LAS CALLES DEL CERRO DE PASCO (Cuarta parte)

Calle Libertad.- Es una calleja estrecha, ubicada en la parte posterior de la Iglesia Chaupimarca. Inicialmente recibió el pesaroso nombre de CALLE DE LA AMARGURA. La razón es que ahí había una puerta que conducía a la sacristía por donde sacaban a los difuntos después de los servicios religiosos, listos para el sepelio. En terrenos ocupados actualmente por el Mercado del “Baratillo”, estaba ubicada la Cárcel Pública, tan insegura, que los presos se escapaban cada cierto tiempo, especialmente el cuatrero Edilberto Espinoza “Mishicanca”. En esta calle cayeron, abatidos por las balas represivas, el 1º de diciembre de 1908, Alfonso Limas, Abraham Rantes, Ernesto Tello Véliz, Gerónimo Peña y Mariano Pérez, defensores de la integridad territorial del Cerro de Pasco.  El pueblo, con una lucidez extraordinaria y un acierto preciso le ha puesto  el nombre de LIBERTAD.  En  ella se fundó la Benemérita Compañía de Bomberos (1901) que todavía sigue en servicios. En esta arteria tuvieron sus propiedades  la Testamentería Guzmán, Cipriano Proaño, Ricardo Alania, Testamentería Malpartida, Cayetano Rojas. En frente de la compañía de bomberos, la primera agremiación laboral cerreña, la Sociedad de Obreros Billinghurst (1912).

La calle Libertad en los últimos instantes de su vida, luciendo puertas y ventanas clausuradas antes que sus dueños la vendieran. Prácticamente está muerta.
La calle Libertad en los últimos instantes de su vida, luciendo puertas y ventanas clausuradas antes que sus dueños la vendieran. Prácticamente está muerta.

CALLE  MALPARTIDA.- En esta calle estaba edificada la casa solariega de los Malpartida, distinguida y cerreñísima familia de muchos merecimientos. En sus muros transcurrió la vida de muchas generaciones -siglo XVII y comienzos del XVIII- cuando don José Maíz y Arcas dejara a su descendiente don José Maíz y Malpartida, no sólo el título de Marqués de la Real Confianza, sino también una amplia mansión. Se contaba que el marqués, hizo su entrada triunfal en la ciudad de Tarma para pedir en matrimonio a la bella dama de aquel lugar, doña Ángela de la Canal, con quien se desposó en una boda suntuosa sin precedentes. El nieto, don José Malpartida Cuestas, casado con la dama cerreña, Romualda Franco, vivió por muchos años ahí. En esta casa solariega se  efectuaban las tenidas masónicas de fin de siglo antepasado y, en 1943, acunó el nacimiento de nuestro Colegio Daniel Alcides Carrión. Siguiendo disposiciones gubernamentales, a esta arteria se le llama PUNO.

CALLE PARRA.-  Es una de las pocas que no perdió su nombre hasta su triste desaparición. Hoy en día es parte del horroroso “Tajo Abierto”. A lo largo de su historia en ella han funcionado importantes instituciones. En una de sus amplias casonas residió el notable escritor y periodista argentino, Manuel de Parra. De ahí su nombre. En esta calle de pórticos amplios y vistosos, estuvo ubicada la Casa de la Moneda y la Fundición de Barras de Plata del Cerro de Pasco, que mucho más tarde fue ocupado por la Comisaría Policial. En la parte alta del frontispicio había una piedra tallada con el nombre de la Fundición.

Calle ParraA sí mismo, en amplio patio enmarcado de balcones corridos de fino cedro y mamparos de amplia cobertura, funcionaba el Banco de Perú y Londres que tuvo descollante papel en el movimiento económico de fines del siglo antepasado. Al extremo norte y a la vera estuvo el campo deportivo de la comisaría,  colindante con el viejo barrio de Cayac, donde estuvo el local del Consulado de Su Majestad Británica. Muchas fueron las familias de la rubia albión nucleadas en este consulado que dejaron descendencia. Stone, Ferguson, Taylor, Wilson, Mac Donald, Woolcott, Colerigde, Slee, Brown, Mac Intosh, Steel,…etc.

 

En esta calle residían, don Eugenio Malpartida, Gregorio Arrieta, Benjamín Malpartida, José Aníbal Malpartida, Luisa de Rosazza, Lidia Portillo, Ernesto Martel, Rosa Rodríguez, Josefina Santa María, Guillermina de Úngaro, Federico Malpartida, Manuel Demosti, Petronila Alcántara, Guillermo Malpartida, Manuel Boudrí, Sixto Venegas, Ricardo Proaño, Talía López Viuda de Patiño, Gerardo Patiño López, Pedro Vidal Coz, Atilio León y otros vecinos. En esta arteria funcionó la Prefectura de Junín; la subprefectura; el Juzgado de Primera Instancia; Correos y Telégrafos, el Banco del Perú y Londres; la Fábrica de Aguas Gaseosas de Manuel Péndola y Leonardo Marcos; Platería de Alejandro Rodríguez; Establecimiento de Pablo Angulo, el colegio particular Isidoro Suárez; el Instituto Cerro de Pasco del maestro Manuel Dávalos. Últimamente la sastrería de Eliseo Malpartida, imprenta EL CERREÑO de Martinench – Galarza; Notaría de Modesto Tello Véliz, Fábrica de Jarabes y Caramelos de Tulio Portal. Esta calle era muy transitada por que la unía con la mina de Lourdes.

LA CALLE DEL MARQUES.-  Una avenida larga y pintoresca por la que se unían los barrios “Bajos” de La Esperanza, Santa Rosa, Buenos Aires, Cabracancha, Champamarca , La Docena, Ayapoto, Curupuquio y El Misti, con los barrios “Altos” de la ciudad, Se llamaba del marqués porque en ella vivió Don José Martín de Muñoz y la Serna, Primer Marqués de Santa María de Pacoyán. Su título nobiliario lo recibió a principios del siglo XVIII y confirmado por el Rey Felipe V, el día primero de noviembre de 1716. La casa del marqués con puerta de caoba maciza enclavada en el umbral de pedrería, trabajada en arco, daba acceso a un patio amplio y magnífico donde estaban las habitaciones interiores, espaciosas y cómodas que, con el andar del tiempo, devinieron en vetustos y misteriosos caserones, escenario de citas culpables y guarida de facinerosos.

Subida de Santa Rosa en la que se contempla las primeras instalaciones de la compañía norteamericana ya abandonadas (Se trasladaron a Lourdes) pero enfrente, con un carro a la puerta, el famoso Hotel Venecia del chino Lam. El primero en llenarse con pasajeros del ferrocarril que venían de Lima por ferrocarril
Subida de Santa Rosa en la que se contempla las primeras instalaciones de la compañía norteamericana ya abandonadas (Se trasladaron a Lourdes) pero enfrente, con un carro a la puerta, el famoso Hotel Venecia del chino Lam. El primero en llenarse con pasajeros del ferrocarril que venían de Lima por ferrocarril

Al finalizar el pasado y comenzar el presente siglo, llegaron a afincarse gran cantidad de chinos y japoneses que la saturaron de peluquerías y fondas, antes que éstas devinieran en chifas. La llegada de los chinos –solo hombres- permitió que formaran hogares con mujeres cerreñas; no así los japoneses que llegaron acompañados de sus esposas

La nómina de la Cámara de Comercio nos habla de los negocios de los japoneses, Juan Shimazu, Ito Takashen, Víctor Nagata, Manuel Taguchi, Simón Kakuda, Víctor Yokota, Luis Numata y Julio Morita. También los chinos, Manuel Cheng, Juan Lam,  Domingo Hop-Hen, Li-Whon-Chang etc. En las noches de  alegres fiestas citadinas, las puertas y ventanas de estos negocios lucían atractivas farolas de artesanía asiática. Todos ellos encontraron generosa acogida de parte del pueblo cerreño. La llegada de la Segunda Guerra Mundial con toda su secuela de rivalidades y persecuciones, tras el  osado  ataque a Pearl Harbour, determinó que tuvieran que abandonar nuestro territorio gran cantidad de asiáticos por la presión de los yankis,  Muy pocos, quedaron en sus linderos: Lam, Cam-pong (apellido más tarde fue castellanizado por Campoa), Shiraishi, Yokota, Morita, Noda, Takishan, Shimazu.

Retrato de la familia japonesa en el Cerro de Pasco
Retrato de la familia japonesa en el Cerro de Pasco
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PUEBLO MÁRTIR DEL PERÚ CRONOLOGÍA DEL CERRO DE PASCO SIGLO XIX

pueblo martir 142.- En 1806 se empieza el trabajo en el socavón  de Quiulacocha que termina en 1856 con el avance de 3,340 metros, a 32 varas por debajo del socavón de San Judas.

43.- El suizo Francisco Ubillé, conocedor de los problemas de desagües de las minas del Cerro de Pasco, visita Inglaterra y compra una máquina a vapor de Richard Trevithick para instalarla en una mina cerreña. Se asocia con Pedro Abadía y José Arismendi y en connivencia con los propietarios de minas y vuelve a Inglaterra a comprar más máquinas.

44.- En 1814, el equipo comprado por Ubillé es embarcado con destino al Cerro de Pasco y dos años después, comienzan a funcionar en santa Rosa, Cayac y Yanacancha.

45.- En 1816, con la dirección del mismo Richard Trevithick, comienzan a funcionar las primeras máquinas a vapor de Sudamérica.

46.- El 26  de febrero de 1812, bajo la presidencia de José María de Ulloa, subdelegado de Pasco, se juzga a los plateros revolucionarios Mariano Cárdenas Valdivieso, Manuel Rivera Ortega, y a fray Mariano Aspiazu por haber irradiado ideas subversivas en todo el centro del Perú desde el Cerro de Pasco. Sus proclamas y pasquines van a alimentar el movimiento que más tarde se escenifica en Huánuco.

47.- El 17 y 18 de marzo de 1812, el intendente de Tarma, Joseph González de Prada, vence a 1500 indios rebeldes en el puente de Ayancocha. Los revolucionarios sonde Pillao, Santa María del Valle, Panao, Acomayo, Huamalíes, Conchucos. Los cabecillas son ajusticiados y los sobrevivientes condenados a trabajar en las minas del rey en el Cerro de Pasco.

48.- A lo largo de 1816 se instala en las minas cerreñas las primeras bombas a vapor traídas por Richard Trivithick por gestión de  Manuel Ubille y Arismendi. Esta innovación acarrea enorme progreso para nuestra minería.

49.- El 19 de agosto de 1820 parte la expedición libertadora de Valparaíso el Perú y al amanecer el 8 de setiembre desembarca en la bahía de Pisco. De aquí sale Juan Antonio Álvarez de Arenales con el fin de conseguir la libertad del Perú. Así lo hace en los pueblos siguientes. La ciudad de Ica, el 21 de octubre de 1820; Huamanga en noviembre ; Huancayo el 20 de noviembre; Jauja el 22 de noviembre; Villa de Huaura 27 de noviembre; Tarma el 29 de noviembre de 1820. En todos esos pueblos no han encontrado resistencia alguna de los españoles.

50.- La mañana del 6 de diciembre de 1820, se efectúa la primera importante batalla por la independencia del Perú en el Cerro de Pasco. Triunfan las fuerzas patriotas. En la tarde se efectúa un Cabildo Abierto donde eligen a las autoridades del Perú independiente.

51.- La mañana del 7 de diciembre de 1820, El patriota cerreño don Manuel de Arias, jura la independencia del Cerro de Pasco. En un error sin precedentes, San Martín ordena que las fuerzas patriotas marchen a Huaura originando la venganza realista que terminó por matar a gran cantidad de cerreños e incendiar la ciudad minera.

52.- El sanguinario Carratalá, dueño del Cerro de Pasco, asesina a doña María Valdizán, preclara luchadora por la libertad y quema sus propiedades después de adueñarse de todo lo que encuentra. Las mujeres cerreñas dan sepultura a esta insigne luchadora. Mientras los realistas destruyen totalmente las maquinarias de desagüe de las minas.

53.- Proclamada la independencia del Perú, el Congreso Nacional de 1823, por ley de 4 de noviembre cambia el nombre de Intendencia de Tarma por el de Prefectura de Huánuco en armonía con la nueva forma de gobierno. Lo conformaban las siguientes provincias: El Cerro de Pasco, Huancayo, Junín, Tarma y Yauli.

54.- Un año después, el 6 de agosto de 1824 en las pampas de Chacamarca, comprensión de Junín (antes los Reyes), el ejército patriota obtiene una gloriosa victoria para nuestra armas en cuyo homenaje la Prefectura de Huánuco cambia de nombre por el de Departamento de Junín, siendo su capital la ciudad de Huánuco. Al Cerro de Pasco se la denomina entonces: DISTINGUIDA VILLA  DE PASCO.

55.- El 10 de octubre de 1836, el general Santa Cruz divide en dos partes el departamento de Junín: Junín y Huaylas. Junín comprendía las provincias de Jauja, Pasco, Huánuco, Cajatambo y Huamalíes. Como capital se nombra a la ciudad de Tarma.

56.- El 27 de noviembre de 1839, el Congreso Constituyente de Huancayo determina que a la Distinguida Vila de Pasco, se le denomina OPULENTA CIUDAD DEL CERRO DE PASCO. Rubrica esta ley el Presidente Provincia de la República, el general Agustín Gamarra, el 10 de enero de 1840.

57.- El 30 de octubre de funda el banco de Rescate y la Casa de la Moneda que la ubican en La Quinua.

58.- El 31 de diciembre de 1851, el Congreso de la República Peruana “considerando su posición, importancia comercial y otras circunstancias favorables”, designa a la ciudad del Cerro de Pasco capital del Departamento de Junín, con las siguientes provincias: Huánuco, Huamalíes, Pasco, Tarma y Jauja.

59.- El 7 de febrero de 1846 se funda la Sociedad de Beneficencia Pública con su primer presidente el sabio arequipeño, Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz,a la sazón prefecto del departamento de Junín.

60.- Por Decreto de 23 de julio de 1852 y con reafirmación del Jefe Supremo de la República, el general José M. Raygada, el 16 de diciembre de 1857, se divide la ciudad del Cerro de Pasco en dos distritos urbanos: Chaupimarca  y Yanacancha.

61.- Nuestro mártir Daniel Alcides Carrión García, nacido en Quiulacocha el 13 de agosto de 1857, es inscrito como nacido en la calle  Cruz Verde del Cerro de Pasco.

 62.- Después de ochenta años de haber desempeñado la función de capital del Departamento de Junín con altura y sacrificio, por incalificable y torpe determinación del tirano Luis Miguel Sánchez Cerro, la capital del departamento es trasladado a Huancayo mediante el Decreto Ley Nº 7001 de 15 de enero de 1931.

63.- Después de 29 años de haber sido reducido a simple provincia, gracias al empeño y pujanza de sus hijos, se crea el Departamento de Pasco por Ley Nº 10030 de 27 de noviembre de 1944, con tres provincias: Pasco, Daniel Carrión y Oxapampa. Su capital, la ciudad del Cerro de Pasco.

64.- El 5 de abril de 1879 Chile nos declara la guerra y nuestra juventud conforma la gloriosa Columna Pasco que sale a luchar a las fronteras el sur. Todos murieron en ese patriótico fin. Cuando los invasores estuvieron a punto de ingresar a Lima, ancianos y niños que quedaban en la ciudad, conforman una nueva “Columna Pasco” que viaja a defender a Lima. Fatalmente la desorganización cunde y muchos mueren, otros son prisioneros y muy pocos vuelven.

65.- El año de 1884, el cónsul de Estados Unidos en el Callao H. M. Brent dirige sendas cartas a los capitalistas de su país a fin de que inviertan en las minas del Cerro de Pasco. Muchos se aprestan a estudiar las posibilidades existentes.

66.- En julio de 1884, la “Compañía del Ferrocarril de la Oroya al Cerro de Pasco, transfiere sus derechos a Miguel Grace el mismo que obtuvo del gobierno de Miguel Iglesias una renovación del contrato firmado el 27 de enero de 1885.

67.- Debido a la publicidad desplegada, llegan los ingenieros norteamericanos Hodges y E.E. Olcott que por cuenta del sindicato Mac Kay, realizan sondajes diamantinos en varios lugares de la ciudad cerreña y localizan extraordinarios yacimientos de cobre de alta calidad. Comenzaba el año de 1877.

68.- En 1890 alcanza notable crecimiento la fundición de HUAMANRAUCA en el  Cerro de Pasco a cargo de la empresa Gordillo.

69.- El ferrocarril central llega a la Oroya y recibe autorización para su funcionamiento diario.

70.- En 1895 el Congreso promulga la ley que ordena recoger todo lo referente al socavón de Rumiallana declarándose que ésta es propiedad del Gremio de Mineros del Cerro de Pasco.

71.- En 1897 se instala el Directorio Nacional de Minería presidida por don Elías Malpartida, minero cerreño en integrada por Jacobo Backus, José M. Cantuarias, Hermann Dens, Alejandro Garland, Federico Gildemeister, Eduardo de Habich y Esteban Montero. Ese mismo año George Steel está trabajando las fundiciones de Pucayacu en el Cerro de Pasco.

72.- En 1899, por Resolución Suprema se otorga la concesión para construir el ferrocarril de la Oroya al Cerro de Pasco a don Ernesto Thorndike, con privilegio exclusivo por 25 años.

73.- A comienzos del año 1900, la producción de cobre  de alta calidad en el Cerro de Pasco es notable.  Se exportan doce mil toneladas en barras y 5,200, en matas.

 

 

Reseña Histórica de la Fundación de Oxapampa Por: Alberto Schlaefli H (Primera Parte)

Fotografía tomada a la puerta del desaparecido local de la municipalidad provincial de Oxapampa en la que, conjuntamente con los concejales está don Alberto Schlaefli H, autor de la nota que engalana nuestro blog y lo publicamos con su permiso expreso en ese momento, como un honor especial. También está el encargado de nuestra filial de Pasco y, de cuclillas, los alumnos de la Universidad cerreña: César Pérez Arauco, Nectalio Acosta Ricce y Emilio Ricaldi Mariscal. Era nuestro primer trabajo de campo a mediados del año de 1961.
Fotografía tomada a la puerta del desaparecido local de la municipalidad provincial de Oxapampa en la que, conjuntamente con los concejales está don Alberto Schlaefli H, autor de la nota que engalana nuestro blog y lo publicamos con su permiso expreso en ese momento, como un honor especial. También está el encargado de nuestra filial de Pasco y, de cuclillas, los alumnos de la Universidad cerreña: César Pérez Arauco, Nectalio Acosta Ricce y Emilio Ricaldi Mariscal. Era nuestro primer trabajo de campo a mediados del año de 1961.

Entre los años 1837 y 1840 Don José Rufino Cárdenas logra instalarse en Huancabamba como tronco de la más numerosa familia que hoy la puebla: Este hombre valeroso y enérgico logra interesar por la montaña de Huancabamba a muchas personalidades de Pasco, entre ellas a don Esteban Bravo y a don José Gregorio Rivera. Entre 1856 a 1857 estos tres personajes logran interesar al Prefecto de Junín, por entonces el Sr. Bernardo Bermúdez, para que el ingreso de los Colonos Austro-Alemanes destinados al Pozuzo, se efectuara por el valle de HUANCABAMBA. Para ello consiguieron abrir un camino que siguiendo a bifurcación de las aguas del Huancabamba y el Acobamba (Ingenizú), llegó al paraje Patacocha cerca del Cerro Pino. Este camino arrancaba de la Hacienda Espíritu Pata, pasando por Santa Bárbara y Shuiba, quedando en Patacocha; porque los de Huánuco consiguieron que los Colonos se introdujeran por la Hacienda Alcas y Acobamba, quedando estancados en la quebrada de Santa Cruz, precisamente al pie de Patacocha.

Sabemos que en el año 1857, llegó a nuestras playas el primer contingente de los 10,000 Colonos que debía introducir al Barón de Schutz y, 10 años más tarde, Sconland 5,000. De los primeros llegaron solamente 200 a la tierra prometida después de haber abierto personalmente la senda para llegar al Pozuzo, durante dos años entre Santa Cruz de Acobamba y Pozuzo. Los segundos Colonos pudieron pasar por Huánuco – Panao al Pozuzo, pero sólo llegaron unas 100 personas; estas y los primeros quedaron abandonados a su suerte en medio del bosque sin caminos, ni conexión alguna con el exterior, olvidados.

Entre 1870 a 1875, los huancabambinos, don José Rufino Cárdenas, Esteban Bravo y otros, queriendo conectarse con el Pozuzo, emprendieron la apertura de una trocha, que partiendo de la Hacienda de Palma Pampa por Yanachaga, Piripinto y Cajonpata llegaron al Pozuzo. Por esta especie de camino principiaron a salir Colonos del Pozuzo a radicarse en Huancabamba. Entre estos se contaba a un bohemio, un señor noble Baron Ernesto Von Müllenbruck. Alrededor de este inquieto señor principiaba a vislumbrase la salida de muchos vecinos del Pozuzo a tierras más hospitalarias. Así fue que comisionado por la familia Müller, compuesta por 4 mozos, pertenecientes a la primera Colonia (cuya energía y laboriosidad lo indica en sus memorias, el muy recordado y venerable R.P.F. Bernardino González, uno de los grandes exploradores de esta montaña) que consiguiera la compra de los terrenos de Tingo de Huancabamba, de la dueña Señora Vda. De Aldecoa, rica minera de Pasco. Conseguido esto, el señor Müllembruck, sale de Pozuzo con su Familia y se radica en el vecino pueblo de Paurcartambo y, en HUANCABAMBA, los señores mencionados, hermanos Müller (Matías, Humberto, Conrado y Walter) con sus respectivas familias. Siguiendo el éxodo se recuerda a Tomás Schautz, José Heindinger, Eliseo Schrader, José Müller, Francisco Ruffner, Andres Zavanik, Juan Haunde y algunos más. Estos últimos no pudiendo conseguir terrenos propios, venían arrendándolos de los hacendados y, prestando a la vez sus servicios, como que todos eran artesanos, mecánicos, carpinteros, curtidores, zapateros etc.

Entre tanto el señor Müllembruck, que residía en Paucartambo, añorando posiblemente los días grandes del Virreynato, junto a la residencia del que fue gran señor y dueño de estas tierras, señor Sandoval, Conde de las Lagunas, donde como buen noble, venía estudiando lo que éstos habían hecho por estas tierras de Dios y que se las tenía como lugares, donde Sandoval y los suyos trabajaban explotando el oro; (así) vino a conocer a los familiares del Cura Cámara, Párroco que fue de Paurcartambo, estos ofrecieron al señor Müllembruck, venderles sus terrenos de Chontabamba y a la vez enseñarles un lavadero de oro, de donde dicho cura y sus familiares habían sido expulsados por los salvajes indios Amueshas, que habían quemado y destruido todo, salvando milagrosamente la vida, (años 1870 al 1877).

Müllembruck inmediatamente se vino a Huancabamba y como ya residía la familia Bottger en esa, les manifiesta su propósito de conocer Chontabamba, donde se le había dicho de lo grande y hermoso de la quebrada interesando así a un grupo que estuvo compuesto por el mencionado, Eliseo Mullembruck, Pablo Bottger Schrader, y Juan Handle, esta expedición se emprendió el año de 1878.

Llegaron siguiendo la izquierda del Churubamba al parejo Gramazú, donde encontraron un convento, el que había sido fundado por el Padre Tomas Hermoso, en el 1877. Con halagos y regalos a los indios amueshas y guiados ya por éstos, atravesaron el valle, el que estaba densamente poblado por amueshas, no habiendo kilómetro, en que no se encontraran casas y chacras de los Indios.

La sorpresa de estos no tenia limites al contemplar el extenso valle que se les presentaba a su vista. Así pasaron propiamente el valle de Oxapampa, entrando al de Chontabamba, insensiblemente y efectivamente pudieron precisar el lugar, donde tuvo sus propiedades el cura Cámara. Ubicándose de inmediato el señor Müllembruck en el centro de este ultimo valle poniéndole por nombre: Chacra Victoria. Regresados éstos, inmediatamente convinieron en comisionar al señor Enrique Bottger, para que insinuara a los Colonos del Pozuzo, se trasladaran al valle de Oxapampa, comprometiéndose a la conquista de la tribu y correr la tramitación y expediente para que llegaran a ser dueños de las tierras, el lugar de clima benigno y de posible porvenir más halagüeño.

He ahí fundada e iniciada la Colonización de Oxapampa; Enrique Bottger merece el bien de la Patria; cumplió ampliamente su cometido. Las autoridades del Cerro de Pasco le prestaron apoyo amplio, asimismo la prefectura de Junín, radicada por entonces en Tarma, destacándose muy especialmente el Subprefecto de Pasco señor, Evaristo Chávez Rey.

Enrique Bottger sufrió si grandes contratiempos cuando pretendió trasladar el total de Colonos del Pozuzo. Huánuco se opuso enérgicamente y los Pozuzinos menos aventureros, siguieron haciendo su vida de vegetación. Los esforzados, los que no tuvieron temor a la lucha, se vinieron; estos primeros fueron: Jorge Hassinger, Augusto Gustavson, Koell y otros, quienes iniciaron los primeros rozos y sembríos (año de 1890)

El 18 de Agosto de 1891 salen del Pozuzo las primeras familias compuestas por los hermanos Mayer, Loechle, Gustavson, Hassinger, Koell, Waller, Lercher, Richle, Jaeger, haciendo un total de 46 personas.

En el año 1892 se vinieron la mayoría de los que se hallaban diseminados en el valle de Huancabamba, a excepción de los Hermanos Muller, Randolf. Siguen viniendo e incrementando la población elementos nacionales, los que se radicaron en el valle de Chontabamba. Este año la Colonia recibe un gran beneficio: El señor Genaro Sánchez Menéndez y su suegro, anciano ya, Sr. José Rufino Cárdenas, decide abrir con sus propios recursos y operarios dirigidos por el Señor Augusto Rubio un camino de herradura a Chanchamayo, que lo conecta en Sogormo siguiendo el antiguo Camino Incaico utilizado en el tiempo del coloniaje al Histórico Cerro de la Sal (1)

En 1895 Oxapampa recibe un nuevo contingente de Familias que vienen de la Costa, ilusionados por las maravillas que pintaba el entonces Director de la Colonia Don Jorge Hassinger, éstos fueron: Claudio Girbao y familia, Mauricio Moses, José Vogel y Señora, Rodolfo Schlaefli y familia y, en 1896, de Huancabamba, los tantas veces mencionados Hermanos Müller.

La extensión del Valle o valles ocupados se extendía en el año de 1896, de las orillas del Santa Cruz, Valle de Cantarizú, hasta San Daniel, pasando por Oxapampa y el valle de Chontabamba, registrándose 82 propiedades, que sumaban 5,650 hectáreas, a las que había que agregar las que fueran adquiridas anteriormente, como son los terrenos del convento de Quillazú, Victoria de Müllembruck, Santa Rosa de Müller y algún otro que hace mas de 6,000 hectáreas en total, contra 1,960 que sumaba el total de nuestra primera flamante Colonia del Pozuzo.

Desarrollo de la Colonia

Esta tuvo las mismas penalidades que la del Pozuzo. La más seria fue el peligro de vivir rodeado de indios semi-salvajes: los amueshuas, que históricamente resultaban ser los más feroces. Hay que recordar que en el año 1896 hubo una amenaza de sublevación; formándose entonces por este motivo, la Guardia Urbana, que estuvo compuesta por toda persona que podía portar un arma. Con esto hay que recordar, que muchos caballeros del Cerro de Pasco, obsequiaron armas, las que llegaron a 30 carabinas más o menos.

Debe hacerse recuerdo de esta pintoresca guardia de mozos de porte marcial, que lograba imponer cierto respeto; el jefe fue el Señor Jorge Hassinger, el instructor el señor Don Federico Jaeger, hijo de un Oficial Austriaco. Los ejercicios comunes se hacían provistos de escopetas, todos tenían a gala ser el mejor tirador, el que mejor marcaba el paso, etc. Las marchas se hacían al son de acordeón y tamboril. No había fiesta religiosa, misa solemne o algún matrimonio de los miembros de la guardia, que no estuviesen acompañados del pequeño regimiento oxapampino, y en la hora culminante del acto, su respectiva salva del fuego al unísono. Esta fue nuestra defensa y cierto respeto para los extraños. El mismo que utilizo el R.P.F. Hermoza en 1876 y más adelante el R.P.F. Salas, Hernández, Battler, Colina y Dallas para fundar el Convento de Quillazu. (1882 al 1885) en entonces simples sendas y trochas.

Caminos: El esfuerzo personal y colectivo de los Colonos fue el único medio de quedar en contacto con el exterior. A principios de la Colonia pudo limpiarse y mejorarse el Camino Incaico de Culebramarca con el apoyo de la comunidad de Pasco, mandada por las autoridades de la provincia y dirigida por el Señor Enrique Bottger y Conrado Muller, sirviendo de sobre estantes y trabajadores a la vez todos los vecinos del lugar.

Salubridad: Los primeros médicos fueron el Sr. Conrado Müller aficionado a la cura homeopática y su esposa señora Manuela Álvarez, en la curación de heridas muy especialmente. Sucediendo a éstos la señora Federica H. de Schlaefli, la que durante más de 30 años se dedico a curaciones. Debe hacerse notar que el capital humano fue defendido constantemente y no pasaba año que no se hiciera vender vacuna antivariolosa, siendo así que la mortalidad infantil fue casi nula.

Instrucción: Desde los primeros días de la Colonia fue ésta una preocupación constante, el señor Mauricio Moses, se daba particularmente y el señor Ernesto Müllembruck fue el primer preceptor nombrado por el Municipio de Cerro de Pasco. En 1897 y como inspectores visitadores de la misma Don Conrado Muller y Rodolfo Schlaefli. La vida Social se desarrollaba en un ambiente de cordialidad constante, las nuevas familias venidas, trataban de enseñar la confección de trajes más a la moda, las que aunque de simple orlandilla, iba mejorando la estética de la Oxapampina, llegando al grado, que se le encuentra hoy.

Ingenieros: Se recuerda con gratitud al señor Augusto Gustavson, hombre inteligente, quien trazo los primeros linderos, los primeros caminos con gradiente suave y finalmente construyo los primeros puentes sólidos, sobre arena deleznable. En conjunto hay que reconocer, construcciones de casas de madera, maquinaria para elaborar azúcar como trapiches, peladoras de café, etc. todo salía de manos de estos primeros Colonos sin necesitar para ello el hierro, ni aun los clavos.

Visión del Futuro: Se tiene que reconocer que los primeros habitantes de Oxapampa, calcularon muy acertadamente y con todo desprendimiento, la reserva para la formación del pueblo de Oxapampa: 180 hectáreas en el centro del valle, como dice la Resolución Suprema del 4 de Mayo de 1899, que habiendo dejado sus lotes ya rozados y trazados, el lote # 0, denominado Santa Rosa, para la formación del pueblo. En el transcurso del tiempo, los primeros Colonos, lo defendieron, como suelo decir, a capa y espada y así pudo llegar libre de las ambiciones latifundistas a nuestros tiempos; queda a los actuales seguir defendiendo este patrimonio para la formación de una gran ciudad.

Oxapampa 2

Continúa….

LOS INSURGENTES DE PASCO (Primera parte)

los insurgentesTodos los días, desde las primeras horas, en clima totalmente nivoso, dos jinetes muy jóvenes partían de la casa paterna de Oyarzabal a difundir un mensaje escueto y preciso: “El domingo, a las tres”. Nada más. Todos lo entenderían. Había que ser cuidadosos con los recados por los soplones que siempre abundan. Uno cabalgó por tierras  del Huallaga convocando a pueblos de la ruta; el otro, por la inmensa meseta de Bombón, avivando la rebeldía de los hombres.

A las tres de la tarde -como habían convenido- el Director de Debates  agitaba la campanilla. La sala estaba llena de hombres abrigados con ponchos de lana, birretes, sombreros lanudos, bufandas, sacos de cuero con sendas huaracas cruzándole el pecho. Allí, de pie –mirada aquilina- Antonio Tolentino, el líder que los había convocado, los contemplaba con mirada de aprobación. Una sonrisa de complacencia se escorzó en su rostro. Nadie sabía de dónde había aparecido. Su escondite era un secreto bien guardado. Había que prevenirse de las traiciones. Viviendo a salto de mata, perseguido encarnizadamente por la justicia oficial española, estaba ahí, incólume, para insuflarle  ánimo a sus paisanos. Había recuperado enormes pastizales de la otra banda del río Yuragcarpa que confina con los de Llacsahuanca para expulsar a Resines, arrendatario de la estancia Racracancha, sirviente del  Teniente Coronel del Batallón de Infantería de Lima, Conde de la Vega del Rhen, otro cogotudo explotador como el aniñado Conde de San Isidro. Ambos mantenían sus títulos con los dineros de las minas cerreñas y el ganado de los pastizales comunales. De pie, con el continente de un guerrero; pelliza de cuero, chompa de lana y bufanda de alpaca, pasó la vista por el auditorio que automáticamente produjo un silencio respetuoso. Aclarándose la voz, comenzó diciendo:

— ¡El Corregidor, Avellafuertes es extremadamente abusivo, lejos de administrar justicia, la festina –un rugido de aprobación resonó en la sala-  Nadie puede llamarle la atención, por eso se cree un dios; todos estamos cansados de comprobarlo diariamente. Pensar en un viaje a Lima para reclamar una imparcial administración de justicia, es poco menos que imposible; no sólo porque su costo y riesgos lo hacen impracticable, sino porque en la mayoría de casos, -por no decir la totalidad- la Audiencia termina apoyándolo. Ante estos inalcanzables remedios legales, no nos queda sino la rebelión. Es el único medio efectivo para oponernos al Corregidor opresivo!

—- ¡Esta es la verdad; la pura verdad!. – Grita Sebastián Huaricapcha, de Ninagaga- No es necesario darle más vueltas al asunto. Esta es la causa principal por la que nuestro inca Juan Santos Atahualpa se levantara en nuestra selva arrojando a tantos ilegales de territorios que sólo a los chunchos les pertenece. Hasta su levantamiento, de nada sirvió alegatos y petitorios. Nada se había conseguido. Lo único que nos queda, es hacer sentir el peso de nuestra indignación que está respaldada por la razón. – ¡Siiii! Una oleada de furor ratifica lo que el delegado dice.  De todos los rincones de la enorme sala se levantan puños cerrados de indignación y trepidantes voces respaldaban las propuestas de continuar con la revolución. Una rabia incontenible unifica las actitudes de los asambleístas. —- ¡Nosotros, los indios –gritó Melecio Atencio, personero de Rancas- somos tratados peor que bestias salvajes. Estamos obligados a tributar; a trabajar en las mitas mineras de las que casi nadie sale vivo; obligados a vivir en el pueblo que nos han fijado sin siquiera tener opción de viajar de un sitio a otro; y ahora nos horroriza pensar en lo que están maquinando los malditos chapetones…!!!

—- El año pasado, -interviene Inocencio Gora, también de Rancas- gracias al coraje de nuestros hermanos  pudimos enfrentar al terrateniente, Conde de San Isidro, desgraciado chapetón, que pretendía cobrar el arrendamiento de Cuchis, como si fueran de su propiedad. ¡Esas tierras son nuestras! ¡Nos las legaron nuestros antepasados! ¡No tenemos que pagar nada! ¡Desgraciados!.

—- Estos malditos españoles han llegado a extremos inauditos porque no sólo contra nosotros ejercen su desmedido apetito, sino también entre ellos; recuerden el lío descomunal entre don Bernardino Gil de la Torre contra don José Antonio Fuster….- alega Rumindo Ricapa de la Villa de Pasco.

—- Bueno, don José Antonio Fuster, por lo menos es vecino de la Villa de Pasco. Siendo cuñado de doña Gerarda de Beraún,  dueña de ganado lanar en la estancia de Bombón y punas de Huánuco y, de las minas de Tayayog, goza de harta influencia en el Corregimiento.  Por eso, don José de Avellafuertes, tuvo que intervenir para calmar las furias de ambos contendientes. –Grita Pascual Solórzano, comunero de Vicco-. Lo que este canalla quiere, es incrementar sus campos de pastoreo y canchas de puna para acumular notables ingresos económicos con la venta de sus productos a los mineros. Su acción se basa en la regalada mano de obra de nuestros hermanos y, el hambre y perjuicio de las comunidades vecinas a las que somete por la vía de la usura y el “reparto legalizado”. No debemos permitirlo. Hagamos la revolución para que no siga ocurriendo esto en nuestra tierra. Hagamos aquí, lo que ha hecho Juan Santos Atahualpa en la montaña….!

—- ¡Bien dicho. Muy bien!. Pero los líos de los chapetones, no debe preocuparnos; al fin y al cabo, ellos tratan de arrancharse las presas como los cóndores hambrientos. Ése es su problema. Lo que debemos evitar es que se apoderen poco a poco de nuestras tierras y encima nos cobren los más infames impuestos que ya no podemos pagar…

—- ¡Claro que sí! –intervino Froilán Carhuaricra de Ninagaga– Fijémonos en lo nuestro y busquemos solución a nuestros problemas. – ¡Claro, claro! Es la confirmación general que con gran dificultad pueden mantener los hombres a punto de estallar- No olvidemos que cuando don José Avellafuertes, actuaba como Corregidor de Canta, su compinche, el español José Maíz y Arcas, Marqués de la Real Confianza, pretendía apoderarse de la Estancia de Racracancha que está entre Canta y Pasco. Esto originó serios enfrentamientos con los comuneros de Huayllay y los del “El Diezmo”. Al final, en el colmo del abuso y la prepotencia, hace cuatro años nomás, la Autoridad Real ha ordenado, sin que nada podamos hacer ni nada nos pueda amparar, que las tierras de Yuraccarpa, Cotán, Casacancha, Chuyuscocha y Guaramachay sea entregadas en posesión a favor de Antonio Rasines…

— ¡Parece que hasta el Altísimo está en contra de nosotros. Desde hace cinco años, una crueldad inaudita se ha apoderado de nuestra tierra. Nunca las tempestades, ni la nieve, ni el granizo, ni el frío, habían sido tan crueles.

Como si no fuera bastante, en 1777, apenas recuperados de la terrible catástrofe, la ciudad minera tomó conocimiento que la Corte Española estaba enviando al Consejero de Indias José Antonio Areche. Venía con el título de Superintendente y Visitador General de la Real Hacienda y revestido de facultades omnímodas que lo hacían, inclusive, superior al Virrey. Traía como misión fundamental obtener más dinero para las insaciables arcas fiscales de la Corona Española. Contra toda razón lógica y  manifiesta resistencia del pueblo, aumenta los impuestos exageradamente, duplica el precio del  tabaco, jabones, velas de sebo, huevos, mieles, cordobanes……Para que nadie se escape del pago crea la Junta de Diezmos. La gente no lo puede creer. La elevación de la Alcabala del 4% al 6%, el aumento del 12% al impuesto del aguardiente, los enardece. Pero esta vez no sólo los indios son damnificados; también están considerados los criollos y españoles residentes. Los criollos, desde entonces se convirtieron en inspiradores y conductores del movimiento en pro de la independencia. No en vano eran miembros de la económicamente poderosa oligarquía criolla. Difícilmente, estos hombres, dueños  de inmensas fortunas mineras, extensas haciendas y numerosos esclavos, podían resignarse a obedecer el mandato político de españoles a los que consideraban inferiores en ilustración, prestigio y riqueza. Los criollos despreciaban a los hijos de España y los llamaban despectivamente “chapetones” o “godos”. A esta situación tirante por sí, se suman las reformas introducidas por los Borbones. Llegaron al país funcionarios más rígidos, menos corruptibles, que aplicaron con más rigor las leyes a favor de los españoles, motivando enérgicas protestas.  Desde ese momento se ha extendido la tributación no sólo a los criollos sino también a mestizos, cholos, indios, y otras castas y, en general, a toda la gente libre –se exceptuaban los esclavos-. Las protestas comenzaron a surgir y, todos a una, se coludieron para luchar contra estas atroces medidas de exacción. Por  primera vez, indios, mestizos y criollos estaban juntos. Como a todos les afectaba la depredación programada por la corona, todos estaban en pie de lucha.

—-Finalmente, no podemos quedar indecisos ante la amenaza de los chapetones. Ya otros pueblos vecinos han demostrado con creces que se puede luchar de igual a igual contra los abusivos –continuó hablando Tolentino-. Aquí nuestro visitante hermano  Filemón Urquiaga que ha estado en Llata, nos contará lo que han tenido el valor de hacer allá.

— Hace tres años no más –julio de 1777-  los llatinos nos han dado el ejemplo de cómo deben actuar los hombres -comenzó diciendo el relator-. Cuando llegaron el Consejero y su sobrino para cobrar los tributos y otros renglones de sus negocios, rodearon la casa de don Matías Ramírez donde se habían alojado, y los conminaron para que abandonen Llata. Los chapetones no sólo no hicieron caso sino les dispararon con sus arcabuces. El pueblo no lo resistió más. Los mataron y después los descuartizaron, más tarde destruyeron los papeles de cobranzas e incendiaron la casa.

—- ¡Así se hace!. ¡Así se hace!. Dejémonos de discursos y actuemos –fueron las voces que interrumpieron el relato. Tolentino tuvo que agitar reiteradamente la campanilla, de pie, para que la gente se calmara –Continúe, el relator- ordenó.

— La cosa no quedó allí, señor Presidente, la insurrección se extendió a los pueblos de Puños, Miraflores, Punchau y Singa, los mismos que atacaron al corregidor Santiago y Ulloa que estaba en Quivilla. El español tuvo que escapar disfrazado a Lima por la ruta de Chiquián  y Huacho. Con él huyeron los curas españoles…..

— ¡Hagamos igual!. ¡Hagamos igual! –gritaba el pueblo…

—……… todos estuvieron unidos como un solo hombre. El que comandó el movimiento fue el cura de Llata Joseph Parrilla y el “conchucano” José Arquíñigo. A ellos les seguía todo el pueblo. Presos los revolucionarios por las fuerzas enviadas de Lima; 13 han sido condenados a muerte y 52 han sido enviados a prisión perpetua a la isla Juan Fernández, de Chile.

— ¡Los llatinos sí que tienen huevos!- gritó Nemesio Robles- ¡No sigamos cojudeando más. Necesitamos actuar con hombría que lo demás son huevadas!

Tras amplio debate llegaron a la conclusión de que la única manera de hacerse respetar era actuando con valentía y decisión. Estarían pendientes de la llegada de los esquilmadores para expulsarlos como habían hecho en otros pueblos, entretanto realizarían activa propaganda difusora para hacer conocer las medidas conminatorias a realizar. Todos, sin excepción, cooperarían en la franca oposición a pagar más impuestos. Bajo ningún ofrecimiento o amenaza se doblegarían. Estaban dispuestos a actuar con la energía necesaria para el cumplimiento de su programa de oposición.

EL ALUVIÓN DE YUNCÁN (15 de marzo de 1962

Aluvión de YuncánA las 4.40 minutos de la tarde del jueves 15 de marzo de 1962, de la parte alta del cerro de Yuncán, descendió un dantesco huayco de enormes proporciones que cayó sobre el río Paucartambo en medio de un estrépito ensordecedor.  Una ola de 15 metros de alto con un ancho de diez, conformó una atroz corriente devastadora que recorrió 400 metros haciendo  desaparecer completamente dos campamentos de obreros, más 18 viviendas particulares de obreros de la Cerro de Pasco que allí trabajaban. Se sumaba a esta fatídica cifra de desaparecidos, una cantidad de campesinos del caserío de Manicotán que a esa hora llegaba a vender sus rocotos. La fuerza del alud fue de tal magnitud que quebró la carretera de Paucartambo a Santa Isabel en tres tramos diferentes engullendo a 41 personas que fueron sorprendidas en plena labor. Ninguna se salvó. La toma de Yuncán, correspondiente a la hidroeléctrica de Paucartambo, escenario de la tragedia, está ubicada a 91 kilómetros al noreste de Carhuamayo.

Conocida la tragedia en el Cerro de Pasco, el doctor Hipólito Verástequi Cornejo, Jefe del Área de Salud y el doctor Custodio Hidalgo Oblitas, Agente Fiscal de Pasco, comandando brigadas de auxilio se hicieron presentes en el lugar para tomar las providencias del caso. Igualmente los directivos de la compañía norteamericana hicieron lo propio  llevando primeros auxilios y otorgando un mil soles a los familiares de las víctimas para los funerales.

Hecha la investigación se supo que desde días antes se habían efectuado infructuosas denuncias que jamás fueron escuchadas. Avisaron que habían observado varios desprendimientos del cerro que, a la larga,  podía originar un huayco. No se hizo caso ni se tomaron las medidas anticipadas correspondientes. Aquella, como en todas las oportunidades siguientes, las cosas quedaron en nada.

NOTA DE INVITACIÓN

Después de 21 años de incesantes gestiones, el doctor Gustavo Delgado Matallana, gran difusor de la obra de nuestro mártir Daniel Alcides Carrión, ha conseguido que el Ministerio de Defensa del Perú autorice la inscripción del nombre de nuestro mártir en el solemne en la Cripta de los Héroes del Presbítero Maestro. El día de mañana 24 de marzo a las once de la mañana se develará la placa conmemorativa por la participación activa de nuestro mártir en el Guerra del Pacífico.

LOS “FAITES” DE MI TIERRA (Primera parte)

A Vidal Collazos Rodrigo, paisano y amigo cerreño, que siempre lee mis crónicas. Ojalá que pronto pueda encontrarme con él para publicar las fotos que tiene. Sería una linda manera de compartir recuerdos con los paisanos, especialmente con los que están a miles de kilómetros de distancia. Ellos siempre –estoy seguro- se emocionarán viendo un pedazo de vida pasada en nuestro blog. Espero tu visita Vidal.

los faites de mi tierra 1En la dilatada vida de nuestro pueblo –cuatro siglos y medio- una enorme diversidad de personajes de variopinto pelaje han sentado sus reales en sus predios. Entre éstos, pendencieros, enamorados, galantes y jaranistas, destacaban los “Faites”. (Faite viene de la palabra inglesa “fight”: pelea). A comienzos del siglo pasado la palabreja tomó carta de ciudadanía en nuestro emporio minero junto con otras de origen inglés, como “Wachimán”, (guardián); “chuzos” (zapatos); “Brequero” (guardafrenos). Se metió como tantos otros vocablos en nuestro pueblo que, a su manera, lo puso en circulación dentro de su diccionario popular. No era sino una aclimatación del “guapo” argentino; del “malevo”, del “taura”, del orillero que pronto fue imitado en la tierra minera por tanto fanático cultor del tango. En sus inicios se refería exclusivamente a los pleitistas, “fosforitos” que no obstante su talante remilgado y hasta bien visto, apenas se iniciaba una controversia, ya se estaban encendiendo como antorchas dispuestos a imponer su parecer; la policía los tenía “marcados” y eran muy conocidos en la ciudad. Sin embargo es bueno aclarar en su descargo que eran hombres de honor, con una valentía a prueba de balas, sueño de mujeres guapas e ídolos de niños y jóvenes. Iniciada una discusión los contendientes se citaban en lugar apartado de la ciudad para dirimir superioridades a puño limpio. Los curiosos que asistían a aquellos duelos entre caballeros eran solamente mirones. No estaban facultados para  intervenir, salvo claro está, si uno de los rivales cometía alguna maniobra ilegal, que casi nunca ocurría. Después de una buena dosis de golpes, cansados de la gresca y salvado su prestigio, se estrechaban en un abrazo fraternal para terminar “chupando” como buenos amigos. Aquellas lides fueron numerosas.

Por ejemplo – contaba Lucho O´Connor, gran amigo y compañero de aventuras y juegoslos faites de mi tierra 2 infantiles- que había visto completamente perplejo y emocionado, una pelea entre Lucho Llanos de la Matta y el “Cholo Simón”, Marcelo Gamarra. Éste, ya cansado del mote que le habían endilgado, reaccionaba de malas maneras cuando se lo recordaban. Luis Abanto Morales, había puesto de moda un vals en el que se hablaba de un cholo presuntuoso,  arribista y ostentoso, que coincidía mucho con la personalidad de Gamarra. Bastaba que el disco sonara y el damnificado se volvía loco. Enterado de esto, Nicolás Herrera, dueño de Radio Corporación, con el único fin de mortificarlo, dispuso que la canción de marras la irradiara en todo momento. Un día, Lucho Llanos, no recuerda por qué razón, llamó por su chapa a Gamarra que convertido en un energúmeno, perdió los papeles hasta el extremo de retarlo a las trompadas. Estaban en la calle Lima donde acababan de abrir un enorme forado para colocar los tanques de gasolina del grifo del “Trompito” Llanos. Se había iniciado una feroz granizada cuando comenzó la “mechadera” con los espectadores guareciéndose en las veredas aledañas. Desde el comienzo procedieron a darse de alma, con golpes tan duros y sordos que retumbaban como los truenos que el cielo encapuchado producía. En ese trajín conflictivo, después de gran tiempo de pelea, sin dar ni pedir cuartel, dieron con sus humanidades en las profundidades del hueco en cuyo interior seguían golpeándose de alma hasta que, ostensiblemente agotados de tan feroz brega, fueron sacados por los curiosos allí presentes, hechos una calamidad de cansados, sangrantes y con las ropas a la miseria. Una vez fuera, en varonil gesto, el “cholo Simón” estrechó en un fuerte abrazo a su contrincante. Ambos, tal como estaban, se fueron al “Farolito” donde procedieron a tomarse unos “calientes” para evitar una pulmonía. A la puerta, Lucho O´Connor, “Jisho” Ramos, “Foncho” Quesada, Julián Taranco, Eduardo Rey Baez, “Cacacho” Loyola y “Vaya, Vaya” Quesada, aplaudían el gesto.

En el “Tico –Tico”, inolvidable “Huarique” del BANFIELD en la calle del marqués, casi todos los circunstantes eran de armas tomar. Tanto es así que en el campeonato interbarrios el corajudo Agatón –extraordinario y aguerrido delantero- arrugaba cuando le tocaba enfrentar a nuestro equipo. Inventaba mil y un pretextos para no chocar con su patas del Banfield que era muy bravos. El que se llevaba la flor era el “Pecas”. Un fosforito pronto a mecharse por “quítame esta pajas”. Era hombre de choque del partido aprista. Su periplo de “faite” barrial lo paseó con éxito en los barrios más mentados de la ciudad minera. Desde Paragsha hasta  Uliachín, donde tenía su cantera de jugadores el equipo “Vamos Boys”, que el “Pecas” alentaba a grito pelado con “Vamos Bueyes”. Nunca nadie le recriminó. Nadie tuvo ánimo de hacerlo. Su prestigio creció cuando regresó tras servir a la patria donde llegó a ser, Sargento: “El sargento Pata Maldita”. Como su nombre lo indica: Un mala entraña. Díscolo y bravo como pocos. Tenía como sparring oficial al menor de los “Patos” Pagán: Roque, el popular “Gacho”. Otro desgraciado y terco peleador que, a la menor insinuación, ya estaba con los puños en alto, listo para la “mechadera”. Sus trompeaduras fueron tan numerosas y reiterativas que cuando salían a la calle a mecharse, ya nadie les hacía caso. Pasado un  buen rato volvían ensangrentados, rendidos de cansancio, pero con el valor al tope y como si nada hubiera ocurrido, seguían chupando. Otro “faite” del Banfield era, Eusebio Pajuelo, el “loco”. Dueño de una técnica especial. Se desnudaba de medio cuerpo para iniciar la gresca. Cuando le pregunté el por qué esa disposición previa en una escabrosa noche de hielo, mirándome extrañado, me contesto: “No seas “huevas” pues Shisha. Hay tipos que tienen un agarre tremendo y, si éstos se prenden de tus ropas o tus pelos, te pueden sacar el alma porque, pase lo que pase, no te sueltan y con la otra mano te masacran. No hay que ser cojudos, pues”

Los escenarios más a propósito para aquellas demostraciones de coraje eran los campos de fútbol. Allí se han dirimido superioridades a punta de puñetes. Al final, como lo dijimos, la rivalidad quedaba superada y los que “se tenían hambre” quedaban ahítos y contentos. Esto me recuerda a un pugilato espectacular habido en el campo de la Esperanza. El Banfield se enfrentaría al “Alianza Cerro” donde brillaba un muchacho que había sido estrella en nuestro equipo: Jesús Azcurra, espectacular arquero de aquellos tiempos. En el nuestro, el “Pecas” era el abanderado. Ese día cuando estábamos en el “vestuario” (un rincón seco y guarecido donde podríamos guardar nuestra ropas), nos enteramos que el partido lo dirigiría Pedro Arce. Éste era un hombre dedicado a tostar y moles café por lo que le clavaron el mote de, ”Cafetero”, un árbitro que le tenía una abierta ojeriza al Pecas que, en reciprocidad, le correspondía con un despiadado odio mortal.

los faites de mi tierra 3Efectivamente, desde el pito inicial  vimos que “El cafetero”  lo seguía al “Pecas” con el fin de sorprenderlo en falta y sancionarlo drásticamente. Éste, intuitivo y zahorí sabía las intenciones de su rival; pero no obstante sus cuidados ocurrió algo especial en el área contraria. Una pelota que estaba a punto de trasponer la línea fue “salvada” con la mano por el Pecas. El pito no se hizo esperar y sonó estentóreamente como una diana y Arce señalaba el punto de la falta en una actitud triunfal y cachacienta.

–¿¿¿¿Queee, carajo….?- estalló el Pecas.

— ¡¡¡Hand, carajo ¡!!- grito Arce

  • Cuál Hand, Concha tu….. (bueno ustedes me disculpan pero fácilmente pueden interpretar el lenguaje que en ese momento primó)
  • Hand pues….. 546564xxx00666 ¿No es cierto Shishita? – se respaldó en mí, el árbitro.
  • ¡No he visto….árbitro-….! En ese momento, tanto el árbitro como el infractor ya estaban muy juntos, siempre mentándose a la madre de una manera escandalosa. Los insultos rebalsaron todo cauce y los “litigantes” se fueron a las manos. Parecían dos fieras sedientas de sangre, enfrentadas sin pedir ni dar cuartel al rival.
  • En un marco de curiosa expectación formada por los jugadores, se trenzaron despiadadamente sin que nadie pudiera hacer nada por separarlos. Todos juzgaron que esa “mecha” los dejaría tranquilos. El caso es que en más de quince minutos estuvieron dándose de alma, sin descanso; al final, ya sin fuerzas, calmaron sus ímpetus. Completamente ensangrentados y con dramáticas huellas, dejaron de pelear. Quedáronse mirando de hito en hito. Todos pensábamos en lo inevitable. El Pecas se había ganado a pulso una inmediata y lógica expulsión. ¡Había atacado al árbitro hasta hacerlo sangrar! Un silencio tenso y largo se adueñó del escenario. En eso, cuando pensábamos en la expulsión, Arce, tomó su silbato y tras sacudirlo fuertemente para despejarlo de mocos, babas y sangre, levantando el índice derecho, amenazante le dijo al Pecas: ¿La próxima vez que te me pongas liso, te expulso concha tu xv&%m……!!!!. Y ordenó que siga el partido.

Las supersticiones de don Pedrito

las supesticiones de don pedrito 1El cerreño ha sido siempre un hombre gregario. Ha recogido con apasionamiento la institución implantada por los ingleses: el club. Cumplida su jornada diaria se reúne con sus amigos en círculo que puede ser laboral, deportivo, musical o eminentemente social. Cada uno con sus características propias. Allí conversa, discute, juega; se entretiene matizando sus tertulias con chistes, comentarios, canciones y muy buenos tragos. El hombre que ha venido de fuera, siguiendo la costumbre implantada a través de los años, hace lo propio. Se agrupa con sus paisanos en el círculo que aglutina a los nacidos en un mismo lugar. Numerosas son estas organizaciones que están afincadas a lo largo y ancho del territorio minero. Lo admirable es que llegada las diez de la noche, se retira disciplinadamente; no se queda ni un minuto más. Tiene que descansar para asistir puntualmente a su trabajo del día siguiente. A las diez y cinco ya no queda nadie. En ese momento los mozos proceden a una rápida limpieza porque a las once y cinco ya están llegando los que han trabajado en el segundo turno. Ellos amanecen en el club luego de reparar fuerzas con comidas, café y tragos.

En una de aquellas amenas tertulias amicales que rompen la monotonía de las noches de invierno, mientras los copos de nieve caen perezosamente y la inmovilidad de los circunstantes acentúa la impresión de estar fuera del tiempo y del espacio, se conversa animadamente avivando el fuego para mantener el calor de la estufa. Los amigos que rodean a don Pedro Santiváñez en el “Club Juventud Esperanza”, escuchan el relato que ubica en los años treinta y recuerda lo sucedido, claramente, como si fuera ayer.

Había comenzado el apogeo de la “Patria Nueva” y Lima no cabía de contenta. Los rieles del tranvía como arterias metálicas cruzaban las principales  calles capitalinas. Con gran suceso pilotos franceses fundaban la Escuela de Aviación y el Cerro de Pasco regalaba con dos aviones de combate aéreo –los primeros- a la naciente institución. La alada bailarina rusa Ana Pavlova acompañada de su paisano Volinini, encandilaba con su arte magistral en el Teatro Principal y, Antonia Mercé, interpretando a Albéniz, Falla, Laló, y los más populares fandangos, jotas, seguirías y soledades, embrujaba a un público vocinglero y feliz. La ópera no estaba ausente. Verdi, Puccini, León Cavallo, Pietro Macagni, se presentaban en nuestro primer escenario. La compañía teatral de la inolvidable María Guerrero, cumplía sus presentaciones a teatro lleno. ¡Lima estaba feliz! Don Pedrito Santiváñez, inolvidable enfermero cerreño -joven todavía- trabajaba entonces de mozo, con corbata michi y todo, en el más exclusivo tinglado de la elegancia de Lima, el Palais Concert. Cuatro amplias puertas hacia la calle Baquíjano y una de escape por Minería. En el primer ambiente, el bar; en el segundo, la confitería; en el tercero y el cuarto, el salón de té y en una mezanine colgante, animando las reuniones de los concurrentes, una orquesta de “Damas Vienesas”, tocando selectas piezas musicales. Como todos los mortales de aquellos años, era un ferviente aficionado a la suerte de Cúchares: los Toros. De vuelta en su tierra minera comenzó a ejercer la venerable misión de enfermero en el Hospital Carrión. Aprista ejemplar y combativo, jamás permitió que sus ideas políticas influyeran en el servicio –siempre oportuno y destacado- que brindó a sus semejantes. Pero, como cualquier mortal, tenía sus aciertos y debilidades, una de las cuales estaba referida a las supersticiones que siempre le acompañaron.

— Muchos de los que hasta hace poco se sentaban en los sillones que ustedes ocupan ahora, tomaron a broma lo que les decía; otros jamás lo creyeron. Si todavía vivieran, no dudarían en confirmar lo dicho; pero ya es demasiado tarde. Como nuevamente estoy seguro que una negra desgracia pende sobre nuestras cabezas, quiero relatarles a ustedes, desde el comienzo, cómo sucedió todo. No vayan a creer que esta angustia que no me deja dormir es fruto de una superstición, no; presiento que algo grave, muy grave va acontecer en nuestras vidas…

—¿Por qué, Pedrito?

— ¡Cómo! ¿Les parece poco que nuestro pueblo haya ajusticiado al Prefecto….?

—No, pero ………

—Miren, se de buena fuente que han detenido a Jorge Barzola y le han quitado las películas de su máquina fotográfica para enviarlas a Lima…

— ¿Y….?

— Acaban de llegar las ampliaciones que aunque ustedes no crean, son del tamaño de la pared en donde se ve claramente a los que han estado en la sonada del lunes 16 de febrero….

— ¿Eso sí es muy peligroso….¡

—Claro que sí. Les digo que tengo un presentimiento muy negro que no me deja dormir. Por eso quería contarle todo, desde el comienzo…

— Cuenta, Pedro, cuenta –apremia Mamerto Galarza, profesor de la Escuela de Patarcocha- Pero antes un traguito. !Salud!.

—  Todo comenzó un octubre limeño –inicia su relato don Pedro- Yo trabajaba en el “Palais Concert“, el más elegante restaurante de la capital. Aquel domingo lo tenía libre. Un clima primaveral en el que las gentes presurosas iban y venían. Suerteros, policías, curas, mujeres hermosas con velos,  rosarios,  misales y damas de compañía. Después de oír misa en San Pedro, ilusionado me fui a una cita con una damisela que para mi mala suerte, jamás se hizo presente. Allí comenzó mi terrible problema. Apesadumbrado por el desaire iba a cruzar la calle, cuando un tranvía repleto de pasajeros casi me atropella. ¡Dios mío! Menos mal que un “guairuro” moreno, como mandado de Dios, me dio un jalón librándome de una muerte segura. La gente se arremolinó. El cachaco de ojos saltones casi me come: “¡Debes tener más cuidado, muchacho, casi te matas. Estás andando como un sonámbulo. Despabílate!”. Yo, como es natural, agradecí al guardia y con las mismas me fui a la Plaza de Acho para olvidar el problema ¡Qué tal cantidad de gente, caramba! Los cachacos montados en tremendos caballos cuidaban el orden porque las colas para la boletería eran inmensas. Bueno, la cosa no era para menos; en el cartel figuraban tres espadas ilustres, Joselito, el artista que estaba en la cima de la gloria. !Qué tal torero! !Belmonte, el más valiente matador que ha tenido la Fiesta Brava!; la gente decía: “Apresúrense a verlo porque quien sabe si sobrevivirá a una próxima corrida”…!Tan arriesgado era!. Como si fuera poco,  aquella tarde terciaba el gran Rodolfo Gaona, un monstruo, un lidiador extraordinario; el más grande que ha dado México. Como verán, nunca hubo un cartel más espectacular. Emocionados como todos me puse a la fila pero, !Mala suerte!; cuando ya llegaba a la ventanilla, colocaron el cartelito de “localidades agotadas”. !Qué contratiempo!… !Qué desgracia!. Pero ahí no queda la cosa. Cuando fui a sacar mi billetera, no la encontré por ningún lado. !Me la habían robado!…¿En qué momento?.  !Quién lo sabe! Seguramente me habían metido la mano sin que lo advirtiera en los apretujones de la cola. Me habían fregado, caracho. !Salud! El único consuelo que tuve aquella tarde fue ver la llegada de Joselito en una calesa descubierta desde el Hotel Maury, con su traje de luces de color caña y plata; hermoso, bien plantado, llevándose la mirada arrobada de las guapísimas limeñas que lucían artísticos mantones y llamativos abanicos…!Qué grande!. Por fuera, la Plaza de Acho, iluminada de colores y luz era una fiesta para los ojos. !Bueno!. Yo sin dinero para comprar nada, consultando mis exiguos fondos, me fui a un restaurante que hay en Bajo el Puente. Sólo alcancé a pedir pescado frito con frijoles. ¡Imagínense!. No daba para más. !Salud!. El caso es que al anochecer, cuando me aprestaba a acostar, fui dominado por un escozor de padre y señor mío; comezón en las espaldas, comezón en las piernas, comezón en las manos, en la cara… !¿Qué?!, dije y al mirarme al espejo, quedé espantado. !No era yo, caramba!… !Era un monstruo!. Todo cubierto de ronchas moradas, enormes. !Ah!. No lo pensé dos veces, haciendo supremos esfuerzos me fui a la Asistencia Pública. Llegué casi muerto. Ya no podía mantenerme en pie. Felizmente los médicos me hicieron un lavado gástrico que me hizo botar todo, por arriba y por abajo. Después me pusieron suero. Sólo así me salvé, caramba… Pero lo más bravo de todo fue que al terminar la curación, el médico -un vejancón colorado- mirándome de hito en hito, me dijo: “!Cuidese muchacho! ¡Sobre todo cuídese del domingo siete!” –Cómo me lo diría que quedé impresionado por mucho tiempo!

(Continúa)….