EL ACEITUNAL

Cada año, los clubes carnavalescos se disputaban las creaciones de don Ramiro Ráez Borrachito donde vasCisneros, admirable poeta del pueblo que desde 1922 hasta 1948 estuvo regalando con las primicias de su talento creador a la llegada de las mencionadas fiestas. Remarcamos que muchas de sus canciones se forjaron al calor de la bohemia, como esta graciosa canción que hasta ahora se interpreta en las calles cerreñas: “El Aceitunal”.

EL ACEITUNAL

(Huayno)

Borrachito, a dónde vas,

si no te puedes parar…?

Voy a casa de mi chola,

que me ha mandado llamar.

¿Qué le darás si no tienes,

en el bolsillo ni un real…?

¡Deja, deja, le daré:

Una de mi aceitunal….!

Ella dice que me quiere,

aunque borrachito soy,

porque todo lo que pide,

con cariño se lo doy.

ESPUELA…….

¿Dónde estará, ese licor,

cholita para olvidarte

falta valor,

Para olvidarte.

Falta valor.

(Letra y música de don Ramiro Ráez – 1937)

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Guitarra cerreña

guitarra cerreñaLa guitarra cerreña, tiene vieja raigambre. Sempiterna compañera de nuestro pueblo, siempre estuvo conmovida en sus más dramáticos momentos. La trajeron los españoles en su alijo de novedades cuando por primera vez hollaron nuestro territorio. Poco a poco se hizo nuestra. Por estricta disposición virreinal sólo determinados pueblos conquistados podían aprender a ejecutar este noble instrumento de señores: Lima, Arequipa, Huamanga, Trujillo, Huánuco y el Cerro de Pasco. En otras poblaciones estaba prohibida. Éstas se conformaron con aclimatar a las arpas.

En nuestra tierra hubo excelentes guitarristas. El más notable de todos fue don Alfredo Arredondo. Artista de notabilísima ejecutoria. Quienes lo conocieron, cuentan que era intérprete de las piezas más notables siguiendo la técnica de los maestros de entonces: Fernando Sor, Francisco Tárrega, Agustín Barrios “Mangoré”, Andrés Segovia, Narciso Yepes, y otros grandes artistas hispanos. El escenario de sus grandes ejecuciones era el sofisticado Café Moka. Allí premonitoriamente se fijaba en una plaqueta los versos de Federico García Lorca:

Las Seis Cuerdas

 La guitarra hace llorar

 a los sueños.

El sollozo de las almas
perdidas
se escapa por su boca
redonda.
Y como la tarántula,
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.

Federico García Lorca
1924

Respecto de la guitarra, decía el maestro Segovia: “La guitarra es una pequeña orquesta. Cada cuerda es un color diferente, una voz diferente. Es un instrumento que se abraza y en el que siempre hay que mover el cuerpo levemente hacia adelante para apoyarla contra el pecho logrando que la poesía de la música resuene en el corazón”.

guitarra cerreña 2Posteriormente apareció otro virtuoso en nuestra tierra. Le llamaban “Ucush” (Ratón) Benavides, dilecto alumno del maestro austriaco Markos Bache. Era un artista que ejecutaba perfectamente lo selecto y lo popular. Tocaba a los clásicos pero también hacia impredecible florilegio de huaynos y cachuas cerreñas en el cordaje de su minera guitarra. Coincidía –salvando tiempos y distancias- con ese inolvidable artista argentino, Atahualpa Yupanqui, que sentenciaba: La guitarra es para mí, un poco el templo donde yo entro a rezar. Cuando yo necesito musitar mi salmo profundo, voy a la guitarra. Por supuesto, no voy a tocar chacareras, que me encantan, ni gatos. La chacarera en Santiago del Estero, la zamba en Tucumán y el estilo en la provincia de Buenos Aires, para mí eso configura toda una atmósfera tradicional y hermosa. Pero para rezar, la vidala. Y la hora no importa, las nueve o las tres de la mañana y no necesito el estímulo del vino, ni de amigos. Respondo al reclamo interior, al “cascabel”, como lo llamaba Ortega y Gasset: cuando se agita dentro de uno el cascabel, es cuando se necesita andar ese camino para ver qué rebaño lo anda buscando”.

 Posteriormente heredaron esas cualidades –(a estar por los informes de mi amigo bohemio y escrutador de la vida de nuestro pueblo, Seferino Dávila, más conocido por “Mister Babas”): el “cholo”, Octavio Llanos;  “Trapito”, Rodríguez; “Mocho” Arriola Aliaga; Jorge Moya Hidalgo;  Félix Ricra; Juan Arias, Dalmacio Dávila Atencio. Octavio Llanos, Francisco Gago, “Chucutero” Medina, Toribio Malpartida, y “Huérfano Solitario” Cuellar. Pero lo que podíamos llamar incomparables, fueron Andrés Russo Peraldo, Edilberto Quintana y Armando Villaizán, (En la fotografía) un trío que llenó toda una dilatada época de nuestra música.

De los que puedo recordar, ya en nuestra apoteósica época de radio, son a Juan Ortiz; Wisvaldo Lactayo, Silverio Laurente, los  hermanos  Sarmiento, Nolio Yabar, Job Suasnabar, Juan Gamonal, Tuto Picón, César Bustamante Guerra, Ángel Aranda, Víctor Romero, Héctor Martel, “Vichi”  Llanos y el “Mudo” Sosa.

GUITARRA MINERA

¡Oh! Guitarra de mi tierra

tienes nombre de mujer,

de mujer tienes las formas,

de mujer los sentimientos

por eso voy a cantarte

como si fueras mujer.

 

¡Oh! Guitarra de mi tierra

dulce, tierna y confidente;

eres con mi lamparita,

mi portaviandas, mis pacas,

dueña amante y compañera

inseparable en mis penas.

 

Si don Alfredo Arredondo

te vistió con lujo y arte

de europeas elegancias,

Wisvaldo te acicaló

con trajes de guarachera,

de criolla y de paisana.

 

Quintana, Villaizán y Russo

fueron artífices contigo,

vibrando en tus intimidades

los secretos del amante

que rendido canta a su amada

hasta rendirla con besos

 

Eres hembra por tus formas,

generosas y abundantes,

tus cabellos son cordajes

tu boca abierta como la mina

que en grito desesperado

canta a la vida minera.

 

Por eso te estremeciste,

muy tierna y enamorada

cuando el amauta cerreño

Gamaniel Blanco Murillo

con sus lágrimas regara

tus maderas femeninas.

 

Cuentan los viejos romances

que los soldados cerreños

de nuestra invicta COLUMNA

con tus trinos se alejaron

de esta tierra bendecida

a la que jamás volverían.

 

Dicen también las historias,

que en los desiertos del sur,

lloraste, hermosa guitarra,

 y en tus  cordajes pendieron

lágrimas conmovidas

de recuerdos y nostalgias.

 

Tú que eres mi compañera

en mis noches de bohemia,

conoces de mis amores,

de mis penas y alegrías,

de mis tristezas sin calma

de mi agonía sin tregua.

 

Tú, amante compañera,

que llorarás cuando muera,

entona en tristes mulizas

con tus trémolos de penas

un adiós, un hasta siempre

de mi tierra tan querida.

LA CHUNGUINADA

Danzantes de la Chunguinada a la puerta de la capilla de Curupuquio antes de iniciar su recorridopor las 			calles del Cerro de Pasco.
Danzantes de la Chunguinada a la puerta de la capilla de Curupuquio antes de iniciar su recorrido por las calles del Cerro de Pasco.

Llegaba su fin el siglo XIX. Nuestro pueblo imitaba los regios bailes que europeos aposentados desde un siglo antes efectuaban en sus correspondientes consulados. Eran fiestas que duraban días enteros entre danzas cortesanas, galantes y remilgadas, alternándose con pantagruélicas comilonas de faisanes, venados, perdices, vizcachas…regados con vinos ultramarinos: franceses, españoles, italianos…plus café de moka, caracolillo, abisinio; exóticos cognacs franceses, jerez español, champagne y espirituosos vinos franceses, todo, todo en abundancia, que retrataban la ostentación mundana de los festejos. No perdían detalle de sus sugestivos desplazamientos. Balances y saludos, retiradas y cruzadas; desplantes, reverencias y gambetas; besamanos de elegante minué; la belleza de la pavana, la chacona, la sardana y los ágiles giros de cuadrillas francesa, inglesa e Imperial, en homenaje de recuerdo a las colonias que tuvieron residencia en nuestra ciudad por muchos años. Estas danzas fueron fundidas en la CHUNGUINADA que viene de “chunga”, broma festiva de imitación. Los danzantes lujosamente ataviados se desplazaban por las calles principales bailando la “Contradanza”, que viene de la palabra inglesa “Country Dance”.

Los disfraces de la “chunguinada” imitan las regias vestiduras europeas con pedrería y guarniciones de plata. Hombreras y bandas cruzándole el pecho que portan artísticas cornamentas lustrosas donde portan fino licor para invitar a los notables. Acicalados con pelucas rubias y encrespadas -hombres y mujeres- cubren su rostro con máscaras de malla representando rostros europeos con mostachos, lunares y ojos claros: azules, celestes y verdes. Chambergos adornados con plumas fijados con prendedores de plata, ellos; blanco sombrero de paja, ellas. El personaje local, atrabiliario y gracioso –hechura del pueblo- no podía estar ausente: el chuto. Haciendo contraste con la opulencia de los chunguinos, vestidos con sus “huatrilas”, manguillas, shucuyes y huaracas –amparados por sus máscaras festivas-  hacen la delicia del público con sus bromas pesadas y muchas veces sicalípticas.

Actualmente nos emociona verlos desplazarse por calles céntricas, conservando la tradición nacida en nuestro pueblo minero. Para ir sembrando el cariño por nuestra tradición, consideran dos o tres parejas de niños que comparten la alegría de mayo. Ellos continuarán con la tradición. Nuestra tierra es cada día más retaceada en un ambiente contaminado por los trabajos del “Tajo Abierto”, pero sus hombres y mujeres, no dejan de cultivar lo nuestro.

Mi homenaje de afecto fraternal a los hombres y mujeres que siguen cultivando la majestad de esta danza cerreña que ya todo el centro del Perú lo baila. Cuando vemos estos desfiles a través de la magia del internet, los ojos se nos anegan de lágrimas y, evocamos con una emoción incomparable, la grandeza de nuestra tierra y su pueblo. Gracias hermanos por mantener nuestra tradición.

Presentamos una muestra coreográfica a cargo de “Los Capullos” tradicional organización cerreña que con especial dedicación cultiva nuestra danza. Está tomada de “Agenda del Viajero” de Altura Televisión de la ciudad minera.

LA MULIZA (Séptima parte)

la muliza 9El Caballo de Oro

(El relato de un carnaval cerreño).

por Ambrosio Casquero Dianderas.                                                           

El Cerro de Pasco, cuna de El Dorado que descubrió Huaricapcha en una cueva insigne, tuvo ayer unos espléndidos carnavales, tal vez inigualables a los de hoy. No llegaba aún a extinguirse el alba de nuestra vida soñadora, cuando ya era fama muy clavada en el alma cerreña, la del insigne don “CALIXTO”, que duró tantísimos años en la ciudad.

Los hechos que pasamos a narrar, se diría que de por sí son novelescos, sino hubiera intervenido la realidad en el desarrollo de la acción que daremos a conocer a nuestros lectores.

                                                           II 

Era en los carnavales de antaño, el primer factor que los movía, el de “quedar bien” ante el público, para lo cual, debía obrarse con el concepto de lo original. Por otra parte, cada miembro de las comparas a lucirse, debía sufragar sus gastos personales, con plata propia, desde la cotización de socio a la institución a que se pertenecía, hasta el disfraz de seda y el magnífico caballo de paso bien presentado. Y Había que tenerse en cuenta, que para el lucimiento, un sinnúmero de miembros disfrazados…Un verdadero conjunto, o mejor legión de vasallos del monarca reinante en los días de Momo. Claro que a cualquier tiempo fue mejor, Oh manes del Dios Antaño!…

                                                           III 

Así queda muy bien…¿No es cierto…? Así, pero una manita más por debajo del anca…

Ya…

         Eso es….

         Y tras este diálogo, el caballo de un miembro del Club memorado, el caballo de aquel que hoy con toda amplitud de nuestra pluma lo evocamos, quedó convertido en un magnífico CABALLO DE ORO. ¿Qué pasó para que obrara tal milagro de convertirse en eso?…Poca cosa: varias manitas de purpurina dorada con el zumo de plátanom hicieron el milagro…El animal, así pintado de oro sobre el pelo fino, era un caballo irreal, fantástico, se diría tal vez trasunto de un sueño de Edgar Allan Poé o de algún poeta dadaista. 

         Sobre el caballo ya pintado, todo el cuerpo, cubrieron una hermosa montura de galápago, con risueños adornos de géneros de colorines y cascabeles en enorme profusión. Luego que estuvo expedito, apareció en la puerta de su residencia, el que debía cabalgar sobre el noble bruto. Recordamos claramente. Era un bien caraterizado súbdito de Mefisto. Un demoniaco ser, con su ropaje rojo, sus amplias y plateadas alas, el rabo largo de ostensible tentación; en fin, una figura que, sobre el caballo dorado, constituía lo maravilloso, lo imponente, como lo fantástico. 

         Un amigo del diablo aludido que montaba el noble bruto, en tanto iba una guitarra en su manos, templándola “en llano”, medio borrachín, en el patio del dueño del caballo evocado, comentó diciendo: ¡Este se saca el premio!. 

                                                           IV 

         Éxito contundente en toda la población, la tarde magnífica de aquel lejano carnaval cerreño. El paseo de la inconmensurable legión de súbditos del Monarca de entonces, fue soberbio, imponente, magnífico, único, rubricado con el melodioso canto de la muliza, toda alma cerreña, toda “te quiero palomita”, y toda:

                            “Te adoro mi dueña

                            y escucha mi voz…” 

         Muy delante de dicha magnífica comparsa lucía su estampa el caballo dorado, gallardo e inquieto, a su apuesto conductor demoniaco. Se supo que él, con su caballo y con su sencillo y original disfraz, estuvo designado para el premio, entre los que mejor se distinguieron en su presentación. 

                                                           V 

         Y, en efecto, salió triunfante el diablo de la leyenda, que hoy evocamos, y su caballo dorado. Pero el epílogo no estaba previsto. Cuando ya había cerrado la noche, y, en la clara hondura azul del cielo, fulgían los luceros rutilantes cerreños, el caballo de oro, sufrió un violento estertor, en su pesebre, bajo un viejo “quinual”  y, fulminado por aún no sabemos qué, quedó tenso en la tierra… 

         ¿Qué había pasado?…Los comentarios fueron cien, pero la versión que prevaleció sobre todas: La pintura del polvillo de oro dorado, dada al caballo sobre el fino pelaje cubriéndolo totalmente, lo había intoxicado…La química, seguramente, obró en sentido opuesto a la vitalidad del animal.


(Diario EL MINERO  de 14 de febrero de 1942:4)

la muliza 10

¡Aquel Carnaval!

Por César Pérez Arauco

La dictadura del “oncenio” de Augusto Bernardino Leguía se caracterizó, entre otras cosas, por el gran empuje que le dieron a los carnavales en Lima. Ostentoso boato, exuberancia e inolvidables manifestaciones populares. El Cerro de Pasco de entonces, no constituyó ninguna excepción; al contrario, como antaño, gozó y de divirtió a lo grande. A uno de estos años corresponde la estampa que aquí les relato. El protagonista principal es don Pedrito Santiváñez, notable enfermero que sirvió abnegadamente por más de cincuenta años en nuestro Hospital Daniel A. Carrión y, en su juventud, fue dinámico animador de actividades musicales, deportivas y sociales.

La llegada de la fiesta de Momo había causado gran revuelo en el pueblo y los  clubes carnavalescos tomaron las precauciones necesarias para que sus comparsas fueran las mejor presentadas en aquellos días de algazara. El primero fue el “Vulcano”, paradigmática institución, creada en homenaje al dios romano del fuego que con yunque y martillo forjó los rayos de Júpiter; aglutinaba a excelentes músicos y notables poetas que han dejado notable heredad que sigue nutriéndose con las inspiradas creaciones de actuales artistas cerreños. El “Juventud Apolo”, en homenaje al dios griego, protector de la música y la poesía, reunía  a lo más granado del arte. Notables poetas y músicos unían sus talentos para conseguir excelentes creaciones que el pueblo cantaba. El “Cayena” en remedo y recuerdo al más dantesco presidio del mundo, ubicado al extremo norte de la América del Sur, en la Guayana Francesa, donde recluían a los más avezados delincuentes. El club –recuerdo local de la mencionada prisión- reunía a los mozos cundas de la ciudad; “niños bien” de buena presencia, enamorados, músicos, poetas, cantantes, trompeadores de leyenda; hijos de los más empingorotados personajes que en nada querían parecerse a los miembros de la otras comparsas; por eso decidieron que saldrían por las calles a cantar a las mujeres guapas, vestidos de “tunantes”, a la usanza española –alguno de ellos, lo era- sin subirse a ningún caballo, irían a pie. Así lo hicieron en los carnavales y las cintas de colores que adornaban su vestimenta oscura correspondían a sendas enamoradas que tenía cada uno. El “Tahuantinsuyo” del barrio de “La Esperanza”, reunía en su seno a los más brillantes músicos y cantantes del lugar. Su paradigma fue el gran compositor tarmeño, Marcelino Porras Mandujano que ha dejado inolvidables creaciones en el voluminoso cancionero local. Su comparsa de decenas de jinetes, iba presidida por el inca. Su ropaje magnificente de especiales telas y pieles ostentosas, lucía una variada muestra de joyas. Cada año, por riguroso orden histórico, el monarca cambiaba. Comenzó por Manco Capac, le siguieron los trece restantes. El séquito numeroso, no le iba a la zaga. Detrás escoltado por fieros guerreros de escudos y macanas en ristre, iba el decorado carruaje real con ñustas, coyas, mamaconas y escogidas, admirables vestales, lujosa y pintorescamente ataviadas. Toda la Panaca Real. Mostraban la opulencia del imperio inca. El  “Filarmónico Andino”, novísima institución presidida por don Pedro, contaba en ese momento, con la participación de los más geniales músicos y destacados poetas del ambiente local. Graciano Ricci Custodio era su estrella más rutilante. Invitado por don Pedro, acababa de arribar tras haber dirigido la banda de música de nuestro Ejército. Su maestría era incomparable. Lo acompañaba los más selecto del arte musical cerreño. Todo el mundo comentaba positivamente el acierto de esta incorporación.

Cada una de las comparsas había seleccionado a su Banda de Música y, de campos aledaños, habían traído los mejores caballos para sus jinetes. Los ensayos diarios, exigentes y disciplinados de más de un mes, buscaban afiatar a músicos y cantantes  para lograr el beneplácito del pueblo que, unánimemente, se volcaría a calles y plazas para escucharlos y solazarse. Las mulizas y huaynos a cantarse en la ocasión, se encargó a los mejores poetas y músicos de entonces. En los versos, Andrés E. Urbina, Ramiro Ráez Cisneros, Ambrosio Casquero, Lorenzo H. Landauro, Arturo Mac Donald, Gamaniel Blanco Murillo, Francisco N. del Castillo y otros; la música a cargo de  Graciano Ricci, Adrián Galarza Gallo, Daniel L. Rojas, Armando paredes Ugarte, Andrés Rojas Quiñones, entre los más notables.

El Concejo Provincial de Pasco por intermedio de su Inspector de Espectáculos, a la sazón don Humberto Galantini, había reunido a los personeros de los clubes carnavalescos con el fin de acordar el día y hora en que deberían presentar sus comparsas.

Aquí ardió Troya.

Iniciada la sesión a las ocho en punto del día viernes -puntualmente, cosa muy rara en el Cerro- los representantes del Vulcano, Apolo, Tahuantinsuyo y Cayena, en forma por demás sucinta, habían acordado el domingo para el “Vulcano” y “Cayena, martes para “Apolo” y “Tahuantinsuyo”, dejando el último día para el “Filarmónico Andino”, aprovechando la ausencia de sus representantes. La breve y convencional reunión llegaba a su fin con la lógica aprobación de los participantes que, demás está decir, eran los beneficiados, cuando intempestivamente hicieron su aparición los delegados del Filarmónico con Pedro Santiváñez a la cabeza. El señor Galantini que dirigía el debate cumplió con hacer conocer las disposiciones que el Concejo había tomado para la presentación de las comparsas cuando hubo finalizado:

_ ¡Señor Presidente: Pido la palabra!.

_ ¿Tiene usted algo que argüir?.

_ “Sí, señor- don Pedro estaba de pie, serenamente firme- En nombre del “Filarmónico Andino” del que me honro en ser su Presidente, impugno esa decisión por arbitraria – ¡Una explosión de murmullos recorrió la sala, y los ojos expectantes de los asambleístas se clavaron en el rostro del presidente.

_ ¡Es un acuerdo unánime, señor representante del Andino!.

_ ¡Arbitrario!

_ ¡De ninguna manera!

_ ¡Sí, señor Presidente!. ¡Arbitrario, porque ha sido adoptado en ausencia de una de las partes interesadas como es mi representada….!

_ !Lo hemos debatido democráticamente!. Además, esa es la disposición del Concejo Provincial al cual represento en mi condición de Inspector de espectáculos…!

_ ¡Lo invalida aún más, señor Presidente!. –el silencio era electrizante pro la voz de don Pedro se hizo más sonora- Debo decirle a usted, con todo respeto a la institución que representa, que el Concejo nada tiene que ver en este caso, porque si en lugar de fiscalizar nuestras actividades, nos hubiera prestado alguna colaboración a fin de hacer factible la presentación de nuestras comparsas, gustosos habríamos recibido sus directiva; pero, no habiéndolo hecho, no podemos aceptar esta medida, a mi entender, dictatorial…

Los escandalosos comentarios que la decidida actitud de don Pedro desató, fueron cortados por el último recurso conminatorio y enérgico del señor Galantini:

_  ¡¿Quiere decir que usted se opone a que el Vulcano se presente el domingo…!

_  ¡De ninguna manera. Conocemos y respetamos a esta dignísima institución y ella puede presentarse el día que lo crea conveniente. Lo que digo y, ahora lo reitero es que el Concejo no debe disponer arbitrariamente la fecha de nuestra presentación…

_ ¿Para eso ha venido…?!

_  Y para informar a los clubes colegas que el Andino se presentará, de todas maneras, el domingo – Las airadas protestas menudearon siendo las más sonoras las del representante del Vulcano.

_ ¡De ninguna manera! . ¡El domingo se presenta el “Vulcano”- delegado se hizo escuchar iracundo.

_ ¡Bien está!. Mi representada, respetando su antigüedad lo hará en segundo término. Como se presentarán a las dos; nosotros les daremos una hora y, de todas maneras, se hayan presentado o no, el Andino estará haciendo su ingreso en la ciudad a las tres de la tarde – Ya se iba a armar una trocatinta histórica, mas don Pedro Santiváñez con mucho tino concluyó, – Eso es lo que queríamos hacer conocer a nuestros dignísimos colegas y habiendo concluido nuestra misión, nos retiramos deseándoles muy buenas noches…-Y diciendo esto salió por un callejón de murmullos, seguido de los miembros de su directiva.

Esta actitud agravó la grande rivalidad que desde años antes existía entre el “Vulcano” y el “Andino” en su disputa por la superioridad.

Al día siguiente, propagado por “El Minero”, “El Diario” y “Los Andes”, la actitud de don Pedro se convirtió en comidilla del pueblo. Se tejieron mil conjeturas, se realizaron apuestas y las gentes del pueblo se aprestaban a ser jueces de un singular duelo de calidad artística, entusiasmo, disciplina y organización.

Y llegó el domingo.

Desde las primeras horas de la mañana, el sol estuvo inundando de luz el abigarrado y caótico paisaje de la ciudad señera.

A la una de la tarde, don Pedro Santiváñez, tenía a la puerta de su casa, un impresionante caballo moro, negro como la noche, de impresionante alzada. Crines al aire, amplia grupa y firmes agujas, más que un animal era la representación de la majestad equina. Cubierta la silla con hermosos pellón sampedrano y atezado con arneses de plata, el caballo parecía de filigrana. Pinturero y nervioso, muy nervioso, hacía honor a su nombre: “El Gran Diablo”. Había sido criado y amaestrado en los agrestes y soledosos campos chacayanos. Cuando se aprestaba a montarlo, el caballo se mostró inquieto, no conocía al jinete; es entonces que quien lo había traído –eximio y experimentado caballista- don Marcelino Suárez, subió sobre el animal, picó espuelas y a lo largo de la calle del Hospital, en galope franco y tendido  hizo dar varias vueltas y gambetas al “Gran Diablo” y tras una carrera abierta, lo sofrenó de golpe delante de don Pedro, haciendo recostar sobre los cuartos traseros, todo su peso. Húmedos y brillantes los belfos, “El Gran Diablo”, estaba listo para presidir la comparsa. Fino poncho de vicuña sobre terno negro de casimir inglés, pañuelo blanco de seda aprisionado con anillo de oro al cuello y alón sombrero blanco de paja de Guayaquil, el Presidente del Andino, también estaba listo.

Como lo habían acordado, todos los miembros del “Filarmónico Andino” estaban reunidos en el patio de la casa de don Pedro Llacsa en el barrio de Cabracancha: Directivos, músicos, cantantes, banda de músicos, gallardos chalanes y coheteros. Urgido de saber si el “Vulcano” estaba cumpliendo con el programa y la expectativa que se había despertado en el pueblo, don Pedro envió a un  jinete a fin de que se informara al respecto. El comisionado picó espuelas y en quince minutos estaba de vuelta, agitado y emocionado. Informó que la expectativa en la ciudad era tremenda y el “Vulcano” recién se estaba reuniendo en Patarcocha. Todo el Cerro de Pasco estaba en sus calles y plazas. Faltando un cuarto de hora para las tres, el jinete traía otro informe:

_ Todavía el “Vulcano” está tardando en reunirse en su totalidad. Creo que van a tardar más de una hora en conseguirlo.

_ ¿Nada más…?

_ Sí, algo importante. Me han asegurado que los directivos del “Vulcano” han jurado bajarlo a usted a riendazos de su cabalgadura en cuanto lo encuentren. Todo el pueblo lo está comentando.

_ ¿A, sí…?. ¡Veremos!

Era las tres de la tarde en punto. Don Pedro hizo la señal convenida y el “Filarmónico Andino” partió a conquistar la ciudad. Delante, concitando la atención del público, la resonante banda de músicos abriendo calle con un vibrante pasacalle; detrás, elegantes chalanes de finos ponchos de vicuña, sombreros blancos y pañuelos rojos al cuello, flameantes y airosos; la mano izquierda gobernando al obediente bruto, la derecha repartía los programas de colores en el que se hacía conocer la constitución de la directiva, cuadro de músicos y cantantes y, principalmente, mulizas, huaynos y chimaychas que cantarían aquella tarde. Las gentes arremolinadas en las calles se peleaban para obtener alguno de estos recuerdos que, ahora pasados los años, constituyen un trofeo de inapreciable valor sentimental y artístico.

¡Cohetes, serpentinas, bombardas, globos, chisguetes y más serpentinas de colores!

La participación de los ciento cincuenta jinetes del “Filarmónico Andino” fue acamada con estruendosa algarabía popular. Los comentarios, vivos y sabrosos, aclamaban las canciones presentadas. Después de hacer su recorrido por las principales calles y plazas de la ciudad, cantando pletóricos sus creaciones populares, el “Filarmónico Andino” se retiraba. Había triunfado plenamente.

Partían ya los Andinos pletóricos, cuando frente al Mercado central, se encuentran frente a frente con los integrantes del “Vulcano” que recién hacían su ingreso en la ciudad. Los jinetes sofrenaron sus cabalgaduras y las bandas enmudecieron. Frente a frente estaban los jinetes de ambos bandos. El silencio era enorme. La gente presagiaba lo peor y apiñada en veredas y balcones, esperaba el desenlace. El silencio se tornó sobrecogedor. De pronto, la voz clara y sonora del Presidente del “Vulcano”, deshizo el silencio.

_ ¡Pedro!…. ¡Un abrazo!

_ ¡Dos! – respondió don Pedro.

Acercaron sus cabalgaduras y se estrecharon en un cálido abrazo. Inmediatamente, como si lo hubieran ensayado, los integrantes de ambas comparsas hicieron lo mismo. El pueblo, lleno de emoción, prorrumpió en interminable y sonoro aplauso. Así, amistosamente, al calor del cariño por nuestra música y versos, aquella rivalidad quedó zanjada.

Transcurridos muchos años nosotros seguiremos aplaudiendo porque de aquellos años queda en nuestro álbum añoso las mejores composiciones de nuestra música.

LA MULIZA (Sexta parte)

CALLA CORAZÓN Y UN CARNAVAL DE ANTAÑO.

Por Gerardo Patiño López.

la muliza 8La canción del carnaval cerreño que es originaria de esta tierra es la MULIZA y nos trae un legítimo motivo de evocación y encantamiento al escucharla porque al mismo tiempo se patentiza una vez más su tradición.

Hemos asistido a un acto muy singular al formar parte de un Jurado Calificador de mulizas. Todos los años y en vísperas de carnaval la redacción del periódico EL MINERO era el centro donde se reunía un jurado especial, designándose a personas capacitadas para deliberar en un concurso promovido y calificar a las mejores composiciones de mulizas que los intelectuales enviaban para ese concurso y designar como la mejor entre todas y que debía cantarse en el carnaval de ese año.

Muchísimos eran  los concursantes y sus letras eran apasionadas y de un lirismo del momento que se vivía en la ciudad, una de quejas, otras de amor encendido y otras jocosas, de todas ellas, el jurado tenía buen tino para aceptarlas. Era el año de 1924, los poetas y cultores del arte de Talía, habían enviado numerosísimas composiciones a cual más hermosas y dignas de merecer un  galardón por la naturaleza de ellas; fue entonces que el jurado calificó como la mejor a la titulada “Calla Corazón” perteneciente al conocido cultor señor Ramiro Ráez Cisneros que obtuvo la Medalla de Oro y por unanimidad se adjudicó para el Club Cayena formado por elementos destacados y que  poco tiempo figuró entre los clubes carnavalescos de esos años entre los que estaba también el Club Vulcano, Apolo, Lira Cerreña y otros que no recordamos. El punto esencial era ahora, darle la música para complementar el fin que se perseguía.

Se convocó a otro concurso entre los músicos de la localidad y que en ese entonces eran muchos y muy versados en esta clase de composiciones. Estaban: Graciano Ricci, Max Lactayo, Antonio Jiménez, Julio Patiño, Genaro Parra, Juan Arias Franco y otros más. Llegó el 15 de febrero de ese año y en el domicilio del señor Teodoro Lizárraga, se reunió en jurado formado por este caballero que lo presidía y los señores Doctor Oscar Víctor Malpartida, Gerardo Patiño López, Genaro Parra, Carlos Villarreal, Samuel Portillo y Pablo Arias. Una orquesta formada por varios músicos con guitarras, mandolinas, violines y saxofón, dieron la nota más saltante al iniciarse la primera demostración con los líricos o cantores señores Mariano B. Collao, Toribio Díaz y Oswaldo Dañoveitia y otros acompañantes más. Ya este conjunto musical había dado la música a “Calla Corazón” cuya hermosísima producción era del autor y maestro señor Antonio Jiménez. El recuerdo de esos instantes felices nos hace escribir esta breve nota para expresar el franco sentimiento de cordialidad y afecto hacia un motivo de remembranza que nos hizo dichosos al conjuro de la emoción más clara y vívida en vísperas de un carnaval de antaño. La noche reinaba en el interior del aposento en medio de una gran expectación y en el exterior caía la nieve cubriendo con su blanco manto todo el ámbito de la ciudad más alta del mundo. Y, el silencio se quebró amorosamente al pulsar el violín Antonio Jiménez que los hacía magistralmente para que “Calla Corazón” tuviera vida.

La introducción de la música fue lenta y se inició la partitura con toda la orquesta y las voces de los líricos le dieron un final sorprendente; ya “Calla Corazón” estaba dentro de todos los oyentes, pues sus notas salieron elocuentemente y los corazones vibraban de satisfacción interior, era una música que nos hablaba al sentimiento. Qué sorpresa más honda tuvimos al contemplar a su autor, al observar que las cuerdas de su violín ya no despedían sus notas, éstas estaban regadas por las lágrimas de Jiménez; le había puesto toda su fantasía, toda su vida misma para darle ese sentimiento a su música y quedar perennizada en “Calla Corazón”. Jiménez continuaba extasiado con el arco en la mano esperando el veredicto del jurado calificador del concurso; él había cumplido exitosamente. La respuesta no se hizo esperar, un nutrido aplauso selló la ratificación del triunfo y las felicitaciones la confirmaron.  Jiménez había triunfado. El contenido literario y la música de esa bella muliza nos hace pensar que es la mejor que se ofrecieron a la sociedad cerreña en esos últimos años aparte de los que pertenecen al bardo Pablo Morales, de permanente recuerdo y admiración.

Esa misma noche del 15 de febrero de 1924, todos los asistentes a este acto y por iniciativa del Presidente del “Cayena” señor Lizárraga, se dirigieron a la Prefectura del departamento donde la primera autoridad política, señor Manuel Pablo Villanueva para ofrecerle la primera como tradicional visita de la música y canto de “Calla Corazón”; en las siguientes noches lo hicieron al Alcalde de la ciudad señor Ricardo M. Alania y a la reina de belleza Isabel I, señorita Isabel Ravelli Malpartida y a otras personas notables de la localidad ya en forma acostumbrada y tradicional, mereciendo en todos los domicilios visitados, los más vivos aplausos y colmado de atención a los visitantes.

PIERROT  Y  COLOMBINA.

por Luis Pajuelo Frías.

Bajo el leve follaje de los días cenizos

-mes de la sonrisa cuajada de rocío-

           acudimos a citas escondidas. Citas,

           con que soñó mi abuelo aventurero,

                  y el padre de mi abuelo,

                  también aventurero.

 

¿Volverás, algún día, Febrero…

llegarás con la lluvia,

“Paloma triste del carnaval”?.

Hoy anida la carcoma en los balcones

y se siente el murmullo del tiempo

junto al movimiento de los comejenes,

sonrisas apagadas

                                 bisbiseos

                                              suspiros.

En los tiempos del Oro, bajo pámpanos

y orlas

de esos balcones volaban golondrinas de papel.

“Nuestro amor será inmortal”

leían sonrojadas las abuelas…

¿Quién pensaba, entonces, que la felicidad

era un terrón de azúcar

                       al fondo de un pocillo…?

+++++++++++++++

En las tardes sin muerte, las comparsas

cortaban el silencio

y las esquinas.

Los mineros llegaban disfrazados de seres

que nunca conocieron

(Un enjuto Pizarro detrás de Lucifer;

            Colombina abrazada de Pierrot,

             medio beoda)

Surgían los jamelgos, enjaezados,

tensos,

en las tardes sin muerte

(“Vulcano” -Dios del Fuego- Señor de las tinieblas,

           sólo nos ha dejado

           las tinieblas;

           “Tawantinsuyo”- el imperio del Oro,

        hoy apagado-

           ¿Por qué tu grey está vagando en los caminos…?

           y la muliza dibujaba dolores en el cielo

                     escarlata.

 

Y el pueblo suspiraba embriagado de sones,

ironías, lamentos…

En tus ojos veo la eternidad”.

 

Pasada la sonrisa, se dobla la alegría

debajo de la almohada,

hasta el año que viene.

Y, otra vez, a la mina. A vestirnos

de lo que siempre fuimos:

Escarabajos de cobre,

Luciérnagas bañadas por las sombras.

¿Dónde están esas tardes?…¿Dónde están…

las sonrisas de esas tardes?…

¿Dónde fueron los ecos de esas risas..?

¿En qué febrero se apagó el amor, trapo

sucio colgado de una percha…?

Sobre el brillo de esos cuadros viejos

cae el polvo, el silencio

         y el olvido……

LA MULIZA (Quinta parte)

Una de las más hermosas reinas del carnaval del Cerro de Pasco con su séquito de damas y chambelanes
Una de las más hermosas reinas del carnaval del Cerro de Pasco con su séquito de damas y chambelanes

LA TRADICION DE LA MULIZA CERREÑA,

por Gerardo Patiño López

AÑORANZAS

                                   Dónde están aquellos tiempos

                                   de abundancia y bonanza,

                                   de la más dulce esperanza

                                   que en el Cerro se acabó.

 

                                   Sólo las carretas ruedan

                                   por distintas direcciones

                                   los cerreños de peones

                                   sin conveniencia ninguna.

 

                                   Pobre mineral del Cerro,

                                   plagado del extranjero,

                                   que aparenta protegernos

                                   con nuestro propio dinero.

 

                                   Ahora es dicha, ahora es gloria

                                   de un mineral sin igual

                                   será infierno y fatal,

                                   cuando quede sin caudal.

 

                                               Estribillo.

 

                                   Sin embargo cerreñitas

                                   formemos arcos de flores

                                   porque vienen los cerreños

                                   trayendo oro por montones..!

Carnaval de 1908.

Estas eran las letrillas de la muliza que el año 1908 creara el músico y compositor don Pablo Morales Paredes. Él dejó  recuerdo imperecedero como cultor de la muliza cerreña auténtica dedicada a su querido Cerro de Pasco. Nuestro recordado amigo don Carlos Malpartida “Athos”, nos da a conocer un estudio bien preparado dedicado a la tradición de su origen. Esto hace nacer en nuestra alma la añoranza de los tiempos idos, donde el carnaval y su celebración, fue un alarde de gracia, elegancia, emotividad, y alegría parlera y romántica. Estamos tentados de transcribir algunos de los acápites del trabajo mencionado y lo hacemos irremediablemente, como un homenaje a su autor, que ha dejado muchos artículos de la vida del pasado del Cerro de Pasco, y cuánta satisfacción tendría al conocer que en este pequeño libreto se haya hecho mención a sus obras. El estudio en referencia del malogrado señor Malpartida es muy extenso, pero alguno de los acápites, como un crisol de sus pensamientos, dice así:

            “LA MULIZA, hija predilecta de la opulenta, nació al calor de los entusiasmos carnavalescos, cuyos alegres compases son sinónimos de contento, placer momentáneo y olvido de los pesares de la vida. ¡Ah!, la muliza, para poder describirla bien y poder expresar las infinitas emociones que siente el corazón al escucharla en una noche silenciosa, sería preciso la pluma de celeste lumbre del mismo Dios. La muliza, resumen de ternura, amores y quejas, réclame de ilusiones, esperanzas, ensueños, poema laureado en el que se vislumbran claros de luna, rumores de brisa en la enramada con perfumes de rosas y nardos; murmullos de fuente encantada, con cantos de jilgueros, alondras y ruiseñores; expresión íntima de sentimientos en el alma cerreña, escrito en notas de oro. Rica Villa de Pasco, de los fantásticos tesoros de Uliachín a semejanza de los de Catalina Huanca. Cuna de mártires y héroes; frescos están los recuerdos imperecederos de Daniel Carrión y de la Columna Pasco, cuyos últimos soldados murieron cumpliendo su deber en el legendario Morro de Arica. Capital de Junín en cuyos salones se dieron cita los tapices y artesanados de Oriente, cuadros de los más célebres artistas; espejos venecianos, alfombras de Persia y Bruselas, en el que el oro, la plata, los mármoles de Carrara, así como los pianos Playel justificaron el título de Opulenta, que le había sido otorgada. Ciudad en que la mayor parte de las familias eran poseedoras de una rica vajilla de plata labrada por artífices, así como todo su menaje de tocador y dormitorio. Asiento minero en cuyas entrañas se encerraba la inagotable riqueza de sus metales, asombro del mundo financiero. Población que envió a muchos de sus hijos a recibir, lejos, instrucción en los centros de civilización como Londres, Berlín, Bruselas y Paris; en esas épocas en que no existía sino un mal camino de herradura que unía esta ciudad con Lima por la vía de Canta, poblada de bandoleros a las órdenes de aventureros Roso Arce y Florida Blanca, que más de una vez se apoderaron de gran cantidad de barras de plata, que los mineros enviaban a la Casa de la Moneda”.

 Sigue describiendo los aprestos de carnaval y dice:

            “Un mes antes de las fiestas de Momo, el Presidente de la Estudiantina Cerreña, llama a sesión a sus asociados; la juventud alegre asiste para tratar la mejor manera de celebrar el carnaval próximo; se convoca a un certamen literario musical para que se presentaran las mejores mulizas que debidamente seleccionadas por un jurado ad-hoc fuese una, tanto en letras como en música, la premiada y la que debía cantarse en ese año. Varias de estas mulizas fueron escritas por personalidades literarias; citaremos entre ellas a Juan José Calle, notabilísimo abogado, flor y nata del Foro Peruano, cuya muliza “Corazón” subsiste hasta hoy; la señorita María Rosario Alcántara, lo abogados Dianderas González, Estrella Robles, Flaviano Loayza, escribieron tantas mulizas que a pesar del tiempo transcurrido todavía se tocan en reuniones familiares; el malogrado Pablo Morales, que en sentidas estrofas canta los infortunios del obrero cerreño en huaynos y mulizas”

Y, sigue en extensa descripción todo lo que es la fiesta carnavalesca de antaño, con detalles tan minuciosos que son dignos de releerlos una y mil veces, porque son el trasunto de esos tiempos y donde se da a conocer exactamente cómo fueron celebrados los carnavales, que en estos momentos no son ni pueden ser igualados al pasado, quedando solamente el recuerdo de la tradición; y da a conocer así mismo, el origen de esas festividades y del nombre de Don CALIXTO, famoso Club que anualmente celebraba pomposamente las fiestas de MOMO, siendo de “un español con fortuna llamado don Calixto de la Gascuña, que había llegado al Cerro de Pasco como otros muchos aventureros, cuyo carácter adusto y sombrío le hacían parecer un misántropo. Sólo tenía una visión y soñaba en que llegara la época de carnaval y su mayor empeño era conseguir un buen caballo, en el cual, disfrazado en forma extravagante se dirigía, jugando ardorosamente el sábado de carnaval, desde su propiedad que era la hacienda mineral de Huarmipuquio, hasta la ciudad.  El último año que lo hizo, recibió inmisericordes baldazos de agua que le ocasionaron una grave afección bronquial que se lo llevó al otro mundo. Dícese que el señor de la Gascuña, conocía  que del manantial de Huarmipuquio se desprendían, por la caída del agua, notas que las aplicó a una canción y salió el quejumbroso tono de la muliza que en la ciudad ya se cantaba”. El poeta Eugenio Chocano, en su libro “PLINTOS”, la describe en un hermoso poema a la leyenda de la maravillosa fuente bajo el título de HUARMIPUQUIO.

“Al año siguiente- concluye don Carlos Malpartida- para conmemorar el nombre y las hazañas de tan digno caballero y a fin de que pasasen a la posteridad, se instituyó el primer carnaval en forma caricaturesca con la entrada a la ciudad y resurrección de Don Calixto, que con el tiempo llegó a tomar relieves del que hemos descrito”. Se desprende de por sí solo, que imitándonos, en Tarma, como dice el poeta José Gálvez, y en Concepción el cerreño don Mauricio Durand, aparecen las “Calixtradas”. El prestigioso Club Calixto del Cerro de Pasco, que desapareció en 1912 a los 32 años de fundado el siglo pasado,  año tras año dejaba los recuerdos de la celebración del carnaval de antaño, de su letra y música que dieron origen a la muliza, que es auténticamente cerreña.

Corroborando todo lo escrito más arriba, no podemos dejar de consignar que nuestro comprovinciano Dionisio Rodolfo Bernal, en su libro de 420 páginas, MULIZA CERREÑA, efectúa  un brillante estudio sobre el origen y tradición de la muliza cerreña, e inicia diciendo: ” Poco, o casi nada se ha indagado hasta el presente trabajo sobre el origen de este cantar y por ello comentaremos el afán político de sostener su procedencia indígena. Sólo nos atendremos a los documentos que vamos a trascribir, como a la forma y esencia de la canción mestiza, cuyo origen y desarrollo tratamos de esclarecer. Por los años mil seiscientos al ochocientos, se realizaba con gran intensidad el comercio de mulas entre el norte argentino y las regiones del centro del Perú, especialmente con Huarochirí, Tarma y el Cerro de Pasco”. El autor con un acopio de documentos establece el comercio de las mulas y la aparición de arriero-mulero que se encarga de conducir piaras de mulas desde Buenos Aires del norte Argentino a Pasco. “Estos individuos –continúa- o sean los arrieros, influyeron de ese modo decisivo con sus costumbres, decires y cantares cosmopolitas, en el ánimo de nuestras gentes mestizas provincianas y estos nos hace pensar que el origen de la muliza haya sido el cantar del mulero. Este cantar probablemente hizo su aparición, cuando el comercio de mulas florecía con intensidad en el siglo XVIII. No es aceptable la tesis deleznable que la muliza proceda de la contracción “Muy Lisa”, porque las canciones tituladas mulizas no tienen la picardía para denominarlas así, y si esto fuera, se explicaría su aparición en todo el Perú, lo que así no sucede; pues la muliza sólo se produce en los Departamentos del centro, siendo un foco de irradiación el Cerro de Pasco”; y continúa con diversidad de apreciaciones, producto del acucioso estudio hecho para establecer que la muliza es una derivación del cantar de los muleros, por la modalidad y semejanza con el popular de la “vidalita” que se canta en el norte argentino, porque ambas – tanto la muliza como la vidalita- cuentan con el insustituible “Estribillo” que difiere de los yaravíes y huaynos, “entonces es fácil presumir que las gentes indagaron o reclamaron los cantos o canciones de muleros que con el tiempo tuvo arraigo y lograron por la ley del menor esfuerzo llamarle “muliza” que se integró en el alma popular de estas regiones donde aflora esta canción. Es así entonces, que se establece y se hace popular la muliza que queda instituida ser oriunda del Cerro de Pasco” y diciendo que   “el tono de la muliza tiene mucho del caminar de la mula, es un tono acompasado, en el trajinar del animal, un tanto marcial y sereno” y termina el interesante libro que comentamos,  insertando en sus páginas, 120 mulizas, a cual más hermosas, desde al año de 1880 a 1940, incluyendo varios grabados del carnaval cerreño de los Clubes Calixto, Vulcano, Cayena, Apolo y otros más que existieron  antaño en el Cerro de Pasco.

Las plumas de conocidos escritores como Varallanos, en el “Romancero Criollo”, Enrique Bustamante y Ballivián y otros más como Luis Fabio Xammar, en su nota folklórica dice que “ el yaraví es arequipeño, la marinera es limeña, el tondero es norteño y la muliza es cerreña”, Clodoaldo Alberto espinoza Bravo en un brillante estudio costumbrista, manifiesta textualmente: “que la muliza jaujina es un transplante auténtico de la muliza cerreña y es un drama profundo de su suelo donde se plasma su sensibilidad musical y está construida sobre cimientos de la raza noble de Huaricapcha”, el doctor Evaristo San Cristóval, también corrobora en su estudio sobre el yaraví, que “escuchó en la tierra de sus mayores, un tono melancólico, cuando los techos de sus casas estaban cubiertos de nieve, que era la muliza tocada por los indios” y Alejandro Contreras Sosa, con su pluma vernacular, atestigua que “la muliza es auténtica del Cerro de Pasco”.

Es así en suma, que la muliza es música, canto, emoción, alegría y tradición para toda la región del centro y en particular para el Cerro de Pasco que es padre de esta música y resumen de su tradición inobjetable.

Las notas mencionadas y brevemente recopiladas, nos respaldan para declarar con los mismos autores citados, que la muliza es auténticamente cerreña, nacida a los cuatro vientos para deleitar con su música a propios y extraños. Terminamos este modesto y pequeño trabajo, transcribiendo dos de las mulizas cerreñas, que por su belleza literaria -letras y música- dedicados a las reinas del carnaval de 1925 y 1926, merecieron el aplauso general y sus autores fueron premiados con medallas y diplomas de honor

A TI

(A S.M. Lucila I) 

De la vida en el camino,

muchas veces encontramos,

al placer que va de prisa,

al dolor que va despacio.

 

El el cielo de mi vida,

no luce ninguna estrella,

que todas las han nublado,

las sombras de mi tristeza.

 

Ilusiones y esperanzas,

que mueren una por una,

en el alma tienen vida

y en el alma tienen tumba.

 

Cuando una flor se marchita,

otra flor brota en la tierra,

cuando una pena se acaba,

nace en el alma otra pena.

 

           ESTRIBILLO.

Dicen que la vida es sueño

y todos quieren soñar,

sueño yo cosas tan tristes

que quisiera  despertar.

 

(VULCANO- 1925)

Letra de Mariano V. Collao.

Música de Graciano Ricci

CALLA CORAZÓN

  (En homenaje a Lucila I)

 Calla corazón, no llores,

mitiga tu sufrimiento.

¿No ves que todo es tormento

y abrojos en vez de flores?.

 Calla pobre corazón

deja al tiempo que lave

tus angustias y acabe

con tu ardorosa pasión.

 De la parca marcha en pos

para dejar de sufrir,

que no es posible vivir

con el alma rota en dos.

 Calla corazón, no llores

ni te queje de tu suerte,

¿No sabes que con la muerte

terminarán tus dolores? 

     ESTRIBILLO.

No te empeñes en llorar

que el llanto no da consuelo..

¡Posible es que hasta en el cielo

padezca quien supo amar!.

Letra: Ramiro Ráez Cisneros.

Música: Luis Vivas y Vivas.

 

Carnaval de 1924.

Habríamos querido, para solaz de nuestros lectores, incluir otras producciones de mulizas, huaynos, mensajes y bandos, todos hermosos y de factura cerreñista, pero dada la estrechez de espacio, nos privamos de ese privilegio, destacando la admiración que nos causa esa antología que la conservamos, muchas de ellas impresas en seda, que están a disposición de quienes desean conocerla. Para finalizar, cerramos con llave de oro, la tradición del carnaval y de la muliza, anotando que al año de 1924, se transforma el carnaval cerreño; es elegida reina de la ciudad S. M Lucila I, la bella señorita Lucila Arias Trujillo; al año siguiente le sucede en el reinado  la hermosa señorita Isabel Ravelli Malpartida, que en 1930 es proclamada “Señorita Pasco” en el concurso de Belleza Nacional, realizado en la capital de la República.

(Del libro “Historia y Tradiciones del Cerro de Pasco” de Gerardo Patiño López).

Continúa……

LA MULIZA (Cuarta parte)

09.- La fiesta de los Carnavales.

la muliza 5A propósito de la muliza, queremos referirnos a una fiesta que en el Cerro de Pasco alcanzó, desde mediados del siglo XVIII, un auge extraordinario: Los Carnavales. Mucho hay por decir al respecto, por eso es que, con especial cuidado hemos elegido páginas especiales de nuestros escritores que fueron testigos de excepción de aquellaS bullangueras celebraciones. Los más representativos organismos que mantuvieron al tope el entusiasmo en estas celebraciones fueron los clubes carnavalescos.

El primer Club Carnavalesco que fundaran nuestros abuelos fue el CLUB CALIXTO. Corría el año de 1880. Su vida de 32 años -desapareció por decisión de sus socios en 1912- estuvo cargada de éxitos rotundos. Su boato y magnificencia fue tal que, en Ambo y Junín, pueblos aledaños, también surgieron conjuntos carnavalescos con el mismo nombre.

En 1905 se fundan  BONIFACIO, MARISCO y MEFISTOFELES, tres cubes de vida activa que dejaron grandes recuerdos en el pueblo. En 1906, en cambio, nace el Club que como ninguno, representa al Cerro de Pasco: El VULCANO. Sus socios, preclaros y queridos ciudadanos cerreños, han sabido mantener, generación tras generación, la más fiel tradición musical cerreña de los carnavales. Actualmente lo hace con entusiasmo digno de aplauso la familia Rodríguez.

Cuando Don Calixto,  había alcanzado raigambre en el pueblo minero, un grupo de jóvenes “bien”, con el fin de alternar efusivamente con todos los celebrantes de la Fiesta de Momo, decidió “sacar” una numerosa comparsa que, a diferencia de los otros grupos, no utilizarían cabalgaduras para desplazarse. A la usanza de los jóvenes cruzados del entusiasmo y la música que conformaban las “Tunas” españolas, también  irían a pie, portando sus gonfalones característicos bordados en oro, cintas de mil colores e instrumentos en ristre. No tendrían compañía femenina porque, precisamente, de lo que se trataba era de rendir pleitesía a la belleza de la mujer cerreña. En lo único que se parecería a los otros conjuntos sería en la interpretación de Huaynos, Mulizas y chimaychas, matizados con los “Bandos”; para ello contaban en sus filas, con los mejores compositores y poetas del parnaso local. El nombre que eligieron fue EL CAYENA. No era para menos. Rendían homenaje así a la cárcel más dantesca de aquellos años que tenía ese nombre. Allí estaban recluidos los más notables malandrines del mundo. El caso es que, en tanto vivieron, tuvieron resonante éxito por su “buen ver”, su juventud, su entusiasmo y la calidad de sus canciones. El más grande problema que tenían que afrontar era el de ir a pie, y con ello, el tener que mojarse los pies hasta extremos increíbles; por lo demás, de que se convertían en fácil presa de las chicas que los mojaban a su gusto. Se les hacía muy difícil la fuga. Su vida -como dijimos- fue muy breve pero espectacular. Dejaron grandes recuerdos. Cuando se subieron a sus cabalgaduras ya perdieron su atractiva particularidad. Les siguieron los grupos de BONIFACIO, MEFISTOFELES Y MARISCO.

El entusiasmo carnavalesco jamás decayó en la ciudad minera; por el contrario, pueblos aledaños contagiados del sano y chispeante entusiasmo juvenil, fundaron sus clubes correspondientes: KAISER (Huariaca, 1918), ASTOLFO ( Goyllarisquizga, 1921); COW BOYS (Smelter); MARTE Y PIZARRO, (Goyllarisquizga); LIRA OLLANTAY, (Paucartambo); CHAPLIN, (Huariaca); SAN JOSE,  (Mina Ragra); VULCANO CHICO, (Carhuamayo); DON QUIJOTE, en La Quinua, 1920; MOMO DE YANAHUANCA, (1920); MOMO DE CHACAYAN, (1922); TRIFON (1913), en Huaraucaca; ATAHUALPA ANDINO (1926) Yanahuanca, etc.

En el Cerro de Pasco, como es natural, continuaron fundándose clubes carnavalescos como: CLUB JUVENTUD APOLO (1922); FILARMONICO ANDINO, (1924). Posteriormente le siguen, LIRA DEL ANDE, LIRA CERREÑA, HIJOS DEL TAHUANTINSUYO, DON NADIE, LOS DIAMANTES DE YANACANCHA, ROSARIO DE YANACANCHA, etc.

A continuación, algunas referencias a los carnavales a través de la pluma de notables escritores mineros.

Lo que ha sido y lo que es el Carnaval en el Cerro de Pasco.

por Carlos Malpartida “Athos”.

En los buenos tiempos de la plata, cuando ésta se derrochaba a manos llenas por nuestros abuelos, cuando las muchachas eran sencillas e inocentes como mariposas, porque no sabían de letras con que dirigir cartitas perfumadas a los galanes y cuando los chicos no fumaban cigarros hasta cumplidos los 21 años, las cosas pasaban en esta bendita y frígida tierra, tan sencillamente, que eran una delicia y una bendición, si los comparamos con los actuales.

Días antes del carnaval, tanto los viejos verdes como los chicos precoces, se daban citas frecuentes para organizar el juego con motivo de la tradicional entrada de Don Calixto y la popular Muliza, cuyos simpáticos acordes conquistaban más de un corazón.

Los gotosos pasteleros de  torcidas manos, desempolvaban sus millares de cascarones, para vender al mejor postor y hacer su agosto a costillas de tantos entusiastas.

Los briosos corceles y los brillantes disfraces eran buscados con afán, mientras las jóvenes casaderas, con esa alegría propia de su edad, sostenían acalorada discusión sobre la mejor manera de contribuir a la celebración de esta gran fiesta y de preparar sus atrayentes confecciones. ¡Oh! eran soberbios aquellos tiempos que se fueron para no volver.

Llegado el gran día, la cuidad se declaraba en fiesta. El comercio cerraba sus puertas y los balcones eran ocupados por el bello sexo que se disputaba el mejor sitio para presenciar el desfile.

A las dos de la tarde llegaba el ansiado momento. Numeroso tropel de jinetes presidía a la comitiva de Don Calixto y su graciosa pimienta, iniciando el juego en todo el trayecto; más de un ojo huero, una nariz torcida y una cabeza averiada eran los resultados de este combate carnavalesco.

la muliza 6Bien pronto aparecía Don Calixto en brioso corcel, elegantemente ataviado, guido por su pimienta, que lucía elegante  vestido vaporoso de gasa celeste y blanco, acompañado de más de 60 personas cuyos lujosos disfraces costaban centenares de soles. Instalados en la Plaza principal de Chaupimarca, se cantaba la popular muliza, una de las cuales reproducimos para que se conozca el gusto que predominaba entonces en esta clase de composiciones.

M U L I Z A

No hay alma fina que de lo bueno,

no forme un sello al corazón,

ni hay ser humano que en lo sensible

no sea apacible a una impresión.

 

Amo a una bella, que es primorosa,

y que graciosa su lira oí;

es lance fuerte si ella supiera

y no sintiera lo que hay en mí.

 

Bañan rocíos de amor el alma,

y en dulce calma se ve oprimir;

cuando mil voces brotan mi aliento

porque me siento no resistir.

 

           ESTRIBILLO

Si ayes respiro por tus sonrisas

no son pues brisas ni olas del mar,

es la expresión del fino amante

que a todo instante quiere exhalar.

                      (1879)

Una de las mejores voces de esos tiempos eran las de Alvariño, Durán, Venegas, Valdivieso y otros tantos. En la orquesta figuraban los Alcántara, Gutiérrez, Collao, etc. etc.

En diversos lugares de la cuidad se daba lectura al bando, cuyo tener redactado con la chispa y calembour más jocoso, hacía reír a mandíbula batiente al numeroso populacho. Una banda de músicos escogidos cerraba este alegre cortejo.

Después de recorrer las principales calles iniciando el juego, la comitiva se daba cita en la casa de Don Calixto donde se servía un espléndido lunch. Las viandas más exquisitas roseadas de fina champaña, el añejo y exquisito cognac, el puro de Ica y la cerveza de varias clases adornaban esas mesas. Al día siguiente los jóvenes de ambos sexos se aprestaban a la lucha. Vestidos unos de dril blanco y otros sus pantalones parchados, sacos de diablo fuerte, botas de cuero ruso y sombreros de paja se lanzaban en pos de esas aventuras. Con esta feliz indumentaria y un canastillo forrado de roja para para llevar los cascarones, salían en grupos los jóvenes jugadores dominados de un entusiasmo sin precedentes, que daba gusto verles.

Ya en los balcones o en cualquiera casa particular, se atrincheraban las hermanas y se entablaba la más animada e interesante lucha. Empezaban con unos cascaronazos tan fuertes que bien pronto eran víctimas de sus efectos más de media docena de vidrios que con gran estrépito se venían al suelo, amén de alguna nariz rasgada o algún ojo huero.

Se colocaba una escalera que sostenida por dos mozos servía para que los demás asaltaran la fortaleza. Los osados recibían una lluvia de cascarones y agua, pero nada los  detenía en su ardor bélico que por fin tomaba por asalto la fortaleza. Empezaban los forcejeos los achuchones y los gritos, el rodar de los muebles, la rotura de las copas y vasos y la caída de los jugadores como latigazos. Al poco rato se oía la voz de ¡A la carga! y todas las niñas acompañadas por las sirvientas, los abuelos y algunos papás se precipitaban sobre los asaltantes y el más lego era amarrado a una silla donde se le coronaba terminando con esta escena las hostilidades. El padre de familia  gritaba entonces: ¡Señores, vamos a tomar una copita!, ¡¡Bravo, bravo, a remojarse!! gritaban los combatientes que destilaban agua como salidos de una batea y luego se pasaba al comedor donde se notaba la bonanza de la casa.

Mientras esto sucedía, los organizadores más entusiastas de la fiesta, entre los que encontraban los estimables caballeros Venancio Góngora, José Malpartida y Apolinario Franco, reunían en la plaza a lo más granado de la sociedad para bailar alrededor de un árbol lujosamente adornada con cintas, frutas y otros objetos de fantasía, tal como lo habían implantado las hermosas “Huanquitas aguadoras”. Cada pareja se encargaba de cortar con un hacha el árbol, hasta que debilitado este se rendía al duro golpe de alguna de las parejas que eran designadas en medio de aclamaciones de entusiasmo padrinos para el próximo año. Se quemaban gran cantidad de cohetes y cohetecillos y la comitiva pasaba a la casa de algunos de los invitados donde se bailaba y jugaba hasta el día siguiente.

Y el pueblo compuesto entonces por los llamados barreteros, japires y pasaches, cuyos salarios les permitían cierta holgura se divertían también en armonía con sus costumbres. En los barrios de Arenillapata, Puchupuquio, Uliachin y Yanacancha, se reunían partidas de macetonas en son de combate y sin más trámite tomaban a cualquier transeúnte y lo amarraban en una silla, quien para recuperar su libertad, tenía que dar dinero en pro de la gente alegre.

Así transcurrían los tres días de carnaval en medio del contento general y los recuerdos más halagüeños. El miércoles se daban cita todos los prosélitos de don Calixto y procedían a la ceremonia de su encierro previa una jocosa memoria testamentaria.

Ahora todo ha cambiado, en lugar de Don Calixto, se presenta las comparsas de Bonifacio, Mefistófeles y Marisco. Antaño la juventud se mojaba mucho pero se divertía mejor, hogaño el carnaval ha decaído con el cambio de costumbres y la decadencia de la fortuna particular.

Continúa……