La casita desolada (Huaino)

la casita desoladaAbatido de dolor y tristeza ante la ausencia del ser querido, de aquel que compartió el calor de las cuatro paredes de la casita minera, estremecido y con un hilo de voz, el cerreño musita acongojado

Mírala cómo ha quedado                           

            la casita desolada,                                      

            las flores que has cultivado,                                  

            toditas se han marchitado.                        

           

            Nadie podrá en el mundo

            impedir que yo te quiera,

            siempre habrá un juramento         

            aunque me cubra la tierra.

 

            Si pretendes olvidarme

            recuerda bien tu destino,

            si te persigue el olvido,

            siempre vas a recordarme.

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LA RELOJERA (CAJAMARCA)

Otro de los pueblos que dejó su impronta en nuestra ciudad, fue Cajamarca. Transportaron el complejo tocado por un solo músico. Está formado por la flauta que tiene dos orificios anteriores y uno posterior, y se toca con la mano izquierda; también con la misma mano se sostiene la caja; ésta se toca con una baqueta que el músico maneja con la derecha. (Muchas veces lo hemos visto al finado indio Mayta). También trajeron la antara o flauta de pan compuesto de dos hileras de tubos de diferentes tamaños que se tocan soplando directamente. En Cajamarca se llama antara, pero en la zona sur del Perú es conocida como zampoña o sikus. Así mismo trajeron la quena como solistas o de dos y tres quenas acompañadas por cajas o instrumentos de percusión.

Alegres y divertidos los cajamarquinos trajeron con ellos una danza que hasta ahora se ejecuta: la Relojera. Un baile que se caracteriza por su fogoso zapateo que de pronto se ve interrumpido de golpe dejando desairadas a las parejas que confían que la música habrá de seguir. No hay duda de que en este caso, los músicos son los artífices de este corte intempestivo que es celebrado por todos, siendo muy pocas las parejas atentas que  no caen en la trampa. Los que caen, tiene que pagar la multa. (Un trago colmado de aguardiente)

Y para finalizar este pequeño recuento debemos mencionar al “Cachaspari” o “Cacharpari” como en otros pueblo lo denominan, que no es sino una fiesta de despedida a quienes van a dejar la ciudad y se les ofrece en las vísperas de la partida.

PIRWALLA – PIRWA (HUAMANGUINA)

Los hombres que vinieron de Huamanga (Ayacucho), trajeron consigo guitarras, bandurrias y mandolinas, de las que eran notables ejecutantes. Otros cargaron con sus arpas. Sus canciones fueron  muy bien recibidas por el pueblo minero. Cargadas de un sentimiento muy especial fueron interpretadas en jaranas y festejos: “Peras Perascha”, “Adiós pueblo de Ayacucho”, “Huérfano Pajarillo” y, conjuntamente, huamanguinos y cerreños hicieron nacer la serenata que ambos pueblos interpretan en los cumpleaños. De las danzas que con gran regocijo bailaban entre coterráneos, una prendió en nuestro pueblo y, la hizo suya: “La pirwalla pirwa”. Ronda campesina que se danza con gran alegría  y regocijo. Hombres y mujeres tomados de las manos giran hacia un lado y hacia otro, cantando a voz  en cuello, guardando un riguroso compás y atentos a las órdenes de un jefe de fiesta que viene a ser el Bastonero. Éste, el más alegre, cunda, bromista y audaz, elegido entre los asistentes de  más “chispa”, tiene la obligación de comandar el baile. Su ordenanza es suprema ley que hay que cumplir sin remilgos ni hipocresías. Quien no acate su mandato, recibirá como castigo una colmada copa de aguardiente que, de un solo tirón y sin hacer ascos deberá embuchar entre pecho y espalda, sea hombre o mujer. Para eso, el bastonero, en tanto danza con el corro, lleva en una mano una botella de aguardiente y en la otra, un copón vacío que se llenará en cuanto la infracción sea cometida.

Mientras la orquesta toca la ronda, el bastonero canta unos versos que contienen la orden a cumplir que todos repetirán enseguida, aprestándose a su debido cumplimiento.

Empecemos, comencemos, pirwallapirwa,

empecemos, comencemos, pirwallapirwa;

en esta casa bonita, pirwallapirwa,

todos cantando, pirwallapirwa,

el que no lo hace, paga la multa,

todos bailando, pirwallapirwa,

el que no lo hace, paga la multa;

frente con frente, pirwallapirwa,

hasta que yo diga, pirwallapirwa,

sigan cantando, pirwallapirwa,

el que no lo hace, paga la multa;

cambien de parejas, pirwallapirwa,

hasta que yo diga, pirwallapirwa,

el que no lo hace, paga la multa;

besen las manos, priwallapirwa,

de la pareja, pirwallapirwa,

el que no lo hace, paga la multa;

todos en silencio, pirwallapirwa,

hasta que yo diga, pirwallapirwa,

el que no lo hace, paga la multa

La diversión sigue de esta suerte, siempre en un marco de gran alegría en la que el bastonero es el artífice para que el jolgorio sea exitoso. Para ello, fruto de su inventiva, ordenará acciones a seguir que, todos, de muy buena gana cumplirán. En nuestra tierra los bastoneros por antonomasia han sido “Capachón Minaya”, “Liclish Ráez” y “Cortaviento”. Todavía muchos viejecitos alegres guardan en su memoria las “hazañas” de estos “dueños de fiesta”.

Para “graficar” esta danza nos hemos tomado una estampa grabada por Trudy Palomino y su conjunto. Escuchen sus letras y deduzcan la alegría de los bailantes.

NUESTRA MÚSICA La chimaycha

Como lo dijimos, desde del siglo XVII –inicio de los tiempos de bonanza- el prestigio del Cerro de Pasco se multiplicó con ecuménicos reverberos. El nombre de nuestra tierra comenzó a fulgurar en la intrincada geografía del mundo entero. Los galeones que recalaban en nuestros puertos transportaban un variado y abigarrado pasaje de hombres de latitudes inimaginables que se afincaban en nuestros predios. Razas y costumbres, sentimientos y creencias, se fundieron en ese enorme crisol que fue el pueblo minero. Pero, no vaya a creerse que solamente los hombres de allende los mares, también con su variado bagaje de experiencias y esperanzas, arribaron aquí, los braceros de los cuatro puntos cardinales del Perú. Entre ellos, hombres hechos a la vegetación y al calor, dispuestos a cambiar el verde de la floresta por el reverbero de los lampos áureos de nieve; el calor asfixiante y lujurioso por el pasmo del frío: los hombres de nuestra amazonía. Ellos traían en el revoltijo del alma, su música y sus canciones. Una de ellas prendió en el alma de nuestro pueblo cosmopolita: la chimaycha. (Ellos le llamaban Chimayche)

Parecido al pasacalle, para bailar del brazo de la pareja, el chimaychi que se bailaba con tamborilles y pincullos, se puso las cerreñas rurripas de castilla, polka florecida de abalorios, sombreros de paja, botas de cordobán, pañolón de “Alaska” y se casó con el recio sentimiento cerreño y se convirtió en la chimaycha minera. Enamorada como su madre siguió conservando la grácil conformación de su ritmo, pero tuvo que asimilar los versos del desposado: el sentimiento cerreño.

Desde entonces, el querendón y variado cancionero minero, dio carta de ciudadanía a este ritmo que, caliente por sus orígenes, atizó el alma de los laboreros, enajenando voluntades y sentimientos. Las pavesas de aquel fuego amoroso y juguetón, todavía conservan el sortilegio de despertar amodorrados sentimientos para enredarnos en las lianas de su trama como enajenante ayahuasca.

La muestra más precisa de la chimaycha cerreña es aquella disposición testamentaria del amante en el supremo momento de la partida definitiva. Era la canción obligada a entonar con amor; muchas veces con lágrimas, en el momento de decir el adiós postrero a los que dejaban la querencia minera. Era la reiterativa interpretación del “Cacharpari”o fiesta de despedida. Los años la han conservada fresca en sus seis estrofas pentasílabas. Se llama: “Encargos”.

E N C A R G O S

Cuando me muera              El porvenir               Cuando la parca

cuando me ausente,            es mi delirio             cubra mi pecho

tendrás presente                 también martirio    seré deshecho

de no llorar;                        de mi existir.              amándote

porque tu llanto                  En este lecho           Esto sin duda

sirve de encanto                  aterrador                se acabará

y hace a los muertos          siquiera amor          y así no habrá

resucitar.                              respiraré.                  ningún sentir.

¿Por qué mi bien,                En esta tumba         Si por mi tumba

por qué mi encanto,           despavorida,                pasas un día

me agobias tanto                sabrás querida        de mi agonía

con tu desdén?                     se sepultó              te acordarás;

Sabiendo que                       el cuerpo yerto        y así te encargo

todo mi amor                      de un desgraciado   vidita mía,

con fuerte ardor                  que atormentado    no has de llorar

te dediqué.                           por tí murió.            no has de sufrir.

Nuestra música LA CACHUA

Desde los albores del siglo XVII, acentuándose en el XVIII, la fama del Cerro de Pasco se irradió por todos los confines del mundo. Pormenorizados relatos de notables figuras del intelecto europeo –testigos presenciales de lo que veían- se encargaron de irradiar la magnitud de nuestra grandeza económica. Desde entonces, enorme cantidad de ciudadanos del mundo asentaron sus reales en nuestra tierra. Su ardua estadía cargada de pintorescas anécdotas y vivencias dramáticas se compensó con los millones de monedas de oro que llevaron de la tierra que los aposentara. Pero no sólo los europeos vinieron a nuestra tierra. También hombres y  mujeres de diferentes lugares del Perú llegaron  a probar suerte en sus minas y talleres. Nuestra zona de influencia era marcadamente notoria. Tanto unos como otros, trajeron consigo –como es natural- su aporte cultural, especialmente la música a través de sus más variadas manifestaciones que hemos visto en tratados anteriores en este lugar. Como en otras entregas hemos mencionado la influencia europea, ahora tocamos la influencia de otros puebles del Perú.

LA CACHUA.

La cachua, siendo hermana menor del huayno, es más retozona, más espontánea, más pizpireta. Con alegre desenfado se ríe de las formalidades. Es una chiquilla campesina que ataviada con sus multicolores polleras, gira incansable y coqueta. Se ríe de la seriedad y generalmente en su lengua –dulce quechua de sus ancestros- expresa sus sentimientos con chocarrero gracejo, sin tapujos, sin melindres.

Ima para huarmita munayman,

ima para huarmita munayman,

chula medias purichimanampa,

chula medias purichimanampa..

Libertino y fanfarrón, el cholo manifiesta que para qué necesita mujer si ésta lo va a tener descuidado, con las medias cambiadas, alteradas, de un color y otro color. Es entonces que la mujer, dándose por aludida, le contesta al amante liberal: ¿Y para qué quiero marido si siempre preñada me va a tener…?

Ima para jolgota munayman,

ima para jolgota munayman

patrra sapa purichimanampa,

patrra sapa purichimanampa..

La cachua cerreña, pícara y movediza, es generalmente el remate del huayno; el epílogo. Es el instante en que, a la par que las pulsaciones, los pies se arrebatan en remolinos de picados zapateos. Hombres y mujeres están en el pico más alto de la alegría, exentos de hipocresías y melindres; por eso dejan escapar sus expresiones sin ningún tipos de amarras ni remilgos.

Aceituna, aceituna,

qué bonito color tú tienes;

así soy yo, así soy yo,

chiquitito pero cariñoso.

A veces -enamorado y jadeante-,  el cerreño encendido por los tragos, incursiona en terrenos escabrosos y risueños. Sus referencias amorosas y sexuales, veladas o no, son saetas muy precisas.

Bonita cintura tienes,

anoche te la medí,

con una vara de cinta,

cincuenta vueltas le dí.

!Ay! rosita, rosa                                          Cura durmiendo,

qué estarás haciendo,                                sacristán borracho,

en la noche oscura                                     levanta la sotana….

con el taita cura.                                         !Que siga la jarana…!

            Yo le pegué a mi cholita

            Con un justa razón,

            porque le encontré lavando

             del Pedro su pantalón

Los matices de la cachua son numerosos:

!Ay! chuchulaiqui,                                                 Por tí, negrita,

!Ay! chuchulaiqui,                                                 pierdo la vida;

paltas Tarman niraiqui,                                        ese tu marido

paltas Tarman niraiqui..                                       me matará.

!Ay! siquilaiqui,                                                      A un barranco

!Ay! siquilaiqui,                                                      me echará;

zapallo huancar                                                      los gavilanes

niraiqui.                                                                   me comerán.

Que buena lisura,

que buena vergüenza,

tomando cerveza

en tanta pobreza.

La audacia de la sátira es muchas veces urticante. No hay remilgos ni hipocresías. Cuando el jaranista, -flor de machismo serrano- alardea de sus dotes amatorios y con atrevido desenfado manifiesta.

            A mi me llaman borracho,

                                                     a mí me llaman tunante;

así borracho y tunante,

cambio, cambio, cambio mujeres….

La chola escamada por lo que dice el cantor, en un gesto audaz y reivindicatorio, mirándole de soslayo, le espeta su reproche:

Mituta apamuy,

cerreño cojudo,

huahuata rurashum,

cerreño cojudo.

“Si no puedes hacerme un hijo,  al menos trae un poco de barro para hacer un muñeco, cerreño cojudo”. Un reto abierto, directo y claro que no necesita canción de respuesta, sino el hecho material del contundente desmentido amatorio.

Guitarra cerreña

guitarra cerreñaLa guitarra cerreña, tiene vieja raigambre. Sempiterna compañera de nuestro pueblo, siempre estuvo conmovida en sus más dramáticos momentos. La trajeron los españoles en su alijo de novedades cuando por primera vez hollaron nuestro territorio. Poco a poco se hizo nuestra. Por estricta disposición virreinal sólo determinados pueblos conquistados podían aprender a ejecutar este noble instrumento de señores: Lima, Arequipa, Huamanga, Trujillo, Huánuco y el Cerro de Pasco. En otras poblaciones estaba prohibida. Éstas se conformaron con aclimatar a las arpas.

En nuestra tierra hubo excelentes guitarristas. El más notable de todos fue don Alfredo Arredondo. Artista de notabilísima ejecutoria. Quienes lo conocieron, cuentan que era intérprete de las piezas más notables siguiendo la técnica de los maestros de entonces: Fernando Sor, Francisco Tárrega, Agustín Barrios “Mangoré”, Andrés Segovia, Narciso Yepes, y otros grandes artistas hispanos. El escenario de sus grandes ejecuciones era el sofisticado Café Moka. Allí premonitoriamente se fijaba en una plaqueta los versos de Federico García Lorca:

Las Seis Cuerdas

 La guitarra hace llorar

 a los sueños.

El sollozo de las almas
perdidas
se escapa por su boca
redonda.
Y como la tarántula,
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.

Federico García Lorca
1924

Respecto de la guitarra, decía el maestro Segovia: “La guitarra es una pequeña orquesta. Cada cuerda es un color diferente, una voz diferente. Es un instrumento que se abraza y en el que siempre hay que mover el cuerpo levemente hacia adelante para apoyarla contra el pecho logrando que la poesía de la música resuene en el corazón”.

guitarra cerreña 2Posteriormente apareció otro virtuoso en nuestra tierra. Le llamaban “Ucush” (Ratón) Benavides, dilecto alumno del maestro austriaco Markos Bache. Era un artista que ejecutaba perfectamente lo selecto y lo popular. Tocaba a los clásicos pero también hacia impredecible florilegio de huaynos y cachuas cerreñas en el cordaje de su minera guitarra. Coincidía –salvando tiempos y distancias- con ese inolvidable artista argentino, Atahualpa Yupanqui, que sentenciaba: La guitarra es para mí, un poco el templo donde yo entro a rezar. Cuando yo necesito musitar mi salmo profundo, voy a la guitarra. Por supuesto, no voy a tocar chacareras, que me encantan, ni gatos. La chacarera en Santiago del Estero, la zamba en Tucumán y el estilo en la provincia de Buenos Aires, para mí eso configura toda una atmósfera tradicional y hermosa. Pero para rezar, la vidala. Y la hora no importa, las nueve o las tres de la mañana y no necesito el estímulo del vino, ni de amigos. Respondo al reclamo interior, al “cascabel”, como lo llamaba Ortega y Gasset: cuando se agita dentro de uno el cascabel, es cuando se necesita andar ese camino para ver qué rebaño lo anda buscando”.

 Posteriormente heredaron esas cualidades –(a estar por los informes de mi amigo bohemio y escrutador de la vida de nuestro pueblo, Seferino Dávila, más conocido por “Mister Babas”): el “cholo”, Octavio Llanos;  “Trapito”, Rodríguez; “Mocho” Arriola Aliaga; Jorge Moya Hidalgo;  Félix Ricra; Juan Arias, Dalmacio Dávila Atencio. Octavio Llanos, Francisco Gago, “Chucutero” Medina, Toribio Malpartida, y “Huérfano Solitario” Cuellar. Pero lo que podíamos llamar incomparables, fueron Andrés Russo Peraldo, Edilberto Quintana y Armando Villaizán, (En la fotografía) un trío que llenó toda una dilatada época de nuestra música.

De los que puedo recordar, ya en nuestra apoteósica época de radio, son a Juan Ortiz; Wisvaldo Lactayo, Silverio Laurente, los  hermanos  Sarmiento, Nolio Yabar, Job Suasnabar, Juan Gamonal, Tuto Picón, César Bustamante Guerra, Ángel Aranda, Víctor Romero, Héctor Martel, “Vichi”  Llanos y el “Mudo” Sosa.

GUITARRA MINERA

¡Oh! Guitarra de mi tierra

tienes nombre de mujer,

de mujer tienes las formas,

de mujer los sentimientos

por eso voy a cantarte

como si fueras mujer.

 

¡Oh! Guitarra de mi tierra

dulce, tierna y confidente;

eres con mi lamparita,

mi portaviandas, mis pacas,

dueña amante y compañera

inseparable en mis penas.

 

Si don Alfredo Arredondo

te vistió con lujo y arte

de europeas elegancias,

Wisvaldo te acicaló

con trajes de guarachera,

de criolla y de paisana.

 

Quintana, Villaizán y Russo

fueron artífices contigo,

vibrando en tus intimidades

los secretos del amante

que rendido canta a su amada

hasta rendirla con besos

 

Eres hembra por tus formas,

generosas y abundantes,

tus cabellos son cordajes

tu boca abierta como la mina

que en grito desesperado

canta a la vida minera.

 

Por eso te estremeciste,

muy tierna y enamorada

cuando el amauta cerreño

Gamaniel Blanco Murillo

con sus lágrimas regara

tus maderas femeninas.

 

Cuentan los viejos romances

que los soldados cerreños

de nuestra invicta COLUMNA

con tus trinos se alejaron

de esta tierra bendecida

a la que jamás volverían.

 

Dicen también las historias,

que en los desiertos del sur,

lloraste, hermosa guitarra,

 y en tus  cordajes pendieron

lágrimas conmovidas

de recuerdos y nostalgias.

 

Tú que eres mi compañera

en mis noches de bohemia,

conoces de mis amores,

de mis penas y alegrías,

de mis tristezas sin calma

de mi agonía sin tregua.

 

Tú, amante compañera,

que llorarás cuando muera,

entona en tristes mulizas

con tus trémolos de penas

un adiós, un hasta siempre

de mi tierra tan querida.

DON RAMIRO RÁEZ CISNEROS “El pescador de perlas” (Huancayo 1901 – Cerro de Pasco 1948)

Ramiro RaezDon Ramiro fue un genial compositor y brillante funcionario que dejó un halo de grandeza en la ciudad más alta del mundo. En él se dio una interesante dicotomía. Por un lado era el hombre jovial, alegre, dicharachero y conversador: bohemio de altos quilates; por el otro, el ciudadano serio, acicalado, cumplidor de sus deberes oficiales: circunspecto funcionario ejemplar. Todos lo admiraban francamente. Los testimonios personales de sus amigos, son terminantes. Don Pedro Santiváñez que con  él alternó en hermosos saraos y celebraciones de leyenda, afirmaba. “Ramiro era el alma de la fiesta. Tenía un gracejo especial con sus bromas y chistes a flor de labios; su facundia era proverbial. Impenitente bailarín de nuestra música ciudadana, se las arreglaba a como diera lugar por hacer de la jarana un éxito. Cuando se juntaba con el “Capachón” Minaya, era la de nunca acabar. En un franco ambiente de chistes y carcajadas se desplazaban las horas placenteramente”. Esta afirmación la respaldaban su amigos de bohemia: “Ñahuirón” Malpartida, “Caláver” Díaz, “Togro” Rojas, “Cura” Suárez, “León de la sierra”, “Boquerón” Rodríguez, Manuel “Chino” Shiraishi y otros bohemios

Por otro lado -en el serio- a poco de llegar de Lima donde había estudiado, se adueñó del aprecio y respeto de las personas más connotadas del pueblo; su simpatía, sus notabilísimas dotes intelectuales y su bonhomía contribuyeron a ello. En poco tiempo se convirtió en obligado contertulio de los más exigentes grupos cerreños. Su talento comenzó a hacerse conocido a través de sus artículos periodísticos publicados en los diarios de la ciudad. LA VOZ DEL CERRO DE PASCO, EL PUEBLO, EL ESFUERZO,  y en su inolvidable y jocoso periódico: HIPO.

Acababa de cumplir 21 años cuando fue invitado por don Herminio Cisneros Zavaleta -otro extraordinario intelectual de la época- Secretario General de la Municipalidad cerreña, para que fuera su auxiliar. En este cargo su actuación fue tan brillante que le ganó el aprecio del alcalde y de los concejales de entonces. Es tan valiosa la experiencia que alcanza que cuando don Herminio se retiró, es nombrado en el cargo titular de Secretario General de la comuna. Su prestigio creció enormemente. Su desempeño en el cargo es de tal magnitud que, quienes trabajaron con él, no tienen sino recuerdos gratos por su admirable desempeño.

Don Alberto Benavides de la Quintana que fue alcalde del Cerro de Pasco entre 1945 y 1950, después de leer la biografía que de él publicamos, me dijo: “Lo felicito, profesor. Ha hecho una cabal descripción del talento de Ramiro Ráez. Fue secretario cuando yo fui alcalde del Cerro de Pasco. Al salir de mi trabajo en la compañía, él me esperaba con todos los informes de lo acontecido y los documentos para ser revisados. Yo no hacía sino firmarlos. Fue tan eficiente que no obstante el dramático momento que vivíamos con el prefecto Tovar, mi gestión  en el municipio fue exitosa, gracias a él”.

Cuando en 1926 el Colegio Americano implanta la sección secundaria en sus aulas (Hasta ese momento no se había podido implementar un colegio secundario en nuestra ciudad) don Ramiro es ventajosamente contratado para desempeñar el cargo de Profesor de los cursos de Redacción Comercial, Matemática y Preceptiva Literaria. Sus conocimientos al respecto lo respaldaban ampliamente para ello. Simultáneamente ejerció la enseñanza de esgrima en sus modalidades de sable, espada y florete.

Lo conocí personalmente cuando fui presentado por mi abuelo. Su hijo, Luis Raéz Malpartida, fue mi compañero de estudios en la escuela de Patarcocha donde brilló por su inteligencia, junto con Ricardo Acuaronne Bazán, Agustín Bustamante Montoro, Juan Rodríguez Munguía, Fausto Vásquez, Gustavo Malpartida. Un día que llegué a su casa me entretuve con la magia de su piano sin reparar que don Ramiro había entrado. Cuando le ví, me puse nervioso, pero él, con una amabilidad muy hermosa me pidió que siguiera tocando el piano. Era un hombre maravilloso.

En muchos de mis libros he narrado sus deliciosas anécdotas que escuché a nuestros viejos en sus amicales tertulias. Aquí en mi blog encontrarán también muchas historias donde es el protagonista principal. La más dolorosa es por supuesto el de su muerte. Don Pedro Santiváñez, su amigo y compadre, me contó: “Su señora nos informó que desde muchos días antes venía sufriendo de fuertes dolores estomacales que calmaba con remedios caseros. Lo difícil que estaba la situación aquellos días lo tenía muy preocupado, hasta que el 29 de febrero de 1948, los dolores se hicieron tan insoportables que, a su pedido, la señora le aplicó unos platos calientes sobre el vientre en la creencia de que había sufrido un fuerte enfriamiento que le ocasionaba los cólicos. Cuando los dolores se hicieron insoportables lo transportaron al Hospital Carrión donde el médico diagnóstico una apendicitis aguda. Fue llevado al quirófano. Cuando abrieron el vientre, ya la infección  se había generalizado por que el apéndice había explotado. No había nada qué hacer. No obstante el lavado de la zona afectada murió ante el estupor de todos”.

Sus restos fueron velados en su domicilio y en la municipalidad con asistencia de todo el pueblo.

El dos de marzo a las cuatro de la tarde, todos los cerreños, unidos como un solo hombre, sin hacer caso de la vigilancia policial de la tiranía de entonces, acuden a poner sus hombros para conducirlo a su última morada. Los guardianes de la dictadura de turno, desde lejos, con los ceños fruncidos, torvos, fusil en ristre “vigilaban” el sepelio. Los soplones miraban boquieabiertos la impresionante manifestación de dolor del pueblo minero. Veían cómo, en respetuoso silencio, llevaban a su tumba a un hombre bueno; a un periodista extraordinario, a un poeta popular dulce y galano, a un hombre ejemplar, a un bohemio risueño y jovial que tanto había alegrado a nuestra tierra… ¡Qué recogimiento de la gente cerreña!….¡Qué veneración de un pueblo para un hombre admirable!…. Aquella tarde, acongojada y fría, la tierra minera que tanto había amado le abrió sus amorosos brazos y lo cobijó entre sus entrañas de plata, como a su veta más preciada.

El inolvidable periodista ambino Herminio Cisneros Zavaleta, con el que había compartido innumerables horas de trabajo, escribió en las páginas del EL DIARIO:

“El preclaro, “Pescador de Perlas”, el bohemio exquisito y sugestivo que tan brillantemente cultivara la prosa y el verso en las páginas de EL MINERO, primero y en el HIPO después –órganos periodísticos de perenne memoria en el Cerro de Pasco- ha muerto”.

“La ágil labor intelectual de Ráez Cisneros tuvo facetas múltiples y magníficas. La prestancia de su personalidad singular alcanzó justos relieves de superior jararquía cívica en las vastas regiones del Mantaro y el Huallaga, en los que gozaba de profundas y cordiales simpatías”.

“Conocí a Ramiro en una mañana clara de diciembre de 1922 en la Opulenta Ciudad del Cerro de Pasco. Dirigía yo entonces el diario LA VOZ DEL CERRO DE PASCO y llegó a mi mesa de trabajo con la franca sonrisa que le era habitual y sin preámbulos formamos amistad que, transcurrido el tiempo, llegó a constituirse en el culto de la sincera fraternidad. Durante quince años trabajamos hermanadamente. En la comuna cerreña, ya como empleados, ya como concejales. En el periodismo, en la función pública, en el deporte; en actividades sociales y culturales actuamos inseparablemente. En 1937 al retirarme del Cerro de Pasco por motivos de salud, Ramiro me sucedió en el importante cargo de Secretario General del Concejo Provincial, puesto que ha desempeñado hasta su fallecimiento, con el propio brillo de su talento fecundo”.

“La súbita noticia del deceso de Ramiro ha lacerado mi corazón muy hondamente. Dolor profundo, angustia suprema por el hermano ausente para siempre.

“Los restos mortales de Ramiro reposan en las tierras de la urbe cerreña a la que tanto amamos y a la que ofrecimos en todo momento, el fruto de nuestro intelecto, el cariño de nuestro corazón, el calor de nuestro entusiasmo y el fervor de nuestros idealismos”.

“Desde aquí o donde el destino quisiere llevarme, a su tumba haré llegar, Ramiro mientras viva, las flores del recuerdo imperecedero y de mi afecto infinitamente fraterno”.

                                               Ambo 2 de marzo de 1948. Herminio Cisneros.Z.

Otro de los hombres, amigo entrañable de Ramiro, el yanahuanquino Sebatián G. Benavides -talentoso y extraordinario-  en las páginas de EL MINERO, dijo lo siguiente:

SE NOS FUE RAMIRO

“Ramiro Ráez ha muerto. Tal la frase dolorida, la que los labios trémulos repiten sin poder escrutar los acervos infinitos.

Ha muerto sí, porque en sus labios se extinguió la palabra y en su cerebro la luz que iluminara la ruta de su existir, mas si la muerte es la negación de todo lo material, queda, supervive, la estela refulgente de sus obras.

Ramiro Ráez, sin almibaramientos, fue el valor intelectual que honra la bella y digna tierra huanca, lugar de su nacimiento.

Lo conocí hace más de 25 años y a través de la trayectoria de su vida, lo encontré siempre bueno, siempre íntegro y siempre atento; bohemio de finos kilates, porque es preciso distinguir del bohemio prosaico del bohemio intelectual que es el auténtico bohemio. Su vida fue una eterna quimera como fue quimérico, ese azuloso cielo, que al decir del poeta, no es cielo ni es azul.

Bohemios como Ramiro Ráez Cisneros fueron, Felipe Germán Amézaga y Ambrosio Casquero Dianderas que también pagaron tributos a la tierra después de haber saboreado en estas gélidas tierras andinas, como mágico contraste, el calor, la inquietud enseñoreada de una vida de ensueños e ilusiones que se agota ante la escalofriante realidad de vivir, para renacer luego en un rictus de abstracción del todo lo convencional y prosaico.

Hoy cumpliendo misteriosos designios, formarán una inseparable trilogía en el más allá, en donde acaso no existan tierra, egoísmos maldicientes, ni burdos convencionalismos.

Desde entonces han pasado muchos años y, agradecidos, repetiremos nosotros las palabras de don Gerardo Patiño López, quien con el corazón en los labios, al ver la gran cantidad de flores que cubrían su tumba, dijo: “Gracias, Ramiro; gracias por todo lo que nos has dado. Estas flores que cubren tu losa, así lo proclaman; porque al fin y al cabo, son las mismas flores que estuviste cultivando toda tu vida…”.

Para cerrar esta pequeña estampa recordatoria, sellémosla con un huaino nacido de la inspiración de un momento sublime. Iban exultantes de entusiasmo, “pasaditos de trago” sin  saber qué dirección tomar, los bohemios de aquellos años: Ramiro Ráez, “Ñahurón” Malpartida, “Capachón” Minaya, “Burro” Collao, “Caláver”  Díaz, Pedro Santiváñez, Juanito Arias Franco, Graciano Ricci, “Togro” Rojas, “Boquerón” Rodríguez. En ese momento, a voz en cuello, con un entusiasmo que pronto contagió a todos, don Ramiro cantó:

EL ACEITUNAL

(Huayno)

Borrachito, a dónde vas,                                      ¿Qué le darás si no tienes,

si no te puedes parar…?                                        en el bolsillo ni un real…?

-Voy a casa de mi chola,                                       ¡Deja, deja, le daré:

que me ha mandado llamar.                                Una de mi aceitunal….!

 

                                                                                              ESPUELA

Ella dice que me quiere,                                       ¿Dónde estará, ese licor,

aunque borrachito soy,                                         cholita para olvidarte

porque todo lo que pide,                                       falta valor,

con cariño se lo doy.                                           Para olvidarte.

……                                                                 Falta valor.

Letra y música de don Ramiro Ráez (1937)