

              ya sabrás que la vida en este pueblo, es muy cara.

            –¡Ya lo sé!. Salud, chato y por detrás nos vamos que está

              esperándome Sara.

            –Vamos por la Calle del Marqués..¿Qué temes ?.

–Le debo a Tomás Güemes, porque sin saber nada mi mujer, saco       trapos, sal y otras menudencias para la mesa, y vamos a ver               cómo pago. En fin a ver si sale. No quiero que ella sepa de esto.

  No estoy para pendencias. A lo mas saco un vale.

            –¡Bien hecho!. Otra copa para el fiambre. ¡Patrón, sirva usted

              porque ya nos vamos.

            –Salud, salud y apura que tengo hambre…

            –Y de paso convidas donde Ramos.

                                   …………………………..

 

            –Espera , cholo. Tápame el blanco. ¡Que mal encuentro he dado!

            –¿Qué te pasa….?

            –He visto al ñato Stanco y hace dos meses que le debo un fiado.

            –¡Caracoles!.

            –Fue culpa de mi tía que se empeñaba en celebrar su santo con

              baile chupa y canto.

              ¿Has visto semejante tontería. Me acuerdo que fue un domingo

              cuando saqué licores de este gringo…

            –Ya pasó- Si me pesca..¡Vaya un susto!. Porque entonces tengo

            que pagar; en fin…y por gusto. Entra donde Ramos y vas a comprar caña, y luego al tanque de la peña.

            –Si tienes plata…¿Para qué empeñar…?

            –No hombre, no hablo de empeñar si no de una huanuqueña.

                                   ………………………………….

            –Con usted don Juan, aunque no valgo, acépteme una copa.

            –¿Contigo negra?, El alma ven y toma. La tuya con la mía.

              ¿Quieres algo…?

            –Su voluntad, no más…

            –Oye Meza, toma y llégate un momento a la esquina y te traes

              cervezas. ¡A ver maestro!…¿Qué hace allí tan callado?.

              Toque algo, voy a bailar con mi china. A ver un zapateado…!

            –¡Viva don Juan…!…¡Así, así…toma…dale, dale …más fuerte

              hasta que se rompa el zapato.

            –¡Zas, paloma. Una sin otra no vale…!

            –Otra, pues,….

            –Si no me quieres, me mato…

                                   ……………………………………

                                   …………………………………….

            –¡ Bonita noche; pero vamos a ver….Cuánto me cuesta esto

              ¡Caracoles…Me faltan treinta soles…Y ahora. ¿Cómo arreglo

              con mi mujer?…¡Ya..!…¡ Voy donde Ciminago a sacar    comestibles hasta el pago.

(ASFRÍ DE LO BARRIOS BAJOS).

LULI COCHA (Leyenda)

luli-cocha-2Muy cerca de Ninagaga, a la vera del camino que conduce a Huachón, hay una hermosa laguna repleta de truchas a la que se le ha dado el nombre de Luli cocha. De este lugar se cuenta la siguiente leyenda:

Al borde de sus aguas, hace mucho tiempo, vivía un hombre cuyo sustento dependía de la crianza de ovejas a las que amorosamente iba a pastar a largas distancias.

Este pastor, que diariamente tenía que preparar sus alimentos después de llegar cansado a su casa, se sorprendió cierto día. Encontró su humilde casucha muy pulcra y atusada y, sobre la mesa, un caliente y delicioso almuerzo. Quedó sorprendido. Seguro de ser víctima de una broma, estuvo contemplando los apetecibles potajes ahí expuestos. Tan apetitosos estaban que finalmente tuvo que devorarlos por el extremo apetito que lo apremiaba. Todo resultó muy agradable porque quedó ahíto y satisfecho, pero por más que se esforzaba, no alcanzaba a adivinar quién podía haberle hecho aquella broma.

Al ocurrir lo mismo los siguientes días, su curiosidad fue en aumento. Tremendamente intrigado decidió averiguar quién era el autor de estos enigmáticos sucesos. Así, cierto día fingió ir a trabajar pero sigilosamente regresó dando un rodeo por la parte posterior y alta de una colina  desde donde podía ver claramente su choza; se acomodó detrás de una roca y pacientemente se puso al acecho.

No había transcurrido mucho tiempo cuando vio que una bella mujer entraba en su morada y se ponía a cocinar. Con gran sigilo bajó del cerro y la sorprendió.

  • Tú eres la que me prepara los alimentos ¿No?.- Preguntó él.
  • Sí, – respondió débil y completamente turbada la joven.
  • ¡¿Por qué?!.
  • Veía que todos los días llegabas muy cansado a prepararte tus alimentos. Rendido estabas, lo hacías con gran dificultad, por eso decidí apoyarte.
  • ¿Quién eres tú?. –Interrogó el pastor.
  • Soy el alma de esta laguna. Soy Luli Huarmi.
  • .. ¡Eres mujer!.
  • ¡Claro!.
  • Entonces, si quieres ayudarme… ¿Por qué no te casas conmigo?.
  • Si así lo quieres, seré tu mujer, pero con la única condición que nunca me traiciones, en cuyo caso yo sería capaz de una venganza muy cruel. Soy muy celosa.

A partir de entonces, muy contento él, y muy enamorada ella, unieron sus vidas en busca de felicidad. Al poco tiempo fueron alegrados con la llegada de un bebé.

En este ambiente de comprensión y cariño fueron muy felices por algún tiempo hasta que, apremiado por la necesidad, él tuvo que marchar al Cerro de Pasco por razones de  negocios. A partir de entonces sus viajes se hicieron continuos con una duración de seis a siete días cada uno. Durante estos alejamientos nada anormal ocurría, hasta que un día en que el esposo estuvo ausente, en plena tempestad de nieve, pasa por su casa un viajero y pide alojamiento. Ella, viendo la inclemencia del tiempo, accede y le franquea la puerta. El extraño y sereno encanto de la mujer cautivó al viajero que al darse cuenta del gran amor que  profesaba a su marido, decide fomentar en ella el malhadado  fantasma de los celos. A partir de entonces, hace más continuas sus visitas aprovechando la ausencia del marido, con el único fin de seducirla.

  • Señora, yo conozco a su marido. Es negociante como yo, pero lo que me apena es que, mientras usted aquí sola sufre los rigores del clima con la única compañía de su hijo, él se esté divirtiendo con una cerreña que ya es su mujer.

Estas y otras cosas le contaba. Poco a poco, la mal intencionada acción del visitante ocasionó la desconfianza y el desamor de la mujer hasta que terminó por odiarlo mortalmente. Envenenada de celos, la mujer, buscaba la manera de vengarse de su marido sin saber que él se dedicaba íntegramente a su tarea de proveedor de carne para los mineros. Decidida a castigar lo que ella suponía la traición de su marido y convencida de que el hijo de ambos era la suprema adoración del hombre, decidió ejercer represalia por medio del niño.

Así, un mediodía que el pastor retornaba de las minas, vio que sobre la cocina hervía una espumante olla de fierro. Llamó a su mujer dando grandes voces, pero ésta no respondió, escondida como estaba. El  hombre se acercó entonces con el fin de averiguar cuál era el potaje que su compañera le había preparado, levantó la tapa de la olla y horrorizado vio que dentro hervía el cuerpecito, piernecitas y brazos del pequeño. En el colmo de la desesperación salió para preguntar a su mujer y sólo alcanzó a observar que ella se sumergía a las aguas de la laguna seguida de todos sus animales.

El pastor enloqueció y al poco tiempo murió sepultado por la nieve;  la laguna por su parte se hizo maldita. Cuando una mujer encinta se acerca a ella, es seguro, que el niño que está gestando morirá irremisiblemente.

 

 

LEONCIO LUGO, NUESTRO EXTRAORDINARIO PINTOR

leoncio-lugoEs una constante en nuestro pueblo, el olvidar a los hombres que nos dieron prestigio y honor. Uno de los más postergados en la memoria popular -injustamente, por supuesto- es el extraordinario pintor paucartambino, don Leoncio Lugo, discípulo preferido del genial José Sabogal y amigo entrañable de eminentes pintores peruanos de entonces como Camilo Blas, Julia Codesido, Camino Brent, Wenceslao Hinostroza y muchos más. Sabogal, como recordarán, fue el padre del indigenismo en la pintura, es decir de la corriente que dejando la moda europeizante en plena boga en la década del cuarenta, volvió los ojos a  la realidad nacional y trabajó representando toda la majestad de  la raza autóctona y su patética realidad. Visitante en muchas oportunidades de nuestra ciudad, ha plasmado en algunas telas, los recios rasgos de la personalidad minera cerreña. Son notables los cuadros en los que se puede ver las casas cerreñas. Esas obras se pueden hallar actualmente en colecciones particulares.

Don Leoncio Lugo, hijo de Julio Lugo Collao y Cecilia Bao, nació en Paucartambo, el 24 de abril de 1901. Allí inició sus estudios primarios en una escuela particular regentada por el Dr. Loayza, sacerdote de amplios merecimientos. Los continuó en el Cerro de Pasco a donde fue llevado por su tío, don Gerardo Lugo, a la sazón alto miembro de la Corte Superior de Justicia Departamental. Cuando este jurisconsulto quiso ponerlo a su servicio personal el joven rechazó de plano el proyecto. No había nacido para ser un sirviente. Al ver su inconformidad el juez lo recomienda para laborar en la Fábrica de Aguas Gaseosas de “Piedras Gordas” del alemán Wilhelm Herold. En este lugar trabaja arduamente y al ver que el sueldo era muy bajo y el trato al personal  infame, decide cambiarse de colocación. Logra ingresar en el servicio de mantenimiento del servicio del ferrocarril, Cerro de Pasco – La Oroya, a cargo de la Railway Company. En este lugar encuentra que la dureza del trabajo es altamente compensado por el sueldo que le pagan.

Como la dureza del empleo le impedía seguir sus estudios, decide quedarse en la localidad de Carhuamayo en donde, por primera vez, da rienda suelta a sus inquietudes. Su primera obra es una copia de una lámina titulada LA INDEPENDENCIA que él lo convierte en un hermoso cuadro que hasta ahora se puede ver en el salón de actos de aquella ciudad. Su éxito es tan extraordinario que, las personas cultas de la localidad lo animan a seguir sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima, a la que ingresa con excelentes notas después de una prueba de habilidad, en el año de 1926. Allí traba amistad con muchos excelentes alumnos, entre ellos Jorge Vinatea Reinoso, insigne pintor arequipeño y se convierte en uno de los preferidos alumnos del Director del establecimiento don Daniel Hernández. Cuando egresa en 1932 es accesitario a la medalla de oro de su promoción junto a la desparecida pintora, Carlota Carvallo de Núñez. Convertido en representante de la pintura indigenista en la región central del Perú, pues era alumno de su maestro y mentor José Sabogal, retorna  a su tierra natal. Dominador del óleo, la acuarela y el carboncillo, su arte se caracteriza por un colorido vivo de fuerte textura con el que patentiza toda la grandeza paisajista de su tierra querida. Igualmente en los retratos y desnudos que ha pintado siguiendo la corriente indigenista, hace resaltar los rasgos autóctonos de nuestra raza.

A partir del año de 1936 radica definitivamente en Paucartambo en donde pinta hermosas estampas y paisajes del lugar. Atraído por la belleza de Oxapampa viaja allá a radicar por corto tiempo. En ese lapso plasma numerosos cuadros de gran envergadura artística.

En 1940, bajo al auspicio del Alcalde del Cerro de Pasco viaja a Cusco y Puno donde no sólo ofrece exposiciones de sus cuadros, sino también trasplanta al lienzo hermosas estampas lugareñas que son favorablemente comentadas.

El año de 1941, debido al triunfo que había alcanzado a nivel nacional, el Diputado don Manuel B. Llosa, le auspicia una exposición en el Touring Automovil Club del Perú, donde alcanza un éxito extraordinario. Allí, con el abierto aplauso de la crítica de entonces, expuso sus mejores cuadros, que son los siguientes:

01.Baile de Junín

02.Soledad.

03.Indio junino.

04.Cansancio.

05.Estancia

06.Naranjales de Oxapampa.

07.Plaza de Oxapampa.

08.Ganados en Huancayo.

09.Amanecer en el caserío.

10.Violinista.

11.Un camino en Huancayo.

12.Eucaliptos huancaínos

13.Orillas del Mantaro.

14.Muchacho minero.

15.La Victoria.

16.Llamas fatigadas.

17.Indio Mayor.

18.Barrio de tunantes.

19.Preparando  el ponche.

20.Alfombras de Jueves Santo.

21.Pelando al chancho.

22.La Pascua.

23.Madre.

24.Camino en un peñón.

25.Verano en la sierra.

26.Pachamanca

27.Pastora de Vacas.

28.Cosecha de trigo

Sus obras fueron expuestas en varias instituciones limeñas, en Huancayo, Cerro de Pasco y Arequipa. En la ciudad blanca fue objeto de un gran homenaje de los intelectuales mistianos promovido por el inolvidable músico arequipeño, Benigno Ballón Farfán.

Durante su estada en nuestra ciudad, traba íntima amistad con Gamaniel Blanco Murillo, Gerardo Patiño López, Graciano Ricci Custodio, Antonio Jiménez y con los Casquero, especialmente con Ambrosio, el poeta, con quien edita una revista de Arte que llevaba el nombre de CENTRO.

El notable pintor, desgraciadamente, fue perdiendo poco a poco  la visión debido a un accidente sufrido en su juventud. En 1953, pierde la visión completa de un ojo y, en 1968, queda definitivamente ciego. El dolor que le causó esta desgracia fue enorme, especialmente porque, entonces, se hizo patente la indiferencia de las autoridades y del pueblo. Sus últimos días de vida en un mundo de tinieblas fueron dramáticos. Finalmente, presa de una larga enfermedad, fallece en el Hospital de Chulec el dos de noviembre del año de 1979.

Nota especial de admiración y reconocimiento merece doña Cristina Soto, su mujer,  compañera en sus momentos gloriosos y en los dramáticos de los últimos de su existencia.

Nosotros hemos tenido oportunidad de admirar sus cuadros, creemos que es el pintor que con más acierto ha plasmado la personalidad pasqueña.

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Tenemos conocimiento que, en gesto que aplaudimos sin reservas, nuestra Universidad, hace algunos años, adquirió sus cuadros. No podía ser de otra manera. Nuestra Alma Mater está en la obligación de custodiar aquellos valores que honran a nuestra tierra. Eso sí, sólo pedimos muy reverentes que, los cuadros no los almacenen en los depósitos como cosas sin valor, sino que enmarcándolos debidamente, los pongan en permanente exhibición en la sala de lectura de la Biblioteca Central, para que nuestra juventud, pueda degustar  de la genialidad de don Leoncio Lugo, un extraordinario artista.

 

LA PESTE (Leyenda)

la-peste-2Lo que aconteció entonces fue tan dantesco que, no obstante el tiempo transcurrido, el pueblo no ha olvidado. Los abuelos, al calor de la estufa familiar, relatan a sus nietos lo ocurrido entonces. Se estaba viviendo -bien entrado el siglo XVIII- el pasaje más espeluznante que trajo consigo la minería. Los nobles lucraban con las riquezas que los hombres del pueblo extraían de las oquedades siniestras.

Torvos aventureros venidos de pueblos distantes, atraídos por la abundancia de los filones, se afincaron en nuestros predios. Sea por la urgencia de tomar posesión de terrenos plagados de gordas vetas argentíferas o por la dramática urgencia que significaba la dura competencia por habitar tan inhóspitos parajes, el ámbito minero de pobló de numerosos viajeros, principalmente hombres. Nueve de cada diez, lo eran.

Fieros aventureros de armas tomar: truhanes, tahúres, golfos, criminales, malvivientes en general, hombres de horca y cuchillo, se mezclaron con alucinados gambusinos deseosos de enriquecerse con los ocultos tesoros de la tierra. A todos estos aventureros los emparejaba una común y urgente necesidad: las mujeres. Las pocas  del pueblo, esposas, ancianas y hasta niñas, eran deseadas con voraz apetito lascivo. Los hombres realizaron sangrantes atropellos cuyo común denominador era la violación. Para atenuar esta plaga imparable, las autoridades abrieron la ciudad de par en par que en poco tiempo se pobló de busconas, meretrices y chuchumecas que establecieron sus lupanares en estratégicos puntos de la ciudad.

Amarillentos papeles de la época, cargados de referencias eclesiales, nos relatan casos puntuales del tipo de abusos que los invasores cometían con los aborígenes. El más común consistía en el robo de las esposas e hijas para convertirlas en sus barraganas. Muchos de los que reclamaron fueron muertos instantánea, alevosa e impunemente.  Los dramas luctuosos de abuso y lascivia se propagaron de tal manera que no había día sin que hubiera muertos y heridos, generalmente autóctonos. Así las cosas, ocurrió un caso que alarmó a los pobladores.

Un anciano curaca, padre de dos atractivas doncellas codiciadas por su belleza y honestidad, recibió la visita de dos hermanos españoles que, jactanciosos y abusivos, le solicitaron que las chicas fueran a servir a su casa. El cacique –fiel creyente de los preceptos religiosos que le habían inculcado- en la seguridad de que las convertirían en sus concubinas, con el mayor de los comedimientos les contestó que no podía aceptar ese pedido y que más bien les procuraría un par de señoras mayores para que los atendieran. Todo fue escuchar la respuesta y enceguecidos de ira atacaron salvajemente al anciano. Estaban a punto de matarlo cuando el grito desgarrado de las chicas invocando la ayuda de Dios produjo  un milagro. Los abusivos, como movidos por fuerza extraña, rodaron por los suelos víctimas de convulsiones espectaculares, arrojando espuma sanguinolenta por la boca abierta en sardónica mueca. Los curiosos que llegaron vieron que el ataque se complicaba con una mayúscula hinchazón que empezando en los pies subía por piernas y muslos hasta llegar al vientre que terminaba inflándose como un globo. Convertidos en odres monstruosos de aterrorizados ojos abiertos vieron explotar sus entrañas en medio de hedionda fetidez. Los atónitos presentes nada pudieron hacer por evitar el desagradable espectáculo. Los cuerpos desgarrados estuvieron buen rato revolcándose sobre su miseria excrementicia para  quedar fríos e inmóviles reducidos a  carroña repugnante.

Como es fácil suponer, irradiado por los aterrorizados testigos, el caso fue conocido en la ciudad. Cayeron en la cuenta que los casos de los dos abusivos no eran los únicos; muchos otros se descubrieron después. A la mañana siguiente el hacendado, Pedro Ludeña y Ramírez, mientras vigilaba el trabajo de sus hombres en el ingenio de su propiedad sintió que sus piernas comenzaban a asfixiarse en el estrecho encierro de sus botas de cuero; quitadas éstas, la tumescencia siguió subiendo en medio de  arrebatada fiebre. En pocas horas ésta llegó al vientre y tras exhalar lastimeros gemidos quedó rígido con una mueca macabra en la boca y los ojos abiertos de terror. Antes que la noticia se terminara de conocer, otros chapetones habían sido fulminados por la peste que volaba con alas invisibles por todos los confines mineros. En pocas horas se fueron también campanudos propietarios como el azoguero, Pedro Bernedo y Patiño; el propietario de la mina, ” Vizcaya”, Nicolás Pedro Ponce Mondragón; dueño de la mina “Encantada”, Bartolomé de Dueñas y Mesía; el jefe de arrieros, Juan José Bernaola y Elcolobarrutia; el comerciantes Domingo Millán de Acha y así, muchos empingorotados más. Lo llamativo del caso es que se descubrió que el extraño mal sólo atacaba a los extranjeros. Los indios laboreros y familiares así como los numerosos negros permanecieron invictos, indemnes. Pronto la extraña dolencia se convirtió en peste incontrolable. Las víctimas, todas europeas, comenzaban a hincharse por los pies y, en tanto la tumescencia subía por muslos y piernas,  agudos dolores y  fiebre torturante los iba convirtiendo en guiñapos; cuando llegaba al vientre  terminaba explotando como un globo hediondo. La epidemia era tan rápida que lo más que duraban las víctimas era de dos a siete horas. Los médicos no daban con el mal que atacaba sólo a españoles. Fueron inútiles las sangrías, ventosas, lavativas y aplicación del tártaro hermético, con todo lo cual se aceleraba el fin del paciente.

A todas horas se escuchaba el claveteo de negros ataúdes. El hedor a muerte había invadido el ambiente minero. A la vuelta de cada esquina aparecía un entierro; en las iglesias de Chaupimarca y Yanacancha no se cantaba sino misas de difuntos. Las extremaunciones llegaban tarde en auxilio de los agónicos. El único cura de la ciudad minera tuvo que abreviar los latines para poder cumplir con todos los enlutados feligreses.

Las víctimas de la peste fueron tan numerosas que determinó que partieran delegaciones a diversas partes de nuestro territorio en busca de un misionero que mediante invocaciones eclesiales pudiera hallar cura al mal que los médicos no habían conseguido. Sin duda era un caso de cólera divina. Cuando trajeron a un peregrino de la orden seráfica franciscana que deambulaba por la zona, todos se reunieron en derredor de él con el fin de alcanzar el conjuro de la peste. Cuentan que, el fraile, después de sopesar el caso les habló a los presentes de esta suerte: “Esta es sin duda, obra de San Miguel Arcángel, que ha bajado a la tierra para hacer cumplir con los designios de Dios Todopoderoso, Padre y Señor nuestro; que como lo hacen San Gabriel y San Rafael, arcángeles como él -el arcángel es más que un simple ángel- ha venido a hacer justicia y volvernos al recto camino del amor a Dios y al prójimo. Por lo que sé, la lujuria pecaminosa se ha apoderado de esta ciudad y sus practicantes convertidos en esclavos serviciales del demonio, han hecho tanto mal, especialmente entre la gente nativa recién convertida, que ha originado la cólera de Dios, Creador del mundo. Él ha enviado a su más notable servidor que siempre está al servicio de los desvalidos y esta vez, así como venció al dragón del mal y, guerrero de alas brillantes, con labrada armadura y su lanza prodigiosa, ha vuelto a vencer al diablo del maleficio y la perversidad. Por tanto, el mal que les aquejaba ha quedado proscrito con la advertencia de que no deben reincidir. Caso contrario, el castigo será mucho más cruel”.  Tras la misa solemne y la comunión general de los españoles arrepentidos, el mal terminó misteriosamente como había llegado. Reconfortados los fieles, en respetuoso consenso, advocaron a nuestra ciudad bajo el cuidado del Arcángel San Miguel y, por unánime acuerdo, levantaron su templo en la plaza mayor de la ciudad minera y, cada 29 de octubre se le rendía pleitesía y acatamiento. Estábamos a la mitad del siglo XVIII.