EL TEATRO EN LA CIUDAD MINERA

El teatro ha tenido perenne vigencia en nuestro medio. En cada efemérides se hacía conocer las últimas creaciones españolas o nacionales. Unas veces actores profesionales y las más, aficionados, hicieron del teatro una actividad continua y hermosa que alimentaba la cultura de nuestro pueblo. A continuación reseñamos una presentación teatral de la colonia española con motivo día de España. «El grito del Pueblo» decía:

“Raras veces hemos visto estrecharse en vínculos de unión tan cariñosa a todos nuestros círculos sociales como en la noche del 16. Causaba en efecto, grata complacencia ante el ánimo del espectador el cuadro atrayente y de bastante muestra de cultura que presentaba el proscenio, albergando en su seno hermoso ramilletes de flores cerreñas confundido con simpático grupo de los hijos del Cid, quienes con su arranque de sinceridad, de afecto y respeto a este suelo supieron conquistarse el aplauso y la ovación del público.

A las 8 y 30 p.m. el amplio salón alto de la Beneficencia, iluminado por multitud de focos eléctricos y ostentando los pabellones de las naciones amigas, hallábase totalmente ocupado por una numerosa concurrencia compuesta de casi la totalidad de familias y caballeros que forman esta sociedad, contándose entre estos últimos todas las autoridades y miembros del cuerpo Consular.

Las obras escogidas para esta velada fueron el interesante drama en verso titulado «Flor de un día» y el juguete cómico «Las codornices», cuya interpretación fue todo un éxito que revela posesión y gusto por el teatro, por los caballeros y señoritas que tomaron parte.

Al levantarse la cortina, aparecieron en escena el Barón Espinazo, desempeñado por el señor Tomás Güemes y Lola su hija, por la hermosa y espiritual señorita Inés Gallo, siendo saludados con una salva de aplausos. Vino después Juana, por la señorita Lola Gallo, que tuvo una actuación tan interesante y de arranques tan oportunos, que se hizo dueña del público que supo aplaudirla.

El Marques de Montero, por Manuel Rodríguez, Diego su rival por Antonio de Quesada; Juan, criado de éste por Emilio López y el Capitán por Antonio Gutiérrez, estuvieron perfectamente caracterizados, siendo interrumpidos en la escena por los nutridos aplausos que se les prodigaba. Ninguno, en una palabra, quiso quedarse sin hacerse digno de su afición al arte en que debutaban y sin atraer sobre sí el aplauso justiciero del público al que unimos sinceramente el nuestro, sintiendo que la falta de espacio no nos permita extendernos más.

Un intervalo de intensa alegría fue la representación del chispeante juguete cómico «Las Codornices» en que tomaron parte las señoritas Gallo y los señores Barreda, Quezada, Julián Ruiz y Perfecto Ruiz, quienes con el derroche de buen humor que gastaron produjeron en sus espectadores tan grato entusiasmo que apenas caída la cortina improvisaron un animado baile, en que hizo los honores de la casa la interesante señora María Rosa de Vallejo Gallo. La fiesta se prolongó hasta las primeras horas del día siguiente, en que los invitados se retiraron llevando las más gratas impresiones, que se tradujeron después en sueños de hadas.

UNA OBRA INMORTAL EN BENEFICIO DE LA MARINA PERUANA

Uno de los pueblos que más ha aportado pecuniariamente para sufragar los gastos de adquisición de nuestra Marina de Guerra, ha sido el Cerro de Pasco.

En 1913, el presidente del Comité Pro-Marina, doctor Gerardo Lugo, comprometió al ciudadano español, señor Juan Masferrer para que dirigiera la puesta en escena de la inmortal obra de Joaquín Dicenta JUAN JOSÉ, un verdadero himno a la lucha social obrera. No obstante estar delicado de salud y tener muchas ocupaciones, el Director aceptó porque se trataba de colaborar con nuestra Marina. Para ello reunió a lo más selecto de los aficionados cerreños y se puso a ensayar frenéticamente. El papel protagónico que demandaba facultades especiales, fue encargado a otro español, Andrés Saíz que, en más de una oportunidad había demostrado sus especialísimas condiciones histriónicas. Completaban el reparto de esta inmortal obra, las señoritas Teresa Stromayer, Emilia Sánchez Burgos, Ernestina Bueno, Elida González y los señores Antonio Malpartida, Víctor B. Zúñiga, Juan Gutiérrez, Enrique Ravelli y Víctor Herrera.

El día del estreno, 31 de diciembre de 1913, en el Teatro VARIEDADES, el espectáculo fue ofrecido por el señor Marco Antonio Woolcott. El éxito artístico fue clamoroso y, el económico, espléndido. Después del exitoso estreno que tuviera lugar los comentarios fueron de tal magnitud que, los asientos mineros y pueblos vecinos, llegaron a pedir que la obra fuera difundida en sus improvisados escenarios. Como era lógico esperar, el Comité Patriótico Pro-Marina, no se hizo esperar. En Smelter, Goyllarisquizga, Pasco, Vinchuscancha y otros distritos aplaudieron la subida a escena de la inmortal obra de Joaquín Dicenta. Por otro lado, comentando el desempeño del reparto, EL GRITO DEL PUEBLO decía:

«En su ejecución se distinguieron es especial tres personajes: el señor Julián Sainz, que desempeñó el rol protagónico de «Juan José» que estuvo inimitable para su calidad de aprendiz y se expidió correctamente; el señor Víctor Zúñiga, en su papel de Andrés, como hecho de molde, trabaja con una soltura y con un gusto de «hombre de tablas». Estuvo feliz y bastante salado haciendo reír por su natural chiste apropiado para «tenor cómico»; la señorita Teresa Stromayer, con su papel de «Rosa» pudo estar mejor si se desprende de su candorosidad en tablas, sin dejar su afición al desempeño en papeles fuertes como le ha correspondido esta vez; pero que, con un estudio más frecuente, juzgamos con sinceridad, alcanzará buena escuela y hará la delicia del público, tanto por su deseo de poseer un don artístico, cuanto por su natural belleza».

«La señora Aurelia de Sánchez, en el papel de Isidora hizo también una correcta «Celestina» interpretando su papel admirablemente, cosechando aplausos muy merecidos. Los demás papeles secundarios se desempeñaron con regular estímulo, distinguiéndose la señorita Carmen R. González en el papel de «Toñuela», muy agradable y llena de gracia. Resultó una función satisfactoria para el público concurrente que se llevó la impresión no esperada por las muchas dificultades que hay que vencer para poder alcanzar el éxito aquella noche».

OTRA VELADA CON UN FIN ALTRUISTA

Cada vez que había necesidad de recolectar fondos pecuniarios para emprender alguna acción benéfica en el pueblo, eran las Instituciones culturales las que organizaban las llamadas Veladas en las que ponían en escena diversas obras teatrales que, siempre, tuvieron generosa y masiva acogida del público.

El primero de marzo de 1915, los integrantes del Club Daniel A. Camón ofrecieron una velada con el fin de recaudar fondos para erigir un monumento a la memoria de su mártir epónimo. A estar por el cronista teatral de LOS ANDES, aquella noche… «El teatro estaba totalmente ocupado, los palcos por lo mejor de nuestra sociedad, y los asientos de preferencia totalmente llenos». Luego del ofrecimiento. «Terminado el discurso de presentación se escenificó el drama en cuatro actos: LEONCIO PRADO de la pluma del escritor cerreño Martín Caballero. En el destacaron nítidamente Enrique Arana en el papel de Leoncio Prado; Luis Segundo Malpartida, en el de Cabo Torres y don Glicerio Mendoza en el de un indio. Luego se presentó: AZHARES ROJOS, de Alberto B. Nario. En él destacaron Enriqueta y Juanita Malpartida y los señores Ángulo, Nario y Arana”.

El éxito fue enorme tanto en lo artístico como en lo económico.

EL TEATRO SIGUIÓ SU INICIAL RUTA DE ÉXITO

El espectáculo teatral siguió su derrotero exitoso en nuestros escenarios. La visita de notables actores mantuvo en vilo a la afición. La lista es inacabable: Luis Canessa Mendieta, galán de moda y notable torero a comienzos de siglo; Carlos Rodrigo, polifacético actor de las mil voces; Rogel Retes, de impecable desempeño en papeles de comedia ligera; Paco Andreu, el «colorao» que llegó a triunfar en Buenos Aires; Pedro Ureta, patriarca de toda una generación de actores nacionales; Carlos Revolledo, el genial «cachaco» de aquellos años. Nadie ha representado con tanto acierto a los pintorescos «huairuros» de comienzos de siglo; Edmundo Moreu, otro cómico de gran trayectoria; Teresita Arce, una «chola» muy especial que llenó toda una época en el teatro nacional; Antonia Puro; genial actriz que triunfo en escenarios de América; conjuntamente con ella. Ángela Járques, Piedad Gutiérrez, María Miller y Caridad Davis. Por actuar en escenario también mencionaremos a «El Gran Dillmer» extraordinario mago que hizo nevar dentro de la sala del teatro y retrasó los relojes del público; así como él también hubo transformistas. Finalmente los circos también fueron muy aplaudidos. Muchos de ellos llegaban al Cerro de Pasco venciendo al clima aunque, hay que decirlo, la osadía a muchos les costó caro como aquel circo que llegó para navidad de 1908 con tan mala suerte que una nieve de tres días trajo la carpa por los suelos y como producto de una helada inoportuna y fuera de tiempo dejó a las fieras, monos, perros amaestrados, loros y demás fauna, convertidos en carámbanos helados y muertos. Fue una tragedia. Sólo los osos se salvaron.

DON LEONARDO ARRIETA, MAESTRO Y ACTOR INOLVIDABLE

Actores y actrices cerreños habían alcanzado notable plenitud en el cumplimiento de sus roles. Al finalizar la década del treinta, nos visita el mejor actor peruano de entonces y de siempre, don Leonardo Arrieta. Al evaluar la calidad de nuestros artistas, decide efectuar notables presentaciones a lo largo del año; para esto, inteligente como era, instaura un sistema que nunca le falló. El venía de Lima portando los correspondientes libretos de notables obras teatrales, reunía al elenco y luego de asignar y «marcar» los correspondientes papeles a cada uno, retomaba a Lima a cumplir sus compromisos. Pasado un tiempo establecido retornaba al Cerro y, con gran entusiasmo ensayaba con nuestro elenco que ya se sabía sus parlamentos. Madura la obra se subía a escena bajo su dirección. Los éxitos alcanzados entonces todavía se recuerdan. ¡Cómo poder olvidarlos! Nuestro público quedaba entusiasmado al ver en escena magistrales obras representadas por nuestros actores secundando al maestro ejemplar. JUAN JOSÉ, de Dicenta; EL MÍSTICO, que había encumbrado a Enrique Borrás; MI HIJO EL DOCTOR, LA DAMA DE LAS CAMELIAS, de Dumas etc. elenco extraordinario secundó al maestro: Carmen de los Ríos, los hermanos Ordóñez, Francisco Irato y la magistral dama de escena, doña Isabel Vásquez Alarcón de irreprochable desempeño en las tablas.

Finalmente, los que continuaron la vieja tradición teatral cerreña fueron los maestros y alumnos del Colegio Carrión. Cada año, para el 5 de octubre presentaban una buena obra teatral como parte de los festejos jubilares. El elenco teatral de la Universidad hizo lo propio. Presentó con gran beneplácito de su público. COLLACOCHA, LA DAMA DEL ALBA, LA BARCA SIN PESCADOR, y otras. La tradición teatral debe seguir su trayectoria de triunfos.

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